Editado 15/02/2018

Con esfuerzo, logré abrir los ojos. Al principio no me importó en dónde estaba, el sitio era tranquilo y cálido. Incluso mi cuerpo parecía rehusarse a moverse. Por primera vez, en demasiado tiempo, sentía paz. No existían las batallas, el odio hacia los titanes ni el terrible recuerdo del asesinato de mi madre. Ésas horribles imágenes al identificar cómo bajaba por la garganta del titán. Saber que su vida sólo sirvió para ser ingerida por esos gigantes. Cada día, ese pensamiento me recordaba el porqué inicié mi vida como militar; desobedeciendo incluso su última orden.

Una brisa levantó mi cabello. Haciéndome notar que no sabía en dónde me encontraba. Frente a mi, solamente existía un vacío infinito. No podía moverme más no me importaba. Sabía que no existía peligro alguno en aquél extraño lugar. Quizás morí sin luchar, sin sacrificarme o debiendo algo. Quizás Mikasa y Armin se conmocionarían con la noticia. Sería el tema de conversación de muchos y me convertiría en la fallida esperanza de la humanidad. En aquél acontecimiento histórico que recordarían con decepción.

Si, viviendo o muriendo, de cualquier forma la gente esperaría muchas cosas de mí. ¿Y si simplemente todo fuera más sencillo? Un mundo donde no existieran los titanes, donde todos lograran conocer aquél mar que narraban en tantos libros o explorar nuevas tierras. Quizás si cerraba los ojos y permanecía en ese sitio, podría seguir en ese lugar por siempre. De pronto, un líquido extraño comenzó a descender en mi cuerpo. Las mismas gotas que descendían por mi rostro, deslizándose lentamente sobre mis labios.

Era sangre.

Un tejido vivo formado por líquidos y sólidos. Su sabor amargo era irreconocible.

De pronto, varias imágenes comenzaron a plasmarse en mi cabeza. Como si mis ojos intentaran mostrarme algo. Eran borrosas las figuras. Al principio, lucían como manchas hasta que poco a poco formaron una imagen. Se trataba de una persona usando el uniforme militar. Identifiqué su postura mientras usaba su equipo de maniobras 3D y una prenda en particular. Si, sólo existía una persona que conservaría esa vieja bufanda. Mikasa estaba mortalmente pálida. Tenía los ojos desorbitados como sino comprendiera su situación o tratara de asimilar su siguiente movimiento. Me miraba y parecía gritarme constantemente. Jamás la había visto de esa forma.

Sin aviso alguno, un brazo gigante salió de la nada y se impactó en el sitio donde estaba. Reconocí de inmediato su composición. Se trataba de un titán que intentaba aplastarla justo como un insecto que sólo te molestaba por breves segundos. Quizás por la superioridad humana, uno se creía con el derecho de acabar con una vida. Con justificaciones o no, el acto era uno de los más crueles: matar. ¿Eso nos diferenciaba de los titanes?, ¿tener la capacidad de razonar y asesinar de cualquier forma?

La figura de Mikasa saltó de entre aquella mano gigante. Mientras gritaba algo… no lograba identificarlo pero lucía realmente asustada. Como hacía tiempo no la había visto. De pronto, la mano volvió a atacarla. ¿Qué rayos le ocurría?, ¿por qué no se defendía? Sin embargo, la respuesta llegó más rápido de lo que imaginé.

Era yo quien intentaba herirla. De repente, una rara sensación se apoderó de mi ser. Una ansiedad extraña como si quisiera algo desesperadamente. Miré a Mikasa y de pronto, lo entendí todo. Mi forma titán quería comerla. Horrorizado, intenté moverme, salir de aquél lugar y rescatarla. No permitiría ver cómo otro ser querido era engullido y menos por mi mismo. De pronto, todo se volvió agobiante. El estar ahí, suspendido de la nada, el ver aquellas imágenes. Algo comenzó a hacerme presión en mi cuello. No respiraba. La sensación era frustrante, no identificaba el objeto que estaba ahorcándome. Sólo podía toser y contemplar el vacío… como mi madre lo hizo al caer por la garganta del titán… El olor del estómago del titán era indescriptible.

- ¡Eren!

Disclaimer: No soy la dueña de Shingeki no Kyojin. Es un universo alternativo con el fin de entretenerlos basado en algunos acontecimientos del manga. Es yaoi (chico x chico) sino te gusta te invito a buscar algo de tu agrado.

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Somewhere there's speaking
It's already coming in
And it's rising at the back of your mind
You never could get it
Unless you were fed it
Now you're here
and you don't know why

Everything you want
Vertical Horizons

Blame it on
Capítulo III
Kuru

Antiguo cuartel central del grupo de investigación.
Sótano

- ¡Eren!

Un fuerte golpe en mi pecho me obligó a volver a la realidad. Abrí los ojos y contemplé el techo. Varias gotas de sudor descendían por mi cuello. Coloqué mi brazo sobre mis ojos para relajarme. Inhalé profundamente mientras recuperaba poco a poco la respiración, percatándome que todo fue un mal sueño. Aquellas imágenes seguían impregnadas en mi mente; eran difíciles de quitar. Aún escuchaba los gritos de Mikasa pero la presencia de alguien, sumamente peligroso, me ayudó a quitarlos en cuestión de segundos.

- No te muevas- ordenó la voz familiar.

Dirigí la mirada donde provenía la voz. Para mi sorpresa, se trataba del sargento y… ¡su cuerpo estaba sobre el mío! De inmediato me sobresalté, debía salir de esa situación tan incómoda. Verlo tan cerca, me ponía nervioso y lanzaba a volar mi imaginación. Aunque con un movimiento de su cabeza, me indicó que no lo hiciera. Cuando intenté al menos negarlo, no pude. Mi cuerpo lo sentía aún entumido, justo como en el sueño. Siquiera lograba hablar; sólo podía recolectar información que notaba mi campo visual.

El sargento traía el uniforme puesto. Sin embargo, algo estaba extraño en él. Quizás su cabello despeinado y confusión en su rostro me daban esa idea. Varios botones de su camiseta estaban desabrochados, permitiéndome ver nuevamente un poco de su dorso desnudo. Desconocía si era porque recién despertó pero no tuve tiempo para contemplarlo ya que un objeto frío y afilado estaba sobre mi cuello. Una sensación bastante familiar.

- ¿Me escuchas?- preguntó con más irritación- Sino respondes, me veré obligado a herirte.

Traté de mover al menos mi cabeza para contemplar la proximidad peligrosa del arma, más no podía. Su mirada fría denotaba por primera vez una emoción que reconocía a la perfección: ansiedad. No era como si estuviera paralizado por el miedo o se tratara de alguna amenaza, como un titán cerca de nosotros. Era miedo a lo desconocido. En otras palabras; algo extraño hice para ponerlo en esa postura. Tuve la oportunidad de confirmar mi suposición ya que el sargento estiró fuertemente de mi cabello hasta dejarme a pocos centímetros de su rostro. Realmente algo lo tenía alarmado. Por más que intentaba encontrar una pista en su rostro, no encontraba nada.

- Tendré que proceder…

Sentí el afilado objeto ejerciendo presión sobre mi piel. No pude evitar soltar algunos quejidos secos. Poco a poco, el arma comenzó a desgarrarme y sentí cómo la sangre descendía lentamente. Su sensación causó que mi cuerpo se inyectará de adrenalina y, al fin, lograra moverme. Desconocía si atacarlo sería prudente pero no podía estar quieto y contemplar cómo profundizaba en la herida. Con la mayor agilidad que pude, sujeté su muñeca donde tenía el arma y la alejé, provocando que cayera al suelo. Con mi otra mano empujé su costado izquierdo como defensa. Un leve quejido salieron de sus labios pero su mirada mostró lo furioso que estaba. En ese momento, estaba completamente arrepentido de no haberme dejado matar por el cuchillo.

Con un rápido movimiento, sujetó mi rostro y lo apartó agresivamente; dejándome sin contacto visual. En cuanto menos lo esperé, mi cuerpo fue levantando fuertemente del suelo y caí. Identifiqué el sonido del colchón y la sensación de las sábanas sobre mi cuerpo. Algo que agradecí infinitamente o el sufrimiento sería mayor. El golpe provocó que me doliera por completo la espalda y quedara nuevamente inmóvil. La cabeza me daba vueltas.

Sin aviso alguno, el sargento ejerció fuerza sobre mi cuerpo hasta voltearlo y dejarme boca abajo. Rápidamente sujetó mis brazos, dejándolos completamente inmovilizados. Sentí perfectamente su cuerpo sobre mi espalda. Incluso me sorprendí al descubrir que el sargento era pesado, a pesar de lucir esbelto. El tener un contacto tan cercano, descubrir algo nuevo de él, hacía que mi respiración se acelerara. ¿Qué me ocurría?, ¿por qué pensaba en esas tonterías aún en una situación así? De pronto, sentí un frío contacto sobre mi espalda. El sargento deslizó su mano hasta llegar al final de mi camisa y se hizo paso debajo de mi piel. Al instante, sentí una extraña sensación por todo mi cuerpo mientras su mano se hacía paso poco a poco.

-¿Q-qué esta haciendo?

Sin embargo, no me dio tiempo para continuar reprochando ya que su mano se deslizó hasta mi costado y comenzó a subir lentamente. Ejerció cierta fuerza sobre mi piel, haciendo que arqueara mi cuerpo extrañamente.

No pude reprimir algo parecido a un "Nnnh". ¡Era bastante vergonzoso! Escondí mi rostro sobre el colchón, seguramente estaría completamente decoloradas mis mejillas y orejas. No quería que viera ese estado tan penoso. De pronto sentí un fuerte agarre en mi muñeca, la extendió y poco a poco la fue inclinando hacia adelante. El dolor era insoportable, era como si un arma blanca estuviera atravesando uno de mis órganos.

- ¿Estás ahí de nuevo, cierto? - preguntó en un tono seco - Dime tu nombre completo.
- E-Eren Jaeger.
- ¿Cuál es tu misión?
- Guiarlos al sótano de mi casa y…

Pero el dolor no me dejó continuar, era una sensación terrible. Mordí los labios para no gritar y demostrarle que eso no me derrotaría. Hacía unas horas dormí con pensamientos como qué ocurriría si nos volvíamos más cercanos pero toda esa ilusión la estaba rompiendo con esa, aparente, tortura. Mis pies comenzaron a arquearse los cuales desarreglaron más las sábanas.

- ¿Recuerdas lo que soñaste?- preguntó de pronto.
- ¿Qué?- exclamé demasiado sorprendido. No era algo que esperaba oír.
- Contéstame.

No fue tan difícil responder. Aún seguía en mi mente la sangre, el olor, la euforia… De pronto, una oleada de asco me apoderó. Era como si mi cuerpo intentara comprender todo lo ocurrido.

- Eso responde a mi pregunta. Bien, has pasado las pruebas.

Sentí cómo retrocedía mientras me liberaba. Con todo el esfuerzo que tuve, me senté en la cama y traté de recuperar la compostura. De inmediato deslicé varios de mis dedos sobre mi cuello, identificando el líquido espeso de la sangre.

- Sóo es una herida superficial, no te alteres demasiado Eren - explicó el sargento - Tendrás que limpiar tu herida antes de subir.

¿Cómo deseaba eso cuando me lastimó de esa forma? No. Tenía razón. Sólo tomó las medidas necesarias ante el peligro de mi transformación. Respiré profundamente, procurando nivelar mi ritmo cardíaco. Acaricié mi muñeca, definitivamente me dejaría una marca. ¿Qué demonios fue todo eso? El sargento estaba de pie, acomodándose su uniforme, cerca de las escaleras.

- Dejaré que ordenes el cuarto; más te vale hacerlo bien.
- Si, seño… Levi- respondí. ¡Aún no podía acostumbrarme a decirle por su nombre!
- Bien- exclamó mientras asentía con su cabeza. Al parecer era una forma de felicitarme por llamarle por su nombre- Devuélvele la pijama, no quiero quedar mal con el soldado que te tuvo lástima. Nos vemos más tarde.

El sargento salió del sitio, como si nada hubiera ocurrido. De algo sólo estaba seguro. Mientras continuáramos con "la farsa", jamás tendría una mañana cotidiana.


Antiguo cuartel central del grupo de investigación.
En algún pasillo.

Cada día que pasaba, era un nuevo mar de experiencias. Incluso aprendí más cosas que en mi formación. Aunque jamás creí que sería necesario asistir a clases, estando ya entre profesionales.

Caminaba por un pasillo largo al lado de Petra Ral, miembro del la misma Unidad de Levi. Aunque su apariencia fuera angelical; en el campo de batalla demostraba un buen uso del Equipo de Maniobras Tridimensionales. Ella rio entre dientes con una ligera sonrisa.

- Sé que suena extraño- exclamó Petra- Pero es necesario para comprender cómo trabajamos. Los de nuevo ingreso tardarán más tiempo en llegar así que tendrás ventaja.

De pronto, ella se detuvo frente a una puerta y la abrió. Ingresé un poco nervioso a la habitación que me señalaba. A lo lejos, escuché el susurro de varias voces.

- De cierta forma, parece como una misión común- exclamó una.
- (…) Lo que será más difícil será encontrar la manera de inmovilizarla…

¿A qué se referían? Sin embargo, no pude responder ya que Petra me indicó con un ademán que ingresara por completo. Pensativo sobre aquellos comentarios, le obedecí. Ante mi estaba un aula de amplio tamaño, varias mesas y sillas acomodadas en filas, un pizarrón junto con un escritorio en el centro y a lo lejos, varias ventanas mostraban el cielo del medio día. En el interior estaban Auruo Bossard y Erd Gin, dos reconocidos miembros de la unidad de Levi, quienes veían con detenimiento algo en el escritorio. De pronto, ambos comenzaron a ocultar mapas, cerrar libros y mirar hacia otro sitio. ¿Por qué los ocultaban? Sabía que tenían misiones secretas pero no entendía la necesidad de ser tan drásticos. Amablemente, Petra indicó mi asiento y me pidió que me sentará. La obedecí mientras notaba cómo ellos ocultaban más pergaminos. Auruo fue el primero en romper el incómodo silencio.

- Oh, vaya- exclamó con sarcasmo- Aquí esta la esperanza viviente, ¿qué debemos enseñarle al que cree ser la mano derecha del sargento?
- ¿Perdón?- inquirí.
- No te hagas el tonto, supimos que tuvo que dormir contigo, en ese asqueroso sótano, para mantenerte vigilado.
- Es el deber del sargen…- trató de defenderme Petra.
- Obligación o no, es extraño- exclamó.

Él continuó exclamando su disgusto a los vientos. No sabía porqué estaba tan enojado pero debía tener cuidado. Si continuaba él teniendo sospechas, de cualquier tipo, corríamos el riesgo de ser descubiertos en nuestra farsa. Algo que no podía simplemente ignorar. Las terribles consecuencias que traería serían mortales. Quizás debería informarle después al sargento sobre eso. De pronto sentí la presencia incómoda del señor Auruo, mirándome fijamente.

- No creas que eres el consentido de Levi. Sólo eres un "negocio" para él.
- Sea negocio o no, el sargento seguirá vigilándome para no eliminar por accidente con mi forma de titán, a inocentes como usted- exclamé con la mayor tranquilidad que pude.

Su mirada era indescriptible. Mostraba cierto asombro ante mi respuesta con un profundo enojo. Parecía que en cualquier momento me atacaría. Algo que deseaba. Estaba cansado de ser visto como un "protegido"; quería ser reconocido como una solución. Un aliado poderoso que podría dar con la clave de acabar con los malditos titanes. Me dispuse para contraatacarlo en cualquier momento. Estaba seguro que deseaba golpearme tanto como yo a él. Sin embargo, la mirada amable de Petra nos interrumpió.

- Ejem, caballeros, comencemos.


Miraba, por décima vez, cómo el señor Auruo interrumpía la clase de Petra para corregir algún hecho extraño y engrandecer sus hazañas. Sólo por tener "el derecho de alardear". A pesar de ello, hice a un lado el alboroto y repasé lo aprendido.

Acababan de enseñarme la formación para detección del enemigo a larga distancia. En resumen; una alineación que dividía en pequeños grupos para observar, en distintas secciones, algún rastro del enemigo. Gracias a esa organización lograron sobrevivir por más tiempo. Todo gracias al comandante Erwin; alguien reconocido por sus hazañas en el combate como estratega. Sólo lo había visto varias veces, sobretodo cuando era niño y volvía del exterior. Aunque todo eso, parecía realmente lejano. Como si de otra vida se tratara. De hecho, aún estaba procesando los acontecimientos de la mañana. Sabía que las visiones fueron un sueño pero ¿qué hice para que el sargento tuviera que optar por esa postura? No quería que esto avanzara más a un punto en que…

De pronto, afuera de la puerta, noté en la esquina un movimiento rápido. Por instinto, miré hacia el lugar y reconocí a alguien que, en verdad, deseaba ver en ese momento. Parecía que siempre convocaba su presencia. El sargento estaba de pie con los brazos cruzados cerca de la puerta. Con un movimiento de su cabeza me indicó que fuera con él. Me levanté del asiento y me dirigí al sitio. Al parecer, no quería entrar e interrumpir la clase. Auruo y Petra aún tenían una calurosa pelea. Si quiera notaron cuando atravesé el aula. Llegué hasta la puerta y la emparejé detrás de mi.

- Sargento…
- Levi- demandó con cierto enojo en su tono de voz.
- Lo siento… ¿qué ocurre, Levi?
- Cuando termines tu clase, ve a la cima de la torre, necesito enseñarte algo.

Sin otra palabra, dio la vuelta y se fue. Tan emocionado y tenso estuve que olvidé por completo preguntarle detalles básicos. Como a cuál de todas las torres se refirió. Sería una de esas mañanas donde cualquier cosa podría ocurrir.


Antiguo cuartel central del grupo de Investigación.
Oficina provisional del comandante Erwin Smith.

El sonido del canutero sobre la mesa resonaba en la habitación. Como si cada ruido marcara los pensamientos de su dueño. Se encontraba en su oficina; lo suficiente cómoda y amplia para trabajar. Contaba de una simple ventana con vista al viejo castillo, muebles recargado en las paredes, un escritorio y varias sillas. No era algo lujoso pero era suficiente.

El comandante Erwin, bajo la apariencia de un hombre serio y tranquilo, miraba detenidamente los mapas sobre su escritorio. Analizaba profundamente cada detalle. Desde lo indispensable como buscar un sitio ideal y seguro para dormir, las provisiones necesarias, el equipo médico y las suficientes armas. Así como los puntos incómodos; las carrozas que usarían para llevar a sus muertos. Con el tiempo, uno se acostumbraba a pensar en esos detalles sin temor o pena. La experiencia en el combate le mostró que a veces, se debían sacrificar esa clase de emociones para tener un mayor bien común. Aunque sabía que la humanidad no merecía consolarse con ello, era lo único que podían realizar.

Detrás de él, estaba un hombre mirando por la ventana. Uno de aquellos legendarios soldados que tanto admiraba la gente; Mike Zakarius, jefe de Destacamento.

- ¿Entonces…?- preguntó Mike con su usual tranquilidad- ¿Tendremos treinta días para ir afuera de los Muros y construir una fortaleza para la cadena de suministros?

Compartía su opinión. Era una verdadera locura. Sin mencionar que los acompañarían los recién graduados. Seguramente alguien de un alto mando estaba burlándose de ellos. Si bien unirse al grupo de Investigación era para muchos una misión suicida; permanecer en él con vida era casi una bendición de algún dios lejano. No era de extrañarse que crearan extrañas leyendas sobre los soldados que sobrevivían por mucho tiempo. El comandante contuvo una risa por recordar un sargento en particular que odiaba esas atenciones. Sus pensamientos tuvieron que volver a la realidad ya que notó que Mike se acercó a él.

- En mi opinión, es demasiado precipitado- prosiguió Mike.
- Primero, debemos comprobar la utilidad de Eren a la Central- comentó Erwin con seriedad mientras seguía mirando el mapa.

No podían hacer más que obedecer. Seguir el plan de quien estuviera tramando aquella sarta de locuras.

- Quítate conmigo esa máscara, Erwin, sé que algo más esta pasando por tu mente.
- Por ahora, debes confiar en mi- respondió el comandante. Estaba orgulloso que uno de los soldados más fuertes tuviera esa capacidad de observación. Le daba tranquilidad para los eventos cercanos - Te lo diré cuando sea el momento indicado.

Mike se limitó a asentir con la cabeza y retirarse de la habitación. Es cierto que era un miembro de confianza para el grupo de Investigación pero no quería involucrar a más personas. El comandante se levantó del asiento y miró por la ventana conservando su semblante serio. Era cierto que siempre debía mantener la compostura para brindar confianza y seguridad a sus aliados. Sin embargo, los acontecimientos cada vez mostraban una realidad surrealista. Se atrevía a pensar que se acercaban momentos más difíciles que los pasados. Si sus teorías e investigaciones estaban en lo cierto, iban a enfrentarse muy pronto contra algo completamente diferente para la humanidad.

Sin embargo, sus preocupaciones se distrajeron por un momento al notar un suceso bastante inusual. En la torre más lejana, parecía que el nuevo chico, Eren, estaba reuniéndose con el mismísimo Levi. Ambos parecían dialogar. Definitivamente, el mundo se volvía cada vez más misterioso.


Antiguo cuartel central del grupo de investigación.
Torre del Este

- Oi, llegas tarde- dijo furioso Rivaille.
- Lo siento- respondí- tuve problemas con encontrar la torre indica…

Como si fuera lo más común del mundo- en cierta forma lo era- recibí un fuerte golpe en el estómago. La gravedad nuevamente me atrajo al suelo. Coloqué mis brazos sobre la recién herida. Creí que el recibir muchas veces sus golpes me haría inmune pero siempre encontraba la forma de torturarme con algo nuevo.

De pronto, escuché varios pasos acercándose hacia mi. Sólo podía significar una cosa… ¡estaba a punto de recibir otra paliza! Traté de encoger mi cuerpo y proteger lo vital mientras esperaba el impacto de sus golpes sobre mi cuerpo, como aquél día en el juicio. Sin embargo, sólo sentí una bota sobre mi espalda que comenzó a aplastarme lentamente. Mis costillas comenzaron a suplicar que se detuviera. No sabía qué era peor; si eso o esperar cuál sería la consecuencia de rebelarme. Había soñado tantas veces con ser más hábil que él para lograr defenderme pero sabía que era muy difícil alcanzar sus años de experiencia en el combate. Para él, asesinar a un humano seguramente era un juego de niños. Con un movimiento de su pierna, me obligó a encararlo y sentí un escalofrío extraño al reconocer su reacción. Estaba realmente enojado.

- Es tu problema por no anticipar el tiempo que tardarías y no ser puntual. Son reglas básicas que incluso tu romanticismo debería saber.

No podía dejar de sentir cierta molestia cada vez que tocaba el tema del amor con un tono sarcástico.

- Aún en el romance, la pareja debe especificar exactamente en dónde se verán. De lo contrario, siempre ocurrirán estos mal entendidos.

Lo admito. Cerré los ojos, respiré profundamente y me armé de valor. No dejaría que siguiera burlándose de las reglas comunes ni del tema del amor. Y si eso significaba que tendría que romper mi cuerpo una y otra vez, lo soportaría. Tomaría el riesgo. Abrí los ojos para encararme contra un furioso sargento. No obstante, me sorprendí.

- Me agrada más esta actitud- declaró el sargento- Aunque sigas temiendo mis golpes. De pie.

Levi retiró su pie. Fue inevitable inhalar fuertemente ya que su golpe me dejó sin aliento. Tosí mientras me levantaba del suelo. Aunque no se disculpara ante su descuido, por lo menos había comenzando bien.

Por primera vez, tuve oportunidad de contemplar el sitio en donde estaba. Era un lugar amplio. Sorprendentemente estaba limpio a pesar estar expuesto al viento. Desde varios huecos aprecié a la gente trabajando en el patio. Sin embargo, mi atención quería centrarse sólo en mi anfitrión.

- ¿Quería enseñarme algo?- pregunté con cierta felicidad.
- Si, algunas cosas de hecho.

De pronto, se acercó hacia mi sin alguna emoción. Siquiera podía descifrar sus intenciones. Por inercia, comencé a retroceder. Algo que el sargento notó. Con agilidad, se colocó atrás de mi, impidiéndome seguir. ¿Qué estaba ocurriendo? No podía dejar de sentirme nuevamente nervioso y seguirlo constantemente con la mirada. Era la misma sensación que tuve en la mañana cuando se sentó sobre mi. De pronto, se agachó y comenzó a tocar mis… ¡piernas! Su frío y fuerte tacto incluso atravesaba la tela de mis pantalones.

- No te muevas- ordenó el sargento.

Tensé mi cuerpo y le obedecí. Sentía mis latidos en todo mi cuerpo. El calor se volvió mi peor enemigo ya que hacía que me diera vueltas la cabeza. Sus ojos contemplaban mi ser, con aquella mirada indescifrable. Jamás había estado tan nervioso como en esos momentos. Si quiera enfrentándome contra los titanes. Temía que incluso pudiera leer mis confusos sentimientos hacia él. Debía detenerlo pero no sabía si preguntarle directamente qué estaba haciendo. Sin embargo, el sargento se alejó y afirmó con su cabeza.

- Definitivamente hay mucho que debo enseñarte- declaró Levi.
- ¿Perdón?
- Eren, eres más frágil de lo que esperaba.
- ¿Me llamó desde mi clase solamente para decirme débil?- pregunté enojado.
- Para confirmarlo.

No sabía si responder ante su, claramente, insulto. Sin embargo, me hizo un movimiento con su cabeza para seguirlo. Tragándome el orgullo, le obedecí.

- De ahora en adelante tendrás un entrenamiento conmigo- declaró el sargento- No creo que seas capaz de pisar el exterior con ese cuerpo.

¿Estaba intentando ayudarme o le gustaba contemplar cómo debía evitar insultarle? El sargento se alejó mientras se quitaba la chaqueta. La camisa blanca lo hacía ver muy elegante. Debía admitirlo, se veía bastante bien. Sin embargo, no podía contemplarle. En ese momento, tendría la oportunidad que darían muchos por poseer. Entrenaría con el soldado más fuerte de Legión. Un poder adicional que me ayudaría a enfrentarlos.

- Te aconsejo hacer lo mismo, Eren.

Lo obedecí sin dudarlo. El calor era cada vez más insoportable. Realmente estaba contento por recibir su entrenamiento pero había algo que no cuadraba. A lo poco que había escuchado y visto de él, parecía no poner tanta atención en sus hombres. Es decir, si notaba el respeto y preocupación necesaria por ser su líder. Pero…

- ¿Por qué hace esto por mi, no tiene algún otro compromiso?- me animé a preguntarle.
- No, estoy libre por el momento- respondió– Oh, supongo que también a esto puedes llamarlo "pasar tiempo en pareja"

No pude evitar de nuevo enojarme ante su constante burla.

- Comenzaremos con el calentamiento.

Media hora de estiramiento, doscientas sentadillas, trescientos abdominales y doscientas cincuenta lagartijas después…

- Aún te quedan diez- exclamó en alto el sargento.

No podía más. Estaba claro que quería matarme lentamente. Noté cómo varias gotas de sudor caían al suelo. Al igual que distinguí la sombra del sargento quien estaba cómodamente sentado en mi espalda mientras hacía lagartijas. Como noté en la mañana, él pesaba bastante a cómo lucía su cuerpo.

- Terminamos.

Me di la vuelta en el suelo y me tumbé. Sólo podía hiperventilar; estaba exhausto. Incluso perdí la noción del tiempo. Sólo deseaba conocer nuevamente mi cama para descansar… si es que podía hacerlo esa noche. Un leve quejido salieron de mis labios. Era cierto, ¡el sargento se adueñó de mi cama! ¿Por qué accedí a la farsa?

De pronto, sentí que algo golpeó levemente mi bota. Abrí los ojos. Era el sargento quien la pateó.

- Has descansando lo suficiente. Ahora comenzaremos con el entrenamiento.
- ¿Qué?, ¿no acabamos de entrenar?
- No, terminaste el calentamiento, levántate.

Quería matarme. Me levanté pero mis piernas flaquearon provocando que me recargará en la pared de la torre.

- Patético.

No me importaba si me insultaba… de hecho siquiera tenía aliento para defenderme. Tan sólo me limité a sentarme y recargarme en la fría pared. Era muy conformante para mi espalda entumida. De pronto, noté que el sargento se sentó a mi lado y se cruzó de brazos. Por instinto, intenté levantarme, su sola presencia hacia que mi cuerpo quisiera huir de él peo mis piernas no me respondieron.

- Tienes tres minutos para descansar o tu cuerpo se enfriará.

Agradecí a todo ser celestial conocido por la humanidad por aquellas palabras. Cerré mis ojos mientras respiraba profundamente.

- Sino lograste soportar el entrenamiento- exclamó Levi- Entonces lo ocurrido en la mañana, fue más extraño de lo que creí.

Me sorprendí tanto ante su comentario que olvidé por un momento el cansancio. Era el momento para aclarar sus dudas.

- ¿Realmente no recuerdas nada?- preguntó el sargento.

Negué con mi cabeza de inmediato. Él sólo se limitó a soltar un suspiro, más no era de alivio.

- Por eso quise traerte aquí, para ver si recordabas algo con el ejercicio pero veo que no.
- ¿Qué debo recordar?

El sargento giró su cabeza rápidamente hacia mi. Su expresión perpleja lo decía todo.

- Cuando desperté y comencé a cambiarme, te colocaste a mi lado sin decir alguna palabra - exclamó irritado - Como te rehusabas a saludarme correctamente, intenté disciplinarte.

Conocía perfectamente su sinónimo para la palabra disciplina: golpearme.

- Pero lograste interceptar todos mis ataques- prosiguió el sargento desviando la mirada por un momento – Fue cuando noté que estabas en un estado extraño, como sonámbulo. No tuve otra opción más que inmovilizarte y averiguar si era algún indicio de transformarte en un titán.

No sabía cómo tomarme la noticia. Por una parte, aunque sea en un estado inconsciente, tenía las habilidades necesarias para defender en su contra. Aunque por otra, era un estado en el que podría dañar a cualquiera. Ahora entendía parte de su comportamiento en la mañana. Por eso, no sabía qué decirle.

- Aunque me duela decirlo, deberías ir a consultarlo con Hanji.

Por supuesto que lo haría. Aunque significara ser tratado como espécimen de laboratorio, debía conocer todo sobre mi inusual habilidad. Si la dominara, podría ser suficiente para acabar con gran parte los titanes. Podríamos recuperar territorio o, incluso, explorar nuevas tierras. Más esa no era la realidad. Todo el equipo de Reconocimiento estábamos viviendo en un viejo castillo por tiempo indefinido. Sabía que era necesario pero estaba seguro que si volvía a hacerme titán, podría esa vez ser más útil. Los vencería sin dudar.

- ¿Usted quiere derrotar a los titanes?- pregunté sin pestañear.
- No entiendo el contexto de la pregunta, Eren.
- Quisiera saber… ¿qué tanto quiere hacerlo?

Su expresión indiferente cambió. Miró hacia el cielo, como si tratara de consultarle a alguien la respuesta.

- Bastante, hice ya muchas promesas para eso.
- Entonces… ¿Por qué estamos estancados aquí?, ¿no sería más fácil ir conmigo al frente como titán y ustedes abrirse paso al sitio donde encontraremos las respuestas?
- Eren…
- Usted que es uno de los soldados más fuertes, ¿por qué nunca le ha exigido a los altos mandos que metan consciencia en la gente? Ellos viven cómodamente mientras que saben que en sus manos, esta la sangre de los soldados difuntos. ¿Acaso eso no importa?

Con una velocidad que jamás le había visto, se acercó hacia mi. Sólo noté cómo mi cuerpo era elevado del suelo, por segunda vez en el día, y daba un brusco giro hacia un orificio de la torre. Al instante, sentí un fuerte jalón en mi brazo izquierdo, posiblemente tendría una herida seria. De pronto, me di cuenta que no sentía el suelo. Alcé la cabeza y noté al sargento mirándome desde arriba. ¡Definitivamente quería matarme! Sentía a la cruel gravedad intentando atraerme hacia ella. El sargento se limitó a sujetar sólo mi muñeca izquierda y mirarme.

- Mientras estas ahí, quiero que me escuches.

Instintivamente quise subir, apoyando mis pies en la torre e intentando escalar. Sin embargo, el sargento notó mi movimiento y sacudió mi brazo para evitar que subiera.

- No tengo porqué explicarle a mocosos arrogantes como tu esto- gritó irritado- Ni tampoco puedo pedirle a un simple soldado que lo entienda, sobretodo cuando tuviste suerte de contar con una habilidad tan oportuna.
- Puedo comprenderlo, sargento, si me…
- Vuélveme a decir así y juro que te suelto, Eren.

De pronto, escuché la puerta azotarse contra la pared junto con pasos caminando rápidamente hacia nosotros.

- ¡Sargento!, ¿qué hace con mi alumno?- exclamó una voz femenina reconocible. Petra se asomó ligeramente hacia donde estaba y me hizo una reverencia.
- Lo disciplino para que no diga más estupideces.

¡¿Realmente era tan necesario ponerme en un peligro mortal para "disciplinarme"?!


Antiguo cuartel central del grupo de investigación.
Oficina provisional de Hanji.

- ¡Auch!- exclamé debido a la sorpresa.
- Fue mi culpa- exclamó Hanji.

Hanji acomodaba mi hombro dislocado con fuerza. Estábamos en su pequeña oficina la cual contaba sólo de un escritorio, varias sillas y un amplio sillón. Varios pergaminos estaban distribuidos por todo el sitio. Estaba sentado en el sillón mientras me atendía la líder. Gracias a los ruegos de Petra por dejarme en el suelo, logré salir con vida.

-Gracias, comandante. No tenía porqué hacerlo.
- Soy la más indicada para tratarte Eren, cualquiera se sorprendería al ver tu capacidad de regeneración.

Le agradecí con un ademán de mi cabeza mientras se levantaba para guardar su equipo. Seguía pensando en las cosas que recién me dijo el sargento. Era imposible que no compartiéramos el mismo pensamiento sobre acabar con los titanes. Probablemente si Petra no me hubiera rescatado, seguramente me hubiera explicado el porqué de su respuesta tan agresiva. Aunque significara una caída mortal. Le haría entender mi punto al sargento. Por ello, decidí averiguar todo sobre mi aparente "poder" para ser un titán y justo estaba en el lugar indicado para aclarar algunas preguntas.

- Comandante Hanji… ¿usted cree que los humanos podrían hacerse caníbales?
- Por supuesto, hay muchas pruebas de gente así. ¿Por qué?, ¿te da miedo volverte uno?
- No pero quiero tener la mayor cantidad de información posible. Por favor, enséñeme.

Su mirada, de pronto, se… ¿iluminó? Era como ver la mirada de un niño; emocionado por ver algún héroe. En un instante, se hincó en el suelo y sujetó mis manos. Sin importarle que aún me dolía mi hombro.

- Con gusto lo haré, Eren. Dime, ¿qué te gustaría saber?

No estaba seguro de cómo preguntar. O más bien, por dónde empezar. Mi sueño, el comportamiento extraño que tuve con el sargento o mi deseo por querer salir de ahí para acabar con todos los titanes. Por algo debía iniciar.

- Con usted, ¿han venido soldados con comportamientos extraños después de ver a un titán?
- Bastantes, puedo incluirme entre ellos- respondió con cierto aire pensativo- Algunos han caído en el rencor, otros en la desesperación y muy pocos en la locura total. Es demasiado impresionante verlos en persona, aunque sean unas magníficas criaturas.
- ¿Y alguno… se ha vuelto caníbal?
- Por ahora no, al menos no sé de ningún caso. ¿Temes volverte uno?
- No, sólo divago mucho.

Un alivio extraño se apoderó de mi mente. Por lo menos, no eran tan fácil volverte uno.

- Aunque leí que, en el pasado, existía una extraña enfermedad que apareció en una tribu - respondió Hanji - Como rito funerario, ingerían los cerebros de sus difuntos.
- ¿Qué clase de personas harían eso?
- Tenían extraños ritos y creencias en el pasado, Eren. Incluso antes de los Muros. Las victimas con el tiempo, se dice que enloquecían y comenzaban a devorar los cerebros de las personas.

El sólo imaginármelo me asqueó por completo.

- ¿Cuál era el nombre de la enfermedad?- pregunté interesado.
- "Kuru"

Pero antes que pudiera añadir más; un soldado ingresó corriendo.

- Comandante, terribles noticias: ¡han asesinado a los titanes…!


Antiguo cuartel central del grupo de investigación.
Patio.

El desgarrador grito de Hanji hacía eco en todo el castillo. Me daba lástima por la pérdida que significaba para ella. Sobretodo, verla tan triste cuando hacía momentos me contaba entusiasmada sobre sus conocimientos. Los titanes en sí, me daban igual si morían o no. Aunque fueran una importante adquisición para Reconocimiento.

Todos estábamos atónitos observando el vapor que emanaban sus huesos. Aquél suceso marcaría un cambio importante dentro del grupo. De pronto, algo nubló mi visión. Sujeté el objeto y me descubrí el rostro. Se trataba de una capa verde característico del Departamento.

- Si hay algún asesino que intenta impedir nuestros planes, tu eres un importante blanco- comentó una voz familiar.

A mi lado, el sargento Levi contemplaba la escena con detenimiento. Evité contacto directo con él, aún seguía molesto. Sin embargo, sentí cómo su mano sujetó la capucha de mi capa y la colocó sobre mi cabeza.

- Eren, de ahora en adelante, esconde siempre tu rostro. Así no le harás el trabajo tan fácil a los responsables de esto.

Ante su respuesta, no pude evitar mirarle. Él… ¿estaba preocupado por mi? De pronto, sentí un calor extraño en mi cuerpo. Sólo por ese momento, olvidé su intento por matarme. Me sentía extrañamente contento.

- Vamos, esto es jurisdicción de la policía- comentó- No te separes de mí.

Giré junto con el sargento y lo seguí. Definitivamente, las cosas cambiarían de ahora en adelante.

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Ha llegado el final del capítulo. Esperen el siguiente capítulo. Se les agradecería bastante si dejan reviews.

Notas de SoritaK.

Capítulo bastante largo para compensar mi tardanza. Lamento la demora en la actualización, tuve que estructurar la historia de otra forma ya que no me convencían algunas partes. Gracias a sus comentarios constructivos, pude reestructurar todo mejor. Quería aclarar que algunos acontecimientos de mi historia son alternativas, es decir, no están tan arraigadas con el anime o el manga. Sólo tomé algunos acontecimientos y los acomodé de tal forma que pudieran dar los capítulos necesarios para hacer la historia más enriquecedora.

Gracias nuevamente por sus visitas y reviews. ¡En una semana tuvo este fic más de ochocientas visitas! Estoy más que impactada, jamás creí que lograría algo así en mi vida. Me alegra mucho leer sus comentarios, notificaciones y checar sus visitas. Espero les siga agradando la historia.

Espero lo disfruten tanto como me divertí al escribirlo. Les agradezco que se hayan tomado la molestia en leer. Esperaré con gusto sus peticiones, comentarios, regaños, alabanzas y gritos de alegría.

Búsquenme en Facebook y Wattpad como: SoritaK.

¡Gracias a todos los lectores anónimos!

Blame it on
When the end comes