Editado el 15/02/2018

Disclaimer: No soy la dueña de Shingeki no Kyojin. Es un universo alternativo con el fin de entretenerlos basado en algunos acontecimientos del manga. Es yaoi (chico x chico) sino te gusta te invito a buscar algo de tu agrado. Escenas fuertes más adelante, estás advertido.

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Dedicado a Yaoi-life por motivarme a siempre dar más en mis escritos.

But I'll take my time if you want to

And I'll give you what ever you need

And I'll wait a lifetime to give it to you

Give in to you

Center of Attention

Jackson Waters

Blame it on

Capítulo IV
Atracción

Antiguo cuartel del grupo de investigación.
A las afueras de la oficina central.

Sentado, en una incómoda banca, esperaba que las grandes puertas de la oficina se abrieran. No podía imaginar el mar de argumentos y conclusiones que se hablarían en su interior. Por eso, y sólo por esa única vez, no me afectaba ser excluido de las pláticas con los superiores. Los gritos de la señorita Hanji aún se escuchaban en el patio. Mis piernas se movían ansiosamente mientras contemplaba el largo corredor. Varios soldados aún seguían impactados por los sucesos recientes. Cualquiera lo estaría ya que se sobreentendían dos cosas:

1.- Había un traidor entre nosotros.
2.- ¿Cuál sería su siguiente objetivo?

A pesar que los superiores intentaron dar explicaciones tranquilizantes, sabíamos la realidad. Entre nosotros se encontraba alguien con intenciones extrañas cuyo objetivo no sólo fue asesinar los titanes. Me aseguré, nuevamente, que mi capa ocultara mi rostro. Si la sospecha del sargento Levi fuera cierta, probablemente el asesino vendría por mi y, quizás, por la llave del sótano.

De pronto, como si se tratara de una ilusión, observé en mi mente a Mikasa suplicándome que reaccionara con mi forma de titán. Lo reconocí al instante, era un fragmento de mi sueño. A ella... jamás le haría daño. Sin embargo, el pensar que no tenía control sobre mi poder. Era angustiante. Sobretodo por saber que, al parecer, activaba mi fuerza como titán inconscientemente e incrementaban mis habilidades de combate. En el futuro, ¿qué me detendría para no devorarles?. En dado caso que ocurriera, ¿cómo podría vivir con ello? No querría pensar en temas más oscuros, por eso, debía consultárselo a Hanji. Sin embargo, ella no estaba preparada para un nuevo "misterio". Primero, tendría que superar la pérdida de sus especímenes. O, como diría ella, sus "amigos".

El sonido de las puertas abriéndose resonaron en el sitio. Me levanté de inmediato y permanecí firme en mi lugar. Uno a uno, los superiores se desplazaron por varios sitios incluyendo el comandante Erwin. Quien me lanzó una extraña mirada, como si en mi rostro intentara encontrar algo.

- Oi.

Una entonación irreconocible llamó mi atención. A mi lado, estaba Levi cruzado de brazos, su aura emanaba irritación pura. Definitivamente, tendría cuidado del uso de mis palabras o probablemente se desahogaría conmigo.

- Eren, tenemos una nueva misión- comentó entre dientes.

- ¿Cuál es, señor?- pregunté instintivamente.

El sargento, rápidamente, colocó su mano sobre mi hombro lastimado y lo apretó con fuerza. Provocando que liberara un extraño y pequeño grito.

- Le-Levi… -inquirí mientras seguía oprimiéndome.

- Mejor- respondió mientras me liberaba- Te lo explicaré en el camino. Trae tu equipo de maniobras tridimensionales, por si acaso.

Sin decir más, se fue con su usual elegancia, congelando con la mirada algunos soldados que pasaban a su lado. Presentía más dolor para ese día…


En algún sitio a las cercanías del cuartel.

El aroma fresco de los árboles, el sonido de los animales y el silencio del viento eran bastante confortantes. Salir del castillo era un pequeño respiro para las consecutivas tensiones que vivíamos. Constantemente sentía ese dolor característico de andar en una carroza. El vehículo se levantaba a cada instante, haciendo que nuestros cuerpos fueran atraídos por la gravedad abruptamente. Algo muy doloroso. Seguíamos una ruta segura para llegar a un pueblo cercano al cuartel. Uno de los pocos sobrevivientes del ataque al Muro Rose.

Venía con la reconocida Unidad de Levi, encabezando todo el sargento. Varios cabalgaban afuera, haciéndonos escolta mientras que otros estaban sentados a mi alrededor. A mi lado, estaba Hanji quien veía a un punto extraño en el suelo, con un semblante bastante serio. Era irreconocible. Su usual entusiasmo fue absorbido por los escombros de los titanes. Seguramente necesitaría un tiempo para recuperarse. Por eso, supuse que la invitaron a venir y para despejarse un poco. De hecho, aún no me habían explicado el motivo por el cual íbamos al pueblo. Sólo intuía que iríamos por provisiones. Aunque no podía evitar sentir un ambiente extraño. A veces notaba cómo varios dirigían miradas extrañas hacia mi persona. Como si tuvieran algo que decirme pero se tragaban sus palabras por alguna fuerza superior.

- Hemos llegado- indicó Erd Gin con seriedad.

Al instante, el vehículo se detuvo y la gente comenzó a bajar. En cuanto pisé el suelo, Levi estaba esperándome.

- Bien- comentó en voz alta el sargento- Todos saben lo que deben hacer, andando.

- Si, señor- dijeron todos al unísono.

La realidad… ¡era que no tenía idea de cuál era mi misión ahí! Todos estaban distribuyendo varias cajas y otros dirigiéndose al pueblo. Incluso Hanji se fue con Petra. ¿A quién debía seguir? De pronto, un aura familiar se acercó hacia mí. El sargento se puso a mi lado con los brazos cruzados.

- Déjales a ellos la carroza, tenemos otras cosas que hacer- exclamó el sargento de pronto.

- Perdone pero… ¿cuál es mi misión aquí?

- Venir conmigo.

¿Por qué presentía que algo muy malo ocurriría?


Caminábamos entre las calles del pueblo. Los comerciantes gritaban con entusiasmo y nos invitaban a acercarnos a sus puestos. El sargento caminaba tranquilamente entre la gente mientras varios aldeanos nos señalaban al notar nuestras capas de Reconocimiento. Era una reacción a la cual aún no me acostumbraba. Las personas se quitaban para abrirnos paso, como si fuéramos algo que evitar. Aunque en sus miradas se veía respeto, sabía que nos temían. Incluso parecían temernos por el coraje de nuestra decisión por unirnos al Ejército. Me adelanté un poco hasta tomar su paso.

- ¿Puedo preguntar qué hacemos aquí?- pregunté con timidez.

- Venimos por suministros y algunas herramientas.

- ¿Tanta guardia simplemente para comprar?

- Cállate y vamos.

No cuestioné más su propósito, después de todo, no quería hacer un escándalo público. Conforme avanzábamos, el pueblo se volvía más sombrío. Las calles tenían un ambiente gélido y las casas lucían cada vez más desgastadas. Los amables comerciantes se volvieron gente misteriosa vestida con capas recargada en las paredes.

- No te alejes demasiado- me susurró el sargento.

Realmente no tenía planeado hacerlo. Aceleré el paso mientras él daba vuelta hacia un callejón con aspecto sombrío. La luz del día fue extinguida de alguna extraña manera, siendo solamente un par de velas nuestra única iluminación. Una puerta estaba en mitad del callejón y frente a ella nos detuvimos. El sargento tocó varias veces hasta que se abrió. Con un ademán de su cabeza me indicó que lo siguiera y le obedecí.

Ingresamos a una casa relativamente pequeña y de paredes desgastadas. El olor a moho era su principal característica. El sargento se cubrió la boca al caminar por el sitio. Lo seguía mientras miraba alrededor. Era una clase de tienda extraña con objetos y armas que jamás había visto. En su interior, estaban cubiertas las ventanas donde varios candelabros iluminaban el sitio. Estuve a punto de caerme con un reloj grande pero algo me sujetó. Me di la vuelta para agradecerle al sargento, sin embargo, no se trataba de él. Un hombre de cabello castaño, alto, de tez morena y ojos claros me dio una sonrisa ambigua. Lucía unos años más grande que nosotros. Vestía de una capa con bordados elegantes, una tela que jamás había visto.

- Cuidado, vale más que tu vida- indicó el señor con un extraño acento.

- Lo siento mucho, señor.

El desconocido inclinó su cabeza y contempló al sargento con gran sorpresa.

- Oh, Junge Jäger- exclamó el hombre con cierto gusto.

- No me llames de nuevo así- respondió el sargento con cierto enojo.

- Lo siento, siempre olvido que ya estas en las ligas mayores. ¿Qué deseas?

- Plantar una semilla en el bosque- contestó el sargento con mayor tranquilidad.

De su chaqueta, Levi sacó un sobre y se lo entregó al hombre. De vistazo alcancé a distinguir el sello de Reconocimiento en él. El, aparente, comerciante mostró una sonrisa de par en par. ¿De qué se trataría? Sin embargo, guardó el sobre entre su capa.

- Oh, esto se pondrá interesante- comentó el hombre.

- En el sobre esta tu primera paga. Si me traicionas…- comentó Levi en un tono agresivo.

- Me matarás lenta y dolorosamente, lo sé y te creo. Tienes aún buena reputación por aquí.

- Mejor no digas más.

El comerciante soltó una leve risa amarga mientras posaba su atención sobre mi. ¿Acaso se burlaba?

- ¿Y él?- preguntó muy interesado.

- Es mi asistente personal- exclamó el sargento sin pestañear.

- ¿Qué?- exclamé enojado automáticamente.

Sin embargo, colocó su mano nuevamente sobre mi hombro lastimado y lo oprimió. Provocándome un terrible dolor. Tuve que morder mis labios para no soltar un grito.

- Aún necesita modales- comentó mientras seguía apretando.

- No diré más- exclamó el señor- Estará todo listo en la fecha acordada.

- Por tu bien. Vámonos.

De esa forma, le dimos la espalda al vendedor misterioso sin antes él darme un saludo extraño. Era como si tratara de darme buena suerte… Y quizás la necesitaría en el camino.


Nuevamente caminábamos entre los aldeanos comunes. Las casas estaban llenas de color a comparación del extraño sitio al que me llevó. Aún seguía bastante confundido por los sucesos anteriores. Moría por preguntarle qué contenía el sobre pero conocía su respuesta. Me miraría irritado, daría un insulto al aire, quizás me golpearía y se alejaría. Prefería ahorrarme el sufrimiento y averiguarlo por mi cuenta.

De pronto, un aroma muy familiar inundó mis sentidos. Se trataba de carne con especias. El olor parecía venir de un restaurante no muy lejos de nosotros. Mi estómago comenzó a gruñir. Ahora que lo pensaba, ¿desayuné? Traía el suficiente dinero como para pagarme un buen platillo. Volví a retomar el paso del sargento.

- Señor, ¿podría ir a aquél restau…?

- ¡Levi!, maldita sea Eren, ¿es tan difícil decir mi nombre?

- No lo es, comprenda que nos acostumbraron a llamarlo así.

Él se detuvo en seco. Con trabajo de no caerme, imité sus movimientos. Levi se limitó a mirar el restaurante frente a nosotros.

- Los demás han de seguir ocupados. Espérame ahí, no te muevas.

El sargento señaló varias cajas y barriles que estaban al lado del restaurante. Me dirigí hacia ahí mientras notaba cómo entraba al sitio. Me senté sobre un barril, con algo de esfuerzo, y contemplé a la gente. La vida militar era buena pero extrañaba a veces mi libertad. Aquellos momentos donde salía a la calle simplemente a pasear o ver algunos amigos. Incluso los mandados que me obligaba hacer mi madre. Esos días parecían lejanos.

Mis piernas comenzaron a dolerme; producto del "entrenamiento" que tuve en la Torre. ¿Qué rayos le ocurrió allá arriba como para tratarme así? Sabía que era una persona muy brusca pero jamás me había atacado de aquella manera. Quizás con el tiempo le preguntaría… si me armaba del suficiente valor.

- Eren.

Me desbalanceé del barril. Inhalé profundamente debido al susto que me dio. El sargento estaba frente a mi y traía varias bolsas en las manos.

- ¿Podría avisarme que esta aquí?- supliqué mientras recuperaba el aliento.

- No, es tu deber estar siempre atento. Vamos.

Levi se dio la vuelta de súbito y se perdió entre la gente. De inmediato me levanté y lo seguí. Él caminaba entre las personas mirando hacia al frente, como si las esquivara. En cambio yo debía observar por donde caminaba y tratar de no toparme a cada instante con ellas. Después de un tiempo, logré tomar su paso.

- ¿Le ayudo?- pregunté por inercia.

- Tirarías todo, prefiero hacerlo- respondió con irritación- Además ya llegamos.

No pude comentarle más por el paisaje que estaba frente a mis ojos. Aquél sitio era completamente diferente a la zona comercial. Las casas eran más coloridas y cuidadas. Bajo un puente de piedra corría tranquilamente un arroyo. Con el agua más cristalina que había visto. Incluso pude contemplar mi reflejo. Justo debajo de las sombras de los árboles estaban varias bancas. En una de ellas, el sargento tomó asiento y con un ademán de su cabeza me indicó que fuera. Corrí hasta su posición y me entregó una bolsa de comida.

- Aquí podremos comer sin tanta gente viéndote- comentó Levi.

Mis pupilas se dilataron al escuchar su comentario. Hasta ese momento lo comprendí. Era cierto, no podía mostrar mi rostro ante las personas. Cabía la mínima posibilidad que el asesino de los titanes nos siguiera. Comer en una área pública, sería peligroso. ¿Cómo se me pasó ese detalle? Debía tener más cuidado de ahora en adelante. El sargento comenzó a comer tranquilamente. Debido a que mi estómago me exigía lo que sea, tomé asiento a su lado y lo imité. Definitivamente la comida casera era lo que más echaba de menos. Además, era demasiado comer, una vez más, a su lado. Sentía nuevamente una emoción extraña. Como si dentro de mí supiera que oportunidades así, eran difíciles de conseguir.

- Gracias por la comida- dije para iniciar una conversación- ¿Cuánto le debo?

- Esta bien, después me pagarás el favor- respondió el sargento limpiando su boca con una servilleta- ¿Cómo sigues de tu hombro?

- ¿El qué?

- Hanji me dijo que te disloqué y me regañó por cosas absurdas. ¿Te sigue doliendo?

- Ya no…

- Bien.

Eso significaba que… ¿se preocupó un poco por mi? Aunque seguía molesto por las palabras que dijo en la Torre. Seguramente no tendría la oportunidad de discutir su intención. Temía por su respuesta. Probablemente estaría mi cadáver cerca del arroyo en la portada de los periódicos. Por ello, había algo que si podía aprovechar como tema de conversación.

- ¿Qué le parece si usamos este tiempo para conocernos?- sugerí mientras cerraba los ojos.

Su pronta respuesta no logré escucharla. Eso tan sólo significaba lo peor… Continué apretando mis ojos, esperando recibir cualquier golpe de inmediato. Estaba realmente muerto de la pena.

- ¿Por qué?- preguntó el sargento con un tono tranquilo.

- Es necesario para las… parejas- susurrando la última palabra. Abrí los ojos y lo miré. Tratando de ocultar mi sonrojo.

- Oh, bueno, supongo que es para buscar cosas en común.

- También los defectos del otro.

- Virtudes y defectos, ¿es una clase de interrogatorio?

- No, sirve para conocer primero a la persona- comenté. La mirada del sargento denotaba que le diera una mejor explicación así que proseguí- Al elegir a tu… compañero, lo más importante es aceptarlo como es para que en el futuro no haya incómodas rupturas y sufrimiento.

- Suena muy profundo lo que dices para alguien tan preocupado por los titanes.

- Fue algo que me enseñó mi madre…

De pronto, un extraño silencio se hizo presente. No fue como hacía segundos donde no sabíamos qué decirnos. Más bien era como entender la experiencia del otro. Ese amargo momento donde reflexionabas por unos segundos las palabras de un ser querido fallecido. De pronto, el sargento se levantó con el plato vacío en su mano.

- Suficiente plática, debemos irnos ya- comentó en un tono tranquilo.

- ¿Nos vamos a otra misión?- pregunté mientras me apresuraba en terminar el platillo.

- Algo así…


En algún pueblo a las cercanías del cuartel.
Lago.

Sujeté fuertemente el tronco mientras escuchaba varias rocas destruyéndose a varios metros del suelo. Estuvo bastante cerca…

- Eren, ten más cuidado- gritó el sargento desde otro árbol.

- Lo haré.

Me apoyé cuidadosamente sobre una rama grande y suspiré. Jamás me había costado tanto trabajo una simple misión. Sólo era recolectar cierto tipo de hojas y cortezas de los árboles. Al principio el trabajo se escuchó sencillo pero esos árboles tenían algo extraño. En su tronco había un líquido raro, algo parecido a la miel, con el cual podías resbalarte con facilidad. Por ello, usábamos los Equipos de Maniobras Tridimensionales para evitar caídas trágicas.

Después de comer, nos trasladamos a las orillas de aquél sitio. El lago era el más grande que había visto. Aunque estuviera en lo más alto de los árboles, no podía contemplar su final. Emanaba una brisa fresca y tibia que relajaba todo mi ser. Como desde hacía mucho tiempo que no estaba. En aquél aparente bosque, todo estaba intacto. A decir verdad, estaba sorprendido por los lugares que Levi conocía. Eran prácticamente zonas que el hombre o los titanes no habían tocado. Las nubes grises nos avisaron sutilmente de la lluvia que se avecinaba. Debíamos trabajar lo más rápido posible.

De pronto, Levi descendió de un árbol con agilidad y dejó las cortezas en la canasta. No sabía cómo podía moverse de esa manera. Incluso hacía que su capa no se pegara contra los troncos. No le quedaba mal su reputación de ser experto en el manejo del Equipo. Justo como Mikasa. De mi parte, tuve que dejar mi capa en el suelo antes de subir. Me costaba trabajo realizar cualquier maniobra en ese bosque. Entre las casas era más sencillo pero aquél sitio era un escenario con demasiadas derivaciones.

- ¿En qué usa esto la señorita Hanji?- pregunté mientras extraía otra corteza.

- Para crear medicamentos.

Creía que no le agradaba pero, al parecer, tenían una amistad más profunda de lo esperado. Desde que supe que le haríamos ese favor, no podía evitar sentirme extraño. Era tan raro que el sargento hiciera algo como esto por alguien. Quizás sentía algo por…

- Toma- escuché de pronto.

Recibí de golpe una canasta la cual apenas la alcancé a sujetar. El sargento cayó, elegantemente, a mi lado.

- ¿Si podemos estar aquí?- pregunté sin vacilar.

- Por supuesto, no estamos robando si eso insinúas.

- Esa no era mi intención, sólo me preguntaba… ¿por qué no pudo venir la líder Hanji?

- No quería que estuviera llorando con nosotros, sería molesto- respondió el sargento mirándome fijamente- Con unas cuantas cortezas será suficiente.

Levi se alzó nuevamente para seguir recolectando. Aunque no entendía del todo las cosas, lo imité. Si algo tan pequeño podía hacerle olvidar la pérdida de sus titanes, lo haría. Disparé los pistones hacia un tronco para balancearme y subir a otro. Sin embargo, un movimiento fuerte me sacudió. Miré hacia al frente y noté la realidad. La corteza donde apunté los ganchos se rompió. Literalmente, contemplé atónito cómo éstos caían junto con un pedazo del tronco. Dejándome completamente en el aire sin protección alguna. Intenté enrollar los cables para lanzarlos nuevamente pero fue inútil, no reaccionaba. Algo estaba mal. Con la mirada, busqué desesperadamente al sargento pero no había su rastro. Miré hacia abajo para analizar la situación. No había algún árbol del cual pudiera sostenerme o impactarme. Caería directamente al suelo. Abracé mi cabeza y cerré los ojos, esperando el inminente impacto.

No obstante, escuché un sonido extraño, como si alguien cortara el viento. Abrí los ojos y contemplé con alegría al sargento. Estaba a mi lado tratando de alcanzarme a pocos metros pero no lo lograría, el suelo ya estaba cercano. De pronto, noté que disparo hacia otra dirección, interceptando el cordón de acero y provocando que las cuerdas se entrelazarán. Por el cambio tan brusco de velocidad, mi cuerpo se dio la vuelta brevemente, mientras observaba el sitio donde aterrizaría. El lago estaba frente a mi.

- ¡Suelta los pistones!- gritó con fuerza el sargento.

Le obedecí al instante. Contemplé cómo éstos caían rápidamente al suelo mientras ponía mi vida en sus manos. Sólo quedaba recibir el impacto.

Caí en picada al agua. Me golpeé fuertemente contra la superficie del lago, sumergiéndome por completo. Su fría sensación, un dolor en mi pecho y la falta de oxígeno fueron mis primeros pensamientos. El sabor dulce de las aguas me distrajo del inminente ardor que dominaba mis heridas. Sin moverme, sin intentar hacer algo, abrí los ojos. El agua cristalina reflejaba el cielo amplio al igual que los pocos rayos de sol que se entreveían. Era similar a mi sueño. Podía estar en aquél escenario relajante para siempre. Sin embargo, el sonido de algo cayendo distrajo mi atención. No muy lejos, parecía que una persona estaba nadando… Lo reconocí de inmediato. Patalee lo más que pude hasta llegar a la superficie. Inhalé profundamente oxígeno mientras tosía un poco de agua. Miré a mi alrededor. La orilla estaba cerca. Al parecer, con mucha suerte, caímos en una zona profunda. Continué buscando, tratando de localizarle. No muy lejos de mí, Levi también recuperaba el aliento. Su rostro parecía bastante irritante y se quitaba varios mechones de su visión. Braceé hacia él.

- ¡Sargento!, ¿está bien?

- ¿Tampoco porque te salvé la vida puedes decirme por mi nombre?

- ¡Levi!- grité desesperado- ¿Cómo se encuentra?

- Tranquilo, estoy bien. Eren, ¿qué rayos ocurrió?

- ¡No lo sé bien! Pero creo que los ganchos se quedaron atorados entre las cortezas del árbol.

- Ten más cuidado, no siempre estaré aquí para salvarte.

- Si, lo siento y muchas gracias.

- Vamos a la orilla, detesto mojarme así.

El sargento comenzó a bracear y le seguí de cerca. De vez en cuando intentaba localizar si podía pisar el suelo. Llegó un punto que lo logré. A pesar que el agua me llegaba al nivel de la barbilla, era suficiente para lo que quería. Me detuve por breves instantes para quitarme los mechones de la frente. Sin embargo, algo extraño ocurrió. De pronto, me desbalanceé y sentí como si algo me jalara. Mi cuerpo comenzó a moverse por una fuerza extraña. No me refería a algún acto sobrenatural. Era como si algo me jalara lentamente, haciendo que mi cuerpo ejerciera una presión extraña. De esa forma, fui acercándome al sargento quien al parecer, le ocurría lo mismo. Estaba de pie contemplando el agua y extrañamente, poco a poco me iba acercando hacia él.

- ¿Esto es alguna habilidad nueva de tu forma titán?- preguntó mientras intentaba balancearse.

- No lo creo, me siento perfectamente bien. Es algo más.

- Analicemos la situa…

De pronto, Levi cayó al agua, sumergiéndose por completo. Como si algo lo hubiera empujado Sin pensarlo, nadé hacia él, braceando fuertemente. No obstante, sentía cómo poco a poco algo ejercía presión sobre mi pecho. Provocando que mis brazos se volvieran pesados y no lograra moverlos bien. Tuve que pisar el suelo y caminar hacia él. El sargento no salía a la superficie. Una oleada fría recorrió mi espalda.

- ¡Levi!- grité asustado.

¿Qué estaba ocurriendo? Necesitaba moverme más rápido o sino él… Antes que pudiera terminar mi pensamiento, el sargento emergió a la superficie justo frente de mí. Tomó una gran bocanada de aire y se recargó en mi pecho. En ese momento, no me importó si la situación se veía comprometedora. Con algo de dificultad, sujeté sus hombros fuertemente para evitar que volviera a caer. Ignoré si eso significaba que me golpearía pero le soltaría hasta confirmar su estado. Levi seguía con su cabeza recargada en mi, respirando pausadamente.

- ¿Estás bien, qué ocurrió?- pregunté muy preocupado.

- Calma… estoy bien…

De pronto, sentí cómo uno de sus brazos rodeaba mi espalda fuertemente. No pude evitar exclamar un sonido extraño y vergonzoso. Al instante, mi respiración se aceleró. Por cuarta vez en el día. Con dificultad, Levi alzó su rostro y dirigió su atención hacia mi. Sus ojos parecían cansados por el esfuerzo que hizo para salir a la superficie. Su cabello estaba completamente hacia atrás, permitiéndome contemplar su frente. No pude evitar ruborizarme. Parecía otra persona. Sus facciones se veían con mayor nitidez y lucía más joven.

- No puedo mover mis piernas- declaró el sargento- Parece que están enredadas con algo.

- ¿Sabes con qué es? Podría ayudarte a quitarlo.

- No, necesito que tu lo veas.

¿Insinuaba que debía tocar sus piernas? No sabía cómo reaccionar. Sabía que era necesario para poder ayudarle pero la idea me ponía bastante nervioso. El sargento dejó de presionar mi espalda con su brazo. Se veía más tranquilo, al parecer recuperó el aliento.

- ¿Qué esperas?

- ¡S-si!

Bastante apenado, me agaché ligeramente y extendí los brazos con dificultad. Era como si algo me apretara fuertemente en los hombros, impidiéndome moverme con naturalidad. Al poco tiempo, reconocí el pantalón empapado del sargento. Lentamente y tratando de no lastimarle, comencé a palpar su pierna. Realmente temía tocar algo inapropiado. De pronto sentí algo rodeando sus piernas.

- Es…- comenté al aire- como una cuerda…

Mientras las pequeñas gotas de lluvia caían a la tierra, ambos comprendimos la situación: estábamos enredados por los cables del Equipo. Todo tenía sentido. Ahora que lo sabía, mi cuerpo parecía estar atado por algo. Por eso no podía moverme tan fácil. ¿Qué sería lo más conveniente de hacer? No podíamos pedir ayuda porque la zona estaba deshabitada. Quizás lo más conveniente sería intentar salir a la orilla y analizar la situación. De pronto, Levi descendió su brazo y sujetó varios cables que tenía en mi cadera. La sensación de sus manos con el agua me hacían cosquillas. Retrocedí de inmediato, evitando soltar un grito de sorpresa.

- Deja de moverte- exclamó desesperado.

- No es mi culpa, llegó sin aviso y soy muy sensible.

- ¿Lo eres?

No pude evitar sonrojarme ante su pregunta. Sonó como si le… ¿interesara? Más no pude fantasear más ya que sentí cómo la corriente, poco a poco, nos arrastraba a lo profundo. Si llegábamos ahí, sería bastante peligroso.

- ¿Tienes el pistón-paro a la mano?- preguntó.

- No, no sé donde están.

- Intentaré buscarlas…

Levi puso sus manos directamente en mis piernas, justo a unos centímetros de una zona bastante comprometedora. Inevitablemente me desbalanceé, cayendo directamente al agua. Mi rostro se sumergió, tomando involuntariamente una bocanada de agua. De pronto, sentí dos fuertes manos que me llevaron nuevamente a la superficie. Con la respiración entrecortada, descubrí la mirada desesperada del sargento muy cercano a mi rostro. Intenté alejarme pero no pude. Uno de sus brazos nuevamente rodeó mi espalda y me atrajo hacia él.

- ¡No hagas la situación más difícil, Eren!

- Entonces dime cuando hagas esos movimientos.

- ¿Te pone tan nervioso que trate de buscar una simple cuerda?

No quería responder a su pregunta. Tenía un orgullo para proteger. Aunque fuera una rotunda afirmación. Nuevamente mi cabello cubría una parte de mis ojos. Me dispuse a quitarlo sin embargo…

- Se-Levi, creo que hay un nuevo problema…

- Maldición, ¿ahora qué?

- Mis manos están amarradas.

- Te dije que no hicieras las cosas más difíciles.

- ¡No tengo idea de cómo me amarré!

- ¿Quizás poniéndote nervioso por simplemente tocar tus piernas?- dijo en un tono bastante sarcástico.

- ¡No me puse nervioso!

- Entonces no te muevas…

El tacto de las manos grandes y fuertes sobre las mías, provocó que un extraño escalofrío recorriera mi espalda. Sus dedos intentaban forzar el cable que rodeaba caprichosamente mis muñecas.

- Demonios, estás completamente inutilizado.

- ¡Sólo de las manos!- exclamé intentando aclarar la situación.

- Es lo que quiero confirmar…

Sus manos comenzaron a subir por mis brazos, provocando que nuestros cuerpos se volvieran más cercanos. Prácticamente nuestros rostros estaban uno frente al otro. Mis mejillas se incendiaron en colores. Era demasiado para mi estabilidad emocional. El agua entraba por mis oídos, haciéndome más dificultoso escuchar sus órdenes.

- Cálmate- comentó el sargento.

Sin previo aviso, Levi rodeó mi cuello con sus brazos y se quedó inmóvil. Su aura emanaba una tranquilidad extraña. Era como si con su mirada intentará relajarme. Por alguna extraña razón perdí las fuerzas y entré a un estado adormecido. Me sentía como sedado por algún extraño suero.

- Ahora escúchame… - dijo Levi tranquilamente- Tengo las piernas inutilizadas pero puedo aferrarme a ti, llévanos a la orilla.

- ¿Mi-mientras me abrazas?

- Por supuesto, vamos, en marcha.

Aún con la sensación de adormecimiento, comencé a caminar lentamente hacia la orilla. Centré mi mirada a un árbol que se veía en la distancia para no ver su rostro y sonrojarme más. Conforme el agua bajaba, notaba más el peso del sargento. Justo como descubrí en la mañana, no eran tan ligero como aparentaba. Con fuerza, continué caminando, sin tambalearme ya que temía lastimarlo. El nivel del agua estaba en mis rodillas, permitiéndome ver las cuerdas que ataban por completo las piernas del sargento. Levi se sujetó con mayor fuerza sobre mi cuello. Colocando su cabeza sobre mi pecho.

- Con esto será suficiente, bájanos- exclamó el sargento.

Entre la fuerza que ejercía para mantenernos de pie y su extraña orden; me senté lentamente sobre la tierra húmeda. Escuché cómo tosía varias veces. El sargento se soltó de mi y dejó que la gravedad lo atrajera. Sin importarme nada, recargué mi espalda sobre la tierra y miré el cielo nublado. Varios pájaros nos miraban desde la copa de los árboles, como si estuvieran burlándose de nuestra situación. De alguna u otra forma, lo conseguimos.

- ¿Estás bien?

- Si, describe la situación.

Como pude, alcé mi rostro y contemplé… una imagen bastante impactante. ¡Levi estaba completamente apoyado sobre mi! Pero eso no era lo peor. Era como si un niño nos hubiera atado mientras dormíamos. Aunque la situación fuera tan terrible, no pude evitar retomar mi atención hacia él. El agua mojó su camisa blanca, dándome a conocer su fuerte dorso desnudo. Sus facciones esbeltas era un elemento irresistible para mi atención.

- Describe la situación, Eren.

- ¡S-si!- contesté sin pensarlo- Mis piernas siguen inutilizadas y prácticamente, estamos totalmente enredados…

Mis palabras fueron interrumpidas por un movimiento del sargento. Sin avisarme, sujetó fuertemente mi pierna, usándola como apoyo para levantarse ligeramente. Dirigió su mirada hacia mi desde la altura donde estaba.

- Oi, tranquilo, trataré de solucionarlo- indicó Levi - Más vale que no te muevas.

Ante su amenaza, tensé mi cuerpo y seguí su orden. Inconscientemente desvié la mirada. Temía que contemplara mi absurda reacción ante sus movimientos. Con trabajo, sentí cómo se balanceó un poco sobre mis piernas y logró liberar un gran nudo que ataba nuestras caderas. Algo que, al parecer, le ayudó para balancearse mejor sobre su propio cuerpo.

- Qué rápido…

-¿Cómo?

- E-es usted muy rápido zafándose de esto. Si estuviera solo, no sabría por dónde empezar.

- No dudo que serías un caso perdido.

Iba a comenzar a refutarle y quejarme pero un movimiento súbito provocó que me callara. La mano del sargento estaba sobre mi abdomen, al parecer, tratando de deshacer un extraño nudo. Levi sólo maldecía al cable por ser tan inflexible. Mientras que sentía mil y un reacciones en todo mi cuerpo. Por supuesto, podía concentrarme para no moverme pero… ¡su mano seguía ahí! ¿Acaso no necesitaba de ambas manos para deshacer un nudo? Un calor extraño invadió mi mente, por segunda vez en el día. No era calor como si estuvieras todo el día bajo el sol. Era diferente.

De pronto, sentí que sujetó mi espalda y me jaló hacia él. Lo primero que nublo mi vista fue su rostro. Más cercano como jamás había contemplado. No pude evitar sentir un extraño cosquilleo en la boca de mi estómago. Incluso ignoré por un momento mi notable sonrojo.

- ¿Por qué estas tan rojo?- preguntó el sargento de pronto.

- Oh…. Amm… ¡es por el agua!- respondí de inmediato. ¿Acaso no logré decir alguna mejor excusa?

- Como sea, te desataré.

Levi descendió, rozando por completo mi pecho con sus brazos. Miraba hacia otro sitio, pidiendo que no contemplara mi rostro o algunas otras extrañas señales. Sujetó con fuerza mis manos. No pude evitar centrar mi mirada sobre su acción. Algo que me permitió descubrir las heridas que estaban sobre mis dedos. Producto seguramente de las cuerdas. De pronto, con un ágil movimiento, logró liberarme. De inmediato sujeté mis muñecas y las acaricié levemente. Jamás aprecié tanto la habilidad innata de poder mover nuestros cuerpos a voluntad.

- Terminé de quitarnos estas odiosas cuerdas, Eren.

Ante su comentario, afirmé con un leve sonido y me levanté con algo de esfuerzo. Definitivamente era una maravilla invalorada de tener la capacidad de mover nuestros cuerpos con naturalidad. Me agaché en cuclillas sobre el agua y lavé mis manos. Quitando las manchas de sangre de mis dedos. Su frialdad aliviaba el ardor que sentía. Una vez que lo hice, agarré un poco de agua y lavé mi rostro. Intentando despejar las sensaciones y pensamientos que tenía.

De pronto, un fuerte viento arreció y la lluvia cayó sin piedad. Las gotas ligeras que cayeron hacía segundos ahora parecían piedras cayendo sobre nosotros. Debíamos resguardarnos en cuanto antes. Con dificultad y tratando de no tomar agua de la lluvia, observé a los alrededores y encontré el sitio perfecto. Sin pensarlo me dirigí hacia el sargento, quien intentaba cubrirse de la lluvia, sujeté su muñeca y lo guie hacia una pequeña entrada donde un techo de madera los cubría. El sonido de la lluvia incrementó, adueñándose de cualquier sonido que antes salía del bosque. Las gotas de la lluvia caían precipitadamente sobre el suelo.

- Al fin te animaste a dar el primer paso…- comentó el sargento.

Confundido, centré mi atención sobre él. Estaba completamente empapado. Sólo que su expresión indiferente fue reemplazada por una extraña mirada. Señaló con un ademan de su cabeza hacia abajo. Sin creerlo contemplé la escena. ¡Estaba aferrado a la mano del sargento! La solté de inmediato mientras intentaba acomodar mis ideas en la mente.

- ¡No se trata de eso! Só-sólo quería resguardarnos de la lluvia, aunque ya estamos empapados pero podríamos enfermarnos y…

Levi tan sólo se limitó a sujetar nuevamente de mi mano y con un ademán, me pidió que me sentara. Sin pestañear le obedecí aún con el rostro encendido en colores.

- Quítate la camisa y el equipo- dijo el sargento- Hay que dejar que se sequen.

¡Estaba de broma! ¿Cómo me pedía semejante cosa cuando estaba tan alterado? Aún estaba procesando los eventos ocurridos en el lago… Que me pidiera semejante cosa era sólo un elemento más para mis confusos sentimientos.

- Hey- dijo el sargento mientras se desabotonaba la camisa- Ya pasamos por la etapa de cambiarnos frente al otro.

- Pero esta vez sería quedarnos semi…

- Oi, ¿crees que las parejas jamás se ven desnudas cuando lo hace…?

- ¡No quiero seguir escuchando!

- Créeme, tampoco quise esto pero la principal regla de un soldado es cuidarnos mutuamente. Así que quítate la maldita ropa.

Con agilidad, el sargento sujetó la entrada de mi camisa e intentó jalarla para quitármela. De inmediato solté quejas sin sentido y trataba lo mejor posible de detenerle. Pero su fuerza era superior a la mía así que terminé cediendo en contra de mi voluntad. No pude evitar sentirme incómodo ante su mirada. A pesar que fuera indiferente, para mí era peligrosa. Precisamente por no saber cuáles eran sus pensamientos. El sargento señaló un pedazo de madera que estaba resguardado de la lluvia. Me levanté, aún muriéndome de la vergüenza, para colocar mi ropa en el tronco. El sargento imitó mis movimientos, mostrándome una vez más su fuerte dorso. Ambos nos quitamos el equipo y lo dejamos junto a nuestras camisas.

- Si alguien nos encontrara…- comentó el sargento mientras se giraba para ver la lluvia.

- Rezaría para que no me mate- dije sin pensarlo.

- ¿Cómo?- preguntó devolviendo la atención hacia mí.

- Si, seguramente me mataría por estropear las cosas.

- Probablemente pero nadie nos encontrará.

- ¿Por qué?

- Sólo unos cuantos lo conocen, el lago es bastante amplio y la mayoría sólo esta en la zona comercial. Aquí nadie nos encontrara.

De pronto, la lluvia incrementó, trayendo una brisa fría consigo. Los cambios climáticos era una de las cosas que más apreciaba. Sobretodo el poder de la naturaleza. Aunque los titanes fueran los principales causantes de nuestro declive como humanidad; el clima también hacía de las suyas. Probablemente su poder era más temible que la ferocidad de los titanes. Pero en ese momento parecía que quería recordarme mi niñez. Aquella tranquilidad que siempre me emanaba cuando veía la lluvia al lado de mi familia.

- Me agrada bastante la lluvia…- dije de pronto.

- También a mí.

¿Lo dije en voz alta? Necesitaba controlar mejor mis pensamientos y no decirlos al aire tan fácilmente. Algo me sucedía ese día. Pero a pesar de los constantes momentos comprometedores entre nosotros, me sentía más en confianza de hablarle.

- Y-ya que estamos aquí y parece que no podremos movernos por un tiempo- dije con algo de timidez- ¿Qué le parece continuar con la plática del puente?

- Suena bien.

Como no tenía idea con qué iniciar, pregunté lo primero que se me vino a la mente.

- ¿Extraña a sus padres?- pregunté.

- No, no los recuerdo.

- ¿No recuerda absolutamente nada?, ¿cuándo era niño?

- Realmente no recuerdo mucho, siempre he estado solo pero no me afecta como todos piensan.

- Debió ser duro.

- A veces lo fue pero cuando vives así, te acostumbras- comentó el sargento mientras se sentaba en el suelo. Imité sus movimientos- Una vez que aceptas tu situación, ves las cosas diferente. Si puedes sobrevivir con lo poco o mucho que recibas en un día, entonces nada podrá detenerte en el futuro.

Sus palabras me obligaron a meditar. Era cierto, desde niño estuve acostumbrado a tener todo a la mano. No obstante, cuando mi hogar desapareció aquél día, tuvimos que arreglárnosla con nuestros medios. Con nosotros fue diferente ya que éramos los "protegidos" del distrito. Vivir en las calles sin ninguna justificación, era el doble de riesgoso. No tuve el valor para verle a los ojos y expresarle cuánto lo sentía por el camino que tuvo que recorrer. Sin embargo, algo más llamó mi atención. Una mancha de sangre recorría su brazo, al parecer tenía una herida en alguna parte. Me acerqué hacia él sin pensarlo y señalé su brazo.

- Esta sangrando.

- ¿En serio?- dijo mientras se veía la herida- Qué molesto.

- Aguarde.

Sin pensarlo, agarré mi capa y arranqué como pude un pedazo de tela. Sujeté su brazo con cuidado y lo acerqué a la lluvia.

- Si sabes que no se te reemplazará esa capa, ¿cierto?

- No importa, la estoy usando para cuidar a mi compañero…

Esas palabras… ¡sonaron bastante vergonzosas! Aunque mi intención era noble, no estaba acostumbrado. Más porque al parecer no capto el mismo mensaje que yo. En cuanto terminé de limpiarlo, vendé su herida lo más rápido que pude, sintiendo cómo los colores me subían a la cabeza. El sargento alzó su brazo para contemplar mi trabajo.

- Nada mal, Eren, te lo agradezco- exclamó con cierta tranquilidad.

De la misma forma tan precipitada que llegó la lluvia, se fue. El viento se tranquilizó y nos dejó con el familiar olor a tierra mojada. El sargento se levantó y sujetó su camisa, dejándola sobre su hombro.

- Vamos, aprovechemos- exclamó.

- ¿No se vestirá? Si quiere le prestó mi capa.

- Úsala tu, estoy bien así, vamos.

¿Por qué el destino se encargaba de torturarme con estas situaciones?


Antiguo cuartel central del grupo de investigación. Sótano.

Nuevamente estornudé mientras sentía rasposa mi garganta. Por fortuna, Hanji me dio varios medicamentos y extrañas bebidas para evitar un resfriado. Todo gracias a que encontramos pronto a la Unidad. Aunque Auruo parecía bastante molesto cuando el sargento le explicó lo ocurrido. Sobretodo contemplar que llegó sin camisa.

Me recosté en la cama, mirando el techo. Aún trataba de recapitular todo lo ocurrido en aquél día. Sobretodo lo vivido en el lago. A pesar que el contacto entre ambos fue involuntario, las sensaciones fueron bastante reales. Si me acercaba más a él, no sabría cuál sería mi siguiente movimiento. Sobretodo porque… por varios instantes, tuve deseos de besarle. Algo nuevo ya que jamás tuve anhelos de besar a alguien como a él. De hecho, nunca había tenido mi primer beso. Sabía que muchos conocidos de mi pueblo se hubieran burlado. Con la vida militar y el constante misterio con los titanes, era lo último que me pasaba por mi cabeza. Lo sabía, en algún momento por todo esto de la "farsa", ocurriría. Después de todo, era una de las acciones más importantes en el "noviazgo"- si podíamos llamar así lo que teníamos.

- Quítate de mi cama

El dueño de la voz me pateó de la cama, tirándome al suelo sin piedad. Si, mi tranquilidad se terminó. ¿Desde cuándo llegó? Me recargué en la pared mientras acariciaba la zona donde me golpeó. El sargento estaba frente a mi, también con su pijama puesta.

- Esta vez dormirás diferente, Eren- dijo en un tono serio.

- ¿Disculpe?

Sin previo aviso, se puso en cuclillas frente a mi, sujetó mis manos con fuerza y me obligó a extenderlas frente a él. Como si fuera algo normal, sacó unas extrañas esposas y las colocó en mis muñecas.

- ¿Q-qué hace?- pregunté realmente asustado.

- No puedo arriesgarme a que te levantes y actúes de nuevo extraño, debemos prevenir cualquier incidente.

- ¿Cómo noquearme de nuevo?

- O matarte.

Sabía que lo decía en serio. Sin más, acepté tener las manos atadas. Por lo menos no estaban tan apretadas como creí. No obstante, la tortura no terminaba ahí. Con una cuerda comenzó a amarrar mis piernas, haciendo un nudo sobre mis rodillas.

- ¿También mis piernas?

- Debemos tomar precauciones, compréndelo.

El sargento se limitó a ponerse de pie y apagar las velas. Escapando de mis constantes réplicas. Escuché cómo se recostaba sobre mi cama, aquél objeto tan envidiable. No tuve otra opción más que conformarme con la almohada que me entregó y la sábana. Quizás no me costaría tanto trabajo dormirme por el cansancio.

- Por cierto, mañana llegarán los nuevos reclutas- exclamó en la oscuridad.

- ¿Entonces mis amigos…?

- Quizás entre ellos estén.

Fue inevitable entusiasmarme. Hacía tanto tiempo que no los veía. ¿Elegirían todos entrar a Reconocimiento? Seguramente Mikasa y Armin lo harían. Después de todo, éramos un buen equipo. ¿En dónde dormirían…? Quizás, cuando ellos llegaran, el sargento ya no dormiría conmigo. Tal vez sería enviado a otro sitio. Un vacío extraño sentí en la boca de mi estómago. No quería que eso terminara. Era cierto, me había maltratado bastante y era un constante miedo estar cerca de él. Pero era un tiempo que estaba disfrutando. Nuevamente respiré hondo y me armé de valor.

- Seguiré durmiendo en el sótano, ¿cierto? – pregunté con temor de escuchar la respuesta.

- Por supuesto, mientras estemos aquí, esta será tu habitación.

No pude evitar relajarme. Al menos tendríamos la noche para estar juntos. Me ruboricé en cuanto reescuché mis propios pensamientos. ¿Qué rayos decía?

- Bien, ¿ahora qué paso sigue para hacernos pareja?- preguntó de pronto una voz a mi lado.

Me exalté al notar, nuevamente, su presencia. El sargento estaba en cuclillas a mi lado, justo a la altura de mis piernas. Intenté recargarme en la pared para verle mejor pero las esposas no me dejaban hacer nada. Tan sólo podía contemplar la silueta del sargento, esperando mi respuesta.

- C-creo que ya es muy tarde para checar todo eso- respondí nervioso- Por hoy avanzamos muy bien.

A pesar de la oscuridad, logré identificar perfectamente su mirada furiosa sobre mi. Hablaba en serio; no se movería hasta que lo dijera.

- Bien…- dije mientras pensaba cómo iniciar la conversación- Después de conocernos mejor, am…

- ¿Si?

- Creo que sigue la "atracción"

- ¿Tan pronto a lo sexual?

- ¡N-no!, a eso no me refiero- exclamé algo ruborizado- Atracción es sentir esa química especial cuando ves a la otra persona. Creo que no puede existir un romance, sino existe eso, tanto como una atracción física o por el tipo de personalidad.

- Qué extrañas reglas y pasos; creí que sería más sencillo. Bueno, enséñame.

- Lo haría pero estoy esposado, ¿recuerda?

- Entonces será mi turno.

Su respuesta fue tan extraña que no pude evitar sentirme nuevamente nervioso. Levi se acercó hacia mí. Cerré los ojos instintivamente, no quería contemplar su puño acercándose a su rostro. Sin embargo, el sargento desplazó lentamente su mano por mi dorso. Abrí los ojos de golpe y contemplé su peligrosa cercanía. Estuve a punto de gritar por la sorpresa. Pero esa vez, ahogó mi grito su mano sobre mi boca.

- No permitiré que vuelvas a hacer el escándalo de ayer.

Sus palabras, extrañamente, me tranquilizaron. De hecho, era como si un extraño ambiente se apoderara del sitio. Mi cuerpo nuevamente perdía su fuerza. Más no era por el cansancio sino por una extraña sensación. El sargento me miraba detenidamente, observando cada uno de mis movimientos en silencio. No tenía idea de lo que ocurría, sólo me dejaba llevar por el embriagante ambiente que se suscitó. Mi mente estaba en blanco, ya no había rastro de aquellas orgullosas objeciones que ocupaban mi pensamiento momentos atrás. El sargento colocó su cuerpo sobre el mío, acercó su rostro, sin pronunciar palabra alguna. Intenté decirle que se detuviera pero algo en mi interior me lo impedía. Sentía cada látido con mayor nitidez. De pronto, ascendió a mi oído y atrapó mi lóbulo. Provocando que tuviera un extraño cosquilleo en mi estómago. Instintivamente cerré los ojos y perdí el control sobre mi cuerpo. Mis labios estaban entreabiertos donde escapaban pequeños gemidos.

- ¿Siempre haces estos sonidos con las chicas?- susurró el sargento en un hilo de voz.

Más no podía contestarle. Era como si mi cuerpo estuviera paralizado. Además si tan sólo supiera que jamás tuve una experiencia así con nadie. Sus manos se aferraron fuertemente sobre mi dorso, jalándome hacia él agresivamente. El sargento trazó un camino, rozándome con sus labios, hasta llegar a mi cuello. Un movimiento que provocaba extrañas descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Sentí su cálido aliento, haciendo que me pusiera más nervioso de lo que estaba. Mi respiración se agitó más. De pronto, sentí una extraña calidez sobre mi cuello. Abriendo y cerrando la boca ocasionalmente sobre la curvatura del mismo. Aquél movimiento despertó algo en mí. Quería abrazarle, acercarlo más. Incluso probar sus labios pero no podía. Me estaba volviendo loco estar atado. Incapaz de soportar tanta estimulación, mi cuerpo empezó a buscar profundizar en las caricias que me brindaba.

- Nnn-no siga, por favor… - intenté decirle.

- ¿Quieres que me detenga?

- No es el punto…

- Seguiré.

Levi súbitamente lamió lentamente parte de mi cuello. Inconscientemente, eché ligeramente la cabeza hacia atrás, tratando de no pronunciar sonidos vergonzosos. Un profundo suspiro hizo eco en las paredes. Las fuerzas me abandonaban poco a poco. Una oleada de deseo arañó la boca de mi estómago, provocando que mis pies comenzaran a moverse extrañamente. Como si tuvieran impulsos. Así cómo una característica sensación en mi entrepierna. Debía besarlo, deseaba hacerlo y probar aquellos labios que desde hacía tiempo miraba atentamente siempre que mandaba una orden a otra persona. Los mismos que muchas veces me habían insultado, maldecido e incluso humillado.

Sin embargo, Levi tenía una idea distinta. Al parecer contempló mi reacción, aquél deseo que me obligaba a querer aferrarme de él. Cada vez que intentaba acercarme más, él retiraba su rostro para volver a posarlo en un nuevo rincón de mi rostro. El placer dominaba todos mis sentidos, notando cómo el calor y el deseo se acumulaban dolorosamente en mi vientre, hasta hacerse insoportables. Parecía que estaba disfrutando de mis reacciones.

Ante tal respuesta, contemplé el rostro del sargento. Él me dedicó una sonrisa ambigua a mi ruborizado rostro. ¿Estaba jugando conmigo? Con toda la fuerza que logré recaudar, me levanté quedando a la altura de su rostro.

- ¡E-estás adelantándote varios pasos!- exclamé fuertemente apartando su cuerpo del mío.

- Al fin me llamas en primera persona.

- ¿Qué?, ¡no! Lo que quise explicarle es que todo esto de la atracción es necesaria en una pareja. Imagínese, sino no nos gustáramos físicamente después no podríamos…

- ¿Hacer el amor?

- ¡Besarnos!, ¡iba a decir besarnos!

¿Por qué era tan difícil hablar con él?, ¿acaso no comprendía los pasos comunes en una relación? Además tenía un talento natural para hacerme ruborizar al máximo.

- ¿Entonces me detengo?- preguntó el sargento.

- ¡Si, todo esto lleva su tiempo!

- ¿Tan lento avanzan las parejas?

- ¡Conmigo, si!

- De acuerdo, lo haré por esta vez.

¿Esa vez? El corazón estaba prácticamente en mi garganta. Aún intentaba asimilar el mar de acciones desenfrenadas que acababan de pasar. Si lo hubiera besado… quizás en esos momentos estaríamos en otro paso. De pronto, noté que el sargento estaba nuevamente sobre la cama. Como si nada hubiera ocurrido.

- Por cierto, puedes comenzar a llamarme informalmente, no me molesta- comentó el sargento en el aire.

- Trataré de hacerlo, no te prometo nada por el momento.

Quizás en un futuro me acostumbraría… Espera... ¿por qué eran tan feliz con la idea de seguir conviviendo con él? Cada encuentro, me convencía más. Quizás, sentía algo importante hacia él. Algo más de lo que imaginé. Si llegara a tocar sus labios, probablemente terminaría enamorándome de él. Lo presentía. Sabía que aquél movimiento estaría más allá de cualquier acción. Quizás lo recordaría por el resto de mi vida. Pero después... ¿qué ocurriría?

- Am… como última pregunta…

- ¿Qué quieres Eren?- preguntó realmente enojado. Al parecer quería ya conciliar el sueño.

- Quería saber si en verdad estaré atado toda la noche.

- Por supuesto, es para protegernos. Ahora duérmete, en los próximos días no creo que podamos tener tantas horas para dormir.

- ¿Y si quiero hacer mis necesidades?

- Buena suerte saltando sin levantarme.

No sabía si revelarme un poco o sufrir no ser asesinado. Cerré los ojos mientras me acomodaba sobre el suelo frío. Tratando aún de recuperar el alieno. En ese momento, caí en la cuenta de algo… La salida en el pueblo, fue prácticamente nuestra primera cita…

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Ha llegado el final del capítulo. Esperen el siguiente capítulo. Se les agradecería bastante si dejan reviews.

Búsquenme en Facebook o Wattpad como: SoritaK.

Notas de SoritaK.

¡Otro capítulo largo! Antes de iniciar con el comentario usual… ¡Tengo una sorpresa para ustedes! Debido a las más de mil doscientas visitas al fic, estoy preparando un pequeño detalle descargable para ustedes. Espérenlo pronto (sonrisa)

Nuestros chicos creo que tienen problemas con llevar una relación lo más normal posible. Como verán, fue un capítulo completamente sacado de mi imaginación. En el manga no existe el pueblo o una ida de "compras". Espero les haya gustado y no incomode a los fieles del anime y manga.

Mi demora esta vez fue por algunos asuntos del trabajo. Como, al parecer, estaré más ocupada; he decidido actualizar cada mes el fic. Para así no quedarles mal en no actualizar cada semana como solía hacerlo. Siento mucho este cambio pero no puedo combinar las dos cosas aunque quisiera.

Suelo responder a todos los reviews que me escriben pero, lamentablemente, algunos son anónimos o no tienen cuenta. Por eso, decidí contestar aquí únicamente a esos comentarios.

Mizu: Muchas gracias por tu comentario y me alegra que te haya gustado tanto. Espero que este capítulo también sea de tu agrado. Gracias por tu honestidad, me seguiré esforzando por escribir de la misma forma.

ymontero32: Muchísimas gracias por tu comentario y lamento la demora. Me esforzaré más para actualizar lo más pronto posible.

Carol: Aquí esta el nuevo capítulo, muchas gracias por leerlo y me alegra que te haya gustado.

Chibi-tan: No sabes como me alegra que te guste mi redacción, son puntos directos a mi autoestima y seguridad. Además, como mencionas, es muy frustrante leer historias con faltas de ortografía colosales. Pero lo importante en esos casos es simplemente avisarle al escritor y recomendarle alguna página donde pueda consultar su error. Ahisohfosafa! ¡Nunca había tenido una fan, muchas gracias!

Antia Iria: Así es, Eren poco a poco caerá presa sobre las garras de Riva… Quiero decir; así es, aclarará mejor sus sentimientos. Muchas gracias por tu comentario.

Mikusagi: Muchas gracias! :') Espero te guste este nuevo capítulo.

Mattigo: Con gusto te dejo la continuación y me alegra que te agrade la farsa.

Espero lo disfruten tanto como me divertí al escribirlo. Les agradezco que se hayan tomado la molestia en leer. Esperaré con gusto sus peticiones, comentarios, regaños, alabanzas y gritos de alegría.

¡Gracias a todos los lectores anónimos!

Blame it on
When the end comes