El valor de un artista marcial

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Los cálidos rayos del sol comenzaron a llenar cada rincón de su habitación. Era bastante cómoda y espaciosa, algunos póster de mechas la adornaban, un balón de básquetbol colgaba de la puerta junto a la polera con el número favorito de su equipo, mientras por otro lado, encima de un escritorio de madera, se encontraban algunos cómics y una fotografía cubierta de polvo.

El joven comenzó a abrir sus ojos al notar que el día estaba por comenzar, sin embargo fue debido al estruendo que escuchó venir del primer piso lo que lo logró sacar por completo de la cama. De sus pulmones dejó salir un suspiro y bajó corriendo en dirección a la cocina.

Debido a la gran cantidad de humo que había era difícil ver, pero ya acostumbrado a que ocurriera lo mismo una vez al mes, tomó con rapidez el extintor que estaba pegado en la entrada de la cocina, por si acaso. En ello escuchó la tos de una mujer mientras con sus manos agitaba el humo para disiparlo.

-Por qué sigues insistiendo…- el muchacho se acercó a las grandes ventanas de la cocina para abrirlas y lograr respirar mejor .

-Vamos…hoy no fue tan grave – La mujer de cabello negro con tonos azules, dejó caer con fuerza los sartenes chamuscados bajo el agua de la llave.

-Claro que sí lo fue – El joven azabache tomó una de las manos de la mujer – mira, otra vez te quemaste. Te he dicho que no es necesario que hagas desayuno, yo puedo ocuparme de eso.

-Naoto…soy tu madre y hoy es un día especial, solo quería cocinar algo delicioso…pero veo que sigo siendo mala para esto – Akane le dio una gran sonrisa – no te preocupes por mí, soy bastante grande ya.

-No me preocupo – el joven de 13 años se acercó a uno de los muebles, sacó el botiquín de emergencia y tomó una bandita para colocarlo suavemente en el dedo de su madre– pero no quiero llegar con olor a humo a clases, ya te lo había comentado.

-Vale, vale ¿Te parece desayunar afuera hoy? ¿Unos Okonomiyakis?

-¿Dónde Ukyo-san? No estaría mal.

Sonriendo y silbando una tierna melodía, Akane vestía un gran abrigo amarillo, una bufanda de color verde y zapatos para nieve, Naoto por su parte usaba un chaquetón de color negro encima del uniforme de la escuela. La mujer vio de soslayo el rostro del muchacho, sin duda se parecía a su padre, excepto por su mirada avellana. Tomó una de las manos de Naoto y la apretó con fuerza, sorprendiendo al muchacho.

-No puedo creer que hoy cumplirás 14 años…me estoy haciendo vieja.

-¿Qué? Primero, no digas tonterías, todos mis compañeros de clase se vuelven unos lobos al verte y segundo, no hagas este tipo de cosas que me dan vergüenza – Naoto se zafó de las manos de Akane con el rostro avergonzado.

La mujer bufó al ver la reacción de su hijo.

-Eres un pesado…- a modo de burla la mujer peliazul se acerca a él y le da un gran abrazo, acercando sus mejillas – si cuando eras un pequeño me decías que nunca te soltara. Al escucharla la vergüenza del joven tomó color su rostro.

-¡Ma…má! Por… por favor – Entre los brazos de su madre, era sin duda difícil escapar de sus fuertes agarres. En ello, Akane aprovecha la oportunidad y comienza a hacerle cosquillas, desatando una risa descontrolada en el joven – Ma…má, ya basta por favor, hahahaha.

-Eres igual de cosquilloso que tu padre, hahahaha.

Silencio. Tras escuchar aquella odiosa palabra, el rostro de Naoto se volvió gris y con apatía observó a su madre a los ojos. Las risas se detuvieron, sin embargo Akane seguía sonriendo. EL joven apartó su cuerpo del de ella.

-No puedo creer que sigas esperando que vuelva. Todos los años es lo mismo. El no llegará hoy mamá – al escuchar las duras palabra de Naoto, su madre solo lo tomó por los hombros y lo miró directamente.

-Naoto…no me pidas que no confíe en él – la sonrisa de la peliazul se mostró ante la dura expresión de odio en el semblante del pequeño. Odiaba más que nada en el mundo ver a su madre esperar que él llegara. La última vez que lo vio fue a los 10 años de edad y desapareció sin decir nada. Tras 4 largos años nunca más compartieron una comida, una risa, un abrazo. Y lo odiaba. Lo odiaba porque los había abandonado. Porque había dejado sola a su madre y había destruido a su familia. Eso nunca se lo perdonaría.

-Mejor me voy, es tarde – Naoto giró su cuerpo y dio un gran salto.

-¡Naoto! ¿Y el desayuno?- no tuvo respuesta ante su pregunta al ver como su pequeño se perdía entre los nevados tejados de Nerima -sin duda se parece a ti, estúpido engreído.

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Akane observó el cielo y notó como los primeros copos de nieve comenzaron a caer. Con paso seguro se encaminó hasta el U-chans, no estaría demás pasar a saludar y de paso comer algo.

-¡Akane san! ¡Bienvenida!- Konatsu, sorprendido por lo temprano de la visita dejó ingresar sin problemas a la señora Saotome.

-¡Konatsu! Buenos días, me quedé sin desayuno…otra vez ¿Será una molestia? – dijo avergonzada de sus pésimas capacidades culinarias- ¿Ukyo estará?

-Por supuesto que no es una molestia señora Saotome, la Señora Ukyo baja inmediato, siéntese por mientras- Muy formal como siempre, el ex ninja y poseedor de las técnicas Kunoichi se alejó del lugar y entró a la cocina para comenzar a ordenar los ingredientes del día. En ello, se escucha la voz de dos pequeños que bajan a toda velocidad desde el segundo piso.

Ustedes dos vuelvan para acá!- La voz de histeria de Ukyo logró retumbar en cada pared del restaurante.

-¡Akane onee san! - gritaron al unísono. Ambos pequeños de 7 años eran exactamente iguales, de pelo castaño con ojos miel, era imposible saber quién era quién. Sin embargo, Akane era una de las pocas personas que lograba identificarlos. Con un abrazo los recibió a ambos.

- Soujiro y Yota, pequeños diablillos – la mujer peliazul los acarició fuertemente en su cabeza. Con la voz agitada, una cansada Ukyo se presentaba frente a su amiga y tras verla dio un gran suspiro.

-Akane…gracias que estar acá. Yo me rindo. No puedo más con estos demonios – dejándose caer en la silla al lado de la peliazul mientras los gemelos corrían alrededor, gritando y peleando entre sí.

-Es una etapa, después crecen y se vuelven…- Akane recordó el rostro preocupado de Naoto, siempre estaba pendiente de ella y en muchas ocasiones, el rol se veía invertido en su relación, tras pensar en ello suspiró -…se vuelven indispensables.

-¿AH? Estás loca, lo único que quiero es que tomen uno de los carros de okonomiyakis y se vayan juntos a recorrer todo el Japón – En ello Yota toma la salsa especial y la deja caer al suelo, ensuciando todo el lugar.

Silencio. Ambos gemelos al sentir como la ira de su madre iba creciendo fueron corriendo a la cocina en busca de Konatsu.

-¡Ambos vengan para acá!

-¿Qué ocurrió Ukyo? – Konatsu como siempre se acercó amablemente y con la tranquilidad que le caracterizaba tomó en ambos brazos a los gemelos. Al salir de la cocina notó como la salsa especial cubría gran parte de la cocina y dejó salir una tímida risa.

No es para reírse! Debes ser más duro con ellos.

-Pero querida, son niños…

-¡sí lo sé! Pero si no te enojas con ellos creerán que pueden hacer siempre lo que quieren.

Akane observaba la escena sorprendida. Desde la llegada de los gemelos la vida entre esos dos era más emocionante que nunca, sobre todo cuando se escapaban y seguían al viejo Happosai en sus andanzas ¿Qué cómo Ukyo se decidió por Konatsu? El amor llega tan fácil como se va. Tras asistir a su boda con Saotome, la castaña decidió irse a aprender nuevas técnicas sobre el pan japonés y Konatsu la acompañó. A su regresó ya tenía algunos meses de embarazo.

Finalmente la discusión había terminado y más tranquila, Kounji se preparaba para hacer lo mejor que sabía, uno deliciosos okonomiyakis de camarón para su amiga.

-¿Te acuerdas? Cuando supimos que esperabas a Yota y a Soujiro, Ranma se comportaba como un idiota.

El nombre de su exprometido aun causaba una presión en el pecho de la cocinera y no es que no quisiera a Konatsu, pero el primer gran amor nunca se olvida. Notó la mirada apagada de Akane y quedó atenta a sus palabras.

-Recuerdo que hasta había amenazado a Konatsu-san que siempre debía estar contigo, a tu lado, sino él mismo se encargaría de golpearlo.

-Ese hombre siempre fue un bruto, sin embargo, después de todo fue él quien terminó desapareciendo ¿No ha pasado por casa?

Akane negó suavemente con su cabeza.

-Solo cartas y cada vez… son más cortas – la peliazul sonrío con tristeza – pero…hoy llegará –Tras terminar su platillo se levantó del asiento – debo ir rápido y comprar todo para preparar algo, de seguro llegará con hambre y…

-Akane, llámanos si necesitas, si quieres, que te acompañemos.

La peliazul le dio una gran sonrisa y asintió- Muchas gracias por el desayuno, sin duda Ranma siempre tuvo razón, son los mejores del Japón.

-Eso es absolutamente verdad.

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La nieve caía pesadamente en el patio de la Escuela Furinkan, sin embargo el frío no era un impedimento para su día de práctica usual de baloncesto. Observado por las jovencitas de la secundaria, Naoto saltaba y corría con gracia. Era tan rápido como sus maestros y sorprendía por los acertados pases que daba. Tras sonar el silbato, el joven Saotome tomó entre sus manos una toalla y se la pasó por el cuello limpiándose el sudor logrando sacar más de algún suspiro entre las muchachas.

-Qué suerte tiene este Naoto…siempre llamando la atención de las mujeres…- replicó Touji mientras enganchaba su brazo izquierdo por el cuello del azabache.

-Y ni siquiera les responde, eres un creído – Kenta por otro lado le daba golpes de puño en en la espalda a su compañero.

-Vale, vale ¡Déjenme en paz los dos! No me interesa tener ningún tipo de relación con nadie. Es lo que menos me importa.

Tras salir de las duchas y ya vestidos con su ropa de escolar, los jóvenes fueron interceptados por un grupo de muchachas escandalizadas quienes gritaban ante la figura más popular del Furinkan quienes en conjunto dijeron:

- ¡Feliz cumpleaños Naoto!

Sonrojado y nervioso poco a poco fue abordado por las jovencitas quienes le entregaban cartas de amor, regalos, chocolates y más, dando reverencia a las bellas chicas que le daban todo su cariño. Tras un largo rato de espera y de superar una fila interminable, las ofrendas habían terminado y el muchacho Saotome solo dio un gran suspiro.

-De verdad que tiene suerte

-Así es…

Replicaron sus amigos quienes ayudaban a su compañero a llevar cada uno de los presentes.

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Al finalizar la clase y ver bajar el sol, Naoto se despedía de Kenta y Touji para dirigirse a casa, de seguro su madre tendría hecho un festín de asquerosidades, pero como cada cumpleaños trataría de soportar el mal sabor y darle un gran sonrisa. Al avanzar unas cuadras el muchacho vio a una extraña mujer de cabello lila quién se escondía de él, pudo notar su presencia y al darse cuenta, la voluptuosa presencia estaba frente suyo.

-Es usted otra vez, le he dicho que no me interesa conversar- Naoto pasó de ella y continúo su camino.

-¿Por qué ser tan amargo conmigo? –Shampoo tomó de la muñeca al muchacho para que la viera a sus ojos- solo vine dar regalo – la mujer china le entregó en su mano un sobre.

-No me interesa nada que venga de usted, puedes guardar tu sucio dinero y dejarme en paz.

-¡Naoto! ¿Por qué ser amables con todos, menos Shampoo?…antes llevarnos bien

-Ya le dije señora, que no quiero verla. Si quiere hacerme un favor, aléjese de mi…sobre todo de mi madre – la mirada filosa color avellana del muchacho asustó a la mujer, quien tras verlo retrocedió un paso.

-Esa mirada…no lo hagas…

-Se merece mucho más que una simple mirada de odio, su secreto está guardado conmigo….pero no crea que lo hago por usted, por quien menos haría algo en este mundo sería por alguien como usted- en ello el muchacho siente como los brazos de la mujer lo abrazan con dulzura.

-Por favor…perdonar... a Shampoo…Naoto

-No tengo nada que perdonarle, ni a usted ni a ese hombre, que nos abandonó. Ahora por favor, no quiero ser grosero. Mi madre me enseñó que debo respetar a todos independientes si son unos delincuentes, tramposos y asesinos.

Tras decirlo, el muchacho sintió su rostro arder ante una enfurecida cachetada proveniente de la amazona. La mujer tenía la intención de proporcionarle otra, pero con velocidad el joven la sostuvo de la muñeca, logrando la desesperación de Shampoo, quién comenzó a llorar de rabia.

-¡Tu padre sabía que no tenía opción! ¡Él debía responder ante mi tribu! ¡Quedarse con Akane Tendo fue su error! Por eso él...

-¡¿Y por eso tuvieron que engañar a mamá!? ¿¡Por eso tuvo que desaparecer?! Yo los vi, los vi salir juntos esa noche de nuestras vidas. Vi cómo le tomó de la mano y se fue de nuestro lado para nunca volver. Es un desgraciado. Nunca lo perdonaré ¡NUNCA!

Naoto continuó el paso dejando atrás a Shampoo quién lloraba desconsoladamente en el piso.

-Nunca lo perdonaré, por haberle mentido a mamá, porque ella aún lo espera...y me ha hecho odiarme a mí mismo, porque…porque no soy capaz de decirle la verdad. Porque me he guardado esto dentro de mí todo este tiempo…- El joven con uno de sus puños apretó fuertemente su pecho, no quería llorar, menos frente a ella.

-Perdonar…por favor…él siempre quiso regresar, no hubo día en que no quisiera estar con ustedes…prefiero desaparecer a enfrentar...

-No necesito de su lamento señora, Ranma Saotome está muerto y ni sus disculpas, ni lágrimas, lo traerán de vuelta. No soy la persona correcta a quien debe rogar perdón.

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El dojo estaba decorado por alegres globos de colores, un pastel encima del mesón principal adornaba el lugar aunque su apariencia no fuera la mejor. Un gran lienzo colgaba del techo felicitando al menor de los Saotome por su catorceavo cumpleaños. Nodoka y Genma alegres ayudaban a preparar la celebración, Kasumi ayudaba a su hermana menor en la cocina, mientras Nabiki entretenía a sus queridos sobrinos.

Al rato llegó Ukyo y Konatsu junto a los pequeños demonios quienes rápidamente corrieron para mojar al tío Genma y saltar encima del gordo panda. El segundo en llegar fue Ryoga, quien había salido dos semanas antes para llegar a tiempo al cumpleaños, se lo había prometido a Naoto a través de carta y allí estaba junto a Akari, quien tenía unos meses de embarazo encima.

La familia estaba reunida, juntos rieron y recordaron viejos tiempos, haciendo honor al viejo Soun quien finalmente se encontró con su esposa en el cielo, recordaron paseos, fiestas y reuniones familiares. Poniendo atención en algunas fotografías donde el azabache jefe de hogar sonreía con plenitud y sinceridad. En ello sienten llegar a alguien. Apagan las luces para darle la bienvenida al festejado.

Por el lugar resonaban las serpentinas y aplausos, el cumpleaños catorceavo de Naoto Saotome había llegado y como cada año la familia se reunía para celebrar al único heredero del estilo Musabetsu Kakutō Ryū, pero quien no tenía intención de continuar el legado de su padre. Odiaba las artes marciales y desde que él se había ido, el dojo volvió a llenarse de polvo, fue allí donde dejó guardado bajo llave los recuerdos de felicidad que compartió con su padre. Volver allí, sería perdonarlo. Y él nunca lo haría.

-Felicidades hijo – la sonrisa de Akane, de su madre, era capaz de hacer más liviano su corazón, en respuesta la abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en el hombro de ella.

-Gracias mamá…y perdón…- Naoto comenzó a llorar desconsoladamente frente a todos los invitados, tal como lo hacía cuando era pequeño. Akane en respuesta le acariciaba su corto azabache cabello.

-No hay nada que perdonar, bobo.

Entre burlas todos rieron al creer que el llanto del muchacho era debido a la emoción que sentía. Naoto se separó de su madre y fue perseguido por los pequeños, quienes atolondradamente lo saludaron con energía. Se acercó a Ryoga para darle un fuerte apretón de mano y agradecer que estuviera con él, para luego ser besado en la frente por su tía Ukyo y saludado por Konatsu.

La fiesta estaba por finalizar, Akane se encontraba ordenando el lugar en compañía de Nodoka, mientras Genma dormía plácidamente en el salón y Naoto comía algunos bocados que quedaban en la mesa. En ello, sienten las puertas del dojo abrir.

El corazón de la peliazul se detuvo, cayendo uno de los platos al piso corrió hacia el pasillo. Era él, debía ser él. Se lo había prometido. Prometió que regresaría cada cumpleaños de Naoto, lo prometió. Lo había escrito en su carta…

Paso tras paso en la mente de Akane, solo escuchaba la voz de su marido, llamándola, sonriendo y molestándola. Abrió las puertas con fuerza.

-¡Ranma!

Gritó. Pero se equivocó, otra vez no era él. Frente a ella estaba Tofú quien se había vuelto a buscar un juguete de los pequeños. Akane cayó al piso, sin duda, esta vez, estaba segura que vendría. Sin darse cuenta tras sus pasos iba Naoto quien verla gritar el nombre de su padre, sintió desesperación y culpa.
La tomó por sus hombros suavemente y le ayudó a levantarse.

-Mamá…

Akane no respondió, le dio una reverencia a Tofú y encaminó el paso lento hacia su habitación. En el lugar quedó el Doctor quién confundido recibió solo una amable sonrisa del muchacho.

Encerrado en su habitación, con uno de sus brazos cubriendo sus ojos, Naoto escuchaba música tratando de ocultar la culpa que sentía. Era un cobarde porque no era capaz de enfrentarse a ella, decirle a su madre que él se había ido, que no volvería…porque…Sin poder completar la frase, con furia se levantó de la cama, abrió su cajón y sacó las cientos de cartas donde se hacía pasar por su padre, las arrugó con rabia, las destrozo y las dejó caer en el papelero ¿Cuánto tiempo llevaba escribiendo mentiras? Mentiras que cada día pesaban más.

Golpeó la pared con furia y al instante vio caer el sobre que la amazona le había entregado. Con odio lo arrugó, en todos estos años nunca se había atrevido a abrirla, pero hoy algo le decía que sería diferente. Abrió el viejo sobre y en él no había dinero, sino una vieja hoja arrugada y maltratada. Con su mirada perdida, la tomó entre sus manos y comenzó a leer. Era una carta de su padre, de él.

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Tonta marimacho…

¿Cómo van las cosas en casa? ¿Sigues preparando asquerosas comidas?…

Perdón, olvídate de esto…no soy bueno escribiendo.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero los extraño.

Perdón por tener que dejarlos. Te debería haber dicho la razón, pero era todo demasiado complicado y no quería ponerlos en peligro…

Mentira

En realidad soy un cobarde, porque no quiero hacerte daño con mis palabras…

¿La razón por la que no estoy allá? No importa, lo único que te debe importar es que tengo unas ganas inmensas de estar allá, contigo, viendo tu cara de boba y poder entrenar con Naoto, reír juntos y abrazarlo…

De no volver, espero…que continúes con esa sonrisa en tu cara, de Naoto no me preocupo, queda en las mejores manos, sé que lo harás feliz…así como lo fui contigo. Él se encargará de cuidarte, porque es un Saotome y lleva el honor de un artista marcial en la sangre.

Continúa marimacho

Pd:

Nunca amé a nadie más, solo a ti, desde la primera vez solo fuiste tú, eso, que te quede claro

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Sin poder evitarlo, pesadas lágrimas cayeron marcando el papel. Era la primera vez que veía la letra de su padre, aquel quién los había dejado, que se había atrevido a abandonarlos y quien era imposible que regresara a su lado. Con odio así mismo, mordía con fuerza su labio inferior. Cayó al piso golpeando el suelo y de dolor, cayó dormido mientras apretaba la carta contra su pecho.


La niebla de la mañana adornaba el patio de la familia Saotome. La peliazul abrió con pesar sus ojos, se había quedado dormida con la misma vestimenta del día anterior encima del futón que durante años compartió con él. Despertar, ver su espalda, acercarse y sentir su calor, siempre había sido la mejor manera de comenzar el día. Sin embargo, debía continuar, llorar no iba con ella. Se levantó con energía y amarró su cabello a una cola. Bajó las escaleras y a lo lejos escuchó ruidos que provenían del antiguo dojo. Con el corazón apretado y sin querer hacerse ilusión, tomó la escoba con fuerza y se acercó.

Gritos, jadeos, golpes, caídas hacían crujir las viejas maderas del abandonado dojo. Akane con timidez abrió las puertas del salón para encontrarse con él. Utilizando su viejo karategi, daba golpes y patadas, tan veloz y lleno de energía como siempre. Se acercó a paso seguro y se sentó en el salón para observarlo, sin embargo la azabache trenza no estaba, ni encontró su profunda mirada azulgrisácea.

-Mamá…- jadeo Naoto, mientras se limpiaba el sudor.

Akane quedó muda al verlo. Llevó sus manos al rostro y comenzó a llorar. Nunca desde que Ranma se había ido, permitió que sus lágrimas cayeran frente a su hijo. Tenía que ser fuerte por él, ser feliz por él. Naoto se acercó a ella y apoyando sus manos en su falda la miró con timidez.

-No…¿No te gusta que practique? Perdón por entrar al dojo tan temprano…quizás…

-No…no…estoy feliz, muy feliz – a pesar que las lágrimas de la peliazul seguían cayendo, su amable sonrisa apareció.

-Mamá…él…papá, regresó – al escucharlo la mirada de Akane se intensificó – él regresó, acá – Naoto señaló con fuerza su corazón- lo había olvidado, pero él siempre ha estado acá.

Tras las palabras del muchacho, la peliazul no pudo evitar reír a carcajadas, logrando el enfadó de azabache.

-¿Por...por qué te ríes?

Limpiando sus lágrimas, Akane se levantó del suelo y le ofreció su mano al muchacho, quien se levantó del suelo del dojo para quedar de pié junto a ella.

-Eres igual a tu padre. Nunca han sido buenos con las palabras- la peliazul posó una de sus manos en la cabeza de él.

-Gra….gracias – Sonrió el muchacho de mirada avellana.

-Bueno, es de mañana y es hora de ir a preparar el desayuno ¿Qué quieres comer hoy?

-¡Ah! ¡No! ¡Hoy cocino yo!

Perdiéndose en el pasillo mientras discutían como todas las mañana sobre quién sería el encargado en la comida, el joven Saotome tras darse un baño y cambiarse de ropa, tomó con fuerza la única carta que su padre les había escrito y con temor la dejó encima del tocador de Akane, junto a una apuesta fotografía de su progenitor.

-Esta carta, si es real mamá.

Cerrando la puerta con rapidez al escuchar los gritos de la peliazul y con miedo que ocurriera otro incendio en la cocina, Naoto abandonó la pieza, la culpa y las dudas con esa carta. Le diría la verdad a su madre, abriría su corazón y le pediría perdón. Porque era un artista marcial como su padre y el honor era lo más importante.

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Aclaración SPOILER: Para quienes no hayan comprendido, Ranma por cumplir las leyes de las amazonas tuvo que irse con Shampoo. La tribu iba ir a encontrar a Akane y cumplir el beso de la muerte, por lo que Ranma no quería arriesgarla. El tomaría la responsabilidad. Sin embargo, al llegar prefirió terminar su vida antes de cumplir la promesa de matrimonio con la tribu. Es por eso, que en este fanfic, Ranma Saotome murió, por honor.

Gracias a todos quienes pasan! leen, dejan reviews...es una historia bastante triste, no iba a tener este sentido, pero bueno, las palabras fluyeron. Espero les guste.

Un abrazo a todos!