La fuerza del corazón
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Cuando sentí sus manos entre las mías por primera vez supe que nunca sería el hombre con el que desde joven soñé en convertirme. Un hombre fuerte e invencible, capaz de derrotar a cualquier adversario sin importar mi condición ni el lugar. Hoy mi debilidad es notoria; el verlo llorar, sentir su pequeño corazón latir y su pecho inflarse al dormir, aprieta mi corazón y me llena de angustia, pensar que tal vez por mi culpa pudiera salir dañado. Una criatura tan pequeña e indefensa como él. Si su bienestar significa tener que alejarme de mis sueños, lo haría. Necesita que lo vea crecer, que le ayude a entender que la vida es un hilo que muchas veces se enreda, se corta y se vuelve a unir, que todos formamos parte de un mismo tiempo y que debemos estar agradecidos de poder compartir nuestra vida con los demás.
Verlo entre sus brazos genera en mí un sentimiento extraño. Entre celos y amor incondicional. Porque no replicaría el mismo error de mi padre de alejarlo de su madre, porque yo sería capaz de formar una familia y de continuar a su lado hasta verlo fuerte y con un sueño por el que luchar. Así , como ella fue capaz de crear una nueva forma de ver mi futuro, yo estaría junto a ellos hasta el final. Hasta que mi cuerpo aguante. Es un promesa.
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Ranma se encontraba contemplando como su bella esposa dormía junto a él. Podía sentir el tronar de las aves anunciando que ya era de madrugada y que el día estaba por comenzar. "Unos minutos más…" replicó su mente mientras se acercaba al cuerpo de Akane y cruzaba sus tozudos brazos por la delgada cintura de la peliazul.
Para él aquel instante era el mejor momento del día. Hundirse en su cuello, sentir el olor a miel y jengibre de su piel, se sentía embriagado y poseído por su fragancia. La apretó aún más fuerte entre sus brazos. "Unos minutos más" volvió a pensar. Los rayos del sol de primavera comenzaron a atravesar las cortinas de su habitación.
-Ranma…es hora de que te levantes- pronunció la mujer mientras sonreía y mantenía sus ojos cerrados de pereza.
-Sí…lo sé…pero unos minutos más…
-Hoy es un día importante, se lo prometiste…
-Si se… pero…- En ello, el azabache se gira para quedar encima de su esposa, dejando caer todo el peso de su cuerpo encima del de ella.
-Qué pretendes Saotome…no me dejas respirar
-Unos minutos más – El cuerpo de Ranma cubría por completo el de su esposa y hundiendo su rostro en el cabello de ella, volvió a respirar profundamente.
-Raaan…maaaa, sal de encima mío.
-Akane…unos minutos más…- las manos juguetonas del hombre comenzaron a acariciar sus anchas caderas, logrando el sonrojo y nerviosismo por parte de la ex Tendo.
-No te atrevas…
-Es la mejor forma de despertar…
Ante la insistencia de su esposo, Akane nunca se había podido resistir. No importaba el lugar, la hora, cuando se trataba de Ranma Saotome, su cuerpo reaccionaba inconsciente y volvía a ser una adolescente. Sonriéndole de forma traviesa, rodeó su cuello y le dio un ligero beso en la frente.
-Eres un pervertido
-¿Y usted no lo es? ¿señora Saotome?
Ranma le dio un beso profundo y ahogado, su ancha espalda cubría por completo la menuda silueta de su mujer, quien dejaba salir gemidos de su interior al sentir la pasión del azabache. En ello un fuerte golpe en la puerta logró separarlos. Como dos gatos espantados se alejaron uno del otro, mirando cada uno el extremo de la habitación totalmente sonrojados.
-¿Y ustedes que están haciendo aún en la pieza? ¡Ya es hora papá!
-Oh…tan, ¿tarde es ya? -preguntó Akane mientras acomodaba su cabello tras las orejas con nerviosismo.
-¡CUÁNTAS VECES TE HEMOS DICHO QUE TOQUES ANTES DE ENTRAR!…- se quejó Ranma mientras se levantaba del suelo, tratando de desviar la atención de su hijo para que no logrará notar lo acalorado rostro.
-Mmm no sé por qué te enojas tanto, fuiste tú quien me dijo que te despertara temprano o acaso ¿Estás haciéndote el enfermo para no practicar?- contestó Naoto mientras apoyaba sus manos tras la nuca totalmente relajado.
-¡¿Qué?! No sea irrespetuoso mocoso ¡Un Saotome nunca se enferma!
-¿Estás seguro? Estás demasiado rojo…
Akane y Ranma se miraron nerviosos, sin embargo tras verse soltaron una gran carcajada, dejando a Naoto aún con más dudas.
-¿De…de qué se ríen…? ¿Mamá?
-Hahahaha, nada Naoto
-Ya vamos, vamos. Son cosas de adultos- Ranma tomó de los hombros a su hijo para salir de la habitación, sin antes guiñarle el ojo a su esposa, quien nerviosa lo espantaba con ambas manos para que se apresurara en salir.
El suelo del dojo Tendo relucía de limpio y cada esquina era decorada por galerías con trofeos, recuerdos de batallas y emblemas. Tras asumir la responsabilidad del estilo, Ranma Saotome se convirtió en uno de los mejores artistas marciales de la nación, sin embargo tras nacer Naoto, dejó su carrera internacional para enfocarse en la escuela y vivir junto a su familia. Nunca estuvo en sus planes abandonarlos para continuar con sus sueños personales, hoy existía un sueño mucho más grande y real, que crecía día a día.
-¿¡Estás listo!? No quiero que te acobardes – replicó Ranma tras apretar el obi de su traje de combate.
-No dejaré tiempo ni para que respires- contestó seguro Naoto, mientras daba pequeños saltos como pre calentamiento.
-Ya tienes 10 años hijo, has recibido lecciones toda tu vida, pero hoy será una pelea real y no te daré ventaja ¿Estás seguro? No quiero que salgas lastimado.
-Deja de tratarme como un niño. Tienes alumnos de mi misma edad y a ellos no te cuesta golpearlos. No quiero que hagas diferencia alguna. Me lo prometiste.
-Está bien. Pero no quiero reproches de tu madre, si sales lastimado serás tú quien me proteja de su furia ¿ENTENDISTE?
-Ya deja de hablar. Si no nos apuramos mamá terminará haciendo el desayuno.
-Eso sería una pésima idea – Ranma caminó y quedó frente a Naoto – Muy bien…¡Prepárate!
De un salto el artista marcial cayó frente al pequeño de ojos avellanas, quien rápidamente lo esquivó dando un giro hacia atrás.
-Esto no se trata de escapar Naoto, debes responder mi golpe.
-¡Pues allá voy!
Con la agilidad de un felino, el joven aprendiz corrió, dio un doble salto atacando directamente el hombro de Ranma, quién solo logró esquivar uno de sus golpes. Sin embargo, tras recibir el ataque, tomó del pie a Naoto para luego golpearlo contra el piso, quien tras gritar quedo inmóvil.
-Creo que esto se terminó. Te dolerá más tu orgullo Naoto, pero es lo que te hará más fuerte – con ternura el azabache se acercó al pequeño para extenderle su mano.
-No necesito de tu ayuda…-masculló con rabia el muchacho.
-Vamos, no seas terco como tu madre, es tu primer combate, irás mejorando – sonrío Ranma al ver lo testarudo que podía llegar a ser su pequeño.
-¡NO HABLES Y PELEA!
Naoto tomó con fuerza de la mano logrando que Ranma cayera al suelo del dojo y que su rostro golpeara contra el piso. Con toda su velocidad el muchacho saltó, dio un giro para quedar encima de la espalda del hombre.
-¡El combate aún no termina! ¡Técnica especial brazos de pequeño koala!- El jovencito de mirada avellana tomó del cuello de su padre y lo apretó con todas sus fuerzas. Ranma, quien no lograba zafarse de él, comenzó a desesperarse al no poder respirar con normalidad.
-Suel…suéltame…¡ESA TÉCNICA NO DEBÍAS APRENDERLA!
-¡Lo dices porque solo me enseñas las que te benefician!- Naoto apretaba con más fuerza aún, tratando de sostenerse a los movimientos y giros de su padre para sacárselo de encima.
-¡Las técnicas baratas no te servirán en un combate real! ¿Dónde encontraste el libro del viejo?
-¡Esto es un verdadero combate! ¡No te desconcentres!
-¡Si así lo quieres, no tendré compasión! ¡Técnica especial la caída del oso dormido!
Dejando caer su cuerpo hacia atrás, Ranma aplastó con todas sus fuerzas el cuerpo de Naoto, quién aún se mantenía abrazado a su cuello y encima de su espalda. Finalmente el muchacho soltó el agarre y cayó desmayado. Golpeándose contra el suelo.
-Por eso te dije que lo dejáramos hasta acá…ahora te molestarás mucho más conmigo…- replicó el azabache mientras tomaba entre sus brazos al pequeño inconsciente para sacarlo del dojo- y Akane lo hará aún más…
Abrió las puertas corredizas de la sala y vio la cara de horror de su esposa, sabía que se había metido en problemas.
-¡Qué demonios hiciste!
-Creo que me pasé…
-¿Qué te pasaste? ¡Ranma está inconsciente y sangrando! ¡Es tu hijo por Dios!
-¿Qué querías que hiciera? Me pidió que lo tomara en serio, tú más que nadie debes entender cómo se siente…
La peliazul tomó entre sus brazos al pequeño y dejó salir una ligera sonrisa.
-Sí, lo sé…por ahora, yo me ocuparé de él. Tú anda a darte un baño y ve de compras. Hoy tenemos visitas ¿No lo olvidaste cierto?
-No…no lo he hecho, pero ¿Es…estará bien? ¿Verdad?- preguntó avergonzado por su actitud. Lo que más odiaba era ver a Naoto lastimado de alguna forma. Desde pequeño al más mínimo rasguño, el azabache corría a su rescate.
-Sí, tontito. Naoto es fuerte, tú lo sabes, se parece a ti – Akane le dio una gran sonrisa a su marido y subió al segundo piso para ayudar con las heridas.
-Te equivocas…ese pequeño es igual a ti, marimacho…- dejando salir un suspiro, tomó una toalla, la pasó por su cuello y se dirigió al baño.
Caminando entre los ruidosos puestos de compras y gritos de ofertas, Ranma Saotome leía atentamente su lista de compras. Al leer las peticiones de su esposa dejó salir un suspiro. Estaba nervioso, hoy tras mucho tiempo se realizaría una reunión familiar, pero lo que más le preocupaba era que Nabiki se había encargado de enviar las invitaciones.
-Esa lunática…quizás a quién invite a nuestra casa…
Ranma estaba molesto. Si bien hace bastante tiempo que su unión con Akane se había realizado formalmente, muchos estaban aún en contra de ello. Habían pasado 6 años desde que volvieron al Dojo Tendo, con un pequeño entre sus brazos y cientos de excusas por haber desaparecido. Sin embargo, fue una decisión de ambos el alejarse de todos, de los problemas, de los cuestionamientos, de los enemigos. Necesitaban vivir en tranquilidad, disfrutar de la pequeña familia que habían formado y sentirse seguros para tener la fortaleza de enfrentar cualquier problema que se presentara.
Recordando el pasado, una sonrisa boba apareció en su rostro. "Nunca creí que finalmente tuvimos el valor para enfrentarnos a todos…esperamos demasiado tiempo, tonta marimacho" De un momento a otro, la expresión de enamorado se borró de su cara cambiando a un semblante frío y serio. Sentía que alguien lo observaba, pero a quien extrañamente no podía visualizar. Apresuró el paso y mientras trataba de buscar a su acosador entre la multitud, chocó contra una anciana quien cayó al suelo por el fuerte golpe.
-¡Se…señora! ¿Se encuentra bien?- preguntó el artista marcial tras agacharse y quedar a la altura de la mujer de edad.
-Jovencito, no te preocupes, no veía con claridad – la anciana era baja, con largos cabellos, blancos y una túnica color piel con detalles dorados. Ranma al verla a los ojos, dio cuenta que la había visto anteriormente, que a alguien le recordaba.
-No...por supuesto que fue mi culpa, déjeme ayudarla – el azabache tomó del brazo de la mujer ayudándola a levantarse.
-Qué jovencito más encantador y apuesto, muchas gracias.
-¿Puede caminar bien? ¿De verdad no se hizo daño?
-Aunque tenga mis años, una pequeña caída no es nada para mí- Finalmente la mujer pudo levantarse y tras observar al joven Saotome de pies a cabeza dio una pequeña sonrisa de satisfacción.
-¿Tú nombre?
-Ahm…soy Saotome, Ranma Saotome.
-Un gusto joven Saotome…en agradecimiento por tu amabilidad te leeré la suerte.
-No, no se preocupe. No creo en esas cosas – a pesar de su reproche, la anciana tomó ágilmente la mano izquierda del azabache y cerró los ojos con fuerza. Silencio. Un incómodo silencio se apoderó de la escena, logrando que el nerviosismo aumentara en el artista marcial- y…bueno ¿Qué…qué vio? Aunque insisto, no creo en este tipo de cosas.
- Mmm…una mano extraña, no puedo ver nada en tu futuro muchacho, no es buena señal. Debes prepararte a lo que está por venir.
-¿Qué tiene de malo mi mano?
-No puedo decir nada más ¡Oh! Toma, el papel que escribió tu esposa, acá lo tienes.
-Maldición, casi se me pierde. Muchas gracias por recuperarlo estaría perdido si…¿esposa?- En ello el azabache dio cuenta que la anciana ya no estaba y que sus palabras quedaron en la boca – que señora más rara…- en ello un escalofrío corrió por su espalda logrando que estornudara fuertemente – rayos...mejor me apuro, si no me meteré en líos.
Los rayos del sol entraban por la habitación y llenaban con su calidez el lugar. Enrollado en el futón, tratando de ocultarse del mundo y de sí mismo, Naoto lidiaba con la derrota.
-Cómo se atreve…la próxima vez, la próxima vez sabrá lo fuerte que soy.
-Naoto…vamos, deja de esconderte en el futón. Haces lo mismo que cuando eras un niño pequeño y te enojabas por cualquier cosa, vamos sale…
-No lo haré, no saldré nunca de acá hasta que me haga más fuerte…
-No creo que quedándote allí puedas lograrlo, la única manera es que sigas entrenando.
En ello, el joven comenzó a abrir lentamente el colchón blanco. Sacó primero su pie derecho, su mano, su brazo hasta encontrarse con la amable sonrisa de su madre.
-¿No te avergüenzo?...
-¿Qué? ¿Por qué lo harías?
-Porque soy un débil.
-No lo eres…bobo – Akane se acercó a su primogénito, tomó de sus mejillas y lo observó con detención – escúchame Naoto, nadie nace siendo el más fuerte ni el más sabio, tenemos que ir aprendiendo día a día, esforzándonos para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Ten paciencia y continúa, es allí donde se ve el valor de un artista marcial.
-Pero…quiero ser fuerte ahora- la mujer comenzó a limpiar las heridas del muchacho.
-Primero debes ser fuerte de corazón, así lograrás cualquier cosa que te propongas – dándole un pequeño beso en su frente y obteniendo de regreso un gran abrazo, Akane acarició el cabello azabache de Naoto.
-¿Y lograré vencer a papá?
-¡Por supuesto que sí! Y serás el hombre más fuerte del mundo si lo logras hacer, ya que no conozco mejor artista marcial que él.
-¡Pues, lo haré! – rápidamente el joven se levantó y corrió para salir fuera de su habitación – ¡Ya verás mamá que lo lograré! ¡Lo venceré fácilmente!
-Hey, hey ¡espera! ¿No tomarás desayuno?
-No hay tiempo, debo seguir entrenando- finalmente el jovencito se perdió de la vista de su madre, huyendo rápidamente ante tal terrible anuncio.
Escuchando los pasos veloces bajar por la escalera, Akane sonrió tras dejar salir un gran suspiro. En ello escucha voces conocidas anunciando su llegada.
-¡Akane chan! ¡Ya estamos acá!
-Maldición…Creo que Akane se excedió en el pedido esta vez…-En sus brazos llevaba más de 5 kilos entre verduras, carne y delicias para preparar el almuerzo familiar, sin duda en aquel listado se veían las esperanzas de la señora Saotome para que todo resultara estupendo- esa boba siempre se esfuerza demás, mejor me apresuro para ayudarle.
Paso tras paso, el azabache sentía como pequeñas gotas de agua comenzaban a marcar el papel de las bolsas y un frío viento hizo bailar su larga trenza azabache.
-¿Tormenta en primavera? Esto es raro...tal vez a esto se refería esa señora extraña.
Las gotas de lluvia golpeaban fuertemente el techo de la cocina de la residencia Saotome. Si bien Akane todo este tiempo no había mejorado en sus habilidades culinarias puesto que Ranma era quien se preocupaba recurrentemente de la comida, en esta ocasión volvería a intentarlo y qué mejor oportunidad de apoyarse en Kasumi y Nodoka San.
-Les agradezco llegar temprano a ayudarnos. Quién diría que el clima cambiaría tan drásticamente…
-No te preocupes hermana, verás que todos vendrán y será una reunión encantadora- mencionó Kasumi, mientras le daba una sonrisa tranquilizadora a su pequeña hermana.
-¡Me encantaría saber dónde está Ranma! Debería haber llegado hace una hora…ese cretino dejándonos todo el trabajo…
-Veo que aún se llevan estupendo, me alegro tanto que mi hijo se comporte todo como un hombre de hogar y le responda a su esposa como debe ser– mencionó Nodoka mientras procedía a cortar las cebollas en cubos.
-No, yo …lo siento por hablar así de él…- dijo nerviosa mientras pelaba una patata con demasiada fuerza.
-Y cuéntame querida, ¿Cuándo traen un nuevo heredero?
-¡¿QUÉ?! – De la impresión, Akane dejó caer el cuchillo que tenía en las manos al lado de los pies de su suegra.
-Akane, hermanita, tranquila
-Yo..yo…yo…- La peliazul no podía pronunciar palabra, estaba demasiado nerviosa como para hablar de su intimidad con su esposo frente a su madre política.
-Vamos querida ¿No me dirás que mi hijo no se comporta como debe ser verdad? ¿Verdad que no es eso? – Nodoka acercaba lentamente el cuchillo a Akane, quien nerviosa agitó sus manos a modo de negación.
-¡No! Digo, él…lo hace…bien, bastante bien- Akane no podía sostener el rostro de vergüenza y tras responder giró su cuerpo para concentrarse nuevamente en cortas las patatas.
-Uff…me alegro tanto de escuchar eso ¿Quieres decir que pronto tendremos otro pequeño en la casa?
De la sorpresa, el cuchillo cortó la palma de la mano izquierda de la joven peliazul alertando a la mayor de las Tendo.
-¡Akane, hermanita! ¡Estás sangrando!
Las gotas caían lentamente por su cabello color fuego, molesto por dos razones, la primera las compras se habían arruinado, la segunda aún detestaba su figura femenina.
-¡Maldición…justo hoy tenía llover!
Abriendo las puertas del dojo, corrió rápidamente para encontrar refugio de la fuerte lluvia. Dejó las compras en el piso y procedió a quitarse la chaqueta, quedando en su común polera sin mangas, sin embargo por lo mojada que estaba se traslucían con facilidad su pechos. Frente a él y totalmente colorado, Naoto observaba a su padre avergonzado.
-¡¿No te da vergüenza?! ¡Tápate por favor!
-Deberías ya estar acostumbrado, como si me gustara tener este cuerpo. Mejor ven a darle un abrazo a tu padre- Ranma cruzo sus brazos fuertemente estrujando a su hijo contra su fémina figura logrando que el muchacho se pusiera aún más nervioso.
-¡Papá! ¡Por favor no hagas esto!
-¡Vamos, vamos! Si eres un chico debes saber desde joven cómo es el cuerpo de una mujer, más de una tan linda como yo- ante sus palabras, Naoto le otorgó un fuerte golpe de puño en una de sus mejillas.
-¡Eres tan raro! ¡Por supuesto que no necesito saber nada de eso! Lo único que me importa son las artes marciales.
-Oye, ese golpe fue duro…niño malagradecido…
Ambos se sentaron en el pasillo, observando como la fuerte lluvia casi lograba rebalsar el estanque de agua. De improviso un pez koi saltó logrando que el molesto silencio que había entre ambos se cortara.
-No era mi intención- habló Ranma mientras secaba su trenza con una toalla de baño.
-¿Qué? – preguntó Naoto atento a las palabras de su padre.
-Sé que debes estar herido. Créeme que te entiendo más que a nadie. A tu edad también lo único que tenía en mente era ser el más fuerte y vencer a mi padre. Pero…
-Yo…yo no estoy herido.
-Ahora entiendo muy bien al viejo – Ante la aseveración del azabache, Naoto se sorprendió.
-pero tú mismo me contabas que su relación nunca fue muy buena…
-Sí, créeme que no sigue siendo la mejor, pero en algo que coincidimos y que entiendo ahora al verte es que…haré lo necesario para que logres vencerme algún día, en una batalla justa y donde tomaré en serio tus habilidades. Algún día, Naoto, volveremos a enfrentarnos como dos artistas marciales.
-Papá…
-Y cuando ese día llegue, sin duda lograrás vencerme. Eres un Saotome después de todo. Llevas mi fuerza en tu sangre y con la terquedad de tu madre, nada ni nadie te detendrá.
En silencio, Naoto solo sonrío, las palabras de su progenitor lograron sanar su orgullo herido, comprendiendo que no era el momento indicado de su batalla y que en algún momento volverían a enfrentarse. Ranma tomó al pequeño de uno de sus brazos y lo acercó a él para abrazarlo por la espalda.
-Aunque…será difícil ¿Lo sabes, cierto?
-¿Qué cosa? –preguntó escéptico el heredero.
-El vencerme. Hasta el momento nadie lo ha logrado- sonrío ladino el azabache
-¡Eres un creído!
Molesto, Naoto comenzó a lanzar patadas para darle al cuerpo de su padre, pero quien fácilmente las desviaba y se reía de él, hasta que un grito conocido salió desde la cocina.
-Oh…no…tu madre…– corriendo desesperado, Ranma abandonó el juego para ir a rescatar a su esposa en peligro.
Naoto sin darle mayor importancia volvió a su sitio, se sentó en el suelo del pasillo para seguir contemplando como la pesada lluvia caía. En ello una sombra se asomó por los techos, alarmando al muchacho. La figura era pequeña y así de manera rápida como apareció, saltó lejos del lugar.
-¿Qué fue eso…?- sin embargo su preocupación fue interrumpida por un grito ya conocido.
-¡QUERIDO NIETO ¿CÓMO ESTÁS?!- Soun y genma le sonreían al pequeño mientras llevaban en sus brazos dos grandes botellas de sake.
-¿abuelos?- sonrío Naoto ante el gesto delos hombres
-¿Pasó algo?
Sentada en una de las sillas de la cocina presionando su mano con un paño blanco mientras era atendida por su hermana mayor y Nodoka, Akane veía atentamente su mano dañada.
-Lamento las molestias…debería estar preparando todo y ahora ni siquiera podré cocinar…
Del pasillo se escucharon las alarmantes pisadas de Ranma, quien sin importarle su figura femenina pasó frente a su madre para tomar el brazo de la peliazul.
-¡Cuántas veces te he dicho que no lo sigas intentando!
-Ran…ma- La mujer quedó sorprendida al verlo, su ropa mojada y su mirada de pánico le eran bastante familiar, sin duda el joven artista marcial no había cambiado nada durante todos estos años. Siempre que se hacía algún tipo de daño aparecía desesperado frente a ella.
-Eres tan bruta, mira que cortarte la mano…
-¡MEJOR DIME POR QUÉ TARDASTE TANTO!
-Hijo, no es correcto que trates así a tu esposa- replicó Nodoka furiosa ante el comportamiento del azabache.
-Ofu…ofukuro ¿Cuando llegaron?- preguntó Ranma avergonzado que su madre lo viera así –Kasumi oneechan también está…
-Ayer las llamé por teléfono para pedirles su ayuda…no quería arruinarlo todo como siempre – mencionó molesta Akane sin dirigirle la mirada a su marido.
En ello Kasumi se acerca al artista marcial para mojarlo con agua caliente.
-¿Nodoka san, me ayuda a arreglar el comedor para cuando lleguen los invitados? - preguntó la mayor de las Tendo, estaba claro que el matrimonio necesitaba estar a solas un momento. Ofukuro aceptó sin queja alguna, retirándose ambas del lugar.
Con la mirada apartada, Akane ignoraba completamente la presencia de Ranma . El hombre sacó su polera y la estrujó furioso, una de las reglas al nacer Naoto, es que solo en contadas ocasiones la peliazul se haría cargo de la comida o pondría un pie en la cocina siempre y cuando estuviese él supervisando, la decisión fue tomada cuando la muchacha dejó prendida la llave de gas en su antiguo departamento y por poco todos salen volando.
-Akane…quedamos en qué yo me encargaría de la cocina. Tu estuviste de acuerdo desde un comienzo ¿Sabes que desde que pones un pie acá algo malo sucede no es así?
Silencio
-Eres tan boba…cómo pudiste cortarte de esa forma – Ranma se acercó amablemente a su mujer, logrando solo una mirada de rencor por parte de ella.
-Tu no entiendes…
-Claro que lo entiendo
-¡No es verdad!
-¡Te digo que sí lo hago marimacho! – el azabache tomó del antebrazo de Akane y la atrajo hacia él- sé que hoy es un día especial para ti, sé que quieres que todo salga perfecto, que sepan que eres una buena esposa y que nos haces felices ¿Verdad?
Akane asintió en silencio, apenada por las palabras de su esposo.
-No te esfuerces demasiado, trabajemos juntos ¿Está bien?
-Pero…
-No digas nada, vamos que nos estamos atrasando –Ranma acercó las bolsas de compras y procedió a sacar cada uno de los ingredientes - ¿Qué tienes pensado hacer?
-Sukiyaki…
-Buena idea, es ideal para pasar esta rara tormenta – habilosamente el azabache tomo uno de los cuchillos y comenzó a cortar rápidamente los trozos de carne.
La peliazul lo observaba en silencio, realmente Ranma era muy amable cuando se lo proponía. Viendo con detalle los oscuros cabellos de su marido, dio cuenta lo larga que estaba su trenza, el ancho de su espalda y sus fuertes manos ¿Cuántos años han estado uno al lado del otro?…sin duda ambos crecieron y lo mejor de todo es que lo hicieron juntos. Si retrocediera el tiempo, cuando lo conoció por primera vez creería que esta escena se trataría solo de un sueño lejano e imposible. Pero allí estaba él. Maestro de artes marciales del Dojo Tendo, ganador de cientos de trofeos y reconocido luchador a nivel país, padre de un travieso niño y gentil esposo. Akane se sentía afortunada, sin duda alguna.
Lentamente se acercó hasta él para rodear con sus delgados brazos la cintura del azabache. Al sentirla, Ranma detuvo su trabajo sonrojándose ante su actitud.
-Qué haces…
-Gracias
-¿Por qué lo dices?
-Por nada…- La joven esposa hundió su rostro en la ancha espalda del hombre, quien para animarla la giro y la cubrió con su cuerpo, cruzando sus brazos por la cintura de la mujer.
-¿Quieres que te enseñe? Ven ayúdame- Ranma sostuvo las manos de Akane y lentamente comenzó a guiarla para que cortara finamente los trozos de carne. Ambos estaban cercanos y compenetrados, respirando al mismo ritmo. Se sentían tranquilos al estar juntos, y a pesar que discutían a menudo por cualquier trivialidad, sabían que la mejor parte era la reconciliación. Por qué más allá del amor que existía entre ambos, un verdadero hilo de lealtad los unía. Él creía en ella más que nadie en este mundo y ella lo acompañaría hasta el más lejano planeta.
Por la ventana de la cocina, la romántica escena era apreciada por Nodoka y Kasumi quienes sonreían cómplices. En ello sintieron las puertas del comedor abrir con fuerza, era el viejo Genma y Soun quienes llevaban en sus brazos botellas de sake para la reunión.
-¿Qué…qué ocurre acá? – preguntó el panda con su típico letrero de madera acercándose a su mujer.
-No es nada, no es nada. Vamos a preparar todo, la cocina ya está en buenas manos.
Pasada las cinco de la tarde, la familia Saotome Tendo estaba reunida en el mesón principal del comedor esperando ansiosos la comida. Kasumi tenía en brazos a Naoto quien jugaba alegremente Shogi con Soun y Genma, por otra parte Nodoka bebía alegremente té verde al ver la escena, mientras el maestro Happosai, quien aún seguía con vida y mantenía sus mismos gustos exóticos, ordenada su nueva colección de ropa íntima en uno de los rincones de la sala. En ello tras las puertas de la cocina se escuchaba la discusión de los dueños de casa.
-¡Deja llevarlo Ranma!
-¿Cómo crees que te dejaré hacerlo? Esto pesa demasiado para ti.
-¿Se te olvida que soy una artista marcial también?
-No digo lo contrario…solo que me preocupa lo torpe que eres.
¡PAF! Un golpe retumbo por el dojo sacando más que alguna sonrisa entre los invitados. Frente a ellos estaba Ranma casi inconsciente con el golpe propinado por su esposa.
-¡Eres un insensible Ranma Saotome!- gritó Akane con energía.
Tras su voz, a lo lejos alguien aplaudía con ahínco. Una mujer de cabellera castaña, con un ajustado vestido de satín morado sostenía su maleta arrastrándola por el pasilllo de su ex casa.
-Vaya…veo que mi hermanita sigue siendo igual de cariñosa que siempre – mencionó Nabiki en tono burlesco.
-No tienes idea…- respondió Ranma desde el suelo del comedor.
Ante ver la presencia de la mujer, Akane corrió a abrazarla ¿Hace cuánto tiempo no la veía? ¿Unos 5 años? Desde que aquel fragante francés la invitó a trabajar con él, Nabiki Tendo perdió contacto con la familia. Sin embargo, hace unas semanas había regresado a Tokyo para atender unos negocios y propuso la reunión familiar para ponerse al corriente de todo. Le gustaba tener medianamente el control de todo lo que sucediera con la familia Saotome Tendo.
-¡Nabiki oneechan! – gritó la peliazul de emoción.
-Hola hermanita, tanto tiempo sin verte. Veo que sigues siendo la misma de siempre. Eso me alegra…¿Dónde está el enano?
La mujer se acercó a la familia y tras dar una reverencia ante todos y ser recibida por el llanto explosivo de su padre, comenzó a sacar los regalos que trajo para cada uno de ellos.
-Toma enano, esto es para ti…
Naoto ilusionado tomó la caja que su tía le había traído, sin embargo la vio desconfiado.
-¿Qué es?
-Vamos, ábrelo, no tiene nada raro dentro.
-No te creo.
-Entonces devuélvemelo – Nabiki trato de arrebatárselo de las manos, pero no lo logró. En ello ve al joven con curiosidad abrir el paquete, hasta ver sus ojos llenos de emoción.
-No puede ser…¿Es…es un teléfono móvil?
-Así es, no sé si te dejarán usarlo, pero al menos los otros niños ya no se burlaran de ti por no tener uno- sin esperarlo, Naoto saltó a los brazos de su tía para agradecerle con entusiasmo su obsequio. Sin embargo, en la entrada de la cocina, Ranma mantenía su cara de disgusto, con el tiempo aprendió que creer en las buenas intenciones de Nabiki siempre traían problemas.
-Nabiki…este regalo es demasiado – exclamó sorprendida Akane ante el gesto de su hermana.
-Ay vamos, no te preocupes…Y dime cuñadito ¿Qué te pareció?
-Creo que saldrá más caro de lo que creemos…
-Bueno, tómalo como una disculpa de antemano –dijo la castaña con sonrisa triunfante.
-A qué te refieres…
En ello una fuerte risa retumbó por cada rincón del dojo, un ruido de horror que la mayoría conocía y que lograba aterrar a cualquiera que la escuchase.
-Oh, es que solo extendí la invitación a unos viejos amigos ¿No te molestará verdad cuñadito?
-¡¿QUÉ HICISTE, QUÉ?!- Gritaron al unísono Akane y Ranma. En ello la risa se intensificó y cientos de pétalos negros cubrieron el lugar.
-¡HOHOHOHOHOHOHO! Ranma sama! Vine a rescatarte!
-¡Akane Tendo ya llegó el rayo azul que te rescatará de las manos de ese pervertido de Saotome!
Frente a la familia se encontraban los hermanos Kuno llegando a revolotear el ambiente como era costumbre hace años atrás. Kodachi vestía una falda tubo ajustada de color gris, un pañuelo marrón y lentes, por otra parte Kuno llevaba apuesto un traje de oficina, su cabello peinado hacia atrás y unos zapatos marrón en punta. Naoto observó el comportamiento de ambos, cada uno al lado de sus padres, la mujer de cabellera negra colgada al cuello del artista marcial, mientras el otro era golpeado por su madre.
-¡¿Nabiki quieres explicarnos esto?!- reclamaba con furia la peliazul, tras empujar con un golpe al acosador de Tatewaki y veía de reojo como actuaba su esposo al estar entre los brazos de Kodachi.
-No podía negarme a una solicitud de mis mayores clientes hermanitas. Querían saber de ustedes hace muchos años y bueno, no encontré mejor oportunidad – ante la respuesta de la astuta mediana Tendo, Ranma golpeo fuertemente la mesa.
-¡Estás loca! ¡Cómo pudiste vendernos de esa manera!
-Oigan…- recostado en la panza del viejo panda, Naoto observaba la escena con curiosidad – Alguien me puede explicar quiénes son…¿Acaso antiguos amigos como tía Ukyo o el maestro Ryoga?
-No, Naoto, estás equivocado ellos no son nuestros…- sin embargo antes de terminar de responder Ranma sintió un fuerte abrazo de la rosa negra dejándose caer arriba de él.
-Oh…entiendo ¿Una antigua novia?
-¡NO! – gritó la peliazul furiosa ante la pregunta del menor, mientras trataba de separar a Kodachi de su ahora esposo.
-Entonces ¿Quiénes son?
Levantándose del suelo como un rayo, Kuno Tatewaki se encontraba al lado del pequeño con una sonrisa satisfactoria en el rostro.
-Niño, escucha atentamente, estás frente al rayo azul dueño de la empresa más grande de Japón! ¡Kuno Tatewaki y vengo a reclamar a Akane Tendo como mi esposa! - tras su actuación, Kasumi y Nodoka aplaudían con entusiasmo.
-¿Dueño? Hermano no te olvides que el 50 por ciento me pertenece. Escucha niño, mi nombre es Kodachi Kuno y vengo a salvar a mi adorado Ranma-sama de las garras de esa mujer pordiosera ¡HOHOHOHO!- exclamó Kodachi tras salir desde sus manos cientos de pétalos negros.
-¡Mi madre no es ninguna mujer pordiosera! – exclamó Naoto enfadado ante las palabras de la no invitada.
-¡¿MADRE?!- gritaron al unísono los hermanos Kuno, dirigiendo rápidamente sus miradas dónde se encontraba Ranma, quien había desaparecido fugaz de la escena.
-Calma Naoto, yo les explicaré. Pero si quieren saber, antes...paguen.
Nabiki con la astucia que le caracterizaba le explicó la historia a sus nuevas visitas tras recibir una gran cantidad de dinero en sus manos, siendo escuchada atentamente por ambos y sin creer en ninguna de sus palabras. Mientras ambos hermanos reclamaban sobre la poca veracidad de la historia, Akane dio cuenta que la desaparición de su esposo llevaba más tiempo de lo normal, sin embargo sabía perfectamente donde encontrarlo.
Con cuidado, la peliazul apoyó la escalera desde el jardín hacia el tejado de la casa, abrigada con un chaquetón amarillo, agradecía que la lluvia se hubiera detenido. Tras observar atenta el ya viejo panorama finalmente lo encontró. Con el ceño fruncido, apoyado en sus rodillas de brazos cruzados, el gran Ranma Saotome prefirió escapar antes de iniciar una guerra contra su querida cuñada. Amablemente y en silencio, la peliazul le dio un golpe en la espalda.
-¡Estás distraído!
-¡Ah! Eres tú, Akane…- respondió el azabache aún malhumorado.
-Recuerda que siempre debes estar en guardia por si viene algún enemigo a desafiarte o si el loco de Kuno aparece y quiere llevarse a tu linda esposa.
-¡Ja! Qué lástima por él, por qué acá no encontrará ninguna "linda" esposa…
¡PAF! Akane dio un duro golpe en la mejilla del azabache, logrando que perdiera el equilibro.
-Sigues siendo una bruta…no pierdes ese encanto – respondió Ranma un poco más aliviado, mientras observaba como su peliazul se sentaba a su lado y apoyaba su cabeza en el hombro.
-No tienes por qué molestarte tanto…sabes que Nabiki…
-Sé que nos vendería como una atracción de circo ¿Por qué no pudo quedarse allá, donde anduviera, lejos de Japón?
-Vamos Ranma, es mi hermana…
-Sí lo sé y la conozco ¿Crees que deberíamos escaparnos otra vez?
-¿Qué? ¿Solo por qué Kuno y Kodachi ahora saben que volvimos al dojo? Estás loco…este es nuestro hogar- la peliazul posó su mano cubriendo la de él.
-Tienes razón, ya basta de escapar – Ranma tomó sus delgados dedos y los entrelazó.
-Así me gusta. Vamos qué de seguro Naoto debe estar peleando en este momento con el molesto de Kuno – Akane guardó impulso para levantarse del tejado sin embargo fue detenida por la mano de Ranma, atrayéndola hacia él – ¿Qué…qué ocurre?- preguntó.
-Solo que no quiero que cambie, que nada cambie. Me gusta esto, hacernos cargo del dojo, estar jun…tos…
-Nada cambiará, siempre estaré contigo Ranma, siempre juntos – respondió Akane entregándole una gran sonrisa de seguridad al azabache, quien como respuesta le otorgó un breve y rápido beso en sus labios, logrando que la peliazul se sonrojara. Tras ello, el artista marcial se levantó veloz del suelo y la tomó entre sus brazos.
-Bueno, es hora de volver al show. Nuestros invitados están esperando a sus protagonistas – sonrío ladino.
-Eres un creído…
-Eres la segunda persona que me lo dice hoy.
Ambos cayeron al patio del dojo. Ranma tomó por la cintura a la peliazul y la dejó con suavidad en el suelo.
-¿Ah? ¿Te encontraste con alguien?- preguntó molesta Akane invadida por los celos.
-No te lo diré – respondió el azabache para luego irse corriendo hacia la entrada del salón.
Finalmente las inesperadas visitas salieron del dojo, cabizbajos y entendiendo que hicieran lo que hicieran su presencia entre ellos no tenía lugar, los hermano Kuno se retiraron dando una reverencia sosteniendo un pañuelo para limpiar sus lágrimas. Tras terminar la cena, Akane ofreció té verde a sus invitados dirigiéndose hasta la cocina, mientras tanto alentaban a Naoto que mostrara sus nuevas habilidades en el arte marcial de combate libre. La lluvia golpeaba con fuerza el techo del dojo, logrando que se abriera una antigua gotera justo encima de la cabeza del viejo Soun.
-Veo que este dojo sigue siendo tan firme como siempre – sonrío el patriarca.
-Así es querido amigo Tendo, este dojo al igual que el estilo son igual de invencibles HAHAHAHA – rieron al unísono ambos amigos, ahora familia.
-Iré a repararlo –respondió Ranma molesto. Sin embargo antes de poder levantarse del suelo, un fuerte estruendo los sorprendió. Una explosión se desató frente a ellos. El azabache corrió para proteger con su cuerpo a Naoto y a Nodoka que se encontraban a su lado, mientras Genma dio vuelta la mesa con velocidad para proteger al resto de la familia. El lugar estaba cubierto de polvo y astillas de las puertas del salón, sin embargo nadie salió tras la explosión y desde la cocina se escuchó un fuerte grito.
Al escuchar la voz de su esposa, Ranma se levantó corriendo a su búsqueda, sin antes pedir que nadie se moviera del lugar. Al ingresar notó que frente a Akane se encontraban 4 ancianas, todas iguales, con blanca cabellera y largas túnica blancas, cada una con un sello de animal en su pecho.
-Tenemos un asunto pendiente con Akane Tendo- mencionó aquella que tenía el símbolo de dragón y sostenía un antiguo bastón tallado con detalles en oro.
-Con...¿Conmigo?- respondió la peliazul tras dar un paso hacia atrás.
-Vinimos por tu sangre querida.
Silencio. Akane quedó inmóvil y llevó las manos a su pecho. De un momento a otro 5 dagas apuntaban directamente al cuerpo de la peliazul, quién no tuvo la suficiente rapidez para esquivarlas, sin embargo fue rápidamente socorrida por Ranma.
-¡Cómo se atreven a venir a atacarnos a nuestra propia casa!- Gritó exasperada mientras trataba de zafarse de los brazos del azabache. Ranma mantenía el rostro frío y sin expresión, como si estuviera analizando a su presa.
-Las leyes se cumplen de una u otra manera, tu vida está destinada a terminar Akane Tendo –sonrieron las ancianas.
-Ya me parecía haberte visto antes- respondió Ranma tras dejar a la peliazul atrás de su cuerpo para protegerla – lo tenían planeado desde un inicio, nuestro encuentro en el mercado, la lectura de mi futuro…tenemos derecho a saber quiénes son. Me gusta conocer a mi rival antes de derribarlo.
-¿Rival? No nos midas con tu limitada mente joven. La verdad es que Cologne te enseñó bien, pero nunca serás lo suficiente para enfrentarte a los 4 pilares de la tribu de las Amazonas. Por la ineptitud de su nieta, una de nuestra más grandes guerreras perdió la vida, por no ser capaz de cumplir con su promesa – respondió la anciana con el símbolo del tigre en su pecho, mientras prendía su pipa con elegancia.
-¿Perdió la vida?...quiere decir que Cologne…- El azabache observó inquieto el panorama. Sin duda alguna, estas mujeres eran mucho más poderosas que su antigua maestra, más fuertes que Happosai y mucho más que él. Apretó sus puños y miró a Akane, dándole la señal que escapará de allí. Sin embargo, la peliazul solo se sostuvo aún más fuerte de su brazo dándole a entender que ella no se apartaría de su lado.
-Por el corazón débil de Cologne y su nieta, toda una dinastía se ha quebrado. Una dinastía de guerreras que no han podido continuar con nuestra estirpe de fuerza y rebeldía. Pero nosotras nos haremos cargo de acabar con la razón de tu cobardía, Ranma Saotome – replicó la anciana con el marco de conejo en su traje.
-Nunca me interesaron esas tontas leyes, ni su tribu, ni nada. Fue un error, nunca debí vencer a Shampoo en ese combate.
-Pero lo hiciste y si antes no fuiste capaz de cumplir con tu palabra de honor ante ellas, hoy estamos nosotras para que lo hagas. Primero tomaremos la vida de Akane Tendo, cumpliendo con el beso de la muerte que la débil de Shampoo no pudo ejecutar y segundo te robaremos tu corazón Ranma Saotome.
Extrañados, ambos se miraron sin ver solución ante el nuevo problema que se enfrentaban. Nunca creyeron que tras tantos años aún el pasado y sus malas decisiones los perseguirían. En silencio se tomaron de las manos, decididos a enfrentarlas.
-Este no es el lugar para terminar con todo esto, si quieren pelear debemos ir a otro lugar – dijo con seguridad Akane.
-Veo que tienes valor muchacha, al parecer más que el medio hombre que tienes al lado.
-¡¿Qué dijo?!- respondió el azabache mostrando sus dientes de rabia.
-Si quieres derramar tu sangre acá no tengo problema en hacerlo joven. Terminaremos con esta pesadilla que ha llevado a la ruina a nuestro pueblo.
La anciana con el símbolo de dragón saltó rápidamente para atacarlo, quien tomó posición de pelea para responder de ser necesario. Sin embargo, un pequeño de mirada avellana estaba frente a ellos y sin entender lo que estaba ocurriendo, observó la mirada de horror de su madre.
-Ma…má…
Naoto estaba en medio del combate que estaba a punto de iniciar, sin embargo su intromisión logró captar la atención de las 4 ancianas que se preparaban a golpear a su padre. Deteniendo su avance en seco, se quedaron observando al muchacho.
-¡Naoto aléjate de acá!- Gritó Ranma otorgándole una mirada llena de terror.
-¡No me iré! – respondió el muchacho con ímpetu.
Tomando rápidamente el bastón, la anciana dragón dio un toque en el suelo logrando congelar la escena, impidiendo de esta manera cualquier accionar por parte de Ranma y Akane. Las mujeres rodearon al joven quien las observó con determinación y sin pizca de miedo.
-No se quienes serán ustedes, pero no tengo miedo de enfrentarlas – El joven azabache con destellos azules se colocó en posición de combate, atento a los movimientos de las ancianas.
-HOHOHO tranquilo jovencito ¿Eres Naoto verdad? – respondió la mujer dragón.
-Eso no le interesa…
-Vaya, tu espíritu es igual de fiero que el de tu padre…- Con rapidez la anciana posó sus manos en el pecho del joven inmovilizando al muchacho – serás un perfecto elemento en nuestra tribu.
-¿Qué estás diciendo hermana? – preguntó inquieta la anciana con el marco de tigre.
-Quedan pocos hombres ejemplares para continuar con nuestro legado, hasta a nosotras nos cuesta mantenernos con vida, debemos recuperar nuevas almas poderosas y que continúen con nuestra estirpe. Dentro de 7 años, joven Saotome, nos volveremos a encontrar.
-Pero…¡Qué ocurrirá con terminar con lo que comenzó esa torpe nieta de Cologne! ¿Dónde quedó nuestro honor como amazonas? – contentó molesta la anciana con símbolo de conejo.
-¡Soy quien mejor conoce las leyes de nuestra tribu! Y también conozco el riesgo en el que nos encontramos…primero debemos hacer que Ranma Saotome vaya a China con nosotros y se quién podrá convencerlo…
-Shampoo. A pesar del odio que debe tener contra nosotras por quitarle la vida a su bisabuela, más debe tenerlo contra el hombre que la deshonró, le quitó su libertad y quién le provocó tanto dolor – golpeando su pipa la anciana con el símbolo de serpiente- será ella quien nos lo traiga. No podemos arriesgar al niño, debemos asegurarnos que regrese a nosotras.
Acercándose al muchacho, la mujer serpiente tomó su bastón y con un rápido movimiento golpeó al muchacho en la espalda. Una luz radiante y mágica rodeo al muchacho, tras terminar el cuerpo de Naoto cayó desvanecido al suelo
-Ya está marcado y protegido. Vuélvete ágil, fuerte y de corazón indomable, tu nueva familia te estará esperando. Bienvenido a nuestra tribu.
-¿Estás seguro que no recordará nada de lo ocurrido? – preguntó la anciana conejo, mientras acariciaba la frente del muchacho.
-Su memoria fue encapsulada, dentro de 7 años volverá a recordar este momento e irá por nosotras. Es hora de marcharnos, Shampoo terminará con lo demás.
Una luz blanca se expandió por la habitación de la cocina y como si nada hubiese ocurrido, las 4 ancianas desaparecieron del lugar. Al tener control sobre su cuerpo, Ranma dio cuenta que frente a él se encontraba el pequeño en el suelo, totalmente inconsciente.
-¡Naoto! – gritó el azabache seguido por Akane quien observó la escena preocupada. El hombre tomó en brazos al muchacho y notó que aún respiraba. Ambos dejaron salir un profundo suspiro.
-Está dormido…pero, Ranma ¿Quién eran esas mujeres...? ¿Por qué aparecer después de tanto años…?- preguntó insegura la peliazul mientras observaba directamente los iris azules de su esposo.
-No lo sé…- Ranma se sentía culpable por todo lo sucedido, apretó su mandíbula con fuerza tras pensar que tal vez por un segundo, la vida de Naoto pudo haber sido arrebatada por los errores de su pasado, toda la situación lo asustaba de sobre manera – pero por ahora, Akane…que nadie sepa lo ocurrido hoy. Me encargaré de encontrar una solución. No queremos asustar a nadie…menos a Naoto.
Akane lo conocía. Podía sentir el miedo del azabache tras sus palabras, no quería seguir involucrando a nadie por lo que solo asintió ante su solicitud. La aparición de las ancianas, el combate que no inició, las amenazas, la muerte de Cologne. Lo que había ocurrido esa tarde era casi imposible de sacarlo de su mente. La peliazul se encontraba al lado de Naoto cuidándole el sueño mientras trataba de darle sentido a todo lo que había pasado. En ello un golpe en la puerta la mantuvo alerta. Tras abrirse, Ranma ingresó en silencio.
-¿Aún duerme?...- preguntó mientras se acercaba a la peliazul, quien en respuesta solo asintió.
Silencio. Un silencio incómodo entre ambos surgió. No sabían cómo iniciar la conversación, ambos se encontraban ensimismados en sus pensamientos hasta que el muchacho que comenzó a moverse de un lado a otro para luego soltar una ligera risa entre sueños. Ambos se relajaron al verlo actuar como siempre.
-Es igual de bestia para dormir que tú…- mencionó Ranma burlonamente.
-¿Qué? ¡Yo no duermo así!
-Claro que sí lo haces, solo que duermes tan profundo como un oso que ni te das cuenta de las cosas que haces.
-¡Eres un bobo!- Akane le dio un golpe en la cabeza, logrando que apareciera un gran chichón en Ranma.
-Bruta…
Finalmente ambos salieron de la habitación asegurando que su pequeño estuviera más tranquilo. Siempre creyeron que aquella paz que habían logrado alcanzar era efímera, de hecho duró mucho más tiempo del que creyeron. El estar juntos siempre había sido un desafío para ellos, estar tranquilos sin ser interrumpidos por nadie, sin enemigos ni prometidas y pretendientes desquiciados, sin problemas de otros interfiriendo en su relación…solo lograron aquella paz cuando finalmente se alejaron de todos. Algo en su corazón les decía que al volver al origen, al dojo, traería nuevos problemas y no se equivocaron.
Akane vestía un camisón color lila, mientras arreglaba su cabello en el tocador. Por otra parte, Ranma se encontraba apoyado en el marco de la puerta sin decir palabra. Algo no le parecía encajar en la historia ¿Dónde quedaba Shampoo en todo esto? ¿También le habrían asesinado?...Akane dio cuenta de la mirada preocupada del azabache y silenciosamente, sin darse cuenta, estaba frente a él. Con ambas manos cálidas tomo de las mejillas de su esposo para sacarlo de sus pensamientos.
-No sé qué estarás pensando Ranma Saotome ¿Me dejas entrar en tu mente?...- la mirada avellana de la mujer notaba preocupación. El hombre al dar cuenta de ello, tomó de las manos de Akane y le sonrió.
-Eres boba, claro que no puedes entrar en mi mente. Además no es necesario.
-Lo que ocurrió hoy, no es tu culpa Ranma.
-Si lo fue, el haberte expuesto a ti y a Naoto de esta manera… pero no volverá a ocurrir.
-Ni siquiera lo pienses – Akane apartó sus manos de las del azabache con rabia- ni se te ocurra enfrentarlas solo, siempre juntos, en eso quedamos Ranma. Nada va a cambiar, no todo es tu responsabilidad.
-Claro que lo es. No entiendes. Soy la cabeza de esta familia, soy quien debe velar por ustedes, por su seguridad. Tengo que hacer esto solo, de encontrar una manera de…
-No dejaré que vayas solo Ranma.
Molesto, el azabache se levantó del suelo para darle la espalda a la peliazul. Por su culpa la vida de Akane corría peligro, no podía arriesgarla de esa manera ¿Cómo no era capaz de entenderlo? Con furia apretó sus puños. Debía irse, dejar su tranquilidad y de ser necesario su vida por ellos. Perderlos lo desmoronaría por completo.
-¡TU NO VAS A NINGUNA PARTE! - gritó con furia tras dirigirle una mirada desafiante a la peliazul, quién frunció el ceño ante las palabras que escuchaba. Con velocidad se levantó para quedar frente a él. Nunca le había temido y esta no sería la primera vez.
-¡No eres quien para decirme eso! Esto lo resolveremos juntos ¿Me escuchaste? No te alejarás de nosotros y no irás a ningún lado sin mi consentimiento. Eres mi esposo Ranma Saotome y hasta que la muerte nos separe estaremos juntos en cada uno de los desafíos que enfrentemos y este no será la excepción.
Tras escucharla el azabache sonrío sorprendido. Akane se notaba agitada, estaba molesta, enfurecida con él ¿Cómo podría ser capaz de dejarlos? En ello, los tozudos brazos del artista marcial la abrazaron y hundiendo su mentón en el hombro de la mujer, respiró relajado.
-Siempre sabes que decir cuando lo necesito, boba marimacho…
-Eres un desconsiderado…- respondió la mujer tras rodear la cintura del azabache.
-No te arriesgaré Akane, ya no tengo 16, no quiero ponerte en peligro ¿Sabes que pasaría conmigo si te volviera a ocurrir algo?
-No pasará nada Ranma…
-Por favor, cree en mí. Nunca los dejaría, por nada. Pero si vas conmigo no estaré tranquilo.
-Puedo defenderme sola, no me subestimes Saotome.
-Sé que puedes hacerlo. Pero no son contrincante para ti. Necesito que te quedes en el dojo. Prometo que regresaré.
Ranma separó su cuerpo del de la muchacha, para verla fijamente a sus ojos. Akane mantenía su ceño fruncido, seguía molesta con él, con ella, con todo lo que había ocurrido. El azabache tomó con sus manos la cabeza de la mujer y sus frentes se toparon. Sus respiraciones se mezclaban, rozando sus narices y casi tocándose los labios, el azabache continúo hablando.
- Regresaré…solo espérame Akane…
-Solo prométeme que esta será la última vez que tomes un desafío solo…
-Te…prometo que al volver todo será como antes…volveré victorioso, como siempre lo hago.
-Eres un creído…
Finalmente ambos unieron sus labios, en un beso ansioso y desesperado. Con miedo la muchacha rodeo el cuello del azabache acercando su cuerpo, sentía que pasaría un largo tiempo tras verlo otra vez, de tenerlo cerca, de ser su mujer. Ranma apretó la cintura de la peliazul atrayéndola, en un abrazo infinito, sin mesura. Deseaba perderse en ella como tantas veces lo había hecho, el lugar correcto de estar, debía regresar, no podría soportar tenerla lejos, la necesitaba para sentirse tranquilo, se había acostumbrado a su calidez.
Avanzando por la fuerza el beso, Akane quedó aprisionada contra la pared y el cuerpo del azabache. Con sensualidad, las manos de Ranma comenzaron a acariciar el vientre de la mujer, quien respondía ante sus caricias dejando salir tímidos gemidos sin dejar de besar apasionadamente los labios del azabache, mordiendo su labio inferior.
Ranma acercó su boca al lóbulo de Akane, la saboreo por un instante, logrando que la muchacha comenzará a arquear su espalda en respuesta, mientras él con su mano derecha acariciaba uno de sus pechos y jugaba con ellos.
-Nunca podría dejarte…- Dijo con voz ronca y profunda - ¿Lo sabes cierto?...
-Antes te quito la vida…- mencionó la peliazul mientras tomaba con rudeza la ahora desarmada trenza.
-Te amo…- Ranma sonrío ante la tierna respuesta de su esposa. Su cabello desordenado, sus mejillas rojas y la agitación que daba cuenta su respiración, lo enamoraban cada vez más. Los nervios no lo dejaban, como si fuera su primera vez juntos, besó con ternura los labios de su mujer, para luego tomarla de las caderas y montarla a su cintura.
Tras dejarla caer en el futón, el azabache se deshizo de su camisa rápidamente mientras observaba la mujer que tenía frente a él y dispuesta a ser suya una vez más. El camisón violeta dejaba ver los torneados muslos de la mujer y un poco de la pantaleta de tonos amarillos que llevaba puesta. Vio como la peliazul llevaba una de sus manos y comenzaba a tocar con sus dedos su miembro, quería llamar su atención, que no se escapara de sus redes y sabía perfectamente cómo lograrlo.
Akane se sentó en sus muslos para quedar frente a la virilidad de Ranma, tras darle una mirada pícara al artista marcial, procedió a bajar sus pantalones dejando al descubierto el miembro endurecido. Con decisión lo llevó a su boca, dando pequeños lamidos por el contorno mientras subía y bajaba su mano derecha a un ritmo continuo y placentero. El azabache cerró sus ojos con fuerza, cada movimiento que hacía la peliazul lograba que los músculos de su cuerpo se tensarán y aumentará su calor corporal. Comenzó a gemir repetidamente. Sabía que ella lo estaba disfrutando, pero no dejaría que esto terminara así.
Sorprendiendo a su esposa, el azabache la tomó de los hombros arrojándola encima del futón colocándose entre sus piernas. Permitió que su miembro se rozara con la intimidad de ella, mientras la besaba con pasión y ahogo. Ambos se quitaban el aire. Su relación siempre había sido así, intensa, desenfrenada y apasionada. El azabache abandonó el beso para proceder a bajarle los tirante al camisón y dejar al descubierto los pechos de la peliazul. Su torso desnudo hizo contacto con el fino cuerpo de su mujer, logrando que un intenso calor se apoderara de ambos. Llevó sus labios a uno de los pezones de ella y la otra mano libre a la intimidad. Con sus dedos comenzó a dar suaves movimientos bidireccionales.
Akane se retorcía de placer, solo con sentir sus caricias se descontrolaba. Necesitaba sentirlo dentro suyo, fundirse con él. Una vez más. Por última vez. Arqueo su espalda y subió sus caderas, indicando que estaba lista para él. El hombre entendió el mensaje, dejó de prestarle atención a sus montes para posicionarse por completo encima de ella.
El leve tono color pastel de la habitación lograba crear una escena mágica entre ambos, un instante que sería difícil de borrar. La mirada avellana de la mujer brillaba con intensidad, posicionándose en los iris azul grisáceos del hombre. Las tozudas manos de Ranma tocaron las mejillas sonrosadas de Akane, dejando salir un suspiro profundo y ahogado. Sabía que le había mentido. Sabía que no tenía fecha de regreso y menos podía asegurar salir vencedor de este combate. Tenía miedo, miedo de dejarlos, de no ser capaz de volver, de no poder ver a Naoto crecer…
-Akane…
-¿Mmm?
-"No soy capaz…"- pensó el azabache al ver el rostro de su esposa.
-Dime, Ranma – sonrió
-"No soy capaz…" volvió a repetir en su mente. Con ahínco apresó a la peliazul entre sus brazos, para luego poseer sus labios con fuerza. Entre más profundo era el beso, más entendía que no sería capaz de separarse de ella, de ellos, de la vida que habían construido. Quería ser egoísta, por una vez pensar que estar allí, con su familia estaba bien. Los defendería, pero no se iría a ningún lado.
Ranma volvió a tomar el control, posó sus manos en las caderas de la mujer y la acercó a su virilidad, abriéndose camino entre las torneadas piernas de Akane. Por su parte la mujer acariciaba con fuerza la espalda del hombre, si iba a partir, que se llevara el mejor recuerdo de ella, que tuviera una buena excusa para volver. Tras un respiro, su miembro acarició la entrada al paraíso, abriéndose paso de golpe entre las paredes tibias de la peliazul, quien arqueo la espalda y dejó salir su nombre en un grito lleno de placer y locura, aferrándose aún más a él.
Apretando el menudo cuerpo contra él, los movimientos arremetían contra los muslos de Akane. Cada vez más intensos, en un vaivén extasiado que iba ganando cada vez más velocidad. La peliazul gemía y jadeaba, mientras trataba de contener sus propios impulsos ante las embestidas de su esposo.
Ranma gruño el nombre de ella, sus músculos se endurecieron, estaba al borde del placer. Finalmente akane sintió como su interior se llenaba de su calidez y le otorgó una sonrisa de satisfacción y felicidad. El azabache mantuvo el movimiento por un tiempo, hasta que dejó caer su peso sobre ella, besando su frente y sintiendo como sus gotas de sudor poco a poco iban enfriándose.
Perdido en la oscuridad de la noche, Ranma sentía la calidez de la respiración de Akane, quien se encontraba cobijada bajo el el blanco futón. Vestida con su camisa color celeste, el azabache observaba bajo la tenue luz la sonrisa de tranquilidad de su esposa. Sin embargo, aún la conversación que habían mantenido hace unas horas lo mantenía intranquilo ¿Qué era lo mejor para todos?
Dándole una última mirada y sonrisa, Saotome se levantó del lugar, tomó una camisa de color blanca nueva y salió de la habitación. Caminando por el pasillo, movió sus cabellos y se hizo una cola alta. Con sutileza abrió las puertas de la habitación de Naoto, quien tenía la mitad de su cuerpo fuera de la cama. Lo arropó y observó el lugar. "No hay nada extraño…pero me siento intranquilo"
Decidido, se dirigió al dojo a entrenar. Encendió la luces del lugar y la vio.
-Esperaba que aparecieras, Shampoo…
La muchacha de cabellos violetas se giró para observar al azabache. Fijó su mirada en lo cambiado que estaba, su pecho se apretó, no sabía si de angustia, rabia o emoción.
-Airen….digo, Ranma…
Dando ligeros pasos y con calma se fue acercando al azabache. Ambos se observaron, sin decir palabra la muchacha saltó a abrazarlo, quebrándose ante él. Ranma dio un respingo ante su actitud. Hace años había dado la cara ante su compromiso. Hace años todo había quedado claro, ella junto a Cologne habían regresado a China, si bien de vez en cuando los visitaban, ambos no se veían hace bastante tiempo y ya entendía la razón del por qué. La muerte de Cologne y el desafío de la tribu.
-Shampoo…- El artista marcial la tomó por los hombros y la separó de su cuerpo – nos enteramos de lo de Cologne…
-Sabíamos que ocurriría algo así. El no cumplir con palabra de amazona significa muerte en nuestra tribu. Por culpa de Shampoo, abuela pagó con su vida…
-No es todo tu culpa, creí que al vencerlas en esa ocasión todo había quedado claro, pero me equivoqué…
-Tu huir con chica Tendo, que extranjero llegue a tribu y nos deshonre…debías haber quedado con Shampoo, Airen…mala suerte en tu vida llegar por tomar malas decisiones
-Te equivocas, es todo lo contrario…
Ante la sinceridad de Ranma, la amazona se aproximó a él y lo golpeó fuertemente en su mejilla, con lágrimas de odio en su rostro.
-Por culpa de chica violenta, por culpa de Airen, abuelita no estar. Por no tomar en serio a Shampoo y a mi tribu, ahora deber pagar caro.
Aceptando el golpe sin reclamar, Ranma cerró sus ojos y dio un gran respiro. La conocía mejor que nadie, sabía que su mirada dejaba ver sus planes de venganza basados en odio y tenía todo el derecho de estar enojada con él. Pero no expondría a su familia.
-Dime qué tengo que hacer…
-¿Qué?
-¡¿Qué mierda quieres que haga?!
Shampoo sonrío. Había caído, finalmente Ranma Saotome estaba en sus manos.
-Las ancianas de la tribu nos darán una última oportunidad, siempre y cuando… – al escucharla el azabache frunció el ceño. Ya sabía a qué se refería.
-Estás loca. No lo haré Shampoo, no los dejaré.
-Acaso…¿Airen querer ver ver sangre? Ya escuchaste, ellas venir a cumplir con beso de la muerte. Nunca dan su brazo a torcer.
-Primero deberán pasar por encima de mi cadáver…no dejaré que le hagan daño – Ranma apretó su mandíbula con furia.
-Debes tomar una decisión. Airen presentarse ante consejo y regresar a China con Shampoo. Si cumples palabra, dejar a Akane Tendo en paz – la muchacha de cabellos lila caminó por delante del artista marcial llegando hasta las puertas del dojo, con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
-Es Saotome…- respondió Ranma entre dientes. Shampoo al escucharlo apretó sus puños.
-¿Qué dijiste?
-Es Akane Saotome.
La mujer giró su cuerpo y lo observó con resentimiento. Hasta en los últimos momentos debía humillarla.
-No tienes opción Airen, debes protegerla – la amazona le dio una amplia sonrisa, tratando de ocultar su ira frente a él.
Ranma levantó su mirada, giró su cuerpo y se dirigió hacia ella con decisión. Frente a frente la tomó de las manos y sus ojos azul grisáceos se apoderaron de los de la amazona. Shampoo sintió como su corazón comenzó a acelerarse. Aquel hombre seguía produciendo los mismos estragos que cuando lo conoció. Ilusamente se esperanzó. Estaban cercanos, pudiendo sentir la cálida respiración del hombre en sus labios.
-Solo quiero que te quede algo claro…nunca ocuparás su lugar. Vámonos de acá.
Con fuerza y sin soltar su muñeca, Ranma sacó a Shampoo del dojo. La muchacha en silencio siguió sus pasos, aumentando ambos la velocidad para perderse en la oscuridad de la noche.
Desde el corredor, unos brillantes ojos avellanos observaban la escena. Su padre sosteniendo las manos de otra mujer que no era su madre. Aún le dolía su cabeza, aunque no lograba recordar nada de lo ocurrido durante ese día, la imagen que tenía enfrente nunca sería borrada de su memoria. Ellos se fueron juntos. Él los había abandonado. Apretando sus manos con furia, golpeó el suelo del corredor dejando una pequeña marca de sangre en sus nudillos ¿Cómo se había atrevido a dejarlos? Era un mentiroso…un hombre sin honor. Un grito ahogado salía desde su interior. Una verdad que debía ocultar, no podría destrozar el corazón de su madre de esa forma, él no lo haría…
En silencio, con las marcas de lágrimas en sus mejillas, Naoto Saotome prometió que nunca olvidaría ese día. Su padre había muerto para él. Por haber destruido su familia.
A la mañana siguiente todo fue silencio. La luz del amanecer anunció la partida del artista marcial. Aquel desayuno no fue disfrutado por nadie. Naoto observó el rostro de su madre, sonriente, radiante mientras trataba de quebrar el frío ambiente, conversaba con su abuela Nodoka y tia Kasumi…no podía entender cómo era capaz de creerle, de lidiar con su decisión.
Akane explicó a todos que Ranma se había ido por un entrenamiento especial y que pronto volvería, no quería preocuparlos, menos a su pequeño. La llegada de la tribu amazonas quedaría solo en su memoria. Era su deber continuar sin él, cuidar del dojo y acompañar con fuerza y amor a Naoto. Le prometió que regresaría y confiaba en él más que a nadie en este mundo. Decidió que seguiría sonriendo, que nada ni nadie la quebraría.
Naoto observó de soslayo a su madre. Molesto por su actitud, dejó su tazón a medio comer y subió a su habitación. Silencio. Desde ese momento había decidido alejarse de todo que lo involucrara con su padre. Tomó su karategi y con rabia lo arrojó al basurero.
-No te perdonaré, nunca lo haré…
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Me gustaba la calidez de su cuerpo, el roce de sus manos, el cosquilleo de sus cabellos en mi rostro al despertar, como fruncía su mirada cuando algo le molestaba o se hacía la sentida conmigo para recibir alguna sorpresa de mi parte. Me enamoraba cuando trataba de defender su punto de vista hasta el final, lo tozuda y testaruda que era, pero más cuando rompía la barrera de su orgullo y silenciosamente se acercaba a mi espalda en señal de disculpa. Me enamoré de ella, completamente y como un bobo. Como nunca creí lograr hacerlo, como nunca pensé que yo, Ranma Saotome lo haría. Fue ella quien logró cambiarme, quien me aceptó como era, quien no me presionó y siempre estuvo allí, para mí, para nosotros, para luchar por nosotros. No podía arriesgarla. Ella era la base de nuestra familia, la base de mi fuerza y de mi ímpetu. Porque se convirtió en la razón de cada batalla que debía ganar, porque al abrir aquellas pesadas puertas y ver su rostro sonreírme cada vez que llegaba tras un combate, me volvían las energías, me volvía la seguridad y podía dar cuenta que, sí, había hecho un buen trabajo. Solo lo sabía hasta que ella me daba un abrazo de recompensa. No podía dejar que Akane pagara por mi error. No la arriesgaría, porque si una parte de mí debía continuar, era ella. La mejor parte de mi vida.
En el suelo del salón, con sangre proveniente de su interior y totalmente malherido, Ranma Saotome apenas mantenía su respiración. En una de las esquinas de la habitación, Shampoo gritaba a las 4 ancianas del consejo que se detuvieran. Que lo perdonaran y tomaran su vida a cambio. Lágrimas furiosas salían de sus ojos.
-¡Por favor! ¡Detener!
-No desperdicies tus lágrimas, Shampoo. No morirá - la anciana dragón, mantenía dentro de un cofre transparente con detalles de oro en sus manos un corazón rojo vivo que latía con intensidad- prefirió entregar su vida, su alma, sus recuerdos, antes de traicionarla. Es sin duda un gran artista marcial.
El azabache temblaba en el suelo, mientras trataba de levantarse sin tener buenos resultados. Su mirada estaba perdida, solo era un cuerpo vacío.
-Desde hoy Ranma Saotome ha muerto. Un cuerpo humano sin alma, es solo un muñeco. Dejen que sane sus heridas y luego, abandónelo a su suerte- proclamo la anciana tigre, tras apagar su pipa.
Finalmente los ojos del azabache se cerraron, sin antes dar una última agonizante sonrisa.
Si lograse odiarme, sería todo más fácil. Soy un cobarde porque no fui capaz de verla por última vez, cobarde porque no era capaz de verla llorar, ni verla sufrir por mí, por lo que perdimos, por lo que empezamos a construir juntos y lo que terminará de hacer sola. Debía salir de sus vidas y nada malo les ocurriría. Soy peor que mi padre…soy el cobarde número uno, finalmente me convertí en aquello que siempre odié. Quebré mi promesa…
Akane…dame solo unos minutos más...
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Hola! Tanto tiempo sin pasar por fanfiction, las vacaciones no vacaciones me consumieron.
Bueno qué decir sobre este fanfic. Primero que es antecesor al capítulo 5 de "Tiempo Extra". Segundo que tanto los capítulos 4, 5 y 6 son de este mismo universo-tiempo. Tercero, se viene tercera y cuarta parte ¡Esto no ha terminado!
Muchas gracias a quienes han leído Tiempo Extra, dejan sus comentarios, visitas y me dan amor. Disculpen lo extenso del fic, pero no podía separarlo en dos capítulos, no tenía mucho sentido. Fue intenso, hasta con su escena lemon…pero había que retratar a Ranma en todas sus facetas, padre y buen esposo. Para que a Nodoka le quedara claro que hacía un buen trabajo hahaha.
La última frase de Ranma es con la que inicia este fic...
Quedo super atenta a sus comentarios! De hecho FlynnChan me dio la idea, espero y haya cumplido sus expectativas. Un abrazo a todos y matta ne!
