Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Parachute
By: KitsuShel
Traducción: luzalejatb
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 1
23 de septiembre de 2005
—¡Bells! ¡Hora de moverse, niña, o llegarás tarde!
Gimiendo, Bella Swan se dio la vuelta y echó un vistazo por debajo de las sábanas a su reloj en la mesita de noche. [7:38]
—¡Mierda, mierda, mierda! —gritó saltando de la cama—. Estúpida alarma. ¡Argggh, voy a llegar tarde!
Apresuradamente, agarró unos jeans, una camiseta de los Rolling Stones raída y ropa interior limpia de su cajón, antes de precipitarse fuera de su habitación para ir al baño. Su padre, Charlie, estaba apoyado contra la pared entre las dos habitaciones con una sonrisa en su rostro.
—¿Te quedaste dormida, mi niña?
Bella gruñó y cerró la puerta del baño con un resoplido. Después de cambiarse rápidamente y cepillarse los dientes, respiró hondo y miró al espejo mientras se cepillaba el cabello largo y castaño. Sus ojos eran redondos, grandes y de color chocolate. Su piel era pálida y su sonrisa podía iluminar una habitación, aunque ella pensaba que era bastante sencilla. Poniendo su cabello en una cola de caballo, se precipitó hacia su habitación para agarrar su mochila.
Charlie se paró en la cocina de color amarillo pálido y aseguró la tapa del termo de su hija, que ahora estaba lleno de chocolate caliente, su bebida favorita de la mañana. Salió al pasillo justo cuando ella bajaba las escaleras. Ella sonrió y lo abrazó.
—¡Gracias, papá, eres un salvavidas!
Charlie se sonrojó ligeramente y se rascó la nuca mientras la acompañaba a la puerta principal.
—Asegúrate de saludar a Alice y a Angela de mi parte.
Alice Brandon y Angela Weber eran las dos mejores amigas de Bella. Las tres fueron a la escuela secundaria de Forks juntas y decidieron tomar algunas clases en la Universidad de Port Angeles durante dos años antes de trasladarse a la Universidad de Washington. La madre de Angela falleció el año pasado, dejando al señor Weber y a Angela a cargo de sus hermanos gemelos de once años. Angela se sentía mejor esperando a que los chicos empezaran la escuela secundaria antes de transferirse al campus de UW en Seattle. Bella y Alice habían decidido seguir los pasos de su mejor amiga y permanecer cerca de casa un poco más.
Entrando de un salto a su vieja Chevy destartalada, que había sido un regalo por su cumpleaños número dieciséis de parte de Charlie, Bella se dirigió hacia Port Angeles. Si pudiera presionar a Bessie para ir al límite de velocidad, podría llegar a clase a tiempo.
Casi cuatro horas más tarde, Bella salió del edificio de Bellas Artes. Una hora y media para llegar allí y una clase de Periodismo de dos horas, hicieron que Bella estuviera malhumorada y hambrienta. Por suerte, se iba a encontrar con las chicas a pocas cuadras de distancia en un pequeño café, llamado irónicamente Brunch. Caminando enérgicamente las tres cuadras al café, Bella sacó su celular para revisar sus mensajes. Dos llamadas perdidas, una de Alice y otra de su novio, Jacob. Ella y Jake habían sido amigos desde que eran niños y cayeron en una relación fácil. Era más como salir con un mejor amigo que con un novio. Sin embargo, no era por falta de interés de meterse en sus pantalones por parte de Jake. Ella no estaba segura si ese era un paso que quería tomar con él. Alice le decía de todo para que perdiera su virginidad y se convirtiera en una "adulta". Angela era el completo opuesto, defendiendo su decisión de esperar a la persona adecuada.
Se volvió a guardar el celular en el bolsillo mientras abría la puerta de la cafetería, decidiendo que lo llamaría más tarde. Hizo un gesto con la mano a Jodie en el mostrador y se acercó a su mesa habitual junto a la ventana. Angela y Alice ya estaban allí esperando. Dejando caer la mochila en el suelo, se deslizó en la silla con un suspiro.
—Uf, odio la escuela, ¿por qué me inscribí nuevamente en una clase de las nueve de la mañana? —gimió, mientras apoyaba la cabeza sobre los brazos en la mesa.
Alice rio entre dientes.
—¿Porque necesitas los créditos? —habló Angela. El estómago de Bella gruñó y su camarero se acercó, justo a tiempo.
—¿Les traigo lo de siempre, señoritas? —dijo arrastrando las palabras una voz profunda y ligeramente sureña. Bella miró hacia arriba y le sonrió sin ganas a Jasper, que trabajaba allí medio tiempo mientras iba a la escuela de leyes. También era el novio de Alice.
—¡Sí, por favor, Jazz! —Bella le sonrió. Jasper era alto, de un metro noventa aproximadamente, con un pelo ligeramente desordenado de color miel, que se enrollaba alrededor de sus orejas, y brillantes ojos azules, era un hombre amable, con un comportamiento tranquilo y relajado. Él complementaba la personalidad hiperactiva de Alice. Cualquiera podía sentir el amor irradiar de los dos cada vez que estaban cerca el uno del otro. Bella estaba completamente asombrada por su relación y tal vez sentía un poco de celos. Ella nunca le diría a Alice, pero ella y Jasper eran una de las principales razones por las que ella no podía acostarse con Jake, estaba absolutamente segura de que no lo amaba, sólo lo quería como un amigo, así que quería entregarse a alguien que la amara y la tratara como Jasper trataba a Alice. Cuando era una niña, sus padres discutían constantemente hasta que su madre se levantó y los abandonó cuando Bella tenía diez años. Renée Swan había sido un poco inestable y tenía un espíritu libre, pero nadie esperaba que abandonara a su niña y nunca mirara atrás. Eso fue hacía casi nueve años y nadie había oído hablar de Renée desde entonces, con excepción de las postales ocasionales que le enviaba a Bella. Por lo general eran postales de lugares de todo el mundo, desde lugares exóticos a pequeñas ciudades.
—¡Estoy tan feliz de que hoy sea viernes! ¿Qué haremos este fin de semana, damas? —chilló Alice, mientras Jasper se alejaba para tomar el pedido de siempre de ellas.
Angela sonrió y sacudió la cabeza, ya sabiendo que iba a aceptar lo que fuera que Alice sugiriera. Bella se mordió el labio inferior ligeramente, pensando.
—Voy a cenar con mi padre y Sue el domingo por la noche —respondió Bella—. Creo que finalmente van a decirme que él le propuso matrimonio y que ella se va a mudar.
Bella sacudió la cabeza y sonrió. Ellos pensaban que estaban siendo muy discretos, pero el hijo de Sue, Seth, el mejor amigo de Jacob, ya le había contado todo a principios de la semana. Sue era una mujer dulce y bondadosa que vivía en la Reserva Quileute no muy lejos de Forks. Su marido, Harry, había sido uno de los mejores amigos de Charlie por más de diez años antes de fallecer hacía unos cinco años. Tuvieron dos hijos, Seth, que tenía dieciséis años, y Leah, que tenía la edad de Bella, diecinueve. Seth era adorable y heredó claramente la dulce disposición de su madre. Leah, por el contrario, era infeliz la mayor parte del tiempo y se comportaba resentida con la relación de su madre con el padre de Bella.
—Oooh, espero que me dejen ayudar con la planeación de la boda —chilló Alice y aplaudió. Angela rio suavemente ante la emoción de su amiga. Alice siempre estaba emocionada por cualquier motivo para hacer una fiesta—. ¿Por qué no vamos a Seattle mañana por la mañana y hacemos algunas compras para la ocasión especial? —sugirió Alice. Bella resopló.
—¿Como si necesitaras alguna razón para ir de compras? —preguntó a su emocionada amiga. Alice tuvo la decencia de sonreír con algo de timidez.
—Totalmente de acuerdo —intervino Angela—. Hay un libro que he estado pensando en comprar desde hace un tiempo y un viaje a la ciudad sería bueno.
Bella asintió con la cabeza. Todas habían trabajado demasiado en las últimas semanas, preparándose para los exámenes finales. Merecían un descanso. Lo más probable era que Jasper y Jacob trabajaran todo el fin de semana, como de costumbre, por lo que sería bueno tener una salida de chicas.
—Suena como un plan. Ahora, vamos a pasar el resto de las clases del día antes de que nos emocionemos demasiado sobre el fin de semana. —Bella le guiñó un ojo a sus amigas.
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A principios de la tarde siguiente, Bella fue empujada a un probador de ropa por su amiga bajita y mandona.
—Alice —se quejó—, es sólo una cena con mi papá y su novia. ¿Por qué necesito un traje nuevo?, sabes cuánto odio este tipo de mierda.
Angela se echó a reír en la silla donde estaba examinando el libro que había comprado antes.
—¡Oh, Bells! —exclamó Alice—. ¿Qué voy a hacer contigo? ¡Recuerda mis palabras, un día te voy a hacer una compradora!
—Buena suerte con eso, has estado intentando durante los últimos cinco años y todavía no has logrado nada —dijo Bella riendo.
Bella agarró el diminuto vestido negro sin tirantes que Alice le había dado.
—Sabes, Allie, si me pongo esto mañana, Charlie tendrá un ataque al corazón.
—Es verdad, pero eso no significa que no puedas probártelo y quizás guardarlo para después. Cada chica debe tener un pequeño vestido negro.
—Alice —suspiró Bella—, cariño, creo que esto calificaría como un pañuelo en mí.
De repente, su conversación fue interrumpida por un sonido agudo. Sacando la cabeza del vestuario, Bella vio a una niña de alrededor de siete años que se aferraba a un estante de vestidos, negándose a soltarlo.
—¡No, no me quiero ir, quiero un vestido nuevo! —gritó a una mujer de aspecto cansado. La mujer rodó los ojos y sacudió a la niña por el brazo.
—Maldita sea, eres tan molesta, ¿por qué no puedes sentarte y callarte dos minutos mientras escojo algo? Realmente, no sé por qué demonios me molesto. —La mujer apartó a la niña del estante y la alejó fuera del alcance del oído.
Bella se volvió con los ojos muy abiertos y miró a sus amigas. Angela parecía molesta y Alice sacudía la cabeza.
—Esa es la razón por la que nunca tendré hijos —comentó Alice—. Son tan ruidosos y llorones.
Angela sacudió la cabeza.
—Un poco como tú, ¿eh? —Alice agarró la cosa más cercana a ella, que resultó ser un zapato, y se lo arrojó a Angela, riendo—. En serio —comentó Angela—, no es culpa de la niña que la madre no se moleste en escucharla y hablarle con suavidad. He manejado peores rabietas de los muchachos mucho mejor que eso. ¿Para qué tener un hijo si vas a ser malo o hablarle mal?
Bella suspiró, pensando en su propia madre. Recordó a Renée siendo dulce y amable, haciendo galletas con ella los fines de semana. Los recuerdos más prominentes que tenía de Renée eran de ella y Charlie gritando y discutiendo entre ellos. Después, Renée siempre sacaría su frustración con Bella golpeándola o ignorándola.
—A veces, la gente toma la decisión equivocada. Tener un niño para salvar una relación o por tener relaciones sexuales sin protección es común. En general, creo que las mujeres entran en la maternidad pensando que las cosas serán de una manera y luego se desilusionan cuando la realidad golpea. Algunas hacen su mejor esfuerzo, otras se convierten en perras frías o simplemente dejan a sus niños con el vecino y nunca vuelven.
Tanto Alice como Angela bajaron los ojos tristemente, sabiendo exactamente cuánto ese último comentario le llegó a Bella. Renée había hecho eso con Bella. Nadie sabía lo que la hizo elegir ese día para llevar a su hija tres puertas abajo y dejarla en la casa de Angela para que jugara y nunca más volver.
—Lo siento, Bells —habló Angela en voz baja. Bella se acercó a su amiga y la abrazó.
—No hay nada de qué lamentarse, Ange, fue una pregunta completamente válida, realmente es una mierda cuando algunas personas son malos padres, pero me alegro de que tu madre fuera impresionante. Realmente yo también la extraño.
Alice se unió al abrazo y limpió unas lágrimas de los ojos de sus chicas.
—¿Qué dicen si tomamos un descanso y almorzamos?
Bella y Angela sonrieron.
—¡La mejor idea del mundo, Allie!
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Tres horas más tarde, las chicas llevaban sus compras y regresaban al pequeño Acura de Angela. A dos cuadras del coche, Bella oyó un ruido. Parecía que alguien estaba llorando bajito. Pasaban por la entrada de un pequeño callejón y el sonido se hizo más fuerte.
—Chicas, esperen —dijo Bella mientras empezaba a entrar en el callejón. Alice alargó la mano y la agarró por el brazo, mirándola salvajemente.
—¿Te estás volviendo loca?, ¡podría haber un asesino allí esperando a cortarte o un animal salvaje que te coma!
—Alice, estamos en medio de Seattle, no hay animales salvajes vagando por ahí, confía en mí, soy hija de un policía, ¿recuerdas?, puedo cuidar de mí misma.
Alice se mostró escéptica y no soltó su brazo. Bella oyó un pequeño sollozo y sintió algo que la atrajo hacia ese callejón, como una cuerda invisible.
—Por favor, Allie, sólo tengo un presentimiento, necesito comprobarlo.
Alice soltó el brazo de Bella vacilante, todavía con cautela.
—¡Tienes cinco minutos, si no escucho nada de ti después de eso, entonces voy con armas de fuego! —gritó prácticamente Alice.
Bella sonrió reconfortando a sus amigas y caminó tranquilamente por el callejón. El llanto se había calmado un poco y ahora estaba entremezclado con resoplidos.
—¿Hola? —gritó ella—. ¿Estás herido? ¿Necesitas ayuda?
El silencio inmediatamente envolvió el pequeño lugar. Bella siguió caminando, esquivando la basura tirada en el suelo y las botellas rotas. Había grafitis a lo largo de la pared y un contenedor de basura que se apoyaba contra una pared al final del callejón. Junto a ella había una puerta desgastada que estaba sellada. En el pequeño espacio entre el basurero y la pared, una forma diminuta estaba enroscada en una bolita, temblando como una hoja. Sus cejas se fruncieron por la confusión. El cuerpo era demasiado pequeño para ser un adulto, pero ¿por qué un niño se escondería en un callejón sucio?
Ella extendió la mano y tocó suavemente el pelo sucio del niño. Su cabeza se levantó y ella se encontró mirando los ojos más verdes que había visto. La miraban fijamente, con miedo.
—Pp-por-favor, no me hagas daño —pidió una voz, apenas por encima de un susurro. Bella sintió que su corazón se le rompía y las lágrimas le picaban en los ojos.
—No voy a lastimarte, cariño —dijo ella con toda la calma y suavidad que pudo—. Quiero ayudarte, ¿estás herido?, ¿dónde están tus padres?
El niño empezó a llorar de nuevo y se arrojó en sus brazos. Bella se sobresaltó y cayó sobre su espalda. Ella envolvió sus brazos alrededor del chico y sintió que algo ardía en su pecho. En ese instante, sintió que algo cambiaba. Entonces, en ese momento, ella supo que nada le impediría ayudar a este pequeño. Le pasó los dedos por el cabello duro y se preguntó de nuevo cómo un niño tan pequeño podría estar solo así. Tanto su ropa como su cabello estaban cubiertos de barro y olía a orina y vómito.
Cuando el chico se calmó un poco, Bella trató de hacerle preguntas de nuevo.
—Oye, pequeñito, no voy a hacerte daño, quiero ayudarte, ¿puedes decirme tu nombre al menos?
—Ja-ack.
—Bueno, Jack, mi nombre es Bella, ¿estás herido, cariño?
—N-n-no, pero yo hambee. —La declaración del muchacho estuvo marcada por un fuerte gruñido de su estómago. Bella empezó a moverse para ponerse de pie y Jack apretó su agarre en su cuello.
—Ssshh, no te preocupes, pequeñito, no te voy a dejar ir. Vamos a salir de este suelo sucio e ir a donde están mis amigas fuera de este callejón. Entonces iremos a buscar algo de comer, ¿de acuerdo?
—Sí, por favor —dijo. Bella se preguntó una vez más dónde estaban sus padres. El chico estaba aterrorizado, pero era educado, así que tenía que tener una familia decente en algún lugar, pero entonces, ¿dónde diablos estaban?
—De acuerdo, entonces esa es nuestra primera parada. Jack, ¿sabes cuántos años tienes?
Levantó tres dedos.
—¿Tienes tres años, bebé? —preguntó para confirmar. Él asintió.
—De acuerdo, ¿sabes dónde están tus padres, cariño?
—Yo... no sé. —Empezó a sollozar de nuevo. Bella le frotó la espalda consolándolo mientras salía a la acera.
Angela y Alice parecían sorprendidas al ver a Bella salir del callejón llevando a un niño pequeño con ropa sucia.
—Bella, ¿qué está pasando? —preguntó Alice. Bella se encogió de hombros.
—No lo sé, Allie, su nombre es Jack y está hambriento y solo... Vamos a traerle algo de comer y llamaré a mi papá... Angie, ¿por qué no llevas nuestras bolsas al auto? Allie, ¿crees que puedes correr de nuevo a una de las tiendas y agarrarle algo de ropa para que se cambie? Vamos al McDonald's que queda al final de la calle y ver cómo lo limpiamos un poco.
Las chicas asintieron con la cabeza.
—Bells, asegúrate de tomar algunas fotos con tu celular, por si acaso las necesitamos como evidencia o algo así.
—Estaba pensando lo mismo —dijo Bella mientras asentía. Quienquiera que fuera responsable de lastimar a este pequeño niño tendría que ser una verdadera mierda. No era una persona violenta, pero estaba teniendo algunos pensamientos bastante malévolos en ese momento.
Un par de minutos más tarde, después de limpiarlo un poco en el baño del restaurante, las chicas habían puesto a Jack en un asiento para niños mientras atacaba vorazmente un montón de nuggets de pollo. Los ojos de Bella empezaron a derramar lágrimas una vez más mientras marcaba el número de Charlie en su teléfono celular.
—Hola, nena, ¿cómo van tus compras? —preguntó amablemente. Ella soltó un suspiro acuoso y Charlie inmediatamente supo que algo estaba mal.
—Papi, necesito tu ayuda.
¡Hola, hola¡
Acá estamos con el primer capítulo y volvimos al comienzo... ¿Qué creen que pasará ahora que Bella encontró a Jack? ¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
¡No se olviden de contarnos qué les ha parecido el capítulo en los comentarios! Siempre nos hacer felices y nos animan a seguir ;)
¡Hasta el próximo capítulo!
