¡Hola gente! Gracias a las palabras de apoyo de algunas personas, y mis conversaciones con la linda leslietendo, decidí continuar este fic. Por cierto, no soy muy buena narrando mucho detalle para una novela, así que mis disculpas si alguien esperaba algo así, más bien esto será una serie de one-shots conectados en el mismo universo. Espero no les moleste, aquí va el capítulo.
Lo observó salir de la sala lo más discretamente posible, no intentó detenerlo. Yoh no era una persona violenta, pero por más pacífico que fuera no podía evitar emociones negativas como la ira, Ren estaba seguro que eso era exactamente lo que su amigo estaba sintiendo. Había dejado a su esposa embarazada a cargo del personal de Funbari, y aunque no podían haber prevenido la revuelta, era imperdonable que se hubieran separado de ella y el bebé. Yoh no lo había dicho, por el contrario, había mencionado su felicidad por que Ryu y Tamao hubieran escapado con vida, pero habiendo visto el despliegue de emociones del castaño cuando descubrió el rosario de su esposa entre los restos de la mansión, Ren no tenía duda de sus verdaderos sentimientos.
La culpa de ambos sobrevivientes era clara, Tamao no podía mirar a nadie a los ojos y Ryu hasta había ofrecido su cabeza para pagar por el error. Si algo así hubiese ocurrido en su territorio, Ren estaba seguro que ninguno de los dos hubiera tenido la oportunidad de ofrecerse, su padre los hubiera mandado a matar a ambos ni bien hubieran terminado de reportar lo que había ocurrido. Sin embargo, las cosas eran distintas ahí, los sirvientes eran más amigos y familia que verdaderos criados, ninguno de los Asakura había ordenado represalia ni lo iba a hacer. Por el contrario, habían atendido sus heridas y esperaban a su recupero antes de que se reintegren a su servicio.
No por primera vez desde que su amigo le había demostrado lo errado del estilo de vida violento en el que había crecido, Ren se preguntó si el sistema en el que Yoh mismo estaba inmerso no tendría problemas similarmente grandes. ¿A dónde iban todas las emociones en ese lugar? ¿Dónde podía el castaño liberar sus demonios si no estaba dispuesto a hacerlo frente a los culpables? Apretó los puños en desagrado, tenía la impresión de que sabía la respuesta, pero esta no ayudaba en nada mientras siguiera desaparecida. Tenían que encontrar a esa mujer de una vez.
Dejó su cabeza caer contra la puerta recién cerrada y soltó un suspiro. Llevaba días fingiendo su sonrisa, pretendiendo que estaba lo suficientemente bien como para pensar con claridad, pero sinceramente ya no podía más. De todas las cosas que había esperado encontrar, la verdad era de alguna forma más aterradora. No podía enfrentarla en medio de todos.
Estaba siendo injusto, lo sabía, pero no podía evitar sentirse traicionado. Tamao y Ryu eran prácticamente familia, pero una gran parte de él estaba furioso con ellos por haber regresado hasta Izumo sin Anna y Hana. O Manta. Se llevó las manos a la cabeza. ¿Qué clase de mejor amigo era que recién se ponía a pensar en Manta? ¿Estaba mal que desease que estuvieran juntos únicamente por la seguridad de ella?
Bufó y lloriqueó en un único gesto. Quería gritar. ¿Qué haría si no estaban juntos? Anna era resiliente, pero ya iban tres semanas del incendio y llevaba consigo un bebé ―no iba a considerar que Hana no estuviese con ella, la conocía demasiado bien y sólo había una razón para eso, algo que no pensaba enfrentar ni siquiera en su cabeza―, solo había tanto que una persona podía hacer sola y sin recursos, especialmente sin su rosario.
Trató de tragar lo que sea que se acababa de atorar en su garganta, pero solo sintió que se quemaba. ¿Cómo era que Anna hacía esto? ¿Tenerle confianza con su vida? Él podía creer en que ella jamás lo abandonaría, que siempre le brindaría su apoyo y su sabiduría, incluso que podría protegerse a sí misma en una batalla uno contra uno. ¿Pero en esas circunstancias? No podía, simplemente no podía imaginar que se encontrara bien. Y ella lo había dejado irse al frente de una campaña contra el mismísimo causante de la guerra. No por primera vez admitió que ella era la más fuerte de los dos y lo elevaba cuando le permitía estar a su lado.
Inspiró profundo y conjuró en su mente su imagen. La conocía a la perfección, podía recrear cada detalle de su cuerpo, su rostro, hasta el ángulo con el que extendía su mano para acariciar su mejilla en una silenciosa llamada para que descargue en ella las emociones que ocultaba al mundo. Lo extrañaba, ese ritual y su recuerdo le habían permitido sobrevivir las peores tormentas, reales y metafóricas. Quería obtener la fuerza que ella le brindaba cada que hacía eso. En ese instante, sin embargo, recordarlo solo hizo que finalmente perdiera el control y se desplomase a llorar.
Necesitaba paz, solo un segundo de claridad para recuperar su compostura, pero no existía tal cosa en su mente. Sus emociones no eran apaciguadas por tan solo dejar caer las amargas lágrimas. El terror por el destino incierto de su familia, la rabia hacia sus propios amigos, el odio hacia sí mismo por no regresar a tiempo, aunque lo intentaba no podía dejarlos ir. Era un maremoto estancado en su corazón, chocaba contra las paredes y reiniciaba con más fuerza. Finalmente, de cansancio se durmió, cayendo en la obscuridad de los sueños como el marinero que se ahoga tras tormenta en el mar.
Bueno eso fue el capítulo, ojalá les haya gustado. No puedo prometer cuán larga será la historia, pero sí que se vienen al menos dos capítulos más, así que nadie desespere. Nos leemos en el próximo capítulo.
