¡Hola de nuevo! Regreso con otro capítulo de esta historia. Hago un agradecimiento especial a leslietendo porque una parte importante de este capítulo (y la historia) salió de una idea suya. Y bueno, los dejo con el fic. ¡Espero que les guste!


Extendió su brazo en dirección a los invasores y, murmurando un conjuro, sacudió su rosario. No pausó a verificar la aparición de sus guardianes, su indicación había sido clara, repeler a los intrusos, Zenki y Goki no le fallarían. En vez de eso, se dirigió inmediatamente a la habitación de Hana.

Soltó un grito ahogado al ver una figura desconocida a pasos de la cuna. No tuvo tiempo de pensar en un hechizo, dejó que su magia pura arrebatara contra la amenaza. Un error. Logró empujar al hombre contra la pared de un golpe, dejándolo inconsciente, pero la intensidad de sus emociones era demasiado alta, pese a la ayuda del rosario para expulsar su magia, sintió la repercusión de su impulsividad vibrar por todo su cuerpo.

Perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse contra el marco de la puerta para no caer al suelo. Escuchó el llanto de Hana, pero por eternos segundos su cuerpo no le respondió. Pese a las llamas, la sangre se le heló. Su pobre pequeño no entendía qué pasaba, solo tosía, lloriqueaba y pataleaba, aterrado del extraño e incómodo ambiente. Necesitaba sacarlo inmediatamente.

Apretó los dientes y se levantó. Recuperada de la temporal parálisis, avanzó hasta la cuna. Soltó el rosario para poder recoger correctamente al bebé y envolverlo en su manta. Reconociendo otra presencia, Hana intentó agarrarse a ella. Anna también se aferró con fuerza a él. Su distracción fue su segundo error.


En definitiva, el terror era una gran motivación. Cuando Manta reconoció que estaban siendo atacados, corrió a buscar a Anna. Su primer instinto fue ir al cuarto del bebé, supo que estaba en lo correcto cuando vio a Zenki y Goki cerca, así que siguió su camino. Al llegar, encontró a uno de los atacantes encima de Anna, cuchillo ensangrentado aún en mano y dispuesto a terminar lo que había iniciado. Solo la desesperación por su amiga le pudo permitir abalanzarse sobre el intruso con suficiente fuerza para hacerlo caer y luego golpearlo hasta que se desmayó.

Al levantarse, volteó a la mujer y reconoció inmediatamente lo que debía hacer. Anna estaba herida, su hombro sangraba y tambaleaba con solo levantarse, Hana estaba llorando y tosiendo por partes iguales, no podían esperar a que Tamao o Ryu aparecieran para irse. Haciendo acopio de toda su fuerza, agarró a Anna de la cintura, le pidió que asegure su agarre del bebé y básicamente los arrastró a todos fuera del infierno en que la mansión de Funbari se había convertido, solo parando a recoger el cuchillo con que Anna había sido herida, por si acaso.

El aire caliente y las cenizas flotantes quemaban sus pulmones. El peso de la mujer y el bebé aplastaba su patéticamente pequeño cuerpo. Con solo una pizca menos de terror o determinación el hombre no hubiera llegado a sacarlos de entre las llamas, mucho menos adentrado en el bosque, ocultándolos lejos del camino principal.

Finalmente exhausto, sintió sus piernas flaquear, así que acomodó como pudo a la mujer contra una roca cercana, asegurando que el bebé no cayera de su agarre. Contemplaba su siguiente movimiento cuando un ruido llamó su atención. Pasos. Alguien se acercaba.

Rebuscó sus ropas por un arma, encontró el cuchillo que había recogido y agradeció su precaución. Sus manos temblaban mientras lo levantaba en posición defensiva, pero su agarre no aflojaba. Por los siguientes minutos, en la oscuridad de la noche, cada sonido se intensificó. El llanto y la tos del bebé, la respiración agitada de la madre, el latir de su propio corazón, el crujir de las hojas con cada paso de quien, no, quienes se acercaban.

Finalmente, dos figuras aparecieron. Arma en alto, Manta avanzó a emboscar al primer intruso, cercano a su estatura. Repentinamente, alguien lo detuvo. Giró para intentar atacar, pero al ver el rostro del segundo personaje pausó sin desearlo, pensamientos contradictorios interrumpiendo su actuar. La persona que lo había agarrado tenía la misma cara que su mejor amigo, pero no el porte o el aire de Yoh. Al recibir una mirada suya, finalmente reconoció de quién se trataba.

―Hao… ―Anna llamó el nombre del hombre. Cuando sus ojos se encontraron, ella sonrió satisfecha―. Yoh te convenció, ¿no?

El comentario sorprendió a Manta. ¿De dónde sacaba Anna eso? Y si Hao no estaba ahí para continuar con la guerra, ¿qué hacía en Funbari? ¿Y dónde estaba Yoh?

―¿Y tú qué sabes de eso?

―Nada, solo que no tienes intenciones de matarnos.

Sin esperar su respuesta, Anna se volteó hacia su bebé. El infante seguía tosiendo y llorando, y ningún intento de la madre por calmarlo ayudaba. Hao frunció el ceño. Después de un instante de consideración, soltó a Manta.

―Levántense ambos, nos vamos.

―Espera, ¿a dónde?

―Señor Hao, ¿los llevaremos allá?

―Así es, Opacho.

―Dije que―

―Está bien, Manta, podemos confiar en él por ahora.

―¿Estás segura?

―Donde sea es más seguro para Hana que acá.

El enano se tragó sus comentarios, en eso tenía razón. No tenía idea de qué estaba planeando Hao, pero si Anna lo seguiría, era su deber ir con ella. La ayudó a levantarse y juntos siguieron la silueta de quien, hasta hacía unos instantes, había sido su enemigo.


Y eso fue todo. Un gran contraste con el capítulo anterior, ¿no? Me pareció momento de dejar descansar a Yoh, así que finalmente vemos lo que pasó esa noche con Anna. Bueno, gracias por leer hasta acá. Nos vemos en el próximo capítulo.