¡Hola! Vengo a entregarles el cuarto capítulo de este fic. Disculpen que no sea tan largo como el anterior, igual espero disfruten la lectura.
"¿Dónde estás, Yoh?" Anna llamaba mentalmente a su esposo. Llevaba una semana en la cueva a la que Hao los había guiado a Manta, Hana y a ella después del ataque a la mansión de Funbari. Era evidente que no podían regresar a quedarse en el pueblo, al menos ella sería reconocida en un instante, y Hao fácilmente podía ser confundido por Yoh, así que no les quedaba otra que permanecer en la naturaleza. Si tan solo pudieran ir a Izumo… Ahí habría confianza de reencontrarse con su esposo. Pero no estaban en condiciones de hacer tal viaje.
Posó su mirada cansada en su cuñado, quien estaba parado frente a su bebé con una expresión de extrema concentración. Sus manos brillaban con magia sobre el delicado cuerpecito, a su lado Manta le daba indicaciones. Estaban tratando los pulmones de Hana, sus pequeñitos pulmones que habían sido dañados casi irreparablemente por los humos del incendio. Si Yoh no hubiera cambiado el corazón de Hao… Si Hao no fuera tan poderoso… Si Manta no hubiera estudiado medicina… Su hijo no seguiría con vida.
Cerró los ojos, no podía pensar así. Habían tenido suerte, Hana estaba recibiendo el tratamiento que necesitaba. El problema era que estaba tomando días y Manta no confiaba en movilizar al niño durante el periodo, preocupado de que contraiga otra enfermedad durante el trayecto y tuvieran que lidiar con ambos problemas al mismo tiempo. Además, el tratamiento también estaba teniendo sus repercusiones sobre Hao. El hombre estaba consumiendo cantidades considerables de magia y ejercitando un nivel de control extremadamente fino para proteger al niño de sobre exposición, no era sorpresa que terminara exhausto a nivel físico y mágico. Ese era el motivo por el que estuvieran estancados.
Necesitaba que terminaran con eso y empezaran el viaje pronto, sin embargo. Sintió una punzada de dolor y tragó un gruñido. Se sentía fatal, su herida se había infectado. Lo estaba manteniendo en secreto, tratando de curar la infección por su cuenta, pero su magia aún no se estabilizaba después de la idiotez que había cometido días previos, algo tan complejo estaba fuera de su alcance, especialmente sin una herramienta mágica de apoyo. No, a pesar de sus esfuerzos, después de iniciar el tratamiento no podía terminarlo, por lo que solo se volvía a enfermar. Su único consuelo es que al menos tenía suficiente energía para enmascarar los síntomas y hacer que no se notasen. El mayor problema era que la propia enfermedad impedía que su sistema mágico se recuperase para que finalmente curara la causa real, la herida aún abierta.
Necesitaba ayuda, pero dadas las circunstancias, no había nada que los demás pudieran hacer por ella. Por todos los conocimientos que Manta tuviera, no podía generar medicina de la nada y no tenía magia para curarla; Hao tampoco podía hacerlo, necesitaba mantener su energía para cuidar de Hana; ni mencionar a Opacho, ella era apenas más que una niña, no podía pedirle ayuda, aunque apenas la conociera era su responsabilidad cuidarla, no al revés. No valía la pena alertarlos de su situación, pero no cambiaba que le doliese como un infierno.
Inspiró hondo. Ni Hao ni Opacho podían leer su mente, cosa que fastidiaba e intrigaba al hombre, pero nadie en esa cueva era idiota, si se ponía a llorar lo notarían y tendría que dar respuestas, no estaba dispuesta a eso. Exhaló y agradeció que ya había ido a recoger comida, tenía excusa para estar echada sin hacer nada, que era lo único que podía hacer hasta que se le pasase la fiebre de nuevo.
Trató de distraerse, pero la primera idea que pasó por su cabeza solo le causó otro tipo de angustia. Tamao y Ryu. Esperaba que ese par estuviese bien. Cuando aceptó la oferta de Hao estaba demasiado preocupada por Hana para tenerlos en consideración, pero en esos instantes se daba cuenta de que no tenía idea de qué les había pasado. Demonios, ¿qué clase de maestra era que no podía cuidar la vida de sus criados? Ella era la jefa de su casa, debía proteger a todos, pero en vez de eso se había convertido en un lastre para Manta y una obligación para Hao.
Apretó los dientes. El mundo se le había caído de cabeza, necesitaba un soporte, pero no tenía idea de dónde estaba su centro de gravedad. Peor, tenía la horrible sensación de que corría contra reloj. Nuevamente hizo una llamada mental. "Yoh, ven de una vez."
Y eso fue el capítulo. ¿Comentarios? Por favor, no me maten por enfermar a Hana y Anna. Al menos el bebé está recibiendo su cura, eso cuenta a mi favor, ¿no? Gracias por leer. Nos vemos en el próximo capítulo.
