Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Parachute
By: KitsuShel
Traducción: Itzel Lightwood
Beta: Melina Aragón y Yanina Barboza
Capítulo 7
12 de agosto de 2009
Bella rio y sonrió mientras Jack cantaba al ritmo de Poker Face de Lady Gaga. Las estaciones que tenía en Forks eran una mierda, pero aquí en Port Angeles, sus opciones eran mucho mejor. Realmente estaba comenzando a arrepentirse de no haber traído su iPod para el viaje. Lo miró por el rabillo del ojo cuando dejó de cantar. Él la estaba mirando. Ella giró su cabeza hacia él por un momento, antes de enfocarse en la carretera frente a ella.
—¿Qué? —preguntó. Jack se estiró y bajó el volumen de la música antes de hablar.
—Sabes, ahora que tenemos mucho dinero, ¿por qué no te compras un auto nuevo? ¡Algo genial! —dijo con emoción. Bella sacudió la cabeza.
—¿Qué tiene de malo la Chevy? Es un clásico y nos lleva a donde necesitamos ir.
Jack rodó los ojos y bufó.
—Mamá, tengo siete y hasta yo sé que esa no es la definición de clásico.
Arqueó una ceja hacia su hijo.
—¿En serio? ¿Y qué tipo de auto crees que debemos tener?
—¡Un Porsche! ¡O una Hummer! O quizás un Ferrari. —Sus ojos se iluminaron de emoción.
—Espera un poco, pequeño. —Rio—. Tenemos cosas más importantes en las que enfocarnos por ahora.
Bella se estacionó frente a una pequeña casa de dos pisos en una calle llena de, por lo menos, una docena más de casas. Había niños jugando en las banquetas y personas mayores en los porches. En sí, el vecindario tenía una vibra completamente relajante y amigable. Jack miró a la pequeña casa y ladeó la cabeza.
—¿Quién vive aquí, ma? ¿Por qué estamos aquí?
Bella se mordió el labio inferior con suavidad y le dio una pequeña sonrisa.
—La vamos a ver para saber si quizás nos gustaría vivir aquí. Está a una caminata de diez minutos de tu escuela y mucho más cerca de la librería.
Jack se giró y la miró con confusión.
—¿Por qué tenemos que mudarnos? ¿No podemos seguir viviendo con el abuelo?
Bella se mordió el labio por un momento, tratando de descubrir cómo articular su respuesta.
—Jack, mudarnos aquí a Port Angeles será bueno para nosotros. Al abuelo y a Sue les gustará estar solos, además, ¿no sería lindo dormir una hora más cada mañana? Aún veremos a todos. El abuelo dijo que incluso te puedes quedar en su casa cada fin de semana si quieres.
Miró mientras Jack se quedaba viendo la casa con el ceño fruncido. Se estiró por su mano y la apretó con gentileza.
—Ven, al menos vamos adentro y echemos un vistazo, ¿sí? Nada tiene que decidirse hoy.
Jack asintió y comenzó a salir de la camioneta. Bella se reunió con él en el capo de la Chevy y se estiró para tomar su mano. Caminaron hacia el porche y la puerta principal. Bella metió la llave que el agente de bienes raíces le había dado cuando se reunieron ayer, y ella y Jack entraron. La casa se abrió en un pequeño vestíbulo con un armario a un lado, así como una mesita redonda. Bella podía imaginar entrar a la casa y arrojar las llaves en la mesa y colgar su abrigo en el armario. Caminaron hacia el pasillo y a su izquierda estaba la sala de estar, que era aproximadamente del mismo tamaño que la de Charlie. A la derecha estaba un pequeño comedor y un arco abierto que llevaba a la cocina, mucho más grande de lo que estaban acostumbrados. La habitación estaba decorada en tonos blanco y negro, los electrodomésticos que tenía eran de acero y lucían nuevos. Hacia un lado de la habitación había un rincón con una banca acolchonada y una mesa blanca, pequeña y redonda, con tres sillas. Detrás de la mesa había una puerta negra y de vidrio. Jack caminó hacia la puerta y miró hacia el patio de concreto y a la zona de pasto.
—Sé que el jardín es mucho más pequeño que el del abuelo, pero hay un gran parque de juegos tres calles hacia arriba. Además, me imaginé que te gustaría quedarte en Forks los fines de semana o en algún momento durante el verano —explicó, nerviosa por su reacción. Se había enamorado de esta casa desde la primera vez que había puesto un pie en ella. Esperaba con todo su corazón que él accediera a mudarse aquí. Necesitaba su aprobación porque de ninguna manera pensaría en forzarlo a mudarse a algún lugar en donde él no quisiera estar.
Jack se giró para mirarla con una mirada de contemplación en el rostro y asintió. Suspiró de alivio de que al menos lo estuviera pensando. Después de trabajar duro por los pasados cuatro años para darle un hogar amoroso y estable, Bella sabía que esto sería difícil, pero estaba dispuesta a luchar por ello. Tenía un as bajo la manga.
—¿Quieres echar un vistazo arriba? —preguntó, ladeando su cabeza en dirección a las escaleras. Estaban en medio del pasillo, en dirección hacia el vestíbulo. Jack asintió de nuevo y caminaron hacia el segundo piso.
—Hay tres habitaciones y dos baños aquí arriba —comenzó a explicar Bella. Cuando llegaron al final de las escaleras, ella señaló hacia las tres puertas de la izquierda.
»La habitación de en medio es el baño. Pensé que quizás podrías tomar una habitación y podríamos utilizar la otra como un estudio. Por allá a la derecha está la habitación principal. Tendré una habitación con baño privado, lo que significa que mi baño está dentro de la habitación.
Caminó hacia la habitación de la derecha y la abrió para que Jack pudiera entrar y mirar. La habitación estaba pintada de un color crema con decoraciones de madera oscura. Tenía sin problemas una cama tamaño queen size, un par de cajoneras, un armario enorme con un gran asiento en la ventana que fácilmente podrían ocupar dos personas. El baño tenía la misma gama de colores, tenía un inodoro, un gran lavabo y una bañera, así como una ducha con una puerta de cristal.
Los ojos de Jack se ensancharon y silbó.
—¡Amigo, es enorme aquí!
Bella sonrió, feliz de ver que su entusiasmo crecía. Salieron y giraron para checar las otras habitaciones. La primera habitación era simple, con una cama de tamaño completo, una cajonera y un pequeño escritorio. El baño era de la mitad del tamaño que el de la habitación principal, contando con lavabo, inodoro y ducha. Era casi del mismo tamaño que el baño en su hogar actual. Con solo una habitación más, Bella sabía que era momento de jugar su carta. Se paró frente a la habitación y se giró hacia él.
—Vi esta habitación y de inmediato pensé en ti. Honestamente creo que la amarás, pero si no, no te sientas mal en decírmelo, ¿de acuerdo?
Él asintió en acuerdo y giró el picaporte.
Cuando Jack entró en la última habitación del pasillo, sus ojos se iluminaron. Había dos ventanas de un tamaño considerable que daban al jardín. Una cama estaba en la esquina debajo de una de ellas. Una cajonera estaba junto a la cama y un pequeño escritorio estaba situado en la otra esquina de la habitación, frente a la otra ventana. Había repisas que rodeaban completamente la habitación de casi un metro ochenta de altura.
Él caminó hacia una de las repisas y se estiró para tocarla con reverencia. Bella había aprendido a adorar que el apetito de Jack por los libros fuera tan voraz como el suyo. Era una de las muchas cosas que la hacían sentir que de verdad era su hijo.
Jack caminó hacia la ventana del escritorio y miró. Se giró hacia ella con los ojos iluminados.
—¿Cuándo podemos mudarnos?
Bella sonrió de oreja a oreja.
—¿De verdad? ¿Te gusta?
Jack sonrió de vuelta hacia ella.
—La amo, mamá. Creo que será buena para nosotros —dijo mientras caminaba hacia ella y la abrazaba, enredando sus brazos alrededor de su cintura. Suspirando, pasó sus dedos por su cabello, que casi llegaba a su esternón a este punto. No podía creer lo rápido que estaba creciendo y cambiando, pero sabía que una parte de él siempre sería igual a aquel niño perdido que encontró años atrás.
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Con la ayuda de su familia y amigos, incluyendo a Seth y sus amigos, Quil y Embry, Bella y Jack finalmente se mudaron a su nueva casa la primera semana de septiembre. Alice se había encargado de la decoración y de avivar el lugar. Bella trató de moderarla, pero Alice era una fuerza que no podía ser controlada, especialmente cuando sentía que tenía una deuda que pagar.
Ella y Jasper habían decidido suspender los planes de boda hasta que ambos estuvieran más seguros financiera y profesionalmente. Jasper lo logró muy rápidamente, pero Alice había tenido problemas al financiar sus planes de abrir su propia tienda. Seis meses atrás, después de que Bella había depositado otro gran cheque por las ventas de sus libros, le comentó a Alice acerca de convertirse en inversionista en su empresa. Al principio, Alice se negó, diciendo que quería hacerlo todo ella misma. Eventualmente accedió cuando Bella le dijo que pedirle prestado a ella era lo mismo que pedirle al banco, excepto que Allie no tendría que pagar intereses.
Al final, quedó decidido que Bella se convertiría en dueña parcial del negocio y que Alice diseñaría y añadiría a los armarios de Bella y Jack lo que ella considerara. Alice se adelantó y nombró la tienda "Bella Cuore" sin avisarle a Bella. Literalmente se traducía como "Corazón Hermoso" en italiano y ella lo veía como un adecuado homenaje a su mejor amiga, quien tenía el corazón más hermoso con el que ella se había cruzado. La tienda abrió a finales de agosto y había sorprendido a todos. Tan solo a las dos semanas tuvieron que contratar una asistente para Alice, sin contar a las dos chicas que originalmente habían contratado como auxiliares de ventas. Planeaban estar demasiado ocupadas en la temporada navideña, así que Alice y Jasper planeaban tener una ceremonia pequeña el día de San Valentín.
Alice le pidió a Bella que fuera su dama de honor y a Jack que llevara los anillos. Dado que su padre había muerto cuando era una niña, Alice incluso le había pedido a Charlie que la entregara en el altar y él aceptó sin dudar. Esta boda era una de esas pocas ocasiones en las que Bella había usado su estatus de semi-celebridad para lograr que la gente la ayudara. Fue capaz de convencer y pagar de más para que la recepción de la boda pudiera llevarse a cabo en el Hotel Fairmount Olympic. Era casi imposible dado que era San Valentín y un gran día para bodas, pero Bella fue capaz de lograrlo. Se casarían en una pequeña iglesia y luego todos se encontrarían en el hotel para la recepción. Incluso había organizado que unas habitaciones estuvieran disponibles para los invitados que vinieran desde fuera de la ciudad.
Bella se encargaría de la tienda mientras Alice estuviera en su luna de miel. No sería un problema dado que ella estaría trabajando de a ratos durante la semana mientras Jack estuviera en la escuela. Otro gran cambio era que Bella también compró la pequeña librería a la señora Dabney, quien estaba feliz de vendérsela a alguien que la amaba tanto como ella lo había hecho durante todos esos años. Ella y su fallecido esposo habían abierto la tienda en 1971 y ahora ella se retiraría y disfrutaría de sus nietos. El plan de Bella era remodelar la tienda y convertir el edificio de al lado en una cafetería adjunta. Ella podría dejar a Jack en la escuela y luego revisar el trabajo en la librería. Luego pasaría tiempo con Alice en B.C. (su apodo para Bella Cuore) o escribiría. Recogería a Jack de la escuela y luego irían a casa para preparar la cena, juntos, harían su tarea antes de pasar el rato, ver una película o jugar un videojuego.
Mientras el año escolar progresaba, Jack comenzó a hacer más amigos, dado que vivía en un vecindario más cercano. Sus dos mejores amigos, Riley y Garrett comenzaron a aparecer por la casa después de la escuela para hacer la tarea juntos. La mayoría de las noches, los niños también se quedaban a cenar. La mamá de Riley apenas y podía cocinar algo comestible, así que el niño estaba feliz de tener otra opción para cenar, además de la casa de Garrett. Garrett, por el otro lado, estaba demasiado feliz de salir con Jack porque tenía un enamoramiento con Bella. Honestamente, ambos niños lo tenían, pero Riley era mejor escondiéndolo. Una vez que terminaban la tarea, los niños salían y le enseñaban a Jack a andar en patineta hasta que Bella los llamaba para cenar.
Bella estaba feliz de ver a Jack haciendo amigos e interactuar con otros niños de su edad. Riley y Garrett eran buenos niños. Ambos eran amables; Garrett demasiado. Ella reía cada vez que él trataba de actuar coqueto frente a ella. Su enamoramiento era un poco obvio. Los niños eran una buena influencia para Jack, sacándolo un poco de su caparazón y, en retorno, Jack era una buena influencia en ellos para ayudarlos con el trabajo escolar.
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5 de diciembre de 2009
Bella estaba sentada en el porche, revisando su trabajo en el más reciente libro de Jack Ataca. Era el tercero en la serie, Jack ataca el acuario. El primero publicado, Jack ataca el museo se había vendido bien y había llegado a las listas de best-seller. El segundo, Jack ataca el zoológico llegó al tercer puesto en la lista. Tanya estaba extremadamente optimista de que este libro estaría de inmediato en el primer lugar. Pero claro, Tanya era bastante imparcial. Se había convertido en una amiga muy cercana, leal y feroz. Sin importar lo que estuviera pasando en sus vidas, Tanya siempre se aseguraba de ir a cenar a su casa, usualmente cada quince días. Se volvió cercana a Jack y se esforzaba mucho por organizar la caridad en representación de los Swan. La Fundación de los Tesoros Perdidos tenía como objetivo ayudar y apoyar a los niños perdidos, abandonados y secuestrados. También se enfocaban en ayudar a los familiares de los niños perdidos. Cinco por ciento de todas las ganancias de Jack Ataca iban directo a la FDTP. Bella también se ofrecía a aparecer en varios eventos que la organización ofrecía, esperando darle más importancia al problema e inspirando a otros para que apoyaran una noble causa.
Terminando, Bella guardó el documento y le envió a Tanya una copia del borrador final por correo electrónico. Suspiró y se puso de pie, estirando la espalda. Había estado sentada en la misma posición por más de dos horas, desde que Jack se había ido al parque con Riley y Garrett para disfrutar la nieve que había caído en los días pasados. Había habido una gran tormenta de nieve, que empezó la noche del miércoles y no se había detenido hasta la mañana del día anterior. Había decidido no viajar a Forks este fin de semana debido a eso. Era el primer fin de semana que no hacían el viaje desde que se habían mudado. Caminó y abrió las cortinas, dejando entrar los rayos del sol y miró hacia la pacífica escena de invierno.
Bella se giró de su lugar en la ventana cuando su teléfono comenzó a sonar.
—¿Hola? —contestó.
—Hola. ¿Hablo con la señora Swan? —contestó una voz alegre.
—Sí, yo soy Bella Swan —respondió con duda.
—Hola, señora Swan. Llamo para informarle que su hijo, Jack, está en el Hospital del Condado de Port Angeles.
—Oh, por Dios, ¿está bien?
—No hay mucho que pueda decirle por teléfono, pero parece estar bien. Sufrió una caída y el doctor piensa que su brazo puede estar roto, pero necesitamos que venga aquí antes de poder tratarlo.
Bella ya estaba tomando su bolso y abrigo.
—Estaré allí en quince minutos —contestó antes de colgar.
Cuando llegó al hospital tan solo diez minutos después, caminó hacia la recepcionista de la sala de urgencias.
—Hola, mi nombre es Bella Swan y mi hijo Jack fue traído aquí. ¿Puede decirme dónde está? —preguntó frenéticamente. La mujer sonrió con amabilidad y tomó el teléfono. Lo dejó en su lugar después de hablar con alguien por un momento.
—Alguien saldrá enseguida para llevarla con él, señora Swan. Es un niño precioso. Muy valiente. —Sonrió. Bella trató de sonreír de vuelta, pero estaba segura de que salió más como una mueca.
Una enfermera salió minutos después y llevó a Bella con Jack. Él estaba sentado en una mesa, sosteniendo su brazo. Su rostro estaba pálido y contraído del dolor, pero no hacía ningún ruido o mostraba señales de dolor. Sus ojos se encontraron con los de ella y su corazón se rompió al ver su dolor. Caminó hacia él y cuidadosamente presionó su cabeza contra su hombro y pasó los dedos por su cabello.
—Oh, bebé —susurró—, ¿cómo te hiciste esto?
—Estábamos practicando piruetas en el parque cuando golpeé un poco de hielo y la patineta salió volando debajo de mí. Caí en mi brazo. Ry entró en pánico y su hermano mayor nos trajo aquí.
—Jack, ¡debiste haberme llamado! Hubiera ido de inmediato, cariño. Estaba tan solo a unas calles de distancia.
—Lo siento, es solo que dolía mucho y no pensé en eso en ese instante. Estoy seguro de que Ry y Max aún están en la sala de espera. ¿Puedes decirles que está bien que se vayan? —Bella asintió y salió a hablar con los chicos mientras el técnico tomaba las radiografías de Jack. Encontró a Riley y su hermano sentados en la sala de espera.
Cuando vio a Bella, Riley saltó y caminó hacia ella. Lucía como si hubiera estado llorando.
—Señorita Bella, ¿Jack está bien? Lo siento tanto, le dije a Garrett que era una mala idea.
Bella le sonrió al niño. Al menos pidió ayuda para Jack. Se agachó y lo abrazó.
—Está bien, Ry, él estará bien. Le están tomando radiografías y probablemente le enyesarán el brazo. Ustedes deberían ir a casa. Le diré que te hable cuando lleguemos a casa.
Riley asintió y su hermano se acercó. Ella se giró hacia él, quien parecía tener diecisiete años. Tenía el cabello del mismo tono de Riley y los mismos ojos azul-grisáceo.
—Señora Swan, lamento no haberla llamado. No sabía el número y los enanos estaban demasiado asustados como para decírmelo.
Puso una mano en su hombro y sonrió.
—Está bien, lo entiendo. Muchas gracias por traerlo. Eso es lo más importante. Prometo que él o yo los llamaremos cuando lleguemos a casa —les dijo mientras salían del hospital.
Cuando regresó a la habitación de Jack, él estaba esperando pacientemente al doctor. Tenía una pequeña fractura en el cúbito izquierdo y tendría el yeso por seis u ocho semanas, dependiendo de cómo sanara. El doctor le aseguró que los niños sanaban mucho más rápido que los adultos y que Jack tendría que acudir con su pediatra en unas semanas para revisión. Preocupado de que Alice se entristeciera, Jack eligió un yeso negro para que combinara con su traje para la boda, solo en caso de que no se lo quitaran a tiempo. Cuando le dijo eso, Bella sacudió la cabeza ante lo dulce que era e hizo una nota mental para asegurarse de decirle a Alice.
Jack pronto fue dado de alta y se fueron a casa. En el camino, se detuvieron en una farmacia para comprar la medicina para el dolor de Jack y un plumón blanco para firmar el yeso. Bella tuvo el honor de ser la primera en firmarlo. Una vez que llegaron, Jack llamó a sus amigos para avisarles cómo habían salido las cosas. Bella usó ese tiempo para llamar a Charlie y decirle lo que había pasado. Él era la segunda persona más protectora de Jack, solo detrás de ella, así que sabía que probablemente estaría preocupado.
Charlie lo tomó bien, recordándole todas las veces que había pasado en la sala de urgencias por ella, dado que era una niña torpe. Cuando terminó la llamada, fue a revisar a Jack. Él estaba acurrucado en el sofá, dormido. Caminó hacia él y desdobló la cobija que estaba en el respaldo del sofá y cuidadosamente la puso sobre su hijo. Besó su frente y la acomodó alrededor de sus hombros. Lo dejaría descansar por unas horas antes de despertarlo para comer algo. Se dirigió hacia la cocina para ver qué haría de cenar, dejando al dormilón chico soñar.
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10 de junio de 2010
Bella se sentó en la oficina de la librería y terminó de imprimir el horario de los seis trabajadores del lugar. Su gerente, Steven, manejaba la tienda con eficiencia y Bella ya casi no tenía que ir al lugar. Eso era bueno, considerando que el último día de escuela de Jack era la siguiente semana. Luego eran las vacaciones de verano. Aún tenían que decidir sus planes. Ella planeaba tener una discusión familiar acerca de eso el fin de semana.
Tomó su bolso, el horario y se dirigió hacia la sala de empleados para pegar el horario Mientras se dirigía a la puerta, se despidió de la chica en la registradora, Rebecca, y salió al sol. Su teléfono comenzó a sonar de inmediato. Miró hacia abajo y notó que era Angela.
—Hola, Angie, ¿cómo está todo, chica? —preguntó.
—Bella, no vas a creer esto —dijo con voz temblorosa. Bella inmediatamente se preocupó.
—Ange, ¿qué está mal? ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien, no soy yo —contestó—. Estaba organizando una entrevista que Mike tiene con el senador Wilder en un par de semanas. Resulta que su hijo es un abogado en Chicago para algunos clientes prominentes.
—De acuerdo. —Bella alargó la palabra—. ¿Pero por qué eso te tiene tan agitada?
—¡Creo que encontré a los padres de Jack!
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