¡Hola a todos! Traigo finalmente el siguiente capítulo de esta historia, y encima es algo más largo de lo usual. ¡Espero que les guste!


Iba a perder la cordura. Amaba a su hijo, por supuesto que lo hacía, pero cualquier cosa lo hacía llorar y Anna no sabía cómo lidiar con ello. Yoh era el de la paciencia infinita, no ella. "Mierda, Anna, él no está acá." Eso, no estaba, y el sonido de su nombre en su mente solo hacía que añorara más su presencia. Maldijo internamente.

El día iba terrible, había amanecido con una jaqueca, los quejidos del bebé hacían retumbar su cabeza hasta casi sentir náuseas y encima estaba doblemente frustrada consigo misma por no saber controlar sus pensamientos. Necesitaba un minuto de descanso, de esos en los que Tamao insistía en encargarse del bebé para que ella pudiera simplemente respirar. No los había apreciado antes, deseosa de pasar más tiempo con su hijo, finalmente entendía los motivos de su amiga. Mientras susurraba una canción para calmar al niño, hizo una nota mental: cuando volviera a verla, tendría que agradecerle.

Contuvo las ganas de hacer una mueca. Hacía dos semanas que no sabía nada de la otra mujer, desde el incendio. Ella… parecía bastante frágil, pero podía ser demasiado testaruda, esperaba que Ryu se hubiese encargado de que no hiciera una tontería. Con que a una de ellas le haya fallado la cabeza bastaba, todavía maldecía haber tenido demasiado orgullo para pedirle más ayuda a Hao antes de que este los dejara, no dispuesto a acercarse al territorio principal de los Asakura tras curar a Hana para, aparentemente, saldar una deuda con Yoh. No, si Tamao había pensado con claridad se habría dirigido a Izumo como Manta y ella hacían. En el mejor de los casos, hasta los buscarían y se encontrarían a mitad de camino.

Inhaló hondo. La única cosa mejor que volver a ver a Tamao y que los ayuden a llegar a Izumo sería que Yoh apareciera, pero era mejor no pensar en ello. Abrazó a su bebé con algo más de fuerza, agradecida de que finalmente se hubiera calmado, y trató nuevamente de olvidarse de su esposo. Había sido débil de ella desear que apareciera durante su estadía con Hao, si el mayor de los hermanos había llegado antes a Funbari eso solo significaba que Yoh tenía otras obligaciones que atender, responsabilidades más importantes que regresar a casa. Siempre sería así, la familia no era prioridad porque él confiaba en que ella era fuerte y no dependería de él; por ende, no podía permitirse flaquear de nuevo. Si no tenía soporte, se mantendría de pie a pura fuerza de voluntad.

Depositó un beso en la frente de su pequeño. Estaba cansada, los brazos le pesaban, sentía punzadas de dolor en su hombro y la fiebre la quemaba por dentro, aumentando su sensibilidad, pero tenía que seguir avanzando. Por el momento solo podía esperar a que su magia venciera a la enfermedad de nuevo, ya en Izumo dejaría que Fausto y Eliza le recriminen su imprudencia mientras finalmente trataban su herida. Lo importante hasta entonces simplemente era llegar. "Vamos, Anna, aguanta un poco más."


―¡Anna!

Había notado que estaban bajando la velocidad, al menos respecto al ritmo que sabía que Anna solía mantener, estuvo incluso considerando fingir cansancio para convencer a su amiga de parar cuando la vio tambalear. Rápidamente se plantó frente a ella y recogió a Hana de su agarre flojo mientras sostenía el cuerpo de la mujer con su hombro. El bebé estaba gritando, asustado del repentino movimiento, y Manta casi quiso imitarlo. Eso no era cansancio como había pensado, en la cercanía podía sentir el calor del cuerpo de su amiga, estaba ardiendo en fiebre.

¿Cómo podía haber ocurrido? Revisó mentalmente lo que sabía: Anna había estado cansada por lo menos los últimos días; su respiración había sido medio agitada, pero eso era normal con tanto caminar; no había habido coloración de su rostro, tampoco sudoración; y Anna no había mencionado tener calor. En simple, había tenido razón para preocuparse, pero no para asumir que estuviera grave. Trató de imaginar con qué estaban lidiando, pero no llegaba a nada. No podía ser culpa de los alimentos, pues habían comido lo mismo y se encontraba bien; tampoco era algo respiratorio, habían tenido la suerte de que la tragedia los hubiera agarrado en primavera, no invierno; ¿qué sí había sido? Más importante que eso, ¿qué haría?

Mordió su labio para controlar la ansiedad. En primer lugar, tenía que hacer sentar a Anna. Balanceó con cuidado al bebé para sostenerlo en un brazo y giró para pasar su brazo alrededor de su amiga en soporte. De no estar tan cerca, no hubiera escuchado el gemido de dolor que emitió cuando su mano rozó su espalda, la parte trasera de su hombro, justo donde había sido apuñalada. Ajustó su agarre y los guio a un tronco cercano para ayudarla a sentarse, aunque sin apoyar su hombro herido.

Una vez ubicados, repasó lo que ella le dijo las semanas pasadas, que había estado manteniendo limpia la herida y esta estaba sanando apropiadamente. La puñalada no había sido seria, un corte poco profundo que no había afectado demasiados ligamentos, y aunque le había preocupado una infección inicialmente, Anna no había mostrado signo de haber contraído nada. Con las cosas así, confió en sus palabras en vez de revisarla él mismo, especialmente con cuánto se quejaba de que se concentrara en cuidar de Hana. Debió haber sido más suspicaz.

―Anna, tienes que decirme la verdad, ¿cómo está tu hombro?

―¿Qué? ―La mujer sonaba medio ida.

―Anna, tu hombro, ¿cómo está?

―Duele…

Intentó cuestionarla más, pero solo recibió respuestas incoherentes, la mención de su mejor amigo y algo sobre "ser fuerte por él". Pese a sus sospechas, no podía afirmar a ciencia cierta qué estaba pasando, pero una cosa era segura, en esas condiciones no podían seguir yendo a Izumo. Consideró salir hacia del bosque al camino, pero habían determinado desde el inicio que era un riesgo, eso no había cambiado, además de que su destino seguía demasiado lejos. No quedaba de otra, tendrían que realizar un desvío. Con suerte, dadas las dos semanas y media desde el incidente en Funbari, al llegar lo ocurrido sería noticia vieja y nadie los reconocería.


¡Y terminé! Dios, no saben cuánto me he peleado con este capítulo. Por lo menos dos semanas. Pensé que no estaría a tiempo, pero aparentemente lo que necesitaba para completarlo era un Starbucks, ¿quién lo diría? Ahora toca pelearme con el siguiente capítulo. Oh, bueno, los dejo de aburrir. Como siempre, gracias por leer. Nos vemos la próxima.