Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.


Parachute

By: KitsuShel

Traducción: luzalejatb

Beta: Melina Aragón


Capítulo 21

Bella se estiró como un gato cuando se despertó y se acurrucó en su almohada, suspirando. Se metió más en la cómoda cama, sintiendo que la suavidad de las sábanas le rozaba las piernas. Cuando ese pensamiento se registró por completo, se sentó rápidamente y tiró las sábanas de su cuerpo. Miró hacia abajo con los ojos muy abiertos y notó que estaba vestida solo con su camisa púrpura y pantalones cortos de color rosa oscuro. Su mente empezó a trabajar a una velocidad furiosa tratando de recordar entrar en la cama pero lo último que recordó fueron los primeros treinta minutos de La propuesta con Edward.

Después de su fenomenal beso, Edward había pedido pizza y continuaron charlando con vino hasta que llegó la cena. Después de limpiar todo, se acurrucaron juntos en el sofá para ver la película. Ella se pasó los dedos por el cabello tratando desesperadamente de recordar cómo se había metido en la cama anoche. Su única conclusión fue que Edward la había llevado a la cama y la desnudó para que se sintiera cómoda. Sus mejillas enrojecieron ante la idea de verla tan expuesta. Sacudió la cabeza y salió de la cama para escoger un atuendo para el día.

En el baño, encendió la ducha y se quitó la ropa para meterse bajo el agua caliente. Suspiró y dejó que el calor le relajara los tensos músculos de su espalda. Se enjabonó y se enjuagó el cabello con champú y acondicionador, tratando de desenredar los nudos que se habían acumulado mientras dormía.

Mientras se enjabonaba el cuerpo, no pudo evitar dejar que sus pensamientos vagabundearan hacia ese impresionante beso de anoche. Nunca antes había sentido un deseo como el que él le inspiraba; era una experiencia total y completamente nueva. Mientras recordaba la sensación eléctrica de sus manos sobre su cuerpo cuando giraron alrededor de la sala de estar, ella pasó lentamente sus manos sobre su piel húmeda. Ella pasó una mano por su estómago mientras la otra tomó suavemente y apretó uno de sus pechos. Su mano se deslizó sobre su montículo y entre sus húmedos labios mientras recordaba sus ojos ardientes y la forma en que sus labios se sentían contra los suyos. Sintió la lenta y constante quemadura en su abdomen, como si se tratara de un tirón. Continuó disparando su deseo por el techo. No mucho tiempo después, se encontró llegando a la cumbre y llamándolo por su nombre suavemente.

Colocó una mano contra la pared de la ducha para estabilizarse y calmar su inestable respiración. Una vez que recobró el control de su cuerpo, rápidamente terminó su ducha y se vistió. Echó un vistazo a su portátil, recordando que aún no había leído el correo de Tanya. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, su estómago gruñó fuertemente y ella optó por desayunar primero.

Edward estaba sentado en la barra de la cocina con una taza de café leyendo un periódico cuando entró en la habitación. Los pensamientos de lo que había hecho poco antes aparecieron en su cabeza y sus mejillas se sonrojaron. Levantó la vista y sus ojos se iluminaron cuando la vio.

—Buenos días, Bella. —Él sonrió—. ¿Dormiste bien?

Ella sonrió y se mordió el labio en vergüenza.

—Sí, he dormido bien. ¿Y tú?

—Una de las mejores noches de mi vida.

Ella asintió tímidamente y alcanzó un tazón para comer cereal. Ella se sentó a su lado y comenzó a comer. Después de unos minutos de silencio, sintió su mirada en ella. Levantó los ojos y le lanzó una mirada interrogante.

—¿Qué? —preguntó. Él sacudió la cabeza y apartó la vista, sonriendo.

Ella terminó de desayunar y lavó el tazón en el fregadero. Antes de que sus nervios se apoderaran de ella, Bella se volvió hacia Edward y apoyó la cadera contra el mostrador.

—Oye, ¿Edward?

Levantó la vista y sonrió suavemente hacia ella.

—¿Sí?

—Anoche, ¿me cargaste hasta arriba?

Él asintió.

—Sí, no quería despertarte.

Ella tragó nerviosamente y cambió su peso de un pie al otro, mirando hacia abajo.

—¿Y también, emm, me desnudaste? —Sintió que su cara se calentaba de vergüenza. Echó un vistazo a su rostro. Sus ojos se abrieron de sorpresa y parpadeó.

—Um, no, no lo hice. Lo hiciste todo por tu cuenta.

—¿Ah sí? Yo... no recuerdo eso —respondió ella con cautela, con lo cual él sonrió maliciosamente.

—Bueno, después de que te puse en la cama, empezaste a quitarte la falda, para ponerte cómoda, supuse, cerré los ojos y salí de la habitación.

Cerró los ojos y gimió mortificada. Oyó que su silla sonaba contra el suelo y supuso que se escapaba. Ella fue tomada por sorpresa cuando sintió sus brazos rozar los suyos a ambos lados de su cuerpo, mientras se apoyaba contra el mostrador detrás de ella, creando una jaula. Ella abrió los ojos y se encontró con sus ojos llenos de alegría.

—¿O no lo hice? —preguntó suavemente antes de inclinar su cabeza y besarla lentamente. Su sangre empezó a cantar y se precipitó por sus venas. Las manos de Bella pasaron por el pecho de él sin ser consciente de sus actos.

El golpe de la puerta principal y la voz de su hijo hicieron que se separaran.

—¡Mamá, papá, estamos en casa!

Los ojos de Edward bailaron con felicidad mientras él se alejaba hábilmente de ella.

—Supongo que deberíamos hablar de esto entre nosotros dos. —Señaló entre sus cuerpos—. Antes de hablar con él.

Bella asintió, todavía aturdida.

—De acuerdo —dijo él en voz baja. Se sentó nuevamente donde estaba justo antes de que Jack llegara a la cocina.

—¡Ahí estás, ma!

El muchacho se acercó y le rodeó la cintura con los brazos.

—Oh, Jack, te extrañé —murmuró contra su cabello.

—Yo también, mamá.

Jack se apartó y fue a darle un abrazo a Edward mientras Esme y Carlisle entraban en la cocina. Carlisle le guiñó un ojo mientras Esme parecía emocionada. Ella se sentó en la silla que Bella había desocupado y movió sus dedos en el mármol.

— ¿Y? ¿Cómo estuvo la cita? —preguntó emocionada. Su marido se acercó a ella y frotó sus hombros.

—Es, no nos adelantemos, ¿verdad? —preguntó con risa en su voz. Edward rodó sus ojos juguetonamente a su madre antes de sonreír a Bella.

—Fue muy agradable, mamá. La música fue genial y la compañía fue impresionante. Aprendimos mucho más sobre el otro —respondió, manteniendo los ojos fijos en Bella todo el tiempo.

—Genial. —Jack entró en la conversación—. ¿Te divertiste, mamá?

Miró a su hijo y asintió.

—Sí, lo hice, fue muy divertido.

Esme intercambiaba miradas entre Edward y Bella, radiante.

—Me alegro de que te hayas divertido, te lo mereces —dijo Jack mientras se inclinaba sobre el mostrador junto a Bella. Ella puso su brazo alrededor de su hombro y se rio.

—Gracias, chico.

—No hay problema, ¿sabías que mi bisabuela es una loca, como, realmente loca?

Los ojos de Bella se abrieron.

—¡Jack, no seas grosero!

Sus ojos se dirigieron hacia Esme y se sorprendió al ver a la mujer adulta temblar de risa.

—No, Bella. Está bien, mi madre es demente, en el buen sentido, por supuesto.

Bella lanzó a Esme una mirada confusa y ella solo sacudió la cabeza en respuesta.

—En serio, mamá, es tan divertida. Nunca había conocido a una anciana como ella, la mayoría de las personas mayores son malhumoradas, pero ella es totalmente genial.

Bella bajó la cabeza avergonzada.

—Jack, deja de llamar a la gente vieja, no es muy agradable.

Inclinó la cabeza y le lanzó una mirada burlona.

—Pero ella es vieja, ¿por qué no puedo llamarla vieja?

Edward, teniendo piedad de la pobre Bella, interceptó la mirada de Jack y señaló hacia la puerta.

—Vamos, Jack, vamos a dar un paseo y trataré de explicarte, ¿de acuerdo?

Jack se encogió de hombros y siguió a Edward fuera de la habitación. Carlisle sonrió y se inclinó para besar a Esme en la frente.

—Estaré en el estudio si me necesitas, esposa. Nos vemos luego, Bella —dijo mientras salía de la habitación.

Esme miró a Bella por un momento antes de suspirar y ponerse de pie. Abrió un mueble y sacó una taza de café.

—Creo que voy a necesitar esto.

Unos minutos más tarde, las dos mujeres estaban sentadas una junto a la otra, sumergidas en la conversación.

—He organizado una reunión con Marcus y Diane para el martes —dijo Esme en voz baja. Los ojos de Bella se agrandaron, sorprendidos de que Esme no solo hubiera organizado una reunión con los Preston, sino con la rapidez en que estaba ocurriendo.

—¿Tan pronto? —preguntó Bella. Esme asintió.

—Necesitamos solucionar las cosas para la Gala, ¿verdad? Entre más pronto, mejor. Depende de ti y de Edward pero creo que tenías razón al decirles sobre Jack. Solo puedo imaginar la escena que él armaría si se entera de que nosotros intencionalmente le ocultábamos esto. Por mucho que no me guste la idea de que Marcus esté en la vida de Jack, ahora me doy cuenta de que nos hundiríamos al nivel de Victoria si actuamos deshonestamente.

Bella colocó su mano sobre el hombro de la mujer y apretó suavemente.

—Por lo que vale, es lo correcto.

Esme sonrió tristemente, antes de saltar ligeramente cuando la puerta sonó de nuevo.

—¡MAMÁ, estamos aquí! —La fuerte voz de Emmett atravesó la casa.

Bella soltó una carcajada.

—¿Qué pasa con estos chicos Cullen que no pueden llegar sin anunciarlo a los cuatro vientos?

Esme se echó a reír y negó con la cabeza.

—¡Estamos en la cocina, Em! —le gritó en respuesta. Un momento después, Rosalie entró en la cocina. Ella sonrió cálidamente a Bella y a Esme.

—Buenos días, señoras. Emmett está en la sala de estar recibiendo un sermón de su papá.

Esme se echó a reír y se levantó.

—Esto lo tengo que ver.

Bella y Rosalie la siguieron a la sala de estar para ver a Edward y Jack sentados en el sofá, viendo con diversión como Carlisle regañaba a Emmett.

Emmett miró y sonrió ampliamente a Bella, corriendo para darle un abrazo. El gesto la sorprendió hasta que oyó hablar a Carlisle.

—No pienses que correr hacia Bella te sacará de esto, Emmett.

Em le guiñó un ojo a Bella antes de volverse a mirar a su padre otra vez.

—Lo sé, papá. Lo siento por entrar aquí como un loco, prometo actuar de acuerdo con mi edad en el futuro.

Carlisle suspiró y sacudió la cabeza, pero todos pudieron verlo luchando para no sonreír.

Jack se dio cuenta de su madre y se levantó para hablar con ella.

—Hola, mamá... el abuelo le estaba diciendo a papá que quería que fuéramos con ellos a un picnic del cuatro de julio que ellos van a hacer. ¿Podemos ir? ¿Por favor?

Bateó los ojos y se mordió el labio inferior, pero ella solo puso los ojos en blanco y se echó a reír.

—La mirada del gato con botas no funciona conmigo, muchacho.

Bella se volvió hacia Carlisle.

—¿Qué es eso de un picnic?

El hombre mayor sonrió cálidamente.

—El hospital donde trabajo organiza un picnic para el cuatro de julio cada año, Edward normalmente se queda en casa pero nos encantaría que todos ustedes pudieran venir con nosotros este año.

Sus ojos se dirigieron hacia Edward, que la miraba expectante.

—¿Quieres ir? —preguntó ella.

Él asintió.

—¿Con nosotros?

Él puso los ojos en blanco.

—No, Bella, pensé que quizá iría con Rosalie y dejaría a Emmett contigo.

—En realidad, Edward —respondió Rose, sus labios temblaban mientras trataba de no sonreír—. Prefiero ir con Bella y dejarte con Emmett.

—¡Aww, vamos, nena! No puedes dejarme con el tieso —gimió Emmett.

—Bueno, estoy segura de que Bella entra a la casa de su madre actuando como una salvaje —bromeó con su marido.

Bella se puso rígida y miró al suelo reflexivamente. Sintió un suave toque en su mano y miró a Jack que le sonreía para que se relajara.

—¿Bella? —preguntó Rose en voz baja. Bella se volvió para verla mirándola vacilante—. ¿Está todo bien?

Bella asintió.

—Sí, lo siento, mi madre y yo no tenemos exactamente ese tipo de relación.

Rosalie le lanzó una mirada confundida.

—¿Qué quieres decir?

—Ella es mala —dijo Jack en voz baja. Todos se volvieron hacia el muchacho, cuyos ojos eran duros y fríos—. Renée la dejó como ella me dejó a mí, al menos Renée dejó a mamá con su papá, no solo.

Bella sintió que las lágrimas le picaban y se arrodilló frente a su hijo.

—Oye —le susurró—. ¿Estás bien?

Jack parpadeó y su expresión se suavizó.

—Lo siento, mamá.

—No lo sientas, muchacho, solo quiero saber si estás bien.

Él asintió y sonrió temblorosamente.

—Sí, estoy bien.

Emmett juntó las manos con júbilo, tratando de aligerar el ambiente.

—Entonces, ¿quién está listo para la comida y los fuegos artificiales? ¡Sé que yo lo estoy!

Edward y Esme gimieron, mientras Carlisle suspiró.

—Déjame ir por mi maletín médico —respondió, antes de dirigirse arriba.

—¡Oye! —protestó Emmett—. No exageres.

Esme puso las manos en sus caderas y arqueó una ceja.

—¿De verdad? —preguntó ella—. ¿Qué hay de ese momento en que tu padre tuvo que coser parte de tu cosita de nuevo?

Los ojos de Jack se abrieron y él miró a su tío con asombro.

Las mejillas de Emmett se pusieron rosadas.

—¡Eso fue solo una vez!

Esme negó con la cabeza.

—Una vez es más que suficiente, querido. Ni siquiera estamos contando las otras veces que me has hecho arrancarme el pelo.

Edward puso su cabeza entre sus manos, temblando mientras reía. Bella miró alrededor de la habitación y se dio cuenta de que los demás le observaban con una especie de temor. Era un recordatorio asombroso de que solo había sobrevivido estos últimos años, no vivido.

Rose enganchó su brazo al de Bella.

—Vamos, vamos a prepararte.

Bella rió y siguió el ejemplo de Rose.

—Seguro, ¿por qué no?

.

.

Bella se sentó en una larga mesa de picnic entre Carlisle y Esme mientras observaba cómo Edward, Emmett y Jack daban vueltas alrededor de un balón de fútbol con otros pocos hombres y sus hijos. Su mente trabajaba en tiempo extra y cada "qué-tal-sí" que podía pensar giraba en su cabeza. Sabía sin lugar a dudas que se estaba enamorando de Edward. Había una muy buena posibilidad de que él estuviera experimentando lo mismo.

¿Qué tal si no lo estaba?

¿Qué tal si sus afectos se debían solamente a que había estado solo durante tanto tiempo?

¿Qué tal si sus sentimientos solo se debían al hecho de que ella cuidaba de su hijo?

¿Qué tal si no lo fueran?

¿Qué pasaría al final del verano?

¿Qué pasaría si se trasladaban a Chicago?

¿Y si se quedaban en Washington?

¿Vendrían los Cullen para visitarlos regularmente?

¿O querrían que Jack viviera con ellos?

Ella sinceramente sentía que nunca la separarían de Jack, pero ¿cómo iban a equilibrar todo?

Ahora que adoraba al clan Cullen, no podía imaginar el alejarse de ellos. Pero de la misma manera, no podía imaginarse dejar atrás a su propia familia y amigos. Las preguntas giraban a su alrededor como un tornado, obligándola a parpadear las lágrimas ante su repentina fuerza. Ella sintió un empujón y se volvió hacia Esme, que le sonreía.

—Oye, sin fruncir el ceño —murmuró ella a medias—. Intenta disfrutar del día, cariño.

Bella sacudió la cabeza y sonrió tristemente.

—Lo siento, Esme. Demasiados pensamientos corriendo en mi cabeza, no sé qué estoy haciendo.

Esme rió ligeramente.

—Oh, cariño, ninguno de nosotros sabe lo que estamos haciendo, la vida es un baile que aprendemos a medida que avanzamos, todo saldrá bien, ya verás.

—¿Cómo puedes estar tan segura, Esme? No puedo ver cómo esto terminará de manera feliz.

Bella sorbió su nariz y miró su plato.

—¿Cómo no puedo estarlo, Bella? El destino actuó y te trajo a amar y mantener a salvo a Jack. El destino te trajo a ti y a Jack de nuevo a nosotros. No puedo dejar de tener esperanza para el futuro, especialmente sabiendo que mi nieto está vivo, seguro y amado.

Bella parpadeó la última de sus lágrimas y asintió con la cabeza, decidida a disfrutar el resto del día.

Ella levantó la vista justo a tiempo para ver a una chica pequeña de cabellos rojos arrojarse a los brazos de Edward. Ella jadeó y su corazón comenzó a golpear.

—¡Esme! —susurró ella. Esme miró a Bella con sorpresa.

—¿Qué sucede?

Bella asintió con la cabeza en la dirección de la pareja que se abrazaba.

—¿Quién es ella?

Esme volvió la cabeza y sus ojos se estrecharon mientras fruncía los labios.

—Irina.

Los ojos de Bella se abrieron y ella buscó a Jack. Ella lo encontró de pie a pocos metros de distancia, con Emmett susurrando en su oído. Ella observó cómo Jack asentía y empezó a acercarse a ella.

Parecía confundido cuando se sentó frente a ella.

—El tío Em dijo que viniera aquí y me relajara mientras trata de averiguar qué está pasando, dijo que la chica era mi tía y no estaba seguro de cómo papá va a manejar la situación.

Jack se recostó un poco y sacudió la cabeza.

—Aunque la verdad no entendí la mitad de lo que dijo.

Bella no pudo evitar esbozar una sonrisa. Jack era demasiado lindo a veces.

—Quiere decir que no estaba seguro de si tu padre quería que Irina se enterara de ti. Planeábamos contarles a tus otros abuelos el martes, así que, si lo descubre ahora, podría decirle a Marcus y a Diane, quienes se pondrían muy molestos.

Jack asintió pensativo.

—Lo entiendo, pero ¿y si no me gustan? ¿Y si me encuentro con ellos y lo único que veo es Victoria?

Bella levantó una ceja.

—¿Desde cuándo la llamas por su nombre?

—Estoy cansada de decir "ella" todo el tiempo, se vuelve confuso. Ella no es mi mamá, tú lo eres, así que no puedo llamarla así, así que me quedo con su nombre, ¿me entiendes?

Bella miró a su hijo, que era sabio más allá de sus años y suspiró.

—Sí, sé a qué te refieres.

Carlisle cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó sobre ellos.

—Si no te gustan o si te asustan, todo lo que tienes que hacer es decirle a uno de nosotros. Aunque espero que les des por lo menos una oportunidad. Ellos son tus abuelos, también, y ellos te quieren mucho.

Los ojos de Jack brillaron airadamente hacia su abuelo.

—¿Me quieren, como su hija?

La mirada de simpatía en el rostro de Carlisle derritió inmediatamente la ira del muchacho.

—Lo siento, abuelo. Prometo que les daré una oportunidad y les haré saber si me molesto.

Esme se acercó para tomar la mano de Jack y apretarla. Miró por encima del hombro y sonrió.

—Está bien, cariño, aquí viene tu papá para hacernos saber qué pasa.

Edward se sentó al lado de su hijo, con una sonrisa en su rostro. Esme arqueó una ceja.

—¿Puedo tomar eso como que todo salió bien?

Él asintió.

—Sí, Rini solo quería saludarme, pero le dije que debía venir a la reunión el martes con sus padres.

Jack levantó la cara y se volvió hacia su padre.

—Estoy confundido, ¿por qué ella te grada, pero no Victoria ni mis abuelos?

Los ojos de Edward se abrieron de par en par y miró a su hijo sorprendido.

—Bueno, la razón por la que me desagrada Vic es bastante obvio, ella te hirió e hizo que te perdieras, eso es imperdonable... Marcus y Diane son una historia diferente, complicada, pero Rini era una niña cuando desapareciste. Aunque no funcionaron las cosas entre tu mamá y yo, siempre la vi como una hermanita.

Jack tragó saliva visiblemente.

—Por favor, no la llames así.

—¿No llamar así a quién? —preguntó Edward.

—Victoria. Por favor, no la nombres como mi mamá.

Edward lanzó una mirada preocupada a Bella antes de asentir con la cabeza.

—De acuerdo, lo siento, estoy seguro de que es doloroso para ti, hijo.

—Gracias —contestó Jack en voz baja.

.

.

Más tarde esa noche, todos se encontraban apoyándose contra la hierba viendo una magnífica exhibición de fuegos artificiales. Jack estaba entre Bella y Edward, que lanzaban sus ohs y sus ahs emocionados. Ella sintió que algo pasaba por su hombro y miró a Edward que estaba mirándola fijamente y sus dedos jugaban con su cabello. Él sonrió maravillosamente antes de mirar hacia el cielo, su mano aún descansaba sobre su hombro.

Su corazón se aceleró y ella cerró los ojos, disfrutando de la sensación de su toque. No quería nada más que sentirlo en otros lugares. Solo con la idea de que sus dedos sustituyeran los suyos en la ducha hacía que se sonrojara furiosamente. Ella estaba muy agradecida por la oscuridad que los rodeaba. Sin embargo, los pensamientos eran muy bienvenidos.

Casi una hora más tarde, los cinco se detuvieron frente a la casa. Jack tenía frío, así que Edward lo levantó fácilmente entre sus brazos mientras Bella, Esme y Carlisle se dirigían a la puerta principal. La luz del techo del porche iluminaba una sombra que se movía desde su posición sentada sobre uno de los columpios. Bella jadeó sorprendida cuando la rubia levantó una ceja perfectamente moldeada sobre sus ojos fríos violetas.

—¿No es acogedor? —preguntó ella, antes de doblar los labios en una sonrisa.

—Deberías intentar hacer un mejor esfuerzo para leer tus correos electrónicos, Bella. ¿No te he enseñado nada? —Tanya se echó a reír.

El rostro de Bella estalló en una sonrisa y ella se encontró con los brazos de Tanya para un fuerte abrazo.

—Te extrañé, B. En serio, tenemos que ponerte más en sintonía con la tecnología.

Bella retrocedió y se echó a reír, feliz de ver a su amiga. Se sentía más a gusto instantáneamente con respecto a la reunión con los Preston ahora. Sabía sin lugar a dudas que podía contar con que Tanya tuviera el suyo y el interés de Jack en el corazón.

—Oh, qué grosera —murmuró Bella—. Lo siento, déjame presentarte, Esme y Carlisle, ella es Tanya Denali, Tahn, ellos son Esme y Carlisle Cullen.

Tanya sonrió amablemente y le tendió la mano para sacudir la suya.

—Es un placer, señor y señora Cullen. Durante nuestras pocas y muy lejanas conversaciones últimamente, B me ha dicho lo maravillosos que son todos ustedes.

Bella rodó los ojos cuando mencionó la lejanía de las conversaciones, lo que hizo que Tanya levantara una ceja en desafío, sonriendo un poco.

—¿Qué está pasando? —preguntó Edward mientras llevaba a Jack por las escaleras del porche. Notó a Tanya y parpadeó varias veces—. ¿Una de los tuyos? —preguntó, volviéndose hacia Bella. Ella asintió con una sonrisa emocionada—. ¿Qué pasa contigo y la gente que aparece al azar? —Edward sonrió y sacudió la cabeza con diversión.


Y apareció la hermana ¿buena? ¿Qué opinan ustedes?

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