Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Parachute
By: KitsuShel
Traducción: Emotica G. W
Beta: Melina Aragón
Capítulo 29
―Puedo pensar en algunas cosas...
...
El corazón de Bella empezó a acelerarse y sintió calor quemar su vientre.
―Yo misma puedo pensar en algunas cosas ―contestó ella de regreso en un tono susurrante. Una comisura de la boca de él se arqueó hacia arriba y empujó su erección contra su centro, causando que un gemido saliera de la garganta de ella. Los labios de Edward colocaron besos calientes con la boca abierta en su mandíbula y por su cuello. Deseo, caliente como un cuchillo, se disparó por sus venas.
―Edward ―jadeó ella―. ¿Podemos movernos a la cama?
Sin una palabra, las manos de él encontraron su camino para acunar su trasero y él se dirigió a la cama cuidadosamente, antes de depositarla suavemente.
Bella extendió el brazo hacia él y tiró para que se pare entre sus piernas. Miró a sus ojos entornados nerviosamente y mordió su labio. Estaba cansada de parar y lista para avanzar.
―Te deseo ―dijo ella suavemente―. Por favor, déjame tenerte.
Sus ojos se ampliaron de sorpresa y una sonrisa suave se formó en su rostro.
―Cualquier cosa que desees, Bella ―respondió él en voz baja―. Te daré el mundo, cualquier cosa que esté a mi alcance. Todo lo que tienes que hacer es decir la palabra, y es tuyo.
―Solo te deseo a ti.
―¿Estás segura? Has esperado tanto, y no quiero que te arrepientas de nada ―respondió él con su voz llena de sinceridad.
Ella asintió.
―Estoy segura. He estado esperándote.
Las manos de él agarraron el dobladillo de su camisa y la pasó por encima de su cabeza, exponiendo su pecho desnudo con un poco de vello rojizo. Las manos de ella temblaron ligeramente mientras tocaba el botón de los vaqueros de él y deslizaba lentamente la cremallera. El aliento de él se atascó cuando la mano de ella rozó su dura longitud. Escuchar ese ruido pequeño inspiró confianza en Bella. Ella le quitó los vaqueros, rozando la nariz deliberadamente contra su virilidad cubierta con el bóxer y lo hizo gemir.
Él salió de sus pantalones, pateando sus zapatos y calcetines también. Sus manos se deslizaron por los brazos desnudos de ella y luego de regreso, llevando el material sedoso de su camisola con él. Ella se deslizó hacia atrás en la cama, apoyando la cabeza contra las almohadas y tendió su mano. Sus dedos se entrelazaron con los de ella mientras se arrastraba en la cama y se acostaba a su lado. El corazón de ella estaba latiendo con fuerza, pero estaba ansiosa por experimentar esto con él.
―Te amo ―susurró él antes de presionar suavemente sus labios contra los de ella. Una de sus manos viajó con una suavidad como pluma, por su seno y agarró su peso en la palma. Su pezón se arrugó contra la yema de su pulgar y ella levantó la pierna sobre su cadera, anhelando fricción. Él sonrió contra sus labios, satisfecho con las reacciones de su cuerpo a las de él. Pellizcó su pezón ligeramente y ella jadeó.
―Edward, por favor ―rogó ella, aunque no tenía idea de lo que estaba rogando.
―Ssh, déjame hacerte sentir bien, Bella. Prometo hacer esto especial para ti.
Ella sintió lágrimas pinchar sus ojos mientras miraba fijamente a los de él, los cuales estaban brillando con amor y sinceridad. Sus labios se presionaron contra los de ella una vez más, esta vez, su lengua avanzó sobre su labio inferior, buscando entrada. Ella abrió la boca ligeramente y pronto se encontró perdida en la intensidad del beso. Estaba tan atrapada que apenas notó las dos manos de él deslizando sus pantalones cortos y ropa interior por sus piernas.
Cuando ella yació desnuda ante él, sintió un rubor levantarse desde su pecho. Podrían haber tenido algunas sesiones de besos seriamente intensas antes, pero esta era la primera vez que estaba completamente desnuda ante sus ojos. Él le sonrió y pasó unos mechones de cabello detrás de su oreja.
―Eres la mujer más hermosa que alguna vez he visto.
Sus palabras fueron susurradas con tanta sinceridad y adoración, que ella no tuvo más remedio que creerlas. Él se inclinó hacia delante y dejó besos por su cuello y sobre su pecho, mientras sus dedos empezaban su exploración del calor húmedo entre sus piernas. Su boca se clavó en uno de sus pezones al mismo tiempo que las yemas de sus dedos rozaban su clítoris. Bella arqueó la espalda y soltó un grito de placer. Después de unos momentos de su toque aparentemente experto, su orgasmo la inundó mientras su cuerpo se sacudía y sangre se precipitaba a su cabeza.
Edward se quitó el bóxer y lo pateó al suelo, antes de acomodarse entre sus piernas. Ella sintió su punta deslizarse a través de su clítoris y jadeó ante la sensación abrumadora.
―¡Edward, por favor! Necesito sentirte ―gimió ella.
Él siseó mientras rozaba su humedad y luego se congeló en su lugar. Ella lo miró, la confusión escrita en su rostro.
―¿Condón? ―preguntó él, con timidez―. No vine aquí esperando esto, Bella.
Sus ojos se ampliaron y sacudió la cabeza.
―No, no tengo uno, pero tomo la inyección. Por razones femeninas ―aclaró ella con un rubor rosado tiñendo sus mejillas―. Deberíamos estar bien.
Él tragó con fuerza y asintió.
―Yo-Yo no he estado con nadie en mucho tiempo, y he sido examinado desde entonces.
Ella sonrió y extendió el brazo para frotar la mano contra su mejilla.
―Lo sé, Edward. Está bien.
Él se inclinó y la besó mientras se alineaba contra ella.
―Probablemente esto dolerá al principio, así que tienes que decirme si quieres que me detenga, ¿está bien?
Ella asintió nerviosamente y él agarró su cadera con una mano mientras empujaba lentamente. Ella se sintió estirarse mientras la llenaba. Una punzada y quemazón aguda la hicieron hacer una mueca cuando él se enterró completamente dentro de su calor. Él se quedó quieto y buscó ansioso señales de dolor en su rostro, pero su rostro estaba en blanco y sus ojos cerrados.
―¿Estás bien? ―preguntó él preocupado.
Ella abrió los ojos y le ofreció una sonrisa llorosa.
―Estoy bien, por favor no pares.
Él empezó a moverse lentamente, amorosamente, y ella envolvió las piernas alrededor de su cintura. Presión empezó a construirse dentro de ella y cualquier incomodidad que sintió pronto fue reemplazada por placer. Los empujones de él se volvieron erráticos y una gota de sudor se deslizó por su mejilla y salpicó contra el pecho de ella.
―Mierda ―jadeó él―, Bella, no puedo...
Él gimió en voz alta y su cuerpo se estremeció mientras encontraba su liberación. Sus brazos temblaron de debilidad y apoyó su cabeza contra la suya.
―Lo siento ―susurró él―. Fue demasiado. No pude aguantar.
Ella sonrió serenamente y apartó el cabello húmedo de su frente.
―Fue perfecto, Edward. Estoy contenta de que te esperé.
Sus ojos se abrieron, brillantes de lágrimas y la besó rápidamente y con fuerza.
―Gracias ―dijo él en voz baja contra sus labios.
Se alejó suavemente de ella y caminó en silencio hacia el baño. Bella cerró los ojos y escuchó el sonido del agua corriendo en el baño. Unos momentos después, abrió los ojos cuando sintió su mano rozar su cara. Ella lo miró y él sonrió tiernamente.
―Vamos, tomemos una ducha. La calidez ayudará a aliviar cualquier dolor muscular.
Ella puso tentativamente la mano en la suya y lo dejó llevarla a la ducha grande. Se turnaron para lavarse mutuamente antes de salir y ponerse toallas. Bella se sonrojó mientras contemplaba sus ropas esparcidas por el suelo junto a la cama. Las recogió y las dejó a un lado antes de ponerse un pijama limpio. Cuando se dio la vuelta, Edward ya estaba en un par de pantalones de dormir, extendiendo una botella de agua y unas píldoras en la mano.
―Advil ―respondió él a su mirada inquisitiva―. Quiero asegurarme de que no estés dolorida mañana.
Si fuera posible, su corazón se habría enamorado un poco más de él. Tragó las píldoras rápidamente y luego envolvió sus brazos alrededor de él.
―Te amo ―susurró ella contra su pecho.
―También te amo, nena. Descansemos un poco, ¿está bien? Nuestra bola de energía estará levantado temprano y emocionado de verte. ―Rio Edward entre dientes.
Bella sonrió de oreja a oreja.
―Lo extrañé... a los dos, mucho. Me alegro de que vinieras aquí.
―Yo también, Bella. Odio estar lejos de ti ―susurró él antes de reclamar sus labios en un beso suave, antes de llevarla a la cama. Se acurrucaron juntos y el sueño los encontró casi al instante.
.
.
A la mañana siguiente, Bella se despertó tendida sobre su estómago con uno de los brazos de Edward arrojado sobre su espalda. Giró la cabeza para observarlo dormir pacíficamente, el sol jugando con los reflejos cobrizos en su cabello. Suspiró y sonrió, completamente saciada y descansada, a pesar de que solo había tenido unas seis horas de sueño.
Un golpe fuerte en la puerta hizo acelerar su corazón. Ignorando la forma durmiente de Edward, salió de su abrazo rápidamente y correteó a través de la cama. Él se sentó y frotó sus ojos soñolientamente, preguntándose qué diablos estaba pasando.
Bella abrió la puerta de golpe, no molestándose en mirar por la mirilla y arrastró a su hijo sorprendido a sus brazos. Él rio y la apretó con fuerza, envolviendo las piernas alrededor de su cintura. Ella entró en la habitación, repartiendo besos en la cara de Jack mientras él seguía riéndose nerviosamente.
―Huh, veo que corre en la familia ―murmuró Edward con una voz áspera llena de sueño.
Bella le sacó la lengua juguetonamente.
―Está bien, está bien, está bien ―respondió Jack sin aliento de tanto reír―. ¡Para, o me haré pis sobre ti, mamá!
De inmediato ella lo dejó caer en la cama como si hubiera sido quemada.
―¡Ew, asqueroso, Jack!
Edward escondió una sonrisa detrás de su mano, pero Bella lo pilló y lo golpeó con una almohada. Quince minutos y dos almohadas muertas más tarde, los tres se derrumbaron juntos sobre la cama, agotados.
―Entonces, ¿qué quieren hacer hoy, chicos? ―preguntó Bella una vez que hubieron recuperado el aliento.
Edward se encogió de hombros y sonrió.
―No me importa. Nunca he estado aquí antes.
Jack miró a su padre con ojos muy abiertos.
―¿De verdad? Es increíble. Hemos estado aquí dos veces para las cosas del libro de mamá.
El niño miró a Bella y sonrió.
―¡Mamá! ¿Podemos llevarlo a la gran tienda de juguetes? ¿Y al zoológico? ¿Y al lugar de chocolate caliente? Oh, ¿qué hay de la pista de patinaje sobre hielo?
―Whoa, pequeñín, toma un respiro. ―Rio Bella ligeramente―. Estoy segura de que podemos revisar algunos de esos lugares, pero no creo que la pista de patinaje esté funcionando en agosto.
Su cara cayó ligeramente.
―Oh ―dijo él con decepción.
―Tal vez volveremos durante las vacaciones de invierno, ¿cómo suena eso?
Su rostro se iluminó de nuevo mientras asentía ansiosamente.
―Eso suena bien. ¡Ese árbol es tan genial!
―Está bien, entonces. Sigamos adelante y veamos algo de la Gran Manzana.
Después de tres horas de exploración, Bella, Jack y Edward se instalaron en una mesa acogedora en Serendipity 3 para almorzar. Afortunadamente Bella había pensado en llamar antes para reservar una mesa para el almuerzo, así que no tuvieron que esperar demasiado tiempo para estar sentados. Edward miró el menú y frotó su cara pensando.
―Entonces, ¿qué hay de bueno aquí, chicos? ―preguntó él.
―La comida está bien, pero asegúrate de tener un chocolate caliente congelado. Esas cosas son impresionantes ―explicó Jack.
Bella sonrió y sacudió la cabeza.
―El niño dice la verdad, Edward. Yo tomaría su consejo.
Un momento después, una niña de cabello moreno corto y ojos verdes bonitos rebotó hacia su mesa. Sonrió y se presentó como su camarera, Brittany, sacando un bloc de papel, así como un bolígrafo. Después de que su orden fuera hecha, tomó sus menús y se alejó rebotando otra vez. Cuando volvió un rato más tarde con sus bebidas, palmeó a Jack en el hombro después de colocar su chocolate caliente congelado frente a él. El niño se congeló y se sonrojó.
―Gr-Gracias ―murmuró él.
Bella miró a Edward, que sonreía descaradamente y se encogió de hombros. Bella sacudió la cabeza. Definitivamente no estaba lista para que su hijo estuviera interesado en chicas.
Después del almuerzo, decidieron tomar un taxi al zoológico de Central Park. Después de entrar en el zoológico pequeño, pero hermoso, Jack arrastró a sus padres directamente a la exhibición de leones marinos. Bella y Edward se tomaron las manos con sonrisas en sus rostros mientras observaban el entusiasmo de Jack. Cuando él se llenó de los leones marinos, continuaron explorando. Cuando pasaron junto a un estanque con cisnes de cuello negro, Jack sonrió y señaló.
―¡Mira, mamá! ¡Cisnes como nosotros*!
Bella miró a Edward por el rabillo del ojo, midiendo su reacción, pero la sonrisa nunca cayó de su cara. Después de un minuto, Jack se volvió hacia sus padres con una expresión pensativa.
―¿Puedo hacer una pregunta? ―preguntó él, tentativamente.
―Claro, pequeñín ―respondió Bella con una mirada amable.
Jack se recostó contra la barandilla y miró a sus padres cuidadosamente antes de hablar.
―Bueno, ahora que sabemos de dónde vine, ¿mi nombre cambiará?
Bella parpadeó, sorprendida por la pregunta.
―¿Qué quieres decir, Jack?
―Quiero decir que mi nombre es Jackson Charles Swan ahora, pero nací como Jackson Carter Cullen. ¿Mi nombre cambiará de nuevo?
Edward le dio a su hijo una mirada pensativa y se acercó para agacharse para que estuviera a la altura de los ojos del niño.
―Depende, Jack. Eso es algo de lo que tu mamá y yo tenemos que hablar. ¿Quieres cambiar tu nombre?
Bella contuvo la respiración, insegura de lo que esperaba realmente de su respuesta.
La cara de Jack se crispó en pensamiento.
―No sé. ¿No puedo quedarme con los dos?
Edward soltó una carcajada por la habilidad de su hijo de pensar fuera de la norma.
―¿Qué, como Jack Swan-Cullen?
Jack se encogió de hombros.
―Tal vez. No sé.
Edward se puso de pie y puso su mano en el hombro de Jack.
―Como dije, tu mamá y yo tenemos que hablar de ello primero. Veremos qué pasa.
Satisfecho con esa respuesta, Jack continuó de nuevo por el sendero del zoológico. Edward extendió el brazo hacia Bella y tiró de ella más cerca.
―¿Eso estuvo bien? ―preguntó él―. Quiero decir, supongo que necesitamos estar en la misma página con estas cosas, ¿verdad?
Bella asintió y sonrió.
―Sí, esa fue la respuesta perfecta. Sí tenemos que hablar de cosas así, y supongo que cuanto antes, mejor.
―O simplemente podríamos esperar y cambiar su nombre cuando decidamos casarnos ―respondió él casualmente.
Ella se detuvo en seco y lo miró sorprendida.
―¿Di eso otra vez?
Sus ojos brillaban con alegría.
—Dije, podríamos esperar a cambiar su nombre cuando nos casemos.
―Pe-pero ―empezó a tartamudear Bella―. ¡Solo nos hemos conocido como dos meses! ¿Cómo puedes pensar en matrimonio?
Edward le sonrió.
―Bella, eres lo que he estado esperando. No puedo imaginarme con nadie más por el resto de mi vida. Puede que no sea pronto, pero mi corazón sabe lo que quiere.
Ella sintió lágrimas pinchar sus ojos y lo abrazó fuertemente.
―Eres tan bobo ―resopló.
―Dice la mujer que está resoplando. ―Rio él entre dientes.
Ella lo golpeó en el hombro.
―Cállate. ―Rio, antes de girar para alcanzar a Jack. Después de explorar por un poco más de tiempo, se dirigieron hacia el Zoológico de los Niños. Mientras caminaban por el Área de Caricias, una joven de cabello castaño claro y ojos azul claro, casi plateados sonrió y comenzó a hablar con Jack.
―¡Hola! Soy Lauren, y trabajo aquí. ¿Te gustaría acariciar a algunos de los animales? ―preguntó ella brillantemente.
Jack asintió con sus ojos llenos de emoción.
―Entonces, ¿qué haremos después? ―preguntó Edward mientras Jack hacía sus rondas acariciando a varios de los animales. Bella soltó una carcajada sonora al verlo alejarse de un salto de una cabra que lamió su cara.
Se volvió hacia Edward y se encogió de hombros.
―¿Qué hay de la tienda de juguetes que él quería ir a ver? Fuimos a FAO Schwarz* el año pasado cuando estuve aquí para una firma. Estuvo decaído porque no tuvo la oportunidad de probar el gran piano que tienen.
Edward asintió.
―Suena como un plan. ¿Deberíamos salir cuando haya terminado aquí?
Bella aceptó y se volvió de nuevo para observar a su hijo divirtiéndose mucho.
.
.
La tienda estaba llena, lo cual era de esperar en un fin de semana de verano.
―Guau ―murmuró Edward, mirando alrededor de la tienda concurrida―. Este lugar es increíble.
―¡Lo sé! ―Rio Bella―. Es la máxima fantasía de un niño. ¿Verdad, Jack?
Cuando su pregunta fue recibida con silencio, Bella se dio la vuelta, buscando descubrir por qué no había respondido él, pero no estaba en ningún lado a la vista.
―¿Jack? ―dijo Bella en voz alta con ansiedad. Su cabeza giró rápidamente de lado a lado frenéticamente―. ¡Jack!
Pasó apretando a unas cuantas personas y estiró el cuello alrededor de una exhibición.
―¿Jack? ―gritó, su voz haciéndose más frenética, su respiración comenzando a volverse errática.
Se volvió hacia Edward con ojos anchos, asustados.
―¿Dónde está, Edward? ¡Ni siquiera hemos estado en la tienda cinco minutos!
Edward miró alrededor, empezando a entrar en pánico. Ya había perdido a su hijo una vez, no podría resistirlo de nuevo.
―¡Mierda! ¡No sé! Estaba aquí hace solo un segundo. Vamos, encontremos a alguien para ayudarnos a mirar.
La mano de Edward apretó la suya con fuerza mientras tiraba de ella hacia el departamento de servicio al cliente. La multitud estaba cargada de gente y su corazón latía dolorosamente en su pecho. Ella apartó la mano y comenzó a empujar a través de la multitud, dirigiéndose de nuevo hacia donde vio por última vez a su hijo.
―¡Bella, espera! ―gritó Edward, pero ella estaba demasiado perdida en desesperación para escuchar.
Se detuvo un momento y trató de pensar con claridad, pero su mente se aceleró frenéticamente. ¿Qué querría ver más Jack en esta tienda?
Pensando inmediatamente en la respuesta, Bella salió a toda velocidad hacia las escaleras eléctricas. Se movió lo más rápido que pudo, empujando y apretando a través de un espacio pequeño entre la gente, tratando de subir rápidamente. Cuando llegó a la cima comenzó a correr a través de la gran multitud frente al piano gigante, pero alguien agarró su brazo, con un poco de fuerza.
Bella volvió sus ojos sorprendidos contra una mujer baja, de cabello negro, con ojos oscuros.
―Discúlpeme, señorita ―comenzó la mujer con voz firme―. No puede empujar a través de la multitud. Está haciendo una escena.
Bella hervía de rabia y sacó su brazo del agarre de la mujer.
―Mire. ―Bella se detuvo para mirar la etiqueta de la mujer―. Sondra, estoy tratando de encontrar a mi hijo.
La mujer suspiró y puso los ojos en blanco.
―Señorita, tiene que calmarse ―dijo con voz autoritaria―. Empujar y causar un accidente potencial no va a encontrar a su hijo más rápido.
―¡Bella!
Su cabeza giró rápidamente para ver a Edward cerrando con rapidez la distancia entre ellos.
―¿Lo encontraste? ―preguntó él sin aliento.
Ella sacudió la cabeza y las lágrimas que habían estado en el borde de sus párpados cayeron en gotas gordas.
―¡Mamá! ¡Oye, mira esto!
Su cabeza giró rápidamente y vio a Jack saludando desde su lugar bailando al otro lado del piano. Se derrumbó contra Edward en alivio, soltando un sollozo.
―Señora ―dijo Sondra en voz baja―, ¿podría por favor caminar a un lado? Está bloqueando el flujo del tráfico. ―Su expresión se suavizó y sonrió levemente―. ¿Puedo conseguirle algo? ¿Necesita sentarse?
Bella caminó a un lado y negó con la cabeza, negándose a quitarle los ojos a Jack. Edward envolvió sus brazos alrededor de ella y soltó un suspiro de agradecimiento de que Jack estuviera a salvo. Cuando su turno en el piano terminó, él caminó hacia sus padres, mirando fijamente sus expresiones con confusión.
―¿Mamá? ¿Por qué tus ojos están rojos? ¿Estuviste llorando? ¿Qué pasa? ―preguntó él en sucesión rápida.
Bella extendió el brazo hacia él y lo apretó tan fuerte como pudo. Después de unos minutos de mecerse ligeramente de un lado a otro, retrocedió y lo fijó con una mirada fulminante severa.
―Jackson Swan, nunca, nunca me harás eso otra vez, ¿está claro?
Sus ojos se abrieron, desacostumbrado a oír ese tono en la voz de su madre.
―¿Qué hice?
―¡Te alejaste de nosotros sin decir nada! ¡En una tienda llena, no menos! ¿Tienes alguna idea de lo que pudo haberte ocurrido?
Él hizo una mueca y sacudió la cabeza.
―Lo siento, debí haber dicho algo, pero ¿por qué no llamaste a mi teléfono? ―preguntó, sacando su Firefly glowPhone*.
―Yo-Yo... ―tartamudeó Bella antes de cerrar la boca sin respuesta. Sinceramente ni siquiera había pensado en llamar a su teléfono―. No sé. Estaba preocupada y entré en pánico. Lo siento, pero en serio no puedes volver a hacerme eso, chiqui. Creo que he perdido diez años de mi vida.
Lo abrazó firmemente una vez más antes de pasarlo a los brazos de su padre. Durante el resto de su visita a FAO Shwarz, Jack no se apartó del lado de su madre, entendiendo que todavía estaba molesta. El resto de la tarde pasó tranquilamente pasando el rato con Esme en el hotel hasta que llegó la hora de acostarse, cuando todos se quedaron dormidos rápidamente, agotados de su día emocional.
*Serendipity 3: restaurante localizado en Nueva York, fundada por Stephen Bruce en 1954. Ha sido la escena de varias películas, incluyendo Serendipity, la comedia romántica de 2001 (Señales de Amor para Hispanoamérica).
*Cisnes en inglés es Swans, Jack hace referencia a su apellido en plural, pero se pierde en la traducción.
*FAO Schwarz: fue una vez la juguetería más antigua de Estados Unidos, fundada en 1862. Conocida por sus juguetes lujosos, animales de peluche, muñecas de tamaño real, y juegos únicos.
*Firefly glowPhone: celular manufacturado por Firefly Mobile, dirigido a niños de 5 a 12 años dado por sus padres.
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Gracias por sus comentarios a: lauritacullenswan, cavendano13, solecitopucheta, somas, Pili, lizdayanna, Pam Malfoy Black, Lady Grigori, patymdn, LicetSalvatore, bellaliz, jupy, Nadiia16, EmmaBe, debynoe, Cary, bbluelilas, Tata XOXO, Sully YM, rjnavajas, tulgarita, Mel. ACS, Yoliki, Adriu, CRYSTY KATY, Cely Peralta, Noelia, terewee, Sara, freedom2604 y Marie Sellory.
