Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Parachute
By: KitsuShel
Traducción: Emotica G. W
Beta: Melina Aragón
Capítulo 33
19 de agosto de 2010
Bella suspiró y se apoyó en el brazo de Edward cuando entraron en la casa. Cuando salieron del auto hacia unos minutos, se había mareado, un efecto persistente de su contusión cerebral. También estaba luciendo un moretón de aspecto desagradable sobre su frente izquierda y parte de su mejilla. Temía entrar en esta casa y hablar con Jack. ¿Cómo se le decía a un niño de ocho años que la madre biológica que nunca lo quiso había acabado de ser asesinada por un psicópata, que también había querido matar a tu madre adoptiva?
Frotó su nuca con su mano libre y suspiró. Edward la miró con preocupación.
―¿Estás bien? ¿Debo llamar a papá? ―preguntó él.
Ella sonrió cansadamente y negó con la cabeza.
―No, estoy bien. Solo estoy preguntándome cómo abordar el tema con Jack.
Él la ayudó suavemente a sentarse y sonrió tristemente mientras se sentaba a su lado.
―Todo lo que podemos hacer es ser los más honestos posible, sin preocuparlo más de lo necesario.
Bella suspiró.
―Sé eso, pero la línea entre "suficiente" y "demasiado" se pone borrosa con él, ya que es tan curioso.
Edward asintió pensativo y luego levantó la mirada rápidamente cuando el sonido de pies corriendo tronó por las escaleras.
―¡MAMÁ!
El niño era un borrón de pies, brazos y cabello flojo cuando se estrelló contra Bella. Por mucho que su cuerpo dolía, ella envolvió los brazos alrededor de él con fuerza, como si fuera un salvavidas y estuviera ahogándose. Inhaló su olor, una mezcla persistente de su gel de baño de manzana y canela de las galletas que Esme y él habían horneado temprano en el día.
―Jack. ―Suspiró en su cabello, lágrimas brotando y derramándose por sus mejillas―. Oh, cielo, te extrañé.
Él se apartó y su mirada fija amorosa se convirtió en una mirada de horror.
―¡Mamá! ¿Qué le pasó a tu cara? ―Extendió el brazo y tocó suavemente el costado de su cara. Sus ojos brillaron de emoción y miró airadamente a su padre. ―¿Qué le pasó? ¿Quién hizo eso?
Edward tragó saliva y puso su mano en el hombro de Jack.
―Creo que deberías sentarte, hijo.
Los ojos del niño se movieron con rapidez entre sus dos padres cautelosamente cuando tomó asiento al lado de su madre. Edward le sonrió ligeramente y se sentó en la mesa de café frente a ellos.
Bella se volvió ligeramente y tomó las manos de su hijo en las suyas.
―Hubo un… incidente ayer cuando fui a encontrarme con tu papá para el almuerzo.
Jack la miró con curiosidad y asintió para que continúe.
―El señor Brooks… James ―empezó a decir Bella, pero se detuvo cuando sintió a Jack ponerse rígido a su lado. Tenía los ojos muy abiertos y asustados.
―¿Él-Él te hizo eso? ―susurró con voz entrecortada.
Bella sintió lágrimas pinchar sus ojos otra vez mientras asentía. Los ojos de Jack se llenaron de lágrimas y su cara se arrugó de dolor. Bella frotó su espalda ligeramente.
―Hey, calma, cielo. Estoy bien. Todo va a estar bien.
―¿Por qué hizo eso, mamá?
Bella suspiró.
—El señor Brooks es un hombre enfermo. Pensó que, al herirme, heriría a tu papá. Ahora está en la cárcel y con suerte estará allí por mucho tiempo.
Vaciló y miró a Edward desamparadamente, no sabiendo cómo sacar el tema de Victoria. Jack captó su vacilación y entornó ligeramente los ojos.
―¿Qué no estás diciéndome?
El rostro de Bella brilló de sorpresa.
―¿Qué quieres decir?
Jack puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza.
―Te conozco, mamá. Hay algo que no estás contándome.
Ella mordió su labio nerviosamente.
―Victoria también estuvo allí. James le disparó y murió.
La mandíbula del muchacho cayó en conmoción.
―¿Ella... Ella está muerta? ¿Cómo si nunca pudiera volver a lastimarme o llevarme lejos?
Bella parpadeó sorprendida. No estaba segura de cuál sería su reacción, pero esa no era la que ella esperaba.
―Sí, cielo. Ella no puede hacerte daño, nunca más ―respondió en voz baja.
Jack mordió su labio inferior y asintió decididamente.
―Quiero decir, supongo que apesta que esté muerta, pero ¿me hace una mala persona estar un poco feliz por ello?
Bella sonrió tristemente.
―No, cielo, no te hace una mala persona. Solo es como te sientes. Llamaré y concertaré una cita para ver a la doctora Kate cuando lleguemos a casa, ¿está bien?
Jack apoyó la cabeza en su hombro, asintiendo suavemente. Los ojos de Bella se encontraron con los de Edward y él la miró confundido.
―Kate es nuestra terapeuta ―explicó ella―. Creo que ya la mencioné antes. Empezamos a verla cuando Jack era pequeño para ayudarlo a adaptarse. La última vez que la vimos fue justo antes de que viniéramos aquí de visita. Antes de eso, había pasado un año.
Edward sonrió tristemente en reconocimiento y miró fijamente a su hijo. Era bastante fácil decir que el muchacho estaba agitado y molesto, aunque tratara de negarlo.
Unas horas más tarde, Bella se encontró acurrucada junto a Jack en su cama. Había sido un día tan emotivo y ninguno de los dos quería estar separado del otro. Apartó suavemente unos mechones de cabello de su cara y suspiró, pensando en cuán agradecida estaba de que él se hubiera quedado en casa con Esme cuando fue a la oficina de Edward. Una escena de horror de las posibilidades se reprodujo en su mente. James pudo haberse llevado a Jack en su lugar o a los dos juntos. Pudo haber sido su hijo al otro lado de esa bala en lugar de Victoria. Dejar que el peor de los casos se filtrara a través de su mente la puso al borde de un ataque de pánico. La noción más ligera de algo malo sucediéndole a Jack la hizo querer vomitar.
Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no notó a Edward entrar en la habitación hasta que estuvo deslizándose en la cama detrás de ella. Sorprendida, sacudió la cabeza hacia un lado, lo cual hizo que él extendiera el brazo hacia ella con preocupación.
―¿Qué sucede? ―susurró él―. No quise asustarte.
Ella suspiró y se apoyó contra su pecho.
―No es tu culpa. Estaba preocupada y no te oí.
―¿Qué te ha puesto tan nerviosa, nena? ―preguntó él.
Ella contuvo lágrimas de un parpadeo y respondió con una voz muy pequeña.
―Solo estaba preguntándome qué pudo haber pasado si hubiera llevado a Jack conmigo el miércoles.
Su voz se quebró en la última palabra y él envolvió los brazos alrededor de ella en consuelo.
―Hey, elimina eso. No hay sentido en torturarte. Estás a salvo. Jack está a salvo. Ninguno de ellos puede herirte de nuevo.
Ella tragó saliva y asintió.
―Sé eso, pero no puedo alejarlo de mi mente.
Él hizo un ruido de tarareo que ella sintió retumbar a través del pecho de él contra la espalda de ella.
―Bueno, ¿qué tal si sacamos a tu mente de ello?
―¿Y cómo propones que hagamos eso? ―preguntó ella descaradamente.
―Hablemos de esta mudanza mía.
Fue muy listo porque su corazón empezó a latir más rápido, sus anteriores pensamientos de temor reemplazados por anticipación.
―¿Bueno? ―contestó ella, ligeramente sin aliento―. Tienes mi atención.
Edward rio entre dientes ligeramente y apoyó la barbilla en su hombro.
―Sé que dije que probablemente no sería capaz de hacerlo antes de Acción de Gracias, pero ahora tengo una fecha definitiva para mi último día de trabajo, el 14 de octubre. Tan pronto como las cosas estén resueltas ese día, estaré en un avión a casa con ustedes dos.
Su rostro se dividió en una amplia sonrisa y lo besó rápidamente.
Él rio entre dientes y alisó su cabello.
―¿Entonces considero que esa es una buena noticia?
Ella suspiró y se derritió contra su pecho.
―La mejor en realidad. Bueno, aparte de ti siendo capaz de irte con nosotros cuando salgamos en diez días.
Su cuerpo se tensó, antes de dejar escapar un enorme aliento.
―¿Diez días? ¿En serio? ―susurró incrédulo.
Bella trató de tragar el nudo en su garganta antes de responder.
―Sí ―susurró ella de regreso―. Tanya me llamó antes y nuestro vuelo es el domingo 29.
―¿Qué hay de tu auto? ―contestó él confundido―. ¿Creía que ibas a conducirlo a casa?
―Ella va a llamar y encontrar un transporte para él. Después de los últimos acontecimientos, no quiero hacer ningún intento de conducir tanto.
Él besó la parte superior de su cabeza.
―Supongo que eso tiene sentido.
Ella cerró los ojos y se durmió.
.
.
El día siguiente amaneció brillante y temprano con Bella sola en su cama. Se estiró y bostezó, buscando alrededor de la habitación algún rastro de Edward o Jack. No encontrando nada, se dirigió silenciosamente al baño para hacer a sus rituales matutinos. Una vez que terminó, deslizó los pies en sus zapatillas y se puso su bata antes de bajar las escaleras.
Sonidos de risa y ollas haciendo sonidos metálicos resonaron en la cocina. Cuando llegó a la puerta, todo lo que pudo hacer fue apoyarse contra la el marco y sentir su corazón derretirse por la vista ante ella. Edward estaba en la estufa friendo tocino con el delantal rosado con volantes de Esme, mientras Jack estaba sentado en el mostrador revolviendo algo en un tazón.
―¿Por qué vuelan las gaviotas sobre el mar?
Jack rio entre dientes.
―No sé, ¿por qué, papá?
―¡Porque si volaran sobre la bahía, serían bagels!*
―¿Cuál es el instrumento favorito de un pirata?
―¿Qué?
―¡Una guitarrrrrrrrrrrra! ―respondió Edward con la voz de pirata más tonta que alguna vez había escuchado.
Jack gimió y sacudió la cabeza.
―¿En serio, papá? Eres tan trillado.
Edward rio.
―Estoy un poco orgulloso de eso, hijo.
Los ojos de Jack se iluminaron cuando vio a Bella a través de la habitación.
―¡Hola, mamá! ―gritó, agitando la espátula y en el proceso, tirando masa sobre la cara de su padre.
Bella estalló en risas mientras Edward limpiaba lentamente la mezcla de su mejilla.
Las mejillas de Jack se pusieron rosadas y sonrió inocentemente.
―Ups, lo siento, papá.
Edward miró a Bella desde el rabillo del ojo e hizo una mueca.
―Está bien, Jack.
Bella ahogó sus risitas y sacó una silla en la isla para sentarse. Jack le sonrió.
―Papá justo estaba contándome unas bromas de piratas trilladas.
―¿De verdad? ―respondió Bella con diversión―. Conozco unas bromas trilladas, pero ninguna de piratas, me temo.
Jack sonrió excitado.
―¡Dile la de los ratones, mamá!
Edward se volvió y arqueó una ceja.
―Esto tengo que oírlo.
Bella puso los ojos en blanco.
―¿Cómo llaman los gatos a ratones en patines?
―¡Comida a domicilio! ―gritaron Jack y ella juntos, disolviéndose en ataques de risitas.
―¿Y yo soy el trillado? ―se burló Edward, volviéndose para voltear su tocino.
Bella se puso de pie y envolvió sus brazos alrededor de él por detrás, apoyando la cabeza contra su espalda.
―Parece que recuerdo declarar explícitamente que la broma era trillada, Edward.
Él giró ligeramente su cuerpo y capturó sus labios en un beso ligero.
―Buenos días, nena ―susurró.
Ella miró a sus ojos verdes brillantes y sonrió.
―Buenos días a ti también, guapo.
Ambos se volvieron para mirar a Jack cuando él hizo un ruido de tos. Estaba mirando discretamente el techo, esperando que sus padres concluyeran su momento romántico. Cuando bajó la mirada de nuevo y los notó observándolo, se encogió de hombros.
―¿Qué? El besito-besito solo es lindo por un tiempo.
Bella se sonrojó y ocultó la cara en el hombro de él, mientras Edward soltaba una risa bulliciosa.
―Un día, chico, no vas a pensar eso ―reprendió él a su hijo.
Jack se encogió de hombros de nuevo.
―Tal vez, tal vez no.
Bella rio ligeramente y regresó a su asiento. Pronto, Esme entró en la cocina y se unió a ellos para desayunar. Bella se recostó y observó lo adorable del momento pasar, contemplando cada broma trillada y comentario insolente. Esme se metió incluso con algunas de las suyas.
Cuando todos terminaron, los chicos sacaron a las damas de la habitación mientras limpiaban su desorden. No queriendo perder la oportunidad de hablar con Bella sola, Esme la condujo al estudio para tener una charla con ella. Bella se sentó en una de las sillas con respaldo mientras Esme tomaba la otra y bajaba el brazo para tomar las manos de Bella en las suyas.
―¿Cómo estás, querida? ¿Me refiero a estar de verdad? He estado preocupada por ti ―expresó la mujer mayor con preocupación.
Bella suspiró y miró sus manos entrelazadas.
―No voy a mentir y decir que estoy completamente bien, pero en su mayor parte, estoy bien. Tengo a Jack, tengo a Edward y vamos a estar bien.
Esme sonrió brillantemente.
―Eso es justo lo que quería escuchar. Está bien sentirse abrumado y aún molesto por lo que pasó, pero mientras recuerdes que todo el mundo está aquí para ti, bueno, eso es todo lo que puedo pedir. Estoy aquí para ti si alguna vez necesitas hablar.
―Gracias, Esme ―susurró Bella, sintiendo una lágrima solitaria escapar por su mejilla.
Esme levantó el brazo y apartó la humedad.
―Ahora, ¿qué hay de Jack? ¿Has tenido una oportunidad de sentarte y tener una conversación seria con él?
Bella sacudió la cabeza ligeramente.
―No. Le dijimos lo que pasó y pareció tomarlo mejor de lo esperado. Pasamos algo de tiempo relajándonos y luego nos quedamos dormidos temprano.
―¿Por qué no lo sacas por un tiempo? ¿Solo algo de tiempo de mami e hijo? Yo solía hacerlo por mis hijos de vez en cuando. Carlisle se quedaba en casa con uno mientras yo sacaba al otro para almorzar conmigo y al parque. Aprecié esos momentos y estoy bastante segura de que ellos lo hicieron también.
Bella sonrió con aprecio.
―Eso suena como una idea maravillosa, Esme. El único problema previsible sería conseguir que Edward estuviera bien con ello. Ha estado comprensiblemente pegajoso los últimos días. No es que lo culpe, yo lo necesitaba conmigo tanto como él lo hace.
Esme sonrió traviesamente.
―Déjame cuidar a mi hijo...
.
.
Después esa tarde, Bella se sentó en un banco del parque mientras el sol cálido de Chicago calentaba su piel y se filtraba a través del grupo denso de árboles. Fiel a su palabra, Esme se había ocupado de decirle a Edward sobre su salida y él la había tomado mejor de lo que esperaba. Sí pidió que ella llame y se reporte después de unas horas, solo para que supiera que estaban a salvo. Suspiró y mordió su lengua, evitando recordarle que, en diez días, él tendría más de qué preocuparse que una salida de dos o tres horas.
Miró a Jack y lo observó balancearse y jugar, como si no tuviera una preocupación en el mundo. Le hacía doler el corazón observarlo así. Se merecía ser despreocupado y feliz como cualquier otro niño normal. Con Victoria y James fuera de su vida por completo y los Cullen una parte de ella ahora, tal vez podría comenzar a suceder ahora. Lentamente, pero con seguridad, sus corazones sanarían y serían felices, sin ningún rastro de tristeza persistente.
Observó cuando él sacó un balón de fútbol de la bolsa que trajeron con ellos y comenzó a patearlo, así como a rebotarlo en su rodilla. La luz le daba a su cabello en un ángulo que lo hacía brillar en color cobrizo. Sus ojos verdes se encontraron con los de ella y literalmente le quitó el aliento lo mucho que se parecía a su padre.
Bella le hizo un gesto a Jack y dio unas palmaditas en el lugar junto a ella en el banco. El chico suspiró, recogiendo el balón de fútbol que había estado pateando y se dejó caer al lado de su madre. Él apoyó la cabeza en su hombro y suspiró de nuevo.
―Estoy bien, mamá ―murmuró él en voz baja.
―¿Cómo sabes lo que estaba pensando? ―Ella lo empujó con el hombro y rio ligeramente, contradiciendo su estado de ánimo actual.
―Te conozco. No tienes que preocuparte por mí, sabes. Estoy bien ―contestó, su voz firme y fuerte.
Extendió el brazo y pasó los dedos por su cabello rebelde, rezando para que sus palabras sonaran verdaderas.
―Realmente no sé qué pensar ni sentir sobre Victoria ahora mismo. Estoy un poco triste porque murió y nunca llegué a decirle cuánto me lastimó, pero también me alegro un poco de que nunca tendré que volver a verla, pero te tengo a ti. ―Él se volvió y miró a su rostro, sus ojos brillando intensamente―. Sé que me amas y que aún me amarás sin importar qué.
Bella asintió, su voz silenciada por emociones abrumadoras.
―Por siempre y para siempre, Jack ―susurró ella en su oído mientras lo abrazaba con fuerza. Después de pasar un poco más de tiempo en el parque, empacaron y luego caminaron hacia un restaurante para el almuerzo. Después de pasar por los canales durante unos momentos, Jack conectó el iPhone de Bella y comenzó a desplazarse por sus listas de reproducción. Los sonidos de retintines de un piano vinieron a través de los altavoces antes de que la voz de una mujer empezara a cantar lindamente.
...
I wish I could sit down and read
All of the beautiful stories I need
I'd know all of the secrets they tell
And all of the fantasies I have as well
I'd go through every page
And I'd read every word
No matter how hard I try
Keep losing track of time
See how the days fly by
Even though everything, everything's fine
I wish, I just wish, I could find
Some peace of mind2
...
Cuando la canción llegó a su fin, Jack la miró y sonrió. Una sonrisa verdadera, sincera, que no había visto en tanto tiempo.
―Esa fue una bonita canción, mamá, ―reflexionó él en voz baja.
Bella asintió en acuerdo.
―Sí, estoy de acuerdo. También un poco adecuada, ¿huh?
Jack sonrió levemente y miró por la ventana.
―Sí, supongo que lo es.
Después de un almuerzo tranquilo y sin incidentes, regresaron a casa. Edward estaba sentado al piano, tocando las teclas, cuando entraron en la casa. Levantó la mirada ante el sonido de la puerta y sonrió brillantemente.
―¿Lo pasaron bien? ―preguntó él, continuando acariciando las teclas de ébano y marfil.
Jack se deslizó sobre el banco junto a él y asintió con la cabeza.
―Yo me divertí. Fue agradable solo pasar un poco de tiempo con mamá.
Edward atrapó la mirada de Bella y ella sonrió, haciéndole saber que todo estaba bien. Él sonrió y volvió a mirar las teclas, antes de comenzar a tocar palillos chinos. Jack rio y se unió.
―Hoy todo el día simplemente estás muy trillado, ¿huh, papá?
Edward sonrió alegremente.
―Es culpa tuya, chico. Ser feliz me hace tonto.
Los dedos de Jack se detuvieron momentáneamente mientras miraba pensativo al rostro de su padre.
―Eso está bien, entonces. Me gustas feliz, así que puedo lidiar con lo trillado.
Bella sintió su corazón derretirse por las palabras de su hijo. Edward se inclinó y lo besó en la parte superior de su cabeza.
―Te quiero, Jack. Siempre seré feliz mientras te tenga a ti y a tu mamá.
Jack sonrió.
―Yo también te quiero, papá. No puedo esperar hasta que te mudes más cerca de nosotros. Va a ser increíble.
Edward despeinó su cabello y sonrió.
―He estado mirando en línea apartamentos, así que con suerte encontraremos algo bueno.
―¿Tendré una habitación en tu casa? ―preguntó Jack con curiosidad.
Edward rio.
―Veremos.
Bella sintió su corazón apretarse y la sonrisa se deslizó lentamente de su rostro. Se volvió y silenciosamente caminó hasta su habitación, mientras los chicos volvían a tocar el piano y pasar un buen rato. Nunca había pensado que tendría que compartir su tiempo con Jack, al menos por un tiempo. Era solo justo para su padre, pero su corazón los quería a los tres juntos, como una familia. Sabía que no era factible que Edward se mude con ellos, sin importar lo mucho que se amaran. El hecho era que solo se habían conocido por unos meses. Cuando Edward le hubo mencionado su plan de conseguir un apartamento al principio así podrían conocerse y salir como una pareja normal, Bella había sido comprensiva. Ligeramente decepcionada, pero comprensiva.
Deambuló hacia la mesa y encendió su computadora portátil, esperando distraerse de los pensamientos tristes que flotaban por su mente. Después de casi una hora de jugar algunos juegos, estaba lo suficientemente distraída para sacar la historia nueva en la que estaba trabajando. Un cuento que derrite el corazón sobre un niñito perdido que encontró amor y una familia. Jack le había dado la idea en la firma de Nueva York. Era cercana a su propia historia, pero diluida y más simple.
Un golpe en su puerta hizo que levante la mirada, viendo a Edward meter la cabeza en la puerta.
―¿Te apetece salir a cenar? Jack sugirió comida china.
―Eso suena como una gran idea ―respondió ella, antes de darle a guardar y cerrar su computadora portátil.
Se acercó y puso su mano en la de él. Edward tiró de ella más cerca y la besó suavemente, ahuecando su nuca.
―¿Te sientes bien? ―le preguntó él, sus ojos brillando con amor y preocupación.
Ella le dio una sonrisa genuina y lo abrazó fuertemente.
―Estoy absolutamente bien.
*Juego de palabras entre bagels y gaviotas, ya que éstas en inglés son seagulls y la pronunciación de aquellas es baigels, se pierde con la traducción.
¡Hola!
¿Qué les pareció el capítulo? Ya nos estamos acercando al final de esta historia... Pero, para que no se pongan tristes, en un comentario nos preguntan si vamos a traducir los outtakes de la historia, la respuesta es sí ;) :)
Muchas gracias por los comentarios: Pam Malfoy Black, lauritacullenswan, somas, Hanna D., cavendano13, patymdn, carolaaproboste.v, jhanulita, Adriu, bellaliz, floriponcio, Yoliki, Noelia, Pili, soledadcullen, lizdayanna, libbnnygramajo, Lady Grigori, saraipineda44, freedom2604, bbluelilas, debynoe, tulgarita, Merce, solecitopucheta, Marie Sellory, Klara Anastacia Cullen, Torposoplo, cary, Tata XOXO, Brenda Cullenn, Mar91, crysty katy, terewee, EmmaBe, aliceforever85, Sully YM, Mel. ACS y Karen.
¡Hasta el próximo capítulo!
