Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Parachute
By: KitsuShel
Traducción: Emotica G. W
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 34
20 de agosto de 2010
Bella y Edward se acurrucaron en su cama, simplemente disfrutando de la tranquilidad de la noche y abrazándose tiernamente. Ella soltó un pequeño suspiro y besó su pecho, justo encima de su corazón.
―Edward, ¿puedo preguntarte algo? ―preguntó ella en voz baja.
Él se movió ligeramente y apartó un mechón de cabello de su cara.
―Cualquier cosa, nena.
Ella tragó saliva nerviosamente, preocupada por cuál sería la respuesta a su pregunta.
―Los documentos que James me mostró, ¿eran reales?
Él respiró hondo y asintió vacilante. Traición atravesó el corazón de ella y sintió lágrimas en sus ojos.
―Ssh, no llores ―susurró él, rozando sus pulgares en sus mejillas―. No es como suena.
―Entonces ¿cómo es? ¿Por qué estabas presentando una demanda por la custodia si vas a mudarte al otro lado del país? ¿O eso era una mentira? ―respondió ella con un pequeño sollozo, su cuerpo comenzando a temblar.
Él la agarró con fuerza contra su pecho, maldiciéndose en silencio.
―Lo siento mucho, Bell. Se lo mencioné a James el día después de que vinieras aquí. Estaba molesto y no estaba pensando con claridad. Después de eso, honestamente me olvidé de todo, hasta que apareció en mi oficina el miércoles con los papeles. Le dije que se deshiciera de ellos, y se enojó. Lo siento mucho, debí haberlo entendido antes.
Ella hipó y aspiró, tratando discretamente de secarse la nariz en la manga. Su pecho resonó debajo de ella, dejando escapar una risita débil.
―Es mi culpa que estés llorando, siéntete libre de usar mi camisa si es necesario.
Ella se inclinó y lo fulminó con la mirada antes de sentarse y entrar al baño. El piso de baldosas fresco le dio una sacudida a los dedos de sus pies al caminar hacia el lavabo, con la intención de lavarse la cara. Se miró fijamente al espejo, no reconociendo mucho a la chica mirándola de regreso. Sus ojos eran de un intenso color chocolate, rojos de llorar, y su pelo estaba salvaje y enredado por las manos de Edward corriendo a través de él. Sintió un empuje de emoción y se movió hacia la derecha, sentándose en el taburete y descansando su frente contra la encimera de mármol.
Después de unos momentos tranquilos, sintió su mano en el hombro, frotando suavemente.
―Lo siento, nena.
Giró su cabeza, no levantándola del mostrador y se encontró mirando a los ojos verdes con remordimiento de Edward mientras se agachaba junto a ella. La mano de él se extendió para acariciar su mejilla.
―Lo siento, Bella En mi defensa, estaba sensible y no te conocía. Eso no me disculpa, pero es todo lo que puedo ofrecer.
Resopló.
―Lo sé, lo entiendo, yo también habría sido desconfiada en tu posición. Lamento haber dudado de ti. Simplemente fue una conmoción grande.
Él sonrió tristemente y besó su mejilla.
―Lo sé, nena. Siento mucho no haber escuchado antes sobre James. Tal vez todo esto pudo haber sido evitado.
Ella se enderezó y se arrojó en sus brazos.
―¿Podemos parar con todas las disculpas y seguir adelante?
Él besó su sien y rio.
―Eso suena como un plan para mí. ―Se levantó y la tomó de las manos, llevándola a la bañera inmensa―. ¿Cómo suena un buen baño caliente? ―preguntó con un brillo en la mirada.
Ella sonrió.
―Suena como el cielo.
Ni quince minutos después, Bella se encontró hasta el cuello en burbujas, descansando contra el pecho de Edward. Su mente estaba tranquila y estable, por primera vez en días.
―Marcus me llamó hoy más temprano. ―Edward rompió el silencio con su voz suave.
―¿Que quería? ―preguntó Bella, la voz teñida de curiosidad.
―Quería saber si a alguno de nosotros nos gustaría asistir al funeral de Victoria el domingo.
Se volvió para mirarlo, los ojos agrandados de sorpresa.
―Vaya ―murmuró―. Nunca pensé en eso.
Las manos de él jugaban con mechones de cabello que se soltaban del moño encima de su cabeza.
―Eso es comprensible. Tú misma has pasado por una dura prueba, amor.
―¿Quieres ir?
Su ceño se frunció mientras reflexionaba sobre el pensamiento, antes de sacudir la cabeza.
―No, le dije adiós hace mucho tiempo.
―Deberíamos... ―empezó, y luego se detuvo un instante para reunir sus pensamientos―. ¿Deberíamos preguntarle a Jack si quiere ir?
Edward entrecerró los ojos.
―¿Por qué? Será un circo mediático. No necesita ser parte de eso.
―Lo sé, pero ¿él no debería elegir? Era su madre biológica.
Sonrió tristemente y tocó su mejilla.
―Entiendo por qué lo dices, pero todavía no creo que sea una buena idea.
―Lo sé, pero no quiero que deje pasar esto y se arrepienta después. Estoy bastante segura de que no querrá ir, pero creo que debería tener la elección.
Edward pareció pensativo por un momento antes de asentir.
―Está bien, hablaremos con él por la mañana.
Ella se inclinó hacia delante y colocó sus labios contra los de él en un beso suave.
―Gracias ―susurró.
Él pasó la mano por su costado resbaladizo, rozando la parte inferior de un pecho, haciéndola estremecer.
―¿Tienes frío, nena? ―susurró contra su oreja, provocando otro escalofrío de placer.
―N-no ―tartamudeó ella―. Sabes lo que estás haciendo.
―¿Lo hago? ―provocó él con su voz aterciopelada.
Ella giró el cuerpo rápidamente y se posó en su regazo, sus pezones apenas cubiertos por el agua. Los ojos de él contemplaron su forma con avidez.
Bella extendió el brazo y pasó las manos mojadas por su cabello broncíneo, tirando de él casi dolorosamente.
―Dos pueden jugar este juego, Edward.
Él agarró su nuca y la besó apasionadamente, agua y espuma derramándose sobre el borde de la bañera y goteando al suelo. Estuvieron rápidamente cautivados por el cuerpo del otro, que no lograron notar la temperatura refrescante del agua.
.
.
Tres días más tarde, los hombres llegaron para transportar el auto de Bella de regreso a Port Angeles. La finalidad de la acción pesaba mucho en la mente de todos.
Todo excepto sus elementos esenciales y una maleta para Bella y Jack, estaba empacado en el auto y listo para irse. Jack acarició cariñosamente el capó del auto y suspiró. Entrecerró los ojos hacia uno de los dos transportistas.
―Tenga cuidado con Nevaeh, ¿está bien?
El hombre le sonrió con humor a Jack.
―Sí, señor.
Jack asintió y regresó a la casa.
―Muchachos y sus juguetes ―respondió Esme con una sonrisa, soltando una risita.
Bella sacudió la cabeza y sonrió, siguiendo a su hijo dentro de la casa. Miró fijamente alrededor de la habitación, entristecida por la idea de que estarían yéndose en menos de una semana. Por mucho que disfrutara estar aquí, extrañaba su cama en casa y su cocina pequeña y hogareña. Jack tendría una semana para aclimatarse a estar de regreso en casa antes de que comenzara la escuela. Él estaba ansioso por volver a ver a sus amigos, así como a su familia en casa.
Se acercó al piano, donde Jack estaba en el banco, tocando una melodía suave. Se sentó a su lado y le devolvió la sonrisa de bienvenida.
―¿Qué estás tocando?
―Se llama Moonlight Sonata de Beethoven.
Cerró los ojos y dejó que la música fluyera sobre ella. Era una melodía tan bonita, pero un poco inquietante. Cuando terminó, él le sonrió tristemente.
―¿Crees que me equivoqué al no querer ir ayer? ―preguntó él de repente.
Bella suspiró.
―No, pequeñín. No creo que estuvieras equivocado. Estoy segura de que fue una decisión difícil de tomar. Marcus, Diane y Rini van a venir a verte el viernes así pueden decir adiós. Te aman mucho y seguirán siendo una parte de tu vida, pero siempre tendrás el recuerdo de Victoria surgiendo de vez en cuando, pero eso es todo lo que es, un recuerdo.
Él asintió.
―Sé eso, pero tú estarás ahí para ayudarme si me molesto, ¿verdad? ―preguntó en voz baja.
Ella envolvió un brazo alrededor de sus hombros, abrazándolo a su cuerpo.
―Absolutamente, cariño. Siempre estaré aquí para ti.
Unos momentos más tarde, Edward y Emmett aparecieron por las puertas del patio, luciendo calientes y sudorosos. Emmett tenía una pelota de baloncesto en un brazo y una toalla de mano en la otra. Sonrió cuando vio a Jack y a ella.
―¡Bella! Justo la persona que quería ver ―exclamó él jovialmente.
Ella entrecerró los ojos hacia él.
―¿Qué estás tramando, Em?
Él parpadeó inocentemente.
―¿Quién, yo?
Ella rio.
―Sí, tú. ¿Qué quieres?
Él sonrió.
―¿Estaba preguntándome si mi chico ahí podría venir y pasar la noche con Rose y conmigo por algo de tiempo de unión?
Jack la miró con entusiasmo.
―¿Por favor, mamá? ¡Suena increíble!
Ella negó con la cabeza y no pudo evitar sonreír. Miró a Edward y alzó una ceja, pidiendo su opinión silenciosamente. Él asintió ligeramente y casi pudo ver las ruedas girando en su cabeza.
―De acuerdo, pero ―añadió cuando Jack se puso en pie de un salto―. Todavía se aplica la hora de acostarse y no dejes que el tío Em te meta en problemas, ¿me oyes?
Jack asintió con entusiasmo y corrió arriba para empacar una bolsa.
Emmett se burló.
―¿Por qué las personas siempre piensan lo peor de mí?
―Porque te conocemos, Emmett ―rio Edward, golpeando a su hermano en el hombro.
―Mira, cuando mi hijo llegue aquí, les demostraré a todos.
Él palideció y frunció los labios tan pronto como se dio cuenta de su desliz.
―Em, estás... ¿Rose está embarazada? ―preguntó Edward, sus ojos ensanchándose con sorpresa.
Emmett frotó su nuca con timidez y asintió.
―No le digas nada a mamá, por favor. Rose quería contárselos juntos.
Edward le dio una palmada en la espalda y lo jaló para un abrazo.
―¡Enhorabuena, hermano! ¿Para cuándo está programada?
―23 de enero. Solo tiene casi cuatro meses.
―¿Por qué no dijiste nada antes? ―preguntó Edward con curiosidad.
Emmett se encogió de hombros.
―Acabábamos de descubrirlo el día en que aparecieron Bella y Jack. La elección del momento oportuno nunca pareció correcta después de eso.
Bella se levantó y sonrió, caminando para besar a Em en la mejilla.
―Enhorabuena, Em. Por mucho que te molestemos, estoy absolutamente segura de que serás un padre maravilloso.
Emmett parpadeó y despejó su garganta atascada de emoción.
―Gracias, Bella. Eso significa mucho para mí.
―¡Estoy listo, tío Em! ―gritó Jack mientras se apresuraba de nuevo por las escaleras, la mochila colgada sobre su hombro.
―¿Ansioso, hombrecito? ―bromeó Emmett, extendiendo el brazo para revolver el cabello de Jack.
―Bueno, vamos a irnos pronto, así que quiero pasar algo de tiempo contigo y tía Rose.
Bella mordió su labio y alejó de un parpadeo la humedad en sus ojos. Emmett sonrió tristemente y asintió.
―Está bien, entonces, pongámonos en marcha, Jack.
.
.
Entrada la noche, mucho después de que Carlisle y Esme se hubieran ido a la cama, Bella se sentó en la biblioteca Cullen, mirando sin ver el libro en sus manos. Edward se había quedado dormido en el sofá un poco antes, así que buscó consuelo entre los libros. Una copia bien usada de una antología de Edgar Allan Poe estaba abierta en su regazo, las palabras de "Un sueño en un sueño", mirándola de regreso.
Cerró los ojos involuntariamente mientras una voz aterciopelada susurraba en su oído.
...
Me encuentro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Granos de arena dorada.
¡Que pocos son! Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¡Oh Dios! ¿Evitaré su suerte
oprimiéndolos más fuertes?
¡Oh Dios! ¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
...
―¿Cuánto hay de grande o pequeño, solo es un sueño en un sueño? ―terminó ella, cerrando el libro antes de volverse hacia su mirada verde, una sonrisa pecaminosa iluminando su rostro.
―Siempre he sido un gran admirador de Poe ―murmuró Edward suavemente, extendiendo el brazo para acariciar sus dedos, lo cuales se curvaron alrededor del lomo de la antología.
―Definitivamente fue un maestro de la tristeza y lo macabro.
Edward sonrió.
―De hecho. ¿Por qué estás sentada aquí sola? Debiste haberme despertado.
Ella sonrió.
―Estabas cansado, no quería molestarte.
Él extendió el brazo para acariciar su mejilla y ella se reclinó en él.
―No habrías estado molestándome. Quiero pasar tanto tiempo contigo como pueda antes del domingo.
Agarró el libro de su regazo y se acercó para devolverlo a su casa. Bella se levantó y se acercó a él, alcanzando su brazo. Él la miró y su expresión se suavizó. Envolvió los brazos alrededor de ella y la atrajo hacia sí, respirando su aroma.
―Te amo ―susurró ella, una lágrima solitaria cayendo en silencio.
―Ssh ―susurró él contra sus labios―. No hagas esto ahora. No te despidas de mí así, por favor. No perdamos más tiempo.
―No sé qué más hacer ―suplicó ella―. No quiero dejarte, Edward.
―Lo sé, nena, pero todo estará bien. Seremos más fuertes por ello. ―Él se inclinó y la besó castamente―. Este no es el final, Bella. Solo son unos meses.
Bella ignoró sus palabras y se apretó contra él.
―Por favor, Edward. Te necesito.
Él extendió el brazo hacia abajo, una mano acunando su mejilla y la otra agarrando su trasero, y la acercó más. Su lengua hurgó en su boca, saboreando la dulzura del vino tinto todavía en su lengua. El beso, el cual empezó suave y dulce, se volvió rápidamente desesperado y exigente.
Bella lanzó sus brazos, intentando agarrar las repisas mientras Edward presionaba su espalda contra la estantería. Dejó escapar un gemido y lanzó la cabeza hacia atrás, ignorando la punzada de dolor de golpear los libros detrás de ella. Se retorció y jadeó cuando los labios de él descendieron por su mandíbula y se posaran en la base de su cuello. Una mano dejó su posición para correr a través de su cabello, rascando ligeramente su cuero cabelludo.
―Joder ―siseó él, presionando sus caderas contra las suyas, dejándola sentir su excitación.
―Edward ―gritó ella ligeramente cuando él se inclinó para empujar su camisa y la copa de su sujetador fuera del camino, tomando uno de sus pezones en su boca.
―¿Qué, Bella? ¿Qué quieres? ―preguntó él con voz grave.
―A ti. Te quiero a ti ―murmuró ella.
―¿Quieres que te tome aquí? ¿Contra estas estanterías?
Un escalofrío subió por su columna.
―Sí ―susurró ella con voz ronca―. Justo así.
Los dedos de él se deslizaron bajo su camisa, atormentando su piel y rozando contra la pretina de sus vaqueros. Retrocedió ligeramente para tirar de su camisa y sujetador por encima de su cabeza, no molestándose en desabrocharlo. Su pulgar abrió el botón y bajó la cremallera. Con los labios todavía unidos a su pecho, Edward deslizó sus manos por sus caderas, quitando sus pantalones y ropa interior al mismo tiempo.
Ella dejó escapar un sonido de gimoteo minúsculo cuando sus dientes rozaron su carne blanda mientras dos de sus dedos se deslizaban dentro de ella. Se retorció bajo su toque, los estantes arañando contra su columna.
―Edward, por favor ―jadeó ella―. Te necesito.
Los pantalones de él se acumularon rápidamente a sus pies y sus piernas se envolvieron alrededor de sus caderas. En un rápido movimiento, se metió en ella, sus gemidos de placer en conjunto fueron ahogados en un beso. Permanecieron unidos, dándose mutuamente un momento de calma, antes de que Edward empezara a moverse contra ella rápidamente, manteniéndola presionada contra la estantería. Las manos de ella se aferraron a su cabello y presionó sus labios contra su garganta.
Edward colocó sus manos debajo de su trasero, dándose más fuerza mientras embestía en ella, sus movimientos desesperados. No pasó mucho tiempo hasta que perdió el control, sintiendo los músculos internos de Bella apretarse a su alrededor, señalando su propia liberación. Se inclinó hacia adelante, contra su cuerpo, respirando pesadamente mientras sudor escurría por su sien y goteaba sobre la piel de Bella.
El par gimió ligeramente cuando él se deslizó fuera de ella y la ayudó a bajar sus piernas al suelo, estabilizándola. La besó lenta y dulcemente. Ella sonrió y se apoyó en él por equilibrio. Después de unos momentos, Edward se retiró un poco.
―Vamos, amor, vistámonos antes de que mi madre decida que necesita un bocadillo de medianoche.
Las mejillas de Bella se pusieron rosadas, avergonzada de que se hubiera olvidado por completo de Carlisle y Esme en medio de su pasión.
Él se levantó los pantalones y alcanzó su camisa, entregándosela a Bella para que se la pusiera.
Sus ojos se estrecharon de preocupación cuando ella hizo una mueca mientras tiraba de la camisa sobre su cabeza.
―¿Qué pasa, amor?
Ella le sonrió perezosamente, euforia todavía embriagando sus venas.
―No es nada de verdad. Mi espalda está un poco arañada.
―Voltéate ―ordenó él, levantando la camisa para ver media docena de verdugones irritados―. Oh, nena ―murmuró―. ¿Por qué no dijiste nada?
Ella bajó la mirada con timidez.
―Apenas me di cuenta, confía en mí. Eso fue caliente, definitivamente lo haría de nuevo alguna vez. ―Lo miró a los ojos, mostrándole su sinceridad.
Él sacudió la cabeza, pero no pudo evitar la sonrisa que se formó en su rostro. Después de reunir el resto de su ropa, extendió su mano hacia ella.
―Vamos, lavémonos y pongamos algo de crema en tu espalda.
Ella puso su mano en la suya y lo dejó guiar el camino.
.
.
29 de agosto de 2010
El domingo llegó demasiado rápido para Bella. Pasaron los últimos días explorando más de Chicago y revisando algunos de sus lugares favoritos. Jack parecía tener una cámara pegada a su cara a veces, siempre haciendo clic. Después de una despedida llorosa con Carlisle, Esme, Emmett y Rosalie, Bella los dejó con promesas de llamar y enviar correos electrónicos cada tanto, así como regresar para visitas frecuentes.
El viaje a O'Hare fue tranquilo en el auto de Edward, la música llenando suavemente el aire. Los acordes de una canción familiar comenzaron a tocar y Bella le subió. Con lágrimas comenzando a fluir por su cara, miró a Edward, notando que había aparcado al lado de la carretera. Él desabrochó los cinturones de ambos y se inclinó sobre la guantera, abrazándola de un tirón. Bella soltó un sollozo cuando sintió los brazos de Jack envolverse alrededor de ellos.
―Ssh, está bien, mamá. También estoy triste ―arrulló él en su oído.
...
You and I were friends from outer space
Afraid to let go
The only two who understood this place
And as far as we know
We were way before our time
As bold as we were blind
Just another perfect mistake
Another bridge to take
On the way of letting go
This ain't goodbye
This is just where love goes
When words aren't warm enough to keep away the cold
Oh no, this ain't goodbye
It's not where our story ends
But I know you can't be mine
Not the way you've always been
As long as we've got time
Then this ain't goodbye
Oh no, this ain't goodbye
We were stars up in the sunlit sky
That no one else could see
Neither of us ever thought to ask why
It wasn't meant to be
Maybe we were way too high
To ever understand
Maybe we were victims of all the foolish plans
We began to devise
But this ain't goodbye
This is just the way love goes
When words aren't warm enough to keep away the cold.
Oh no, this ain't goodbye
It's not where our story ends
But I know you can't be mine
Just like the way you've always been
As long as we've got time
This ain't goodbye
Oh no, this ain't good bye, oh oh
Oh no this ain't goodbye
This ain't goodbye
...
En el aeropuerto, Edward le dio un último beso prolongado a Bella y un abrazo de oso a su hijo, antes de que caminaran a través de seguridad y lo dejaran parado en medio de una multitud, su corazón destrozado en pedazos, aunque solo temporalmente. El tiempo no podía moverse lo suficientemente rápido para él.
Mientras tanto, Bella apretó la mano de Jack fuertemente, sabiendo que él era la única otra persona, además de su padre, que entendía cómo se sentía en ese momento. Los dos meses siguientes serían largos, pero los asumirían juntos, saliendo más fuertes al final, justo como Edward había dicho. Se aseguraría de ello. Después de una última mirada y saludo, Jack y Bella se sentaron en silencio, esperando que llamaran sus asientos de primera clase.
El muchacho se inclinó y apoyó la cabeza en su hombro. Ella lo rodeó con el brazo y suspiró.
―Recuerda, Jack ―dijo en voz baja―, esto no es un adiós. Pronto estará en casa con nosotros.
―Lo sé, ma. Solo es extraño cómo todo se siente diferente ahora.
Ella besó la parte superior de su cabeza.
―Lo sé, cariño. La vida está llena de cambios, así que necesitas aprender a crecer y a superar los retos.
Él extendió el brazo y tomó su mano.
―Y lo haremos juntos, ¿verdad?
Ella le dedicó una sonrisa acuosa y asintió.
―Siempre, pequeñín. Siempre.
Buuu, ya llegó el momento de la separación. ¿Qué creen que pase ahora?
Gracias por sus comentarios a: solecitopucheta, Pam Malfoy Black, cavendano13, lizdayanna, jhanulita, patymdn, Lady Grigori, Merce, Yoliki, nydiac10, calia19, saraipineda44, Cary, rjnavajas, bbluelilas, bellaliz, jupy, Brenda Cullenn, debynoe, crysty Katy, terewee, Pili, Sully YM, Hanna D. L, tulgarita, Sara, libbnnygramajo, lauritacullenswan, LicetSalvatore, .Life, Nadiia16, freedom2604, Marie Sellory y Tata XOXO.
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
