Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.


Parachute

By: KitsuShel

Traducción: Yanina Barboza

Beta: Flor Carrizo


Epílogo

13 de julio de 2012

Bella miró por la ventana de la cocina, buscando serenidad en la gran extensión de césped verde y frondoso. Había una gran casa de árbol, que parecía más como una pequeña cabaña, ubicada bajo en un enorme árbol, cerca del medio del patio. Ella sintió el calor de una mirada en su espalda y tomó una profunda respiración antes de girarse.

Ojos verdes brillantes encontraron los de ella con enojo, provocando que suspirara.

—¿Ahora qué? —preguntó con cansancio.

—¿Por qué Riley y Garrett no pueden pasar el fin de semana? No es justo, mamá. ¡Nunca pedí mudarme a este estúpido lugar!

Bella se frotó las sienes, el inicio de un dolor de cabeza rápidamente atacando sus sienes.

—Jack, bebé, ya hemos pasado por esto. Tu papá está fuera de la ciudad por trabajo, y yo no tengo la energía para lidiar con ustedes tres este fin de semana. Y basta con lo de la casa. Sabes que te encanta y no es muy lejos de la vieja.

Los ojos de él se dirigieron a su abultado vientre y habló con desprecio.

—Es culpa de esa cosa. No habría un problema si no estuvieras embarazada.

Bella se apoyó en la encimera.

—Jack, ya hemos pasado por esto antes, cariño. Solo porque vamos a tener un bebé...

—Eso no significa que me quieran menos —imitó mientras la interrumpía y ponía los ojos en blanco.

—Pequeñín, por favor... —comenzó ella, antes de que él la interrumpiera.

—¡Argh, a veces te odio! ¡Ojalá ese bebé muriera!

Con esas crueles palabras de despedida, Jack salió furioso de la cocina, pisoteando fuerte las escaleras. Con seis meses de embarazo y ya lidiando con hormonas erráticas, Bella estalló en lágrimas y caminó a la sala, dejándose caer en el sofá y enterrando la cara en una almohada. Quince minutos después, sus lágrimas todavía no habían disminuido, así que agarró el teléfono y marcó el número de su esposo.

—Hola, nena. —Su voz aterciopelada acarició su corazón dolorido—. ¿Está todo bien?

Un nuevo sollozo salió de su pecho.

—¡Mierda, Bella! ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Debo llamar a Charlie? —Edward comenzó a soltar preguntas en pánico.

—No —sollozó ella—. Estoy bien.

—¿Entonces por qué estás llorando así, nena? ¿Qué pasó? —Su voz se suavizó a un tono tranquilizador.

—Jack —hipó—. Estaba enojado —sollozo— porque los chicos no podían venir este fin de semana.

Edward suspiró sabiendo. Jack había estado portándose mal durante los últimos tres meses, desde que sus padres le dijeron sobre el bebé.

—¿Qué dijo?

—¡Que me odiaba y que deseaba que el bebé muriera! —Bella comenzó a sollozar de nuevo.

—Ssh —susurró Edward—. Sabes que no lo dijo en serio, Bella. Recuerda lo que dijo Kate hace unas semanas.

—¡No me importa lo que dijo Kate! —lloró ella—. No me importa si él solo está portándose mal porque se siente seguro y protegido. Quiero decir, me importa —sollozó—, ¡pero no es justo! Ni el bebé ni yo lo merecemos. Duele mucho. —Su última oración fue apenas más que un susurro.

—Lo sé, lo sé —respondió Edward con calma—. Desearía estar ahí contigo, nena. Castígalo indefinidamente y después hablaremos cuando llegue a casa en dos días. Si se vuelve demasiado para manejar, llama a mi mamá o a Sue para que vayan y lo controlen. Trata de no estresarte, amor. No es bueno para ti o el bebé.

Ella sollozó y se limpió la nariz con el dorso de la mano.

—Está bien —respondió en voz baja.

Unas fuertes voces resonaron sobre su voz y Edward suspiró.

—Lo siento, Bella. La reunión está comenzando. Te llamaré tan pronto como termine, ¿de acuerdo?

—Está bien. Te amo.

—También te amo, nena.

La línea se quedó en silencio y ella apretó finalizar. Puso la cabeza en sus manos y comenzó a llorar bajito de nuevo. Una mano le tocó el hombro tentativamente y ella levantó la cabeza con rapidez, encontrando los ojos arrepentidos de su hijo. Su labio inferior temblaba mientras contemplaba la cara de su madre, húmeda y manchada por el llanto. Ella dejó salir otro sollozo, antes de jalarlo hacia sus brazos con fuerza.

—¡Lo siento mucho, mamá! —lloró él—. No lo dije en serio. ¡Te quiero a ti y al bebé!

Ella lo meció de atrás hacia adelante en un gesto de consuelo.

—Lo sé, Jack, pero aun así duele mucho. Por favor nunca digas algo así de nuevo.

—No lo haré, mamá. Lo prometo —respondió con seriedad. Se apoyaron en el sofá, ninguno de los dos liberando su agarre en el otro.

—No puedes decir lo que te venga a la cabeza, pequeñín. Tienes que pensar el tipo de impacto que tendrán tus palabras. Aunque sabía que estabas enojado y no querías decir lo que dijiste, todavía duele, bebé.

—Lo siento mucho, mamá —susurró él, abrazándola con fuerza.

—Estás castigado hasta que tengas treinta —murmuró contra su cabello, el cansancio asentándose en ella.

—Entendido —se rio él bajito.

—Lo digo en serio. —Bostezó ella—. Espera hasta que tu padre llegue a casa.

Jack tragó audiblemente y asintió.

—Lo sé.

Las notas de una canción flotaron en la cabeza de ella mientras se sumía en un pacífico sueño.

...
Words they'll try to shake you
Don't let them break you
Or stop your world from turning
When words keep you from feeling good
Use them as firewood and let them burn
...

Pronto, la respiración de Bella se acompasó y suaves ronquidos llenaron el aire. El corazón de Jack se apretó y se sintió verdaderamente horrible por arremeter contra su madre. Él no tenía idea de lo que le había hecho decir esas cosas. Ella nunca había sido nada menos que buena con él y le demostraba su amor una y otra vez.

El teléfono sonó al lado de él y lo respondió con rapidez, no queriendo despertarla todavía.

—¿Hola? —preguntó en voz baja.

—¡Jackson Charles Cullen! ¿Qué está mal contigo, niño? ¿Por qué le dirías algo así a tu madre? —La voz de su padre resonó por el altavoz del teléfono.

—Shh, papá, por favor baja la voz —respondió en voz baja.

—¿Que baje la voz? —gritó Edward—. ¿De verdad me estás diciendo que me calle? Niño, ¿te has vuelto loco?

—No, papá, por favor —susurró Jack—, mamá está durmiendo a mi lado.

El silencio cayó rápidamente sobre la línea.

—¿Está durmiendo? ¿Ya no está llorando? —preguntó su padre en un volumen normal, aunque su voz todavía estaba teñida de ira.

—Sí, ella se quedó dormida sobre mí hace unos diez minutos.

Edward suspiró.

—Jack, de verdad. ¿Qué te poseyó para que le hablaras así? Ella está extremadamente emocional de por sí y tú la llevaste al límite.

—Lo siento, papá. No estaba pensando.

—Tienes toda la razón, no estabas pensando. Confiaba en ti para que fueras el hombre de la casa mientras estaba lejos, Jack. Poner a tu madre histérica en su condición no era parte del plan.

Jack permaneció en silencio, sin saber qué decir a continuación.

—¿Al menos te disculpaste con ella?

—Sí, papá. Le dije que lo sentía y que no lo decía en serio. Me sentí mal tan pronto como las palabras salieron de mi boca. Nunca querría que algo malo le pasara a mamá o al bebé.

—Lo sé, hijo. Necesitamos trabajar en controlar tu temperamento. Está bien estar molesto, pero es inaceptable arremeter de esa forma. ¿Estamos claros?

—Sí, señor.

Después de unos momentos de silencio, Jack habló de nuevo.

—¿De verdad la doctora Kate dijo eso de mí? —preguntó con vacilación.

Edward gimió.

—Sí, lo hizo, pero eso no excusa tu comportamiento, Jack.

—Lo entiendo, ¿pero por qué me portaría mal porque me siento seguro? No entiendo.

—Nadie realmente entiende por qué la mente funciona de la forma en que lo hace, hijo. ¿Qué tal si cuando regrese le llamamos y hablamos con ella juntos?

—Me gustaría eso, papá. No quiero hacer llorar a mamá así de nuevo.

—Lo sé, Jack. Mira, te dejaré ir. Dile a tu mamá que la llamaré más tarde.

—Está bien, lo haré.

—Sé amable con ella, Jack. Por favor. Ella lo necesita en este momento.

—Lo haré, papá. Lo prometo.

—Está bien, hablaré contigo más tarde. Te quiero.

—Adiós, papá. También te quiero.

Jack colgó el teléfono y miró a la pacífica cara de su madre, prometiéndose que nunca le levantaría la voz de nuevo.

Tres días después, Edward entró a su habitación por primera vez en una semana y se detuvo en seco ante la vista esperándolo. Jack y Bella estaban acurrucados juntos, durmiendo. La mano de Jack reposaba en el vientre de su madre, provocando que un suspiro de felicidad brotara del pecho de Edward. Puso su maleta al lado de su buró y miró el reloj. Eran las once pasadas, así que decidió meterse a la ducha antes de unirse a su familia.

Bella se despertó varias horas después, sintiéndose demasiado caliente y con algo pesado sobre su estómago. Parpadeó abriendo lentamente los ojos y sonrió al pacífico rostro de Jack, profundamente dormido. Miró más abajo y sus ojos se ampliaron cuando se dio cuenta que la mano del chico estaba reposando en su vientre, cubierta por una mano más grande que se estiraba desde atrás de su cuerpo. Giró la cabeza y se presionó hacia atrás, sintiendo el pecho duro de su esposo contra su espalda. Suspiró y cerró los ojos, volviendo a un pacífico sueño.

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15 de septiembre de 2012

—¡Bella! —llamó Laurent desde el depósito de Odds and Ends.

Se puso la mano en su creciente vientre y con cuidado se deslizó del banquillo en el que había estado sentada en el mostrador de entrada. Caminó como pato unos cuantos pasos antes de gritar de regreso.

—¿Sí, Steve?

Él asomó la cabeza por la puerta y sonrió, sus ojos verde claro arrugándose en las bordes.

—¿Querías dos pilas del libro nuevo de Patterson o solo una?

—Una debería estar bien, ha estado un poco lento esta semana —respondió ella, antes de decidir dar una vuelta por los pasillos para ver si alguien necesitaba ayuda.

Acababa de terminar de ayudar a una joven a encontrar un libro para su clase de Literatura cuando la campana sobre la puerta sonó.

—Hola, bienvenido a... —Bella interrumpió su saludo cuando levantó la mirada y vio a su padre parado delante de ella, luciendo nervioso—. ¿Papá? ¿Está todo bien? —preguntó preocupada, moviéndose a su lado tan rápido como su panza le permitía.

Él se frotó la nuca y asintió.

—Solo necesitaba hablar contigo sobre algo y no quería hacerlo por teléfono.

Ella le lanzó una mirada confundida.

—Se trata de James Brooks —añadió en voz baja, provocando que los ojos de ella se ampliaran.

Ella tragó el nudo en su garganta y miró a Laurent, que ahora estaba en el mostrador de entrada mirando con curiosidad.

—Vamos a mi oficina —sugirió ella, haciendo un gesto para que Charlie la siguiera—. Steve, estaré arriba si me necesitas.

Laurent le lanzó una mirada preocupada, pero asintió. Llevando a Charlie a su oficina, Bella se acomodó en su cómoda silla y le indicó a su padre que se sentara al otro lado de su escritorio. Charlie sonrió y sacudió la cabeza.

—¿Qué? —preguntó ella, divertida por su reacción de la nada.

—Es gracioso que yo sea el padre aquí y tú estés en la silla grande —respondió, sus ojos se pusieron vidriosos por un momento antes de continuar—. No creo que lo haya dicho lo suficiente, Bells, pero estoy malditamente orgulloso de ti, nena.

Ella sonrió y parpadeó las lágrimas.

—Gracias, papi —murmuró ella—. Ahora, ¿qué es ese asunto de James? —preguntó con ansiedad.

Charlie suspiró.

—Como ya sabes, tengo varios contactos y he estado vigilándolo.

Bella asintió, mordiéndose el labio y esperando que el peor escenario posible saliera de la boca de su padre.

—Bueno, recibí una llamada temprano de mi amigo Danny, que me avisó que Brooks fue encontrado muerto hoy. La prisión todavía no ha emitido un comunicado oficial, pero él estaba bastante seguro de que fue apuñalado en la ducha esta mañana.

Bella parpadeó, no esperando que eso hubiera pasado. Sintió una extraña punzada de placer atravesarla y se encogió internamente, no acostumbrada a tener pensamientos tan maliciosos.

—¿Apuñalado? ¿Quiere decir que alguien lo apuñaló?

Charlie asintió sombríamente.

—Alguien afiló el mango de un cepillo de dientes, pero no creo que quieras escuchar los detalles, Bella. Son bastante escabrosos.

Ella sintió su estómago revolverse y la bilis subir por su garganta. Aclarándose la garganta, sonrió lo mejor que pudo.

—Gracias por venir a decirme, papi. Solo necesito un momento para procesar esto. —Se pasó una mano por el cabello y se reclinó, suspirando—. No sé qué se supone que debo sentir.

El ceño de Charlie se frunció un poco y miró a su hija, eligiendo sus palabras con cuidado.

—No hay una respuesta correcta o incorrecta, nena. ¿Cómo te sientes en este momento?

Ella suspiró.

—Me siento aliviada de que esté fuera de la imagen, pero también enojada porque no hubo justicia. Él debería pudrirse en la cárcel, siendo miserable.

Charlie se rio, provocando que Bella lo fulminara con la mirada.

—No veo qué es tan gracioso sobre eso, papá.

—No es de ti, corazón. Bueno, es de ti, pero no de esa forma. —Le sonrió amablemente—. ¿Cómo te sentiste cuando Victoria fue asesinada?

Ella se tensó en su asiento.

—¿Eso qué tiene que ver?

Su padre sacudió la cabeza.

—Tiene todo que ver con esto. ¿Cómo te sentiste, Bells?

Ella irguió la cabeza y encontró su mirada, sabiendo muy bien que había entrado directamente en su trampa.

—Estaba triste, enojada y un poco aliviada.

Charlie se tiró del bigote pensativamente.

—Déjame adivinar. ¿Triste por la forma en que ella murió, enojada porque consiguió una salida fácil y aliviada porque nunca más iba a ser un problema en nuestras vidas?

Bella apartó la mirada, tomando un repentino interés en sus uñas. Ella se negó a mirar hacia arriba cuando escuchó la silla de él arrastrarse por el piso. Dejó salir unas lágrimas cuando sintió su mano grande y cálida en su hombro. Alzó la mirada para encontrarse con que él estaba arrodillado al lado de su silla. Ella se estiró y envolvió sus brazos alrededor de los hombros de él, disfrutando el consuelo que solo su papá le podía dar en ese momento.

—Ssh, no llores. Está bien, Bells. Todos fuimos a sesiones de terapia después de que ese bastardo te secuestró. Es perfectamente normal sentirse así. No te culpes por eso.

—Lo sé, papá. Simplemente es mucho para asimilar, ¿sabes? Estaré bien. —Ella retrocedió para limpiarse los ojos cuando el bebé se movió y sorprendió a Charlie, cuyos brazos todavía estaban tocando su abdomen.

Ella sintió su pecho calentarse y todos los pensamientos tristes previos salieron de su cabeza mientras observaba la cara de su padre llenarse con asombro y adoración. Ella se estiró por la mano de él y la puso en la parte superior de su vientre. Cuando el bebé se movió de nuevo, los ojos de él volaron a los de ella y una sonrisa apareció por toda su cara.

—Guau, no he sentido algo así en más de veinticinco años. Es aún más increíble esta vez, porque es un bebé dentro de mi bebé.

Ella se inclinó y lo besó en la mejilla.

—Te quiero, papi —susurró ella en su oído.

Charlie estiró la mano y acunó la mejilla de ella, sus ojos brillando con la humedad no derramada.

—Yo también te quiero, Isabella. Tú eres lo mejor que he hecho en toda mi vida.

Él le besó la frente suavemente antes de pararse. Se quedó algunos minutos más, para asegurarse de que ella estaría bien cuando se fuera. Una vez que él estuvo fuera de la tienda, Bella cruzó los brazos sobre el escritorio, apoyó la cabeza y suspiró. Ella sabía que preocuparse demasiado por las cosas la volvería loca, por lo que cerró los ojos e intentó concentrarse en lo positivo. Como en que Esme y Carlisle poseían una hermosa casita a unos diez minutos de la suya. Todavía vivían principalmente en Chicago, pero compraron una casa en Washington hacía más de un año, así podían visitarlos cuando quisieran. En realidad, Esme volaría aquí en dos semanas, planeando quedarse hasta unas pocas semanas después de que naciera el bebé. Ella quería estar cerca y ayudar de todas las formas que pudiera.

Durante los últimos dos años, Sue y Esme habían formado una fuerte amistad y eso hacía a Bella increíblemente feliz al ver cómo sus vidas se habían mezclado a la perfección. Renée incluso había cumplido con su intento de convertirse en una figura en la vida de su hija. Hablaban de vez en cuando por teléfono, aunque las cosas seguían siendo incómodas. Ella tenía la esperanza de que las cosas funcionaran bien entre ellas.

Bella fue sacada de sus pensamientos por su teléfono sonando en su bolsillo. Lo sacó y sonrió ante el mensaje de texto.

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¿Pizza o comida china para la cena, amor? ~E

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Puso una mano en su vientre.

—¿Qué dices, niño? ¿Pizza o comida china? —Como si comprendiera la pregunta de su madre, el bebé dio una fuerte patada después de la segunda opción. Bella se rio y se frotó suavemente el lugar dolorido—. Auch. Eso no es bueno, niño.

Ella sonrió y respondió a su mensaje de texto con uno propio, solo un poco subido de tono. La respuesta de él fue rápida y esperada.

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*gemido*
¿De verdad, Bella? ¿Cómo se supone que supere esta reunión con una erección? Vas a conseguir una nalgada más tarde.

~E

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Se mordió el labio y sonrió, recibiendo la respuesta exacta que estaba esperando.

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23 de octubre de 2012

Bella se frotó la espalda dolorida y suspiró. Llevaba más de una hora sentada en su escritorio, mirando una página en blanco de lo que se suponía era su próximo libro de Jack Ataca. No estaba obligada ni contratada para este, por lo que estaba muy agradecida en este momento. Decidió que finalmente tenía suficiente y se dirigió hacia el sofá para tomar una siesta. Apoyó la cabeza en una de las almohadas decorativas y frotó un lugar sensible que parecía ser el lugar para patear favorito del bebé. Su fecha de parto era en menos de dos semanas y estaba ansiosa por conocer a su pequeñín, al igual que el resto de la familia. Alice todavía estaba malhumorada con respecto a ella y a Edward no queriendo averiguar el sexo del bebé, pero ellos querían que fuera una sorpresa.

Unos momentos después, ella sintió un gran movimiento bajo sus yemas y sonrió.

—Cálmate, niño —murmuró adormilada—. Deja a mamá descansar un poco.

Dos horas después, se despertó y estiró, sintiéndose fría y húmeda.

—Oh, mierda —susurró, pensando que se había hecho pis en su sueño. Se puso de pie tan rápido como pudo y sintió una punzada en su vientre, como también una pequeña descarga de líquido bajar por sus piernas. Sus ojos se agrandaron en una combinación de emoción y sorpresa.

»¿Estás listo para unirte a nosotros? —le habló a su estómago con calma, sintiendo al bebé darle una patada particularmente fuerte, como si estuviera respondiendo.

»Bueno, entonces, vamos a llamar a papi.

Agarró el teléfono y marcó el número de Edward, solo para ponerse en contacto con su correo de voz. Intentó con la oficina a continuación y su asistente respondió.

—Oficina de Edward Cullen, ¿cómo puedo ayudarlo? —preguntó Beverly con su voz dulce y amable.

—Hola, Bev, soy Bella. ¿Edward está por ahí? —respondió ella, sus nervios comenzando a crisparse.

—¡Hola, Bella! Está en una reunión con un cliente en este momento, ¿necesitas que lo busque?

Ella sopesó sus opciones y supuso que podía hacer las otras llamadas mientras lo esperaba.

—No, está bien, solo pídele que me llame tan pronto como haya terminado. Es muy importante.

—¡No hay problema!

A continuación, le marcó a Esme, quien respondió al primer tono.

—Hola, mi preciosa hija. ¿Cómo están tú y mi nieta?

Bella se rio ligeramente. Tanto ella como Esme estaban convencidas de que este bebé era una niña, mientras Edward, Carlisle y Jack estaban seguros de lo contrario.

—Bueno, creo que ella está en camino, de hecho —respondió Bella sin aliento.

—¡Oh Dios mío! —exclamó Esme con felicidad—. ¿Qué está pasando? ¿Estás teniendo contracciones? ¿Llamaste a Edward? Espera, ¿qué quieres decir con que crees?

—Cálmate, mamá. Toma una respiración profunda —respondió, al borde de la risa—. Le llamé a Edward, pero está en una reunión con un cliente y no lo quería molestar. Y en cuanto a si estoy segura, estoy goteando como un grifo y es terriblemente incómodo, así que creo que sí. Sin embargo, no siento ningún dolor.

Esme respiró profundamente.

—Está bien, está bien, estoy calmada. Estoy en camino a recogerte. Le llamaré a Carlisle y Emmett ya que estoy segura que querrán volar antes. Llama a tu papá y después llama a Edward de nuevo. Que se deshaga del cliente, él querrá saberlo lo más pronto posible. Dile que nos encuentre en el hospital.

Bella se rio del uso del lenguaje de su suegra.

—Está bien, está bien.

Le marcó a su padre a continuación y él le aseguró que le llamaría a Alice para que todos los demás lo supieran.

—Seth recogerá a Jack de la escuela y lo llevará al hospital después. No puedo creer que voy a ser abuelo —Charlie se rio—. Bueno, sé que ya lo soy, pero la parte del nacimiento es completamente diferente.

Bella sonrió y puso los ojos en blanco.

—Sí, creo que comprendo esa parte.

Charlie se rio.

—Estoy seguro de que lo haces, nena. Está bien, entonces, te dejaré ir y te encontraré en el hospital, cariño.

—Gracias, papi.

Quince minutos habían pasado desde su última llamada a la oficina de Edward, así que intentó de nuevo. Esta vez, cuando Beverly respondió, la pasó directamente.

—Hola, nena, ¿está todo bien? —Su voz de terciopelo le acarició el oído. Ella suspiró, al instante sintiéndose relajada.

—Sí, todo está bien. Solo pensé que debías saber que tu hijo está en camino.

Su respuesta fue recibida con silencio.

—¿Edward?

—¿Por hijo, te refieres a que Jack va a faltar a la escuela? —respondió él. Ella podía escuchar la emoción en su voz, dejándole saber que sabía lo que estaba pasando.

—No, cariño, quiero decir que tu engendro está intentando abrirse camino fuera de mi vagina.

Ella escuchó el aliento dejar su cuerpo.

—¿Alguien está en camino a buscarte? ¿Debería ir allí o encontrarte en el hospital? —preguntó, su voz subiendo unas octavas mientras continuaba.

—Tu mamá en realidad acaba de atravesar la puerta, así que nos puedes encontrar en el hospital.

—¿Qué hay de Jack? ¿Alguien…?

—Ya lo tengo cubierto —interrumpió ella.

—¿Qué haría sin ti? —murmuró—. Te amo, Bella. Me iré de aquí en cinco minutos.

—Está bien, cariño, nosotras nos vamos ahora. Te veré en un rato. Te amo.

Ella colgó el teléfono y le echó un vistazo a Esme apresurándose por las escaleras, cargando su bolso de viaje. Su cabello normalmente inmaculado era un desorden de mechones caramelo, recordándole a Bella la melena siempre despeinada de Edward.

—Está bien, creo que tengo todo. Tengo el bolso, he llamado a Sue, Carlisle y Rose. Déjame poner esto en el auto y estaremos listas.

Se apresuró a pasar a Bella y salir por la puerta. Dos minutos después, Bella escuchó el auto arrancar y salir. Ella soltó una risa y agarró su celular, marcando el número de Esme.

—¿Hola? —respondió ella, su voz todavía exhausta—. Lo siento, cariño, ¿puedo llamarte después? Estoy un poco apurada por llevar a Bella al… —Esme interrumpió su despotrique abruptamente y murmuró un bajo—: Mierda.

»Estaré ahí en un minuto, Bella.

Ella esperó hasta que su suegra cortó antes de estallar en carcajadas. ¿Quién habría esperado que la normalmente calmada, genial y centrada Esme Cullen se asustara más que la mujer que en realidad estaba en trabajo de parto? Ella ciertamente no.

Diez horas después, Edward y Bella presentaban a su nueva hija al mundo. Su cabeza estaba cubierta con pelusilla rubia oscura y sus ojos eran de color azul oscuro. Bella acunó a la pequeña niña en su pecho y le acarició el cabello con la nariz.

—Me pregunto de qué color serán sus ojos —reflexionó ella, sobre todo para sí misma.

Su esposo se estiró a su lado en la cama y le acarició la espalda a la bebé con suavidad, mirando a su esposa e hija con adoración.

—Vamos a tener que esperar unas semanas más o menos, creo. Los ojos de Jack eran verdes desde el principio, lo que es muy raro.

Sonó un golpe en la puerta y Jack asomó la cabeza.

—¿Puedo entrar? —preguntó él en voz baja.

Bella sonrió brillantemente y le hizo señas para que se acercara.

—Claro que puedes, tonto.

Después de su colapso hacía unos meses, su comportamiento había cambiado drásticamente. Era como si un interruptor se hubiera activado y su hijo estuviera de vuelta, en lugar del pequeño monstruo en el que se había convertido. Ella solo esperaba que se mantuviera así y no volviera a arremeter debido al bebé. Pero, sabía que si lo hacía, lo resolverían, como siempre lo habían hecho; con amor, fuerza y apoyo de su familia.

Cuando Jack estiró una mano y tocó con suavidad la cara de su hermana, Bella de alguna forma supo que no tendría que preocuparse demasiado por eso. Era fácil ver que esta pequeña tendría a todos en la palma de su mano inmediatamente. Una sonrisa serena se extendió por su cara mientras la miraba.

—Entonces, ¿cuál es su nombre, mamá?

—Ashley. Ashley Kara Cullen.

Jack miró a los ojos a su madre y asintió.

—Es lindo, ma. Le queda.

Edward miró a su hijo y sonrió.

—Creo que vamos a estar muy ocupados, Jack.

Jack soltó un suspiro exagerado.

—Lo sé, ¿verdad? Tengo mucho que enseñarle a ella. Como, cómo leer y montar una patineta. Oh, y no dejar que ningún chico la bese.

Bella alzó una ceja.

—¿Qué sabes sobre besar chicas?

Las mejillas del chico se pusieron coloradas y comenzó a tartamudear.

—¿Qu-qué? N-No tengo ni idea de eso. Las chicas son asquerosas.

—Uh, uh. —Edward se rio entre dientes, negando con la cabeza y disfrutando la vergüenza de su hijo—. ¿De verdad? Eso no es lo que escuché decir a Garrett la otra noche.

—Lo que sea, papá —respondió Jack con una risa, rodándole los ojos a su padre antes de inclinarse para besar a Ashley en la coronilla.

Las mejillas de Bella dolían de tanto sonreír, pero no podía evitarlo. La alegría que irradiaba en su interior parecía que explotaría de su pecho en cualquier momento. Su familia era feliz y saludable y ahora más grande por uno. Ella apoyó la cabeza en el hombro de Edward y lentamente comenzó a quedarse dormida, el agotamiento finalmente ganando la lucha dentro de su cuerpo.

Hacía siete años, Jackson Cullen había cambiado su vida por completo y ella nunca cambiaría nada. No si eso la llevaba a este momento, sosteniendo a su hija recién nacida, acurrucada entre su hijo y su esposo. Ella siempre se esforzaba para ser el paracaídas de su familia, manteniéndolos cerca si debían caer. Sabía sin lugar a dudas que ellos siempre estarían ahí para ella también.

Siempre golpearían el suelo, corriendo.

Fin


Y ahora sí… ¡se terminó!

¿Qué les ha parecido el final? Con la bebita sumándose a la familia… Muy tierno.

Es el final, pero no tanto… Esta historia tiene 13 outtakes, así que todavía tenemos un poco más para leer de Jack, Bella y Edward. No hay una fecha definida para la publicación de los outtakes, a medida que estén traducidos los iremos publicando. Así que estén atentas, vamos a ir sorprendiéndolas con las actualizaciones.

Como en todos los finales nos toda agradecer.

-GRACIAS a KitsuShel por permitirnos traducir su historia, que nos encanta y nos hizo muy feliz poder compartir con ustedes.

-GRACIAS a las traductoras y betas que trabajaron muchísimo para que esto llegara a ustedes.

-Y GRACIAS a las lectoras. A las que nos leyeron desde el comienzo, las que se sumaron en el camino y las que la lean ahora que está terminada. GRACIAS INFINITAS a esas lectoras que dejaron sus comentarios, muchos nombres se repiten capítulo tras capítulo y es genial poder conocerlas un poco de esta forma. Gracias a las lectoras fantasmas, que esperamos que alguna vez se animen a contarnos su opinión y así dejen de serlo.

¡Nos leemos en la siguiente traducción!