Cuando recuperé la conciencia, todavía no había abierto los ojos.

Sentí mi cuerpo entumecido y un martillo golpeándome la frente, tratando de ser frenado por un paño de agua fría.

Lo que yo suponía que era una cama, se sentía dura, como si fuese solamente una manta doblada en el piso. Traté de escuchar un poco lo que me rodeaba.

Parecía estar al aire libre, y había gente cerca mio.

Lentamente abrí los ojos.

A mi lado había dos personas, vestidas de una forma un tanto extraña, y una ardilla. El chico, de pelo castaño y ojos azules me miró con cierta indiferencia, mientras que la chica, con el pelo como fuego y los ojos violetas me miraban con una mezcla de preocupación y curiosidad. La ardilla a su lado se acercó a mi, parándose en mi pecho con el solo objetivo de dejar salir un "pukyuu". Sonreí por lo realmente adorable que era.

-Así que despertaste.- dijo el chico, sacándome el paño húmedo de la frente y volviéndolo a mojar.- Soy Yoon. Ella es Yona y la ardilla es Ao.-Ante su presentación, caí en lo extraña de la situación y me puse a observar el lugar; parecía una tienda de dormir, de esas que hacen los niños con sábanas y palos, pero esta estaba mucho mejor armada. Había especies de camas, las cuales lucían precarias... o más bien dicho un tanto medievales. Apoyada en uno de los palos había una una espada, bastante real para mi gusto. Empecé a entrar en pánico, dándome cuenta que era incapaz de recordar lo que había pasado antes de llegar ahí.

-¿Dónde estoy?- pregunté, tratando de no alterarme.

-En el bosque, cerca de la capital de la Tribu del Fuego, Saika.- contestó dulcemente la chica, Yona, con una sonrisa.

-¿Saika? ¿Tribu del Fuego? ¿Dónde es eso?- Por dentro estaba gritando en pánico. ¿Dónde mierda quedaba Saika? ¿Tribu del Fuego? Y lo más importante... ¿¡Qué hago en el bosque!?

-En el Reino de Kouka, ¿cómo no sabes eso?- dijo en tono exasperado Yoon.

"¿¡Reino de Kouka!? ¿¡Dónde estoy!?"

Me paré despacio, pude ver mis cosas a un costado y las tomé. Los tres me observaron atentamente.

-No deberías levantarte tan pronto, tienes fiebre.- dijo la chica en tono preocupado.

-Ah, tranquila, sé cuidarme sola, ja ja ja- repliqué con una sonrisa, muriéndome de los nervios por dentro. Salí de la tienda hacia afuera y efectivamente estaba en el medio del bosque. No había edificios, luces, caminos pavimentados, ni nada que tuviera que ver con la sociedad que conocía. Además, el paisaje era diferente a Japón.

No fue la única sorpresa que me llevé; afuera de la tienda, sentados al rededor de una fogata, había cinco chicos, bastante lindos, la verdad. Todos vestidos de la misma forma extraña que Yoon y Yona.

-Ah, se ve que la señorita por fin se ha despertado. Una chica tan linda no debería dormir tanto.- Un chico de pelo verde y ojos violetas se acercó a mi. No sé si era mi imaginación o lo hacía de forma seductora.- Soy Jae-Ha.

-Jae-Ha, no seas tan confianzudo, ¡no sabemos de donde salió!¡Podría hacerle daño a la princesa!-Un chico de piel tan blanca como su pelo y ojos azules, se acerco a donde estábamos a la defensiva. Parecía... enojado conmigo porque podría hacerle daño a una princesa. ¿Qué princesa?

Molesta por la acusación, contesté de mala gana:

-No soy capaz de hacerle daño a nadie, menos a una princesa. Ni siquiera conozco a una.

-¿Cómo dices que no conoces a...?- El chico quedó en medio de la frase, cuando otro chico de largo pelo rubio salvaje saltó sobre él.

-Ya, ya, Hakuryuu. La señorita dice la verdad.- dijo el chico rubio, regalándome una sonrisa que me hizo acordar a Hana. ¡Hana!- ¡Zeno te dará comida, debes estar hambrienta!

El chico detrás de él, que llevaba una extraña máscara, me ofreció un cuenco con lo que parecía ser sopa, mientras el chico de pelo blanco regañaba a Zeno. Pero ya era tarde.

Por un minuto había olvidado mi objetivo: saber donde estaba y volver a casa.

Comencé a moverme frenéticamente por todos lados, buscando un camino, una luz, algo.

Mientras buscaba una salida, pude escuchar una conversación que tenía Yoon con el chico de pelo blanco y otro de color negro que hasta el momento no me había hablado.

-Kija, ¿qué opinas de esa chica?

-Es sospechosa, además de que siento una especie de presencia que emana de ella. Jae-Ha dice sentir lo mismo.- contestó el chico de pelo blanco, que al parecer se llamaba Kija. Pude sentir su mirada en mi.

Me senté mirando a lo profundo del bosque, tratando de pensar qué podía hacer para volver a casa y no prestar atención a aquella conversación.

-Lleva ropas muy extrañas.-comentó una voz que no reconocía, por lo que supuse que era el chico pelinegro. Mire mi atuendo: el típico uniforme escolar japonés. ¿Qué otra cosa debería usar?

Miré de reojo a Yona, la cual se había sumado al grupo a charlar sobre mi. Al examinar su atuendo comprendí el por qué del comentario del pelinegro.

-Sin embargo, siento algo especial que viene de ella.- dijo Yona.

-Princesa, ¿usted también lo siente?- así que ella es la princesa. Yona asintió.

-Puede ser que ella sea... ¿el escudo o la espada ?-dijo Yoon.

Al momento en que Yoon dijo la palabra espada, un clic retumbó en mi cabeza.

Recordé todo lo que había pasado antes de llegar a este lugar.

Me paré, decidida.

-No sé quienes son, dónde estoy o qué está pasando. Pero hablenme de esa espada.- dije con firmeza tratando de no mostrar miedo. Yona me sonrió.

-Siéntate.

Durante los siguientes 20 minutos me contaron una historia digna de, por lo menos un manga. Con dragones, muertes, traiciones, sangre, acción y romance en medio.

Lo contaron de manera tan seria que era difícil decir que mentían, pero para mi, todo era puramente fantasía, al menos de ellos.

Pero yo no me podía quedar con eso.

-Quiero pruebas de lo que dicen, por favor.- pedí. Yona señaló la mano izquierda del chico de pelo blanco, Kija. Este la desenvolvió y dejó ver una mano cubierta con escamas blancas y garras afiladas como cuchillos, que luego se volvió enorme.

Entonces comprendí que estaba muy, muy lejos de casa.

Estaba en otro lugar. En otro mundo.