-Todavía no nos has dicho nada sobre ti.- dijo el chico pelinegro, sacándome de mis pensamientos.

-Hak...- le dijo Yona, como si quisiera decirle que respete mi privacidad un poco más.

-Está bien.- repuse. Hablar sobre mi me daría una idea de qué pasó y por qué estaba ahí. Quizás una manera de volver a casa.

Suspiré mientras se me formaba un nudo en la garganta. ¿Y si nunca era capaz de volver? Después de todo, los dragones dijeron que probablemente yo sea la espada o el escudo de la princesa, y que si era el caso, era mi destino estar aquí.

Fruncí el ceño. Nada me aseguraba que sea así. Debía encontrar un camino a casa, y la mejor manera de empezar, era haciendo aliados.

De esa manera, empecé a contar mi historia a siete desconocidos y una ardilla:

-Me llamo Ha-Yun. Tengo 17 años.
Para ser sincera, no sé cómo llegué a este lugar. Pero estoy segura que vengo de otro mundo. Muy, muy lejos de este.- miré a mi alrededor. Todos me miraban atentamente.- En mi mundo predomina la paz, hace muchos años que mi país no atraviesa una guerra, un lugar donde todos los jóvenes tienen el derecho y obligación de estudiar hasta los 17 años y luego pueden elegir una carrera para estudiar en lo que llamamos universidad. Antes de venir aquí, iba a empezar la carrera de música.- miré mis manos. Me preguntaba si alguna vez volvería a tener un violín en mis manos.- Estaba en la ceremonia de graduación, en la cual los estudiantes obtienen diplomas que los habilitan a estudiar en la universidad que ellos desean. Una voz me llamó por mi nombre. Mi cuerpo se movió solo hasta un árbol de cerezos. La voz me dijo: "Ahora duerme, tu destino espera. Servirás al Rey, dedicando tu vida y alma a él, defendiéndolo, como una honorable espada debe ser"
En ese momento, todo se volvió negro y desperté en este lugar.

En este lugar, tan lejos de casa, tan lejos de Hikari, Hana y Daichi, de papá y mamá, de Kohaku...

Kohaku, me pregunto si está preocupado por mi. Si llamaron a la policía. Si mamá y papá están llorando.

Se me rompió el corazón al pensar en ellos, en como debían estar sufriendo, luego de perder a mi hermano en un accidente, y ahora yo desaparecía.

Me mordí el labio para no llorar.

- Que molestia, este grupo sólo se llena de más y más raritos.- dijo con una expresión molesta Yoon.- De todos modos, de otro mundo o no, no puedes andar con... esas ropas tan llamativas.- lo descubrí mirando sin querer mis piernas, a lo que él sólo se ruborizó.- Ven conmigo.

Ni que estuviera desnuda.

Toda la maldita situación ya me estaba poniendo de mal humor. No tenía ganas de estar en un lugar precario, sin luz, son tecnología, sin lo que es mío, sin mi mundo.

Suspiré frustrada; si no es un sueño, entonces debía enfrentarme a todo esto.

Me levanté de mala gana y caminé hacia la tienda que me indicaba Yoon.

Una vez adentro, él empezó a revolver diferentes tipos de ropa, la mayoría túnicas.

Si lo que íbamos a hacer era andar vaya Dios a saber cuanto tiempo por todo el país, entonces no debería usar solamente una túnica, además de que en este lugar hace frío.

-Disculpa, pero con un pantalón y algo para arriba, como lo que tienes puesto, va a estar bien.

-¿Un pantalón? ¿Una chica con pantalón?- me preguntó mirándome raro.

-En mi mundo es algo completamente normal. -contesté tratando de ocultar mi molestia.

-Realmente este grupo sólo tiene raritos. -dijo el suspirando, mientras me lanzaba un pantalón oscuro, una camisa blanca junto con una especie de campera de lana que se ataba como si fuera una bata. No era nada parecido a los kimonos que yo conocía.

-Gracias. -le dije, mientras él salía de la tienda.

Comencé a vestirme lentamente, mientras las lágrimas caían por mis mejillas y la desesperación me oprimía el pecho.

No quería estar ahí, quería volver a mi mundo, a mi hogar. ¿Pero cómo iba a lograr eso?

De repente sentí unos pasos cerca de la tienda, eran pasos fuertes.

La entrada de la tienda se abrió, dejando mi cuerpo semi desnudo a la vista de Jae-Ha.

¡No solo me estaba viendo casi desnuda sino también llorando como una desgraciada!

-Ah, lo siento no sa...- lo interrumpí en medio de su disculpa con una patada en la cara, mientras me tapaba el pecho con la camisa que me había dado Yoon. Cayó al suelo, pero se levantó rápidamente con una sonrisa en el rostro mientras le caía sangre por la nariz.

Horrorizada, grité sin pensar dos veces.

-¡Pervertido!- unos instantes después, aparecieron Hak, tapándose los ojos con una mano, y Yona.

-Tranquila, nos aseguraremos de que este pervertido no te vuelva a hacer nada.- dijo con un tono indiferente, como si no fuera la primera vez que sucedía algo parecido.

Miré la escena entre incrédula y por alguna razón risueña.

Lo que me sorprendió fue la expresión sería que me dirigió Jae-Ha antes de salir.

Una vez terminé de cambiarme, salí de la tienda.

Busqué a Yoon para agradecerle pero no lo encontré.

-¿Alguien vio a Yoon?- todos negaron.

-Aquí estoy. No esperes que estos sepan algo. - dijo Yoon, mientras se acercaba detrás mío.- ¿qué sucede?

-Quería agradecerte por la ropa, además que quiero ayudarte a preparar la comida. Es admirable que hagas ese tipo de cosas tu solo, pero me pareció demasiado para una soma persona, así que quiero ayudar. -le contesté con una sonrisa. No solamente eso, sino que hacer algo me iba a distraer de mis pensamientos.

-G-gracias, pero este chico lindo no necesita ayuda. - me contestó un poco ruborizado. Vaya, pero si es el típico tsundere - Pero si insistes en ayudar puedes encender el fuego.- asentí, contenta de que me dejara hacer algo.- Jae-Ha, acompañala.

Jae-Ha se levantó de donde estaba sentado con una sonrisa.

-Será un placer acompañar a esta linda señorita.- por alguna razón me dio ganas de golpearlo.

-Callate, pervertido. -contestó Yoon.- traigan las ramas más secas que encuentren.

-Perfecto, en un minuto volvemos.- dije yo, tomando una pequeña hacha que me ofrecía Yoon. Hacía dos años que no sostenía un hacha en mis manos. La última vez que lo hice, fuimos a acampar en el bosque con mi padre y mi hermano.

Ante ese pensamiento, pude sentir el cambio repentino en mi rostro, por lo que di media vuelta y me dispuse a sumergirme en la espesura junto a Jae-Ha.

El suelo estaba húmedo, por lo que hacía poco había llovido. Iba a ser difícil encontrar madera seca.

Durante buena parte del camino, los dos estuvimos callados, hasta que Jae-Ha rompió el silencio.

-Esa patada fue bastante impresionante. ¿Quién te enseñó?- dijo con una sonrisa. Se me formó un nudo en la garganta y se me revolvió el estómago.

-Mi padre...- dije con un hilo de voz y seguramente con una expresión sombría. Jae-Ha dejó de sonreír.

-Lo siento. ¿Es por eso por lo que estabas llorando?- me quedé congelada donde estaba. Algo que realmente me enfurecía era que se entrometan en mis asuntos personales.

-Eso no te incumbe.- le contesté de manera tajante a la vez que lo miraba a los ojos. Él sonrió a manera de disculpa.

-Vaya, que señorita tan agresiva. Debo admitir que es interesante.- Okay, este de que va.

-Sugiero que nos concentremos en encontrar madera seca. Va a ser bastante difícil encontrarla después de la lluvia.

-Ah, eso se soluciona de manera fácil. Vamos a un lugar donde no haya llovido.- respiré profundamente para calmarme y no darle una patada nuevamente.

-¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?- dije, casi gritando.

Él solo señaló su pie con una sonrisa.

Ah, cierto. El dragón saltarín.

Sin otra palabra más, me subí a su espalda.

-¡Arre, caballito! -Jae-Ha rió ante mi broma. Me sorprendió, porque solo esperaba lograr el efecto contrario. Escondí mi cara con mi pelo para que no me vea. - Ya vámonos.