El miedo me recorrió el cuerpo a medida que subíamos más y más hacia el cielo. Sabia que muchas veces confundían el poder de Jae-Ha con el de volar pero nunca me imaginé que llegaría tan alto.
Tampoco me imaginé que le tendría tanto miedo a las alturas.
Me descubrí a mi misma aferrándome fuertemente a él mientras temblaba con los ojos cerrados.
- Vaya, vaya. ¿Le tienes miedo a las alturas?
-¡N-no!- contesté en un tono dudoso. Él se rió.
-No tienes por qué tener miedo, no te voy a soltar.- al ver que no funcionaba, sugirió otra cosa.- Mira, el paisaje se ve hermoso desde arriba.
La curiosidad mató al gato, dicen, pero al menos murió sabiendo.
Sin poder evitarlo, abrí mis ojos y efectivamente el paisaje ante mi era hermoso: El atardecer de mi primer día en este lugar ya se alzaba en el horizonte, bañando con una cálida luz a las montañas que se veían a lo lejos, tiñendo a las nubes de un color rojo intenso, el mismo tono que el cabello de Yona, observé.
Miré hacia el suelo, olvidando mi miedo, y pude observar una vieja choza. El lugar donde se encontraba parecía bastante seco, por lo que seguramente habría ramas secas.
-Jae-Ha, bajemos aquí, parece un buen lugar para encontrar ramas. Además, si alguien vive en aquella choza, pueden ayudarnos.
Una vez en el suelo, me dispuse a buscar al dueño o dueña de la choza. Toqué la puerta, pero nadie contestó.
Cuidadosamente abrí la puerta, pero no había nadie adentro. Todo parecía viejo y desgastado, pero estaba, en la medida de lo posible, en un buen estado. Seguramente fue abandonada.
-Bueno, no hay nadie.- me interrumpió Jae-Ha.- Mañana podríamos dormir y descansar aquí, como no tiene dueño...
Asentí ante la idea de dormir bajo un techo real y no uno de tela.
Salí de la cabaña e inspeccioné los alrededores.
Cerca de la entrada de la choza había, lo que parecía ser, una tumba. En ella estaba escrito: "カや"
-¿Ka...ya?- susurré mientras leía lo que estaba escrito en la piedra, la cual ya estaba cubierta de musgo.
-Ha-Yun, encontré un buen árbol para la leña, trae el hacha.- Jae-Ha me sacó de mis pensamientos.
-Ah, si, ya voy.- tomé el hacha y me dirigí hacia la dirección de la que procedía su voz.
Jae-Ha bastante lejos de la choza, mucho más en lo profundo del bosque, pero el árbol que había encontrado realmente era muy bueno. Estaba muerto ya, y seco. Era perfecto.
-Bueno, ¡hora de cortar un par de ramas!- Dije, pero cuando alcé el hacha, sentí algo, como si varios ojos nos observaran. Inmediatamente me puse en guardia. Jae-Ha hizo lo mismo.- ¿Quién está ahí?
Unos bandidos, al rededor de cinco o seis, aparecieron ante nosotros, rodeándonos con sus armas
-Vaya, miren lo que tenemos aquí, muchachos- dijo uno de ellos, que parecía ser el jefe.
-Jefecito, parece que pescamos unos buenos. La ropa de ese muchacho parece bastante cara.- traté de ahogar mi risa. Obviamente, en este mundo no saben lo que es la ropa realmente cara.
-Y esta muchacha no está nada mal, eh.- dijo el "jefecito", acercándose a mi, levantando mi barbilla con su mano.- ¿A quien se la podríamos vender?
...
*Jae-Ha POV's*
Estaba a punto de patear a ese cerdo en cuanto formuló aquella pregunta, pero antes de que pudiera hacer o decir algo, sucedió algo que no me esperaba.
-Ja... jajaja... jajajajajaja- Ha-Yun se empezó a reir de una manera escalofriante, haciendo que el bandido retrocediera un paso. Podía sentir su sorpresa ante aquella risa.
-¿Estás loca, mujer?- preguntó, tratando de mantener la voz tranquila. Ella no contestó. - ¡Contesta!
Ha-Yun dejó ir una pequeña risilla y levantó la mirada hacia aquel hombre. Nada en su mirada denotaba miedo o nerviosismo.
-Bueno, simplemente me preguntaba cómo un hombre tan débil iba a poder lograr eso.- Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro.
-¡Maldita mujer!- le gritó el hombre, alzando su mano hacia ella para pegarle, pero Ha-Yun rápidamente lo esquivó y lo pateó fuertemente en la pierna, haciendo que este caiga de espaldas.
-Jae-Ha.- dijo ella, mirando a los demás bandidos. Entendí su mensaje.
-A sus órdenes, señorita.- dije, sonriendo.
