Terminamos de lidiar con los bandidos, agarramos la leña y volvimos al campamento.
Estaba totalmente agotada, como hacía un mes tuvimos los últimos exámenes y los exámenes de ingreso a la universidad, no tuve tiempo de ejercitarme.
Me desplomé lentamente sobre una manta que estaba tirada en el piso mientras veía a Hak prendiendo el fuego con la leña que habíamos traído.
-¿Por qué tardaron tanto?- preguntó Yoon con una mezcla de irritación y preocupación.
-Nada del otro mundo, eran unos bandidos que intentaron robarnos. Pero Ha-Yun se encargó de ellos.- respondió Jae-Ha con una sonrisa.
No le faltaba razón, aunque el también participó.
Me sentía tan emocionada de pelear después de tanto tiempo que perdí un poco el control y terminé venciendo a casi todos yo sola.
Claro, Jae-Ha parecía estar sorprendido en ese momento. No lo culpo, nadie se imaginaria que una chica delgada como yo pudiera defenderse de unos bandidos. Pero bueno, cuando peleo soy completamente otra persona.
-¿Bandidos?- preguntó Kija.- ¿Será que vienen por la princesa?- con una mano en el pecho y una ligera reverencia, exclamó delante de Yona- No se preocupe princesa, ¡nosotros la protegeremos!
- No te preocupes, dudo mucho que vengan por ella.- dije yo con una sonrisa.- Nos encontramos con ellos en un lugar bastante lejos de aquí. Dudo que la busquen o siquiera que nos encuent...- me callé de manera abrupta al sentir que alguien nos observaba.
Algo en todo esto era familiar. Quizás... ¿nos habían seguido?
Todos se pusieron en alerta.
-¿Quién está ahí?- dijo Yona con voz firme mientras agarraba su arco.
Escuchamos el crujido de hojas y ramas, lentamente unas figuras que reconocía bien se asomaron de los árboles: los bandidos.
Tan pronto como la luz del fuego iluminó sus rostros, cayeron al piso, arrodillandose ante mi. Sus frentes estaban pegadas al suelo.
Detrás de ellos apareció su "jefecito" con la miraba baja. Inmediatamente se arrodilló a mis pies.
-¡Por favor, enseñenos a luchar, Sensei!
¿Eh?
Todos me miraron anonadados mientras yo miraba atónita a los bandidos.
Sin embargo, rápidamente recobré la compostura.
-Ni hablar, no seré la maestra de unos bandidos.- respondí de manera fría, dándome vuelta. Pude sentir como se deprimian ante mis palabras.
-¡Haremos lo que usted nos diga!- exclamó el jefe.
-¡Haremos lo que usted nos diga, Sensei! -exclamaron los demás a coro. Suspiré.
-¿Todo lo que yo diga? -pregunté. Asintieron con fervor. - Mmm... de acuerdo. Pero no pueden estar con nosotros. Los llamaré cuando los necesite. Y los entrenaré, son muy débiles.
-¡Si señora! ¡Gracias señora!
-Impresionante. -dijo Jae-Ha con una sonrisa.
-Parece que la señorita tiene discípulos. -comentó Zeno.
-¡Perfecto, Ha-Yun! Ahora tenemos refuerzos para nuestras batallas.- dijo Yona.
-¿Refuerzos? ¡Pero si sólo son bandidos! - replicó Yoon con molestia.
-¿Qué dijiste, mocoso? -contestó el jefe. Le dirigí una mirada de irritación y rápidamente bajó la cabeza de nuevo.
-Yo me haré cargo de estos hombres. Decidieron ser mis discípulos, por lo tanto entrenaré con ellos cada tanto. - dije con tranquilidad. Además, si lo pensaba no era tan mala la idea.- Pueden ser un apoyo.- miré a los hombres que se arrodillaban frente a mi. A pesar de lo que habían tratado de hacer, no parecían tan malos tipos, sólo estaban un poco descarrilados. Me agaché, dirigiéndoles una sonrisa. - Cuento con ustedes, ¿si?
Todos se sonrojaron por un momento. ¿Les daba vergüenza?
-¡Si, señora!
-Perfecto. A partir de ahora, nada de robar ni hacer cosas ilegales. Y sólo pueden decime Señorita o Sensei. - dije yo. Esto me estaba poniendo de un muuuuy buen humor. -Ahora vayan a donde quieran, pero no pueden estar en este campamento.
Lamentablemente, no podía dejar que descubrieran la identidad de mis compañeros o la mía. De esta manera, después de agradecerme unas mil veces, se fueron por donde vinieron. Claro que no se iban a alejar mucho.
Decidí quedarme despierta esa noche, porque aunque aquellos bandidos realmente parecían haber venido buscando mi tutoría, no podía fiarme de ellos.
...
Me senté cerca de la fogata, mientras los demás dormían.
Hak y Jae-Ha parecían estar agradecidos de que esté yo, ya que generalmente eran ellos dos los que se ofrecían a hacer guardia, aunque al principio Hak no estaba muy convencido. Ja, el pensaba que no podría cuidarlos. No me cabía duda de que era mucho más débil que él o cualquiera de los cuatro dragones, pero era lo bastante fuerte.
Miré el fuego, hipnotizada por su belleza.
Hipnotizada por los recuerdos que traía a mi mente, como los festivales escolares, y los bailes alrededor de la gran fogata.
Me mordí la lengua para reprimir las lágrimas.
Tenía que salir de este lugar de alguna manera, aunque tarde meses o incluso años.
...
Al día siguiente, después de caminar largas horas, llegamos a aquella choza que habíamos encontrado con Jae-Ha.
El sol ya estaba escondiéndose lentamente cuando prendimos la fogata y acomodamos los futones en el interior de la choza.
Todos parecían muy contentos, excepto Zeno, el cual tenía una mirada melancólica en el rostro.
-¿Zeno? ¿Está todo bien? - Yona puso una mano sobre su hombro y lo observó con una expresión que denotaba preocupación.
- Ah, lo siento, no pasa nada, señorita.- Zeno sonrió.
Pero yo conocía esa sonrisa. Es la misma sonrisa que Hana muestra cuando está triste o algo malo le pasa y no quiere mostrarlo.
Mi corazón parecía estrujarse al recordar a Hana en Zeno, haciendo que me doliera el pecho.
-¿Seguro?- Insistió Yona. Zeno asintió.- Bien...- dijo no muy convencida mientras alejaba su mano del hombro de Zeno.- No estás enfermo, ¿no?
-No se preocupe, princesa, estoy bien.- dijo Zeno con una sonrisa radiante.- El Ouryuu nunca se enferma.
Ah, es cierto. Zeno es inmortal. Ahora que lo pienso, ayer Yoon me contó algo...
Supuestamente, Zeno debe tener más de dos mil años, lo que significa que en esos dos mil años seguramente se relacionó con muchas personas... Hasta tuvo una esposa...
Mientras pensaba sobre eso, todas las ideas encajaban.
Yoon nunca me dijo el nombre de la esposa de Zeno, pero estoy segura que ya sé su nombre.
Observé por unos instantes la choza: debía tener unos 150 años, como mínimo.
Me sentí mal por Zeno, porque si lo que yo pensaba era verdad, seguramente hice que tenga recuerdos muy dolorosos.
Esa noche, Zeno se ofreció para hacer la guardia.
Me desperté en la madrugada debido a que Yona tenía una pierna justo encima mio.
Me levanté lentamente y la observé unos segundos, conteniendo la risa. Se ve que tener un techo sobre su cabeza la relaja bastante.
Abrí la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido y me dispuse a ir hacia el pozo de agua, pero me detuve al ver una melena dorada cerca de la entrada de la choza.
- Zeno... - dije apenas en un susurro. Zeno se encontraba arrodillado frente a aquella tumba cubierta de musgo. Sobre ella yacía un ramo de flores y a los pies, él le había prendido incienso. Apenas escuchó mi voz, se levantó de un salto.
- Ah, señorita Ha-Yun. - se rascó el cabello de manera nerviosa y volvió su mirada a la tumba. - Ella es...
- Kaya. Lo sé.- lo interrumpí con una sonrisa comprensiva. El se volvió a arrodillar, y yo me arrodillé junto a él para mostrar mi respeto.- Si fue tu esposa, debe haber sido una persona maravillosa.
- Lo era.- acarició la piedra de aquella tumba. - Era hermosa y amable... Me pregunto hace cuantos siglos estás esperándome. - su expresión me partía el alma.- Lamento nunca haber sido lo suficientemente valiente para decirte la verdad... que nunca nos reencontraremos en el cielo.
Claramente, Zeno estaba soportando fuertemente las lágrimas.
Era tan parecido a Hana, y su dolor me llegó tanto que no pude evitar abrazarlo.
-No se preocupe, señorita. Estoy bien.- me dijo con una sonrisa.
-No, no lo estás.- dije, y por un momento me cuestioné si se lo decía a él o a mi misma.
-Señorita, no tiene por qué sentirse mal. Ella está aquí, todo el tiempo junto a Zeno.- dijo mientras se tocaba el pecho.- Sé que ella se sentiría mal si Zeno llora por ella, así que trato de sonreír. Además ustedes lo hacen muy fácil. Zeno es feliz al lado de la princesa, la señorita Ha-Yun y los demás.
Me quedé atónita con su declaración. Al verme sorprendida, siguió hablando.
- Zeno ha pasado por muchas cosas. Ha perdido a su maestro y a sus hermanos. Ha perdido a una de las personas que más amo. Pero Zeno sabe que hay que seguir adelante.- hizo una pausa, mirando fijamente la tumba y luego habló casi en un susurro.- Y también, tengo la esperanza de poder ir con ellos algún día.
Lo que Zeno dijo hizo un clic en mi mente. Estábamos en una situación lejanamente parecida.
Tenía que dar lo mejor de mi para poder volver a casa. Para volver volver a Hikari, a Hana, a Daichi, a mis padres. A Kohaku.
Zeno aplaudió dos veces con los ojos cerrados frente a la tumba y se levantó.
- Zeno debe seguir su guardia.- me miró a los ojos y me sonrió, con lo que me pareció, fue agradecimiento.- Deberías descansar, Ha-Yun.
