A la mañana siguiente, continuamos nuestro camino.
Nunca había caminado por un terreno tan hosco como este, estaba lleno de piedras y pozos, y algunas partes del suelo estaban medias flojas para mi gusto.
Por supuesto que están flojas, Ha-Yun, estás en medio de un bosque, me dije a mi misma a la vez que suspiraba.
-¿Estás bien, Ha-Yun?- dijo Yona, adelantándose a donde estaba yo.
-Si, solo que... bueno, de donde yo vengo, el suelo no es así. La gran mayoría del espacio está pavimentado.- Yona hizo un extraño gesto que indicaba que no había entendido lo que yo decía, y recordé que este mundo está muy atrasado a lo que es el mio.- Quiero decir, la gran mayoría están hechos con un tipo de piedra muy lisa.
-Oh, se oye interesante. No le vendría mal a los caminos del reino.- dijo pensativa.
-No se haga ilusiones, princesa. Estamos muy lejos del conocimiento que puede llegar a tener el mundo de Ha-Yun.- la declaración de Yoon me alivió. Al parecer, después de leer los libros que había traído conmigo en mi bolso, él se dio una idea de la diferencia. Yoon me miró.- Los libros que me diste son de mucha ayuda, gracias.
Asentí y le dirigí una sonrisa. Yona suspiró.
- Que lástima, esa idea sonaba interes... ¡ahhh!
-¡Cuidado!
Al ser la que estaba más cerca de ella, tomé rápidamente su brazo y tiré de el hacia atrás, antes de que caiga con la cara contra el piso por culpa de un pequeño pozo. Pero el impulso que tomé hizo que me caiga yo en vez de ella.
Aterricé sobre mis manos, pero mi mano izquierda cayó de mala manera, enviando un agudo dolor por todo mi brazo.
-¡Ha-Yun! - Yona corrió a mi lado y se arrodilló junto a mi. Me mordí el labio para no llorar y oculté mi mano, que latía fuertemente.
-Estoy bien.- dije, esforzando una sonrisa.
De repente, sentí a alguien a mi lado izquierdo.
Jae-Ha tomó con suavidad mi mano y la examinó cuidadosamente.
-¡O-Oye! ¿Qué haces?- dije, tratando de zafarme de su agarre, pero cada movimiento que hacía enviaba un dolor intenso por toda mi mano y mi brazo.
-Es un esguince. - concluyó Yoon con una sola mirada a mi mano.- Ik-Soo se esguinzaba muy seguido.
-¡No es nada! ¡No me duele! - dije, a la vez que con mi mano sana empujaba la mano de Jae-Ha, liberándome.
-¿Cómo que no es nada? ¡Hay que vendarte! - dijo Yona empezando a rebuscar en el bolso de Yoon.
-¡Oye! -dijo Yoon a la vez que veía como Yona sacaba unas vendas y se disponía a envolver mi mano.
-Dije que estoy bien.- No podía dejar que un simple esguince me alejara de mi objetivo. Tenía que volver a Japón lo más rápido posible. Tenía que investigar.
Sin siquiera notarlo, la Bestia del Trueno se acercó a mi por detrás y golpeó suavemente mi mano. Pero se sintió como si me hubiera golpeado un martillo.
Ahogué un grito de dolor, mientras cerraba los ojos fuertemente y pateaba el piso.
- Oye, bestia, eso no era necesario.- dijo Kija en tono molesto.
- Es tan terca como la princesa, Serpiente Blanca.- replicó él.
-¿¡A quién le dices terca!?- dijeron Kija y Yona al mismo tiempo. Hak se ganó dos golpes en la cabeza que parecieron no hacerle efecto.
Mientras tanto, Yoon me ponía un ungüento y vendaba mi mano con cuidado.
Podía sentir la mirada de Jae-Ha sobre mi. Traté de ignorarlo, pero me miraba con bastante intensidad. Estaba tan incómoda por lo bochornosa de la situación qué pude sentir mis mejillas arder.
-Estás... muy roja.- dijo Shin-Ah.
Esperen, ¿roja? ¿¡Hablaba de mi!?
Tapé mi rostro rápidamente con mi mano derecha. Jae-Ha soltó una risilla.
-¿Q-qué? - dije en tono exasperado.
- Es maravilloso que te sonrojes tan fácil, Ha-Yun-chaaan.- pronunció mi nombre alargando la "a" del "chan", en tono de burla.
-¿Desde cuando tanta confianza para decirme "chan"?- mi vergüenza se esfumó rápidamente al escuchar el "chan" al final de mi nombre. El único que me decía así era Kohaku.
-No le des importancia a la bestia exótica, Ha-Yun. Es un pervertido que coquetea con cualquier chica que se le cruce.- dijo Yoon, terminando de vendar mi mano.
-Oye, Yoon, ¿hay más bolas de arroz? Tengo hambre.- Hak se acercó sobándose el lugar donde Yona y Kija lo habían golpeado.
-¡Zeno también!- dijo Zeno dando saltitos
-¡VUELVE, NO HEMOS TERMINADO CONTIGO!- Yona y Kija volvieron a hablar al mismo tiempo.
Pero Hak no les dio importancia y siguió hablando con Yoon.
-No hay más bolas de arroz, pero si tienes hambre puedo preparar algo rápido para todos. Con la lesión de Ha-Yun, es mejor no movernos hasta mañana por la mañana.
- Gracias, madre.- todos se inclinaron un poco ante Yoon.
-No recuerdo haber dado a luz a bestias como ustedes.- dijo con indiferencia.
La situación en si era muy cómica, y me empecé a reir con ganas.
Todo quedó en silencio mientras me reía.
Cuando por fin pude controlar mi risa, abrí mis ojos para encontrar caras sonrientes y comprensivas.
-¿Qué?- dije yo, tratando aún de contenerme.
-Es la primera vez que te vemos reir y sonreir con tanta sinceridad.- expresó Yona con felicidad en su voz.
Y me di cuenta que era cierto. Nunca me había reído así desde que llegué a este lugar, ni tampoco había sonreído de manera del todo sincera. Me sentí mal por mi actitud hacia ellos.
-Lo siento, tuve una mala actitud con ustedes.
Zeno me abrazó fuertemente.
-¡No se preocupe señorita! Todos entendemos que debe ser difícil.
De repente me sentí renovada, y a gusto con estas personas que estaba empezando a conocer.
-¡Gracias, chicos!
-Bueno, todo muy lindo, pero hay que cocinar. Kija, Shin-ah, son los encargados de la leña.
Mientras los demás levantaban las tiendas, me dispuse a ayudar a Yoon y a charlar sobre los libros que le había dado.
Me di vuelta
Dolor.
Me di vuelta.
Incomodidad y dolor.
Boca arriba.
No solía dormir así.
Boca abajo.
Estaba más incómoda que antes, debido a que mi pecho es bastante grande.
Después de dar incontables vueltas en el futón, y no encontrar una posición que sea cómoda y no me haga doler la mano, me rendí.
Tomé la linterna que traía en mi bolso y salí de la tienda con cuidado de no hacer ruido.
Afuera no había nadie, lo cual era extraño ya que se suponía que Jae-Ha estaría haciendo guardía.
Mejor si no me encuentro con él, me dije a mi misma, suspirando.
Prendí la linterna y comencé a caminar por el bosque con cuidado de no perder de vista nuestra fogata y me cuestioné el no haber llevado una manta conmigo, ya que la noche estaba helada.
Pero luego decidí que era mejor para mi mano, desde que en aquel lugar no había hielo para la inflamación.
Después de un tiempo dando vueltas, la linterna se apagó y me sumí en la oscuridad.
La desesperación empezó a subir por mis piernas a la vez que buscaba la luz de la fogata. Cuando la visualicé, pude sentir algo pasando junto a mi oreja, y golpeando fuertemente contra el árbol delante de mi.
Escuché el crujir de ramas y hojas bajo los pies de alguien que acababa de saltar de algún lado.
-¿Quién eres?- mi pulso se tranquilizó al escuchar la voz de Jae-Ha.
-¡Jae-Ha!
-¡Ah, Ha-Yun-chan!- parece no me reconoció.
-Casi me das un paro cardíaco.
-Suelo provocar eso en las chicas.- dijo riéndose.
-Pervertido.- dije entre divertida y molesta mientras empezaba a caminar.
-En todo caso, ¿qué haces a estas horas dando vueltas por aquí?
-Sufro insomnio.- mentí. No admitiría nunca que era por el dolor. Me senté cerca del fuego, pero todavía podía sentir el frío.
-Ah, así que es eso, ¿eh? - dijo él en tono de yo-sé-que-te-duele-la-mano.- ¿Y tu mano?
-Está perfecta.- Jae-Ha miró unos momentos mi mano, hinchada y vendada.
-Está bien, Ha-Yun, no tienes que ocultármelo.
-B-bien...- ¡agh! ¡qué molesto! ¡mostrar debilidad frente a otra persona! , pensaba a la vez que mis mejillas se teñían de rojo por la vergüenza.
Jae-Ha me miró de forma burlona. Sabía lo que estaba pensando.
-B-bueno, ahora tengo sueño, así que iré a dormir.- me levanté con la poca dignidad que tenía,encaminándome a la tienda.
-Ha-Yun.
-¿Qué?
-Ten. Es un ungüento de menta. Ayudará a que tu mano se refresque.- Jae-Ha me extendió un pote con una pasta verde dentro. La probé sobre mi piel y realmente era fría.
Me sentí feliz por su amabilidad.
-¡Gracias, Jae-Ha!
Después de ponerme el ungüento, no tuve complicaciones para dormir.
