*Jae-Ha POV*

Le tendí el ungüento de menta a Ha-Yun. Esa chiquilla realmente era fuerte para soportar ese dolor sin quejarse. Muy fuerte y muy testaruda.

Agarró el frasco de ungüento con desconcierto. Ah, que cara más graciosa. Reprimí una risa al verla.

Pasó un poco de ungüento por su brazo, claramente para probar si la refrescaría o no.

Pero no estaba preparado para lo que seguía.

Sus ojos brillaron intensamente una vez que terminó de pasar el ungüento y me miró directo a los ojos.

-¡Gracias, Jae-Ha!- y me dedicó la sonrisa más brillante que había visto en su rostro. Ese tipo de sonrisa que Yona me daba, y que hacía mi sangre arder.

Pero la sonrisa de Ha-Yun era diferente. ¿La había hecho feliz?

Sin esperar una respuesta de mi parte, Ha-Yun se metió a la tienda.

Yo... quiero volver a ver esa sonrisa en su rostro.

*Ha-Yun POV*

Pasaron apenas unos días desde el incidente con el pozo.

El ungüento que Jae-Ha me había dado y los cuidados de Yona y Yoon ayudaron a mi mano a sanar rápidamente.

Obviamente, todavía no estaba sana y dolía cuando la movía de manera brusca, pero no era algo que no pudiera manejar.

-Oh, llegamos.- oí a Kija decir a la vez que se paraba en las lindes del bosque. Frente a nosotros, se extendía un alegre pueblo en los dominios de la tribu de la Tierra.

Nos dispusimos a cruzar la zona donde los aldeanos cultivaban.

El pueblo se asemejaba más a una mini ciudad. Tenía un par de posadas con restaurantes y algunos bares. Yoon me explicó que estábamos cerca de la capital y que por eso el pueblo era tan grande para ser... bueno, un pueblo.

Decidimos separarnos, unos para ir a comprar provisiones y otros para buscar un lugar donde dormir. Yona, Hak y yo decidimos comprar lo necesario (Yoon nos había hecho una lista y todo).

Nos dirigimos al centro del pueblo, que era la zona comercial, en la plaza.

Era interesante ver tanta vida en aquel pueblo, la mercancía que se vendía y como la gente parecía tan contenta.

Pero luego, la atmósfera cambió de repente, se volvió densa y los aldeanos se pusieron tensos y nerviosos a la vez que un grupo de hombres pasaba y miraba a las personas como si fueran insectos.

El hombre que estaba a la cabeza de todos ellos, un hombre alto, corpulento, con un rostro bastante bonito, pero con una mirada que helaba la sangre, se paró frente el puesto de manualidades de una joven muchacha.

-¿Y bien?- dijo el hombre esbozando una cruel sonrisa. El miedo en los ojos de la muchacha fue evidente.- ¿Me pagarás o no?

-L-lo siento, pero esta se-semana las ventas no fueron buenas...- la voz de la chica temblaba mientras miraba fijamente el suelo con lágrimas en los ojos.

-¿En serio? Qué lástima.- aquel hombre tomó una pequeña vasija blanca con flores, la cual se notaba tenía el esfuerzo de días e incluso semanas en ella. La examinó con atención.- Ahora entiendo el por qué. Nadie podría vender esta basura.

Una vez dicho eso, tiró la vasija al suelo, haciéndola añicos. El cuerpo de la chica tembló y dejó salir un sollozo.

-¡Oh, lo siento!- dijo él con sarcasmo y luego rió.- Si hubieras aceptado casarte conmigo no estaría pasando esto.

Quedé boquiabierta ante la situación. Miré a Yona de reojo y vi sus ojos arder de ira. Pero los tres sabíamos que no podíamos meternos. Le causaríamos más problemas a esa pobre chica.

Un pequeño niño pasó corriendo por al lado mio, saltó en el aire, dándole una patada al hombre en el torso.

-¡DEJA EN PAZ A MI HERMANA, MALDITO!- gritó a la vez que lo golpeaba, pero esto no hizo efecto en aquel hombre.

-¿Quién es este mocoso?- levantó al niño de la ropa y miró a la chica.- ¿Tu hermano? Ja, cometió un serio error al atacarme.- tiró al suelo al niño, hacia sus camaradas.- Llévenselo.

Estaba apunto de intervenir, ya sin poder controlar mi ira, pero la voz de la muchacha se alzó ante la mía en un grito desesperado.

-¡Déjalo por favor! ¡Haré lo que quieras! ¡Me casaré contigo si es necesario!- dijo entre lágrimas. El hombre se rió.

- Bien, así me gusta.- tomó al chico del brazo, empujándolo hacia el puesto. Ambos hermanos se abrazaron, pero no por mucho, ya que aquel bastardo tomó a la joven del brazo, separándola de su hermano.- Me llevaré a tu hermana.- dijo con una sonrisa siniestra. Luego se dirigió a ella.- En tres días serás mía.

De esa manera, aquel grupo desapareció, dejando a los aldeanos con una mirada triste y a aquel niño llorando.

Yona fue la primera en acercarse a él. Me agaché junto a ella.

-¿Estás bien?- preguntó ella, secando las lágrimas del chico.- Tranquilo, no te haré daño. ¿Cómo te llamas?

-Kei...- dijo en un susurro.

-Kei, ¿sabes quienes son esos hombres?- el niño asintió.

-Son un grupo de bandidos que se dedican a robar y a traficar esclavos. Hace unos meses aparecieron en el pueblo, al principio solo de paso, pero luego ese maldito vio a mi hermana y se obsesionó con ella.- la furia brillaba en sus ojos, pero su pequeño cuerpo temblaba.- Cuando ella lo rechazó, él comenzó a pedirle dinero todas las semanas, por no aceptar el honor de ser su esposa.

Eso era suficiente para mi como para meterme. Miré a Yona y ella asintió sabiendo exactamente lo que pasaba por mi cabeza.

-Kei, rescataremos a tu hermana.- dije, apoyando mi mano en su hombro.- ¿Tienes un lugar donde quedarte?

El chico asintió y luego miró hacia un costado.

-Será muy difícil. Ellos se quedan en una posada exclusiva para hombres... las mujeres sólo pueden entrar para ofrecer entretenimiento.- nos miró y luego observó a Hak.- El podría entrar... Pero no sé cual de todas es...

-Princesa, Ha-Yun, será mejor que empecemos de inmediato a investigar.- dijo Hak, mirando hacia la feria. Asentí con determinación y palmeé el hombro de aquel niño.

-Cuídate, nosotros traeremos a tu hermana.- Yona le dirgió una sonrisa al niño y este se sonrojó un poco, asintiendo.

Decidimos separarnos para preguntarles a los comerciantes de ahí dónde podíamos encontrar tal posada.

Pasé por varios puestos, pero nadie había querido contestarme la pregunta, hasta que escuché un "pssst" viniendo del puesto de un hombre que vendía toda clase de cosas, la mayoría extranjeras. Me acerqué con cautela hacia él.

-Señorita, ¿acaso usted está buscando la posada Roja?

-¿La posada Roja?- ¿acaso era una especie de burdel?

-La posada Roja es sólo para hombres. Yo sé dónde está.

-¿Puede decirme?

-Claro, pero, necesito algo a cambio. Es muy peligroso revelar esta información a personas ajenas al pueblo.- dijo con indiferencia mientras pulía una tetera.

Carecía del dinero que circulaba en Kouka. Me puse a pensar detenidamente qué le podía ofrecer a aquel hombre.

Me saqué los pendientes que tenía puestos. Simulaban ser de oro e iban en conjunto con el collar que tenía puesto. Eran un regalo de Kohaku, pero esto era más importante.

-Mire, señor, no tengo dinero, pero, quizás esto le pueda interesar.- extendí los pendientes hacia él, y quedó maravillado. Claramente, en este mundo no existía la joyería de fantasía.

-Bien...- el hombre tomó los pendientes y procedió a darme la información mientras los examinaba.- Kwan es el jefe de un grupo de bandidos que se dedican al tráfico de personas y al robo. Hace tres meses llegaron a nuestro pueblo, estando sólo de paso pero Kwan parece haberse "enamorado" de la chica del puesto de manualidades y se ha instalado en la posada Roja desde entonces. Pero la posada Roja no había sido la posada Roja hasta que llegó él. Las mujeres no están permitidas en aquel lugar a menos que sea para entretener ya que se reportaron abusos de parte de los hombres de Kwan y hasta hubo muertos. Por eso ahora la llamamos la posada Roja. Esta cerca del límite del pueblo que enfrenta las montañas.- hizo una pausa y me miró.- A menos que sepas bailar o tocar un instrumento, no serás capaz de entrar.

Miré el cielo suspirando mientras pensaba en toda esa información. No sabía bailar y los instrumentos que sabía tocar probablemente no existían aquí. Suspiré una vez más.

-Bueno, de todos modos muchas gracias.- me incliné un poco y cuando estaba apunto de irme visualicé lo que parecía ser el estuche de un violín antiguo. ¿Lo estaba imaginando?- Un momento. ¿Me deja ver eso?

El hombre se giró y suspiró con desgano.

-Ah, esa baratija. Es un instrumento musical extranjero. Viene de muy lejos, cruzando el océano. Según el muchacho que me lo vendió, es un instrumento muy caro, pero nadie lo compra, ni siquiera estando en oferta, porque no saben tocarlo.

-Abra el estuche, por favor.- dije con ansiedad. Él me dirigió una mirada de desconcierto, pero finalmente abrió el estuche y vi lo que mis ojos tanto querían ver: ¡era un violín!- Señor, se lo compro.- me saqué el collar que hacía juego con los pendientes y se lo di.- No creo que reciba una mejor oferta que esta, ¿verdad?- le dije con una gran sonrisa y él asintió.

Con una leve inclinación, me fui corriendo a buscar a Hak y a Yona, que me esperaban en medio de la plaza.

-Bien, sé donde está la posada y tengo mi boleto de entrada a ella.- dije levantando el estuche.

-Vaya, eres más eficiente que la princesa.- dijo Hak riéndose. El rostro de Yona se contorsionó en una expresión molesta, pero se contuvo para no pegarle.

-La posada está en los límites del pueblo que enfrentan las montañas. Nosotras solo podremos entrar si sabemos bailar o tocar un instrumento, pero los demás van a poder pasar sin problemas. El comerciante me dijo que el hombre que se llevó a aquella chica se llama Kwan y que se adueñaron del lugar. Probablemente tienen a la chica ahí.

-Bien, hay que contarles a los demás sobre esto y prepararnos. Mañana iremos a esa posada. - dijo Yona con determinación en sus ojos.