Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.
Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.
Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador
Sukha 3: Esa noche juntos
Afortunadamente, el apartamento de Víctor tenía calefacción y hacía que el frío de Rusia no se sintiera de forma tan inclemente. Pero eso podía ser a su vez una gran desventaja, porque estaba seguro que sí salía de la puerta sentiría de inmediato el rudo clima contra su piel.
Mientras tanto, en el departamento podía estar tranquilo, usar sus camisetas comunes, incluso andar descalzo. Después de un domingo de descanso necesario y con la idea de estar al día siguiente en la pista, Yuuri se había tomado el baño buscando acostarse pronto para no fallar en su primer día de entrenamiento de Rusia. Cuando llegó a la habitación, Víctor terminaba de secarse el cabello con una secadora, pasándolo arbitrariamente para secarlo lo más pronto posible.
—¿Cómo estuvo la ducha?
—Bien... —Se había quedado de pie con la toalla en el cuello y su ropa de pijama que solía usar para dormir, pero allí estaba Víctor con una bata que cubría apenas lo indispensable, su piel blanca y tentadora y las gotas de agua que caían de sus cabellos lo hacía ver más perfecto de lo que ya era.
Tuvo que tragar grueso y dejar de pensar en el despertar de la mañana. En el calor que sintió con su cuerpo, en la excitación con la que ya había amanecido y se incrementó con los besos de Víctor. En lo maravilloso que se sentía la posibilidad de tenerlo solo para él sin sentirse preocupado porque sus padres o Mari los escuchara.
Era una especie de libertad inaudita. Un panorama idílico e ideal, y Yuuri no se había percatado de cuánto había deseado tenerlo hasta ese momento en que se encontraba en iguales condiciones con él, en un lugar apartado, sin el temor de las competencias. El deseo era como una serpiente engulléndolo de lleno.
—Te esperé para que nos bañaramos juntos. —Victor soltó de repente, sacándolo de su propia ensoñación. Victor sacudía los cabellos de su nuca contra el secador mientras le miraba a través de su flequillo—. ¿Por qué no entraste? Ya nos bañabamos juntos en Hasetsu.
—Eh... me entretuve llamando a casa.
Sí, era cierto. Pero escoger justo ese momento para llamar a casa obedeció al instinto primario de no acercarse a ese baño y estar a solas con Víctor totalmente desnudo. Porque claro, una cosa era estar desnudo con Víctor en las aguas termales con suficiente espacio para escabullirce si quería, otra cosa era estar en un espacio de menos de dos metros cuadrados, con paredes, sin miradas, sin agua que tapara apropiadamente la belleza de Nikiforov de sus ojos.
Aquello era una tentación casi pecaminosa.
Por supuesto, Víctor no se creyó del todo la excusa, pero se limitó a sonreír, siempre tan paciente como lo había demostrado todo ese tiempo. Aguardando, esperándolo, como si pudiera hacerlo toda la vida si fuera necesario. Yuuri se preguntó que pasaría por la mente de Víctor en ese momento, si decía lo que en verdad estaba pasando por su propia cabeza. Las ganas que tenía de acunclillarse entre sus piernas, acariciar los duros muslos, sentir como su piel se calentaba bajo su palma mientras Víctor lo veía solo a él.
¿Era acaso un efecto de Rusia? ¿Sería el estar allí, en su país de origen, donde todos lo adoraban e idolatraban y seguramente querrían que él estuviera lejos de él lo que aumentaba su necesidad de sentirlo suyo? Yuuri no podía explicárselo, pero su mirada pareció muy comunicativa. La forma en que entreabrió sus labios, el hambre latente en sus ojos, Víctor vio todo ello y se vio obligado a detenerse al sentir que estaba siendo contagiado por esa chispa de excitación.
Por poco se le cae el secador de la mano, siendo sincero.
—Yuuri, si me sigues mirando así... —Había enarcado sus cejas al decirlo, pero Yuuri se sobresaltó y el rojo inundó su rostro. Completamente abochornado miró a otro lado y decidió meterse en la cama de una vez y dejar de pensar en tonterías—. ¡Hey!
Yuuri se subió a la cama a gatas, como si quisiera escapar, pero se le escapó un gemido de sorpresa y el sonrojo le llegó a las orejas cuando Víctor espontáneamente lo nalgueó. Si... Víctor le había nalgueado, maldita sea. La excitación ya era bastante evidente.
—¡Víctor! —Exclamó visiblemente alterado, al tiempo que giró su rostro casi como si estuvieran oxidadas las articulaciones. El aludido lo miró con una sonrisa divertida, casi como si hubiera hecho solo una travesura.
—¿No te secarás el cabello antes de dormir? —Justo en ese momento un par de gotitas de su cabello cayeron sobre su mano, recordándole que lo cargaba húmedo—. Ven para secartelo.
Víctor señaló sus propias piernas y el rostro de Yuuri ya había alcanzado todo sus tonos rojos posibles. Se arrastró hacia él y se bajó de la cama, para acunclillarse como lo había pensado pero dándole la espalda a Víctor y dejándole su cabello a disposición. La secadora empezó a sonar pero no era suficiente para mitigar los latidos de su pecho y el ruido de su cabeza con todos los pensamientos que se agolpaban mientras Víctor le sacudía y peinaba su cabello con sus largos dedos.
Su cabello no tardó en secarse y la secadora fue apagada. En el silencio de la habitación, Yuuri se quedó inmóvil en la misma posición mientras sentía sed y un nuevo calor navegarle desde el cuello. Justo allí Víctor acariciaba con la punta de sus yemas, la deslizaba desde su oreja roja hasta la unión con su hombro. Yuuri había cerrado sus ojos, potenciando la minúscula caricia a mil, mientras sentía que su cuerpo estaba demasiado receptivo.
¿Hasta ese punto? Jamás se había sentido tan perdido por una caricia, no solía siquiera permitirlas, en cambio en ese momento estaba dispuesto a ser el lienzo de esos dedos confiando que todo lo que haría sería arte.
Víctor se inclinó para abrazarlo desde la espalda y Yuuri sintió tensa la columna. La nariz de Víctor se movía acariciando la piel que encontraba a su paso, su hombro, su cuello, su mejilla, incluso su oreja y su cabello. Era como estar en el lugar más cómodo del mundo. No pudo evitar el dejarse llevar y el buscar con su rostro también el acercamiento. Echó la cabeza hacía atrás, se encontró con los ojos de Víctor mirándolo con profunda adoración y sus dedos quitándole los lentes. Sus manos se posaron sobre los muslos de él, usandolos de soporte para levantar su tronco y responder al magnetismo que Víctor estaba provocando en él, desde que apareció en su vida.
Se levantó, ni siquiera podía darle nombre a lo que estaba impulsando sus movimientos, pero la energía que fuera provocó que se sentara sobre las piernas de Víctor y sus brazos le rodearan de forma íntima. Sintió las manos grandes de Víctor acariciando su trasero sobre el pantalón y sus pestañas temblar cuando se acercó a su boca. El beso que inició, no terminó.
La timidez de Yuuri fue despojada al paso de las succiones de Víctor sobre sus labios. Sus dedos se volvieron más ambiciosos y buscaron atraer más de su piel. Mientras movía la boca al ritmo que Víctor imponía, acostumbrándose a ello, sus manos acariciaban la cabeza de Víctor, su hombro, su cuello y sus orejas enrojeciendo.
Soltaron el aire, entre sus labios, y se miraron con los ojos entre abiertos. Víctor lo apretaba usando su brazo contra él, haciéndole sentir la frescura de su piel erizada y expuesta y los latidos furiosos de su corazón contra su pecho. Víctor estaba en las mismas condiciones que él y lograr eso se sentía como una especie de milagro. Lo hacía sentir mucho más suyo.
Los dedos de Víctor navegaron sobre su camiseta hasta donde una de sus tetillas receptivas se alzaban. Se detuvo allí, provocando un erizamiento y sintiendo a su vez sus propios latidos. La voz salió ronca de su garganta, cargada de excitación. Víctor estaba pidiendo el último permiso.
—Puede que se sienta un poco incomodo mañana para entrenar...
—No importa. —Yuuri después se preguntaría de donde vino tal arranque de valentía.
—¡Wow! ¡Eso que decían de los japoneses era verdad! —El sonrojo que ya existía en el rostro de Yuuri aumentó y Víctor soltó una carcajada mientras lo abrazaba con fuerzas.
—¡Eso no es...!
—He estado fantaseando mucho contigo desde que lo hicimos en Barcelona. —Le confesó plegando su nariz sobre la de Yuuri. Recibió en respuesta una sonrisa que comunicaba que había estado pensando en lo mismo.
—Yo también... —La mano con el anillo acunó la mejilla de Víctor, mirándolo con profunda adoración. Sus pieles estaban hirviendo de deseos, sentía sus propias erecciones apretadas contra sus cuerpos y aún así, el amor imperaba como si fuera lo más importante.
No necesitaron decir más, las palabras sobraban cuando sus ojos comunicaban muy bien cuánto ambos deseaban ese momento. Volvieron a besarse para confirmarlo, para sentir de nuevo su piel buscándose y añorando el contacto. Víctor terminó acostándolo y echándose sobre él mientras era recibido por los brazos de Yuuri, como si no quisiera buscar un espacio de separación. Le quitó la bata, Yuuri mismo se quitó la camiseta y se extremeció al sentir los labios atentos de Víctor contra su piel, delineando.
Sus gemidos se hicieron cada vez más persistentes y ahogados. Los labios de Víctor tapizaron de besos su abdomen cuando los dedos retiraron la prenda inferior. Yuuri soltó un jadeo de sorpresa cuando los labios de Víctor se aproximaron peligrosamente hacia su erección, y casi gimoteo cuando se apartó de imprevisto. Lo miró acercarse a la mesita, sacar algo y acomodarse de nuevo esta vez con su rostro sobre él mirándolo. Yuuri le sonrió en respuesta, despeinado, sonrojado y ligeramente sudado.
—Para que no duela... —Le explicó apenas lo elemental, mientras las manos de Yuuri se sintieron quietas y decidieron no dejar de tocarle—. Yuuri...
—Confío en tí... —Cerró los ojos y remojó sus labios. Víctor dejó caer los propios sobre los de Yuuri para propiciar un nuevo y largo beso, mientras sus dedos hurgaban humedecidos por el lubricante. El tacto lo sintió frío y extraño, la primera impresión con la penetración de su índice fue incómoda pero Yuuri abrió los ojos para perderse en los de Víctor y controlar las contracciones naturales de su cuerpo.
Víctor encontró confirmación en la mirada de su pareja y decidió seguir con lo que hacía, dirigiendo ahora su atención a los labios de Yuuri mientras su dedo se internaba dentro de él. La sensación de ser rodeado por Yuuri, de sentir su carne caliente apretándolo y temblando con cada avance de su invasión, se convirtió en una cadena de fuego que apresó a su propio cuerpo y hizo humo a su cabeza. Su erección comenzó a doler y al apegarse más sintió la de Yuuri igual de endurecida. Las manos de él se posaron sobre su espalda y hombros y apretaron la piel conforme la excitación aumentaba.
Pronto, sus besos perdieron el control y se volvieron torpes y necesitados. En el calor del momento, las pieles húmedas se golpeaban con cada nuevo estiramiento y cada roce mientras dos dedos estaban haciendo su trabajo dentro de él. Víctor desocupó la boca de Yuuri para dejar besos por su cuello, sus mejillas y escucharlo soltar los erógenos sonidos que brindaban su estimulación. Yuuri no pudo quedarse con la boca quieta, así que además de soltar algunos sonidos, cuando tenía piel cerca buscaba sorberla y morderla. Así agarró la oreja de Víctor y le arrancó un jadeo de sorpresa, con el cual embistió con sus caderas al aire. Yuuri sonrió triunfante.
—Eso fue... —Víctor dijo agitado, mientras trataba de apartar su propio cabello húmedo de sudor de su frente. Estaba sonriendo, demasiado feliz, azorado y eufórico como para encontrar una palabra al encanto de Yuuri.
—Es por dejar de besarme...
Sí, si así iba a ser sus venganzas quería muchas de ellas. Víctor no pudo contenerse y se movió para atrapar los labios de su compañero mientras sus dedos hurgaron con mayor comodidad, provocando que todo el cuerpo de Yuuri se tensase. Los dedos se crisparon y sus uñas arañaron la espalda de Víctor. Abrieron sus bocas desesperados para buscar en la ajena la humedad y el fuego que necesitaban. Era como saborear lava hirviendo, dulce, refrescante y terriblemente adictiva. Estaban necesitados, ansiosos, conforme se acercaban al clímax y los dedos de Víctor adquirieron una experticia que no tenía, la mano de Yuuri fue entre sus cuerpos para atrapar la erección de su pareja y hacerlo respingar de ansiedad.
En ese punto, ninguno era consciente de lo que estaban llegando a hacer. Se llevaban por el instinto, el deseo, la necesidad de sentirse. Víctor plegó su frente sobre la de Yuuri para mirarlo firmemente mientras sentía los dedos de él acariciando su miembro despierto. Él mismo estaba empujando con su pulgar bajo el escroto, dispuesto a recompensarle por cada impulsiva decisión que tomaba en ese momento.
—Voy a hacerlo... —Avisó, besándole suavemente la frente antes de separarse.
Yuuri permaneció con sus piernas abiertas y su respiración agitada, mirándolo, o intentando hacerlo sin sus lentes. Casi podría decir que el efecto de la excitación o su ansiedad para verlo era suficiente para poder ver con más claridad cada expresión de Víctor. Su pareja se estaba preparando, por las medidas que tomaba, se veía que no quería hacerle daño. No había mayor muestra de amor que aquella que se sobrepone a los instintos primarios.
Víctor volvió a él buscando un abrazo y cubrirlo un momento mientras se colocaba en posición. Le tomó una de sus manos en la cama, entrelazaron sus dedos y se miraron como si el tiempo fuera un ente infinito.
De hecho, lo era cuando estaban así.
Sin decir nada, Víctor llevó la punta de su erección y empujó procurando la primera penetración. El rostro de Yuuri se contrajo de dolor y mordió sus labios intentando superarlo. Su cuerpo se tensó, se volvió un muro de piedra que no permitía la entrada. Por un momento Víctor pensó que sería demasiado y era mejor abandonarlo, pero Yuuri le agarró con fuerza en la cadera, impidiéndole el separarse.
—Por favor... no te detengas.
Víctor respondió a eso con un beso, con una fila de ellos. Sorbió sus labios, los saboreó, y con la mano libre acarició su cuerpo mientras se olvidaba de volver a penetrar y esperaba que el cuerpo de Yuuri se acostumbrara a la primera invasión, la mano de Yuuri apretaba su trasero, provocándolo con cada uno de sus dedos mientras estrujaba sin piedad. Pero él se desvivió en el momento de simplemente sentirlo y poco a poco el cuerpo de Yuuri le recibió permitiéndole continuar.
No existen las palabras para describirlo, pero cuando la unión de su cuerpo se hizo real, incluso la incomodidad, el ardor, el dolor se volvió algo tolerable y pasajero. Yuuri no pudo contener las lágrimas que recorrieron sus mejillas pero no podía llamarlas solo lágrimas de malestar. Estaba el sentimiento desbordante de sentirse uno con él, de sentirlo tan cerca, de conocerlo a tal punto que su cuerpo parecía ser tallado con cada embestida de Victor para convertirlo en su semejanza. Sentía que de él mismo modo, él se moldeaba en Víctor y ambos terminaban con algo del otro en lo más profundo, arraigado, donde nadie pudiera molestar.
Por eso se aferró a él, se agarró de él en los momentos cumbres donde su cuerpo se movían por inercia y el placer le cegaba. Por eso le apretó, le mordió, le acarició indolente como si no pudiera soportar la idea de no tocarlo mientras Víctor arremetía con todo su ser dentro de él. Cuando acabó, antes que Víctor, sintió que su cuerpo se liberaba de una combustión inmensa y que el alivio se llenaba del placer más perfecto posible. Él llegó después y la sensación fue casi como una réplica de un terremoto, como un recordatorio de lo unido que ya eran.
Minutos después, abrazados y acariciándose con pereza, se encontraron rendidos mientras asimilaban lo que había ocurrido entre ellos. Víctor lucía cansado pero feliz, Yuuri feliz pero adolorido, sin embargo, ambos con los ojos cerrados se negaban a la idea de cortar el contacto hasta el día siguiente. Escuchar su respiración y sentirse con los dedos era más que suficiente.
—¿Duele todavía? —Acarició suave a su espalda, con sumo cuidado como si pudiera romperlo.
—Un poco... —En realidad era un mucho, pero la adorable cara de preocupación de Víctor no quería verla convertida en angustia. Además, todo lo que amaba dolía—. Estaré bien, me acostumbraré. Duele más caerme en el hielo.
Víctor rió y le beso la nariz, necesitando cualquier gesto para decirle lo mucho que lo amaba. Acunó el rostro de Yuuri entre sus dedos, mirando también el brillo dorado de la sortija y sintiéndose increíblemente afortunado.
—Prometo que las próximas serán mejores.
¡Agradezco a todos los que han leído estos dos capítulos! Sí, ciertamente vendrá un poco de drama, pero es lo que se puede esperar con dos parejas que deben compartirse no solo emocionalmente sino en el ámbito deportivo. ¡Pero también vienen muchas escenas muy encantadoras entre ellos!
¡Y este es mi primer lemon Victuuri! ¡Espero les haya gustado!
Sofhi: "como si fuera una precuela de Matryoskha" XDDDDDD *se va suavemente a un lado* Debo admitir que en parte decidí escribir este fic para sacarme las escenas dulces que me vienen de Matryoskha uwu ¡Yo también quiero un novio como Victor! Tan divino, tan atento, ¡tan precioso!
Florencia-27: Si buscas drama, Matryoskha es para ti (?) XD Sí, tendremos draama cerca, porque precisamente ellos dos han tomado una decisión donde no sería todo fácil y debe haber drama. Pero veremos también escenas dulces entre ellos.
jessicaraya: Adñlasjdñl basicamente, pronto se daran cuenta que no tendràn todo el tiempo del mundo para hacer cositas uwu peor serà algo que tendràn que superar juntos!
Gracias por leer, ¡en serio!
