Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.

Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.

Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador

Sukha 4: Nuestro primer entrenamiento.

«Llamamos amor a todo lo que está en el hielo»

Le hubiera gustado quedarse más en la cama, por supuesto. Estaba caliente, acompañado. De hecho, muy bien acompañado. Podría quedarse allí y rodearle la cadera con sus manos, meter su nariz en los mechones lacios y largos que se acostaban en la almohada. Podría a su vez sentir la esponjosa sensación de tener a su perro en la mitad, metiéndose entre ellos como si quisiera también de ese calor y no perder su lugar privilegiado.

Los tres juntos… claro que podía hacerlo. Pero si quería iniciar esta temporada debía prescindir de pequeños y gratos placeres.

Víctor salió de la ducha con una toalla en su hombro y tomó una taza de café que acababa de servirse. Del baño se había dirigido a la cocina, donde había dejado a la cafetera funcionando, mientras él trataba de ahorrar tiempo para sí mismo. Era bastante temprano y aún estaba a oscuras, pero si quería aprovechar el día no podía desperdiciar ni siquiera las horas tempranas de la mañana. Y en su cama estaban las sábanas revueltas, Yuuri con Makkachin acurrucado contra él, durmiendo apaciblemente.

Las nacionales habían pasado semanas atrás y su regreso fue inmediato. Toda la prensa estaba extasiada y a las expectativas con su reencuentro con el hielo, luego de un año de ausencia. Para Victor no fue fácil. Después del GPF tuvo que ir a Rusia e ingresar a un duro entrenamiento exhaustivo mientras preparaba las coreografías para ambos programas. Porque no era lo mismo ser entrenador que ser un competidor, y Victor pese a haber estado patinando mientras entrenaba a Yuuri, necesitaba retomar la costumbre de competir.

Por suerte, con Yuuri había logrado recuperar la inspiración que necesitaba y los motivos para volver al hielo, así que su nuevo programa, basado en las dos nuevas palabras que había conocido, surgió en una noche de inspiración casi divina. Tardó un par de semanas para dominarlo, dejando a Yakov boquiabierto al ver no solo el cómo Víctor volvía recargado, sino con una vibra que había dejado de ver en varios años.

Y fue algo que le dio, de nuevo, el oro en las nacionales, legitimándose como el mejor de Rusia. Yuri le había dado una batalla fuerte y aunque sabía que de momento su programa requería perfeccionarse para llegar a la marca que Yuri logró en el programa corto, se valió de la experiencia y de su habilidad para crear con ambos un puntaje que Yuri no pudo superar, teniendo que verlo desde el segundo lugar.

Pero era solo el inicio.

Víctor sabía que Yuri ahora era un adversario que no podía escatimar. Tenía la juventud y la capacidad para destronarlo por lo tanto debía prepararse para dar más del 100% si quería mantenerse invicto. Haberle vencido en las nacionales no era garantía alguna, porque ya había visto lo que Yuri era capaz de hacer. Cómo dijeron los comentaristas en el GPF, era un monstruo en constante evolución.

No se sentía asustado, eso le excitaba. Y estar con Yuuri al lado terminaba convirtiéndose en el combustible necesario para dar más.

El sonido de las sábanas moviéndose lo alertó, levantando la mirada. Yuuri ya había empezado a despertar, y aunque Makkachin todo lo que hizo fue reacomodarse, el japonés estaba tanteando en las sábanas buscando encontrar algo. Seguramente sus lentes. Víctor se sonrió mientras lo veía, encantado con tener esa vista todas las mañanas.

―Buenos días, bello durmiente. ―Saludó desde su lugar, divertido al verlo tanteando entre las almohadas. Yuuri volteó hacia él, aún ciego, con cara de asustado.

―¿Qué hora es?

―Ya es tarde, Yuuri. ―Exclamó con una sonrisa que contrastó con la cara de preocupación de su compañero―. A Yakov no puedes hacerlo esp…

Lo siguiente que escuchó fue el del cuerpo de Yuuri golpeando el piso. Arrugó su cara en señal de "auch" y lo miró con algo de pena y otro de diversión mientras lo veía acariciarse el trasero. Makkachin levantó la cabeza y bostezo perezoso, mientras movía la cola con lentitud.

La escena sabía a hogar.

―Voy a trotar. Te espero en la pista, cariño.

Yuuri solo asintió, sin decir nada más. Pronto Víctor salió de la casa y escuchó el ladrido de Makkachin, quien ya había despertado. Todavía Yuuri estaba camino a despertarse completamente, pero al menos tenía la salvedad de que Víctor entrenaba primero y podía llegar un poco más tarde que el resto. Pero eso obviamente no era ninguna garantía y no quería ser una carga para los demás. Así que se apresuró.

Se duchó, comió el desayuno que Víctor le había preparado y se preparó para partir. Makkachin iba tras él, para acompañarlo y Yuuri no tuvo corazón de dejarlo solo en casa. Se sentía un poco incómodo después de la noche, pero era llevadero. No tendría problema para practicar.

Cuando salió del edificio bien cubierto con sus abrigos y bufanda, estuvo al pendiente de que Makkachin lo siguiera y trotó camino a la pista. Víctor le había explicado más o menos como era el recorrido, era uno que tendrían que hacer por toda la temporada mientras entrenara, pero Makkachin lo guiaba y parecía estar muy seguro del camino que iba a recorrer. Sentía la emoción naciente en el pecho y a su vez los nervios de presentarse en la pista. Al menos había avisado antes de correr a Víctor para que lo estuviera esperando, pero debía enfrentarse a la presentación ante todo el equipo ruso y esperaba que todo saliera bien.

Ya conocía a Yuri, esperaba que eso lo hiciera más llevadero.

Cuando atravesó el puente de Potseluev, logró ver la figura de Víctor y Yuri en la lejanía. Sonrió emocionado al reconocerlos y alzó su brazo cuando pudo verlos con claridad. Víctor levantó el suyo y lo llamó por su nombre, y como si fuera eso suficiente, se sintió en su nuevo hogar.

—Par de babosos… —Refunfuñó Yuri, mirándolos a ambos mientras intentaban contener las ganas de estrujarse. Yuuri se sonrió y sonrojó al mismo tiempo, saludando a su ahora compañero de pista—. ¡Más vale dejen sus babosadas fuera de la pista o los patearé!

—Oh, Yurio, ¡después entenderás! —Yuri rodó los ojos y metió las manos en los bolsillos, avanzando con hastío. Yuuri se vio obligado a no solo moderarse, sino moderar a Víctor para evitar crear incomodidad entre el resto del equipo. Aunque eso no impidió que no recibiera de muy buena gana su abrazo.

Yuuri conocía algunas figuras del equipo ruso porque los había visto juntos en varios viajes. Conocía a Georgi de lejos, sabía lo bueno que era para la interpretación y la forma en que se desenvuelve en el hielo, pero no había logrado hablar con él antes. Conocía a Mila, una joven patinadora que había logrado desviar la mirada del jurado hacía ella y su intensa forma de patinar. Y por supuesto, conocía a Yakov, aunque el poco tiempo que estuvieron como "entrenador/pupilo" no le daba mucha libertad de imaginar cómo sería ahora.

No quería molestar, no quería ser una traba para el entrenamiento de Víctor ni de los otros. No quería que el resto pensara que era solo una distracción, ni que Víctor perdiera el norte de sus deseos de regresar por su presencia. Si era posible, Yuuri Katsuki bien podría convertirse en una lámpara en la pista y estaría bien si con ello no afectaba el ambiente natural de los entrenamientos.

Para cuando entraron a la pista, Yuuri sintió la mirada de todos sobre él. Georgi, Mila, incluso Yakov, arremetieron con sus ojos y lo hicieron sentir clavado en la puerta. Todo lo que escuchó aparte del sonido de la puerta cerrarse con cierta brusquedad, fue su propia respiración.

—¡Vitya! —Escuchó en ruso, y luego no entendió el resto de las palabras dichas en tono fuerte y rudo, que se escuchaba como un regaño.

—Oh, Yakov, no seas grosero con Yuuri, ¡habla en inglés! —Victor tomó todo con calma y lo soltó para encaminarse hacia su entrenador, enganchándolo con un brazo mientras le sonreía adorablemente—. Yuuri estará aquí con nosotros, ya eso lo hablamos.

—¡Y no recuerdo haber aceptado! —Eso sí lo entendió, y aunque Yuuri mantuvo con bastante dificultad la sonrisa, no pudo evitar regresar al pensamiento de que podría convertirse en una etiqueta en la puerta de esa pista y estaría bien si con ello no se sentía tan… fuera de lugar.

—Oh, pero no vas a hacerlo tomar un vuelo de vuelta a Japón a esta alturas, ¿verdad? —El hombre miró de reojo a su pupilo, utilizando esa adorable entonación—. ¿Ves? No tienes porque ser grosero. ¡Yuuri! ¡Empieza con el calentamiento ahora!

Asintió rápidamente y se obligó a caminar para atender al llamado de Víctor y comenzar con su rutina. Sin embargo, al pasar al lado de Yakov y sintiendo su potente mirada hacia él, no pudo evitar detenerse y hacer algo más. Sabía que su relación cuando estuvieron en la copa Rostelecom fue bastante fría, casi cortante y no porque Yakov así lo hubiera buscado sino porque el mismo Yuuri entre la preocupación de Makkachin y su propia personalidad no se lo había permitido. También sabía que había levantado algunos comentarios desagradables por eso mismo. Así que sentía que tenía el deber de hacer algo más.

Víctor se detuvo al ver que Yuuri le regresó la mirada al entrenador. Yakov también lo miró desconfiado, como si no supiera qué esperar exactamente del japonés. Tenía talento, sí que lo tenía, un potencial que había demostrado con creces en el GPF. Pero no era fácil borrar la imagen de Yuuri buscando abrazos o Yuuri borracho restregándose a su pupilo.

Le sorprendió mirarlo hacer una leve inclinación, algo que definitivamente era costumbre oriental y que nada tenía que ver con las costumbres rusas. Yakov levantó una ceja y Víctor lo miró con evidente asombro.

—No tuve tiempo de agradecer su apoyo en la copa Rostelecom. Así que, aprovecho para agradecerle el que me hubiera apoyado mientras Víctor volvía a Japón —dijo en inglés, a veces trabándose en algunas palabras por los nervios.

Yuri miró todo desde la puerta y Víctor no pudo despegar tampoco la mirada. Yakov no salía de la sorpresa.

—Prometo que mientras esté aquí no voy a interferir en el entrenamiento de Víctor y que pondré todo de mí para que Víctor no tenga que preocuparse de más por mi temporada. ¡Así que, por favor, permítame estar aquí y ser parte de ustedes!

Víctor soltó el aire, enmudeciendo por la ternura que le embargó al verlo. Siempre tan formal, siempre intentando ser correcto, siempre sorprendiéndole. Víctor quería más sorpresas así, todos los días, toda la vida. Yakov se veía igual de sorprendido y estaba seguro que ese color violeta que parecía querer asomarse en su piel oscura era por ello, pero Víctor no lo podía ver de otra manera. ¿Quién podría contra la adorabilidad de Yuuri?

—V-ve a calentar. —Fue todo lo que pudo decir Yakov, mirando a un lado con ligera inseguridad. Yuuri asintió y se enderezó para ir con Víctor, siguiéndolo para llegar a la pista. Víctor le sonrió de vuelta y le tomó la mano apenas la tuvo a su alcance, manteniendo su sonrisa de corazón en el rostro.

—¿Sabes, Yuuri? Acabas de ganarte el corazón del viejo Yakov.

—¿En serio? —Yuuri no veía nada anormal que pudiera atribuirle semejante hazaña, pero los ojos de Víctor parecían confirmarlo con seguridad. Se sonrió entonces tímidamente, sintiendo que las cosas serían más llevaderas.

La presentación con Georgi y Mila fue mejor de lo que pensaba. La joven rusa estaba encantada de conocerlo y le hizo un montón de preguntas que no tuvo tiempo de contestar y Georgi más bien fue amable y centrado, y quien parecía tener los pies más en el piso que el resto del equipo. Este solo lo vio con una mirada conocedora, como si hubiera esperado su llegada de toda una vida. Tras las presentaciones y que Yakov volviera a la pista, empezaron las indicaciones para retomar sus actividades. Yuuri dejó su morral en el asiento y comenzó a realizar sus ejercicios de estiramientos, escuchando las órdenes rusas y mirando de reojo a Víctor siguiéndola con libertad.

Víctor se movía con gracia en la pista, con distinción, sobresaliendo del resto con insana facilidad. Sus movimientos mientras practicaba la nueva rutina eran perfectos, lleno de elegancia, pero sin dejar de desbordar esa alegría y ese júbilo en cada paso, la energía que respiraba y la pasión con la que ejecutaba cada paso con precisión. Yuuri podía leer en su rostro la felicidad, y al verlo allí, de nuevo, parecía que se convertía en ese ser inalcanzable. Era evidente de que Víctor extrañaba el hielo, extrañaba las competencias, extrañaba prepararse para sorprender al público. Aunque el camino escogido parecía difícil, Yuuri supo una vez más que había tomado el rumbo correcto.

—¡Vitya, deja de distraerte! — Escuchó el reclamo en inglés, y notó en ese momento que Víctor le guiñaba un ojo desde la distancia. Yakov había empezado a hablar en inglés, destruyendo toda barrera que pudiera hacer sentir a Yuuri fuera de ellos—. ¡Concentrate! Estás moviéndote muy rápido, ¡recuerda que debes cuidar el equilibrio de tu cuerpo! —Víctor asintió, moderando su velocidad y enfocándose en su tiempo de entrenamiento.

Yuuri no podía apartar su mirada de él. ¿Podía Víctor lucir más guapo? ¿Qué clase de bien le hizo al mundo para poder vivir algo así?

—¡Yuuri! —Escuchó el llamado de Yakov, provocándole un ligero estremecimiento. El hombre lo miraba con determinación, con los ojos fijos en él, pero sin la frialdad de antes—. ¡Treinta vueltas alrededor de la pista! Si no las haces no te permitiré que entres al hielo. ¡Debes estar preparado para cuando Vitya salga de la pista para entrenarte, así que no pierdas el tiempo!

Obedeció al instante y tras una ligera afirmación, Yuuri se ajustó las tennis y comenzó a trotar alrededor de la pista de hielo. Escuchó otras órdenes en inglés al resto del equipo, y no pudo evitar la sensación de familiaridad que le envolvió conforme cumplía con el ejercicio impuesto. Víctor desde la pista no pudo evitar el sonreír y con suprema agilidad realizó el flip cuádruple que representaba su firma en el hielo. En ese momento, se sintió pleno.

Eso era sentirse en casa. Sabía a hogar.


¡Agradezco a todos los que han leído estos tres capítulos! Me alegra que les haya gustado el lemon, ha sido el primero que he escrito de ellos y quería hacerlo así, sutil, inexperto pero lleno de amor y pasión. Espero que los siguientes conforme se vayan adaptando a su vida juntos sean más fogosos, porque todos queremos un poco de porno ¿sí? XD

Aprovecho y los invito a leer mi fic Matryoshka, es un fic al que le estoy poniendo mucho cariño :3

Sofhi: Jajajajajaja ¡me alegra mucho haber logrado el efecto que buscaba! Precisamente mostrar un lemon así, inexperto, lindo, con pasión y a su vez con amor. Porque estos dos tarados no podrían hacerlo de otro modo, al menos no con la inexperiencia que los imagino. Y sí, lo del dolor fue más por que he leido mucho sobre lo dificil que es la primera vez para un pasivom y si metemos que Victor no es que tenga toda la experiencia en el área, seguro que para Yuuri fue un poco dificil de sobrellevar. ¿Pero que no se hace por amor? Es evidente que en este caso los dos arriesgaron y ganaron. ¡Me gusta imaginarlo así!

Florencia-27: Aowww me alegra mucho que te haya gustado toda la escena. Quería escribir algo así desde hace tiempo. ¡Espero que la siguiente que he escrito también te agrade!

jessicaraya: ¡Gracias a ti por leerme!

Malu: Gracias por tus palabras, Malu. Me alegra mucho y eso buscaba, hacer una relación menos idealizada, donde los personajes sigan siendo humanos.

Aly Zama: ¡Así es! y eso quería mostrar, que si n importar si es con resultados sexuales o no, ¡ellos se aman!

Gracias por leer, ¡en serio!