Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.
Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.
Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador
Sukha 6: La promesa de Invierno.
En el tiempo que tenían en Rusia, Yuuri había visto una faceta que no se había imaginado de Victor. Era muy dedicado y extremadamente cuidadosos con su entrenamiento. Nada de katsudon, de bebidas hasta tarde, o de amanecer haciendo nada. Tenía una rigurosa rutina que incluía una buena alimentación, ejercicio e incluso ratos de lecturas que él catalogaba como ejercicio creativo. A veces se acostaba con él en el mueble, entre sus piernas mientras Víctor leía y él se entretenía hablando con Phichit sobre cómo seguiría la temporada, y por supuesto, con Makkachin sobre él siendo atendido.
Tanta entrega y esmero había significado una sorpresa para él, pero una muy agradable. Yuuri no podía negar que verlo en su faceta de competidor era algo que superaba sus expectativas y que había aprendido a admirar mucho más el fruto de todo su esfuerzo. No era que Yuuri fuera menos dedicado, pero Victor lo llevaba a otro nivel.
Ahora también podía entender por qué no había tenido a nadie antes de él.
No cualquier pareja asumiría semejante rutina, donde solo revisaba el teléfono al final del día y no ponía atención a dar ni siquiera un mensaje. Donde desde temprano estaba afuera, llegaba hasta tarde y siempre tenía que hacer algo más para su carrera estando en casa. Alguien que no entendiera el lenguaje del hielo, le exigiría a Víctor una atención y tiempo que este solo podía poner en la pista. Sería una carga y tarde o temprano colapsaría.
En ese sentido, con Yuuri no tenía problema. Comprendía su dedicación y estaba en la misma frecuencia, por lo tanto, eso no significaba ningún bache para ambos.
Yuuri tomó las llaves del departamento, mientras terminaba de tomar la leche. Miró hacía Makkachin que había comenzado a correr tras él después de beber de su tazón de agua. Cómo se había convertido en costumbre, lo acompañaba corriendo camino al gimnasio, en donde se encontrarían con Victor y Yuri.
Mientras tanto, ya Víctor había llegado a la pista y amarraba sus patines para iniciar con su práctica. Como era de esperarse, ya Yuri recibía indicaciones de Yakov y Mila estaba haciendo su ejercicio de estiramiento para ingresar a ella también. Yuri se había propuesto para sí mismo imitar el flip cuádruple, lograr el envidiado paso para no estar en desventajas con los dos. Aunque aún no le salía.
―¿Seguro no quieres practicar conmigo patinaje en pareja? ―Se acercó Mila, mientras alzaba su pierna derecha desde atrás. El brillo del anillo de Victor resplandecía con el mínimo atisbo de luz, así que era difícil ignorarlo.
―Solo me metería en patinaje en pareja si mi pareja es Yuuri ―dijo con sinceridad, mientras se levantaba. Mila rodó los ojos con diversión.
―Oh, pensé que querrías que su próxima presentación en pareja fuera mejor.
Victor no prestó atención a sus palabras y se rió mientras colocaba los audífonos. Sabía que no necesitaba eso para hacer de una próxima presentación en pareja todo un espectáculo porque tenían lo más importante. Una sincronía perfecta, confianza y respeto mutuo y amor de sobra. Víctor podría bailar cualquier ritmo con Yuuri, en cualquier escenario, sobre cualquier superficie, y sabía que no iba a salir algo diferente a lo perfecto. Y sí, lo estaba sintiendo así, como una certeza que navegaba bajo su piel.
Para cuando Yuuri llegó a la pista, tras haber dejado a Makkachin bien cuidado con el personal de vigilancia, lo que vio es esa visión inagotable de belleza que era Víctor Nikiforov en el hielo. Su perfección moviéndose, su cuerpo jugando con la música y la secuencia de paso de su nuevo programa que fácilmente lo dejaba con la boca abierta. No fue difícil dejar su morral en la banca y quedarse embelesado mirando a Víctor patinar. Era algo que no podía dejar o evitar de hacer aún si se lo propusiera. El magnetismo de Víctor era indiscutible.
Tan ensimismado estaba en la magnificencia de Víctor en el hielo, que fue muy tarde para cuando se percató de la presencia de Yuri en su espalda. Le dio un par de patadas, que lo obligaron despegar la mirada de la pista y cuando giró estaba Yuri con el malhumorado gesto común de todas las mañanas.
—¡A entrenar, cerdo! —Yuuri tuvo que sonreír, comprendiendo el evidente desagrado que había en su homólogo. Sólo asintió y se dedicó a prepararse para iniciar también su ronda de entrenamiento.
Víctor le había dejado ya programada su sesión de estiramientos y cardio para antes de entrar a la pista, y Yuuri aprovechaba para cumplir eso, sin tener que esperar que Yakov le diera la orden. Inició con sus estiramientos, mientras se esforzaba por no mirar a la pista para no distraerse, y luego de completarlos, inició con su trote de nuevo, alrededor de la pista. En sus audífonos colocó una colección de melodías que Víctor le había escogido, ya que le había comentado que era bueno que empezaran a ir pensando en sus nuevos programas.
Víctor ya había participado en las nacionales rusas de Diciembre, lo que significó estar separados el día de su cumpleaños mientras él pasaba navidades con sus familia, algo que tenía pendiente desde hace más de cinco años. Según Víctor le había comentado muy someramente, la FFKK había sido bastante dura e intransigente con él, casi no permitiéndole entrar a las nacionales como él había querido y que ahora, le estaban exigiendo una cantidad de condiciones que consideraba desproporcionadas. Yuuri conocía la presión de las federaciones en la vida del patinador, aunque él particularmente había sentido la JSF bastante más permisiva.
Las horas de ejercicios acabó y Yuuri cumplió con todo el itinerario impuesto por Víctor. No necesitaba su ojo cerca para cumplirlo, porque él mismo hacía uso de su propia disciplina para cumplir con cada una de las indicaciones. Tras acabar, se preparó para entrar a la pista, colocándose los patines y ajustándose los guantes para ingresar. Para ese punto, ya Víctor había hecho dos horas seguidas de entrenamiento en la pista y aprovechaba para darse un descanso. Yuri estaba en la pista, practicando de nuevo su tema libre y los saltos que falló en la GPF, porque en una semana se celebraría la copa Europea y debía ganar allí. Lilia Baranovskaya estaba allí dándole instrucciones y sin la necesidad de hacerlo en Inglés como ya Yakov había instaurado. Ella parecía no importarle su presencia ni preocuparse por sí entendía o no.
Él, por su parte, también tenía que prepararse para los cuatro continentes que se celebrarían en dos semanas. Sabía que Phichit estaba dispuesto a probar un nuevo salto para lograr estar más a la altura del resto de los competidores, pero fuera de ello le preocupaba Seung-Gil, J.J y Otabek, y quería ganar el oro. Tenía que hacerlo para compensar a Víctor y darle ese oro que quería besar.
—Yuuri, inicia con los saltos. —Asintió y entró a la pista con los audífonos puestos. Desde la baranda, y mientras descansaba después de haber practicado sus saltos, Víctor lo miraba con la botella en la mano y escuchando las instrucciones de Yakov para continuar con su propio entrenamiento.
Las prácticas se desarrollaron como ya estaban acostumbrándose. Para Yuuri no era novedad compartir la pista con varios patinadores, porque de hecho lo había hecho con Leo y Phichit en Detroit. Sin embargo, se sentía diferente cuando estaba allí, en la pista de los ganadores de Rusia, donde Víctor Nikiforov y Yuri Plisetsky donde Mila Babicheva estaba avanzando para robarse el podio del patinaje femenino internacional, donde estaban artista de tal talla que era inevitable no sentir la presión de la absoluta perfección.
Y le gustaba sentirla. Era como estar en un constante reto y ser desafiado. Y con la seguridad con la que Víctor le miraba, sentía que sí, estaba a la altura del desafío.
Al caer la noche, la mayoría del equipo ya se había retirado y ya Víctor había pasado a su faceta de puro entrenador, tras la extenuante práctica que tenía con Yakov. El hombre también estaba allí, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, a pesar de que Lilia se había retirado desde hacía un par de horas y le había convidado ir con ella. Pero allí estaba, al lado de su alumno mirando a Yuuri practicar su programa libre. Y pese a que ya llevaban muchas horas patinando, Yuuri aún tenía las energías de ejecutar los saltos de la rutina.
—¿Cómo es que este muchacho aguanta? —preguntó Yakov, profundamente admirado por el aguante de Yuuri que era más evidente en las prácticas que en competencia.
Cómo entrenador, empezaba a notar las ventajas de Yuuri, sus puntos fuertes, que lo hacían un contrincante de temer si recibía la guía correcta. Era un diamante en bruto ante sus ojos, uno valioso, porque si ese brillo había podido sacar un entrenador novato como Víctor, en manos expertas debía ser algo impresionante.
Víctor rió y sus ojos siguieron enfocados en la postura de Yuuri mientras pasaba a la segunda parte del coreo. Él mismo se sentía agotado, pero podría aguantar un poco más, y en esa noche en particular quería hacerlo.
—Yo todavía no me lo explico. En Japón me agotaba solo seguirle el ritmo. Hacer las cosas como me lo has recomendado ha sido buena idea, de otro modo no podría siquiera pensar en patinar. —Yuuri aterrizó un salto de forma inconsistente y Víctor no pudo evitar fruncir el ceño al notarlo. De inmediato, corrigió—. Yuuri, ¡eso estuvo mal! ¡Vuelve a ejecutar ese salto!
Yuuri asintió, y con una afirmación audible se detuvo para volver a ejecutar la mitad de la rutina.
—No es sólo decirle qué hizo mal, sino por qué lo hizo mal. —Acotó Yakov, antes de él mismo tomar la voz y dejar a Víctor un tanto sorprendido—. ¡Katsuki! No concentres todo el peso de tu peso en la izquierda antes de saltar, mueve tu centro de equilibrio. Aprovecha la velocidad para caer limpiamente.
Yuuri asintió, con un fuerte "hai" en japonés que le provocó cosquillas en el estómago a Víctor, mientras miraba de reojo a su entrenador. Parecía estar en clases particulares de coaching y le agradaba ver que Yakov ya entendía un poco el porqué había hecho todo.
—¿Me quitaras a mi pupilo?
—Si no lo haces bien, sí. —Afirmó y provocó que Víctor mirara con ojos soñadores a Yuuri.
Al acabar la siguiente hora, ya Yakov se había retirado porque estaba agotado también. En la pista solo quedaban ellos dos y Makkachin aún siendo cuidados por los vigilantes, quienes se habían encariñado mucho con él. Víctor decidió que ya era hora de acabar con el entrenamiento y descansar.
—¿Estás muy agotado? —Yuuri se apresuró a preguntar, al llegar a la salida de la pista y tomar los protectores de sus hojillas.
—¿Y tu no? Ha sido un largo día. —Apenas lo tuvo fuera del hielo, Víctor alargó su mano para sujetarle de la cintura y propiciar el beso que tenía atorado desde hacía más de tres horas. Yuuri se dejó hacer, sabiéndose a solas con él en toda la pista, y sin detenerse a siquiera a pensarlo sus manos rodearon la espalda y bajaron, apretando en la curva del trasero de su pareja. Víctor rió en medio del beso—. Creo que no estás tan cansado.
Yuuri se sonrojó pero sonrió en respuesta, avergonzado por su arrebato pero sin ánimos de retroceder ni considerándolo como un acto del que debiera arrepentirse. A Víctor le estaba gustando mucho esa faceta que estaba despertando en Yuuri, ahora que estaban lejos de Hasetsu, de su casa, y se sentía más libre de dejarse llevar por sus deseos.
—Apresúrate. Necesito llevarte a un lugar.
Asintió y aunque no querían separarse, lo hicieron porque era necesario. Debían cenar, buscar a Makkachin y regresar a casa. Debían descansar lo suficiente para el día siguiente. Y sobre todo, quería ver hacia donde Víctor lo quería llevar, considerando que era entresemana y que los entrenamientos no podían suspenderse. Así que se apresuró, tal como se lo pidió. Se dio un baño rápido y se cambió, salió del lugar tras despedirse de los vigilantes y encontró a Víctor esperándolo con Makkachin emocionado entre sus piernas.
Dió una suave caricia en la melena esponjosa del perro, antes de levantarse y tomar la mano que Víctor había extendido para él. Le siguió, aunque notó que habían girado en dirección contraria y que estaban alejándose de la catedral, un punto que había tomado de referencia para no perderse camino al apartamento.
Con las bufandas bien enrolladas en sus cuellos y los gorros de lana cubriendo su cabeza, caminaron en dirección al río Moika. Yuuri más o menos sabía que tenían cerca, ya que había estado revisando los mapas turísticos para evitar perderse en algún punto del futuro cuando Víctor no estuviera con él por las competencias o sus distintas otras responsabilidades. También sabía que estaba cerca de uno de los puentes más emblemáticos de San Petersburgo, el puente de los besos. Aunque a él le gustaría más conocer otros puentes impresionantes de la ciudad, como el de Anichkov o el Pévchesky que le gustaban por su artística decoración; sabía que había muchas leyendas románticas rodeando al puente de los besos, así que el valor sentimental que significaba que Víctor lo llevara allí era mucho mayor.
La noche estaba fría, mucho más fría que las anteriores, si lo pensaba detenidamente. Makkachin cargaba encima una capa que lo ayudaba a estar caliente, pero Yuuri empezaba a envidiarle la gruesa melena natural que tenía para sentirse en calor. A veces pensaba que ni todos los abrigos del mundo lo ayudaban a entrar en calor en Rusia.
Algo que, por supuesto, el abrazo de Víctor Nikiforov podía hacer con espantosa facilidad.
Yuuri se sobresaltó cuando sintió las manos de Víctor abrazándolo desde la espalda, cubriéndolo con su cuerpo más grande. Parecía haber notado que estaba temblando bajo sus abrigos, al detenerse sobre el puente y el río congelado de Moika. Puso sus manos enguantadas en lana sobre el estómago de Yuuri, y este respondió cubriéndolo con las suyas, hasta entrelazar sus dedos entre lana azul y verde.
—¿Te sientes bien aquí, Yuuri? —preguntó repentinamente, mientras acariciaba con la punta de su nariz fría la mejilla de Yuuri.
—Sí… me gusta San Petersburgo. Es divertido entrenar de nuevo en una pista con varios patinadores.
—Yo extraño la privacidad que teníamos en el Ice Castle. Y el buen clima. —Yuuri rió y echó su cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Víctor. Le dirigió una mirada brillante, tras sus lentes, con ese brillo que Víctor ya conocía. Estaba esperando algo.
—Te acompaño con el buen clima… —susurró, soltando una nubecita blanca entre sus labios—. ¿Vas a besarme aquí, Víctor?
—Wow… ¿quieres eso? —Yuuri frunció el ceño, y provocó que Víctor riera entre dientes—. Eso tengo pensado, sí. Pero antes, ¿sabes por qué se llama el puente de los besos?
—Leí algo de ser porque los presos se despedían aquí, y los marineros.
—Sí, pero no es por eso que viene su nombre. Mira a allá. —Victor le señaló, apuntando con su nariz. Yuuri giró la mirada hacía el sitio, y sintió los labios cálidos de Víctor caer sobre su oreja enrojecida—. Esa taberna que ves allí, le pertenecía a mi tatara tatara abuelo, Nikifor Vasílievich Potselúev y se llamaba "los besos".
—¿En serio es de tu tatara tatara abuelo? —Victor río sobre su oreja, y el erizamiento de aquella vibración con la risa tan cerca, lo llenó de puro calor por dentro.
—En realidad no, pero me hubiera gustado.
—¡Victor!
—Cuando supe su nombre jugué con que era mi tatara abuelo por años. Yakov también cayó. —Yuuri renegó, mientras Víctor buscaba meter su nariz bajo aquella bufanda, para entrar en contacto con su piel. Le provocó otro suspiro entrecortado—. Lo cierto es, que por esa taberna es que llamaron a este puente así. Y bueno, la gente le dio múltiples leyenda por eso.
—Entonces, no hay ningún significado romántico en el puente. —Yuuri sonó ligeramente decepcionado, pero el choque del aliento de Víctor en su cuello no le permitía siquiera saborear la decepción.
—Creo que las cosas tienen el sentido que uno quiera darle. Tal como nuestros anillos. —Víctor se apartó suavemente de la piel de ese cuello que lo llamaba, y enfocó sus ojos en los de Yuuri, ahora más brillantes que minutos antes—. Hagamos una promesa: antes de que viajemos cuando no podamos hacerlo juntos, despidámonos aquí.
Yuuri le sonrió y subió su mano cubierta de lana para acariciar la mejilla de Víctor y Víctor hizo lo mismo con la mano que quedó libre, acunando el rostro redondo de su pareja. En ese momento supieron que habrían muchos viajes que tendrían que hacer solos, y muchas noches en las que tendría que despedirse en ese puente. Pero ese camino que habían escogido recorrer juntos, era lo que querían hacer y tenían la esperanza de acabarlo igual: juntos.
—Pero hoy no te vas. —Suspiró Yuuri. Víctor se acercó acortando la distancia entre sus labios que ya ansiaban el contacto.
—Eso es cierto, eso significa que no debería besarte ahora, ¿no? —Yuuri soltó el aire sobre los labios entreabiertos e imposiblemente cerca. Ahora los miraba a ellos, acercándose, como una latente amenaza que quería ver cumplida.
—Eso significa que tendríamos que besarnos muchas veces para recargar al puente, como recargamos los anillos. —Victor golpeó los labios de Yuuri primero con su risa, alargando el momento y sus ansias.
—No puedo contigo.
Yuuri alargó su cuello para alcanzar la poca distancia de los otros labios y se tragó el suspiro de Víctor, junto a sus demás palabras. La boca de ambos se amoldaron en medio del puente, en la oscuridad de la fría noche y mientras sentían las patas de Makkashin en sus piernas, pidiendo atención. Entre suspiros y caricias humedas, alargaron los segundos y cuando supieron que necesitaban más contacto, Yuuri se giró para quedar frente a Víctor y colar su mano sobre el abrigo, para apretarlo más contra él. Víctor hizo lo mismo para procurarlo más cerca y sonrió cuando encontró los dedos de Yuuri también en la esponjosa cabeza de Makkachin, haciendo justamente lo que pensó cuando sintió a su mascota pedir por él. Ahora Makkachin recibía contento las caricias de ambas manos sobre su cabeza mientras ellos seguían besándose entre sonrisitas, recargando a ese puente de felicidad para cuando tuvieran que despedirse allí.
¡Agradezco a todos los que han leído estos seis capítulos! Estas escenas son como recortes que quiero hacer de ellos. Pronto estaré mostrando lo que fue esa primera temporada juntos, lo que tuvieron que vivir ahora como competidor, entrenador/alumno, y pareja. La próxima competencia qe Yuuri tendrìa despuès dle final de anime es los cuatros contientes, que se celebran en mitad de Febrero y serà en Corea, hogar de Seung-Gil.
Aprovecho y los invito a leer mi fic Matryoshka, es un fic al que le estoy poniendo mucho cariño :3
jessicaraya: Me alegra mucho que te gust3n estas cositas cursis que me salen aquí. Este es como un compendió de momentos que quiero escribir de ellos y los estoy enlando en un mismo lugar. Sobre la otra novela, no terminara triste, es lo que te puedo adelantar, hay bastante drama pero es de fial feliz y todo el drama es coherente, incluso lo que ocurrió al inicio con Victor y Yuuri. Espero que le des la oportunidad.
Florencia-27: OMG! me alegra tanto que estas cositas puedan ayudarte a escribir el fic Escena Borradas, ¡porque las amo! Soy fan de esas escenas y ahora espero ansiosa el siguiente capítulo con la sgeunda parte del especial! Veo cosas intensas en esas ncohes a solas en el onsen xD Sí, es que me gusta sacar el lado humano de ellos. Victor tiene muchas falencias que a veces nos olvidamos, y es de las cosas que lo haen más bello.
Kumikoson4: OMg, esa sensación ni yo puedo quitarmela, ¡porque me los imagino tan felices y luego en Matryoshka es tan distinto todo! Pero pensemos que Sukha tiene un final diferente. O al menos, quiero cuando le de el cerre aludir que terminan juntos de viejecitos.
Gracias por leer, ¡en serio!
