Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.

Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.

Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador

Sukha 7: Esa noche en vela...

Se había convertido en una constante la última semana, donde la seguridad de que se acercaba la copa de los cuatro continentes con la intensidad de sus entrenamientos, provocaban que llegaran cada vez más tarde a la casa pese a salir temprano. Víctor incluso había decidido esas semanas no permitirse entrenar más de la cuenta, para enfocar su mirada en Yuuri. Pero el trabajo se estaba convirtiendo en algo extenunante.

Por esa razón, cuando llegaban compartían la ducha aun en medio de caricias perezosas y bostezos. Víctor había logrado que en esas noches donde estaban demasiado cansado para esperar, Yuuri se permitiera compartir el baño con él. Lastima que no tenía suficientes fuerzas como para empezar un encuentro sexual.

Lo peor es que tenía ganas… desde hacía varios días los toques se habían tenido que limitar a leves abrazos y caricias que no pretendían profundizar dejadas de forma traviesa por sus brazos, o la espalda, o el costado. Veía en Yuuri el fuego allí, esperando. Pero no había fuerzas para concretar nada, porque en el baño le dolían demasiado las piernas como para esforzarse a tomar una posición de pie y además no podía arriesgarse que por tratar de marabarear, Yuuri se lastimara ante de la competencia. Y al llegar a la cama, ni siquiera se daba cuenta de en qué momento se había quedado dormido.

Si Yuuri se levantara más temprano, como él, las cosas fueran distintas. Podrían tener sexo en la madrugada e ir feliz a ensayar, pero Yuuri duraba más de mediahora negociando con el tiempo cinco minutos más.

Esa noche, parecía no ser la excepción. Víctor se había quedado unos minutos más en el baño, notando que ya era hora de volver a afeitarse pero que tenía demasiado sueño como para decidir hacerlo en ese momento. Dejó la actividad para la mañana, y salió desnudo, mirando el bulto de cobijas que ya se había convertido Yuuri en la cama.

Ah… cuántas ganas tenía de lanzarse sobre él y morderle el cuello. Quizás bajar a besos por su esternón y acariciar su abdomen firme. El pensamiento se quedó allí clavado, aún después de haberse acostado y sentir a su cuerpo demasiado pesado como para responder a esas ideas en su cabeza. La pereza dominó sus extremidades y apenas le dio tiempo de cubrirse y rodar un poco hacia donde Yuuri estaba echó un capullo de telas.

Su cuerpo quería dormir, pero su mente no.

Víctor, a pesar de mantener los ojos cerrados y acompasar la respiración con la de su pareja, su mente seguía activa y de la peor manera posible. Estaba fantaseando. Estaba fantaseando con el cuerpo desnudo de Yuuri en la ducha, con el recorrido del agua y del jabón al caer, con lo deliciosos que se apretaba su trasero cuando le daba la espalda y podía ver las marcas de los cambios de peso. Se estremeció ligeramente y se dio media vuelta, buscando acomodo y apagar a su cabeza que se había dispuesto a torturarlo. Porque sí, pese a que los pensamientos afiebrados aparecieran, no sentía a su cuerpo acorde a eso.

Volvió a rodar, de nuevo para quedar frente a Yuuri quien también se movió inconforme en la cama. Víctor le dedicó una mirada apreciativa. Estaba ligeramente sonrojado pero al mismo tiempo temblaba bajo las colchas. Se estaba mordiendo el labio con intranquilidad.

Decidió acercarse. Quizás tenía frío. Así que rodó para quedar al lado de él y buscó rodearlo con los brazos, quedándose muy quieto cuando notó que su pareja estaba desnudo bajo las sábanas.

—Victor… —musitó Yuuri, con la voz enronquecida. Y cómo si se hubiera percatado, se deslizó hasta quedar pegado a él, subiendole una pierna por encima de su muslo. Víctor tragó duro al sentir la desnudez completa de Yuuri contra de él.

—No te pusiste la pijama… —Fue lo que se le ocurrió decir. Yuuri tembló entre sus brazos y asintió, mostrando que tenía frío.

—Estaba muy agotado para vestirme.

Oh… Víctor se reacomodó para quedar de espalda al colchón y acomodar a Yuri sobre él. Ahora se había aferrado como si fuera un osito panda a un bambu, provocando que sus pensamientos se incrementaran aún más, como un panal lleno de abejas agitadas por el peligro. Sus manos se quedaron momentáneamente inertes sobre la espalda de Yuuri, pero en algún momento el cosquilleó apremió para obligarlas a moverlas. Fueron caricias muy suaves, muy lentas, mientras él intentaba vanamente en dormir.

Antes de lograr su cometido, Yuuri volteó y le dio la espalda, acomodándose de nuevo contra la almohada. Víctor hizo lo mismo, ya ni siquiera lo estaba pensando, solo quería encontrar una posición idónea para dejar de pensar y dormir. Sus pensamientos eran muy desordenados: a veces, se veía besando a Yuuri suavemente entre las sábanas, imaginando el tacto de los labios húmedos y disfrutando de caricias suaves, erógenas, que no llegaban a despertar un incendio. Otras veces, se imaginaba el cuerpo desnudo de su pareja cambiándose para el entrenamiento o desnudándose para la ducha. Y luego, lo imaginaba haciendo caras de gusto mientras comía, o bebiendo el café humeante por las mañanas.

Víctor no entendía porque su mente estaba llena de Yuuri si lo tenía justamente a su lado. Pero eran buenas imagenes y hasta se animó, pensando que quizás si construía un sueño podría dormir. Así se imaginó a Yuuri en el mueble, mientras le contaba de un viaje a las Vegas. Su imaginación iba muy adelantada, mostrándole momentos en que tomaban el avión, y luego alquilaban un Malibú en Los Ángeles. Víctor dejando que la mente se fuera lejos esperando que se apagara y le permitiera dormir.

No llegó. Frustrado, abrió los ojos solo para notar que aún la habitación estaba a oscuras. Yuuri acababa de moverse de nuevo y él hizo lo mismo, ahora separados, pero visiblemente ofuscados por la falta de sueño. Yuuri estaba boca arriba, con la mirada hacia el techo y Víctor acababa de acomodarse de nuevo sobre su costado con la cara de enojo contra la almohada.

Entonces notó que Yuuri le miró, con los ojos irritados y pequeños por el estado en vela. Víctor no pudo evitar mirarle con cierta piedad.

—¿No puedes dormir? —preguntó lo obvio, pero Yuuri respondió con un asentimiento—. Tampoco yo…

—Estoy caliente.

Víctor lo miró fijo por un par de segundos, al mismo ritmo que su pecho latió como un retumbe entre sus costillas. Yuuri estaba haciendo un mohín intranquilo, con el ceño fruncido y los ojos rojos, mientras le miraba con una muda súplica.

Estaba caliente… no era frío lo que tenía.

—También lo estoy, pero mis músculos no dan para más. —Admitió, y la sonrisa pequeña de Yuuri parecía haber afirmado lo mismo—. ¿Qué hacemos?

Hubo un movimiento de hombros por parte de Yuuri, e imaginó que sí, que de eso se trataría al final. No había nada que hacer más que intentar dormir o esperar que la mañana llegara a burlarse de ellos.

Víctor se movió para quedar más cerca de su pareja y rozar el hombro mientras colocaba su mano sobre el estómago. Yuuri se estremeció, pero sus ojos relampaguearon con un tono suplicante, el mismo que lo hizo jadear con la expectativa. Sus dedos se movieron lentamente, rastrillando y acariciando con las yemas la musculatura formada en esa zona y el abdomen, hasta bajar lejos del ombligo, momento en el cual Yuuri levantó un poco su espalda. Aún pese a lo lento que reaccionaba su cuerpo, su mano logró llegar a la base del pene de Yuuri, cubierto por la capa de vello recortado, y el escalofrío lo sufrieron ambos.

—Por favor… —Víctor sonrió al escucharlo, pero sus dedos se siguieron moviendo de esa forma perezosa. El miembro de Yuuri empezó a removerse tal como su dueño, al ritmo de sus lentas caricias.

—Sí, estás caliente. —Acotó la obviedad y Yuuri le miró de nuevo entre sus pestañas cortas.

La mano siguió moviéndose, aunque no pretendía de momento masturbarlo. Más bien, Víctor estaba comprobando algo que hasta ese momento no se le hubiera ocurrido, pasando sus dedos por el largo y ancho del miembro de Yuuri, casi con curiosidad de un niño. Yuri no pudo evitar removerse con inconformidad y lanzarle una mirada de molestia que Víctor descartó con una ligera sonrisa.

—¿Qué ocurre? —refunfuñó, mordiendo el labio cuando el dedo de Víctor subió por toda la extensión hasta su glande.

—Me gusta tu pene. —Víctor sonrió al verle la cara de incredulidad a Yuuri—. Me gusta su grosor aunque sea pequeño. Ahora recuerdo cuántas ganas tenía de tocarlo desde el onsen.

Yuuri gruñó y se pasó una mano por la cara. Estaba entre avergonzado y enojado.

—No te burles de mi tamaño…

—Oh, no me burlo. —Se acercó un poco más plegando su nariz sobre el hombro de su pareja—. Te digo la verdad. Me gusta que su punta sea pequeña, y como se hinchan las venas. Y tus bolas…

Yuuri tuvo que apretarse la cara con la mano que tenía sobre ella, abochornado y además ansioso, pero cuando intentaba hacer algo sus piernas estaban demasiado pesadas para responder. Víctor con suma pereza dejaba un pequeño camino de besos en la piel que tenía a su alcance.

—Quiero cogerte y no puedo, ¡es tan injusto! —murmuró, mientras Yuuri volvía a morderse los labios—. Si intento ponerme sobre mis rodillas me tiemblan las piernas.

—A mi también…

—Y quiero cogerte. —A Yuuri no le estaba ayudando en nada escuchar la voz de Víctor decir eso, pero los suaves estremecimiento eran agradables aún por sobre el cansancio—. No puedo dormir así…

Y Víctor seguía haciendo de las suyas, con su mano moviéndose perezosa sobre el miembro de Yuuri y esté respondiendo con algunos saltos que no lograban más. La sangre se acumulaba, la dureza se acercaba en cámara lenta y Yuuri mordió su labio, ansioso, ahora sí seguro de que no podría dormir así.

Entonces dejó que su mano se moviera, y se arrastró bajo el cuerpo de Víctor para capturar también el mismo objetivo con el que Víctor jugaba de forma impiadosa. Los dedos se tomaron de la suave piel de su pelvis, libre de vello, hasta bajar donde la base del pene de Víctor estaba. El hombre no pudo contener el jadeo de sorpresa mientras se estremecía lento contra su costado. Yuri se relamió sus labios mientras le tocaba, pasando sus dedos desde la base hasta la punta notándolo mucho más despierto de lo que se encontraba su dueño.

—Recuerdo una discusión en un foro americano. —Soltó de repente, mientras Víctor cerraba sus ojos y disfrutaba de más las caricias en su miembro—. Había una encuesta del tamaño de penes y tú encabezabas la lista con veinticinco centímetros.

—¿En serio en un foro hablaban de mi pene?

—Recuerdo que tuve que buscar una regla para pensar que tamaño era y me horrorice. —Víctor hizo un intento de reír, pero ni fuerzas tenía para eso. Su mente estaba en modo suspensión gracias a la estimulación de su pareja—. Pensé que no lo podías tener así de grande.

Víctor apretó ligeramente el miembro de Yuuri en reprimenda, provocandole un salto en el colchón. Se rió entre dientes, para luego besar su hombro como una disculpa.

—¿Y qué hacías tú pensando en el tamaño de mi pene en esa época? —preguntó con petulancia, mientras mordía un tramo de su piel en el hombro. Yuuri se removió inquieto, sobre todo cuando los dedos de Víctor empezaron a estimularlo con un poco más de consistencia. El aire empezó a moverse de forma diferente en sus pulmones, expulsando más de lo que era capaz de retener.

—Curiosidad...

Y hablar de penes en la cama, desnudos, con ganas y cansados resultó ser una pésima idea para la cabeza de Yuuri. Aún con los movimientos de Víctor y pese a sentir a su cuerpo respondiendo, era incapaz de pensar en algo más. Y Víctor parecía en la misma situación, porque aún imitando sus movimientos a lo largo de su pene (largo y cabezón, cabía acotar), pese a que tomaba dureza y parecía excitarse, Víctor solo soltaba suspiros hondos y estremecimiento pegado a su costado.

Era frustrante...

Sin quedar de acuerdo, sus movimientos se ralentizaron como producto de la pereza, dejando de buscar estimulación y más bien entreteniéndose con las formas opuestas que compartían. A Víctor parecía gustarle seriamente sus testículos, porque no dejaba de tocarlo, sostenerlos, soltarlos, mientras que Yuuri no dejaba de ir y venir a lo largo del pene de Víctor, incluso apretar ligeramente la gruesa punta de su glande.

—No la tengo de veinticinco centímetros. —Soltó de repente, acomodando su cabeza para quedar al nivel de Yuuri, acomodados sobre la misma almohada. Yuuri se movió un poco para quedar de costado frente a él y miró sus labios fijamente.

—No, no los tienes… pero sigue siendo grande. —Victor soltó un siseo cuando Yuuri bajó sus dedos hasta la base y subió luego hasta la punta.

—¿Sabes que no vamos a dormir así, verdad…?

Yuuri solo asintió, con la mirada oscurecida y las ganas ya de forma insorportable dominando la poca consciencia que le quedaba. Se empujó suavemente para capturar el labio inferior de Víctor entre sus dientes, y dicha acción provocó en Víctor un nuevo tipo de calor, más estimulante. Yuuri jaló de su labio, hasta que este se soltó de entre sus dientes y se quedaron mirando, con la ansiedad provocada.

Víctor soltó el aire, antes de sentir un nuevo ataque de esos dientes contra su labio ahora superior, con un nuevo escalofrío. No pudo evitar mover sus dedos con más ansiedad en su sexo y reprimir un nuevo gemido cuando los dedos de Yuuri se movían con mayor libertad sobre el suyo. Veía esos ojos cafés, sin cerrarse, cada vez siendo más comido por las pupilas dilatadas y las ganas de continuar.

Entre una mordida y otra, Víctor sintió que el sopor del sueño definitivamente no iba a llegar y que su cuerpo ansiaba más de Yuuri. Fue Yuuri quien tuvo la fuerza de moverse un poco más hasta empujarlo contra el colchón y subirse lentamente sobre su cuerpo. Tuvo que soltarle el pene, pero para posar sus manos en su fibrosos trasero. Moviéndolo de arriba a abajo, apretandolo, juntandolo y soltandolo, Víctor disfrutaba del tacto de esos glúteos mientras Yuuri seguía atacando a mordidas sus labios. No pudo contener el deseo de corresponderle con una mordida igual.

Suspiró nuevamente y Víctor comenzó a responder a las mordidas con otras hasta mantener así una cadena de besos rudos y necesarios. Apretaba el trasero de Yuuri sobre su cuerpo, sentía el sexo de Yuuri sobre el suyo y el peso de su cuerpo calentándolo mucho más que las imágenes que había estado recreando desde que se acostó. Sus dedos no soltaban la curva de su trasero, y apretaban más cuando Yuuri comenzó a mecerse sobre él, lentamente, tortuosamente, hasta arrancarle un gemido de desesperación. Víctor descubrió su garganta al echar la cabeza hacía atrás y Yuuri aprovechó para morder ahora su mentón, mandíbula y cuello. Soltó un gemido y buscó que sus labios capturaron cualquier parte de Yuuri, logrando solo agarrarle el lóbulo de la oreja, al cual absorbió con ansiedad mal disimulada. Fue el turno de Yuuri soltar un nuevo jadeo, y las manos de él se metieron tras el cuerpo de Víctor para apretar con dureza el trasero de su pareja.

—¡Ah! ¡Yuuri!

Soltó el gemido contra su cuello y Yuuri volvió a buscar su boca. Ahora las mordidas se habían convertido en succiones viciosas de sus labios, y Víctor respondía con más fuerzas a cada nuevo roce. Las manos empujaba el cuerpo del otro provocando fricción y conforme los labios se encontraban y su lengua se unían con necesidad, sus mentes quedaban licuadas de pensamientos, abocadas solo en sentir. El calor de la piel de Yuuri era adictivo, y la textura de sus movimientos sobre él lo perdían, arrastraban y empujaban a más y más calor. En un momento Víctor palmeó el trasero de Yuuri y el gemido que soltaron ambos fue indicio de que no podrían aguantar mucho más.

Y así fue, con solo el roce de sus cuerpos, con los besos apasionados, húmedos y duros, que Víctor se corrió sobre su vientre y el de Yuuri y emitió un ronroneo largo. La nueva humedad sirvió para que Yuuri se siguiera moviendo, lo siguiera besando, mientras su cuerpo buscaba también la culminación y sentía el cuerpo laxo de Víctor abajo de él. No tardó en llegar, pero ayudado por Víctor que en un impulso metió sus dedos hasta presionar bajo su escroto. Yuuri soltó un jadeo aún más grave, antes de correrse sobre él.

Se hizo el silencio, de nuevo. Víctor apenas tuvo fuerzas de jalar las sábanas para cubrirlo, sucios, pegajosos pero felices, contentos y entre dormidos. Yuuri sacó sus manos del cuerpo de Víctor, para acomodarse mejor sobre él y Víctor no quiso despegar su palma del trasero izquierdo de Yuuri. No pudieron decir nada más...

Así pudieron dormir, hasta no escuchar la alarma.


¡Agradezco a todos los que han leído estos sietes capítulos! Me antojé de hacer esta escena porque no creo que el sexo en una pareja sean siempre momentos pasionales, y a estos dos me los imagino con la suficiente confianza como para ayudarse en esos momentos de "problemas". Además lo del foro y el tamaño de los penes viene por lo que ocurrió con Otabek en el fandom xD me imagino las decenas de imagenes con decenas de estudios del tamaño de miembro y poniendo a Victor como la manguera andante xD ¡y me dio ternura mirando a Yuuri pensando que eso es muy grande!

Aprovecho y los invito a leer mi fic Matryoshka, es un fic al que le estoy poniendo mucho cariño :3

DarkDragonfly: Aowww me encanta mucho que te hayas puetso a leer este fic. De aquí es que saco todas las partes lindas y sexys que me nacen mientras escribo Matryoshka. xDDD Agregué una escena nueva, no tan pasional aún, pero creeme que si habrá de esa. Lo que me gustó de esta escena es ver a Yuuri demandante aun cuando estaba cansado xD Espeor que te siga gustando los demàs capitulos que irè escribiendo y subiendo. Yo me entretengo mucho haciéndolo! Ahora aprovecharé y haré capitulo de Filomeno!

Gracias por leer, ¡en serio!