Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.
Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.
Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador
Sukha 8: La primera vez tuyo.
Víctor tenía una idea recurrente en su cabeza, desde aquella mañana que llegaron tarde a la pista y tuvo que recurrir a una vieja camiseta de cuello alto para tapar las marcas de la noche que Yuuri dejó sobre su cuello. La cara de amanecidos que habían tenido esa mañana no pasó desapercibida para nadie y Víctor tuvo que escuchar la larga perorata de Yakov hablándole de las prioridades, de que Yuuri necesitaba estar pensando en su próxima competición y él ser más responsable como su entrenador. Que evitara agotar a Yuuri antes de las competencias de los cuatro continentes y, con el tono morado llenando sus orejas, Yakov le acotó muy específicamente que evitara "tener relaciones".
A Víctor le hacía gracia pensar que Yakov asumiera que lo de esa mañana fue su culpa, cuando fue Yuuri el que terminó con esa noche de insomnio al subirse sobre él y marcarle todo el cuello. También le hizo gracia cuando despertaron corriendo esa mañana y al bañarse juntos Yuuri miró con vergüenza y preocupación todas las marcas rojizas en su cuello, incluso una donde sus dientes estaban perfectamente marcados. Él no tardó en enumerar una a una sus marcas mientras Yuuri buscaba alguna pomada para calmar el ardor, si es que existía, o cubrirlas. Espectáculo que hizo desnudo, valga la pena acotar, porque Víctor no se perdió de la vista de ese cuerpo paseándose por toda la casa así como estaba con Makkachin siguiéndolo a todos lados, mientras rebuscaba entre sus cajones.
Pero esa no era la idea que tenía en la cabeza, dándole vueltas como una mosca a la sopa. Era otra alimentada con el recuerdo del peso de Yuuri sobre él y lo bien que se sintió "sentir todo y no hacer nada".
Sin embargo, las prácticas no perdonaban y llegaban aún agotados, por lo tanto su idea no había podido ponerse en práctica, aunque no significaba no ponerla de momento sobre la mesa. Cuando Yuuri llegó a la cama con su pijama puesta después del baño, Víctor rodó hasta él buscando un abrazo caliente bajo las sábanas. Se acomodó sobre su cuerpo y recibió contento un beso suave sobre su frente, mientras Yuuri lo abrazaba para dormir.
—Yuuri… —Alargó innecesariamente su nombre, pegado al cuello. El aludido respondió con un leve ronroneo de su garganta—. Amor… —Víctor miró triunfante como Yuuri arrugó la cara, sonrojándose de golpe—. Cariño.
—Victor. —Vino como un ligero reclamo, ya con el rojo en las orejas—. Pensé que estabas cansado.
—Lo estoy, pero... —Victor coló su mano bajo la pijama de Yuuri, para agarrar calor y erizarlo de inmediato. Su boca se dirigió hacía el cuello de su compañero, hasta deslizarse a la oreja, donde atrapó el lóbulo entre sus labios. Yuuri no pudo retener el aire.
—No parece…
—Estaba pensando que… —Se acercó a su oído—. "Quiero que me folles".
Víctor se separó solo lo suficiente para ver desde abajo el movimiento de las cejas de Yuuri. Esperó. Sabía que tenía que hacerlo. Esperó hasta que al cabo de los segundos, la idea se asentaba y conforme la digería el rojo volvía a colmar su rostro. Víctor afiló la mirada, con una sonrisa satisfecha, cuando los ojos de Yuuri se abrieron de espanto como si acabara de comprender las implicaciones.
Y como todo en Yuuri debía ser sorpresivo, antes de que se diera cuenta su espalda golpeaba el colchón y un Yuuri completamente atribulado lo miraba desde encima, como si quisiera asegurarse que en efecto había escuchado bien. Víctor pestañeó un par de veces por la sorpresa, pero tenía los pálpitos acelerados y seguramente su rostro se había coloreado por la intempestiva reacción.
—¡Wow! —exclamó emocionado, con la piel erizada—. ¿Eso es un sí?
—¡No, no, espera! —Se llevó una palma a su rostro, mientras se sujetaba al colchón con la otra.
—Yuuri... —Le gustaba su expresión avergonzada, y la forma en que sus orejas se coloreaban y contrastaba con los mechones negros que caían sobre ellas. Entonces Yuuri apartó su palma, hasta debajo de su barbilla y le miró con sus cejas fruncidas y sus ojos oscuros.
—¿Estás hablando en serio…? —Víctor asintió, afilando sus ojos hacía él en señal de estar completamente seguro. El sonrojo de Yuuri aumentó, cuando no lo creía posible—. ¿No te estás burlando?
—¿Burlando?
—Te burlaste de mi tamaño hace unas noches. —Victor pestañeó y no tardó en fruncir su ceño en respuesta.
—No me burlé, Yuuri. Dije que me gusta.
—Dijiste que era pequeño.
—Dije que me gusta gordito. —Yuuri estaba reinterpretando los colores magentas en su rostro—. ¿Por qué te tienes que quedar con la peor parte? —Bufó y Yuuri lo miró medio arrepentido—. Además, no es que lo necesite muy largo. La próstata no está en el intestino.
La ligereza con la que Víctor lo dijo, fue suficiente para hacerle sentir a Yuuri que tenía su cabeza en agua caliente. ¿Por qué de nuevo estaban hablando de penes? ¿Acaso Victor pretendía que esa noche tampoco iban a dormir? Victor rió con encanto, alzando sus brazos para agarrar el cuello de Yuuri y acariciar su nuca. Yuuri allí se tuvo que admitir algo: la visión de Víctor debajo de él era casi surreal y podría volverse adictiva.
—¿De donde sacaste la idea? —preguntó bajito, como si temiera que alguien lo escuchara. Víctor levantó una ceja considerándolo una obviedad.
—De las ganas que te tengo, de la curiosidad… —Yuuri le miraba, le miraba con miedo, ansias, y ese brillo de deseo que nacía bajo sus ojos—. Quiero ver todas tus facetas de Eros. La cara que pones cuando estés dentro de mí. ¿No te gustaría? Tenerme por completo...
Yuuri si que quería, claro que le gustaría. También quería ver el rostro de Víctor cuando fuera él quien estuviera dentro, asegurarse de darle tanto o más placer del que Víctor le daba cuando compartían la cama. Víctor estaba alimentando su posesividad y no debería hacerlo. O al menos eso pensaba Yuuri y eso concluyó Víctor cuando vio como los ojos se dilataban y el miedo daba paso al deseo.
Víctor supo que Yuuri no solo había tomado la idea como suya, sino que estaba dispuesto a llevarla a cabo lo más pronto posible. Esa temeridad, junto a la energía que Yuuri parecía guardar en un tanque alterno de emergencia, provocó un sin fin de erizamientos en la espalda. No pudo evitar ronronear al notar los ojos oscuro de su pareja.
—No… No sé si lo haré bien. —Yuuri había dejado caer su cabeza sobre el hombro de Víctor, seguramente para evitar que el sonrojo se notara. Sin embargo, no se quedó quieto sino que dejó caer una fila de besos por el largo cuello de su entrenador.
Víctor suspiró cerrando sus brazos en la espalda de Yuuri.
—Estoy seguro que sí. ¿Yo lo hago bien? —preguntó, un poco por vanidad. De reojo notó el rojo de las adoradas orejas de Yuuri y rió en respuesta—. Te lo he dicho, eres mi mejor alumno.
—Y el único. —Hubo un dejo de posesividad allí que Víctor sintió con aún más fuerza cuando el aire de la nariz de Yuuri brotó más caliente.
—¡Wow! ¿No me dejarás tener más alumnos aparte de ti?
—Aquí, no. —¿Cuántas sorpresas más eran posibles vivir con Yuuri?
El peso de Yuuri estaba completamente sobre el suyo y no podía sentirse mejor. Las manos de Víctor no tardaron en acariciar la espalda sobre la camiseta, degustando de momento íntimo, mientras Yuuri se removía inquieto. Buscaron un beso en esa posición, uno que se alargó mientras se hacía más húmedo y profundo. Los labios de Yuuri se volvieron más demandante y el erizamiento le estaba llegando a la nuca. Victor gimió quedo contra su boca cuando la erección de Yuuri, más que evidente, se removía contra su abdomen.
—Cariño, hoy no. —Yuuri frunció su ceño y Víctor se sintió bastante déspota. Pero no podía negar la clase de poder que le otorgaba la negativa—. Quiero prepararme, hagámoslo el fin de semana.
—¿Estás hablando en serio…? —La cara de frustración de Yuuri era bastante dolorosa de ver, así que Víctor buscó consolarlo con una caricia en la mejilla.
—Prometo que valdrá la pena esperar.
Yuuri se giró para caer con la espalda al colchón y los brazos abiertos, claramente desilusionado. Víctor no pudo evitar sentirse un poco culpable. Pero en honor a la verdad, estaba agotado y algo le decía que no podría pararse a patinar si Yuuri lo tomaba en ese momento. Además… quería que Yuuri marinara la idea en fuego lento y lo deseara tanto como él. Que se imaginara mil posibilidades, que fantaseara con ella. Eso haría el encuentro mucho más estimulante.
Para buscar alegrarlo un poco y claro, el calor que solo el cuerpo de Yuuri podía darle (mucho más delicioso que las frazadas y la calefacción), se movió para acomodarse a su costado y dejar caricias perezosas sobre la camiseta de Yuuri. Este gruñó, un sonido que le parecía sumamente divertido. De un momento a otro, Yuuri se levantó y se sentó en la cama, para buscar sus lentes en la mesa.
—¿A dónde vas? —Yuuri tenía sus orejas rojas y él, pese a estar agotado, no le gustaba mucho haber creado ese ambiente entre ellos. Dejó una caricia más en el costado de su pareja, buscando de algún modo consolarlo—. Yuuri…
—Tengo que arreglar algo en el baño. —Oh… cierto. Victor a veces podía ser despistado—. Ya regreso…
Pensó por un momento el detenerlo, pedirle que se acostaba y encargarse él mismo del problema. De hecho la idea de tenerlo en su boca lucía bastante atractiva, sino fuera porque estaba casi seguro que terminaría dormido en mitad de camino. Así que solo se estiró contra la almohada que Yuuri usaba. Las cobijas abandonaron un poco su cuerpo, dejando a la vista de Yuuri las perfectas formas de su torso, abdomen y pelvis. Disfrutó desde la distancia la tribulación de Yuuri, el sonrojo intempestivo y la ansiedad que había en su mirada. Rió bajito y entrecerrando su mirada, le envió aquella suave insinuación.
—Piensa en mí.
—Siempre lo hago.
Víctor solo lo vio irse al baño y hasta dejó que Makkachin volviera a entrar a la habitación, quizás como una forma de evitar caerle encima pese a su negativa. Victor no podría saberlo. De todos modos, apenas su pareja se alejó, no tardó nada en quedarse dormido, con una sonrisa tonta mientras se apegaba a la almohada de Yuuri donde aún estaba el aroma de su shampoo.
Por obvias razones, Yuuri no iba a atentar contra el pedido de Víctor. No era no, por muy caliente que estuviera, y lo respetaría porque Víctor tenía derecho de su cuerpo y el hecho de vivir juntos no significaba, en lo absoluto, estar atado a cumplirle ciertos caprichos. Además, Víctor mismo pensaba abrir su cuerpo para él, otorgándole a algo que, en la mente de Yuuri, no le había dado a nadie más. Aunque Víctor no hubiera acotado eso lo sentía así porque… ¿en qué otro momento pudo hacerlo? Prefería pensar así que angustiarse con la idea de que hubo "otros" y él no llegara a la altura de sus expectativas. Ayudaba a mantener a raya la ansiedad.
Durante esos días, Víctor sintió que la cosas entre ellos tenían una tensión deliciosa, perfecta, como preámbulo a un encuentro de otro nivel. El programa eros cuando aparecía en la pista estaba desbordando una pasión inusual, y Víctor tenía que contener el aliento varias veces con el deseo de la mirada que Yuuri le transmitía en la pista, dejándolo en muchos momentos completamente acalorado. Además de eso, cuando estaban cerca había momentos que había notado como la mano de Yuuri viajaba con más confianza a su trasero, incluso cuando hacían actividades tan cotidianas como lavar los platos o preparara emparedados. Había en el ambiente esa electricidad que estaba calentando a fuego lento sus ansias, y aunque no lo preguntó directamente, moría por saber que clases de fantasias alimentaba Yuuri mientras se acercaba el día.
Se volvió costumbre compartir un beso húmedo y un apretón a los glúteos en la cocina, en la sala. Se volvió parte natural de su rutina el dormir ahora en cuchara, con Yuuri detrás de él restregándose su sexo porque sí, se lo estaba advirtiendo y Víctor moría de ganas. Faltaba solo un día más para que llegara el sábado y Víctor empezaba a considerar que era buena idea que un par de días después tuvieran que viajar a la competencia. Yuuri iría completamente relajado después de mucho buen sexo y él...él tendría tiempo para recuperarse y retomar las prácticas sin tener que excusarse con Yakov.
Era perfecto.
El sábado llegó y en el ambiente se sentía el fuego. Antes que nada, aún tenían cosas que arreglar por el viaje que se venía encima. Yuuri práctico al mediodía y luego fueron a hacer un mercado pequeños por esos días que debían estar en casa. Regresaron tras el paseo debido a Makkachin y Víctor al llegar se fue a encerrar en el baño, no sin antes hacerle ver a Yuuri que sí, empezaría a prepararse. Cuando Víctor abandonó la sala del baño, fue Yuuri quien muy apurado lo hizo, y Víctor no pudo cortar su propia carcajada.
Como si estuvieran alargando lo inevitable, Yuuri también demoró un poco en la ducha. Víctor se recostó en la cama tras acomodar las almohadas en su espalda, y lo esperó desnudo, con sus piernas flexionadas y abiertas y la vista de su sexo que gritaba estar listo, aunque no lo hubieran tocado. La verdad, estaba bastante ansioso de que Yuuri saliera. Pese a que se habían visto ya desnudos reiteradas veces, esta era la primera vez que se preparaban mentalmente para el encuentro, un encuentro diferente.
Cuando Yuuri salió y entró a la habitación con solo sus ajustados boxer azules, Víctor se relamió los labios. Todavía su cabello mojado estaba hacía atrás, su piel lucía apetitosa y limpia y sus ojos, ligeramente dilatados, ya gritaban que estaba muriendo de ganas. En su boxer también se adivinaba esa verdad.
Lo vio soltar el aire, como si hubiera recibido un golpe en su estómago, y él se erizó. Yuuri le miró con atención desde la distancia y Víctor le extendió la mano, invitándolo a acercarse. Moría por tenerlo ya cerca.
—¿Te gusta lo que ves, Yuuri? —Le tentó, pasando uno de sus dedos por la erizada piel de su muslo. Yuuri tragó duro, mientras se subía a la cama. Sus ojos siguiendo el recorrido ávido de aquella yema de Víctor que se apartó, cuando estaba por llegar a su pelvis.
Víctor sentía que se iba a venir con solo el deseo que era capaz de leer en Yuuri.
—Me gusta… Creo que podría embarazarme de solo verte. —Ante esa respuesta, Víctor rió y luego suspiró sin aliento. Los ojos de Yuuri hablaban muy en serio, y contenían llamas dentro.
—Pues, la idea de hoy es que me embaraces a mí.
Yuuri le miró con los ojos ennegrecidos y tras gatear hasta sus piernas se quedó allí, mirando con más atención de la usual hacia su pelvis y más abajo. Retuvo el aire un segundo, cuando notó la forma en que la lengua de Yuuri se asomó para mojar sus propios labios. Tuvo ganas de un beso para mitigar las ansias pero Yuuri ya tenía otros planes; dejó caer sus labios sobre la cara interna de su muslo y comenzó a subir mientras besaba cada tramo de piel, logrando erizamientos aún más pronunciados. Víctor tuvo que controlar el aire que respiraba, porque Yuuri se estaba demorando mucho en esas partes sensibles y empezaba a sentirse como una deliciosa tortura.
Víctor se removió en las sábanas y Yuuri levantó su rostro para saltar de sus muslos y dejar ahora besos en su abdomen, ignorando a su miembro ya erecto con las atenciones a sus alrededores. Luego volvió a saltar, pero esta vez hundiendo su nariz bajo el escroto y llevando a su lengua a probar en la pequeña circunferencia que quería penetrar. Víctor se sobresaltó y soltó un gemido hondo, al tiempo en que sintió de nuevo los labios de Yuuri en su perineo y se sorprendía por los movimientos atrevidos de su pareja.
¿Qué había despertado? Lo supo cuando enfocó sus ojos en los de Yuuri, quien había levantado su cabeza de entre las largas piernas y su sonrojo estaba lejos de mostrar el hambre visceral que se leía en su expresión. Víctor sintió su estómago encogerse y la risa que quiso brotar no pudo salir porque se había quedado sin aire. El rostro de Yuuri al lado de su pene, el deseo impreso en sus ojos, sus manos acariciandole por debajo de su rodilla, formaban una combinación intoxicante.
La boca de Yuuri se movió de nuevo desde su vientre, su lengua dibujó líneas sobre su abdomen, su ombligo y costado, mientras subía y subía ahora por su pecho. Víctor no pudo mantener a sus manos quietas y fueron por los costados y muslos de Yuuri, tratando de devolverle un poco de las atenciones que estaba recibiendo. Cuando Yuuri se ocupó de sus pezones, erizados y sensibles por los preliminares osados de él, Víctor tuvo que conformarse con apretar su costado y sentir que el aire le faltaba.
—Yuuri… vas muy lento… —Ya quería que lo girara en la cama y lo embistiera. A ese punto Yuuri había lanzado a sus deseos, cuando él pensaba llevar las cosas con calma para que su pareja agarrara confianza y no se sintiera intimidado.
Que equivocado estuvo. Yuuri respondió con una ligera mordida en su hombro, justo al borde de su cuello. Lo abrazó y Víctor hizo igual, moviéndose como Yuuri pedía en silencio hasta sentarse sobre los muslos de su joven compañero, deliciosos muslos, cabía acotar. Los besos no tardaron en iniciar, ansiosos, humedos, apasionados hasta erizarles ambos las espaldas acariciadas por sus propias manos.
—Te amo… —susurró contra sus labios, mientras Víctor soltaba el aliento con necesidad. Le sonrió, contento y enamorado, mientras sentía las manos de Yuuri comenzar a amasar sus glúteos, como si pidiera permiso. El rostro sonrojado de Yuuri junto a su deseo implícito en la mirada, le tenía revueltas las entrañas.
—También te amo, mi Yuuri…
Retomaron el beso, ahora sin intenciones de detenerse. Víctor plegó su cuerpo contra el de Yuuri, rozando y restregando su sexo endurecido contra aquel vientre plano mientras sus manos estaban ansiosas por retirarle el boxer que aún lo cubría. Ya la dureza de Yuuri se adivinaba bajo las telas, y él quería ya tenerla, sentirla, percibirla contra su piel cada vez más caliente por el calor que las caricias de Yuuri dejaban por sus muslos, costados y baja espalda y por los besos que le quitaban el aire a sus pulmones. Yuuri estaba tan ansioso y nervioso, y sin embargo nada lo detenía. Su boca se movía asidua y deseosa, dejaba los otros labios para hundirse en el cuello y los hombros de Víctor. Hasta ese momento Víctor comprendió lo muy oral que resultaba ser Yuuri para expresarse. Oral más que con palabras, con hechos húmedos y puntos llameantes dejados a través de besos.
El beso se volvió desesperado, desordenado, demandante. Víctor metía sus dedos por el cabello negro para despeinarlo y miraba de vez en vez, cuando el beso se lo permitía, esos ojos llenos de negro como un agujero en el espacio, dispuesto a tragárselo para hacerlo desaparecer. Yuuri en cambio no dejaba de apretar su trasero, de sentirlo entre sus dedos mientras respondía y daba los besos con toda esa pasión atrapada que había estado guardando desde que Víctor le abrió aquella posibilidad.
Pronto, estaban demasiado calientes como para poder extender más los besos: necesitaban sentirse. Yuuri hizo caer a Victor contra el colchón nuevamente y retomó sus labios mientras su pareja metía las manos sobre sus glúteos bajo la tela del boxer. A Víctor poco le importaba si iba a dañarle la prenda, necesitaba sentirlo ya, necesitaba que Yuuri estuviera completamente desnudo. Su pareja tenía otra idea al respecto porque, ignorando el pedido silencioso de Víctor, volvió a retomar un camino de descenso dejando besos que lo llenaba de llamas y sensaciones a flor de piel.
Dios, se iba a morir. Víctor atraganto un grito cuando la mordida en la costilla lo sorprendió y vino luego la risita de Yuuri, que a ese punto era pura sensualidad. Cuando volvió a sus muslos a los que maltrato con su boca sin piedad, a punta de mordidas, lamidas y besos succionadores, Víctor sintió que se vendría de seguir así.
—No quiero que lo olvides. —Escuchó el deseo de Yuuri y Víctor enfocó sus ojos azorados en él, en lo alto que parecía al estar sobre sus rodillas, frente a él, con el cuerpo lleno de focos de calor. Así, ante sus ojos, se retiró la ropa interior y dejó a Víctor sofocado, esperando ansioso lo que seguía. Tomó el lubricante y lo untó en sus manos, frotandolo para darle calor. El pecho de Víctor subía y bajaba, al ritmo de sus inhalaciones, mientras no le quitaba la mirada de encima—. No quiero que te decepciones de mí.
—Yuuri… nunca podrías decepcionarme.
—No quiero hacerlo… —La voz de Yuuri sonaba ronca, mientras se inclinaba de nuevo contra su cuerpo y su mano derecha, vistiendo aún el anillo, se metia para acariciar entre los glúteos de Víctor. El ruso gimió quedo, la sensación de las yemas de Yuuri tentandolo y acariciándolo en esa zona tan íntima era demasiada para el que estaba sobresaturado de estimulación. Yuuri plegó su frente sudada sobre él, cerniéndose sobre su cuerpo mientras el primer dedo entraba y Víctor no se separaba de aquellos ojos—. No quiero decepcionarte, Vitya.
"Te amo, Vitya" "Te quiero, Vitya"
En conjunto con los movimientos de esos dedos en su interior, Yuuri repitió esas frases, una y otra vez sobre sus labios, contra su cuello, dentro de su oído. Cada vez que Víctor escuchaba ese diminutivo tan intimo y cariñoso, se derretía más y más. ¿Cómo podría olvidarlo? Nunca, jamás podría olvidarlo porque era la primera vez que se sentía tan cuidado, tan protegido y tan amado como en ese momento Yuuri lo hacía sentir. Era más que morbo, más que cambiar de posición, más que intentar algo nuevo. Yuuri lo había subido a otro nivel de intimidad mayor y él no pudo evitar deshacerse en sus brazos, en gemidos, en temblores incontrolables y placenteros.
Yuuri siempre le sorprendía… No quería dejar de verlo.
—Yuuri, por favor. —Gimió con dolorosa necesidad, apretando sus dedos contra la espalda de su pareja mientras los dos dedos se movían y daban vueltas a sus entrañas y a su cerebro a través de ellas—. Por favor, fóllame ya.
Yuuri se apartó de su boca, que ya pensaba volver a besar, para mirarle con una dulzura inconcebible, bañando de estrellas el deseo oscuro que opacaba el marrón de sus irises. Víctor estaba desesperado, su rostro mostraba tanta ansiedad y hambre que no creía poderlo soportar más. En respuesta, sintió el beso que cayó sobre su nariz y se derritió de nuevo con ese acto, mientras los dedos de Yuuri abandonaban su cavidad. Solo bastaron unos segundos mientras se quedaba abrazado del cuello de Yuuri , recuperando la calma que le permitiera aguantar más, y le daba espacio a Yuuri para prepararse a la penetración. Supo que ya era momento cuando Yuuri sujetó su pierna derecha y la alzó.
La penetración inició suavemente, como esperaba de alguien como Yuuri que anteponía su bienestar por el suyo. Víctor aunque también lo hacía muchas veces, el deseo lo nublaba y en ocasiones no había podido detenerse a tiempo o había tenido que corregir su impulso conforme. Agradeció el cuidado, porque tal como ya lo había dicho el pene de Yuuri era grueso y al inicio resultó incómodo. Pero cuando lo tuvo completamente dentro y el cuerpo de Yuuri temblaba sobre él palpitando al mismo ritmo de su corazón, no pudo evitar sentirse sobrecogedoramente feliz.
Eran uno, en más de una forma.
Su pareja no tardó mucho en iniciar las continuas penetraciones y Víctor en disfrutarlas. Contrario a lo que creyó, el cuidado de Yuuri solo estuvo al inicio, porque después se volvió un amante fogoso, demandante, que no tardó en buscar nuevas posturas en el ángulo de sus caderas y la abertura de sus piernas para buscar hacerlo sentir más. Víctor enloqueció, su voz no tuvo control alguno y en algún momento sintió que podía sollozar de puro placer. Le hizo saber por medio de su voz cuando lo estaba haciendo bien y cuando muy bien, y Yuuri atendió a cada una de sus indicaciones hasta que no fue necesario decir más.
A esto se sumó su resistencia, casi espartana. Víctor se sentía a punto de desfallecer antes de tener a Yuuri sobre él, penetrando con inusual fuerza y atrapando su rostro entre las manos para indicarle que no dejara de verlo. No tardó en correrse cuando el vientre de Yuuri estimulaba apretando a su propio miembro, y sintió a Yuuri moverse más, más rápido, más profundo, hasta que llegó a su culminación.
Se quedaron en silencio, con Yuuri encima de él y una de sus manos tras su nuca aún acariciando justo como hizo mientras se corrían. Víctor estaba sin fuerzas, pero completamente satisfecho.
—¿Me llamaste Vitya? —Yuuri levantó la mirada contenta, Víctor pudo ver sus ojos marrones brillando de esa forma encantadora y enamorada. Simplemente asintió.
—¿Está bien? —preguntó—. Yakov te lo dice siempre…
Yuuri acarició sus cabellos con tanta ternura que Víctor no pudo evitar moverse hasta hundir su cabeza contra el pecho. Allí jugó con el remolino claro que brotaba el mismo que tocó aquella vez en el hielo de Hasetsu. Victor rió emocionado contra su piel, abrazándolo. No podía pedir más.
—Dime así… me gusta. —El movimiento en el pecho de Yuuri le indicó que había intentado soltar una risa.
—Muy bien, mi Vitya. Porque ahora eres mío.
Mi Vitya, mi Yuuri… eso era felicidad.
Agradezco a todos los que han leído estos ocho capítulos! Quería escribir sobre el momento en que intercambian los papeles, porque me los imagino así, versatiles y complacientes con el otro. Además me hizo mucha gracia que la idea viniera de Victor mismo, que además de eso, lo dejara con la idea por días para que Yuuri la deseara más. Tenía el inicio del capítulo escrito desde hace un mes, pero no había logrado acabarlo, sobre todo porque Matryoshka me absorvió.
Aprovecho y los invito a leer mi fic Matryoshka, es un fic al que le estoy poniendo mucho cariño :3
But I'm Creep: OMG! ya van varios que relacionan a este fic con Matryoshka, tienen algo de razón y al mismo tiempo no (?) XDD pero prefiero relevarlo a futuro. Me gustó mucho ponerlos en esa situación de confianza, y habrán muchas situaciones así a futuro. ¡Me agrada muho que te haya gustado!
Angeli Murasaki: ¡De nada! ¡Gracias a ti por leer de ella!
