El chico castaño terminó de prepararse para el viaje que tendrían al día siguiente él y su padre, tenía hambre, pero el cansancio de su cuerpo y la pesadez de sus ojos le hicieron tomar la decisión de irse a descansar a su cama, el viaje sería un poco largo, así que subió por las escaleras de madera hasta llegar a su cama en la que se desvaneció totalmente presa del sueño.
El resplandor de la dama de la noche que se encontraba en lo alto del manto estelar entraba por la pequeña ventana que había en el balcón, por fuera soplaba un aire apacible, la calma en la aldea dejaba escuchar a los animales nocturnos dedicando su cantico a la señora de la noche.
Horas más tarde, los viajeros se levantaron muy temprano, justo en la hora en la que el crepúsculo anunciaba en el horizonte la próxima aparición de la luna amarilla, ambos ya estaban casi preparados para su largo viaje, solamente habían desayunado unos huevos y un poco de pan con leche para aguantar el camino, el mayor se montó en Epona y esperó a que el menor subiera en el otro caballo, el cuál, era cría de Epona, su nombre era Corsario, era un caballo de color café claro con una melena en color negro brillante y un color café oscuro que abarcaba desde el antebrazo hasta la corona de sus patas.
-Date prisa Link, recuerda que debemos llegar antes de las 12- le dijo el rubio al chico.
-Sí, ya voy- respondió el joven mientras colocaba dos galones de leche sobre la cintura del caballo.
-¿Pero qué haces?- preguntó el mayor.
-Ya casi está, tenemos que aprovechar que vamos al castillo para vender algo, ¿No te parece?- le respondió el castaño, mientras hacía un nudo para evitar que los galones cayeran durante el trayecto.
-De acuerdo, pero ya apresúrate- comentó el rubio sobre Epona, admitiendo que no era mala la idea.
-Ya está, vámonos- dijo el castaño y después se montó en Corsario.
El mayor asintió con la cabeza y ambos emprendieron el largo viaje hacia el castillo de Hyrule.
EN EL CASTILLO DE HYRULE…
Siendo muy temprano por la mañana, todos en el castillo ya habían comenzado con sus debidos labores, la gente que trabajaba al servicio del rey dentro del castillo era muy disciplinada con los horarios, desde las primeras horas de la mañana se comenzaba a preparar el desayuno para la familia real y, posteriormente, se realizaban las tareas de limpieza, así como el cuidado de los jardines del reino, entre otras.
La princesa Zelda descendió por las escaleras hacia el comedor a paso tranquilo, ahí la esperaba su padre y también su prima de nombre Midna, la princesa tomó asiento al lado de su padre en la mesa, la cual, era de forma rectangular y estaba cubierta por un gran mantel de color blanco cuyos bordes tenían adornos artesanales de la región hechos por las mejores tejedoras del reino, en la parte media de la mesa se encontraba un candelabro con espacio para tres velas delgadas, las sillas estaban hechas de caoba con un elegante diseño exclusivo para la familia real.
-Buenos días, hija mía- le saludó su padre de manera cortés.
-Buen día padre, buen día Midna- contestó la princesa, saludando además a su prima con los modales que se le habían inculcado desde niña, ya que al ser la princesa del reino debía aprender a comportarse como tal, cosa de la cual se había encargado su madre.
-Buen día Zelda, ¿Cómo pasaste la noche?- preguntó la chica de ojos rubí.
-Bastante bien, no me puedo quejar, ¿y tú que tal la has pasado?- dijo Zelda a su prima con una ligera sonrisa.
-Excelente, puedo decir que he dormido como reina- respondió Midna, regresándole la sonrisa a la mujer de cabello castaño.
-Pues, tal vez no te falta mucho para que seas una verdadera reina- comentó la princesa de Hyrule, riendo un poco.
-Sí, tienes razón- respondió la chica de ojos rubí.
-Me da gusto que ambas se lleven tan bien, Midna, mi hermano estaría orgulloso de ti, de eso estoy muy seguro, serás una reina excelente- dijo el padre de Zelda, fijando su mirada en su sobrina.
-Gracias tío…- respondió la mencionada con nostalgia al recordar a su padre, el cual, falleció en una batalla para salvar a su reino años atrás, cuando ella tan solo tenía 6 años.
- Zelda, ya se acerca la hora en que te conviertas en reina hija mía, mi tiempo está próximo a terminarse, pero me iré tranquilo al saber que el reino se quedará en buenas manos, tanto de las tuyas como las del noble con el que contraigas matrimonio- dijo el rey, mirándola fijamente a los ojos.
-Padre, no digas esas cosas, por favor- le dijo la princesa, tomándole su mano.
-Ningún rey gobierna para siempre hija mía- fue la respuesta de su padre a la rubia.
El comedor se quedó en silencio por unos instantes, las palabras de su padre hacían eco en la cabeza de Zelda, la joven princesa del reino crepuscular decidió romper el silencio para llamar la atención de ambos.
-Bueno… creo que ya debemos desayunar, ¿No les parece?- sugirió, con el fin de evitar una triste conversación.
-Claro, por supuesto sobrina, no queremos atrasar el gran anuncio que daremos hoy- comentó el Rey Alejandro a la joven princesa.
La comida comenzó a repartirse en la mesa y cada uno tomó una porción de cada platillo servido, durante el desayuno, el rey no dejaba de comentar lo emocionado que estaba por conocer a quien su hija eligiera como su futuro esposo, sin embargo, a Zelda no le emocionaba tanto como a su padre y Midna lo sabía perfectamente, al terminar el desayuno, el Rey Alejandro se dirigió con los soldados para tratar la vigilancia que debería tener el castillo durante el anuncio, mientras, las princesas debían atender sus propios asuntos.
En el trayecto de Link…
-Ya llevamos un buen rato cabalgando, esto se vuelve aburrido- dijo el chico castaño haciendo una mueca.
-No te desesperes, pronto llegaremos- le respondió el mayor sin quitar la mirada al frente.
-Oye padre, ¿tú conociste a la princesa?- preguntó el castaño ojiazul con mucha curiosidad.
-¿Y esa pregunta a que viene?- le dijo el rubio, un poco extrañado por la pregunta.
-Bueno, pues tú me has dicho que antes le llevabas algunos pedidos a la familia real, me ha dado curiosidad por saber si alguna vez lograste conocer a la princesa del reino- dijo el castaño, cabalgando a un lado del mayor.
-…Ya veo, pues si la conocí, pero solo de vista, creo que para ese tiempo ella tendría 8 años- le respondió el rubio al joven.
-¿Y… no te pareció atractiva ni nada?- preguntó con una sonrisa pícara el menor.
-…Sí, era atractiva, pero yo ya me había fijado en tu madre, además, es imposible que un plebeyo se case con una princesa- le contestó el mayor con un poco de seriedad.
-Vaya…- se dijo a sí mismo, entrelazando sus dedos tras su cabeza.
El mayor sacó una cantimplora con un poco de agua, el sol estaba comenzando a deshidratarlo así que decidió beber un poco.
-¿Cómo hubiera sido si la princesa que mencionas hubiera sido mi madre?- se preguntó el chico en voz alta observando el cielo.
Ante el comentario del castaño, el mayor abrió los ojos como platos y escupió el agua que acababa de tomar por la sorpresa.
-Oye, ¿Qué te pasa?- preguntó "inocentemente" Link a su padre.
-¡Deja de pensar tonterías!, ¿cómo se te ocurre decir eso?- le reprochó el mayor con un ligero rubor.
-Jajaja, vamos tranquilo, era solo una pequeña broma- dijo entre risas el castaño por la reacción de su padre.
-Una pequeña broma…- repitió el mayor sarcásticamente mirando al chico de reojo.
-Está bien, ya, no diré nada- dijo el castaño.
Ambos prosiguieron su camino sin descanso y finalmente después de una hora y media más de camino, lograron divisar la ciudadela y el castillo de Hyrule, al verlo, el chico castaño se quedó impresionado y boquiabierto.
-Cierra la boca o te entraran moscas- dijo el mayor, riendo ante la expresión que tenía el joven ojiazul.
Link miró a su padre y luego sonrió, el rubio le indicó que siguieran y, arreando el caballo, le siguió por detrás hasta llegar a las puertas de la ciudadela.
Al llegar, decidieron bajarse de los caballos y continuar a pie, aun era un poco temprano por lo que les pareció buena idea establecerse en el local que tenían apartado en el distrito de mercaderes, entre los dos se encargaron de bajar los galones de leche que llevaban para posteriormente venderla a quienes pasaban.
-Te dije que era buena idea- dijo el castaño, contando las rupias obtenidas por la venta.
-…Sí, solo no me lo estés recordando durante todo el día como mal acostumbras- le respondió el mayor.
-De acuerdo, no lo haré… eso si logramos ver a la princesa- bromeó mientras se alejaba del puesto.
-¿A dónde vas?- le preguntó el rubio con el ceño fruncido.
-Voy a dar una vuelta, tranquilo- le respondió, restándole importancia al asunto.
-¡Si te pierdes yo no voy a buscarte!- exclamó.
-Sí, sí, lo que digas- fue lo que obtuvo del joven.
-Igual de terco que su madre- pensó, mirándolo alejarse entre la gente.
El castaño caminó observando muy curioso cada parte de la ciudadela, era enorme, mucho más de lo que se había imaginado, no podía creer que realmente hubiera una ciudad el doble o hasta más grande que su pueblo de procedencia rodeando el castillo, estaba tan distraído y embelesado con lo que veía que no prestó atención a su camino y chocó con alguien.
-Oh, lo siento, fue mi cul…- trató de disculparse, pero enmudeció apenas vio a la persona con la que chocó, era una hermosa chica de ojos color carmesí, un poco más alta que él, de piel azulada y cubierta casi completamente por una túnica oscura.
Perdonen la tardanza pero cayó mi cumpleaños y me tomé el día xD
Sheika 360: Me alegro mucho que te haya gustado la historia!, la verdad tengo una muy mala suerte con la ortografía ya que siempre reviso un capítulo como 3 veces antes de subirlo, pero siempre se me escapa una letra en algún lugar y "#$"#% :'v por otro lado, dos link es igual a más diversión ;3 muchas gracias por dejar tu review y espero sigas disfrutando de los demás capítulos que se vienen n.n/
¿Prefieren los caps un poco más largos o los escribo como hasta ahora?, ustedes eligen, nos leemos en el siguiente y gracias por leer!
