Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.

Una felicidad verdadera y trascendental no significa que será todo fácil. Pero existe, es real y la viven todos los días que despiertan juntos.

Yuuri decide mudarse con Victor a Rusia para continuar su entrenamiento y prepararse para la siguiente temporada. La vida con Victor será diferente a lo que llegó a pensar, en especial ahora que no solo será su entrenador.


Sukha 10: Nuestro San Valentín

Era San Valentín, y como era natural en Rusia, lo compartían con regalos y rosas entre las parejas, demostrando así su amor por mucho que se conociera como una fiesta meramente comercial. A Víctor poco le importaba los orígenes y los significados, por primera vez en más de una década tendría un San Valentín digno para celebrar, y por ello, se había esforzado para ofrecerle a Yuuri lo mejor. Acababan de llegar de los cuatro continentes, ya tenía la mala noticia de la federación, pero nada arruinaría ese momento.

Nada…

Excepto, un Yuuri adormilado.

Tras haber tenido una suntuosa cena en uno de los mejores restaurantes de la ciudad, y haber compartido un par de copas de champagne, Víctor cargaba con el cuerpo adormilado de su pareja hacia la suite que había rentado para esa noche, que incluía una enorme cama cómoda, una botella de champagne para estrenar, un jacuzzi en medio de la habitación, con decoración de espejos, rosas, velas aromáticas… Pero su pareja solo quería dormir.

Resultaba divertido burlarse de su suerte, porque ciertamente aquello era descabellado. Pero sí, no sentía ningún tipo de molestia por el cansancio de Yuuri; por el contrario, la felicidad seguía fluyendo por sus venas.

Para él la fecha nunca había tenido mayor peso que ahora, que podía disfrutarla con la persona que le dio Love & Live. Sentía que con Yuuri todo día del año adquiría un nuevo peso, y era agradable encontrar tanto significado en montones de fechas de calendarios. Por eso no importaba, No le importaba que Yuuri ahora quisiera solo dormir abrazado a él. Es más, la idea de pasar la noche ya acompañada en su cama por él y no por Makkachin, ya era sin duda, agradable.

Al llegar al cuarto, Yuuri tapó un bostezo con la palma mientras se encaminaba hasta el borde de la cama. Víctor se retiró la chaqueta y la dejó sobre el perchero, sin dejar de observar a su pareja sentada y restregándose los párpados, esforzándose para soportar un poco más. Debía admitirse que verlo con tanto empeño resultaba encantador, pero Víctor no necesitaba más para hacer de esa noche algo perfecto.

Él no se sentía mal por el inevitable cambio de planes que debían hacer y no tenía problemas con tener que cambiar la ronda de sexo sin descanso que él esperaba, por el sueño reparador que Yuuri buscaba. Lo que tenía en manos era mayor muestra de amor que cualquier escena de sexo podría darle. El decorado de aquellos chocolates hecho a mano valía más que cualquier otra cosa, porque era la muestra de amor de Yuuri, su profunda devoción que lo llevó a no dormir en la madrugada para obsequiarle algo que fuera relevante según su propia cultura. Como un mensaje de amor en otro idioma. Nada merecía más que dejarlo dormir como recompensa de haberlo sorprendido de tan grata manera.

Se sentó a su lado y Yuuri rápidamente apoyó su mejilla sobre su hombro, cerrando sus ojos con cansancio. Víctor pasó su brazo por la espalda para acariciarle el rostro y dejarle caricias suaves sobre su pómulo.

—¿Quieres un baño caliente antes de acostarnos? —preguntó con la voz muy suave, Yuuri se limitó a asentir—. Vamos a bañarnos juntos entonces.

Se levantó sin pausa, para ayudarlo a quitarle la camisa, pero el ceño fruncido de Yuuri le detuvo. Aún tras sus lentes era notable el esfuerzo que estaba haciendo para no quedarse dormido allí. Víctor retiró la prenda y luego le ayudó a pararse para retirar el pantalón, pero cuando estaba por bajar la ropa íntima, Yuuri se colgó de su cuello y se lo llevó con él a la cama, rebotaron ambos sobre el colchón sin importar que los pantalones de Yuuri quedaran arrugados en sus tobillos y aún calzado con sus mocasines. Poco importó el destino de la camisa.

—Yuuri…

El aire abandonó sus pulmones cuando Yuuri buscó ese beso necesario, alargando el cuello para alcanzarlo. Al haber caído sobre él pensó que debería acomodarse, pero su pareja no se lo permitió y Víctor se dejó hacer. Decidió seguir el deseo de Yuuri aunque notaba los besos alentados. Recibió ese abrazo y se desvivió en su boca sin buscar besos apasionados, más bien eran suaves y largos besos llenos de deseo, de cariño, de necesidad, que se limitaban a saborearse mutuamente y a sentir el tacto y la humedad de la boca del otro. No hubo movimiento de sus extremidades, solo su peso sobre el cuerpo semidesnudo y caliente de Yuuri, sus besos alternando suspiros y sus dedos acariciando los mechones negros. De Yuuri recibía también roces tenues sobre su cabello y su mejilla, mientras abría la boca siguiendo un ritmo manso, que buscaba solo sentirse con intimidad. Y aún, a pesar de ser así de calmos, lograban sembrar chispas de calor bajo su piel, cocinándolo a fuego lento.

Víctor tuvo que recoger más aire para apartarse, porque empezaba a excitarse con solo sentir el cuerpo de Yuuri bajo de él y sus besos sentidos. Soltó el aliento sobre su boca y comenzó a regar besos en descenso por su piel, hasta agarrar hacia su cuello y escucharlo suspirar.

—Yuuri, cariño, no tienes que forzarte.

—No quiero quedarme dormido justo en mi primer San Valentín… —replicó frustrado, frotándose los párpados con su antebrazo. Se notaban enrojecidos, como muestra del agotamiento que le apremiaba.

—Lo sé, pero para mi ya es un perfecto San Valentín teniéndote conmigo.

Se acomodó con cuidado para no seguir aplastándolo con su peso, y sin demora le tomó la mano derecha para besar el anillo y los nudillos blancos. Yuuri le sonrió, pero había un dejo de tristeza en esa curva, como si no pudiera dejar de reprocharse el sentirse así de cansado en ese día en particular. Aprovechó para quitarle los lentes y mirarle directamente a los ojos, para hacerle saber que no importaba, que le gustaba saberlo allí y que entendía que tras el esfuerzo hecho en la madrugada para hacerle el chocolate de regalo, merecía en ese momento descansar.

Con calma, Víctor dejó un par de besos sobre sus labios antes de levantarse, para ayudarlo a retirarse de los zapatos, calcetines y pantalón. Dejó descansar los lentes sobre la mesa de noche y, tras desvestirlo, solo lo dejó en ropa interior, aunque ganas no les faltaba de bajar ese bóxer negro para poder tener a la vista toda su desnudez expuestas. Eran visibles algunos moretones en sus piernas y pies, productos de las prácticas y las caídas, aunque Víctor logró notar un par en el interior de sus muslos que eran enteramente su culpa.

Aprovechó el momento para desvestirse él mismo, mientras Yuuri reculaba para plegar su cabeza contra la almohada, sin haber levantado las cobijas. Yuuri tenía varios pétalos pegados a su espalda, ya que ni siquiera la habían sacudido del arreglo que había sobre ellas. Afuera estaba nevando, y la calefacción junto a la chimenea artificial ayudaba a darle un ambiente íntimo a la habitación, Víctor la observó mientras recogía todas las prendas y las ordenaba dobladas sobre el mueble. En el ventanal se veía la ciudad iluminada y la nieve caer fuertemente sobre la calle, pero la mirada de Yuuri era tan intensa que sentía calor, a pesar de la fuerte nevada que caía afuera.

Sin más preámbulos, Víctor se quedó en su tanga negra y se acercó a la cama, dispuesto a alzar las cobijas para sacudir los pétalos y meter a Yuuri bajo ellas. Hacía esfuerzos para no caer en la tentación que evocaban aquellos ojos.

—Eres tan guapo… —El tono de voz de Yuuri sonó sugerente, a pesar de estar atestado de sueño. Víctor levantó la mirada para verlo acostado boca abajo, con una pierna flexionada que levantaba su abultado trasero forrado en negro y el rostro con somnolencia, pero una sonrisa dócil. Era la epitome de la sensualidad y sumisión puesto así.

—Lo sé… y tú eres una tentación andante. Deja de levantarme el trasero —bromeó y Yuuri con una risita hizo todo lo contrario, moviéndolo sugerentemente hacia arriba. Le gustaba como el sueño lograba desinhibirlo tanto como el alcohol; Yuuri parecía no tener filtro y actuar como realmente deseaba.

—No quiero dormirme…

—Pero te vas a dormir en pleno momento. Y no, entre mis parafilias no está la somnofilia —recalcó mientras sacudía las sábanas y obligaba a Yuuri a rodar. No pudo evitar reír—. Ve a lavarte los dientes, dudo que tengas fuerzas de aguantar el baño como propuse.

—Di que querías ponerme contra la pared. —Víctor abrió mucho los ojos, viéndose brutalmente atrapado en ese bajo pensamiento. Entonces soltó una risotada mientras Yuuri le miraba con clara acusación en sus ojos.

—Oh, ¿por eso aceptaste de tan buena gana?

Yuuri enrojeció, Víctor lo notó a pesar de que le dio la espalda para levantarse de la cama, por la forma en que se colorearon sus orejas. No pudo aguantarlo y al verlo de pie caminando, fue corriendo tras él. Casi lo empujó cuando chocó con su espalda y lo abrazó de esa manera, para caminar juntos al baño mientras dejaba una estela de besos abandonados en el cuello y el hombro. Yuuri se dejó hacer, hasta plegar sus manos contra el lavado.

Que difícil era soltarlo, aún si sabía que no llegarían a más esa noche. A Víctor le costaba quitarle las manos de encima, y comenzó a apretarlo mientras dejaba que los mechones de cabello negro le hacían cosquillas en su mejilla y lo hacía refunfuñar también por sus atenciones. Poca atención pusieron a la decoración de mármol, a los aromas suaves, a la invitación de la ducha. El calor de ambos cuerpos así abrazados era todo cuánto podían disfrutar. Yuuri era terco; Víctor tuvo que contener un gemido cuando Yuuri restregó el trasero contra su miembro, dispuesto a no darle tregua a pesar de saber que se dormiría en el camino. Víctor empezaba a sentir que poco podría hacer para evitar ese destino para esa noche.

—Ay Yuuri… —Se frotó contra él dejándole un beso en la nuca. Ya se estaba haciendo a la idea de que terminaría estimulándose a sí mismo cuando Yuuri por fin cayera dormido—. Hazle caso a tu entrenador y apresúrate a dormir. —Escuchó una queja de su pareja, pero susurró contra su oído—. Mañana… oh, mañana.

—¿Mañana no entrenaremos?

—No… mañana te quiero abierto y dispuesto para mí todo el día.

Se apartó, tras notar el erizamiento de Yuuri que recorrió hasta la coronilla. Y para hacerlo aún más provocativo, le dejó una nalgada antes de retirarse. Tenía que buscar el cepillo de dientes en la chaqueta, ya que se había traído los de viaje. Eso serviría también como una excusa para salir del campo de gravedad que Yuuri aplicaba con él. Regresó con ellos y se quedó viendo a su novio mientras se lavaba la boca con pereza, con los ojos entrecerrados y un tanto frustrado.

Víctor no dudo en mostrarle, sin vergüenza alguna, el efecto que tuvo su anterior movimiento ya que la prenda que portaba no era suficiente para cubrir a la reciente erección. Eso no tardó en captar la atención de Yuuri, quien solo se mordió el labio y sonrió satisfecho por su hazaña… Víctor lo miró con franca felicidad.

Le gustaba la desfachatez con la que Yuuri empezaba a comportarse estando con él. Le fascinaba que se diera cuenta del enorme poder que tenía sobre su vida.

Cuando lo vio acabar, le extendió el paño para que pudiera secarse la cara. Yuuri había aprovechado para mojarla un poco, quizás en un intento de espabilarse.

—¿Listo, bello durmiente?

Yuuri renegó, y dejó el paño sobre el lavado. Víctor se percató muy tarde del brillo decidido de sus ojos.

Sin decir nada, solo lo agarró de los hombros y lo empujó suavemente hasta afuera del cuarto de baño, para obligarlo a sentarse contra el borde de la cama. Mientras Víctor se sentía retroceder, entre incrédulo e intrigado, no pudo evitar la sensación de vértigo que lo embargó al notar ese color en los ojos de Yuuri con sus pupilas dilatándose. Víctor se dejó hacer, y se quedó sin aire cuando vio a Yuuri ponerse sobre sus rodillas para tocar a su miembro desantendido. Tuvo que hacer todo el acopio de su voluntad para sujetarle las manos suavemente y detenerlo.

—Yuuri, en serio…

—Quiero hacerlo.

Los ojos marrones se levantaron buscando su aprobación y Víctor no tuvo alma (ni energías), para negársela. Solo se apoyó contra el colchón con sus palmas abiertas y sus rodillas empezaron a temblar ante lo que imaginaba iba a hacer. Sintió fuego en la garganta y un vacío hondo en su estómago que solo podría tratarse de expectativas.

—Cariño…

—Había practicado para hacer esto mejor… —Las primeras veces no habían sido las mejores, Víctor lo admitía. Su miembro era grande, y Yuuri terminaba ahogándose, por lo tanto, no había resultado tan placentero como debiera. No tenía su propia experiencia a su favor para jugar con su miembro en la boca, pero Yuuri Katsuki no se rendía fácilmente y había escogido ese momento para demostrarlo—. Quería sorprenderte hoy, Vitya…

—Conmigo no fue… —resaltó, mientras sentía a su estómago tensarse, los músculos de su abdomen contraerse al paso de las caricias de Yuuri sobre su pene, ya endureciéndose más. Los ojos de Yuuri le miraban con ese brillo lascivo desconocido y él sentía ya un incendio en su boca.

—Fue con tu dildo.

—Oh… ¿l-lo encontraste? —Se sorprendió tartamudeando, y Yuuri sonrió. Víctor ya estaba encendido con la sola imagen de Yuuri de rodillas, mirándolo de esa manera mientras acariciaba a su erección para hacerla más dura.

—Sí… lo tenías de fácil acceso.

—Bien… me has atrapado. Me gusta tenerla dentro —confesó como si fuera culpable de un delito

—Te gustan grandes. —Y Yuuri, sin darle tregua, bajó su mano hasta la bolsa del escroto para estimularla, mientras pasaba sus labios descuidadamente sobre el glande, proporcionándole a Víctor la caricia del aliento a mental que traía tras haberse lavado. Tuvo que sisear una mala palabra en ruso.

—Me gusta la tuya… —suspiró sin remedio, echando su cabeza hacia atrás. La caricia que dejó en el cabello negro fue la evidencia de que le gustaba la tensión que Yuuri estaba provocando con la espera.

—Mañana… ¿me dejarás?

Víctor sintió sal en la garganta. Soltó un gemido largo mientras la lengua de Yuuri vestía a su glande dejando círculos y la imagen de Yuuri volviendo a tomarle se dibujaba en él. Desde aquella vez no lo habían repetido. Víctor había decidido no forzarlo y dejar que él mismo lo quisiera. Ahora, estaba esa posibilidad bailando sobre sus ojos y eso junto a la boca de Yuuri estaba desquiciándolo.

—Todas las veces que puedas —logró decir, con un esfuerzo implícito en su voz—. Cariño, mañana quiero tener sexo contigo, de todas las formas que quieras.

Yuuri no se detuvo a responder. Y para Víctor, lo que estaba ocurriendo estaba entre las mejores cosas que había sentido en su vida. Había tal muestra de devoción explicita a través de los movimientos de esa boca, que le quedó claro la extensa practica que había tenido Yuuri para darle lo que Víctor estaba calificando una de las mejores felaciones de su vida. Se dedicó a mirarlo, perplejo. Su cuerpo sentía la lluvia de calor y su transpiración debido a la excitación mientras Yuuri jugaba con su pene en su boca, dejando incluso que el glande se marcada como un bulto en su mejilla, para luego levantar esa mirada de chocolate derretido en la expresión más sensual jamás vista. Fue inevitable susurrar su nombre cada tanto.

El fuego recorría su piel, ya no como chispazos, sino como un verdadero incendio. El aire quemaba al respirarlo. Víctor echó su cabeza hacia atrás y vació su voz en gemidos para hacerle saber que Yuuri estaba logrando su cometido, y eso fue suficiente para que su joven pareja sintiera mucha más seguridad de sus siguientes pasos. A veces abandonaba su sexo, para dejar a la boca estampar besos sobre sus muslos o sobre la tela que aún cubría sus testículos. Luego retomaba, sacándole el aire y poniendo todo su empeño para mejorar la experiencia.

Los dedos de Víctor que empezaron acariciando su rostro y su cabello, se tensaron agarrotados sobre la mejilla de Yuuri, seguro de que se acercaba al clímax. La manera en que su pupilo movía su cabeza hacia atrás y adelante le entregaba una visión fulminante y erótica, además de la robarle el alma con el húmedo placer. En algunos momentos, Yuuri se quedaba con la cabeza de su miembro en sus labios, con la saliva vistiéndolo sin recato alguno, para observarle. Y allí lo veía, Víctor Nikiforov estaba en su esencia más básica, enrojecido, sudado, con las pupilas dilatadas y los ojos húmedos, mientras entre abría sus labios. De hecho, podía verse en el reflejo de esa mirada.

—¿Te gusta? —preguntó Yuuri con un tono tan absurdamente inocente, que disparó un rayo contra su vientre. Víctor solo pudo reír incrédulo antes de asentir mientras percibía el pase del sudor en la espalda.

—Me estás matando, Yuuri…

Vibró sobre su pene la risa de Yuuri, y casi se sintió colapsar. Pero antes de que pudiera eyacular sobre su boca, como creyó que pasaría, fue empujado por Yuuri a la cama y recibió el beso ansioso de su pareja, quien se subió sobre él sin darle tregua. Víctor soltó un jadeo ansioso debido a la sorpresa, pero fue capaz de responder en medio de la confusión a lo que su cuerpo buscaba en ese momento. Ayudado por su propia saliva, Yuuri masturbaba el miembro de Víctor con su mano, mientras le besaba con tal intensidad que Víctor ya estaba hecho un manojo de puras sensaciones. No creía aguantar más.

Entonces lo sintió. Víctor enarcó la espalda cuando llegó al clímax, corriéndose copiosamente sobre su mano. Luego se dejó caer sin fuerza para recuperar el aliento, y Yuuri lo soltó para detenerse a observarlo. Desaliñado y enrojecido, Víctor debía representar la imagen de la sensualidad encarnada. Yuuri le miró con sus ojos cerrándose del cansancio, pero tenía una sonrisa agradada por haberlo logrado. Él también estaba contento por el arrebato.

—¿Nunca pararás de sorprenderme, cierto? —Víctor se sintió relajado al disfrutar de las corrientes del orgasmo que se disipaban junto al calor. Le sonrió y alzó su mano para acomodar el cabello de Yuuri quien estaba despeinado. Este se limitó a renegar.

—Nunca.

—Me hubiera gustado ser el objeto de tus prácticas. —Yuuri se acercó para dejar un último beso sobre sus labios.

—Me ponía nervioso y me frustraba por hacerlo mal. Quería… quería satisfacerte.

No pudo evitar reír de felicidad al escuchar a Yuuri decirlo, mientras se acomodaba contra su hombro y lo abrazaba de vuelta. Después rodó para que Yuuri cayera en la cama, y lo vio soltar un largo bostezo que denotaba su profundo cansancio. Se dedicó a peinarle el cabello, y ver como el cansancio se robaba la luz de Yuuri, para invitarlo a dormir. Parecía que todo lo que quería era cumplir con ello para dejarse vencer por el sueño; Yuuri siempre llevando su cuerpo más allá de sus límites como un tributo a él.

Contento, lo abrazó suavemente y le permitió un momento de descanso, mientras él también aprovechaba para recuperar el aire. Sin embargo, no pudo contener el impulso de dejarle besos en su mejilla como agradecimiento. La felicidad que sentía no tenía nombre.

Tiempo después, ambos se encontraron acostados en la cama, con las cobijas cubriéndolos y las luces en baja intensidad. Las llamas artificiales de la chimenea dejaban rastros en rojo sobre la piel desnuda de Yuuri, mientras respiraba contra su pecho ya dormido. Los dedos de Víctor jugaban peinando los mechones negros de su pareja y con la otra mano llevaba pedacitos del chocolate hechos por Yuuri a sus labios, saboreando un tipo de felicidad que jamás creyó poseer. En sus veintiocho años de vida, por primera vez sentía que tenía todo lo que podría considerarlo un ganador.

Todo estaba allí.

Y sí, al amanecer cuando fue él quien estuvo rendido por el sueño, con aún el sabor pastoso de los chocolates que había comido en la noche, pudo sentir a Yuuri dispuesto a iniciar el día tal como él había pensado que terminaría la noche. Soltó una risa somnolienta, al sentir el peso de su pareja sobre su ingle y la manera en que su trasero se restregaba para despertarlo. También los besos que caían sobre su cuello y hombro, y las caricias que dejaba confiadas sobre su torso.

El te amo ronroneó contra su pecho, y luego se escuchó en ambas voces, al unísono. Víctor dejó que sus manos tuvieran vida propia y se entusiasmó con la idea de amasar los glúteos mientras ahora respondía a los besos con sus labios.

—¿Te gustó el chocolate? —preguntó, aunque era evidente la respuesta porque el envoltorio estaba vacío al lado de la cama. Víctor sonrió y más despierto, le dio vuelta para caer encima de el y sujetar las caderas de Yuuri

—Sí, pero aún no me como mi favorito.

Yuuri rio, se abrazó de su cuello y lo instó a besarlo una vez más. Víctor estuvo seguro de que eso era todo lo que quería en esa vida.


Notas de autor:

Me alegra poder traerles este especial de San Valentín, para disfrutar de esta época, que mejor que con mi pareja favorita. Sukha tenía ya días deseando escribirlo más no había pidió. Sacrifiqué un poco del tiempo de Matryoshka para esto. Espero que les guste.

Para los que quisieran saber lo que pasó con Yuuri ese día que estaba tan cansado, les recomiendo ver el último oneshot del libro "Nosotros" que escribí en la Victuuri week del año pasado.

Esta pareja ganó el segundo lugar de la mejor ship en los YOIArwards y quería celebrarlo de algún modo. ¡Me gusta verlos así! No solo sensuales, sino con toda esa complicidad y ese respeto mutuo. Espero lo disfruten tanto como yo.


GI.21: ¡Hola! Mil gracias por tu comentario. Tienes toda la razón al respecto, ese era el principal temor de Victor, que Yuuri tomara esto como una razón para retirarse y alejarse de él. Le daba más miedo perderlo que lo que pudiera ocurrir con su carrera. ¡Me alegra tanto que te este gustando estos cortos trabajos! Me gustaría tener más tiempo para tarer más. Pero espero que etsos los disfrutes. ¡Muchas gracias por comentar!