Link, tanto padre como hijo, vieron como las princesas caían y en lugar de huir, corrieron con la intención de poder salvarlas, moviéndose entre una multitud de gente que corría en dirección contraria como manada. Para su suerte, lograron divisar algunas carretas con cargamento de paja, por lo que rápidamente las colocaron de tal forma que amortiguara la caída de las doncellas.
-¿Así es como acabará todo?- pensó Midna, tomando la mano de Zelda y cerrando fuertemente los ojos.
Repentinamente sucedió algo inesperado, de un momento a otro la caída de las princesas se detuvo a tan solo unos metros del "colchón" de paja que habían colocado, la razón era que la Twili flotaba, sosteniendo a la princesa de Hyrule.
-Midna…- dijo Zelda, sorprendida de lo que veía. – ¿Cómo es que...
-Yo…no lo sé- respondió, tan sorprendida como su prima.
A lo lejos, los provenientes de Ordon las observaban atónitos, sobre todo el menor, pues aquella chica que resultó ser una princesa ahora también podía volar.
-¿Es posible algo como esto?- preguntó el castaño, sin poder creer lo que veía.
-Así que ya ha empezado a descubrir sus habilidades- pensó el mayor, sonriendo ligeramente.
-¡Oye, te estoy hablando!- le grito Link a su padre.
El rubio lo miró unos instantes, hasta que repentinamente se escuchó un estruendo en las puertas de la ciudadela y el cuerpo de un soldado cayó donde ellos se encontraban.
-No hay tiempo para explicaciones, vamos por ellas- dijo, corriendo con la intención de auxiliar a las princesas.
-No puede ser, ahora le dio por jugarle al héroe- se dijo el castaño a sí mismo para después darle alcance.
-Midna, no sé cómo lo haces pero intenta bajarnos- dijo Zelda, tratando de no ver hacia abajo.
-E…eso quisiera, pero no sé co…- decía, hasta que dejó de flotar y prosiguieron con su inevitable caída, cayendo entre el montón de paja.
-¿Te encuentras bien, Zelda?- preguntó la chica de ojos carmesí.
-Sí, afortunadamente caímos aquí- respondió la soberana de Hyrule.
-Princesas- dijo un rubio oji azul, llamando la atención de ambas.
-Tú eres…- atinó a decir la rubia, reconociendo enseguida a aquel hombre.
-¡No tenemos mucho tiempo!- advirtió un joven castaño tras el mayor.
-Las presentaciones para después, ¡deben ir a un lugar seguro, ahora mismo!- decía, mientras se escuchaban varias explosiones en los alrededores.
Sin decir una sola palabra más, la princesa de Hyrule se levantó enseguida al igual que su prima, tenía que sobrevivir y no desperdiciar la vida que su padre trató de proteger a costa de la suya.
-Debemos ir al refugio que hay bajo el castillo, ahí estarán a salvo- dijo el mayor, mientras corrían por las devastadas calles de la ciudadela.
-Espera, ¿cómo sabes de la existencia de ese lugar?- preguntó la princesa menor, pareciéndole extraño que aquel hombre supiera sobre ese sitio.
-¿Te volviste loco, viejo?- preguntó Link, totalmente incrédulo de lo que decía el mayor.
-Ya les dije que estas cosas serán después- respondió el rubio, vigilando que nadie los siguiera.
-No puedo seguir a…- decía la chica de piel azulada, hasta que su prima la tomó de la mano, llamando su atención enseguida.
-Midna, podemos confiar en él, no te preocupes- dijo Zelda, incrementando la curiosidad de ella por saber quién era ese hombre.
-Está bien- respondió, aun sin estar completamente segura.
Repentinamente, uno de los guardias fue estrellado contra la pared por un caballero de pesada armadura y un hacha de doble filo.
-Maldición- pensó el rubio, deteniéndose súbitamente al igual que el grupo que lo seguía.
El imponente caballero los observó y comenzó a caminar hacia ellos, para desgracia del grupo no podían evitarlo, pues ese era el único camino hacia el refugio.
-Link, cuida de las princesas, yo me ocuparé de este tipo- dijo el mayor, tomando la espada que tenía el inconsciente caballero.
-¡Aguarda!, estas demente si crees que tienes una oportunidad contra esa cosa- decía el castaño, pero su padre simplemente lo ignoraba. – ¡No eres un caballero, maldita sea!
El rubio se detuvo frente al imponente rival sin temor alguno, se permitió jugar un poco con la espada, demostrando un gran dominio de esta. – Esto me trae recuerdos, lastimosamente, no son muy agradables… – pensó, preparándose para pelear.
El caballero corrió hacia él lo más rápido que la pesada armadura le permitía, cuando finalmente lo tuvo demasiado cerca, preparó su hacha para partir verticalmente en dos al rubio sin que este se moviera.
-¡Muévete!- gritó el castaño, al ver que su padre no reaccionaba.
Justo cuando el hacha iba a caer sobre él, Link se movió con suma agilidad, logrando que la enorme arma se quedara atascada en el suelo, sin que el rival pudiera sacarla con rapidez.
-Tú armadura es perfecta, excepto por un pequeño detalle…- decía el rubio, lanzándose hacia su enemigo para clavarle la espada en el cuello.
El cuerpo del caballero cayó inerte, sin embargo, no había rastros de sangre a pesar de la mortal herida, en su lugar simplemente el cuerpo comenzó a desvanecerse.
-No es posible… sólo había alguien capaz de crear estas cosas…- pensó, hasta que otro estruendo lo sacó de sus pensamientos. – Tch, sigamos, no podemos perder tiempo – dijo, mientras los demás sólo asintieron y lo siguieron.
-¿Qué está pasando aquí?- pensaba el castaño, sospechando que el mayor le ocultaba algo.
Recorrieron un tramo bastante extenso mientras que los caballeros de Hyrule trataban de defender la ciudadela, finalmente tras momentos de angustia y desesperación lograron llegar al refugio, sólo que a Link y su hijo no los dejaron proseguir como era de esperarse.
-¡Esperen, ellos vienen con nosotras!- exclamó la princesa del reino, tratando de salvarlos a ellos también.
-Lo siento, mi señora, pero nuestra prioridad es protegerlas a ambas- le dijo el capitán, mientras las escoltaba a las profundidades del castillo. La princesa miró por última vez a aquel rubio mientras bajaba por unas largas y oscuras escaleras.
-¿Y ahora qué?- preguntó el castaño, observando el humo que se levantaba en las alturas por los incendios.
-Es momento de volver- respondió el mayor, para tranquilidad del chico.
-Por fin, pero antes quiero…- decía, hasta notar que su padre se cubría el cuerpo con una armadura. – Oye, oye, ¿qué demonios estás haciendo?, ¿no se supone que regresaríamos a Ordon, lejos de todo esto? – dijo, siguiéndole a una armería cercana al lugar.
-No es el momento de huir, volveré a la lucha, tú quédate aquí hasta que vuelva- le respondió, tomando un escudo.
-Oiga, ¿acaso saber usar eso?, campesino- dijo uno de los caballeros que pasaba por el lugar.
-Mejor de lo que imaginas, además, veo que un poco de ayuda no les caería mal- sonrió, guardando la espada en la vaina.
-No te vayas a morir, campesino- se burló aquel caballero, acto seguido se alejó.
Cuando se dio cuenta, el menor ya había tomado una espada e intentaba colocarse una cota de malla sin tener éxito.
-¿Qué haces?- preguntó el rubio seriamente.
-Si crees que te dejaré ir a que te mates, estás loco, iré contigo- le decía, luchando aún con la cota de malla.
El mayor sonrió divertido, sabía bien que si se oponía lo ignoraría como era su mala costumbre, así que se acercó para ayudarle a colocársela, además de añadirle protección para los brazos, pecho y manos.
-Esto será arriesgado y nada nos asegura salir con vida, como tu padre, no debería dejarte hacer esta estupidez, pero sé que tampoco me escucharás- decía, sonriendo por la mirada orgullosa de su hijo. – Vamos, y la regla de oro es: no morir – finalizó, caminando en dirección a puerta de la ciudadela.
-Intentaré…- pensó el chico castaño, siguiendo a su padre.
Durante el camino se toparon con un verdadero caos, algunas casas ardían y los puestos de los comerciantes estaban hechos pedazos, en algunos incluso había cuerpos de los caballeros que habían caído en batalla.
A medida que se acercaban, los estruendos y choques del acero comenzaban a resonar con más fuerza, la resistencia del reino de Hyrule comenzaba a sacar terreno poco a poco frente a una invasión implacable.
-¿Cuál es la situación?- preguntó el rubio.
-¿Y tú, quién eres?- preguntó el caballero al mando.
-Eso no importa ahora, debemos proteger al reino y a la princesa a como dé lugar- respondió Link con determinación.
-Superamos claramente en número, pero estas bestias… son algo que nunca antes había visto, tienen una fuerza sobrenatural…- decía el líder, observando como los caballeros batallaban en el campo de Hyrule.
-¿Qué hay del arma de asedio?- preguntó, desenvainando la espada.
-Logramos destruirla, afortunadamente era la única- respondió, mirando al frente.
-Bien, acabaré con esto ahora mismo- dijo el rubio, después silbó una melodía que resonó por parte dela ciudadela, en cuestión de segundos apareció Epona a todo galope, deteniéndose frente a su amo.
-Los siento, chica, te prometí no volver a llevarte a estas cosas, pero no hay opción- decía, mientras la acariciaba con suavidad, después se montó sobre ella y se preparó para salir al campo de batalla.
-¡Espera!, ¿y yo qué?- preguntó el castaño, observándolo con el ceño fruncido.
-Tú defiende aquí, niño- rió su padre, seguidamente arreó a Epona y salió rumbo a la batalla.
-¡Oye!- gritó Link. – Maldición, no es la primera vez que me hace algo similar – se dijo a sí mismo.
El rubio galopaba rápidamente entre la ferviente lucha que había en las puertas de la ciudadela, abriéndose paso entre la interminable línea enemiga, alzó la mirada y pudo ver algo que lo dejó atónito por unos instantes.
-Entonces, él ha vuelto… Majora- pensó Link, frunciendo el ceño al ver el estandarte del diabólico rey.
Justo entre esos estandartes se encontraba una criatura de gran tamaño, tenía la forma de un antiguo guerrero, pues así lo delataba la forma de su escudo y espada, por la forma en que las demás criaturas lo custodiaban, supuso rápidamente que él era el líder del asalto.
-Si logro matarlo estoy seguro que las fuerzas enemigas retrocederán- se dijo el rubio a sí mismo, seguidamente galopó hacia donde se encontraba la criatura eliminando la resistencia con una facilidad abrumadora, cuando estuvo lo suficientemente cerca se paró sobre Epona y saltó hasta él dando un tajo vertical.
El extraño guerrero bloqueó el ataque con su escudo, haciendo retroceder a Link unos cuantos metros.
-Vaya, parece que claramente eres distinto de tus súbditos- comentó el rubio, preparándose para volver a atacar.
-Mi nombre es Odolwa, el rey Majora gobernará esta tierra, no importa lo que hagas- dijo el guerrero con voz de ultratumba.
-Ya lo ha intentado una vez y falló, no permitiré que haya una segunda ocasión- advirtió Link, corriendo hacia la criatura para asestar su siguiente golpe, sin embargo, aquel guerrero clavó su espada en el suelo, y tras pronunciar unas palabras en otra lengua, un sello paralizó al rubio por completo.
-Mierda, ¿por qué no puedo moverme?- decía, intentando mover algún músculo de su cuerpo sin éxito.
-Este será el inicio del fin- decía la criatura, acercándose a él con la intención de matarlo.
-¡Padre!- gritó el castaño, al ver que éste se encontraba en apuros, tomó un caballo de los que se encontraban cerca y fue en su ayuda.
-Demonios…- decía el rubio, mientras aquel guerrero sacaba una daga.
-Descansa en el país de los muertos, héroe- dijo la criatura antes de intentar enterrarle la daga en el corazón, sin embargo, una flecha impidió que esto sucediera.
Repentinamente, una legión de caballeros con estandartes de los reinos del Oeste apareció, apoyando al reino de Hyrule en su lucha contra las monstruosas criaturas.
-Será en otra ocasión…- y tras decir esto, aquel guerrero hizo sonar un cuerno que simbolizaba la retirada.
El sello se rompió y Link cayó de rodillas al suelo, parecía como si las fuerzas se le hubieran ido, poco a poco los monstruos comenzaron a retirarse hasta desaparecer de la vista de los caballeros, los cuales, celebraron la victoria.
-¡Padre!- gritó el castaño, llegando al lado del susodicho. – ¿Te encuentras bien? – le preguntó, ayudándolo a levantarse.
-Sí, solo me siento muy débil- respondió, manteniéndose de pié con un poco de dificultad.
De pronto, frente a ellos se detuvo un imponente corcel en color blanco, y sobre él montaba un hombre de cabello rojizo, piel clara y ojos azules.
-¿Se encuentra bien?- preguntó aquel hombre.
-Sí, ¿Quién es usted?- preguntó el mayor.
-Mi nombre es Ganondorf, rey de los reinos del Oeste, por el Desierto Gerudo-
Si has llegado hasta aquí seguro estás pensando "Ganondorf blanco, bueno y ojiazul? WTF!?" pues esa es apenas una de las sorpresas que tiene esta historia, batallé mucho en pensar si respetar las habilidades y el mundo mágico de TLOZ o quitarlo, al final preferí mantener lo de la magia intacta como se podrán haber dado cuenta, además de incluir a Majora en esta historia, créanme que a partir de ahora nada será lo que parece :3
Xstep: me alegro que te guste! y claro que voy a seguir escribiéndola, se pondrá chidori esta historia jajaja :v nos leemos luego.
SEBAS GG: Yep, regresaré las veces que sea necesario para terminar los fanfics, este lo escribí más largo, espero que se note porque a veces ni se ve xD hasta el próximo cap.
LordFalconX: Ya vez, esta ocasión no fueron mil años, fueron... como dos semanas creo :v como ya anuncié, las cosas se pondrán mejor, y como no me gusta dejarlos con la intriga (que se note el sarcasmo xD) lo corté hasta aquí :P al menos el sensual ganondorf ya apareció jajaja bno, nos leemos hasta el siguiente cap, que los dragones del crepúsculo (no los de Midna xD) te guíen por la oscuridad Bv/
Si por ahí me comí unas letras, disculpen, siempre se me logran colar algunos fucker errores -_- hasta la próxima.
