Notas del autor: Monster musume no me pertenece, esto solo es una obra de ficción por parte de un fan
Capitulo 4
POV James
Ahora me encuentro rodeado de otros… seres, criaturas, he decidido no referirme a ellas como monstruos pues el único monstruo aquí soy yo, creo que me referiré a ellas por lo que son, mujeres.
Después de que dejara ir una paloma mensajera con el mensaje cumplí con mi misión… pero ahora no puedo volver, no sé cómo volver, por esto mismo decidí quedarme aquí junto a Erika y esas mujeres araña, cuando me decidí y se lo dije a Erika no tardo en demostrar su emoción abrazándome y haciendo que me dolieran las heridas, llamamos a Carolina la mujer araña que se desempeña como enfermera en esta especie de pelotón, ella termino de curar la herida en mi pierna y curo mi hombro, ahí me dijo que esa tal Madame Marie podría hacer que mis heridas queden totalmente curadas, aunque menciono plantas y magia, la verdad es que no soy de aquellos que cree en tales cuentos… pero el encontrar a estas mujeres ya me hacen dudar si esas historias tienen algún trasfondo real, ahora me encuentro sentado a un lado de una pequeña fogata en un espacio de esta trinchera, Carolina me consiguió un recipiente metálico sin agujeros, ahora preparo el café de mi ración personal, con esto recobrare energía, Alexandra me dijo que compartirán parte del venado que cazaron, mientras esperaba Erika permanecía acostada en el suelo pero su cabeza estaba sobre mi pierna izquierda:
-¿Qué preparas?
-Es algo de café, me servirá para mantenerme despierto y con energía –solté un gran bostezo, ahora que la adrenalina no fluye por mis venas y mi vida no corre peligro comienzo a sentir el cansancio, hace días que no duermo- me alcanza suficiente para dos tazas ¿Quieres probarlo?
-¡Sí! Yo no saber que es café ¿Es bueno?
-Claro, te gustara
Mientras esperaba escuche pasos a mi flanco izquierdo, el instinto me hizo dirigir mi mano derecha directo a mi rifle, me gire levantando mi rifle pero me detuve al notar que era la pequeña mujer araña… la verdad es que no se si es una mujer o una niña, sus facciones son muy redondeadas y delicadas además del tamaño:
-T-tranquilo –dijo ella levantando ambas manos, se notaba nerviosa, su voz es muy suave… casi como la de una niña
-Disculpa, es un reflejo con los años, perdona pero no recuerdo tu nombre
-Cecilia, exploradora Cecilia
-James Bullock, regimiento 306° ¿Deseas algo de café? -dije mientras ella caminaba hacia mi hasta colocarse a mi lado izquierdo
-No gracias, no tomo
-Como quieras
Me acerque a revisar el recipiente… el olor a café recién hecho, un pequeño placer de la vida, saque de mis reservas un poco de azúcar, quizás a Erika no le guste el sabor fuerte del café negro. Tome mi taza de aluminio de mi cinturón así como la cantimplora, a esta le separe la parte de arriba y ahora funcionaria como taza, vertí el café en ambos recipientes, trate de rellenarlos casi igual, una vez servido le entregue la taza a Erika:
-Toma, está caliente así que espera un poco
Ella tomo la taza y olio el líquido:
-Esto oler bien
Deje la cantimplora a un lado, dejare que se enfrié un poco no quiero quemarme la lengua o mis labios:
-James –escuche hablar a Cecilia
-¿Dime?
-¿Cómo llegaste a este bosque?
-Mi escuadrón junto a otros 2 formamos parte de la división 77, debíamos de penetrar las líneas alemanas y entrar al bosque con el apoyo de los franceses a nuestro flanco izquierdo y más compatriotas americanos al flanco derecho… pero no fue así, quedamos rodeados en medio del bosque y fui enviado a entregar un mensaje para que dejaran de disparar la artillería, en mi intento de regresar al cuartel me perdí y Erika me encontró, ahora, estoy aquí, con ustedes
-¿Planeas irte y volver con tus compañeros?
-Así es, tengo que volver, solo así podre ver a mi familia -al decir esto vi de reojo como Erika me miraba, no pude ver su expresión
-¿Pero no nos dañaras verdad? T-t-tus bestias metálicas y-y cañones no nos buscaran ¿Verdad? –lo dijo con voz que solo expresaba nervios y miedo aun con ese uniforme y un rifle en su otra mano parece que de verdad me tiene miedo
Esa escena, esa mujer araña que asustaría a cualquiera aun con esos colores brillantes… aquella que considerarían un monstruo me tiene más miedo a mí o lo que podrían hacer mis compañeros… y no la culpo, ese miedo tiene una justificación de existir:
-No, yo sería incapaz de dañarlas, son intimidantes con esos cuerpos arácnidos pero no me han dañado sino todo lo contrario, aun cuando los odian a los humanos por haber causado tantos estragos a este bosque, su bosque ustedes me han dejado quedarme, curaron mis heridas e incluso me compartirán comida
-Alexandra siente odio hacia los humanos, pero no siempre fue así, antes de la guerra conocimos algunos hombres, exploradores que se perdieron como tú y hemos… nos hicimos amigas de algunos de ellos, incluso Alexandra conoció un hombre que la trataba bien, aunque al principio se aterro por su forma ese hombre se hizo muy amigo de ella… hasta que la guerra estallo, a partir de ese entonces no los hemos vuelto a ver, quizás estén muertos… los extraño, eran buenos hombres –dijo con un tono melancólico
Entiendo ese sentimiento, lo he vivido en carne propia:
-Comprendo lo que sientes, he tenido amigos en esta guerra, hombres con los cuales te puedes llevar bien pero que en un segundo… en un segundo pueden morir sin siquiera darte la oportunidad de despedirte
Los recuerdos pasaron por mi mente, aún recuerdo cuando murió Marck frente a mis ojos, tuvimos que dar marcha atrás cuando intentamos asaltar una trinchera alemana, bajo la lluvia de proyectiles corrí hasta nuestra trinchera y el venía detrás a unos cinco metros, le grite que corriese más rápido, incluso subí un par de escalones en esas escaleras dentro de las trincheras, estire mi brazo para ayudarlo… pero varias balas lo atravesaron, presencie como más de cuatro disparos atravesaron su pecho haciendo que se desplomase frente a mi, carajo, cada vez que recuerdo algo asi mis manos empiezan a temblar, debo controlarlas:
-Lamento eso, sobre tus amigos –escuche decir eso a Cecilia
-Gracias, espero que esos hombres vuelvan–mis manos dejaron de temblar y asi tome la cantimplora y le di un ligero sorbo al café, seguía caliente pero no demasiado, con esto deje escapar un ligero suspiro
Vi como Erika también le dio un sorbo algo grande, para luego presenciar como su rostro se arrugo ante el sabor:
-Esto saber raro, no me gusta
-Espera, déjame vierto algo de azúcar–vertí algo de azúcar en el café de Erika, lo suficiente para que cambiara de sabor- con esto quizás te guste
Tomo otro sorbo y esta vez pareció gustarle, eso y que lo siguió bebiendo como si fuese agua:
-Ahora saber mejor ¡merci! –otra palabra en francés, esa la escuche antes, creo que es gracias
-No hay de que Erika –dije dándole otro sorbo al café
-¡Cecilia, James, Erika! ¡La comida esta lista! –escuche gritar a Carolina
-¡Enseguida vamos! –Grito de nuevo Cecilia- será mejor que vengan a comer, el venado está fresco y Alexandra siempre lo sazona gracias a las provisiones de Madame Marie
-Ya vamos
Erika se levantó rápidamente de un salto, ella ya había bebido todo el café en su taza, yo guardare un poco para esta comida, me levante lentamente pues aún me duele mi pierna derecha cada vez que apoyo mi pie en el suelo, apague la hoguera, recogí el recipiente sosteniéndolo de una agarradera de este con un trapo, mi rifle colgaba de mi hombro derecho de su correa de carga y con ayuda de Erika camine siguiendo a la pequeña araña, esta brincaba de forma graciosa pero al mismo tiempo me impresiono lo mucho que salta, casi parece que puede saltar el triple o doble que su propio tamaño.
Caminamos por la trinchera en dirección a una gran cueva, la entrada era una especie de portal de madera y rocas muy rustico y cubierto con esa tela de araña gigante:
-Vamos, tengo hambre –dijo apresurada la pequeña
-Ya vamos, tú entra
La pequeña obedeció y camino rápidamente al interior de la cueva pasando por ese portal, al pasar cerré una gran puerta de madera, esta rechino en el momento en que la moví, con ayuda de Erika seguí caminando por la cueva, demasiado oscura pero al fondo note una luz, además del olor de especias de algo bueno siendo cocinado:
-Huele bien
-Debe ser delicioso –dijo Erika, note como parecía emocionada
Debo admitirlo, deseo probar algo de carne con un poco de sazón, llegamos hasta donde provenía la luz y ahí encontré un enorme espacio de forma ovalada, en el centro se encuentra una gran mesa rectangular a su alrededor lo que parecen grandes asientos de madera y hojas. En una de las paredes de la cueva se encuentra una gran estufa de leña, sobre esta lo que parecen cortes de carne de ese venado, a un lado de la estufa varios estantes en el suelo e incluso uno adherido a la pared, ahí Alexandra estaba revisando unos recipientes de vidrio, pude ver que estaba oliendo el interior de uno, los estantes además tienen latas y algunas cajas.
Al otro lado de la estufa hay otra mesa de metal, ahí estaba una de esas mujeres araña, está a diferencia de las que ya conozco posee piernas aún más largas, luce delgada pero parece ágil, no se su nombre:
-James –escuche a Carolina la cual se acercaba hacia mi- logre encontrar una silla para ti y Erika
-Gracias Carolina y gracias por el recipiente –dije entregándoselo junto al trapo
-No hay de que, tomen asiento -Carolina tomo el recipiente y se dirigió hacia Alexandra
Camine junto a Erika hasta donde se encontraban ambas sillas, me deje caer en una y deje escapar un gran suspiro, deje mi cantimplora sobre la mesa y acomode algunas cosas que colgaban de mí, arma, taza de aluminio, bayoneta y algunas bolsas para poder sentirme más cómodo, pude ver que otra de esas mujeres arañas con las piernas largas y otra similar a Carolina encendían lo que parecen ser velas las cuales colocaron en medio de la mesa por todo lo largo:
-No solemos iluminar la cueva porque podemos ver en la oscuridad, pero ya que ustedes no tienen esa habilidad colocamos estas velas
-Gracias –dije ante esto, es bueno ver que me traten en cierto punto bien
-No creas que hacemos todo esto para darte una buena impresión… James –escuche a Alexandra la cual vertió algo sobre la carne- lo hacemos por Erika, si ella siente tanto apego a ti tendré que tratarte bien, pero no abuses humano
-Lo tendré en cuenta, aun así, gracias por todo
Alexandra me miro de reojo y continúo con lo suyo, mire mi cantimplora y le di un sorbo pequeño al café aun caliente, sentí como Erika no soltaba mi brazo derecho, ella seguía con su brazo cruzando por el mío:
-Ya estoy sentado Erika, no necesitó que me ayudes a apoyarme
-Yo no estar ayudando… yo solo quiero estar cerca de ti –dijo esto pegándose más a mi cuerpo recargando su cabeza en mi hombro
Ante esto sonreí, esa mujer me provoca sentimientos cálidos, ternura por su forma de hablar, sus acciones que parecen en ocasiones las de un niño, además de sentir un inevitable cariño hacia ella… no me perdonaría si resulta lastimada o muerta en esta guerra, no como terminaron mis amigos… mierda, cada que recuerdo eso mis manos comienzan a temblar, ante esto las escondí bajo la mesa, no quiero que Erika note esto, no quiero que se preocupe.
Pude presenciar como cada mujer comenzó a acercarse a la mesa, Cecilia se colocó al lado derecho de Erika mientras que Carolina a mi lado izquierdo, pude ver como Alexandra comenzó a caminar hacia la mesa con una gran bandeja en la cual se encontraban varios pedazos de carne de gran tamaño, coloco la gran bandeja en el centro de la mesa, mientras una de las mujeres de piernas largas coloco un plato de madera frente a cada uno de nosotros, ahí Alexandra comenzó a repartir los cortes de carne, los más grandes a sus compañeras y Erika, a mí me entrego los que lucen más pequeños o con un hueso grueso, pero aun así suma la misma cantidad de carne… espero, pero no puedo quejarme, esta carne huele y luce muy bien.
Pude ver como Alexandra se colocó frente a mí, la otra mujer que se parece a Carolina se sentó a su lado izquierdo, las otras dos mujeres de piernas largas repartieron tazas de aluminio para sus compañeras y Erika, en estas vertieron agua, yo me quede con mi cantimplora con café. Estas últimas mujeres tomaron asiento y con esto comenzamos a comer.
Tome uno de los pedazos de carne y le di un mordisco… debo de decir que sabe bien, el sazón hace que le dé un sabor muy bueno a comparación de la carne enlatada o el pedazo de carne que me dio Erika. Toda esta comida fue silenciosa, pero pude ver como las mujeres mantenían la mirada en mí para luego desviarla, la única que no la desvió fue Alexandra, mantenía su mirada fija en mi mientras masticaba la carne, por esto mismo quise romper el silencio:
-Alexandra esta carne sabe muy bien
-Gracias –dijo secamente
Ante esa respuesta y el tono en lo que la dijo se que no quiere hablar, solo seguiré comiendo, note como Erika comía deprisa, reí en mi interior con eso, sujeta con ambas manos la carne como si fuese a escapar, la mantiene sobre el plato y luego entierra sus dientes en ella arrancando pedazos grandes masticando con la boca cerrada, me resulta entretenido verla comer, es extraño:
-James –escuche a Alexandra- ¿Qué planeas hacer si te llevamos con Madame Marie?
-Cecilia me dijo que ella podrá reponer mis heridas por completo, deseo saber si accede a curarme y después de eso quizás irme, sé que eso es lo que quieren, yo debo irme, tratar de volver con los aliados, seguir con esta guerra hasta terminar de una vez por todas… ya no quiero que alguien más muera he visto horrores y vivido demasiadas penurias –maldita sea me está pasando de nuevo, mis manos comenzaron temblar en el momento en que sostenía la cantimplora con café, por el movimiento derrame algo de cafe
Las presentes notaron esto, me miraron extrañadas y Erika se mostraba mas preocupada:
-¿Estas bien? –pregunto Erika
-S-sí, es solo, solo un reflejo… recordar me está haciendo daño, pero no te preocupes
-Todos hemos pasado por eso James… no eres el único, hemos tenido que matar y robar… no lo hacemos con gusto –dijo Alexandra, note el tono de su voz- todo por la culpa de ustedes humanos –ahora su tono cambio a uno de furia- ¡Por su culpa estamos sufriendo! ¡Todo por esta guerra que ni siquiera iniciamos! ¡Ahora debemos de sobrevivir, matar, robar e incluso secuestrar, nunca deseamos esto! ¡Nunca deseamos vivir con miedo, tener que salir con cuidado, robar y correr el riesgo de que nos asesinen!
-No son las únicas –dije en un tono seco- Ustedes no han pasado por lo que he vivido… comparado a lo que he tenido que hacer, ustedes tienen suerte
-¡Suerte! ¡Me estas jodiendo! –esta vez golpeo la mesa con ambas manos
-Capitana tranquila –dijo Carolina suavemente hacia Alexandra
-¡No me calmare cuando este… este humano dice tal cosa! ¿¡Suerte!? ¿¡A esto llamas suerte!? ¡Vivir en una cueva y tener que fabricar un refugio, trinchera y trampas! ¡Salir y tener que asaltar campamentos militares, matar gente, robarles, tener que saquear cadáveres putrefactos! ¿¡Eso es suerte para ti!?
Apreté mis temblorosas manos, aquello que dice me hizo sentir furioso:
-¡Tú no sabes lo que estás diciendo mujer! –Grite mientras me levantaba, no igualo su estatura pero me impuse lo más que pude- ¡Este lugar es una paraíso comparado a una maldita trinchera de verdad! ¡Ustedes no han vivido lo peor de esta guerra!... y por eso las considero suertudas, no lo entenderán –de nuevo los recuerdos me atormentaron y con esto mis manos temblaron, la respiración irregular y el dolor en mi pecho se hicieron presentes- ustedes no han tenido que vivir en una trinchera apretada, entre lodo, tierra y enfermedades… con miedo de asomar tu cabeza y que un francotirador la vuele, no saben el miedo y pánico que se genera cuando escuchas al oficial gritar ´´¡Hoy atacaremos la trinchera enemiga muchachos, preparen armas y bayonetas!´´… escuchar ese maldito silbato y tener que escalar una pequeña escalera, correr ciegamente bajo una lluvia de proyectiles de artillería, balas y granadas, tener la maldita suerte de pasar por un agujero provocado por la artillería y que en un instante podrías desaparecer… -mis manos se volvieron incontrolables, mis labios temblaban y el sudor se volvió frió- recoger a un compañero herido el cual grita por ayuda y que en un instante una bala atraviese su cabeza, ver como tus camaradas son acribillados porque se atascaron en el alambre de púas… o presenciar el asalto feroz de los tanques, bestias de acero que aplastan las líneas enemigas… o aliadas –mi respiración se volvió aún más irregular- ¡Correr con tu amigo herido en brazos, aquel con el que jugabas en el barrio y pasabas buenos momentos, correr hacia la trinchera y tratar de salvarlo para que en un jodido segundo una maldita bala le atraviese la nuca y lo asesine en tus brazos… gritarle por que despierte!
El seguir pensando en eso me derrumbo, caí sobre mi asiento y comencé a llorar… derrame lagrimas como nunca, trate de cubrir mis ojos con mis manos temblorosas que ahora se volvieron inútiles, mis labios temblaban y el frió sudor recorre mi cuerpo… en ocasiones faltándome el aire y dejando de respirar:
-¡No sabes que es el pánico de una estúpida victoria! –Seguí en medio de mi llanto- ¡P-p-pensar que la t-t-trinchera enemiga está dominada y-y-y-y que las latas de g-g-gas mostaza se detone envenenándote y d-d-d-dándote una muerte lenta y dolorosa –ahora tartamudee… estoy perdiendo el control- ¡Maldita sea solo quiero volver a mi hogar con mi madre y hermanas!
Y con esto perdí el control, ahí yacía llorando sentado… recordar tanto me daño, perdí el control de mis extremidades y mente, mis manos y brazos temblaban por completo, me cubrí de un sudor frió y las lágrimas no dejaban de salir, grite en ocasiones para que el aire pudiese entrar cada vez que me faltaba… seguí en ese llanto por demasiado tiempo… pude recobrar el control recordando, recordando porque lucho, porque el caos de la guerra acabe, que los inocentes no sufran o que no sean dañados, que las muertes de valientes guerreros no sean en vano y que personas como Erika puedan vivir en paz de nuevo... que estas mujeres araña vivan en paz de nuevo, acabar con esto y regresar como un héroe y morir como tal. Comencé a regular mi respiración, mis manos siguieron temblando pero ahora podía controlarlas, deje de mirar al suelo y tome un poco de valor para dar la cara, después de haber estado en tal llanto, mostrarme débil e inútil…valla héroe, al alzar la mirada solo presencie a esas mujeres con ojos llorosos, algunas me miraban incrédulas y con gran tristeza… Alexandra no es la excepción, pero ella muestra señales de haber derramado pocas lágrimas, Erika me miraba espantada, con lágrimas en su rostro se arrojó a mi dándome un abrazo, por algún motivo ese contacto físico me hizo sentir incomodo al principio pero después… después sentí algo cálido, parece que ella puede arreglar todo con tan solo un cálido abrazo y el par de ojos azules que posee:
-Y-yo, lamento que r-recordaras eso –escuche hablar a Alexandra- es solo que… antes... yo... solo –ella dejo escapar un grito de frustración y corrió hacia la entrada de la cueva
Ante esto una de las mujeres de piernas largas siguió a Alexandra, las demás permanecieron ahí, en silencio, limpiando sus rostros:
-Lamento eso señoritas, no pude controlarme
-D-descuida James –hablo una de las mujeres de piernas largas- Alexandra en ocasiones pierde el control… lamento lo que has tenido que vivir
-Gracias… espero no hayan perdido el apetito por mi culpa
-No te preocupes aún tenemos hambre
Con esto solo suspire y tome la cantimplora con café… ya estaba frió, no importa, necesito más la energía que me proporcionara, deje de nuevo la cantimplora en la mesa con manos temblorosas, Erika aun permanecía pegada a mí en ese abrazo:
-Te lo agradezco Erika –dije poniendo mi mano derecha en su hombro- ya me siento mejor
-Y-yo no quiero que James llore, p-por eso abrazarlo
Lo que dijo hizo que se me dibujara una sonrisa… y pensar que por un momento pude jalar el gatillo y asesinar a esta mujer solo por su apariencia intimidante… quizás soy un monstruo:
-Está bien, te lo agradezco enserio, sigue comiendo, no querrás que se enfrié mas y no sea sabroso
Ante esto ella dejo escapar un sonido de aprobación y se colocó al frente de su plato comenzando a comer de nuevo, pero no en la forma que lo hacia antes, las demás mujeres siguieron comiendo, ahora se sentía esa aura pesada, ese silencio incomodo, el único sonido era nuestra respiración y dientes triturando la carne. Terminamos de comer y acabe con el resto de café en mi cantimplora, la cerré y uní de nuevo a mi cinturón, tome el hueso y se lo di a Erika, me saco una sonrisa ver que lo recibió alegre mordiéndolo con emoción:
-James –escuche la voz de una mujer, era esa mujer de piernas largas que acompaño a Alexandra, lleva puesto un uniforme francés- Alexandra quiere hablar contigo afuera
Ella camino hasta mí y me ayudo a levantarme, Erika estaba a punto de levantarse, incluso soltó el hueso que le di:
-Tranquila, ya volveré aquí quédate
Ella me miro con ojos preocupados pero obedeció tomando asiento de nuevo y siguió ruñiendo el hueso que le di, con esto la mujer araña me ayudo a caminar y guió hasta la salida de la cueva, empuje la puerta y ahí vi a Alexandra de espaldas, estaba bebiendo algo en una taza de aluminio:
-¿Quieres hablar conmigo?
-Si, Jasmine por favor déjanos solos
-Si señora –esa mujer llamada Jasmine comenzó a ayudarme para quedar a un lado de Alexandra
-Yo puedo solo, gracias –ya me harte de que tengan que ayudarme a caminar, me apoyare en estas paredes de trinchera improvisadas
Camine difícilmente hasta quedar al lado derecho de Alexandra, ahí apoye mi espalda contra una pared de la trinchera:
-Yo… yo lamento haber dicho eso y hacerte recordar –note el líquido que bebía, café caliente
-No tienes por qué decir eso… decir que ustedes tienen suerte, fue estupido de mi parte, no creo que sea suerte que un grupo de civiles, por mas intimidantes que parezcan, tengan que sobrevivir tras líneas enemigas estos años… también lamento que escucharas todo lo que dije, todo lo que viví… perdí el control no debían de saber eso, es algo que no quieres siquiera imaginar
Ella dio un sorbo largo al café y dejo escapar un suspiro:
-Es solo que… extraño los viejos tiempos, salir a revisar las telarañas por si algún animal cayo en ellas, cazar alguno junto a Jasmine y Kelly, asustar a la pequeña Cecilia y que salte varios metros en el aire, encontrar algún hombre que no se espante, se desmaye del miedo o que te dispare… posiblemente ser amigos o incluso algo mas –esto lo decía con un tono melancólico, dio un ligero sorbo al café y continuo- visitar a Madame Marie y que nos regale cosas de poblados humanos que ella visita, jugar con aparatos extraños o ayudarla con los animales y pequeñas cosechas de su granja
-Se de lo que hablas… he pasado casi dos años en esta guerra y a veces recuerdo el pasado… me parece una farsa, levantarte, asearte, comer junto a tu familia y asistir al trabajo, volver a casa y descansar… pasear sin miedo por las calles, saludar a tus amigos o vecinos… a veces veo el pasado y pienso que todo eso fue una ilusión, un sueño
Después de esto mire al suelo… quizás algún día eso que consideraba una vida aburrida vuelva… fui un imbécil al pensar que en esta guerra llegarían grandes aventuras y forjaría una leyenda:
-Sabes… quizás te subestime –dijo Alexandra, ella dejo caer la taza de aluminio al suelo- al principio pensé que eras un humano debilucho, por eso mismo deje que te quedaras… pero el que hayas sobrevivido por 2 años a todo eso… es de respetarse
-Gracias, pero yo recibí entrenamiento, en el caso de ustedes ¿Cómo aprendieron a luchar o usar sus armas?
-Espiamos a los alemanes por unos meses, podemos ver en la oscuridad así que siempre los espiábamos en la cobertura de la noche, escuchábamos conversaciones, los mirábamos entrenar… e incluso los secuestramos en ocasiones –ella se notó algo triste al decir eso- no estamos muy orgullosas de eso, pero sé que si nunca lo hubiésemos hecho y solo nos hubiéramos escondido ya estaríamos muertas, a lo largo de los años entrenamos e improvisando, incluso idee estrategias para agilizar nuestros movimientos nocturnos y ataques sorpresas
-Lo que hicieron es algo sorprendente, también algo que es de respetarse, entiendo porque te dicen capitana
Ella dejo escapar una pequeña risa y esta vez se giró hasta encararme directamente, será mejor que le pregunte quien es esa tal Madame Marie:
-Esa mujer que has mencionado, Madame Marie ¿Quién es?
-Una verdadera persona, la más noble y amable que he tenido la suerte de conocer… antes de la guerra, una gran amiga, aquella que nos ayudó e incluso educo en ocasiones, se encarga de una granja escondida en este bosque, sé que ella encontró a Erika abandonada en el bosque cuando era una pequeña niña, cuida de ella y trata de educarla pero siempre sale al bosque y se queda ahí por unos días para volver como si nada
-¿Por qué lo hace?
-No lo se, Madame Marie es la que sabe bien todo sobre Erika… parece que ella te tiene gran aprecio
-Si…pero en un principio pensé que era un monstruo o un demonio… pero es todo lo contrario, noble, tierna… linda y pensar que la pude haber matado por solo su apariencia, soy un monstruo
-Tuviste la oportunidad de perdonarla James... yo no, yo soy el monstruo –al escucharla le dirigí la mirada curioso- una noche me separe de mis compañeros, un grupo de cinco alemanes nos habían visto, Jasmine y Kelly atraparon y eliminaron a dos de los cinco, yo corrí tras otro par, no soy tan rápida como mis compañeras de patas largas pero tuve la ventaja de pasar por encima de los obstáculos, lance una granada y elimine a uno de ellos mientras que el otro salió volando –ella pauso y miro sus garras, sus manos… y estas al igual que yo comenzaron a temblar ligeramente- no me había dado cuenta, pero ese grupo de alemanes… no todos eran adultos, los dos que yo perseguí, a los cuales les lance una de esa mortífera granada no eran nada más que… que… niños
Aquello que dijo hizo que las lágrimas comenzaran a recorrer su rostro… por dios:
-Vestían uniformes militares pero solo eran niños… aquel que murió por la granada no tenía más de 17 años y el que sobrevivió me miraba aterrado, me gritaba en alemán… ese niño solo tenía 16 años, no sé porque tenían puestos esos uniformes, estaban armados pero ni siquiera las usaron… ese niño que sobrevivió estaba sufriendo, la metralla de la granada lo hirió en su costado y pierna… gritaba mientras la sangre brotaba de su boca y se retorcía de dolor… no supe que hacer, no podía dejarlo ahí sufriendo y no se de medicina humana… lo único que podía hacer era acabar con su sufrimiento –ella miro sus manos y cruzo ambos brazos, como si se abrazara a si misma- ... yo nunca… yo nunca quise eso, yo solo quería asegurar que mis compañeras… mi familia no corra riesgo, no quería matar a dos niños
Ella comenzó a llorar, las lágrimas recorrían sus mejilla… su vista la mantuvo baja, mirando el suelo… esta guerra ha sacado lo peor de cada quien y nos ha torturado demasiado… no hay monstruos ni buenas criaturas, no hay buenos ni malos… solo personas, humanos y criaturas que tratan de sobrevivir como pueden con los recursos que poseen:
-Yo… lo siento por eso, todos hemos sufrido por igual en esta guerra, hemos hecho cosas horribles, lamento haberte gritado hace poco es solo... es complicado de decir
Alexandra comenzó a limpiar sus lágrimas y me miro de nuevo:
-Sera mejor que entremos… el sol comienza a ponerse, mañana temprano iremos al a granja de Madame Marie –se giro y comenzó a caminar hacia la entrada de la cueva, la puerta estaba cerrada
-Claro… ya voy
Me separe de la pared de la trinchera y trate de caminar, mierda, mi pierna sigue doliendo tendré que seguir apoyándome en otras cosas, camine lentamente apoyándome por la pared de la trinchera hasta que Alexandra me ofreció su gran mano:
-Déjame ayudarte James
-Gracias Alexandra
Apoyándome en su mano caminamos hasta el portal, empujo la puerta y seguimos por la cueva hasta llegar de nuevo a ese espacio que parecía un comedor, la gran mesa había sido retirada al igual que las sillas, las demás mujeres araña examinaban su indumentaria y armamento, parece que estaban sentadas o acostadas sobre hamacas de esa tela de araña, Erika permanecía a un lado varias velas encendidas, estaba enroscada en el suelo mordiendo el hueso que le di, pero cuando noto mi presencia se levantó de un brinco y corrió hasta mi:
-Tranquila Erika –dijo Alexandra frenandola- si corres así hacia alguien podrías asustarlo o derribarlo
-Yo querer estar con James ¿Ella hacerte daño? -esto ultimo lo dijo con un tono mas serio
-No Erika, solo discutimos algunas cosas, tranquila
-Está bien, yo ayudarte a caminar –en ese momento ella me tomo por mi cintura y yo me apoye en ella, Alexandra me soltó y le voltee a ver
Ella solo me regalo una ligera sonrisa y camino hacia sus compañeras, me di cuenta que Erika caminaba hacia una pared de la cueva ovalada:
-Yo ayudarte a sentarte
-Gracias Erika
Con su apoyo me senté recargando mi espalda en la pared de la cueva y dejando mis piernas estiradas, en ese momento Erika se acostó en el suelo y coloco su cabeza en mi pierna izquierda, la tenue luz me permitió mirar sus ojos azules… valla, no me cansare de verlos, le regale una sonrisa y ella hizo lo mismo:
-James, aquí están tus cosas –escuche a Alexandra, en su mano derecha sostenía mi rifle y casco, en su otra mano mi cantimplora
-Te lo agradezco –dije tomando mi rifle primero, lo deje a mi lado derecho y luego tome mi casco, ahora que me doy cuenta esta abollado, demasiado, no creo que me proteja de algún otro golpe
-Tenemos cascos alemanes de sobra, creo que son mejores que ese casco abollado
-Está bien –dije retirándome el casco y poniéndolo a mi lado derecho, pero note como Erika lo miraba con curiosidad- ¿Quieres ponértelo?
-¡Si! Pero ¿Para qué servir?
-Este casco sirve para proteger tu cabeza de los proyectiles enemigos o golpes–ella levanto más su cabeza y con esto me permitió ponerle la correa del casco y acomodarlo bien
Su pelo salía por los bordes del casco y ella lo movió con sus manos, después me miro con una sonrisa:
-Me gusta casco ¡merci! –dijo con una amplia sonrisa, ella se retiró el casco para analizarlo, lo miraba por los lados y pasaba sus dedos por las abolladuras y rasguños
Eso que hace, analizar un casco de acero capaz de detener una bala, tenerlo en sus manos y mirarlo con completa curiosidad como si fuese un niño examinando un juguete nuevo, me da una sensación cálida, mientras ella lo analizaba pose mi mano sobre su cabeza, ella no se inmuto, siguió analizando el casco, así comencé a acariciar su pelo suavemente, no parece molestarle.
Recordando lo que paso hace unas horas, el cómo perdí el control al recordar y ahora que lo vuelvo a pensar esa incomodidad volvió, mis manos no comenzaron a temblar pero me siento extraño, quizás ahora que pienso y analizo lo que ha pasado, lo que he vivido y hecho sin que mi vida peligre haga que sienta esto, que sienta la presión que viví, recordar lo que observe y ahora solo quiero permanecer aquí junto a Erika, acariciar su dorado y suave pelo despeinado, observarla a esos ojos azules, admirar su cuerpo esbelto.
Escucharla bostezar me saco de mis pensamientos, ella sostenía el casco con ambas manos y me miro de nuevo:
-Yo tener sueño, estar cansada
-Ahora que lo dices, debemos dormir, este suelo no es muy duro ¿Quieres dormir acostada? La última vez dormimos encorvados en tu madriguera –aunque ella fue la única que descanso esa ves, yo estaba demasiado preocupado por esos alemanes que escuche por la noche y permanecí despierto
-Yo querer dormir acostada junto a James, tu hacer que duerma caliente
Con esto sonreí, cada vez que la observo no puedo evitar sentirme atraído por su físico pero al mismo tiempo me siento enternecido por su manera de hablar y actuar:
-Está bien
Con esto acomode mis cosas a un lado, mi arma, cantimplora y taza de aluminio cerca de mí, trate de acomodarme recostándome de lado pero mi pierna o mi hombro comenzaban a arder del dolor, cuando por fin pude acomodarme boca arriba Erika me abrazo, ella se acostó de costado pasando su brazo izquierdo por debajo de mi espalda y su brazo derecho por encima de mi estómago abrazándome, su ala derecha me cubrió casi por completo y sentí como su cola paso sobre ambas piernas sin tocar mi herida. Quizás estaría más cómodo con alguna almohada, y como si me leyesen la mente una de las mujeres araña arrojo un par de almohadas, no pude ver quien fue pues estas colgaban desde arriba justo donde la iluminación de las varias velas comienza a desaparecer:
-Gracias –dije en voz baja pero la suficiente para que me escuchen gracias al eco
Tome ambas almohadas, la funda se sentía extrañamente suave y el relleno parece de algodón, al fin una almohada limpia sin garrapatas o pulgas, coloque una almohada debajo de la cabeza de Erika la cual no despertó pero tampoco aflojo su agarre sobre mi cuerpo, después coloque la otra almohada debajo de mi cabeza y la deje caer, ahora mismo me siento cómodo y por primera vez en mucho tiempo, seguro.
Notas del autor: Otro capitulo a la velocidad de la luz, ahora a contestar reviews
Arconte: Eso mismo me paso por la mente, pero Erika no dejaría que lo toquen
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