Cita de Ensueño
La señora Furukawa se encontraba preparando la comida para más tarde ese día, su concentración estaba enfocada en cortar de manera simétrica y pareja los diminutos jitomate que estaban esparcidos por toda la mesa frente a ella; los trocitos ya cortados, que daban la impresión de haber sido cortados por una Chef profesional con muchos años de experiencia, yacían dentro de un enorme tazón para ser usados después. Y la señora Furukawa no se creía una buena cocinera, simplemente le gustaba preparar la comida para el deleite de su familia, y se esforzaba al máximo; pero todos la alababan por sus increíbles habilidades.
Mientras ella seguía en lo suyo, el joven Taro bajó con gran sigilo las escaleras, se deslizó por el pasillo hasta llegar a la salida de la sala principal, no sin antes echarle una rápida mirada a su madre para que no lo descubriera; aunque, sinceramente, la señora Furukawa ya lo había escuchado bajar desde el momento que su pie tocó el primer escalón. Tenía mucha habilidad para saber en dónde se encontraban sus hijos; una verdadera madre que se preocupa por sus retoños puede hacer hasta lo imposible por ellos. La señora Furukawa dibujó media sonrisa y dejó que su hijo creyera que no se había dado cuenta de su presencia.
Taro abrió la puerta lentamente y salió silenciosamente a la calle; increíblemente su plan "Salió" a la perfección.
Taro cruzó la calle y se dirigió al parque de la ciudad, ahí donde hace muchos años jugaba con sus hermanos; al caminar por la calle, frente a él también transitaban dos chicas que venían de regreso de la escuela, el turno matutino recién terminó, y cuando pasaron junto a Taro ambas chicas no pudieron evitar voltear para verlo mejor; el joven Taro estaba vestido con una camisa gris oscuro perfectamente planchada, parecía nueva; un pantalón negro, cuyo color brillaba con gran intensidad, y al igual que la camisa, también estaba planchado; unas botas café oscuro limpias; y, como toque personal, su cabello estaba peinado hacia atrás con un poco de gel en el. Ambas chicas coincidían en una sola cosa: Ese chico frente a ellas, era muy apuesto.
Taro notó la forma en la lo miraban aquellas chicas con las hormonas alborotadas y no pudo evitar sentirse apenado, apresuró el paso y se perdió a la distancia.
Eso había sido algo nuevo para él.
Cruzó el parque, caminó unas cuantas calles más, y finalmente llegó al restaurante italiano "Angelo Della Pasta" que le comentó a Ruka, donde más tarde se verían para...para...
El simple hecho de recordar el porqué estaba ahí en esos momentos lo hizo ponerse mucho más nervioso y dudoso. Él se encontraba ahí para tener su primera...cita con una chica linda, en años. ¡¡MUCHOS AÑOS!! No lo podía creer, de ninguna manera; se sentía como...una escena de alguna película romántica, o en una de esas Novelas Audiovisuales que jugaba cada en cuando.
El aire fresco tocó su nariz con delicadeza, regalándole el increíble aroma de los árboles, el césped recién cortado, la tierra húmeda por los jardineros que la regaban en ese momento, el algodón de azúcar que vendía un señor del otro lado de la calle, y más que nada...de la rica pasta que estaban preparando dentro del restaurante. Taro se preguntó en esos momentos: ¿Cómo no extrañaba estar en el exterior?
—Oye, mira... —escuchó una voz femenina detrás de él. Taro se quedó quieto y fingió no escuchar—, parece que ese chico está en medio de una cita. Mira qué bien vestido se ve.
—Es verdad —secundó otra voz, al parecer se trataba de dos amigas que estaban comiendo en el restaurante, en el exterior—. Vaya que es lindo, y se ve muy seguro de sí mismo. ¿Será un chico serio o amable?
—No lo sé —respondió vagamente la primera chica que habló—, pero sí que es muy apuesto.
El rostro de Taro enrojeció como los jitomates que estaba cortando su madre en la cocina.
Era muy extraño, y poco usual, que el joven Taro recibiera esa clase de cumplidos, no solía hacerlo ni cuando estaba en la escuela; de hecho era todo lo contrario, todas las chicas de su edad decían que era un chico mugroso y feo. De recordarlo, le dolía mucho el corazón, y el poco orgullo que tenía.
—¿Taro? —lo llamó una voz distintajunto a él. Taro dio un brinco de sobresalto y volteó nerviosamente, Ruka había llegado y la escuchó acercarse—. ¿Te encuentras bien?
Taro no dijo nada, sólo contempló a la joven de la cinta azul frente a él, y a su atuendo que estaba usando: Ruka venía usando su ya característica cinta azul adornando su cabello, una camisa blanca con una corbata negra con rayas verdes debajo de un suéter beige, encima, una chaqueta azul oscuro cuyos bordes eran color mostaza, y una pequeña falda del mismo color que la chaqueta; para Taro, era la chica más hermosa que haya visto en su vida. Inmediatamente se sonrojó al tenerla frente a él.
Ruka ladeó la cabeza y dibujo media sonrisa.
—¿Llevas mucho tiempo esperándome? —quiso saber. Su voz se escuchó tan tierna y dulce, que a Taro le dió diabetes en ese instante.
—N-No, no en realidad —comentó tratando de disimular su nerviosismo—. Acabo de llegar.
—Ah, me alegro mucho; tenía miedo de haber tardado más de lo que esperaba. Me llevo mucho tiempo arreglarme para la cita.
—Por tí esperaría una eternidad —musitó Taro en un hilo de voz.
—No te escuché, ¿Qué dijiste? —cuestionó Ruka inclinándose más al frente. Los nervios de Taro se dispararon por los cielos.
—¡Nada, nada! Que...que ya es hora de nuestra reservación.
—¡Entonces empecemos con nuestra cita, Taro! —gritó Ruka llena de emoción y alegría. Tomó a Tato de la mano y tiró de él hasta la entrada del restaurante.
La recepcionista del lugar los recibió con gusto y amabilidad, preguntándoles si ya tenían reservación, Taro confirmó su reserva al dar su nombre; la chica asintió en respuesta luego de buscar el nombre de Taro en la lista y le pidió a él y a su novia que la siguieran. Acto seguido, Raro casi pierde la sensación en sus piernas al pensar que la recepcionista creía que Ruka era su novia; la chica de la cinta azúl simplemente rió con gracia. Parecía no importarle, y a Taro tampoco lo haría si no fuera esa su primera cita; él... quería que ambos se tomarán el tiempo de conocerse, lograr que, eso que ellos tenían, fuera creciendo y desarrollándose de manera natural. Taro quería que funcionara.
La recepcionista los guió hasta su mesa y prometió regresar con el menú del día. Taro se acercó a una silla y se la ofreció a Ruka como todo buen caballero lo haría; la chica de la cinta azúl sonrió con gran impresión de la acción de Taro y aceptó la silla no sin antes rozar el dorso de su mano con sus dedos como agradecimiento. El corazón de Taro casi se le sale del pecho, pero pudo resistirlo y tomar asiento frente a Ruka.
La recepcionista regresó con el menú y se tomó su tiempo para leerla en voz alta para ellos, aunque todo sonaba delicioso, ninguno de los dos se decidía por un platillo en especial; entonces, la recepcionista les sugirió una especialidad llamada "Il grande piatto", que consistía en un enorme tazón lleno a tope de pasta de diferentes tipos, cubierta de puré de tomate y queso fundido. A ambos les pareció interesante y delicioso, así que se decidieron por ese. La recepcionista asintió y les comento que ese platillo era el más pedido por las parejas que frecuentaban el lugar, y que eso, para el restaurante, era como una decisión predestinada; prácticamente, en el restaurante eso quería decir que estaban destinados a estar juntos. Después de decir eso, la recepcionista les sonrió de manera pícara y se retiró. Taro sintió todo su rostro enrojecer.
Y así, la primera fase de la cita de ensueño de Taro comenzó; los dos ahora estaban disfrutando de su gran, literalmente, especialidad que muy probablemente les duraría una semana de lo enorme y muy bien servida que estaba. Aquella pasta parecía estar servida para una familia de diez integrantes; cuando la vieron, en verdad dudaron en poder terminársela en ese momento, pero como ya no había vuelta atrás, los dos pusieron su mayor esfuerzo en llegar lo más lejos que podían llegar...y eso sólo les duró dos platos cada quién. Terminaron repletos, y hastiados.
Aprovecharon el resto del tiempo que les quedaba en el restaurante para charlar y conocerse mejor, algo que puso en una situación complicada a Taro; él no había hecho gran cosa desde que dejó la escuela, y mucho menos antes del eso, así que convenció a Ruka de que ella fuera la primera en hablar. Y gustosamente lo hizo. Mientras lo hacía, con gran emoción, cabe agregar, Taro la escuchaba muy atentamente, pues en verdad estaba interesado en saber más de la vida de Ruka; ella iba a la escuela, era buena en los deportes y en historia; tenía a su madre con ella y las dos vivían muy bien, y se llevaban de la misma manera; le gustan los videojuegos de exploración y de tipo "Sandbox"; y para terminar, a Ruka le fascinaban las crepas, era toda fanática de ellas. Taro sonrió ante ese comentario, Ruka lo había dicho con una enorme sonrisa, y eso le pareció lindo.
El tiempo se había terminado, y los dos salieron del restaurante con dos paquetes llenos de las sobras de su enorme pasta, entonces se arrepintieron de haberla pedido; pero, al final, la disfrutaron.
Ahora se dirigían a la heladería más popular en el centro de la ciudad, una heladería que, por la enorme fila que se encontraba en la calle, parecía más una atracción turística que un local de postres; pero eso no fue problema para ellos, había tiempo y ellos en verdad querían probar ese delicioso helado. Taro ya lo hizo antes, hace unos meses cuando sus hermanos trataban de hacerlo convivir más; ahora, tenía un motivo diferente, y quería ver la reacción de Ruka al probar el "Chango platanero"
Les llevó un poco más de una hora, pero finalmente llegaron al mostrador, y pidieron dicha especialidad para los dos.
El "Chango Platanero" consistía en una silueta de un mono hecha con helado de vainilla y pequeños trozos de plátano, sus manos, aunque pequeñas, eran dos plátanos partidos a la mitad, y sus dos ojos eran un par de galletas Oreo. Era bastante impresionante, más al imaginarse la habilidad de las personas que preparaban tal platillo con gran detalle y esmero. Taro y Ruka no querían ni tocarlo con sus cucharas, era demasiado lindo; sin embargo...en verdad se veía muy apetecible, así que se lo comieron. No sin antes tomarse una foto junto a el; Ruka sacó su celular y rodeó el cuello de Taro con su brazo derecho para acercarlo más a ella, entonces tomó la foto, y al mismo tiempo el rostro de Taro enrojeció por completo.
El recuerdo de su primera cita había surgido.
El reloj marcó las siete de la tarde, ya estaba atardeciendo, y la última parada en la "Cita de Ensueño" de Taro estaba próxima: El observatorio.
Ambos llegaron en el metro sin problemas y entraron alegremente; Taro ya había comprado las entradas por Internet desde antes, eso agilizó las cosas; compraron unas botanas para los dos: Palomitas, gomitas agridulces, y unas bebidas. La función ya estaba por empezar, y no tardaron en entrar a la sala.
No había ninguna clase de muebles, ni sillas, mesas, bancos, nada de eso; todo el interior era un espacio abierto con excepción de un detalle: El suelo no estaba pavimentado, era césped, artificial desde luego, y sobre ese césped, separado por secciones, decenas de mantas repartidas por todo el lugar. Taro y Ruka quedaron sorprendidos, y un poco confundidos. ¿Porqué hacer algo como esto dentro de un edificio? ¿No era mejor estar a la intemperie y disfrutar de las estrellas del firmamento? Sus preguntas serían respondidas en unos minutos.
Un timbre anunció el inicio del espectáculo de luces; todos tomaron sus lugares con rapidez, y una vez que todos se encontraban en sus posiciones...sus corazones y almas quedaron maravilladas con lo que estarían por ver.
Primero, dirigieron la vista al techo del observatorio, no había nada; luego una diminuta "Estrella" apareció en medio de la oscuridad, luego otra, y otra, así hasta que el techo quedó adornado con casi cientos de estrellas; después aquellas estrellas comenzaron a moverse en círculos, como hojas danzando por el viento, y fue ahí donde todos se dieron cuenta de algo: Esas estrellas descendían hacia ellos, como pequeñas luciérnagas buscando un lugar en donde posarse. Las estrellas bailotearon alrededor del tumulto, permitiéndoles a sus espectadores dejarlas admirar, maravillarse.
Una de esas estrellas flotaba en dirección a Ruka, y se detuvo frente a ella, dejándose caer en la punta de su nariz; la chica de la cinta azul dejó salir una risilla y volteó hacia Taro para que este la viera con la diminuta estrella.
—Mira, Taro, mira —dijo la joven con emoción e ilusión en sus ojos mientras señalaba la diminuta estrella en su nariz.
El joven Taro dibujó una sincera sonrisa mientras meneaba lentamente la cabeza; levantó una mano para tratar de tocar esa estrella, pero antes de tan siquiera acercarse se fue, y sólo quedó Ruka con los ojos biscos en el punto donde estaba la estrella. Eso le pareció muy tierno y lindo a Taro, e inmediatamente se sonrojó. Ruka regresó sus ojos a como estaban y le dedicó la más hermosa de las sonrisas a Taro.
En ese entonces, al mayor de los hijos Furukawa, una extraña sensación fue creciendo en su pecho, una sensación que creía desaparecida hace muchos años, una sensación...indescriptible; pero que, de cierta manera, se sentía bien. Por ponerlo de una manera: Taro estaba bastante cómodo con Ruka. Sentía que podía contarle todo, expresarle todo...confesarle todo. Era algo que creía perdido, pero que ahora regresó de manera inesperada, y un tanto extraña.
Taro miró fijamente a los ojos de Ruka, y no quería apartar la vista de ellos por nada en el mundo; sentía que era un refugio, un santuario, un lugar seguro para su corazón. Un lugar en el que deseaba permanecer de forma permanente.
Casi como un reflejo, Taro levantó lentamente la mano derecha, con miedo de incomodar a Ruka en el acto, pero que tal parecía no ser el caso, pues ella se veía alegre y a gusto; siguió con lo suyo hasta que su mano llegó a la mejilla izquierda de Ruka, ella no perdía su sonrisa. El contacto de piel con piel llegó, y el corazón de Taro se aceleró como el de un caballo de carreras en plena competencia; Ruka era cálida, y su piel tersa bajo su toque. Lentamente, el joven Taro fue acercándose a ella, aún nervioso e inexperto, pero dejándose guiar por sus instintos; poco a poco la distancia entre ellos se iba acortando, y la mirada del chico estaba fija en un sólo lugar: Los tersos y suaves labios de la chica de la cinta azul. Era sólo cuestión de centímetros, casi nada, para que los labios de ambos se encontraran y sellaran con broche de oro lo que para Taro fue LA MEJOR CITA QUE JAMÁS HAYA TENIDO.
Sólo...unos...centímetros...más...
—¡Buenas noches, queridos invitados! —una voz en el megáfono dentro de la sala interrumpió el dulce momento de Taro y Ruka, haciéndolos apartar completamente apenados—. ¡Les agradecemos mucho su preferencia al venir y disfrutar de este maravilloso espectáculo de estrellas, pero lamento informarles que en cinco minutos estaremos cerrando las puertas de nuestro observatorio! ¡Si se quedaron con ganas de más, los esperamos mañana a partir de las cinco de la tarde! ¡No olviden pasar a nuestra tienda de regalos por un recuerdo de esta mágica noche, gracias...y muy buenas noches!
—Ah...creo que es hora de irnos —musitó Ruka desviando la mirada hacia la izquierda—. Se...Se está haciendo tarde.
—Sí... Eh... —Taro también desvío la mirada, y trató de concentrar su mirada en cualquier otro lado—. Y-Ya vámonos.
Taro y Ruka levantaron su basura de las botanas que compraron y salieron de la sala.
Antes de cruzar la salida principal del observatorio, ambos visitaron la tienda de regalos para echarle un ojo a esos pequeños detalles que vendía el observatorio con respecto a esa mágica atracción; la mayoría eran llaveros, stickers de estrellas, y varios tipos de calidoscopios. Taro sabía que no podía terminar si noche de esa manera tan...abrupta, así que eligió el más lindo llavero de estrella que estaba exhibido en la vitrina de la tienda de regalos, y se lo compró a Ruka. Para cuando llegó a la caja para pagarlo, se topó con Ruka, y ella había elegido al mismo llavero de estrella. Exactamente el mismo.
—Oh, ah...¿Te vas a comprar ese llavero también? —quiso saber Taro.
Era más que obvio que Ruka lo haría, la atracción fue increíble e inolvidable, sería algo tonto lo comprar un recuerdo; aunque...Taro esperaba ser quien le diera ese recuerdo.
—Sí, lo voy a comprar —afirmó Ruka aún con un rubor en sus mejillas—; pero no es para mí.
—¿No? —inquirió Taro—. ¿Para tu mamá?
Ruka negó con la cabeza, agachado la mirada con pena.
—E-Es pa-para ti.
—¿Cómo...?
Ruka pagó el llavero rápidamente y se lo entregó a Taro, él, por otro lado, se le quedó mirando, incapaz de creer lo que Ruka dijo. Ella...le estaba regalando un llavero. ¡¡LE ESTABA ENTREGANDO UN OBSEQUIO!! Por poco y Taro se desmayaba en ese momento; su respiración se detuvo, sus piernas temblaban, y sus manos estaban frías como el hielo. Nadie, nunca antes, le había regalado algo en su vida; ni siquiera una chica.
Taro extendió la mano y aceptó el llavero; estaba haciendo un esfuerzo monumental para no romper a llorar en ese momento, un esfuerzo inhumano. Taro quería gritar a los cuatro vientos lo feliz que Ruka lo había hecho, pero debía mantener la compostura; ya habrá tiempo para eso cuando llegue a su casa y clave el rostro en una almohada.
—Gracias...Ruka, yo... —Taro también pagó su llavero y se lo entregó educadamente a Ruka—, también te compré un llavero.
—¡Ah! —exclamó Ruka llena de ilusión—. Muchas gracias, Taro. Eres increíble.
—N-No hay de qué. Yo...sentí que debía dártelo.
—Me encanta —afirmó Ruka. En cuestión de segundos buscó algo dentro de su bolsa, lo que al final resultaron ser sus llaves, y colocó ágilmente el regalo de Taro en la argolla de metal—. Lo atesoraré por siempre.
Taro se sonrojó a más no poder, y ocultó su extraña mueca de felicidad con la mano al mismo tiempo que desviaba el rostro.
—V-Vámonos, el metro partirá pronto.
—Sí, vámos.
Taro y Ruka se dirigieron a la estación del metro más cercana; en cuanto llegaron, Ruka fue la primera en irse, así como la primera vez que se encontraron, y como todo buen caballero, Taro la acompañó para que llegara a salvo. Ruka cruzó los torniquetes, y antes de irse, se despidió de Taro.
—¡Nos vemos, Taro! —vociferó ondeando su mano derecha en lo alto—. ¡Me encantó salir contigo!
Y con ese comentario, Taro se había convertido en el hombre más feliz en la faz de la tierra.
—¡A mí igual me encantó salir contigo! —gritó él con todo su ser rebosante de felicidad.
Ruka le sonrió una última vez, y se perdió en los pasillos del metro.
Sin duda alguna, esta fue la mejor noche para Taro en su vida; pero lo que él no sabía, era que una persona de su pasado había presenciado el momento, que al verlo ahí parado y escucharlo gritar, logró hacer que lo reconociera, y con eso...llamó su atención.
CONTINUARÁ...
