Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 34
POV Edward
—Gracias por reunirte conmigo tan de repente —le digo a Pete cuando se sienta frente a mí en la mesa.
—No es nada, hombre. Para eso estoy aquí —dice con neutralidad, pero su mirada cuenta una historia diferente.
Me está observando con atención, buscando grietas. Viendo si mis pupilas están dilatadas y oscuras. No lo culpo. Le mensajeé hace media hora para pedirle que se reuniera conmigo. Dije que era una emergencia, y en ese momento así se sentía. Ahora que ya tuve un momento para respirar y digerir la noticia que me había topado, la situación se sentía menos extrema, tengo que agradecerle a la terapia por eso. Pero de todas maneras quería reunirme con Pete.
En marzo le pedí que fuera mi padrino*. Pudo haberme dicho que no. De hecho, casi pensé que me diría que no. Pero dijo que sí, y me siento jodidamente agradecido por su ayuda.
La mesera nos trae dos vasos rojos de plástico llenos de agua, y ambos pedimos café a pesar de que ya es de tarde.
—¿En qué piensas? —pregunta Pete, repiqueteando los dedos sobre la mesa.
Me concentro en sus dedos tatuados al decir:
—Sam está muerto.
Se detiene.
—Oh, vaya. Bien. —Lo miro a los ojos—. Vaya —lo repite, pasmado.
Yo también me sorprendí al ver la publicación en Instagram de uno de nuestros amigos en común. Era una foto recortada de Sam, tenía las baquetas en las manos, y le había aplicado un filtro en blanco y negro. Incluso si fuera de color, de todas formas sus ojos se habrían visto sin vida y oscuros. En la descripción solo estaba el hashtag "descansa en paz" y un emoji de manos rezando.
Abro Instagram y muevo mi celular sobre la mesa pegajosa.
Pete lo toma y mira la pantalla. Le palidece el rostro.
—Mierda, amigo.
—Fue de sobredosis —digo, con la garganta seca y caliente. Me tomo la mitad de mi agua de un trago—. Supuse que así había sido, pero tenía que confirmarlo. Así que le mandé un mensaje a la persona que publicó eso.
Pete me regresa el celular y me lo guardo.
—¿Sam alguna vez intentó buscar ayuda? —pregunta.
Me encojo de hombros. Eso habría requerido que se lo preguntara. Eso habría requerido que lo conociera a nivel personal y que ambos admitiéramos que teníamos un problema. Nunca fuimos buenos en eso. Solo consumíamos y nos solapábamos el uno al otro.
Y ahora él está muerto.
—De una manera muy enfermiza, quise saberlo todo. Cómo pasó, dónde estaba, quién lo encontró. El tipo que lo publicó me lo contó. Dijo que últimamente había estado consumiendo mierdas más fuertes. Llevaba muerto una semana antes de que alguien lo encontrara. —Siento una presión en el pecho—. A nadie le importaba. O sea, pasó una jodida semana muerto dentro de su apartamento, ¿y nadie intentó buscarlo? La única razón por la que lo encontraron fue porque su casero acudió a hacer una estúpida inspección. —Quizás vaya a vomitar otra vez—. Es una cagada.
—Es terrible —dice Pete con tranquilidad—, pero eso es lo que él eligió. Me suena a que alejó a las personas hasta llegar al punto en que ya no tenía a nadie. La adicción te aísla, pero él mismo se hizo esto.
Digo lo que probablemente ambos estamos pensando:
—Ese pude haber sido yo.
De pronto dejan dos tazas beige humeantes frente a nosotros y la mesera deja un menú de plástico para nosotros, por si acaso.
Pete le agradece. Yo permanezco en silencio.
—Pero no fuiste tú —me recuerda Pete amablemente cuando volvemos a estar solos—. No serás tú.
Agarro la taza de la base en vez del asa, el calor arde a través de la punta de mis dedos.
—Podría tener una recaída —murmuro.
—Resulta que tengo más fe en ti que eso —dice sin preocupación—. Pero tienes razón, podría pasar.
Le doy un trago al café ardiendo.
—Y si eso pasa, entonces, ¿qué carajos debo hacer?
Pete se pasa una mano por su cabello negro.
—Me llamas. Intentamos controlarlo. Te sacamos de ahí. Tendrás compasión de ti mismo, y empiezas de nuevo. Día uno.
Bufo.
—¿Así de fácil?
Sonríe con tristeza.
—No es fácil.
—¿Alguna vez has tenido una recaída?
Su comportamiento alegre se oscurece. Dudo si fue algo muy personal para preguntar, pero él confiesa, tal vez por el bien de ser transparente.
—Una vez —admite—. Tardé un año en volver a enderezarme.
Me rebota la rodilla y silbo. Un año. No puedo imaginar lo difícil que sería regresar de eso.
Apoyando los antebrazos en la mesa, le pregunto:
—¿Puedes contarme?
—Fue seis meses después de estar limpio. Mi papá murió. Ni siquiera éramos tan cercanos. Odiaba al tipo, pero lo convertí en una jodida excusa para consumir. Como si al fin tuviera una razón para hacerlo de nuevo. Estaba de luto… o eso me decía a mí mismo.
—Mierda —murmuro, la nuca me pica incómodamente. Su elección de veneno me hace encogerme. Ninguno de nuestros vicios es mejor o peor. Ambos son letales y destruyen vidas—. ¿Qué te hizo dejarlo?
—Mi hermano menor —dice simplemente—. Le llevo ocho años. Él tenía quince cuando murió nuestro papá. Eran más cercanos. Seth siempre fue su favorito. Un día mi mamá encontró mariguana en su habitación, y… no es exactamente una droga que te lleve a la heroína —dice con una sonrisa de autodesprecio—, pero fue suficiente para que yo no quisiera esa clase de vida para él. Él necesitaba un modelo a seguir. Y yo necesitaba hacerlo mejor.
Pienso en mi nuevo rol como tío. Falta solo un mes.
—Eso es admirable —le digo, a pesar de que no necesita mis elogios.
Pete se encoge de hombros.
—Es difícil, pero vale la pena.
Siento curiosidad por su hermano.
—¿Cómo está Seth ahora?
—Oh, el niño es todo un holgazán —dice, pero se ríe antes de que pueda reaccionar—. No, es el mejor. Entrará a la facultad de medicina en otoño.
—Eres un idiota —me río—. Pero qué bueno por él.
—Sí, siempre me hace quedar mal. —Pete sonríe, el orgullo se nota no solo en su expresión, sino en su voz—. ¿Y cómo te sientes hoy?
Siempre que nos reunimos nunca me pregunta cómo estoy en general. No al inicio. Él solo quiere saber sobre ese día y momento específico.
—Estoy bien. La noticia sobre Sam no me hizo querer consumir ni nada así. Solo me hizo sentir un tanto enfermo y jodidamente aterrado al pensar en lo que pudo haber sido de mi vida.
—La retrospectiva es un regalo que no muchos adictos tienen el lujo de poseer.
—Sí, no me digas —digo con aire taciturno.
—Siéntete agradecido.
Lo miro a los ojos.
—Lo estoy.
—¿Qué más ha pasado? —pregunta, bebiendo su café—. ¿Has estado tocando música?
—Sí, un poco. He estado improvisando con Emmett y Jasper tres veces a la semana. Lo hacemos más que nada por diversión, pero empezamos a escribir un poco de música, así que… —Me encojo de hombros—. No me haré la ilusión de pensar que ellos quieren empezar una nueva banda ni nada así. Creo que eso siempre fue más mi sueño que de ellos.
—¿No se lo tomaban tan en serio como tú? —reflexiona Pete.
—No les interesaba tanto convertirlo en una carrera —explico, encorvándome un poco más en el asiento, poniéndome cómodo—. La música siempre ha sido como un trabajo secundario para ellos, en especial ahora que Em tiene un bebé en camino.
—Sí, eso cambia las cosas —concuerda Pete—. Sería difícil estar de gira teniendo un bebé en casa.
Lo dice como si lo supiera o como si fuera algo en lo que ha pensado.
—¿María y tú…? —empiezo a preguntar, luego me detengo porque no quiero sobrepasarme.
De pronto se pone nervioso, lo cual no es nada típico de él.
—Está en discusión, pero todavía no es una realidad. Ella tiene unos asuntos de salud que estamos intentando arreglar primero. Pero claro, siempre he querido ser papá. ¿Jugar con legos, construir una casa en el árbol y tener un amigo de por vida? Demonios, claro que sí.
Sonrío porque puedo visualizar eso para él. Sería jodidamente bueno en ello.
»Y, estaba pensando… —inicia. Hay algo en su voz que me hace reanimarme—. Ahora que los chicos y yo ya tuvimos un descanso después de la gira, estamos listos para trabajar en el álbum nuevo.
Asiento, no quiero precipitarme. No me ha pedido que me una de nuevo a la banda. No de forma oficial.
—Claro.
Bebe su café, con la mirada todavía en mí.
—¿Te interesaría escribir música nueva con nosotros?
Contengo una sonrisa.
—Vamos. Ya conoces la respuesta a eso —le digo con seriedad, tronándome los nudillos—. Pero ¿no es muy precipitado?
—¿Muy precipitado para escribir letras nuevas? No, no lo creo, pero al final de cuentas depende de ti. El plan siempre fue que te retiraras de la gira, pero no que dejaras de hacer música con nosotros de forma indefinida.
—Cierto, lo sé. Es que pensé que la había cagado demasiado como para que alguien quisiera volver a tocar música conmigo.
Sonríe con naturalidad.
—Actúas como si fueras el primer músico en tener un problema de adicción.
Me río.
—Jódete.
Su sonrisa se desvanece en una expresión más seria.
—¿Y te sientes listo?
—Quiero estar listo.
—Pero ¿lo estás?
Trago pesadamente al imaginarme estando en un bar y no beber ni inhalar línea tras línea. En teoría parece fácil. Siento que podría ser lo suficientemente fuerte. La gente está en bares todo el tiempo y no se escabullen para consumir en el baño. Pero en realidad no soy como las demás personas. No tengo el lujo de detenerme después de beber una cerveza. No tengo el autocontrol para decirle no a las drogas.
Al menos, no en aquel entonces. Ahora creo que sí podría. Ahora tengo las herramientas, la mente despejada y sangre limpia. Tengo el apoyo. El de Bella. El de Pete. También el de mi familia.
Pero luego me imagino estando sobrio en el escenario otra vez. No puedo recordar ni una sola vez que haya tocado sin tener algo en que apoyarme o algo que alterara mi humor.
Eso me aterra.
—¿Cómo lo haces, hombre? —pregunto con voz un poco tensa.
—Cada día es una elección. Una elección jodidamente difícil, pero elección al fin de cuentas. No digo que será fácil, pero ahora que ya estás limpio, será más fácil. —Me mira por un segundo—. El que quieras consumir no significa que tienes que ceder a esa urgencia. Eres más fuerte que eso. Para eso ha sido todo tu esfuerzo de estos últimos diez meses.
—Sí. —Toso. Me rasco una picazón inexistente sobre la ceja. Sus palabras me dan aliento y el pecho se me hincha con gratitud por él. Siempre ha estado de mi lado. Siempre—. Pues bien. De acuerdo. Me encantaría volver a escribir con ustedes.
—¿Sí?
—Sí, carajo.
Se ve orgulloso.
—Creo que te hará bien. Escribir algo nuevo. Reconectar con los chicos. No es como que ya vayamos a tocar en eventos. Nos tomaremos nuestro tiempo con la grabación. Si hacemos otra gira, no será hasta finales del próximo año. Para entonces tendrás, ¿qué? ¿Ya casi dos años sobrio?
Aprecio toda la fe que tiene en mí.
—Se cumplirán dos años en octubre, sí.
—Incluso si escribes y grabas con nosotros, siempre podemos contratar a alguien más para las giras, si es que no quieres hacerlo. No es algo que no se haya hecho antes —explica—. Pero es bueno tener algo que esperar y algo por lo cual trabajar. Nos lo llevaremos con calma, y facilitaremos tu regreso. Eres demasiado talentoso para estar trabajando en una tienda de música —dice con seriedad—. Dale buen uso a ese próximo título en teoría musical.
—Lo aprecio, hombre. De verdad. Gracias.
Asiente una vez.
—Hablando de llevarse las cosas con calma… ¿Cómo está Bella?
Mi humor mejora más. Han pasado dos meses desde que se casaron Em y Rose. Bella me llamó una semana después de su boda. Hemos pasado mucho tiempo juntos desde entonces. Hemos ido por un café. Fuimos de senderismo un par de veces. Hemos salido a desayunar y a comer, pero nunca a cenar. Incluso salimos con Emmett y Rose dos veces. También con Jasper y Alice. Nada demasiado grande, siempre algo casual, amistoso y sin alcohol.
Bella fue a la tienda la semana pasada cuando yo estaba trabajando, usó el pretexto de ser una clienta para poder verme. Dijo que estaba interesada en una grabadora, así que nos paramos lado a lado y examinamos con detenimiento sus opciones. Puse unos audífonos ridículamente grandes sobre sus orejas y salté ante la oportunidad de usar la letra de una canción para decir lo que todavía no debería pronunciar. Elegí un disco, la voz de William Bell cantó Olvidé ser tu amante y Bella casi lloró. Tenía los ojos llorosos, y cuando parpadear no sirvió para ahuyentar las lágrimas, se las secó discretamente.
No pretendía hacerla sentir mal. Solo quería que supiera que todavía me siento jodidamente arrepentido y que prometo ser mejor para ella.
La canción terminó y el momento se sintió agridulce. Requerí de todas mis fuerzas para no agarrarla de la cara y besarla justo ahí en medio de la tienda.
—Ella está bien —es todo lo que le digo a Pete, pero mi sonrisa debe delatarme—. De hecho, la veré esta noche. —Se supone que vamos a ir al cine a ver una película que no me interesa, pero acepté ir porque ella me lo pidió. Siempre le diré que sí a ella.
Él sonríe.
—Bien, ¿eh?
—Seguimos tomándonos las cosas con calma.
—Ir lento es bueno. Ir lento es responsable. Es…
—Me está matando —suelto de sopetón y se ríe. Yo también lo haría si fuera alguien más el que estuviera en esta situación.
—Te entiendo. —Asiente a sabiendas—. Quiero decir, ¿ya tuvieron la charla?
—¿Cuál charla?
—O sea, si es que regresan, ¿qué pasaría si tienes una recaída?
Mi emoción se muere.
—No.
—Puede que sea bueno discutir eso antes de que suceda algo, saber en qué postura están los dos. Lo que ambos pueden lidiar —continúa—. No es fácil salir con un adicto en recuperación. Estoy seguro de que ella ya lo sabe, pero…
—Sí. —Trago pesadamente—. ¿Y si estoy viendo cosas donde no las hay? ¿Y si esto es demasiado para ella?
—Es mejor saberlo desde un inicio antes de que le muestres tu corazón —dice Pete sabiamente.
—No solo le estoy mostrando el jodido corazón a ella. Es… —Se lo estoy entregando en las manos, sangriento y latiendo y listo para que ella lo tome.
Estoy siendo dramático. Eso no significa que sea menos verdad.
Pete me mira. Sabe que ya estoy perdido.
—Ten esa charla con ella —dice—. Luego lo sabrás.
*Se refiere a un padrino en el contexto de Alcohólicos anónimos. Un padrino hace todo lo posible, dentro de los límites de sus conocimientos y su experiencia personal, para ayudar al principiante a alcanzar y mantener la sobriedad por medio del programa de A.A
