Hola a todos, antes que cualquier cosa (y aunque parezca disco rayado) quiero agradecer que lean mis fics, este y "MAS QUE AMIGO"; así como la paciencia que han tenido hasta ahorita, en espera de ambas actualizaciones, aprovechando lo antes mencionado para ofrecerles una disculpa por el retraso, he estado algo ocupada en estos ultimos días.

Agradezco a isabel20, rickhunter17, Datyi, mari3304, letifiesta, peste21 y Mimi Star por dejarme su review, los cuales respondo al final.

Espero lo disfruten.

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.

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EL EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE

Un Día Lluvioso

¿Bueno, Lila?

– si soy yo… ¡Dios mío ni sé como decírtelo…!

¿Qué ocurre Lila? ¿Le paso algo a Andrew o a Phil o…?

– Arnold está aquí…

¿¡QUE DICES…! ¿AQUÍ?

– si aquí…

¿Pero aquí donde…? Dices que Arnold llego a…

– En el kindergarten… y ya conoció a Harriet…

Se hizo un largo silencio al otro lado de la línea – ¿… y ya le marcaste a Helga?

– No claro que no, por eso te estoy marcando a ti Phoebe…

Un gran suspiro se escucha por la bocina – uff... menos mal, pero aun no entiendo ¿qué tendría que hacer ese grandísimo tonto en el preescolar…? Santo cielo…

– ¿Recuerdas la hoja que te pedí me firmaras, para el examen médico general de Andy?

¿la que mando el Hospital?

– la misma que firmo Helga durante el registro de los niños… bueno… no sé cómo paso, pero Arnold es el médico encargado.

Una vez más, el silencio sello los labios de la joven oriental – entonces… ¿hablo con Harriet? ¿Se dio cuenta de que…?

– No Phoebe, parece que no se dio cuenta… aunque… – la pelirroja se pone a recordar la mirada de fascinación junto con ternura, que puso el cabeza de balón cuando vio la sonrisa en el rostro de su hija – Phoebe… estoy segura que solo es cuestión de tiempo… ¡por Dios santo! tiene los ojos verdes de Arnold.

En el hospital de especialidades, el mismo donde Arnold trabajaba con el grupo de laboratorios Carvagio; Phoebe se sienta en el sillón de su consultorio, mirando por la ventana el fuerte caer de la lluvia – A ver… hay que calmarnos… Empecemos por el principio… ¿Qué sabe Arnold acerca de Harriet?

supongo que solo su nombre, porque si se hubiera enterado que se apellida Pataki… estoy segura que Arnold se habría dado cuenta de que es su hija y hubiera hecho algo al respecto.

– menos mal… ¿Y Philip? ¿Ya lo conoció también?

Poniendo ojos enormes, Lila se gira hacia la pequeña Harriet, que había permanecido sentada en el rincón del aula, jugando con unos juguetes didácticos que se encontraban en las repisas pegadas a la pared – Harriet ¿y tu hermano?

Encogiéndose de hombros, la pequeña levanta su vista hacia Lila – no lo sé maestra, supongo esta con el señor doctor Shortman.

¿Lila…? ¿Lila, estas ahí?

– Enseguida te marco – finalizando la llamada, la pelirroja se acerco a la niña de cabellos dorados – linda no te muevas de aquí, hasta que regrese.

Apenas Harriet afirmo con su pequeña cabeza en forma de balón, Lila salió disparada en búsqueda del hijo varón de Helga y Arnold – ¡Philip! ¡¿Philip donde estas?

La fuerte lluvia continuaba cayendo sobre Hillwood, mojando a toda persona que se encontraba distraída y sin protección no solo en la calle, sino en el mismo jardín de niños; empapando a Philip y a Andy que habían salido al patio para espiar a Harriet en el consultorio a través de una ventana, que para su mala suerte, tenía las persianas abajo. Ambos niños corrieron cuando el aguacero los sorprendió, pero no tomaron en cuenta que la puerta de entrada se iba a trabar, obligando a los niños a forcejearla por largos minutos, mientras las frías y gruesas gotas de lluvia mojaban y congelaban sus cuerpecitos.

– ¡rápido Philip! empuja mientras yo giro el picaporte.

– Atshuuu… está bien… una… dos…

– ¡Tres! – gritaron los pequeños al unísono y haciendo un último gran esfuerzo, lograron su objetivo al abrir la puerta de golpe y caer en el interior del inmueble, sorprendiendo a Lila que iba pasando por el pasillo.

– ¡Philip, Andy! ¿Pues donde estaban? Oh Dios mío si están empapados… vengan para acá – la pelirroja se inclina con cuidado y carga a ambos niños, humedeciendo de igual forma sus ropas. Rueda la vista hacia la enfermería, pensando por un instante si ir hacia allá y recoger un par de toallas, sería una buena idea – creo que no tengo otra opción.

Lila camino muy lentamente por el largo pasillo hacia la puerta de la enfermería, la cual se abrió de improviso, saliendo un pequeño estudiante junto con María; siendo esta ultima quien recibe a la pecosa junto con los niños.

– ¿Se te ofrece algo, pelirroja? – pregunta la morena de muy mala gana, cerrando la puerta a sus espaldas y cruzándose de brazos, con la firme intención de no dejarla pasar – El doctor Shortman está ocupado ¿así que porque no regresas más tarde?, por ejemplo… cuando Arnold no este.

Frunciendo el entrecejo, Lila baja a los pequeños – créeme María, no vengo a ver a tu pareja, solo necesito un par de toallas para secar a estos niños.

La morena baja la vista para ver a los niños, causando que Lila reaccionara escondiendo al pequeño Phil detrás de ella – espera un minuto – María abre la puerta de la enfermería, cerrándola tras ella de un fuerte golpe.

Dando un largo suspiro, Lila se inclina hacia ambos pequeños, que temblaban de frio – Andrew, Philip ¿Por qué se salieron de la escuela? Están totalmente mojados, se van a resfriar… pero vamos a secarlos bien y les voy a dar chocolate caliente con malvavisco para que entren en calor ¿les parece?

Los asustados ojos de ambos fueron recobrando su brillo, al escuchar acerca del rico chocolate caliente con malvaviscos, que iban a degustar – si maestra – responde Andy, con una tierna sonrisa y bastante animado.

La puerta de la enfermería se abrió de golpe, siendo María la que se asomo de nuevo, con un par de toallas en las manos – Aquí tienen las toallas.

– Muchas gracias señora – dice Philip con amabilidad, cruzando miradas con la morena y tomando una de las toallas; cubriendo su cabeza en forma de balón, para empezar a secarse.

Solo unos segundos tuvo la morena para ver el rostro del pequeño Philip, pero solo esos segundos bastaron para que María reconociera esa mirada tan familiar, en el rostro del niño, dejándola boquiabierta y con los ojos completamente abiertos – espera… ¿tú no te pareces a…?

– ¡Apúrate Pataki, no tenemos todo el día! – grita Anne Lois, hacia el interior del almacén.

Las tres mujeres encargadas del almacén, corrían de un lado a otro, cambiando cubetas llenas de agua, por vacías. Helga llevaba en su mano un trapeador junto con una cubeta – ¡Criminal! Nunca pensé que una tienda tan elegante, de un presuntuoso centro comercial, de la zona más sangrona de Hillwood… ¡tuviera las goteras más grandes que he visto!

– Bueno amiga rubia, aquí todo es mucho más grande y mejor jajaja – responde Betty, entrando con un par de cubetas que fue a vaciar afuera del centro comercial.

Susan se acerca a sus amigas, tomándolas de los hombros – bueno chicas, creo que estas cubetas van a tardar un poco más en llenarse, ahora que la lluvia ha disminuido de intensidad. ¿Por qué no nos tomamos unos minutos para almorzar?

– Esa me parece una excelente idea, muero de hambre – Helga está a punto de soltar el trapeador junto con la cubeta, cuando la voz de la "bruja de las novias" (como le pusieron las chicas de almacén) las hace voltear hacia la puerta – ¡Pataki, trae tu trapeador en este instante!, una cliente dejo agua sucia por todos lados.

Dando un cansado suspiro, Helga toma la cubeta junto con la mopa – adelántense amigas, creo que yo voy a almorzar más tarde.

Betty saca de su bolso/mochila, un recipiente con su almuerzo – ¿Por qué la bruja odia tanto a Helga?

– Es hermana de Olga Pataki – responde Susan, dando un enorme mordisco a su emparedado de jamón y queso.

– Entiendo… pobre mujer… – replica la pelirroja, dirigiendo su preocupada mirada hacia la puerta por donde salió la rubia.

Helga estaba terminando de secar el piso, cuando sonó la pequeña campanilla de la puerta principal, anunciando la llegada de un cliente.

– ¿Helga…? ¿Eres tu Helga G. Pataki? – pregunta una voz a espaldas de la rubia.

Helga gira hacia sus espaldas, mirando sorprendida a la persona que la había reconocido – no puede ser… ¿tú eres la gran Patty?

La enorme mujer, al escuchar el apodo de su infancia; primero frunció el entrecejo, posterior a esto acerco su mano hacia Helga, quien se había percatado del cambio en su rostro y en respuesta soltó la mopa, levantando las manos – quiero decir Patty, Patty Smith.

Rodeando con un brazo el pequeño cuello de Helga, la gran Patty revuelve su dorado cabello – jajaja hola Helga, es un gusto verte de nuevo.

– jaja por un segundo creí que… – Helga, aun nerviosa, acomoda con una mano sus mechones rubios.

Patty sonríe y le da un pequeño golpe en el hombro a Helga – esto va por los viejos tiempos, Helga.

– ¡Pataki! ¿Porque estas platicando, cuando deberías…? – Sale Anne Lois mirando a Helga con furia, pero se detiene al instante que ve a la mujer que acompaña a la rubia, cambiando su expresión – Oh señorita Smith pase por favor, sus zapatillas llegaron justo hoy.

La pelirrubia mira con desgano a Anne Lois, sobre todo por ser testigo de cómo la chica, vuelve a sacar su falso rostro – me da mucho gusto encontrarte hoy Helga, ¿sabes? Me caso en unas semanas y me gustaría que asistieras a la boda.

– ¿Te casas? Oh por Dios, ¡felicidades Patty! – Con entusiasmo, Helga abraza a la gran mujer – y dime ¿Quién es el afortunado?

Sonriendo de lado, Patty se acerca a la caja registradora para pagar sus zapatillas – Es un primo de Rhonda, se llama Brandon Lloyd.

– vaya, no se… casarse con un Lloyd – comenta Helga mirando de lado y analizando esa "terrible" posibilidad; no obstante, observa de reojo el ceño de la gran Patty, corrigiendo al instante su comentario – m-me refiero a que… pues ha de ser como casarse con la misma princesa Rhonda Lloyd ¿no?

– Tienen cosas en común, no lo voy a negar – responde sonriente y con un poco de rubor en sus mejillas – aun así lo amo y le agradezco mucho el enorme apoyo que me ha dado, tanto sentimentalmente como en mi campo de trabajo.

– cierto, no me has dicho a que te dedicas.

– La señorita Smith es experta en bodas Pataki, así que automáticamente quedas fuera de sus servicios – refiere Anne Lois con fastidio, esperando a que Helga termine de platicar con una de sus mejores clientas – disculpe mucho a esta encargada de la limpieza señorita Smith, por favor pase a la sala privada, le voy a invitar un café de cortesía.

Ante tal interrupción, tanto Helga como Patty cruzaron miradas, sonriendo esta última – nos veremos después Helga, le pediré a Rhonda que te entregue una invitación, cuídate mucho.

– gracias Patty, felicidades por adelantado – responde la rubia con una sonrisa, se gira hacia su mopa y su cubeta, mirando con un poco de tristeza el reflejo en el agua, encontrando a una chica desaliñada, con el cabello opaco y el rostro un poco sucio – sabes porque estás haciendo esto Helga, o más bien dicho, por quienes – piensa la aun hermosa mujer de cabellos dorados. Da un largo suspiro y continúa su arduo trabajo dentro de la tienda de novias.

– ¡Será mejor secarlos en el salón de clases! – menciona Lila, cubriendo por completo al pequeño Phil en un rápido movimiento, después lo carga y con la mano que tenia libre, toma la mano de Andy.

– ¡un momento, pelirroja! – grita María, extendiendo su mano para alcanzar la pequeña cabeza de Phil, que ahora se apoya en el hombro de Lila. A pesar de que Lila no detuvo su paso, María se apresuro para alcanzarlos; tomo la toalla que cubría la cabeza del pequeño y de nueva cuenta, logro ver parte del rostro del niño de cabellos castaños y ojos azules, permaneciendo esa pequeña fracción de segundos con enorme impresión en su rostro, volviendo en si hasta que escucho la voz de su jefe.

– ¿María, quien es el siguiente? Oh Lila eres tú – menciona Arnold al ver a María junto con Lila, llevando a un niño en brazos cubierto por una toalla y otro pequeño, de piel morena, cabello encrespado y envuelto en una toalla – así que para eso querías las toallas. Lila si me lo permites, podría revisar a los niños y darles algo para evitar que se resfríen.

– ¡Arnold! – la morena vuelve a cubrir el rostro del pequeño – este… qué bueno que saliste querido… sabes… quisiera una taza de café caliente de SLAUSEN'S.

Con ojos enormes, Arnold se gira hacia María, después rueda los ojos hacia una ventana, solo para confirmar que aun llovía a mares – ¿a-ahora? Pero María, ¿no te gustaría esperar hasta que termine…?

– Vamos amor, estoy segura que trajiste un paraguas, siempre has sido tan galante y caballeroso… ¿Qué dices? ¿Sí?

La pelirroja aprovecho la distracción de Arnold y en forma sigilosa, se alejo de la pareja. Philip levanto la toalla que cubría su rostro y fijo la vista en el doctor que continuaba conversando con la morena, después bajo la vista hacia Andrew, que veía en forma insistente tanto al galeno como a su mejor amigo – ese señor… se peina igual que yo…

Una vez llegando al aula, Lila se percato que varios niños ya habían regresado de su examen médico – bueno pequeños – comenta bajando a Philip – espérenme aquí por favor, voy a ir por sus chocolates calientes.

– ¿con malvaviscos? – pregunta Philip mientras pasa la toalla sobre su cabeza de balón.

Lila mira con ternura al pequeño – claro Phil, con muchos malvaviscos… – como te pareces a tu padre – piensa Lila, revolviendo el húmedo cabello del niño.

Phil y Andy cruzaron miradas e hicieron un curioso "saludo" que recién habían inventado, pues estaban contentos a causa de la deliciosa bebida que iban a degustar.

– No es justo maestra, yo también quiero chocolate – replica Harriet, que se había acercado a su hermano y alcanzo a escuchar la invitación de su maestra – mi mamá siempre nos da las cosas por dos, porque somos dos mellizos.

– bueno yo… necesitare que me acompañe uno de ustedes para poder traer las tres tazas.

– Maestra señorita Sawyer… puedo acompañarla yo – comenta Phil.

Lila mira al pequeño, recordando el sorpresivo interés que puso María sobre él – si María lo vuelve a ver… – analiza un breve momento, antes de responder a su ofrecimiento – Gracias Philip pero… mejor acompáñame tú Andy – se inclina y toma la mano del pequeño hijo de Gerald, saliendo del aula junto con él.

La pequeña Harriet se cruza de brazos y comienza a rodear a su hermano, negando con su cabeza – no, no, no… estás muy pero muy, muy mojado Philip G. Pataki – se detiene delante de él, le retira la toalla, camina unos cuantos pasos y jala una silla – será mejor que te seque lo mojado, porque si no te vas a volver a enfermar y te van a volver a inyectar.

Así, la pequeña Harriet se subió sobre una silla y comenzó a secar el húmedo cabello de Philip, ya que a pesar de su innato comportamiento tan "Helga", quería mucho a su hermano mellizo y se preocupaba por él – muchas gracias Harriet.

– sí, sí como sea – la pequeña continuo su labor, hasta ser interrumpida por el pequeño Harold.

– Dijiste que el doctor ese me iba a inyectar y nunca me inyecto Harry, eres una niña mentirosa – comenta casi a gritos.

– Me llamo Harriet niño gordo y no te inyecto, porque no tiene una aguja limpia pero mañana va a regresar y nos va a inyectar a todos.

– ¿Cómo sabes que el doctor "Showman" va a regresar niña? – pregunta con interés un pequeño llamado Michael, cuyo aspecto recordaba a Sid.

Haciendo ojos al cielo, la pequeña se baja de la silla – ¡Ash! ¿Qué no les sirve la mente? En primera que se aperi… se apedi… ¡es Shortman! Además, ¿Qué no vieron el montonsote de hojas que traía? Los doctores tienen que llenar siempre esas hojas… – la niña se separo de su hermano para poder discutir a gusto con los otros niños, dejándolo con la toalla en la cabeza.

Philip continúo secándose el cabello, hasta que escucho que se abría la puerta del salón de clases, llamando su atención hacia la entrada y vio como una pequeña niña, completamente empapada (incluso más que él) entro al aula. Su castaño cabello lo lleva peinado en una pequeña coleta, sujeto por un par de "bolitas" para pelo, color lila. La húmeda vestimenta constaba de un suéter manga larga, tipo torera, color lila más oscuro y un sencillo vestido de un lila claro. Sus ojos miel lucían algo asustados y temblaba como si fuera un pajarillo caído del nido; esto por el frio que envolvía su cuerpecito. La niña observo con cuidado a los escasos compañeros de clases; frunció el entrecejo, y antes de poder decir algo, sintió como una calidez rodeaba su espalda, haciendo que se sobresaltara.

– Puedes usar mi toalla – le dice el pequeño Phil a la niña que acababa de ingresar al salón de clases, sonriéndole en forma tierna.

– ¿co-como dices? – pregunta la pequeña, sintiéndose un poco extraña al recibir el amable gesto de ese niño desconocido.

– De este lado está casi seca. Me gustan las bolitas en tu cabello porque parecen canicas – finaliza Philip, dejando a la pequeña consternada en la entrada del salón de clases, para regresarse con su hermana.

La niña veía con impresión al niño de cabellera castaña y cabeza con forma de balón. Se envolvió en la toalla, que poco a poco calentaba su cuerpo y lentamente en su rostro, se formo una mueca parecida a una sonrisa, mirando al niño con ojos entrecerrados; por lo menos hasta que una voz la saco de su ensoñación – ¡Makena por Dios! Mira nada más como vienes, estas escurriendo de agua ¿no le recordaste a tus papás la hora de entrada?

Los ojos de los otros niños, que no se habían percatado de la presencia de la recién llegada (excluyendo a Phil), se posaron en la entrada y sobre todo, en la niña que le hablaba a la maestra – si maestra Sawyer.

Co suma atención, Lila reviso a la pequeña – será mejor traerte un chocolate caliente a ti también. Phil, Harriet, tomen sus tazas de chocolate, enseguida regreso.

– ¡Qué bien chocolate! – comento Harriet entusiasmada y apenas tuvo la taza en sus manos, dio un gran sorbo a la cálida bebida – ah que rico.

Makena vio como Harriet tomaba el chocolate caliente y sintió que su estomago le recordaba algo, ese día no había desayunado.

– Si quieres, puedes tomar mi chocolate – escucha la pequeña Makena a su lado, no siendo otro que el hijo de Arnold – yo puedo esperar el que va a traer la maestra señorita Sawyer.

Estupefacta, Makena baja la vista y ve que el niño con cabeza de balón le está extendiendo su chocolate caliente. Sin decir palabra alguna, asiente con la cabeza y toma la taza de Phil.

Phil deja sola a Makena para juntarse con Andy, quien le niega con la cabeza en señal de reproche – ten cuidado con esa niña Phil, le gusta empujar y pisar a los demás niños.

– ¿ah sí? – Pregunta en forma inocente – no sabía.

Harriet no puede evitar escuchar esto – ¿en serio? Pues yo Harriet C. Pataki sé cómo poner en su lugar a esas niñas presumidas hijas de "papi" – se levanta de la silla donde estaba con Andy para dirigirse hacia la mencionada.

– Philip tienes que detener a tu hermana – comenta Andy bastante preocupado – ella no sabe como es Makena.

Con presura, Phil y Andy se encaminan tras Harriet – No Andy… tú no sabes cómo es Harriet.

– Vengo para que le devuelvas la toalla de mi mellizo a mi mellizo – comenta la rubia de dos coletas – el chocolate te lo puedes quedar, está lleno de babas tuyas.

Los niños que se encontraban ahí, junto con los niños que iban llegando, formaron un círculo alrededor de las niñas. Makena, acostumbrada a esto, se puso de pie y se abrazo de la toalla – no niña, no te la voy a devolver y no me importa si ese niño tonto es tu mello… melli… melleso, lo que sea que quiera decir eso.

– ¿ah sí? Pues como se ve que no conoces a Ramona.

– ¿Ramona? ¿Quién es Ramona? – le pregunta Andy a su amigo.

– Ay no… ahí viene Ramona – responde Phil, poniendo una mano en su rostro – Harriet, será mejor que hoy no salga Ramona – le dice Phil a su hermana, tomándola de los hombros para tratar de calmarla.

Makena empuja a Harriet, quien cae al piso de un solo sentón. La niña de piel aperlada y ojos color miel ya estaba acostumbrada a pelear en el jardín de niños, y sabia con antelación que eso bastaba para provocar que su contrincante se largara a llorar, dándole la irrefutable victoria. Sin embargo, las cosas con Harriet serian distintas.

– ¡¿Qué te pasa niña tonta? – Harriet se levanta del piso casi de un solo brinco y le da un certero golpe, tumbando a Makena al piso – no me vuelvas a empujar ni a mí, ni a mi hermano ni a mí… – mira de reojo a Andy, coloreando sus mejillas – ni al tonto chico pelos de esponja que está ahí – finaliza señalando con el dedo al mencionado.

Asustada, Makena mira desde el piso a la niña nueva, rubia con dos coletas y ojos tan verdes como esmeraldas; la misma que la acababa de tirar al piso – ¿hermano?... yo… snif yo… buaaaaa.

– ¿Pero qué está pasando aquí? – pregunta Lila, que va entrando y ve a Harriet delante de Makena, llorando en el piso y con la mejilla colorada – Harriet ¿tú hiciste esto?

En la enfermería del preescolar, María camina en círculos esperando desesperada a que Arnold regresara con su encargo.

– Afuera están lloviendo perros y gatos – comenta Arnold abriendo la puerta de la enfermería, llevando en sus manos un paraguas y un soporte de cartón con dos vasos de café – traje café moka para mí y un capuchino para ti.

María toma el soporte con ambos vasos de café – siempre recuerdas cual es mi favorito ¿verdad amor?

– Es fácil cuando tienes algo de tiempo conviviendo con la persona – responde mirándola algo entretenido mientras sacude su paraguas – sabes María, en un principio pensé que esto sería una mala idea, pero ahora que estoy viendo a esos pequeños pues… Cuando iba saliendo vi a una pequeñita que estaba más mojada que… – las palabras de Arnold son interrumpidas al sentir como los brazos de María lo rodean desde la espalda, al tiempo que advertía como la morena recargaba la cabeza en su espalda – ¿María… te ocurre algo?

– Arnold… yo quiero decirte que… – la morena da un largo suspiro, abrazándolo más fuerte – no nada.

El rubio se voltea hacia ella y le devuelve el abrazo – vamos María, estabas de un muy buen humor esta mañana, pero desde que viste a Lila, parece que algo te esta molestado.

– Ella te gustaba en la escuela Arnold – responde María, con voz seca, frunciendo el entrecejo y bajando la mirada.

– jajajaja ¿eso es todo? – pregunta Arnold y sin poderlo evitar, deja escapar unas cuantas risas de su boca – ¿es eso María?

Molesta por la respuesta del cabeza de balón, María mira al susodicho con coraje en sus ojos – no le veo la gracia Arnold – responde y se separa de él, pero este de inmediato la toma de la cintura y la jala de regreso – ¡suéltame Arnold!

– perdóname María, jajaja… pero es que en serio ¿estás celosa por algo que paso hace jajaja no se… como 20 años? Además quiero que sepas que aun estando en la escuela, entendí que ella solo me gustaba y no gustaba, gustaba… como solía decirlo.

En ese momento, María recordó con tristeza, la razón por la que Arnold dejo de perseguir a Lila – está bien amor, no hablemos del pasado… solo que, te amo tanto – dicho esto, se recargo en el pecho de Arnold, cerro sus ojos y dio un gran suspiro para percibir por completo la masculina y elegante fragancia, que desprendía la camisa del cabeza de balón.

– También te quiero María – respondió Arnold, abrazando con más fuerza a su secretaria, pero girando con el pulgar el pequeño anillo de tres diamantes, que portaba en su dedo meñique de la mano izquierda – y dime pequeña ¿ya terminamos por hoy?

– Cierto Arnold, discúlpame por todo… yo solo – la morena se separa del rubio, secando una pequeña lagrima que baja por su mejilla.

– María no te pongas así… estamos en Hillwood, nuestro Hillwood como tú le dices – con ternura, Arnold pone su mano en la barbilla de la morena y con la otra, seca la lagrima que bajaba libre por su mejilla – este es un nuevo comienzo, verás que todo nos saldrá…

María aprovecho la cercanía que existía entre los dos y le robo un beso a su adorado jefe, silenciando a Arnold de forma sorpresiva y poco a poco, este fue respondiendo al beso, hasta llegar al punto de comenzar a acariciar la espalda de su asistente.

– mph, mph – escuchan María y Arnold a sus espaldas, provocando que se separaran de súbito y desviaran su mirada – en verdad siento haberlos interrumpido de esta manera, pero ustedes dos me están bloqueando el paso hacia el estante de las toallas.

El rubor en el rostro de ambos no se dejo esperar. Arnold bajo la mirada y acomodo una mano en su cuello – este… descuida Lila, por favor pasa…

María por otro lado, estaba muy enojada por la interrupción; por lo que se mantenía con los brazos cruzados y las cejas fruncidas – muchas gracias, pelirroja.

Arnold iba a regañar a María por el tono en el que se dirigió a Lila, cuando unas pequeñas risas, que provenían del pasillo, llamaron su atención – ¿Quién se está riendo? – dice asomándose curioso por ver a la personita dueña de esa risa.

– jijiji… usted se estaba dando besitos con su esposa jajaja – replica la pequeña de dos coletas y overol azul, cubriendo su boca para no mostrar sus piezas dentarias faltantes.

– Pero que niña tan inteligente – menciona María, antes de asomarse y ver con terror de quien se trataba.

– Mira María ven, es Harriet la que se está riendo de nosotros – menciona Arnold con bastante emoción, suprimiendo al mismo tiempo, el enorme deseo de abrazar a tan tierna criatura – hola pequeñita ¿Por qué estas en el pasillo y no en el salón de clases?

– Porque está castigada – dice Lila y rápido sale de la enfermería, cubriendo con la toalla a Makena, que estaba dándole la espalda a Arnold; después se gira hacia Harriet y la toma en brazos – con permiso Arnold, María – sin más, se da la vuelta y se lleva a Harriet en brazos y a Makena de la mano, encaminando sus pasos rumbo a la dirección.

Harriet se asoma sobre el hombro de Lila, y ve como su maestra la aleja de su nuevo amigo. Levanta una mano y la sacude muy despacio, despidiéndose momentáneamente de él – adiós señor doctor Shortman.

María veía con gran ira, la mirada que Arnold le estaba poniendo a la pequeña. Suelta un largo suspiro y trata de controlar sus sentimientos – Arnold amor, por hoy hemos terminando, ¿no te gustaría ir a tu casa a descansar?

– ¿no prefieres que nos vayamos juntos? Tengo que revisar el papeleo y organizar lo que sigue para mañana.

– no mi cielo, tu vete y descansa. Te prometo que para mañana tendrás todo listo, además que no querrás que esta pobre chica se quede sin trabajo, por no organizar los pendientes de su jefe – acercándose en forma seductora, María pone ambas manos en las mejillas de Arnold y le da un gentil beso en los labios – hasta mañana mi amor.

Con una sonrisa de lado, Arnold toma las manos de la morena y le da un pequeño beso en la frente – hasta mañana María – toma sus pertenecías, su café junto con el paraguas y se despide de ella.

El día continúo su marcha, los grandes nubarrones grisáceos siguieron cubriendo a Hillwood; no obstante, la lluvia había dejado de castigar a la ciudad. Por otro lado, en el interior de la casa Johanssen se desataba una pequeña tormenta.

– ¿Castigada…? ¿Castigada Harriet? – decía la rubia a los cuatro vientos, caminando en círculos en la sala de estar de los Johanssen, sosteniendo en su mano una hoja que le entregaron a Phoebe cuando fue por los niños – ¿Y por qué? ¡Por una estúpida taza de chocolate Harriet Cecil Pataki!

La mencionada, permanecía sentada en el sillón, jugando con sus manitas y con la mirada en el piso – es que… ella le quito a…

Philip veía tanto a su mamá como a su hermana e inútilmente trataba de intervenir – coff, coff… mamá…

Phoebe se acerca detrás de la pequeña rubia y pone ambas manos en los diminutos hombros de la niña, en señal de apoyo – vamos Helga cálmate, solo fue una llamada de atención, lo más seguro fue que al ser su primer día, ella se sintió desorientada y hasta cierto punto temerosa, entiéndelo Helga… ciudad nueva, niños nuevos, escuela nueva…

La mujer de cabellos dorados se gira hacia su mejor amiga, mirándola con cara de pocos amigos – ¿por esto fue me avisaste por teléfono, de que ibas a pasar por ellos, verdad Phoebe?

– coff, coff… mamá… tía Phoebe…

Phoebe baja la vista y comienza a acariciar los dorados rizos de Harriet, recordando lo sucedido cuando fue por los pequeños.

Flashback…

La puerta principal del jardín de niños abrió sus puertas, dando paso a una oleada de preescolares que salía corriendo, portando sus impermeables y sus paraguas. Detrás de ellos, Andrew, Philip y Harriet eran escoltados por Lila, su maestra.

– La directora me pidió que le entregara esto a su mamá – comenta cabizbaja, levantando un sobre blanco tamaño carta, junto con una tabla de escritura – necesito que me firmes esto Phoebe.

Phoebe toma el sobre junto con la tabla y plasma su firma en ella. Se inclina hacia los pequeños y toma sus mochilas/bolsos, inmediato a esto se incorpora y rueda la vista buscando en los alrededores a "cierta" persona – ¿ya se fue?

La pelirroja asiente con la cabeza – se despidió temprano, pero en su lugar quedo… pues… – rueda la vista hacia sus espaldas y ve a la morena, que mira a ambas con un rostro que denotaba una intensa furia.

– ¿Ella no es María…? ¿La de la P.S. 118?

– y también es la novia de Arnold… después hablaremos de esto…

Frunciendo el entrecejo y sin despegar los ojos de la mirada retadora de María, Phoebe se despide de Lila – entonces tenemos mucho de qué hablar.

Fin del Flashback.

La pelirrubia mantenía los brazos cruzados, pero bajo la vista cuando sintió como alguien la jalaba de la blusa/polera – tía Helga, tía Helga… creo que Phil te quiere decir algo… Atshuuu.

Las mujeres adultas dirigieron su mirada hacia el pequeño Phil, que yacía dormido sobre el sofá – bueno, creo que este día ha sido muy agotador para todos, será mejor que lo lleve a acostar. En otro momento hablaremos de tu castigo señorita.

– si mamá – responde Harriet, bajando su cabeza y sintiéndose triste por la advertencia.

Helga se inclina hacia su hijo varón, permaneciendo así por un breve instante mientras lo recorría con la vista – te pareces tanto a él – pasa una mano por su frente para despejarle algunos cabellos que cubrían su rostro y fue en ese momento, que la rubia se dio cuenta que algo terrible le estaba pasando a su hijo – ¡Dios mío Philip! Si estas ardiendo en fiebre.

– ¿Cómo dices? – Pregunta Phoebe atónita, inclinándose hacia el hijo de su mejor amiga y tomando el pulso en su cuello – rápido Andy, tráeme mi maletín.

El pequeño moreno fue rápido hacia donde su mamá había dejado sus pertenencias y con cuidado tomo el pesado maletín. Harriet también se apresuro para ayudarlo y llevarle las cosas a la mamá de Andy, para que pudiera ayudar a su hermano.

– aquí tienes mamá, Atshuuu.

Del interior del maletín, Phoebe saco un termómetro digital y se lo puso en la axila al pequeño cabeza de balón – Andy te veo algo colorado – puso una mano en la frente de su hijo y se percato que el también tenía elevada la temperatura corporal – también tienes un poco de fiebre, hijo.

– mamá… Philip y yo nos mojamos en la escuela… Atshuuu… – confiesa Andy con temor de ser regañado.

– Ay Andy… ¿Cuántas veces te he dicho que…?

Pit, pit, pit

– ¡Pheb`s el termómetro ya sonó! dime que no dice 40 grados por favor – suplica Helga juntando las manos, deseando no tener que hacer pasar a su pequeño hijo por todos esos tratamientos.

– lo siento Helga… tenemos que llevarlo al hospital…

Un poco retirado de allí, Arnold y el abuelo trabajaban en el vehículo del primero.

– Este sí que es un hermoso auto hombre pequeño, aunque tu Ford Mustang 1965 no es competencia para mi Packard – comenta el viejo Phil, tomando sus tirantes con aires de triunfo, esperando a que Arnold le respondiera algo – ¿me estas escuchando Arnold?

Arnold estaba bajo el cofre del vehículo, pero su mente se centraba en la pequeña que había conocido. Sacude su cabeza al escuchar la voz de su abuelo – disculpa abuelo, ¿me decías algo?

– el día de hoy andas muy distraído hombre "no tan pequeño"

– lo siento abuelo… es solo que, pues… conocí a alguien.

Enarcando una ceja, el abuelo Phil se acerca a su nieto dándole pequeños codazos – y me podrías decir quién es esa mujercita… ¿dime es bonita? – comenta esto último guiñándole un ojo.

– es muy bonita abuelo, pero no es lo que tú crees, apenas tiene cinco años.

El abuelo puso ambas manos en su cabeza en señal de sorpresa – ¡por Dios Arnold eso está prohibido en todos lados!, bueno aunque no sé como sean las cosas en México, pero eso no está bien Arnold podrían arrestarte, rápido tenemos que esconderte…

– En México también está penalizada la pederastia abuelo y no es lo que tú crees, así que tranquilízate… es solo que… su mirada, su sonrisa… como que me recuerda a alguien – baja el cofre del vehículo y siente como en su rostro cae una gota de lluvia.

– Bueno Arnold, será mejor que me vaya a casa, según las noticias va a continuar lloviendo – dándole un abrazo, se despide del joven cabeza de balón – Parece que tienes una nueva amiguita, Arnold.

– si… eso parece – sacudiendo su mano, se despide una vez más de su abuelo.

La lluvia comenzó en forma ligera, por lo que Arnold tuvo tiempo de meter su automóvil a la cochera de su casa nueva. Esta casa que ahora habitaba Arnold estaba en la parte alta de Hillwood, era grande, de dos pisos y tenía muchas habitaciones; no porque a Arnold le gustara ser ostentoso, todo lo contrario, solo que vivir tanto tiempo en una enorme casa llena de huéspedes lo había acostumbrado a los grandes espacios. La residencia la fue construyendo cuando Helga le dio el sí, pero nunca paso por su cabeza en forma de balón, que no entraría por la puerta con su amada Helga en brazos.

Saco la despensa que había comprado, se preparo una cena rápida y sin más preámbulos subió con su equipaje a la habitación que había preparado para su matrimonio. Abrió su maleta y de entre sus ropas, saco ese preciado objeto que guarda con recelo y lo coloco sobre la cabecera de la cama. Se baño, se puso su pijama y beso ese peculiar accesorio – dulces sueños mi amor.

En otro lado, bastante opuesto a donde se encontraban Helga y Arnold, María permanecía sentada, sujetando una copa de vino tinto con una mano y en la otra portaba un expediente. Da un sorbo a su embriagante bebida, sin despegar la vista de la ventana

– Con que este es tu secreto tonta rubia – levanta el expediente y con desgano, hojea el contenido, encontrándose con dos fotos – Philip Gerald Pataki… Harriet Cecil Pataki… edad: cinco años…

Da otro sorbo y continua con sarcasmo – madre: Helga Geraldine Pataki… padre: "espacio vacío" jajaja que buena broma… mi querido Arnold, mi muy amado Arnold 'Philip' Shortman es papá… y no cualquier padre, sino padre de mellizos. Pero si crees que por tener hijos con él me lo vas a quitar tonta rubia, no tienes idea de contra quien te enfrentas.

Se pone en pie y deja su copa de vino en una pequeña mesa; toma su teléfono celular y realiza una llamada sin despegar la vista de las fotos, de los pequeños hijos de Arnold – ¿bueno? Si soy yo… hablo para decirles que si voy a cooperar para convencer a Arnold… solo si me hacen un pequeño favor...

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ConTinUarA...

Arnold siente una mágica y extraña conexión con la niña que acaba de conocer... pero ¿por qué? se pregunta Arnold. María ya se dio cuenta de que Helga tuvo hijos con Arnold y hará todo lo que este a su alcance para que él no los reconozca. Por otra parte a Philip le ha caído muy mal la mojada en el colegio, haciendo que se enfermara y hasta posiblemente, recayera en su enfermedad de base. Helga tendrá que balancear la enfermedad de Phil, el castigo de Harriet y las maldades de Anne Lois para salir ella con sus hijos adelante, sin saber que Arnold esta peligrosamente cerca de sus hijos... ¿que pasará cuando nuestro cabeza de balón se entere de que es padre?

isabel20: Gracias por tu comentario amiga, espero te guste este capitulo. Te mando un gran abrazo.

rickhunter17: Hola amigo, me dio mucho gusto leer que este es tu capitulo favorito, los demás espero que tambien te gusten. Te mando un gran saludo.

Datyi: Hola, te agradezco mucho tu review y si, pobre Helga, por sus hijos es capaz de cualquier cosa. Como habrás leído, Arnold no vio a su pequeño hijo Philip, pero siente una extraña conexión con la niña, ¿será que tardara en darse cuenta de lo obvio? jajajaja. La malcriada de Anne Lois no sabe a que fiera esta provocando, tenlo por seguro.

mari3304: Tu pregunta del millón todavía no va a ser respondia... pero tranquila, que las cosas se irán aclarando y esas dos (Anne Lois y María) deben agradecer infinitamente a Dios de que no es la edad media sino estarían ardiendo en la fogata privada de mari3304 jajajaja.

El puño derecho de Harriet se llama Ramona, la pierna tambien tiene su nombre pero luego lo pondré y sí, la pequeña se parece tanto a su madre y Harriet tendrá que lidiar con Andy que si va a ser algo obtuso con los sentimientos de las damitas, al igual que su amiguito Philip, que sin saberlo, ha tocado las fibras de un descuidado corazoncito femenino. Para finalizar amiga, como habrás leído Lila le marco a Phoebe (tenias toda la razón) y los abuelitos de Arnold siguen vivos, acuerdate que Gertie sabe algo al respecto de lo que paso entre Arnold y Helga.

letifiesta: Hola amiga, gracias por tu review, nos estamos leyendo y te mando un abrazo.

peste21: Gracias por compartirme la sensación que te dio mi capitulo pasado, y en efecto, quería transmitir ese sentimiento de Oh Dios... jajaja creo que lo hice bien. Como verás Arnold siente algo por esa niña, solo que aun no sabe que es y cuando se de cuenta de la razón... te vas a ir de espaldas cuando leas su reacción :). Te mando un gran abrazo :)

Mimi Star: Hola amiga, me da mucho gusto como en cada capitulo responder uno de tus reviews. Lila quiere mucho a Helga y también a sus pequeños así que ella tratará de respetar la desicion de la rubia en cuanto a la identidad de los hijos de Arnold. Anne Lois no tiene idea de con quien se esta metiendo, te lo puedo asegurar así que... aaaah no te puedo decir mucho, solo ten en cuenta que lo que se hace, se paga.

Por el lado de Arnold, como bien lo dices, "la sangre llama" y el siente algo por esa niña, obvio no sabe que es exactamente, pero si le mantiene ocupada su enorme cabeza de balón.

En cuanto "MAS QUE AMIGOS" ya estoy escribiendo el siguiente capitulo, asi que solo te pido mucha paciencia, va a pasar algo que a lo mejor no esperan muchos y de ahí una prueba de fuego, seguida de otra prueba de fuego y... aaah no te puedo adelantar mucho amiga, pero ten por seguro que no te desilusionare. Cuidate mucho mi pequeña gran fan, ya sanes aqui estare esperando tu Review :)

Que tengas lindo día y excelente semana.

Y ya para finaliza, agradezco el tiempo prestado a mi humilde Fic y esperare con agrado los reviews.

MaRyMoRaNTe:)