Hola de nuevo, en estas fechas voy a andar bastante ocupada y voy a tratar de actualizar lo más pronto posible. Agradezco de todo corazon a los que siguen mis dos historias y a letifiesta, rickhunter17, Mimi Star, isabel20 por sus reviews, los cuales respondo al final.

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.

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EL EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE

En Medio de la Tormenta

– ¡Oye Arnold!, ¡Oye Arnold!, ¡Oye Arnold!

El rubio abrió lentamente los ojos, estiro su mano y alcanzo aquel cable que conectaba su reloj alarma a una patata fresca. Arnold había rescatado de su casa ese curioso reloj alarma y lo modifico agregándole una radio.

Buenos días queridos radioescuchas, son las siete de la mañana y según los pronósticos del clima, continuara lloviendo…

– ¿continuara lloviendo Fred?, eso sí que son malas noticias.

– No solo eso Bill, según los pronósticos, hay probabilidades de una pequeña tormenta en el transcurso de la mañana; y aunque no está confirmado aun, si no tienen por qué salir mejor manténganse en casa bien calientitos.

– Esto es de cuidado amigos, manténganse sintonizados para más información, mientras tanto, les dejamos una colección de Jazz suave.

La música comenzó al igual que el día para Arnold. Aun con sueño, se sentó en su cama tamaño King, rodo los ojos hacia los enormes ventanales que tenía la habitación principal y confirmo que la lluvia caía con gran intensidad – Tal vez no lleven a los pequeños al preescolar, aunque yo si tengo que ir y recoger los primeros resultados… Es una lástima, quería volverla a ver – se puso al fin de pie, y se metió a bañar.

En casa de los Johanssen, Helga terminaba de arreglarse con la vestimenta de vendedora, siendo seguida de cerca por la pequeña Harriet.

– ¿Mamá?... ¿mami?... MAMÁ

Helga se detiene en seco y responde bajando la mirada – ¿Dime cariño?

– mamá… Phil sigue en el hospital… ¿verdad?

Con tristeza, Helga puso una mano sobre la cabeza de su hija – Si Harriet, pero no te preocupes, los doctores me dijeron que la fiebre ya le bajo.

– mmmh… ¿también Andy se enfermo, verdad mamá?

– Por desgracia sí, pero él no tiene la enfermedad de tu hermano, así que pronto se pondrá bien.

– Ah… – la pequeña bajo la mirada como entendiendo lo dicho por su madre, a lo que Helga continuo arreglándose.

– mami… ¿otra vez lo volvieron a poner inyecciones a Phil?

– Harriet, tu sabes la respuesta.

De nuevo, la pequeña bajo la cabeza y afirmo lentamente con ella – si mamá.

No es que la rubia quisiera ser grosera con ella, sino que en realidad le dolía hablar de eso y más aun, ver la mirada de tristeza en Harriet cada que le contaba o veía los tratamientos de Phil – Ven Harriet, tengo que cambiarte de ropa para llevarte a la escuela.

Así, Helga manejo hasta la escuela y dejo a su pequeña en la entrada. Una vez que la niña descendió, esta se acerco a la puerta del pasajero y movió su manita en forma de despedida hacia su madre; sin embargo, Helga recibió una llamada telefónica a su celular, tomo dicho aparato y arranco el vehículo sin percatarse de lo cerca que estaba su hija, mojando y llenando de lodo su impermeable rosa.

– ¡Ah! – La pequeña dio un pequeño salto hacia atrás, empujando a otra niña – perdona yo… ¿tú?

La niña que empujo fue ni más ni menos que Makena, la misma que Harriet había golpeado – si soy yo – Makena se le quedo mirando un instante, como buscando a alguien – ¿y tu hermano?

– Para que te lo vayas sabiendo, mi hermano está en un hospital enfermo – responde cruzándose de brazos, mirándola molesta.

Makena bajo la mirada, sintiéndose preocupada por ese niño de cabellos castaños y cabeza de balón. Lila se acerco a ambas niñas y las metió a la escuela – vamos niñas, está lloviendo mucho no queremos más resfriados.

Las clases empezaron con una baja asistencia de niños, por lo que Lila decidió darles el día libre para que jugaran en el salón de clases. Los pocos pequeños que estaban se dispusieron de inmediato a aprovechar las horas libres, solo dos niñas permanecían sentadas en solitario.

– Niños, voy a salir un momento, pórtense bien mientras regreso – Lila salió del salón, dejándolos a solas.

Harriet veía con tristeza a través de la ventana, su mente se centraba en el estado de salud de su hermano y su "amiguito especial" – espero que Phil se ponga bien… – bajo la mirada y saco de su overol la foto del pequeño Johanssen – Andy aunque te enfermes como mi hermano, te voy a amar mucho por siempre.

En tanto, Andy y Philip compartían habitación en el hospital. Phil se bajo de su cama, arrastró el pedestal donde colgaba su suero y se fue a acostar con su amigo.

– Andy ¿estás despierto?

Después de un largo bostezo, el pequeño respondió – si Phil, ¿ocurre algo?

– ¿Cómo te sientes?

Andy dirige los ojos hacia su mano izquierda – pues solo me dolió cuando me pusieron esto y un poco cuando me pasan medicina, pero me siento bien, ¿y tú?

– Siempre duele cuando la ponen – responde levantando su mano, mostrando su venoclísis – pero solo es en ese rato, y pues me siento mejor.

– Oye Phil ¿te puedo preguntar algo?

– ¡Claro! ¿Qué paso?

Sintiendo un poco de temor, el niño se animo a preguntar – ¿Dónde está tu papá?

El pequeño cabeza de balón no pudo evitar sentirse triste con la pregunta, y a pesar que no le gustaba hablar de eso, sentía mucha confianza hacia Andrew – mi papá está en el cielo, mi mamá dice que desde ahí nos cuida.

– entiendo… ¿lo conociste?

Phil bajo su mirada, después la dirigió hacia una mesa cercana a la cama, donde había un par de cobijas. Tomo una, se paro sobre la cama y la puso sobre los dos – mi mamá tiene unas fotos de él cuando era niño… y no lo conocí, se fue al cielo cuando estaba junto con mi hermana en la barriga de mi mamá.

Andy se acurruco junto a su amigo – si necesitas un papá, te puedo prestar al mío. Le puedes decir papá, papi, padre o como quieras.

Phil le sonrió en forma tierna a su amigo, juntaron sus manos e hicieron su nuevo saludo – gracias Andy.

Ambos niños fijaron su vista en el televisor de la habitación, Andy tomo el control que estaba bajo su almohada y la encendió – Oye Phil… ¿porque ese señor que estaba en la escuela se peina igual que tú? Quiero decir… de grande te verías mucho como él.

– Veo que también lo notaste y la verdad… no lo sé.

– Mi abuelito me dijo que los doctores eran ángeles enviados por Dios. Ese señor es el doctor ¿no?

Phil abrió grandes los ojos ante el comentario de Andy. Tal vez no entendía muy bien lo que podría significar eso, pero su infantil e inocente corazón le hacía volar su imaginación – podría ser…

La puerta de la habitación se abrió, siendo la doctora Johanssen la que ingreso – Andy, Phil, deberían de estar descansando, hasta el pasillo se escucha la televisión.

Ambos niños al verla, se escondieron bajo la cobija – ¡ya mamá ya nos vamos a dormir!

Phoebe no podía evitar sentir ternura al ver a su hijo junto con el de Helga compartir cobija. Se sentó en la cama y levanto la cobija, encontrándose los pies y los calzoncillos de ambos – pueden ver televisión si no tienen sueño o fiebre.

– ¿En serio tía Phoebe? – pregunto con ilusión Phil.

– En serio Phil, siempre y cuando no suban mucho el volumen ¿entendido?

Los pequeños comenzaron a moverse bajo las cobijas para acomodarse – si mamá gracias.

Dándole un beso a cada uno, la pelinegra salió de la habitación y se dirigió a la jefa de enfermería – en un rato más regreso Helen, te encargo mucho a mi hijo y a mi sobrino.

– Claro doctora Johanssen, vaya sin preocupación – la habitación de los pequeños estaba justo enfrente de la central de enfermería, teniendo un ventanal grande para poder vigilarlos. Por esto, Phoebe se sentía hasta cierto punto tranquila.

Llego la hora del almuerzo y María aun no hacia acto de presencia, cosa que le extraño a Arnold; pero sus dudas quedaron aclaradas cuando un mensaje de voz llego hasta su teléfono celular.

Amor no voy a poder llegar al jardín de niños, si no te veo más tarde será hasta mañana, te quiero, cuídate de la lluvia.

– Vaya – pensó Arnold, guardo su teléfono y escucho la campanada que iniciaba el periodo del almuerzo.

A Arnold no le molestaba comer solo, pero los deseos de ver a esa personita fue lo que condujeron sus pasos hasta el comedor infantil, donde diviso a lo lejos a esa tierna niñita.

– ¿puedo sentarme contigo?

Harriet elevo sus esmeraldas hacia la persona que se acerco a la mesa – ¿Makena?

La niña de ojos color miel afirmo con la cabeza.

– Bueno, es un país libre – respondió encogiéndose de hombros y cambiándose de lugar para que la niña se pudiera sentar.

Makena se sentó junto con Harriet, pues el gran parecido con su mellizo le daba la sensación de que estaba junto a él.

Arnold presencio esto y pensó que sería mejor acercarse en otra ocasión. Dio media vuelta para irse a la enfermería, cuando Harriet le llamo a gritos.

– ¡Señor doctor Shortman! Venga, venga, aquí comemos.

Sonrojando sus mejillas, Arnold se sentía curiosamente nervioso – Hola Harriet… tal vez mejor me vaya a…

De repente, la niña se puso de pie, se le acerco dando pasos grandes, empuñando las manos, frunciendo el entrecejo y tomo su mano – No puede decirme que no en negativa… ¡crimi…! – Harriet se detuvo en seco y puso una mano en su boca.

– ¿co-como dijiste?

– nada… venga señor Shortman, que tengo hambre.

Arnold camino tomando la mano de la niña, siendo guiado por ella hasta la mesa donde esperaba Makena. Las primeras letras de una frase conocida para él, le hicieron recordar a esa persona – parecía que iba a decir… NO… claro que no, Arnold ¿en que estas pensando?– sacudió su cabeza de balón en forma enérgica, para sacar ese pensamiento de su mente.

– ¿le pasa algo señor doctor Shortman? – pregunta Harriet, soltando su mano y sentándose en la pequeña silla.

– no linda, no me pasa nada.

La fuerte lluvia era constante sobre la ciudad, manteniéndose la alerta sobre la tormenta que haría acto de presencia en cualquier momento.

– Oh Helga, eres una dulce mujercita… tan amable ayudando a las chicas de almacén.

– gracias Charlotee – responde la rubia, bajando las cubetas que acababa de vaciar – ¿sabes Charlotee? tengo algo que pedirte.

– Camina conmigo linda, sirve que me acompañas al automóvil.

Charlotee salió de la tienda junto con Helga, quien se ofreció a ayudarla con la maleta y se dirigieron hacia el elevador del estacionamiento subterráneo – Charlotee… ¿podría tomar unas horas al día? Mi pequeño Philip esta en el hospital y…

– ¿Tu hijo está en el hospital? ¡Dios Santo! ¿Es grave?

– Bueno, la verdad si la fiebre le continua pues…

– ¡¿Mujer que estás haciendo aquí? ¡Claro que te doy permiso de faltar querida! Toma el tiempo que sea necesario.

Helga abrió la cajuela del vehículo de Charlotee y metió la maleta siendo ayudada por el chofer – Gracias Charlotee, con unas horas al día serán suficientes, mi mejor amiga esta en el hospital y ahora lo está cuidando.

La mujer de edad se acerco a Helga – linda, sabes que puedes contar conmigo. Voy a salir fuera de la ciudad y espero regresar para el fin de semana, si necesitas otra cosa, puedes pedírselo a mi dulce sobrina Anne Lois.

Claro, como si eso fuera posible – pensó la rubia. Ambas mujeres se abrazaron en señal de despedida – cuídate mucho Charlotee.

– Cuídate tú también Helga y a tus pequeños – después de darle un maternal beso en la frente, la amable señora subió a su vehículo, alejándose de ella. Helga se sintió un poco más tranquila, pues sabía que contaba con el apoyo de su jefa para poder darse vueltas al hospital, pues aunque sabía que Phoebe podía "echarle un ojo" a su hijo, no quería abusar de su hospitalidad; como sea, ella junto con sus pequeños vivían con la familia Johanssen y eso para ella, era demasiado.

– y bien Helga, ¿Cómo te fue? – le pregunto Susan una vez que llego al almacén.

Asintiendo con la cabeza, Helga esbozo media sonrisa – muy bien Susan, me dijo que si era necesario podía salirme para ir al hospital.

Betty se acerco con ellas – me da gusto Helga, vas a poder ir a ver a tu niño… cambiando un poquito de tema… ¿me podrían ayudar con esto amigas, por favor? – levanta ambas manos y muestra dos cubetas llenas de agua.

Susan y Helga tomaron una cubeta cada una, salieron y apresuraron el paso para vaciar el agua. Cuando venían de regreso, Helga se detuvo delante de una tienda de electrodomésticos, debido a un aviso de alerta que mostraban todas las televisiones – "A todas las personas en el área de Hillwood, se les informa que en media hora azotara una fuerte lluvia, con grandes precipitaciones y altas probabilidades de inundaciones en las zonas bajas"

– Dios, el kínder está en la misma zona que la P.S.118, tengo que hablarle a Lila.

Makena había tomado un almuerzo muy bien balanceado, pues su padre era un chef reconocido. En cambio y por desgracia, cuando Harriet abrió su lonchera, se percato que su mamá solo había puesto un paquete de galletas. Para fortuna de la niña y de Arnold, pudo compartir unos emparedados de mantequilla de maní y jugo de naranja que intencionalmente había elaborado (pensando que podía invitarle a su amiguita)

– Tu papá sí sabe de las frutas – comenta Harriet, tomando una pequeña bolita de melón de la lonchera de Makena.

– Gracias, mi papá dice que es buena para la… pues para la panza.

– Tu papá es muy sabio Makena – dice Arnold acariciando la cabeza de la niña, quien le sonríe en forma cariñosa (obviamente, ese amable señor de ojos verdes le recordaba en demasía a Phil) – y dime Harriet, ¿tu papá a que se dedica?

La pequeña miro a Arnold y después a Makena, quien aguardaba ansiosa por saber del papá de ese niño tan guapo – pues mi papá… bueno mi papá… ¡mi papá trabaja en el gobierno! es jefe de los agentes secretos…

Flashback…

Helga se fue junto con Phil y Andy al hospital donde trabaja Phoebe, mientras que ella se quedo en casa cuidando a Harriet en lo que llegaba su esposo.

– ¡Familia ya llegue! – Grito Gerald, cerrando la puerta y quitándose el impermeable – parece que va a seguir lloviendo.

– Amor que bueno que llegaste – Phoebe se acerca a Gerald rodeando su cuello para darle un beso de bienvenida – ven, acompáñame a la cocina.

Gerald vio por todos lados esperando ver a su hijo, pero cuando noto la preocupación que reflejaban los ojos de su esposa, sintió que algo malo estaba pasando – ¿Dónde está mi hijo?

Phoebe se asomo para ver si Harriet no la escuchaba – Andy y Phil se mojaron en la escuela, se enfermaron y Helga los llevo al hospital… Andy está bien dentro de lo que cabe, pero parece que Phil…

Con cuidado, Harriet se escabullo y aprovechando lo pequeñita que esta, se escondió bajo la mesa sin que se dieran cuenta (o por lo menos eso creía, ya que Gerald alcanzo a ver los piecitos de la nena). Phoebe puso a Gerald al tanto y una vez que se dieron un beso junto con un abrazo, la mujer de Gerald salió rumbo al hospital en medio de la lluvia.

– Harriet, ya puedes salir – dice el moreno una vez que se despido de Phoebe, se arrodillo y le extendió la mano a la pequeña – vamos princesa te puedes pegar en la cabeza, sal debajo de la mesa.

Con algo de temor, la niña salió debajo de la mesa – lo siento…

Gerald no podía dejar de sentir ternura mezclada con algo de melancolía, al ver las grandes lagrimas resbalar por las mejillas de Harriet, sumando esa disculpa espontanea – ¿pero porque te disculpas? – pregunta secando las lagrimas en su rostro.

– mi mamá me dice… snif… que escuchar a escondidas es malo... snif… y que cuando me descubran tengo que pedir perdón – responde tallando sus ojitos.

– linda no te apures, se que estas preocupada por tu hermano…

– Y por Andy – interrumpe Harriet, mirando aun con temor a Gerald.

– Mi niña – Gerald abrazo a Harriet, quien continuo llorando en su hombro. La levanto y con cuidado la subió a la habitación de huéspedes – ¿Qué te parece si te hago una rica cena y nos la comemos viendo la tele?

– pero mi mamá me dice que uno debe cenar primero y después ver la tele.

Mirando con complicidad a su pequeña invitada, Gerald la rodeo de los hombros – pero tu mamá no está ¿verdad? Si tu no le dices, yo no le digo – finaliza haciendo un movimiento delante de sus labios, como si cerrara un cierre imaginario en su boca.

Por fin, Harriet detuvo su llanto y miro con una gran sonrisa al papá de su amor – si tío Gerald – hace el mismo movimiento que Gerald, seguido de varias risitas.

– Así me gusta – dejo a la niña en la habitación y se bajo dispuesto a hacer la cena.

Durante la cena, Harriet le hacía muchas preguntas a Gerald; como a que se dedicaba, cuantos años tenía, si pensaba tener más bebés, de donde conocía a su mamá, etc. Cuando Gerald regreso después de bajar la charola con los platos y lavarlos, se dio cuenta que Harriet se había quedado dormida. La arropo y se fue a su habitación, se metió a bañar, se cambio en el baño y cuando se iba a acostar, noto un pequeño bultito escondido entre las cobijas.

– ¿Harriet, que haces aquí?

La pequeña se había puesto su pijama, aunque la camisetita/polera estaba al revés – es que… mi mamá…

– A ver, te ayudo – Gerald le quito la camiseta y se la acomodo – ¿no te quieres dormir conmigo?

La pequeña sonrió, afirmando enérgicamente con la cabeza de balón – gracias tío Gerald – le da un pequeño beso en la mejilla al moreno y se acomoda en la cama junto a él – Andy tiene un papá genial, me gustaría estar en su lugar.

Gerald se sintió un poco mal al escuchar esas palabras de una pequeña de cinco años. Con ese comentario, sabía que no estaba tan errado cuando le dijo a Helga que a la larga, les haría falta su padre – puedes decirme papá Gerald, si quieres.

La niña de inmediato giro su cabeza hacia Gerald, abriendo los ojos tan grandes que al principio asusto al moreno, haciéndolo pensar que había dicho algo "malo" – bueno… es decir…

Harriet tomo el brazo de Gerald y con dificultad lo levanto, después se acurruco en el pequeño hueco que quedo entre el brazo y el cuerpo de Gerald y lo abrazo – si papá Gerald, si quiero… – cerro sus ojos, dio un largo suspiro y con una discreta sonrisa en su labios, Harriet se quedo dormida.

– Que descanses pequeña – Gerald estiro su mano libre y apago la lámpara. Se acomodo al lado de su "hija adoptiva" y se quedo dormido, desconociendo que el verdadero padre de Harriet estaba muy cerca de ella.

Fin del Flashback.

– Ya veo… – dice Arnold, pasando una mano por su cabeza, sintiéndose extrañamente familiarizado con la descripción – no sabía que tu padre se llamara Gerald.

– si, al igual que mi hermano Gerald.

– Mi mejor amigo también se llama Gerald – comenta el cabeza de balón – su esposa es doctora igual que yo y…

– Arnold – interrumpe Lila, mirando preocupada la escena – Harriet ¿Qué… tanto han platicado?

– Cosas normales señorita Sawyer – responde Makena – ¿Por qué?

El sonido de un teléfono celular distrajo a la pelirroja – aguarden un momento, ¿bueno?

Lila, soy yo Helga, ¿te puedo pedir un favor?

– este… – Lila rodo los ojos hacia Arnold, que compartía gustoso una galleta de avena con su hija y Makena – si amiga, claro.

– ¿Podrías llevarte a Harriet a tu casa? en el pronóstico del clima dijeron que la lluvia puede provocar una inundación y estoy segura que les van a dar salida en cualquier momento.

– bueno He… digo yo…

Por favor Lila, Charlotee no está y Anne Lois está furiosa y ni siquiera sabemos porque… ¿Qué dices?

Arnold desvió su mirada a Lila, dándole una bella sonrisa – está bien, yo cuidare a Harriet, nos vemos en la tarde.

– ¿ocurre algo Lila? – pregunta Arnold poniéndose de pie con un poco de dificultad. No era fácil que alguien tan alto, se pudiera acomodar en una silla para preescolares.

– se avecina una tormenta Arnold y tengo que llevarme a Makena y a Harriet a mi casa.

– ¿mi papá no vendrá? – pregunta Makena, tomando la mano de Lila.

Lila se arrodillo y tomo a la pequeña de los hombros – lo siento Makena, pero tu papá hablo y me pidió que te cuidara hasta en la tarde.

La directora se acerco a Lila – Miss Sawyer, me hablaron de protección civil, debemos evacuar la escuela y dicen que el camino hacia su casa está inundado, si no tiene más a donde ir, en el centro se va a abrir un refugio temporal.

Harriet se acerco a Arnold y lo tomo de la mano, apretándola fuerte – ¿ocurre algo malo señor doctor Shortman?

El rubio cabeza de balón no pudo evitar escuchar esto. Era necesario salir de la escuela y ya que el camino hacia la casa de Lila estaba bloqueado, aunado al hecho de que Lila se haría cargo de Harriet y Makena, hizo que una brillante idea surgiera en su cabeza de balón – Lila tengo una idea.

– ¿La tienes?

– ¿Por qué no vienen tú y las niñas a mi casa?

La idea, que para Arnold era genial, para Lila era una pesadilla. Llevar a Harriet a un lugar donde los padres, los abuelos e inclusive los inquilinos la pudieran reconocer como su hija le aterraba – Arnold, pero por donde tú vives también se inunda.

– No Lila, me refiero la casa que tengo en la parte alta de la ciudad.

La pelirroja bajo los ojos, mirando a la pequeña que se aferraba a la mano de Arnold, tratando de encontrarle una salida a esto pues no sabía qué hacer. Por una parte, si Harriet decía alguna palabra que pudiera descubrir su identidad, esto causaría un gran escándalo por parte de Arnold, desconociendo hasta que punto podía llegar el rubio por recuperar a sus hijos. Por otro lado, cuando los encontró, Arnold no podía despegar su mirada de la niña; parecía que el rubio veía con gran interés cada palabra, cada expresión, cada movimiento que Harriet hacia, y sin que él se percatara, su rostro se iluminaba sonriendo de una forma casi infantil.

Lila odiaba hacerle eso a alguien a quien quería mucho.

– Harriet, Makena vayan por sus cosas… – dijo Lila con voz de mando, sin despegar los ojos de Arnold.

Arnold se entristeció y muy despacio soltó la mano de Harriet. Un fuerte trueno hizo que la pequeña se abrazara de la pierna de su padre, así como Makena se abrazo de Lila y varios niños pegaron de gritos.

– Makena ven, vamos por tus cosas no tengas miedo – levanto su mirada hacia Arnold y exhalo aire muy despacio – Arnold, ¿por qué no acompañas a Harriet por sus cosas y la llevas a tu auto?

El rubio no pudo fingir la alegría en su mirada – ¿quieres decir que…?

– Venga rápido señor doctor Shortman – Harriet jalaba con alegría la mano de Arnold – venga antes de que se oigan más truenos.

Después de un rato, el kindergarten ya estaba vacío. Los padres de la mayoría habían ido a recoger a sus niños. Arnold iba manejando muy contento hacia su casa y en el asiento de atrás iba Harriet, que no dejaba de hablar con él.

– Recuerdo que me hablaste de tu hermano Harriet ¿Dónde está? ¿Es mayor que tú?

El rostro de felicidad cambio en la pequeña – mi hermano mellizo está enfermo y está en el hospital señor.

– ¿mellizo? ¿Enfermo?

– sí, ayer se mojo y pues eso lo enfermo.

– Cielos… – Arnold hizo una larga pausa, recordando a los niños empapados que vio con Lila – De seguro, al que llevaba cubierto era al hermano de Harriet – pensó Arnold. Se detuvo en un semáforo y se volteo hacia la pequeña – ¿pero está bien, cierto?

La menor se encogió de hombros – no lo sé… me gustaría verlo – finalizo recargándose en la puerta, haciendo figuras con su dedo en lo empañado del vidrio.

Arnold solo afirmo con la cabeza, sintiendo pena por la pequeña. Lila los iba siguiendo muy de cerca en su vehículo, siendo acompañada por Makena.

Solo es cuestión de tiempo – pensaba la pelirroja, sin apartar la vista del vehículo de Arnold.

– Señorita Sawyer, Harriet y el señor Shortman tienen el mismo color de ojos ¿lo noto?

Estupefacta, Lila dirige su mirada hacia la pequeña que iba a un costado – ¿Les comentaste algo de esto, Makena?

La menor niega con la cabeza – ¿Por qué? ¿Es algo malo?

– Solo… solo no lo menciones ¿de acuerdo?

– De acuerdo… – responde la pequeña de ojos miel, extrañada por la petición de su maestra.

– Bien, hemos llegado – dice Arnold, bajando del automóvil y sacando un paraguas negro. Se apresuro a darse la vuelta para abrirle la puerta a la pequeña – señorita ¿me permite acompañarla? – pregunta extendiéndole la mano a Harriet.

La menor no pudo evitar reír ante la acción – jiji está bien – se aferro a Arnold y este le hizo dar un gran salto, con el fin de librar un enorme charco – siéntase como en casa señorita.

Una vez que dejo a la menor en la entrada, corrió y cubrió con su enorme paraguas a Lila y a Makena – señoritas.

– Gracias Arnold, tú siempre tan galante – responde Lila, tomando a Makena en brazos y siendo abrazada por Arnold para cubrirlas de la lluvia.

– ¡carambas, su casa es enorme señor doctor Shortman! – escucho Arnold provenir del pasillo, una vez que llego con Lila y Makena a la entrada.

– ¡Harriet compórtate por favor, somos invitadas en casa del doctor Shortman!

La torrencial lluvia comenzó, acompañada de fuertes truenos y relámpagos. El cielo se oscureció de tal forma, que parecía había anochecido antes de tiempo. El tiempo transcurría, y las niñas gritaban y corrían por todos lados, tratando de esconderse de los truenos y relámpagos, hasta que sus pasos las llevaron a la habitación principal.

– mira Makena ¿ya viste? – señala la pequeña de dos coletas, la cosa que esta encima de la cama.

– ¿Por qué el señor Shortman tendría una de esas cosas? – Pregunta Makena al tiempo que se quita los zapatos para subirse a la cama – ¿Qué esto no lo usan las mujeres?

Harriet también se quita los zapatos y se sube a la cama, acomodo un montón de almohadas y se apoyo en ellas para poder alcanzar el objeto y bajarlo – si, esta cosa se la ponen en la cabeza y se meten a la iglesia para casarse con los novios.

– A ver – ambas niñas extendieron la delicada tela semitransparente que colgaba de una peineta con forma de media corona y adornada con pedrería.

– Niñas, Arnold y yo les traemos… ¡Oh por Dios! – la pelirroja se detiene en seco, mirando el objeto que Harriet llevaba en la cabeza y lentamente abrió las manos, dejando caer la charola con los vasos llenos de chocolate caliente. Se apresuro y de un rápido movimiento se lo arrebato – ¡Harriet, no juegues con esto!

– Lila ¿ocurre algo? – Arnold se asomo y también quedo impactado al ver lo que Lila sujetaba. Se acerco a ellas con el rostro completamente cambiado – ¿Quién…? ¿Quién lo tomo?

Makena y Harriet cruzaron miradas, pero Lila fue la que se echo la culpa – fui yo Arnold.

El rubio frunció el entrecejo y sin mirar a Lila, le quito el objeto, se acerco a su cama y volvió a poner el preciado tesoro en su lugar – niñas, será mejor que jueguen en otro lado – comento en un tono casi cortante.

Ambas niñas veían asustadas al galeno, y antes de salir de la habitación, Harriet se regreso, bajo la cabeza y elevo sus preciosas esmeraldas a Arnold – señor… la maestra Lila no fue la que lo bajo… fui yo.

La expresión en el rostro de Arnold fue cambiando. Desde que recibió el velo de novia de Helga, lo guardaba con recelo. No dejaba que nadie lo tocara, inclusive fue causa de disgustos y peleas con algunas de las chicas con las que salió, incluyendo la misma María (muy a pesar de lo cercanos que eran) y en todas esas ocasiones, no podía disimular la molestia en su rostro y podía permanecer así por largo rato. Pero en esta ocasión, en esta peculiar y única ocasión, la molestia que sentía se desvaneció en el instante que vio la dulce carita de miedo en esa niña que lo tenía bajo un suave hechizo, ese en el que quedan felizmente envueltos los padres.

Por vez primera, Arnold se sentía mal por haber antepuesto su tesoro más preciado sobre alguien. La penetrante y al mismo tiempo asustadiza mirada de la niña, lo dejaba con un sentimiento de pena mezclada con culpabilidad, y aunque por dentro no sabía porque se sentía así, entendía que tenía que compensarla.

Arnold se arrodillo para quedar a la altura de la niña – Harriet… discúlpame… yo solo…

La menor asintió en forma forzada, para después voltearse hacia Makena – Makena ¿nos vamos abajo a jugar?

Apenas la niña respondió en forma afirmativa, Harriet la tomo de la mano y bajaron las escaleras. La pequeña rubia es de igual carácter que su madre.

– Arnold, no le hagas caso… fui yo la que…

– Lila por favor, déjalo así ¿quieres? – respondió cabizbajo mientras se agachaba para recoger las tazas.

Lila se agacho con él – lo siento mucho Arnold en verdad. Si la hubieses visto con el velo… hubieras encontrado el rostro de Helga… perdóname – pensaba lila mientras le ayudaba a limpiar.

Pasadas unas horas, Arnold junto con Lila permanecían en la sala de televisión, viendo una película infantil con las pequeñas. La fuerte tormenta había cedido, dejando una leve llovizna en su lugar.

– ¿hace cuanto que llegaste Arnold?

– No tiene mucho, llegue el sábado pasado desde Chicago junto con María.

Lila hace una pausa, dando un sorbo a su chocolate caliente – no sabía que eras pareja de María.

– ¿María? no ella no… – el rubio pasa una mano por sus cabellos, recordando el beso que se dieron en la enfermería – lo dices por "eso" ¿cierto?

– Se ve que te quiere mucho… ¿has pensado en formalizar una relación con ella?

Como instinto, Arnold dirigió su mirada hacia Harriet, que estaba sentada en el piso con Makena – no seriamente, pero si quiero formar una familia.

Lila observa la reacción de Arnold y no puede más; siente que necesita saberlo – Arnold… hay algo que es necesario que sepas… – lo toma de las manos, pero una llamada a su celular la distrae.

Lila, soy yo Phoebe ¿Cómo está Harriet?

– Está aquí conmigo y esta bien.

– Voy saliendo del hospital, Helga me pidió de favor que pasara a tu casa por ella.

Lila se pone en pie y se aleja del rubio – Phoebe… no estoy en mi casa… en media hora llego a tu domicilio.

– ¿No, dime donde estas?

– ¿Lila vas a querer más chocolate? Oh perdona – Arnold se regreso, levanto las tazas de las niñas y dirigió a la cocina.

– Lila, esa voz se me hizo familiar.

– Te veo después Phoebe – la pelirroja corto la llamada y rápido ordeno las pertenencias de Harriet y Makena – niñas ya es tarde, será mejor dejar descansar al doctor Shortman.

El rubio salió apresurado al escucharla – Pero como… ¿ya se van?

– Si Arnold, la mamá de Harriet la está esperando.

– ¿Las puedo acompañar? – pregunta el rubio, entusiasmado.

– ¡NO!

Harriet, Makena y por supuesto Arnold, se sorprendieron mucho por la brusca respuesta de la pelirroja – es decir… tengo que llevarla al hospital a ver a su hermano.

– ¿En serio señorita Sawyer? – dice Harriet, emocionada de ver a Philip.

– Pues yo soy pediatra Lila, y tal vez si veo al pequeño pueda…

La joven pelirroja estaba perdiendo la paciencia. Tomo en brazos a Harriet y a Makena de la mano – entiende Arnold, no puedes acompañarnos – camino unos cuantos pasos rumbo a la salida y se volteo – perdóname… pero ellos necesitan convivir en familia.

– Entiendo – Arnold toma el paraguas y las encamina hacia el vehículo de Lila.

Una vez adentro, Lila les habla a sus pasajeras – Niñas, despídanse del doctor Shortman.

Makena se acerca a la puerta, moviendo su manita, en cambio Harriet se cruza de brazos y baja la mirada, haciendo un ligero puchero.

– ¿Harriet, no te vas a despedir de mi?

– Adiós señor doctor – dice en voz baja y de mala gana.

Lila sonríe recordando la innata herencia Pataki – No le hagas caso Arnold, solo esta sentida por el regaño… Harriet, despídete bien del doctor Shortman.

– Adiós señor doctor Shortman – respondió mirándolo a los ojos y enseguida volvió a bajar la mirada.

– Adiós nena.

Una vez que las perdió de vista, Arnold regreso a su casa y apenas subía las escaleras cuando sonó su celular.

Arnold, soy yo María, ¿Qué crees? Te tengo buenas noticias.

– Hola María ¿buenas noticias? A que te refieres con…

Ya no vas a manejar el grupo control Arnold, trabajaras aquí con el grupo del nuevo antibiótico.

El rubio cabeza de balón, sintió como si una ráfaga fría pasara sobre el – ¿Cómo dices? ¿Pero porque?

cielo, te veía tan decepcionado por trabajar con el grupo control, que moví mis influencias para que estuvieras en el hospital. Tienes que venir en este momento para que tú y el doctor Taylor se pasen el avance.

María finalizo la llamada, dejando a Arnold menos que gustoso. En su pensamiento solo estaba la triste idea de no volver a ver a Harriet.

– Pero si solo es una niña, como cualquiera de las que he tenido de pacientes… ¿Porque me duele separarme de ella? – negó con la cabeza y se apresuro a cambiarse para ir directo al hospital, intentando pensar en positivo con respecto al cambio.

Mientras tanto, en el hospital.

– ¿mamá? ¿Y mi tía Phoebe?

– tu tía Phoebe se fue amor, ahora me voy a quedar contigo y Andy toda la noche.

– mamá ¿Por qué tengo estos trapos en la cabeza?

Helga se levanta del sillón y con cuidado, baja la palangana donde remojaba los paños – te dio mucha fiebre corazón y teníamos que bajártela – lo cierto era que Phil había presentado fiebre muy elevada, al grado de que la fiebre lo hiciera delirar.

– tía Helga ¿me puedo dormir con Phil?

Helga sonrió ante la pregunta – si Andy, pero primero tienen que cenar.

Las protestas no se hicieron esperar – no, guacala, no me gusta.

– Hey, hey tranquilos – la rubia abraza a ambos y los acerca – la verdad yo también odio la comida de los hospitales, pero si quieren que ya no los inyecten van a tener que hacer un esfuerzo. Demostrémosles a esos idiotas matasanos que se están recuperando y que no nos van a vencer – finaliza mostrando un puño a los niños.

– ¡sí! – gritaron los niños y de inmediato Helga les acerco la mesita con la cena.

– tía Helga, mi comida no tiene gelatina.

La rubia comparo las dos charolas – no te preocupes Andy, enseguida te consigo tu gelatina.

Helga salió de la habitación y se fue a lo largo del pasillo en busca del carrito de comida, encontrándolo junto con la encargada, en el elevador de servicio – ¡Oiga espere! – grita la rubia antes de entrar al ascensor, cerrándose la puerta tras ella.

Al mismo tiempo, se abren las puertas del elevador de piso – Como le decía doctor Shortman, los avances los tengo en la oficina, acompáñeme por favor.

– Oh Arnold, estoy tan feliz de que estés en el hospital, donde te gusta – comenta María tomando cariñosa el brazo de Arnold.

– sí, que bueno ¿no? – respondió Arnold, pasando una mano por su nuca.

María se dio cuenta de la reacción del rubio, conociendo muy bien la causa de su actual desencanto – esta vez te gane rubia – piensa y entra junto con Arnold a la oficina del Dr. Taylor.

La puerta del ascensor de servicio se abre, saliendo Helga con dos gelatinas en la mano – "para el niño más amable del mundo" criminal, definitivamente Phil tiene mucho de Arnoldo – pensaba Helga, mirando el segundo vaso de gelatina que le regalo la cocinera. Entra al cuarto de los niños, quienes ya estaban acabando la cena.

– Toma cariño – Helga extiende su mano y le entrega al pequeño Johanssen una gelatina de piña

– muchas gracia tía Helga.

– de nada Andy – Helga se pone en pie y entrecierra las persianas de la habitación – una vez que terminen, se van a dormir.

– pero mamá… Andy y yo no tenemos sueño.

– nada de peros Philip Gerald Pataki, tienen que descansar para aliviarse lo más pronto posible.

Una vez terminada la cena, Andy se acomodo junto a Phil, y Helga se reclino sobre la cama de los niños, quedándose profundamente dormida. Por su parte, Arnold al fin termino de explicarle al doctor Taylor y salió junto con María al pasillo – bien doctor Taylor, si esto es todo, creo que me quedare un rato a revisar los documentos.

– no se preocupe doctor y si no le molesta, voy con María a pasar el resto de los archivos a mi automóvil.

– Eso significa que necesito las llaves de tu auto amor – le dice María al rubio, tomando las llaves que llevaba en la bolsa trasera de su pantalón – enseguida regreso – finaliza guiñándole un ojo.

Después de despedirse momentáneamente de su asistente, Arnold se gira para regresar a la oficina, pero antes de tocar la perilla de la puerta, cambia de dirección y se acerca a la central de enfermería – disculpe señorita buenas noches, ¿hay algún paciente de cinco años llamado Gerald?

La enfermera busco el expediente – lo siento doctor, pero no encuentro el expediente de algún niño llamado Gerald, de seguro el médico de guardia lo tiene.

Arnold quedo en silencio unos minutos – muchas gracias enfermera – se regreso con la idea de revisar los documentos, pero la voz de la enfermera lo detuvo.

– Espere un momento doctor, durante la noche de ayer ingresaron dos menores y están en esa habitación, tal vez ahí este el niño que busca – señala la habitación de Andy, Phil y Helga.

– Gracias enfermera – se dirige hacia el cuarto, entra despacio tratando de no hacer ruido y como esta en penumbras, acerco su mano hacia el interruptor de luz, siendo vigilado por unos impresionados ojos azules.

– por favor, no prendas la luz.

– ¿disculpa…? – busca con la mirada a quien le habla, pero su vista no se ha acostumbrado a la oscuridad.

– Es que mi mamá se acaba de dormir – Phil había cubierto con su cobija a Helga, que se había recargado en la cama y cuya cobija la tapaba desde media cintura hasta la cabeza – y mañana tiene que ir a trabajar.

Arnold se sienta en la cama vacía, donde debería estar Andrew – eres un niño muy considerado… ¿Gerald cierto?

– sí, también me puedes decir Phil.

– tu hermana me hablo de ti, dice que has estado enfermo.

Phil sentía mucha emoción, sonrió feliz y se sentó en la cama, moviéndose lo suficiente para despertar a Andy – mi hermana siempre está hablando contigo ¿verdad?

Esas palabras se le hicieron extrañas a Arnold, puesto que no tenía mucho de conocer a Harriet – pues, podría decirse que sí. Pero vine a ver como estabas.

– Estoy mejor ahora – la sonrisa de Phil se desdibujo de su rostro, y miro a Arnold con algo de miedo – no vienes a llevarme contigo ¿cierto? Porque mi mamá y mi hermana me necesitan.

– ¿pero porque haría eso? Si vas a mejorar y vas a recuperar la salud.

Un gran suspiro de alivio sale por la boca del niño y de Andy, que escuchaba en silencio – uff menos mal… es difícil, pero tengo que ser el hombre de la casa.

Si mal no recuerdo, Harriet me hablo de su padre, quizás el trabajo no lo deja estar con ellos – pensó antes de continuar – entiendo, es una responsabilidad muy grande y no ha de ser tarea fácil.

María regreso y se fue directo a la oficina del doctor Taylor; Arnold la diviso entre los espacios de las persianas y comprendió que era hora de retirarse – bueno Phil, tengo que retirarme, estoy seguro que tu estado de salud mejorara, confía en mí. Cuida mucho a tu mamá y a tu hermana.

Así, con un movimiento de mano, Arnold se despidió del pequeño – buenas noches Phil… María aquí estoy – cierra la puerta y se pierde tras ella.

Phil se sentía muy emocionado. Andy se sentó y miro sorprendido a su amigo, quien mantenía la mirada en la puerta por donde había salido Arnold – buenas noches… papá…

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ConTinUarA...

Oh por Dios, Phil ya se dio cuenta de que aquel extaño doctor es ¿su papá?, pero ¿como llego a esta conclusion? y Helga que hará cuando se tope con Arnold en el hospital. María quizo separar a Arnold de sus hijos, sin pensar que ahora su adorada rubia esta más cerca de lo que ella quisiera. Lila estuvo a punto de confesarle a Arnold, ¿podra hacerlo en el siguiente episodio? Espero que me tengan paciencia jajaja

letifiesta: Gracias por tu review, espero el proximo.

rickhunter17: Gracias por los animos, espero te haya gustado este episodio tambien, prque el que viene jajaja te vas a acordar de mi :)

Mimi Star Hola amiga, con respecto a dos mini Helgas pues si, hay dos mini Helgas (no podia dejar a Phil sin su abusona personal verdad jajajaja) y pues la historia de Makena con la marcha se ira sabiendo. Gracias por decirme que te encanto la mezcla de los nombres con los hijos :), esa era la idea :D

Con respecto a si se encontraran en el hospital, pues si Arnold se encontro con Phil, solo que no lo vio bien, pues el pequeño no quizo que encendiera la luz para no despertar a Helga. Paty se enamoro de un primo de Rhonda justo despues de que Rhonda se casara con Harold (más bien y por ironico que parezca, fue al reves, pero eso sera otra historia :D)

Y con respecto a Arnold, aun no ha salido a la luz sobre que fue lo que hizo Arnold a Helga, pero ya falta poco para que las cosas salgan a la luz. Solo te adelanto que el siguiente capitulo te vas a infartar jajajaja (bueno quien sabe)

Cuidate mucho y nos vemos pronto :)

isabel20 Hola amiga, espero te haya gustado este episodio, y a mi tambien me cae mal María, pero ya veras lo que sucede :) :)

Agradezco la atencion a mi humilde Fic y si les esta gustando la historia, solo les pido de favor que me dejen un review para conocer sus opiniones.

MaRyMoRaNTe:)