Hola a todos, muchos se preguntaran como es que actualice tan pronto. Para ser sincera, este capitulo y el anterior iban a ser uno solo, pero al ver todas las palabras pues cai en cuenta que era muy largo para un solo capítulo. Agradezco los reviews de Ekida, SandraPullman-Pataki, letifiesta, isabel20, master.-helga, Ires, los cuales respondo al final.
Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.
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EL EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE
La Vida Es Rosa
Con cansancio y fastidio en su rostro, Helga condujo hasta el hospital para encontrarse con su hijo y con Phoebe.
– ¡Helga te ves muy bonita! – comenta Phoebe al encontrarse con la rubia en el piso de pediatría. La oriental siente extrañeza al ver a Helga más temprano que de costumbre, revisa su reloj de pulsera y para confirmar, rueda la vista a un reloj de pared – ¿no llegaste muy temprano Hel?
La rubia se encoge de hombros – Gracias Pheb's, hoy salimos temprano debido a inventario… traigo de vuelta a Harriet, espero no te importe.
– No importa Helga llegas justo a tiempo. El médico de Philip está pensando en darlo de alta y me pidió que lo fueras a buscar una vez que llegaras, para platicar sobre el tratamiento a seguir.
La rubia sonríe en forma discreta ante el comentario de Phoebe; el que le dieran el alta hospitalaria a Philip, creía era la mejor noticia del día. Se inclina hacia su pequeña, con la cual no cruzo muchas palabras durante el trayecto al nosocomio – Harriet, te pido por favor, por favor, no te metas en problemas.
Los cristalinos ojos verdes de la niña, se fijaron en los zafiros de Helga – si madre – Phoebe tomo su mano y la llevo de nuevo a donde Phil y Andy.
– Helga ¿paso algo? – pregunta la mejor amiga de la rubia, pues la conocía muy bien y podía leer el rostro de Helga.
La mujer dio un cansado suspiro – Phoebe… solo llévame con el médico ¿sí? No comí bien por darle parte de mi comida a Harriet y quisiera llegar a casa… – da otro largo suspiro antes de continuar – mejor dicho, a tu casa.
– Entendido – la pelinegra descendió junto con Helga y la llevo hasta el área de consultorios, que estaba en el otro edificio; mientras que los niños permanecieron en la habitación.
Ante la advertencia que le había dejado Helga a su hija, Phil entendió que algo malo había pasado con ella; conocía muy bien el tono y la mirada de su mamá cuando estaba enojada y la mayoría de las veces Harriet estaba involucrada – ¿Harriet que paso?
– nada que te importe Philip…
– Pero Harriet, solo quiero ayudarte – respondió el pequeño cabeza de balón, acercándose a su hermana y rodeándola de los hombros.
– ¡Criminal! Está bien, una señora horrible de pelos castaños, rompió algo muy costoso y me culpo a mi Philip y yo no lo rompí.
– ¿estás segura? – pregunta Andy, mirando un poco inseguro a la niña.
Harriet sintió un vuelco en su corazón, pues aquel a quien a tan temprana edad consideraba el amor de su vida, no le creía – ¿y a ti quien te pregunto, pelos de estropajo?
– Andy, si Harriet dice que no lo rompió, yo le creo – responde Philip, tomando el hombro de su hermana, regalándole una tierna sonrisa (típico de los Shortman).
Andy en respuesta, asintió y le sonrió a Harriet. Se acerco y tomo la mano de la niña, lo que le devolvió la sonrisa y el color en las mejillas a la pequeña – perdona Harriet, yo también te creo entonces.
A una distancia considerable, María iba saliendo del baño con bata afelpada, una toalla enrollada en la cabeza y con curiosa danza, se dirigió a su armario.
– Daa, daaa, daa… – María tarareaba una melodía mientras buscaba con entusiasmo un vestido de coctel – Arnold amor, me pregunto ¿de qué color será tu corbata? Una verde resaltaría tus hermosos ojos, pero si te pones una azul, el color de tus bellos ojos da un tono aguamarina… Aunque un sexy vestido rojo, podría hacer esta noche bastante "placentera".
La morena se puso de pie frente al espejo, desvió la vista hacia la puerta de su alcoba para asegurarse que su padre no la espiaba, y continuo – creo que este azul me sienta muy bien, pero será mejor asegurarme – tomo el celular y encontró una llamada perdida.
– ¿una llamada perdida? ¿Arnold me marco? – la mujer complacida, le devolvió la llamada al rubio.
– ¿Bueno?
– Hola amor soy yo, tengo una llamada perdida tuya y quiero ver qué puedo hacer por ti "lindo pollito"
– Ah sí María, solo te marcaba para avisarte que voy a pasar un poco más tarde. Me hablo la secretaria del doctor Taylor para que fuera al hospital a conseguirle una carpeta, y quiero aprovechar para pasar a ver a Philip, el hermanito de Harriet.
De inmediato, la sonrisa se desdibujo de María – ¿Cómo dices? A-Arnold amor, y-yo te puedo acompañar, en cinco minutos estoy en tu casa.
– jaja gracias linda María pero ya voy llegando al hospital, no te preocupes no tardare, te veo en un rato más.
– Arnold, Arnold contesta… ¡ARNOLD! – María se desespero de tal forma, que no escucho cuando el rubio termino la llamada – ¡rayos! Tengo que arreglarme rápido.
De vuelta en el hospital, Harriet y Phil estaban sumidos en una acalorada discusión – ¡te digo que me lo des el juego Philip! – grita la pequeña, jalando con todas sus fuerzas el videojuego que era de su hermano – tú lo has tenido todo este tiempo y quiero jugarlo.
– ¡Harriet no, aun no he guardado mi juego y voy a perder los avances!
Phoebe junto con Helga iban de regreso, cada una con una charola de comida para sus hijos – ese doctor sí que me desespero…
– tranquila Helga, ya firmaron el alta de Phil, vamos a poder llevarlos a casa... ¿Qué hace Andy afuera de la habitación? – pregunta Phoebe al ver a su hijo afuera del cuarto donde continuaban peleando Harriet y Phil.
– Mamá, tía Helga… Phil y Harriet están peleando – les expresa el niño, con algo de preocupación.
– ¡Por Dios Harriet! – Helga acelero el paso y entro a la habitación, donde pudo ser testigo de cómo sus hijos forcejeaban con el aparato – ¡Harriet, Philip, deténganse en este instante!
El pequeño cabeza de balón soltó el aparato al ver a su madre, haciendo que la niña se fuera para atrás y pegara con Helga, vaciando el contenido de la charola sobre su mamá – ¡AAAH! ¡Mi ropa!
– ¡Ay no el videojuego se rompió! – reclamo el niño con tono molesto, pero en cuanto levanto la vista, la ira que vio en los ojos de su madre le sello los labios.
Fuera de sí, Helga tomo a Harriet del brazo con fuerza – ¡Harriet Cecil Pataki! ¡¿Pues qué demonios pasa contigo? ¡Desde que llegaste a Hillwood te has estado portando muy mal!
– No… ¡no es cierto! – grita la pequeña, mirando con algo de temor a su madre, pero manteniendo el ceño fruncido.
– ¡Por Dios Santo Harriet! Primero el castigo del preescolar, después lo que rompiste en la tienda y ahora esto… ¡Has roto el juguete de tu hermano y me llenaste la ropa de comida!
Phoebe se acerca a Phil junto con Andy, deja la charola en la cama y trata de calmar a Helga – Helga, tú sabes que Harriet no quiso…
– ¡Yo no rompí nada y tú no me crees!, ¡NUNCA ME CREES!
– ¡Por qué nunca te comportas! Además haces que me preocupe por ti…
La pequeña Harriet forcejeaba con Helga – ¡No es cierto! ¡Tú solo te preocupas por Phil y no te importa dejarme sola!
La rubia abrió los ojos, soltando un poco a la niña – Harriet, eso no es verdad…
– Harriet, tú no estás sola, tenemos a mi papá que ahora está más cerca de nosotros – interrumpe Phil, con la esperanza de calmar las cosas.
Con ojos cansados, Helga se dirige a su hijo – Otra vez con eso Philip, entiéndelo tu padre ya no está con nosotros.
– "¿Tenemos a mi papá que ahora está más cerca de nosotros…? ¿Otra vez con eso…?" Dios mio – Phoebe queda pasmada ante las palabras de Phil – Phil por favor, no digas mentiras – Andy escucha a su mamá, la toma de la falda y la jala para que esta se incline y pueda susurrarle al oído – No son mentiras mamá, anoche lo vimos al papá de Phil.
La joven oriental permanecía boquiabierta y con los ojos como platos, sintiendo un terrible presentimiento. No podía entender en qué momento, Arnold había subido al piso de pediatría para ver a los niños – ¿seráacasoqueArnoldyalosabe?
– Ojala y lo que dice Philip fuera verdadero, me gustaría mejor estar con mi papá que contigo – replico la pequeña, que ya no era sujetada por su madre.
Apretando los puños, Helga miro a su hija en forma fría y le hablo cortante – Harriet Cecil Pataki, tu padre ya no se preocupa por nosotros… entiéndelo, está muerto.
– ¡Me gustaría mucho mejor que te hubieras muerto mejor tú!
¡PAFF!
– Helga…
– mamá…
Un fuerte dolor fue creciendo en la mejilla izquierda de Harriet, así como el calor en ese lado de su carita. Su rostro empezó a ser decorado, por las grandes lágrimas que comenzaron a resbalar con intensidad de sus ojos, como si de dos caídas de agua se trataran – BUAAAA, TE ODIO – la menor se tomo su adolorido cachete y salió corriendo de la habitación.
Helga se quedo en silencio con la vista fija en el piso, lo que provoco que Phoebe les pidiera a los niños que trajeran una botella de agua, de la máquina expendedora.
– Helga… ¿te sientes bien, no vamos a buscar a Harriet?
En un movimiento tan rápido que la oriental no pudo predecir, la rubia la aprisiono de los brazos y comenzó a hablar incoherencias – soy igual a él Pheb's… ¡soy igual a él!
– Helga cálmate, de que estás hablando.
– ¡¿QUE NO VISTE? ¡Acabo de abofetear a Harriet, a mi hija de cinco años! ¡SOY IGUAL A BOB!
Antes de proceder, Phoebe se aseguro que los pequeños no la vieran. Levanto una mano y abofeteo a Helga, silenciándola en el acto – Lo siento Helga, pero estabas histérica.
En tanto, Harriet corrió hasta el elevador y descendió a la planta baja. Cuando salió, empujo a unas personas con bata y siguió corriendo hacia el área de jardines, que dividía los dos edificios. Se sentó en una de las bancas y dirigió sus esmeraldas al cielo, el cual seguía cubierto de oscuros nubarrones.
– papá… ¿Por qué te escondes? ¿Dónde estás? – doblo las piernas y se abrazo de ellas, ocultando su triste llanto un instante, después volvió a mirar hacia el firmamento como buscando algo, aclaro su garganta y comenzó a cantar.
Háblame di porque de mi te alejas
Sabes bien lo que estoy sufriendo sola
Casi al mismo tiempo, Arnold se despedía del personal encargado del laboratorio, donde había ido a recoger la famosa carpeta azul. Cuando iba saliendo del edificio, escucho a lo lejos una triste canción, cuya voz se le hizo familiar.
No me has dejado de amar
Necesito toda la verdad, creo en ti
Con cuidado, Arnold fue siguiendo el melancólico cántico, hasta que llego a la misma área de jardín donde estaba la niña, a quien no tardo en identificar – ¿Harriet?
Puedo esperar por ti
Un minuto o la eternidad
La vida es rosa si tú estas la haces tú
Ven a mí…
Es todo gris si no estás aquí
El rubio se acerco sigiloso, pues quería estar lo suficientemente cerca para escuchar a la pequeña que tanto admiraba.
Como puedes creer que todo acabe
Olvidarte así de nuestro mundo
No te he dejado de amar
Necesito toda la verdad
Creo en ti
Puedo esperar por ti
Un minuto o la eternidad
La vida es rosa si tú estás la haces tú
Ven a mí…
Tráeme tu luz vuelve junto a mi… snif…
La niña se acomodo en posición fetal y reanudo su amargo llanto. Arnold sentía que ver a la pequeña en ese estado le partía cruelmente el corazón y no pudo contenerse, por lo que comenzó a caminar hacia ella. Harriet alcanzo a escuchar los pasos del cabeza de balón, más cuando este piso unas hojas secas, y eso la sobresalto.
– ¡Harriet espera, soy yo! – dijo al ver que la niña se metía entre unos matorrales. Arnold se aproximo a los arbustos y distinguió los zapatitos blancos de la niña – este arbusto tiene los zapatos de una amiguita mía… – dice con la esperanza de calmar a la pequeña.
– Lo siento… snif… señor Shortman… snif – sale del escondite, tallando sus húmedos ojitos.
– preciosa, ¿Qué te paso? ¿Por qué estabas llorando?
– porque snif… dije algo muy horrible… snif…
– ¿y por eso cantabas? – pregunta acariciando la cabeza de Harriet y sentándose donde había encontrado a la niña – ¿a quién le cantabas?
Con la cabeza gacha, Harriet eleva su dedo índice de la mano izquierda, señalando al cielo – a mi papá…
Esta respuesta dejo consternado a Arnold, pues la misma niña había asegurado que tenía un padre y platico sobre él – ¿pero, y tu papá Gerald?
– mi papá de verdad vive en el cielo… mi mamá nos conto, que es la primera estrella que brilla cuando se hace de noche y se mete el sol. Papá Gerald es mi papá de mentiras.
– pequeña… estoy seguro que tu mamá está preocupada por ti. Porque no entramos al hospital, tomas un vaso de agua y…
De repente, Harriet se abraza de la cintura de Arnold y comienza a llorar – no puedo regresar buaaaa… le dije a mi mamá cosas muy feas… snif de seguro ahora me quiere menos.
La impresión que tenía el rubio al sentir el tierno y triste abrazo de la niña, era difícil de describir. En su corazón aun se escuchaba la triste canción que Harriet le había dedicado a su papá, que ahora sabia estaba muerto. Empero a esto y de forma irónica, también sentía una gran emoción, pues desde que la había conocido, tenía grandes deseos de abrazarla; para él, Harriet era la niña más tierna y dulce del mundo. Con cuidado acerco a la pequeña y la rodeo en un fraternal abrazo – te apuesto a que tu mamá ya olvido las cosas que le dijiste. Ven, yo te llevo con tu mamá.
– ¡No puedo! Tengo que comprar el videojuego a Phil, porque se lo rompí pero sin querer.
Con una mano en su mentón, Arnold busco al otro lado de la calle el nuevo centro comercial que habían construido – pues, enfrente hay un centro comercial, si gustas puedo ir a buscar el videojuego de tu hermano y yo…
– ¡NO! – Grito la niña, soltando y mirando con seriedad al cabeza de balón – esto es algo que tengo que hacer yo en forma personalmente.
– pero está al otro lado de la calle, además que tu mamá…
– No se va a dar cuenta, cuando está cuidando a Phil no sabe donde estoy – dijo encogiéndose de hombros y de inmediato busco en la bolsa de su overol, saco y conto las monedas que tenia. Posterior a esto, dio paso decidido rumbo a la transitada avenida, haciendo que Arnold se apresurara hacia ella y la tomara de la mano.
– Esta bien señor doctor Shortman, si tiene miedo de cruzar la calle puede tomar mi mano – le dijo levantando su rostro con orgullo, pues aunque ella sentía un poco de temor, no pensaba aceptarlo.
– Su actitud me recuerda mucho a la de ella – ese fugaz pensamiento llego mientras encaminaban sus pasos hacia la juguetería.
En cuanto a Phoebe y Helga, esta última ya se había calmado – cuando Philip se enfermo, Harriet tuvo que permanecer mucho tiempo sola, a veces la cuidaba una señora que vivía en el departamento de enfrente, pero debido a su avanzada edad, prácticamente se la pasaba dormida y Harriet… sola.
– Helga, no te puedes culpar por esto, aunque hubieras querido partirte en dos sabes que eso era imposible.
Helga toma un poco de agua de la botella que los niños le llevaron – lo sé… pero soy su madre… tenía que estar ahí para ella. Solo tiene cinco años Pheb's, necesita de su mamá.
Una llamada al celular de Helga las interrumpe – ¿bueno Helga? Soy yo Betty, Vincent me mostro las grabaciones de prueba del sistema de vigilancia y bueno, Harriet en ningún momento toco la caja musical, fue la bruja la que la tiro.
Helga siente como si un gran balde de agua fría, cayera sobre ella – Harriet me decía la verdad… Betty muchas gracias, en serio no sabes lo importante que es para mí escuchar esto – termina la llamada y se gira hacia Phoebe – Phoebe, tengo que hablar con Harriet.
Los niños llegan corriendo hacia la habitación – ¡mamá, tía Phoebe, Harriet no está en el piso!
– ¡Santo Cielo! ¡Tenemos que buscarla! – pronto, Helga salió corriendo rumbo al elevador siendo seguida por los pequeños. Phoebe tomo su celular para hablarle a Gerald y a las enfermeras les dio la orden de comunicar al servicio de seguridad del hospital.
– Me da este juego – dice la pequeña niña, poniéndose de puntitas y acomodando la caja del aparato, en la mesa de la caja registradora.
La vendedora se le quedo viendo a la niña, después rodo ojos a Arnold que estaba tras Harriet – ok linda, son… doscientos cincuenta dólares.
La menor saco el pequeño montón de monedas y las puso a un lado de la registradora – ¿con esto me alcanza?
– lo siento cariño, aquí tienes cuatro dólares y cincuenta centavos, te faltan doscientos cuarenta y cinco dólares con cincuenta centavos.
Con tristeza, Harriet retira las monedas de la mesa – está bien señora.
Cuando la niña estaba metiendo las monedas de vuelta en su bolsa, Arnold aprovecho la distracción de la pequeña para hablarle en voz baja a la vendedora – oh, lo siento mucho pequeña, olvide decirte que hay un descuento especial y el total son… – la mujer vio de reojo a Arnold, que mostraba cuatro dedos – cuatro dólares.
Con una enorme felicidad, Harriet puso de vuelta todas las monedas en la mesa. La vendedora hizo el cobro y metió el juego en una bolsa. La niña se cruzo de brazos y frunció el ceño.
– no me ha regresado mis cincuenta centavos.
La vendedora cruzo miradas con Arnold, quien se encogió de hombros y le sonrió a la mujer – usted me dijo que eran cuatro dólares y yo puse cuatro dólares con cincuenta centavos ¿Dónde están mis cincuenta centavos? – volvió a exigir la niña, llevando sus manos a la cintura.
– Perdón linda – la vendedora abrió la caja y saco la moneda – aquí tienes.
– Me lo podría envolver para regalo – le pregunta Harriet, regresando el videojuego – venga señor doctor Shortman, quiero ver los juguetes.
– Adelántate, en un momento te alcanzo – la niña corrió hacia los estantes, por lo que este aprovecho para pagar el juguete – ¿son doscientos cincuenta dólares verdad? – Pregunta el rubio entregando su tarjeta de crédito.
– en sí, son doscientos cuarenta y seis dólares… se ve que ama a su hija, se parecen tanto – le dice la mujer, quien hace el cobro del aparato.
Por primera vez desde que la conoció, Arnold rodo los ojos hacia Harriet que estaba sentada en un triciclo y "noto" sus cabellos dorados y la pequeña cabeza en forma de balón – no… ella no… – posa una mano en su nuca, pero la mujer lo vuelve a traer al mundo.
– tenga su tarjeta señor Shortman.
La niña corrió hacia Arnold y lo tomo de la mano – en lo que está el regalo de Phil vamos por unas malteadas, ven, ven – lo empieza a jalar hacia la fuente de sodas.
– no se preocupe señor Shortman, aquí guardare su regalo.
En la entrada del hospital, se estaba armando un alboroto – ¡exijo una explicación! – reclamaba una persona conocida, a un vigilante que resguardaba la salida.
– Lo siento señor, pero una niña está perdida y hasta que me lo ordenen, nadie puede salir del edificio.
Las personas y los pacientes dados de alta se estaban alterando – Nadie le dice al gran Bob que hacer, hazte a un lado muchacho – sentencia el padre de Helga, empujando al vigilante a un lado, pero este volvió a su posición original.
– Cálmate papi, seguramente la mamá de esa pobre niña está pasando un terrible momento – le dice Olga, que toma el brazo de Bob.
– ¿Señor Pataki?
Bob, Miriam y Olga voltearon a sus espaldas – ¿Phoebe? ¿Helga? ¿Qué están haciendo aquí cariño? – pregunta Miriam, encontrando una enorme angustia en los ojos de su hija.
Helga se abraza a sí misma, tratando de evitar la mirada de Bob – la niña que están buscando… es Harriet, Miriam.
El gran Bob se paralizo al escuchar esto, apretó los dientes y tiro a un lado el bastón que le ayudaba a mantenerse de pie – Es todo Miriam, voy por mis cosas – camino hacia su hija menor y cruzo miradas con ella – Tenemos que buscar a mi pequeñita ¿no?
Algo que Helga no podía negar, era que Bob adoraba a sus nietos. En Phil había encontrado al hijo varón que nunca tuvo, y la personalidad tan "Pataki" de la niña lo tenía fascinado – Gracias Bob.
– ¿Dónde la viste por última vez, Helga?
– En el piso de pediatría Olga… tuvimos una discusión, y salió corriendo.
– Entonces subamos todos al piso de pediatría y peinemos la zona. Hay que hablarle a David para que traiga el tanque, Miriam – replica Bob.
Phoebe, que estaba acompañando a la rubia, se adelanta – disculpe señor Pataki, pero usted acaba de ser dado de alta por un ataque agudo de gota, no creo que sea conveniente que haga esfuerzos innecesarios.
– mira Phoby, aquí lo que importa es localizar a mi niña, quien sabe con qué clase de idiota se encuentra en este instante.
– Aquí está tu malteada linda – la vendedora le entrega a Harriet un vaso infantil con un popote.
Harriet saco su moneda pero Arnold tomo su manita – descuida pequeña, yo invito – Arnold paga las malteadas al mismo tiempo que la vendedora le extendió la suya – su niña es adorable.
– este… – Arnold bajo la vista y vio que la pequeña ya lo tenía agarrado de la mano y lo miraba fijamente, sin dejar de sorber su malteada. Esto inquieto un poco al rubio y no quiso decir nada, por temor a confundir o incomodar a la niña – gracias.
– ¿ya vio? – La niña jala de nueva cuenta a Arnold y lo lleva a un puesto de flores – ¿Cuántas flores me da con esto? – pregunta a la encargada mostrando su moneda.
Detrás de Harriet, Arnold saco un billete de cincuenta dólares y se lo mostro a la florista – bueno cariño… con cincuenta dol… quiero decir centavos, puedes llevarte este ramo de rosas o un adorno de…
– ¡quiero el ramo! – la niña le dio a la mujer los cincuenta centavos, tomo el enorme ramo y con un poco de dificultad se fue rumbo a la juguetería.
– Es usted un padre muy tierno, la niña saco sus ojos.
– este… la verdad ella no es mi hija, yo soy soltero.
– ¿y tienes novia? – pregunta la mujer, mirando con coquetería al cabeza de balón.
– Bueno a decir verdad… – Arnold siente un pequeño empujón en sus piernas – El señor doctor Shortman viene conmigo señora – le dice a la florista, a quien mira con las cejas juntas. Toma la mano de Arnold y con la otra, abraza con fuerza el ramo de rosas – búsquese otro novio en otro lado, ¡criminal!
Arnold abrió grandes los ojos al escuchar la última palabra de Harriet, bajo la vista y sintió un fuerte escalofrió – ups, dije la palabra prohibida jiji – dice divertida tapando su boca.
– Harriet, ve… ve por el juguete por favor, yo aquí te espero – Arnold sintió una fuerte punzada en su cabeza, pues su inconsciente comenzaba a armar el inminente rompecabezas.
– Mmmh… está bien, tome y cuídelas – la niña le entrega el ramo casi de golpe junto con su malteada, y se va saltando feliz a la tienda. El rubio se sentó en una fuente, se retiro el saco y con cuidado pone la carpeta azul a un costado – creo que he estado trabajando demasiado, Harriet… ¡por Dios Arnold!, ¿en que estas pensando? estás viendo cosas que no existen. Sera mejor llevarla con su mamá y terminar con esto.
c – c – c – c
En el nosocomio, muchas personas comenzaron a abandonar el edificio, bajo la orden del jefe del servicio secreto – detective Johanssen, no encontramos a la niña en el interior del inmueble.
– Busquen de nuevo en los alrededores y el edificio conjunto, yo subiré al piso de pediatría a avisarle al familiar – responde Gerald, señalando a tres de los hombres que estaban con él – Arnold viejo ¿desde cuándo llegaste a Hillwood?... si supieras todo lo que están pasando tus hijos; lo que ha de estar pasando Harriet en este momento…
– ¿Gerald? – El moreno voltea a un lado y queda desconcertado al ver quien le habla.
– ¿Ar-nold...? ¿Arnold eres tú? ¿Por dónde entraste?
– hola papá Gerald ¿Por qué están todas estas personas disfrazadas de policías? – cuestiona Harriet, dando otro sorbo a su malteada.
– papá Gerald… ¿quieres decir que ÉL es tu PAPÁ GERALD?
– Aja – la menor suelta la mano del rubio y se acerca a Gerald, con la bolsa del juego – mira papá Gerald, compre el juguete que le rompí a Philip.
Gerald toma su radio, sosteniendo la mirada de Arnold – A todo el cuerpo policiaco, aborten la operación búsqueda, ya tengo a la menor conmigo – se inclina y toma a Harriet en brazos – ya vi corazón, ven que tu mami está muy preocupada por ti. Lo siento mucho viejo, pero en este momento estoy ocupado.
– Espera un instante Gerald, ¿después de tantos años sin vernos solo me saludas así y ya? Aquí está pasando algo muy extraño ¿Por qué hay tantos policías? ¿De dónde conoces a Harriet?
Los policías entraron corriendo al interior del inmueble, pero la mano de Gerald los detuvo antes de que tocaran al rubio. Da un enorme y largo suspiro – mph, mph… Arnold creo que necesitas saber algo, Harriet es…
El timbre del ascensor anuncio la apertura de sus puertas en la planta baja, acompañado del grito de una madre desesperada – ¡HARRIET!
– ¡MAMÁ! – La menor prácticamente brinco de los brazos de Gerald y corrió hacia Helga – ¡mira mamá mira! compre el videojuego de Phil y a ti te compre…
Con una gran impaciencia, Helga se arrodillo, abrazo con fuerza y dio incontables besos a su hija, sintiendo al fin un enorme alivio a su tensión – si amor, lo que tu digas.
– pero mamá… no me has dejado decirte que…
Helga se separo lo suficiente para revisar a su pequeña – ¿no te paso nada…? oh mi amor mi vida, estaba tan preocupada por ti – volvió a abrazarla, acariciando sus rizos dorados y dejando salir las lagrimas de felicidad, mezclada con arrepentimiento.
– estuve con mi amigo mamá, él me acompaño a…
De nuevo, Helga interrumpió a su hija – Harriet Cecil Pataki… perdóname mi amor, debí creerte desde el principio, perdóname por abofetearte, por todo.
– no mamá, yo tengo que pedirte perdón por las groserías, pero para eso estoy lista; te compre un gigantesco ramo de flores – Harriet se separa de Helga y con toda tranquilidad, se dirige hacia un sumamente impactado Arnold.
En cuanto a la reacción de Arnold, cabe mencionar que aunque él aun no entendía del todo lo que estaba pasando, su inconsciente le iba aclarando las cosas. Para él, todo estaba transcurriendo como si estuviera en cámara lenta. El encontrar a la mujer que aun ocupaba un lugar especial en su corazón; la misma que se lo había roto cinco años atrás, y todavía verla correr y abrazar a Harriet, definitivamente lo desconcertó.
Poco a poco, Arnold comenzó a sentir como en su pecho crecía una enorme opresión, la respiración se le iba dificultando y prácticamente sentía el corazón en la garganta, a tal punto que el querer pronunciar palabra, le provocaba un intenso dolor en el cuello. No supo en qué momento empezó a sudar frio, pero de lo que si se percato, fue que la punzada en su cabeza aumento de intensidad.
– ¡señor doctor Shortman, mire nada más! ¿Por qué tiro las flores? ¡Criminal!
Lentamente Arnold bajo la mirada hacia la niña y de a poco, fue recordando las palabras de las vendedoras –"se ve que ama a su hija, se parecen tanto" "su niña es adorable" "Es usted un padre muy tierno, la niña saco sus ojos" – Dio un paso hacia atrás y en un principio, parecía tenerle miedo. Se inclino hacia ella y tomo el ramo, fijando sus bellos y turbados ojos verdes, en los idénticos ojos de su hija.
La rubia en cambio, no se percato de la presencia de Arnold hasta que levanto la vista, y reconoció a la persona que Harriet fue a buscar. Ni los problemas con Anne Lois, las travesuras de Harriet, y la enfermedad de Phil juntas, le habrían causado tan fuerte choque como el volver a ver al padre de sus hijos. En un inicio, Helga llego a pensar que estaba viendo visiones. No podía o mejor dicho, no quería creer que él estaba ahí, con su carísimo traje negro, que evidentemente era de alguna reconocida marca; su buen porte, (algo de lo que nunca careció) gran elegancia, y su inconfundible cabeza en forma de balón de futbol americano. Ese era Arnold sin duda, frente a su hija, frente a ella.
Decir que Helga estaba en shock era mínimo, sus manos comenzaron a sudar y el corazón latía tan fuerte, que le provocaba dolor. Su cara estaba casi adormecida al igual que su cuerpo y dio varios amargos tragos de saliva, para asegurarse de no estar soñando. La fuerte angustia de estar tan cerca del padre de sus hijos, la tenían paralizada y sin saber cómo reaccionar.
– t-ten – dijo el rubio extendiendo, con temblor en sus manos, el ramo de rosas que le había comprado a la mamá de Harriet, a quien observaba consternado. No obstante, la menor dejo caer la malteada junto con el juego y se tomo su vientre – me duele la panza.
Estas palabras fueron las que hicieron reaccionar tanto a Helga como a Arnold, quienes no quitaban la vista del otro. De inmediato ambos se acercaron a ella – Harriet ¿te sientes mal? ¿Dónde te duele?
– ¿Hija qué te pasa? – rápido, Helga vio unas conocidas manchas en el cuello de la niña. Como instinto, tomo el vaso de malteada, metió un dedo y probó los restos – fresas.
Por un breve instante, las miradas de ambos se volvieron a encontrar, creando más tensión en el ambiente – ven cariño, vamos a tener que llevarte con un medico.
– ¡no! Me duele mi pancita mamá, no me cargues porque me aplanas y me va a doler más – rodo sus ojos hacia su "amigo" Arnold – señor doctor Shortman, tengo mucha comezón.
Pronto, Arnold se puso de pie y entonces noto que no se encontraban solos. A su alrededor estaban Gerald, Phoebe, Bob, Olga y su esposo David, y Miriam junto con Andy y por supuesto Philip, a quien reconoció pronto como el hermano de Harriet – tra-tra-tranquila Harriet, e-en mi consultorio tengo medicina, yo… creo que…
– Enfermera, traiga pronto una silla de ruedas y lleve a la niña a urgencias pediátricas – Phoebe da las indicaciones al personal, y lleva a Harriet al área de urgencias pediátricas, siendo seguida por el resto de los Pataki. Helga miro con temor los cristalinos ojos de Arnold y salió a paso veloz hacia urgencias.
Una fuerte palmada en la espalda de Arnold, lo ayuda a reaccionar – viejo, creo que tenemos que ir a ver a la pequeña.
El rubio solo afirmo con la cabeza, y siguió en silencio a Gerald.
Una vez ahí, todos se encontraban afuera de un cubículo, entendiendo pues que en ese mismo estaban examinando a Harriet.
– Sabes Arnie, Harriet tiene cinco años – le comunica Gerald, cuidando las expresiones del joven galeno y con la esperanza de que entendiera los lazos que tenia con los niños.
Arnold apenas había escuchado lo mencionado por el moreno. Toda su atención se centraba en un pequeño niño, cabello castaño, ojos azules y con una conocida cabeza en forma de balón. Por su parte, Phil tampoco quitaba la vista de Arnold. Desde que lo vio en la recepción del hospital, había intentado acercarse a él, pero en un principio fue Phoebe la que intervino, sujetando su mano con fuerza. Ahora que esperaban a que salieran Phoebe, Helga y Harriet, el niño de nueva cuenta intento salir corriendo hacia su padre, pero Miriam lo sujeto de la muñeca – Phil por favor, no te separes – le reprocho en voz baja.
Este movimiento no paso desapercibido por los que estaban esperando – déjalo Miriam – le indico Bob.
– Pero Bob – Miriam se extraño ante la petición de Bob, descuidándose lo suficiente como para que Philip se soltara y se apresurara hacia Arnold.
Arnold cruzo miradas con Philip, sintiendo una extraña sensación de felicidad al tenerlo ahí, delante de él. Despacio, el niño tomo el borde del saco de Arnold y lo jalo, haciendo que Arnold se arrodillara hacia él. La primera lagrima que descendió del ojo de Arnold, fue atrapada por el dedo de Phil; la llevo a su boca e hizo un gesto de desagrado – esta como amarga – menciono el pequeño.
Una mediana y triste sonrisa fue lo que esbozo el rubio. Phil se puso de puntitas y estirando sus brazos, alcanzo el cabello rubio de Arnold. Este entendió lo que el niño quería hacer, por lo que inclino su cabeza. Cuando Phil se canso de explorar y acariciar el dorado cabello de su padre, sus pequeñas manitas recorrieron con ternura la ovalada silueta de la cabeza de Arnold, quien termino soltando unas cuantas lágrimas por esto.
El pequeño Phil llevo su manita al mentón y fijo la mirada en el pecho de Arnold – ¿puedo? – pregunto señalando su pecho. Arnold con un suave cabeceo, dio respuesta positiva a lo que Phil llevo ambas manos al pecho de Arnold y apoyo sus palmas, enseguida acerco su ovalada cabecita y pego la oreja en el pecho, escuchando los fuertes y acelerados latidos cardiacos de su padre – ¡late muy fuerte!
Phil permaneció unos segundos más en esa posición, y antes de separar su cabeza, Arnold lo rodeo con sus brazos, abrazándolo con tal intensidad, que parecía se le iba a ir el alma en ese abrazo. El rubio hundió su redondeada nariz en el cabello castaño de su hijo, y dando varios suspiros, pudo percibir un tierno e infantil aroma a vainilla. Sus lagrimas no dejaban de brotar y aunque le apenaba mojar el suave cabello del niño, simplemente no podía controlarse.
– ¿Papá? Este, papá…
– ¿s-si? – pregunta el rubio, que aun mantenía su rostro entre el cabello del pequeño y sintiéndose ligeramente conmocionado por su nuevo "nombre".
– ¿podrías abrazarme menos? Me estas apachurrando.
– Oh perdón – Arnold soltó lo suficiente a Phil, para que el niño lo abrazara emocionado – te extrañábamos mucho papá, ¿ya no nos vas a dejar cierto? Te vas a quedar con nosotros ¿verdad papá?
– por supuesto que si hijo… nada, ni nadie, me separara de ustedes.
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ConTinUarA...
Arnold y Helga se han encontrado en la situación menos conveniente; Harriet tiene una reacción alérgica por las fresas de la malteada y Phil acaba de ser dado de alta, sin mencionar el cansancio emocional que tiene la rubia. Ahora que el rubio sabe la desconcertante verdad ¿Qué será capaz de hacer Arnold para mantener la promesa que le hizo a su hijo?
La canción se llama "La Vida es Rosa" de Iran Castillo (una ya viejita, pero muy tierna)
ekida: Pues como veras, el inminente encuentro a sucedido. No te puedo decir cuando voy a actualizar porque voy a revisar los otros fic (ya sabes cuales) además que de repente me ocupo. Espero te haya gustado este capitulo :D
SandraPullman-Pataki: La pobre Helga preferiría mil veces soportar a la odiosa de Anne Lois, que enfrentar lo que viene y ntp, ella junto con María recibiran lo que por justicia se merecen. Como habrás leído, Harriet ha vivido su primera infancia casi como la misma Helga la vivió y eso hace sentir culpabilidad en la rubia, que tratará de compensar las cosas, además de que tendrá que enfrentar a Arnold. En cuanto al medicamento, bueno... (veo que no se te escapa NADA jaja) muy pronto sabrás la verdad y te enterarás del fuerte EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE jajaja
En cuanto a MAS QUE AMIGOS, te prometo empezar ya mismo con el siguiente capitulo, algo que te va a impactar y atará muchos cabos.
letifiesta: Hola muchas gracias por tu review, espero el proximo :)
isabel20: Hola amiga, gracias por tu review, espero el proximo ;)
master.-helga: Hola amiga gracias por tu review, como habrás leído ya, Arnold y Helga se encontraron y aunque la situación por lo pronto no le favorece al rubio para exigir una explicación, ten por seguro que van a hablar on Helga y muy en serio. Así que pronto, se van a enterar de la razón por la que la rubia dejo plantado a Arnold en el altar. Sobre golpear a María... solo quiero adelantarte que todavía falta algo que va... aaah no te puedo decir, pero de que la vas a odiar más, la vas a odiar.
Ires: Amiga no, no te mueras de la mortificación, sino como vas a leer las actualizaciones :D. Ahora puedes comentarle a tu hermana que ya actualice y aunque no te aseguro actualizar pronto, quiero que sepas que hare lo posible para no tardarme. Cuidate mucho y espero tu review.
Para finalizar, espero que les haya gustado este capitulo, y si les gusto, dejenme un review; y si no les gusto, tambien dejenme un review. Los review son los que me alientan a no dejar mis historias. Salu2
MaRyMoRaNTe:)
