Hola a todos. Hago acto de presencia para traerles el décimo capitulo, espero les guste :)

Una vez más, agradezco los reviews de Datyi, Anillus, master.-helga, isabel20, Melody of Perdition, letifiesta, darkangel1326, SandraPullman-Pataki, mari3304, Jess Lilith por sus reviews, los cuales respondo al final.

Este capitulo se lo dedico a darkangel1326 por todos los mensajes en los dibujos del DA, y a Rei en agradecimiento de mi regalo de cumpleaños (ahora, él es mio hermanita jeje)

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.

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EL EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE

La Confesión de Helga

Arnold llego al tercer juzgado de lo familiar, antes de la hora indicada. Una vez que atravesó las enormes puertas del tribunal, sus sentidos se llenaron del fuerte olor a roble, seguro proveniente, de los muebles a base de madera. Recorrió con la vista a las personas que ya se encontraban ahí, y lanzó un gélido saludo –Buenos días.

Dos de las personas que ahí estaban, se acercaron a él –Arnold amor que bueno que llegaste, tal vez si le decimos al juez, sobre que oculto su embarazo, nos favorezca y llegue…

–No voy a hablar contigo –le interrumpe secamente el rubio a su asistente, viéndola de una forma tan fría y molesta, que la simple mirada de este, hizo retroceder a María. Paso de ella y se acerco al abogado que María consiguió y que, para sorpresa de Arnold, se trataba ni más ni menos que de Curly.

– Arnold amigo, que gusto de volver a verte – ambos se saludan y se sientan en sus lugares – he estado revisando el caso y puedes estar tranquilo, todo saldrá a pedir de boca.

El rubio bajo su mirada y tallo sus ojos con las yemas de los dedos, apoyándose en la mesa con la otra mano – Curly, no sé exactamente qué fue lo que te conto María, pero si vine hoy fue para…

El oficial se pone de pie, interrumpiendo a Arnold – Todos de pie para recibir a su Señoría, la Jueza Emerald Herg.

– ¡buenas días, siento llegar tarde! – Helga llego abriendo las puertas de par en par; entrando apresurada y acompañada por Phoebe, Gerald y los tres pequeños.

– ¿Llegando tarde…?– la juez baja sus lentes y posa su vista en Helga – usted debe ser la señora Helga Geraldine Pataki – rueda los ojos, viendo detenidamente a Gerald y a Phoebe – ¿Dónde está su abogado, señora Pataki?

Helga vestía una blusa rosa, saco negro y falda del mismo tono, la cual le quedaba algo corta, y el cabello lo traía sujeto en una sencilla cola de caballo – no debe tardar en llegar su Señoría, mientras tanto, me representare a mí misma, si no hay objeción.

Curly vio que Arnold, asentía con la cabeza – mi cliente no tiene ningún inconveniente a esto, su Señoría.

– Muy bien ¿saben porque estamos aquí, verdad? – cuestiono la juez.

Arnold y Curly volvieron a cruzar miradas e iniciaron una discreta charla. El rubio cabeza de balón se volvió a sus espaldas, y vio a sus pequeños hijos; Phil traía un traje azul de pantalón a las rodillas y Harriet llevaba un vestidito blanco, con bordes azules en la falda y las mangas. Cuando los niños vieron a su padre, sonrieron y lo saludaron. Arnold les regreso el saludo dando un largo suspiro, y se volvió a dirigir hacia Curly, para continuar hablando en voz baja.

Por su parte, Helga no había desayunado esa mañana. Desde la noche anterior tenía el estomago tan revuelto, que solo unas inyecciones que Phoebe le aplico, pudieron calmar su irritación gástrica. Sus manos estaban sudorosas y cada trago de saliva, le resultaba tan amargo que incluso le provocaban nauseas. No quitaba la vista de Arnold, sintiendo un profundo odio hacia él – si me quitas a mis hijos, te juro que no te lo perdonare Shortman – pensaba Helga.

– ¿Estás seguro? –le pregunta Curly a su representado.

–Señores, no tenemos todo el día.

Ante la afirmación de Arnold, Curly prosiguió – su Señoría, mi cliente desea retirar la demanda sobre la custodia de los niños.

Helga, al igual que el resto de las personas que se permanecían ahí, levantaron la vista y la fijaron en Arnold – pero ¿Por qué? – se cuestionaba una asombrada rubia.

– Siempre y cuando – continúa el abogado – mi cliente tenga libre acceso a ellos, y la señorita Pataki le otorgue la posibilidad de reconocerlos como Shortman.

Los comentarios de sorpresa, comenzaron a llenar el juzgado, haciendo que la jueza golpeara su mazo en forma reiterada – orden, orden por favor – se baja las gafas y mira a la parte demandante – para poder hacer eso, el estado exige una prueba confirmatoria de DNA señor Shortman, y ya que es usted doctor, estoy segura de que entiende de lo que estoy hablando.

– si su Señoría – apenas Arnold dijo esto, y Helga dio un largo suspiro, sintiendo como su alma regresaba al cuerpo, pero por desgracia, el alivio no duro mucho.

– Además – prosiguió la jueza – siento decirles que las cosas no son así de sencillas señores. Usted señora no tiene casa, no tiene empleo, y tengo entendido que interpuso una demanda por plagio, en New York.

Esa reveladora información, le causo un incremento brusco en el estado de ansiedad a Helga – Pe-pero yo…

– Y por si eso fuera poco; su hijo menor está enfermo y los medicamentos de su enfermedad son costosos ¿Cómo piensa costear el tratamiento, señora Pataki?

Helga comenzó a tronar sus dedos, pues ya era un manojo de nervios – bueno yo, aun recibo regalías por mi primer libro.

Una vez más, las puertas del tribunal se abrieron de par en par. El rostro de Helga se ilumino, al igual que el de sus pequeños. Arnold miro con cara de pocos amigos, a aquel que iba llegando – ¿tú?

– ¡Papá Brian! ¡Papá Brian! – gritaron Harriet y Phil, corriendo al encuentro del recién llegado.

– Orden por favor – la jueza dio unos pequeños golpes con su mazo, para no asustar a los niños – ¿usted es…?

– Brian, abogado de la señorita Pataki – apenas llego con Helga, cuando esta lo recibe efusivamente, dándole un prolongado abrazo.

– Qué bueno que llegaste – le dice Helga, sin soltarse de Brainy.

– Ahhh… tome el siguiente vuelo… en cuanto me dijiste de la demanda… ahhh.

– En ese caso – interrumpe la juez – como su representante, debe conocer los problemas que tiene la señora Pataki – toma el expediente del caso y comienza a hojearlo – es madre soltera, no tiene casa, no tiene un empleo estable, ni una cuenta bancaria que le sirva de respaldo, y tiene que costear la enfermedad del pequeño Philip Gerald Pataki ¿Qué puede decir a esto?

Brainy toma su portafolio y saca un folder – si me permite acercarme al estrado, su Señoría.

Con un movimiento de mano, la jueza permite que Brainy se aproxime – Aquí tengo el expediente de la solvencia económica, que mi cliente manejo en New York. En cuanto gane la demanda, las regalías se duplicaran, además obtendría los bonos que da la casa editorial y la compensación por daños, de la parte acusada.

Acomodando sus anteojos, la jueza reviso la nueva documentación – pero eso ocurrirá, hasta que la señora Pataki gane la demanda – de nueva cuenta, la jueza recorrió a las personas que aguardaban su respuesta – quiero ver a los dos abogados, en privado… receso de diez minutos – golpea fuerte con el mazo y se pone de pie.

– De pie, para despedir a la juez Emerald Herg – Todos se pusieron de pie y Brainy vio de reojo a Helga, quien lo miraba con preocupación.

– No te tardes ¿quieres? – Helga se volvió a abrazar del Brainy, antes de que se fuera junto con Curly.

– Ahhh… espérame aquí, con los niños – despacio se separa de ella y se va a la oficina de la jueza, no sin antes cruzar miradas con Arnold.

– mamá ¿A dónde va papá Brian? – Le cuestiona Harriet, que se acerco a Helga – ¿lo van a regañar por llegar tarde?

– No amor, tiene que hablar unas cosas con la juez, pero no se va a tardar – rueda los ojos y ve como Philip corrió hacia Arnold, estrellándose en sus piernas.

– Hola papá me da gusto mucho verte por aquí, no sabía que vendrías.

El rubio se arrodilla y toma al pequeño en brazos – ¿tu mami no te dijo nada? Sobre la razón por la que vendrían.

Poniendo un dedito en su boca, el niño queda pensativo un instante – me dijo que a lo mejor nos cambiábamos de casa, pero que ella esperaba seguir con los Johanssen… pero se veía muy triste ¿Por qué?

Arnold dirigió sus esmeraldas a Helga, que ya tenía en brazos a Harriet – Por nada.

Pasados los diez minutos, la juez junto con Curly y Brainy regresaron al tribunal – pónganse todos de pie, para recibir a la juez Emerald Herg.

Su Señoría se acomodo en la enorme silla, abrió el expediente que llevaba en manos y busco a los niños – ¿quieren por favor pasar los pequeños, Harriet Cecil Pataki y Philip Gerald Pataki?

Phil y Harriet miraron a sus respectivos padres, esperando el permiso para ir – adelante amor, aquí voy a estar – le asegura Helga a la pequeña.

– Ve hombrecito, la jueza quiere hablar contigo – le indica Arnold, bajando a Phil.

Los mellizos se acercaron al estrado, y un oficial les ayudo a subirse en el – ¿ustedes son gemelitos cierto?

– No señora – respondió Harriet, negando enérgicamente con la cabeza, haciendo que sus moños brincaran en forma graciosa, al igual que sus coletas.

– Somos hermanos mellizos, mi cabello es café y el de mi hermana es rubio y por eso somos diferentes porque no somos iguales – contesta Phil, levantando su mentón en señal de orgullo – ¿usted tiene hermanos?

Ante las curiosas respuestas infantiles, la juez no puede evitar sonreír – tengo muchos hermanos y a todos los quiero mucho ¿quieres a tu hermana, Philip?

– Oh si, la quiero mucho aunque a veces es traviesa.

– ¡Philip! yo no soy treaviesa, travisa… o como se diga, no le haga caso señora, no es cierto.

– Jajaja está bien pequeña – toma los documentos y da una rápida mirada – ¿quieren mucho a su mamá?

– Claro que la queremos, es mi mamá, yo soy el hombre de la casa, y los tres somos la "tropa Pataki".

Suaves risas se esparcieron en el recinto, haciendo que la juez mueva su mano para dar un poco de orden – comprendo… ¿Y díganme qué opinan de su padre?

– el señor doctor papá Shortman es un buen señor papá doctor, papá… señor… – la menor hace ojos al cielo, pues sin querer había quedado en medio de un "trabalenguas", provocando más risas a los asistentes, incluyendo a la misma juez – ¿de qué se ríen todos?

Arnold sonreía tanto, que la piel de su rostro estaba ligeramente colorada. Sin querer, cruzo miradas con Helga, quien también sonreía por las respuestas de sus hijos. De inmediato ambos desviaron la mirada, sintiéndose incómodos por la coincidencia.

– Entiendo pequeña – la jueza revisa los papeles una vez más – Según veo aquí, acaban de darte la alta hospitalaria, quiero decir que saliste hace un día del hospital ¿verdad Philip?

– oh si señora, mi mamá y mi papá me cuidaron esta vez, porque en New York solo me cuidaba mi mamá.

La juez enarca una ceja, y fija sus ojos verde grisáceos en Harriet – ¿Ah sí? Y mientras tú hermano y tú mamá estaban en el hospital ¿Quién te cuidaba a ti, Harriet?

– una señora que era vecina de nosotros, pero como ya tiene todos los años encima, se la pasaba dormida siempre.

¿todos los años encima? – piensa Arnold, viendo fijamente a Helga, quien no puede disimular su tensión.

– Entonces prácticamente te la pasabas sola – afirma y dirige su vista hacia la madre de los niños.

Por las miradas que mantenían Arnold y la jueza sobre su mamá, Harriet siente que ha dicho algo malo – ¡pero también me cuidaba la señora Ellroy! De veritas. Aunque tenga todos los años encima, me cuidaba y me daba de comer, aunque a veces me daba latas de atún que no me gustan mucho, pero si me las comía de veras, de veras créame señora – junto sus manos, mirando temerosa a la mujer de castaña cabellera y vestimenta negra.

– pueden ir a sus lugares pequeños, gracias.

Los niños bajan del estrado con la ayuda del oficial, y cada uno se dirige hacia uno de sus padres, esta vez Harriet se acerco a Arnold y Phil se fue con Helga.

– Después de analizar el caso con los abogados, y basándome en los testimonios de los niños, lamento decirle que el bienestar psicológico y económico de los mellizos, no se lo puede proporcionar usted, señora Pataki. Por tanto, he decidido dar la custodia temporal al señor Arnold Philip Shortman. Por supuesto, esta corte debe confirmar su paternidad por medio de una prueba de DNA – la jueza baja sus lentes y mira a los niños – aunque si me lo preguntan a mí, suficiente prueba es la forma de sus cabezas, doctor Shortman, pero hay que cumplir con los requisitos.

La conmoción, así como comentarios encontrados fueron llenando la sala. Helga pronto se puso de pie, sintiendo como las piernas apenas la mantenían erguida – ¡NO!

– Helga – dijo Phoebe, que rápido se apresuro a ella.

– ¡Orden! ¡Orden en la sala! – Los fuertes golpes con el mazo, resonaron en el tribunal – Aun no he terminado señora Pataki. Según el acuerdo que hice con su abogado, podrá recuperar la custodia de sus hijos, si demuestra al estado de Washington, que puede solventar los gastos de sus hijos. Deberá contar con una cuenta bancaria de dos mil quinientos dólares por cada hijo; esto quiere decir, cinco mil dólares como total. Tiene a partir de hoy, cuarenta y cinco días de lapso, señora Pataki. Trabajo social se encargara de ponerse de acuerdo sobre las visitas. He dicho. – Finaliza dando un golpe con el mazo y poniéndose de pie, se dirige de nuevo a la pelirrubia – le sugiero que platique con su abogado, señora Pataki.

– Todos de pie para despedir a la juez Emerald Herg.

Helga apretó fuerte los puños. Levanto la vista hacia Arnold y Curly, y este último sonreía dándole unas palmadas a Arnold, al tiempo que estrechaba su mano. La piel de su cuerpo estaba fría y cada gota de sudor, se sentía como pequeños hielos que se deslizaban sobre ella. El rostro de Arnold parecía relucir ante los ojos de Helga, y ella solo veía el movimiento aletargado de su boca, más no escuchaba su voz. De pronto todo se ilumino ante sus ojos tan rápido; como rápido se puso en penumbras, y el silencio fue roto a lo lejos por una voz que menciono su nombre, la cual ya no alcanzo a distinguir de quien era.

c – c – c – c

Pasada aproximadamente una hora, Helga abre los ojos y recorre con la vista la pequeña habitación de blancas paredes. En el techo un ventilador giraba despacio, y las ventanas estaban cubiertas con cortinas azules desgastadas – ¿Dónde estoy?

– Estamos en una pequeña clínica Hel, a un par de cuadras de los tribunales.

Como si el alma estuviera yéndose del cuerpo, Helga se incorporo veloz, cayendo sobre su regazo el trapo humedeció que llevaba en la frente – ¡Harriet, Phil! ¿¡Phoebe donde están mis hijos!

– Tranquila Helga, están con Gerald en la sucursal de SLAUSEN'S que está en la siguiente esquina.

La rubia pasa una mano por su cabeza y se percata de que trae la cabellera suelta. Trata de acomodar sus dorados rizos con los dedos y al bajar la vista, observa un saco en tono gris grafito (como el de los lápices) sobre sus piernas, sirviéndole de manta – Phoebe, ¿exactamente cómo llegue hasta aquí?

La joven oriental se recarga en la pequeña silla de plástico, como evadiendo la mirada de Helga – veras… Brainy tenía que quedarse junto con Curly para ponerse de acuerdo con la trabajadora social, porque deben llegar…

– Phoebe, dime por favor que me trajo Gerald.

Acomodando sus gafas, Phoebe fijo la vista en Helga – Alguien tenía que cuidar a los niños, Hel.

Apenas movió un poco el saco, y este desprendió un masculino perfume francés a base de maderos con tonos de almizcle. Su sentido del olfato se lleno de esta fragancia, removiendo una gran diversidad de recuerdos, todos con respecto a Arnold – llévatelo – le extiende el saco a Phoebe, dejando a relucir su falda negra, con una enorme rasgada al costado izquierdo, de unas siete pulgadas (alrededor de dieciocho centímetros). La media del mismo lado, presentaba una corrida que llegaba hasta el tobillo. Tomo su saco negro (que estaba en la cabecera de la cama, sirviéndole de almohada) y la pone sobre sus piernas.

– y… ¿me trajo en algún vehículo?

– Te trajo cargando – responde la oriental, acomodando de nuevo sus gafas.

Helga se sentó en la cama, se acomodo su saco negro sobre los hombros y abrazo sus piernas – mis medias están rasgadas y no recuerdo mucho yo… de repente todo se puso oscuro ¿Qué paso?

– Tuviste un episodio de sincope vaso-vagal, también conocido como lipotimia, normalmente debido a un descenso de la presión arterial.

– Pheb's me duele la cabeza, ve al grano.

– Te desmayaste Helga, por toda la tensión acumulada, además que no desayunaste y ayer no cenaste bien.

– Ya veo – aproxima las piernas a su cuerpo y se abraza más de ellas.

Phoebe pone el saco de Arnold sobre la silla y se sienta en la cama con Helga – Hel, desde que te conozco, siempre has mostrado tu lado más fuerte aun en las situaciones más difíciles, pero eso no significa que tengas que suprimir tu malestar, tristeza o inclusive… llanto – Helga levanto la vista hacia Phoebe, y esta le respondió rodeándola de los hombro – a veces, es bueno sacar todo lo negativo que tenemos, y las lágrimas siempre ayudan.

La mirada ceñuda de Helga permaneció sobre Phoebe unos segundos. La rubia recargo la frente en las rodillas y se abrazo un poco más – trae a mis hijos, ¿quieres?

Aunque no lo dijo con palabras, la joven doctora entendió a la perfección lo que su amiga le estaba pidiendo – enseguida regreso Helga.

La puerta se cerró despacio tras Phoebe y Helga sentía que algo estorbaba en su mano izquierda. Lentamente levanto la mano a la altura de los ojos, y vio un tubo flexible que se unía al catéter del dorso de su mano en un extremo; y en el otro, a una bolsa de suero amarillenta, que descansaba a lo alto en un pedestal. Las gotas que caían en la pequeña ampolla unida al suero (la cámara de goteo) parecían conocer el fuerte sentimiento que Helga embargaba por dentro. Cada gota, le hacía más doloroso el nudo en la garganta, como invitándola a desahogarse.

– ¡Estúpidas medias! – en un abrir y cerrar de ojos, Helga se quito las medias y las arrojo al piso. Elevo sus cristalinos ojos azules y sintió una cálida humedad resbalar por sus mejillas – Dios… ¿Qué hare? – recargo su frente nuevamente en las rodillas, para poder darles libertad a esas lagrimas que tanto necesitaban salir.

Así permaneció Helga unos minutos, dejando salir en cada lágrima, la tristeza, desesperación, soledad y temor, que por tanto tiempo había mantenido arraigado en su pobre corazón. Lloraba con tanta pena, que no se percato del momento en que la puerta de la habitación se volvió a abrir, hasta que sintió la presencia de alguien, pero honestamente no le interesaba saber quién había entrado.

Una mano le acerco a Helga, un fino pañuelo color gris. La rubia lo tomo sin mirar a la persona y enjugo sus lágrimas. Por un instante, la persona junto a ella quiso pasar su mano sobre los dorados cabellos de Helga para consolarla, pero se contuvo.

– ¿Pheb's eso que huelo es comida? – Sollozos – que bueno, porque muero de hambre – toma su estomago, al escuchar un fuerte rugido que provenía del mismo.

– Te traje una ensalada cesar con tiras de pollo asadas, puré de papas y pudin de tapioca como postre – como resorte, Helga levanto su rostro y vio al dueño de esa masculina voz – Y no soy Phoebe, soy yo.

– ¿Qué haces aquí bucko? ¿Quién te dio permiso de entrar?

El rubio cabeza de balón, recorrió a Helga con la mirada – pues para cómo estás sentada, me alegra haber sido yo el que entro, y no otra persona.

Helga bajo la vista y cayó en cuenta de que estaba mostrando más de lo que quisiera enseñar, sobre todo a Arnold. Tomo el saco gris de Arnold y lo puso sobre sus desnudas piernas – Estoy convencido de que serias más dichosa si estuviera aquí otra persona, pero no vengo con ánimos de pelear. Oí cuando Phoebe le confesó a Gerald que no has comido desde ayer, y sabes que eso no está bien – saca la charola de la bolsa de papel, pone la comida encima de una mesa con ruedas y la aproxima a Helga – Come, te hará bien.

– ¿y a ti quien te dijo que tenía hambre, tarado? – cruza sus brazos y se voltea, pero el gruñir estomacal volvió a presentarse.

Con una sonrisa, Arnold tomo la charola y le retiro la tapa protectora. El suave aroma del pollo asado a la parrilla, lleno la habitación y llamo la atención de la rubia – tal vez me equivoco, pero creo que dijiste que morías de hambre. ¿Puedo? – tomo una tira de pollo y se la llevo a la boca – mmmh está muy bueno.

– Si te gusta tanto Arnoldo puedes acabártelo, yo me largo de aquí ¿Dónde están mis zapatillas? – con terquedad, Helga se puso de pie y al dar el primer paso, trastabilló con las resbalosas medias que tiro, pero Arnold la tomo en el aire antes de caer.

– ¡Helga estas sangrando! – Arnold tomo la mano izquierda de Helga y presiono la vena canalizada – Se te ha caído la venoclisis por estirarte, será mejor retirar el catéter.

En la mesa cercana a la cama, había un recipiente con torundas de algodón. Arnold cogió una, le retiro el exceso de alcohol y con cuidado, extrajo el catéter jelco – Tengo que presionar unos minutos mientras se forma el coagulo y… – unas pequeñas gotas cayeron en las manos de Arnold, silenciándolo un instante. Desvió la vista hacia los tristes ojos de Helga, que pronto se inundaron de lágrimas – ¿Helga?

– ¡¿Por qué cabeza de balón! ¿Por qué quieres quitarme a mis hijos? – se abalanzo hacia él, empujándolo y poniéndolo espaldas contra la puerta e inicio un golpeteo en el pecho – ¿Por qué?

– ¡Helga detente! Para empezar yo no quiero alejar a mis hijos de su madre, ellos te necesitan.

– ¿¡Entonces por qué hiciste la demanda de custodia! – Arnold tomo las muñecas de Helga, tratando de contenerla.

– Yo no fui quien hizo eso, fue María mi asistente… ¡Helga basta ya! No quiero lastimarte ¡Detente! – Arnold apretó las muñecas con fuerza, giro a Helga y le abrazo por la espalda, sin soltarla – Además, tú me quitaste a mis hijos antes de que nacieran siquiera ¿y para qué? ¡Para fugarte con ese idiota de la respiración de "Darth Vader"!

¡Me fui porque tú me pediste que los abortara! ¿O acaso ya lo olvidaste?

Con ojos como platos, Arnold fue soltando despacio a Helga – ¿Qué? ¿Qué dices?

– No hagas como si lo estuviera inventando Arnoldo, ¿recuerdas la última vez que hablamos en México?

Flashback…

Un conjunto habitacional, formado por enormes y modernas edificaciones que se alzaban al cielo, parecían erguirse delante de Helga, con la simple intención de hacerla sentir menos – Son treinta y cinco pesos, damita.

– Guarde el cambio – una vez que pago al taxista, Helga elevo ojos al cielo y observo el enorme ventanal de acabado espejo, que correspondía al departamento de Arnold. Suspiro y tomo con fuerza el sobre tamaño carta que llevaba en sus manos – Espero que ya haya llegado, no pienso buscarlo por todo el Distrito Federal –. De inmediato, la rubia ingreso al edificio y apresuro su paso hacia el ascensor, pero una voz detuvo su andar.

– Eleonor, que gusto me da verte aquí en las tierras de la Gran Tenochtitlán – la abuela se encontraba encima de un gran jarrón, cercano a la puerta de entrada, sujetando un matamoscas – seguro vienes a buscar a Kimba.

Helga esbozo una sonrisa – Hola abuela, ¿Dónde están los demás?

– Fueron a comprar los víveres para la cena, Kimba se encuentra arriba, yo estoy en búsqueda del tesoro perdido de Cortés – la abuela se bajo del jarrón y aproximo a Helga, mirándola con cuidado – Oh por Dios Eleonor, tu rostro se ve más resplandeciente, te ves radiante ¿será lo que estoy pensando?

Helga sonrió, tomo su vientre y levanto el rostro con orgullo – Tengo una importante noticia que darle a Kimba, y espero que guardes el secreto, así que júrame que jamás le dirás a alguien sobre esto.

– Mis labios están sellados linda – Gertie siguió con la vista a una inocente mosca y se acomodo el sombrero tipo explorador, que llevaba puesto – cumple tu misión Eleonor, yo estaré aquí por si me necesitas.

Con más calma, Helga se dirigió al ascensor y presiono el botón del piso de Arnold. Cada piso que subía, le aceleraba a Helga el ritmo cardiaco, abrazándose del sobre con más fuerza.

El timbre del ascensor aviso a la rubia que había arribado a su destino. Hizo unas cuantas respiraciones profundas y se encamino al fondo del pasillo, donde se ubicaba el departamento más grande de ese piso. Helga contaba con un par de llaves, que intencionalmente había dejado para que la familia de él dispusiera de estas. Estuvo a punto de llamar a la puerta pero para su sorpresa, estaba sin cerrojo.

– Arnold soy yo Helga, ¿Por qué dejaste la puerta abierta? ¡Arnold me escuchas! – Helga vio sorprendida, el gran alboroto que había en el interior del inmueble; hojas, carpetas, impresiones, engargolados, cuadernos, etc. todo estaba regado. Parecía que un terremoto había concentrado toda su furia en el departamento del cabeza de balón. Arnold jamás había sido desordenado y por un momento se preocupo; no obstante, recordó que hacía tiempo él ya no era como antes.

Al no recibir respuesta, Helga se fue al único cuarto iluminado – ¿Arnold estas bien?

El mencionado se encontraba inclinado, de rodillas y con la cabeza de balón debajo del escritorio de madera. Se incorporo en forma brusca, al escuchar que le llamaban, golpeándose con el mueble – ¡Ouch! Helga ¿Cuándo llegaste?

– Dejaste la puerta sin seguro Arnold, ¿estás bien?

– Si estoy bien – responde sin voltear a verla y se pone de pie, sacudiendo sus rodillas con una mano y sobando su cabeza con la otra.

– Arnold yo, quisiera que analizaras los resultados de… – el rubio le miro de reojo sobre su hombro y le mostro la mano, interrumpiéndola.

– No Helga, espera. No es un buen momento, créeme.

La joven frunció el ceño y se cruzo de brazos – Arnold, solo revisa el maldito documento.

Haciendo ojos al cielo, Arnold tomo el sobre que ella le extendió, le dio la espalda y apenas saco el contenido de este, llevo una mano a su cabeza y dio un fuerte golpe en el escritorio, sacando de balance a la rubia – ¡QUÉ! ¡No puedes hacerme esto!

– A-Arnold ¿Qué te pasa? ¿Por qué reaccionas así? – Helga no podía entender, la terrible reacción del cabeza de balón.

– Digo, ¿estás segura de esto? Q-quiero decir ¿Estás segura de lo que me estás diciendo? – Arnold apretó fuerte los puños, arrugando algunos papeles que portaba en sus manos y entre ellos, el sobre que Helga le entrego.

– ¿Qué si estoy segura? ¡Criminal Arnoldo! Tú eres doctor, debes saber que estoy segura.

Con todo y las afirmaciones que Helga le decía, el rubio parecía no escucharla. Comenzó a dar vueltas en su habitación, como buscando una solución a lo que estaba oyendo – No… tienes que estar bromeando… dime que no es cierto.

– Jamás bromearía con eso, cabeza de balón – Helga se acerco al escritorio y cogió el maltratado sobre y lo abrió, revisando de nuevo el resultado – Arnold por Dios, no puede ser tan grave, mira ya nos vamos a casar y…

– ¡¿Tienes idea de lo que me va a retrasar esto? ¡Tanto trabajo para nada!

Aquella declaración, le cayó a Helga como agua fría – ¿C-cómo dices?

Mirando de reojo a Helga, Arnold llevo su mano izquierda a la oreja – Tiene que haber una solución a esto…

– ¿solución? ¿Exactamente a que te refieres con "solución", cabeza de balón? – a estas alturas, Helga temía preguntar. La mirada de Arnold era distinta, denotaba furia, irritación, frustración, todo menos lo que Helga hubiese esperado.

El silencio invadió la habitación, permaneciendo entre ellos largos minutos. Helga estaba más que impactada, pero sobre todo asustada. Sabía que él ya no era el mismo desde que se había mudado a México y aunque su cambio fue gradual, era evidente que Arnold dejo de ser aquel chico atento y sensible de Hillwood. Casi no platicaban (ni aun cuando ella viajaba para verlo), salían en contadas ocasiones y siempre era Helga la que tenía que irle a buscar al laboratorio del hospital, donde estaba a punto de terminar su especialidad médica.

Al fin, Arnold dio un largo suspiro y rompió el silencio – está bien, lo pensare – llevo ambas manos al rostro y de ahí las subió a sus alborotados cabellos; se recargo en el borde de la ventana y le hablo – Helga, ¿sabías que el aborto es legal aquí en México?

– ¿Helga? – Arnold se volvió al no recibir respuesta y cayó en cuenta que la rubia ya no estaba – ¿Helga estas en la cocina? ¿Helga?

Fin del Flashback.

– ¿Qué? ¿Cuándo te dije eso?

Empujando a un lado a Arnold, Helga abre la puerta del cuarto – Hazte a un lado, no pienso recordar ese horrible día, cuando tenias todo ese tiradero en tu departamento de México.

Apoyando su mano en la puerta, Arnold la volvió a cerrar en forma enérgica sacando un ruido ensordecedor. Tomo el brazo de Helga con la otra y la aprisiono contra la puerta – No... No te referirás a la vez que estaba buscando los archivos de mi tesis ¿verdad? Jejeje dime que no estamos hablando de ese día.

La rubia desvió los ojos y entendió que la tenía acorralada. Se armo de valor y le enfrento – ¿De qué te ríes idiota? ¡Claro que estoy hablando de ese día! ¿De cuál otro?

Abriendo enorme los ojos, Arnold tenía una extraña mueca en su rostro. Parecía que sonreía, pero su sonrisa era sombría y estaba asustando a Helga – jeje, no puede ser… ¿sabes querida Pataki? Creo que confundiste y… ¡Demonios! todo estos años jejeje…

– ¿Confundirme? Si tú dijiste…

– ¿Qué? "No puedes hacerme esto" "Me va a retrasar en el trabajo" "Debe ser una broma" ¿eso fue lo que escuchaste? – El rostro de Arnold estaba colorado, al igual que sus ojos y obviamente Helga no entendía lo que le sucedía – ¡Por Dios Helga no estaba hablando contigo! Estaba hablando por teléfono usando mi "manos libres" con la doctora Clara González.

– ¿Qué?

Flashback…

Arnold había llegado temprano a su departamento ese día, debido a que recogió a su familia en el aeropuerto.

– Amor ¿Dónde está Helga? – Cuestiona Stella, entrando al departamento – Me dijiste que llego hace unos días ¿Qué no se está quedando contigo?

– En realidad, casi no la veo por estar todo el día en el hospital. Hace rato me mando un mensaje de que llegaría tarde, por un asunto que tenía pendiente mamá, pero estará aquí para la cena.

– Kimba, tienes que cuidar a Eleonor, no todo en la vida es la jungla.

– No le hagas caso a esta vieja loca – interviene el abuelo Phil – dice que va a buscar el tesoro de Cortés que está en el primer piso y yo digo que Cortés escondió su tesoro en el edificio de enfrente.

Miles bajo las maletas y se aproximo a su hijo – Arnold no queremos ser una carga, vamos a ir a un supermercado y les prepararemos la cena a ti y a Helga.

– Gracias papá, creo que eso es una estupenda idea.

Minutos después de que Arnold quedara solo, recibió una llamada a su celular – ¿sí?

Arnold soy yo, Clara. Oye quedamos en que me ibas a dejar el archivo en la computadora del laboratorio y no encuentro nada ¿Dónde está?

– Es una carpeta que está dentro de mis documentos. Tiene las iniciales .D.

Ya la encontré y está bloqueada.

– la contraseña es "locketpinkbow" sin espacios.

permíteme… listo, ya entre… Arnold, esta carpeta esta vacía.

– ¿Cómo? No puede ser si apenas ayer termine mi investigación. ¿Revisaste bien?

¿Tendrás alguna copia? En serio Arnold no hay nada, la carpeta esta en blanco.

Arnold rodo los ojos hacia unas cajas de archivo que saco del laboratorio, días atrás – Si mira, hay que calmarnos. En mi oficina tengo los documentos originales, dile al conserje que la abra, mientras yo buscare acá. Te comento que hice un respaldo en mi USB, pero creo que la deje allá en la oficina.

Bien, te hablo más tarde.

Arnold se puso a buscar los documentos, y hasta cierto punto, estaba tranquilo – que bueno que me traje los archivos, en un segundo tendré la información para Clara.

Media hora más tarde, Helga ingresaba al departamento – Arnold soy yo Helga, ¿Por qué dejaste la puerta abierta? ¡Arnold me escuchas!

– ¿Dónde están? Yo estaba seguro de que los malditos papeles los había metido en esas cajas – el rubio comenzó a sudar frío, y buscaba frenéticamente por todos lados. Cuando la doctora González le devolvió la llamada, Arnold tomo su "manos libres" inalámbrico, que acomodo en su oreja izquierda para poder continuar con la búsqueda – ¿estás segura de que no está mi USB?

Entre el conserje y yo la seguimos buscando Arnold, te lo aseguro.

Tal vez se cayó atrás del escritorio – pensó e inmediatamente se arrodillo para buscarla ahí.

– ¿Arnold estas bien? – le pregunto Helga al ir entrando a la habitación.

Arnold se incorporo en forma brusca, golpeándose con el mueble – ¡Ouch! Helga ¿Cuándo llegaste?

– Dejaste la puerta sin seguro Arnold, ¿estás bien?

– Si estoy bien – sacude sus rodillas y lleva una mano a su cabeza, donde se golpeo.

– Arnold yo… quisiera que analizaras los resultados de… – el rubio le miro de reojo sobre su hombro y le interrumpió.

– No Helga, espera. No es un buen momento, créeme.

Molesta, Helga frunció el ceño y cruzo sus brazos – Arnold, solo revisa el maldito documento.

Haciendo ojos al cielo, Arnold tomo el sobre que ella le extendió, le dio la espalda y apenas estaba sacando el contenido de este, cuando Clara le hablo por teléfono y Arnold acerco su auricular – Arnold disculpa la tardanza, encontramos la USB, pero al conectarla a tu computadora personal, bueno… la memoria esta en blanco, al igual que la computadora.

– ¡QUÉ! ¡No puedes hacerme esto! – El rubio dio un fuerte golpe en el escritorio

– A-Arnold ¿Qué te pasa? ¿Por qué reaccionas así? – interrogo Helga, sorprendida de la reacción.

– Digo, ¿estás segura de esto? – Arnold apretó fuerte los puños, arrugando algunos papeles que portaba en sus manos y entre ellos, el sobre que Helga le entrego – Q-quiero decir ¿Estás segura de lo que me estás diciendo?

Arnold están en blanco, no tienen nada y tus archivos en la computadora no están, vamos ni siquiera la papelera de reciclaje tiene algo.

– ¿Qué si estoy segura? ¡Criminal Arnoldo! Tú eres doctor, debes saber que estoy segura.

A pesar de que Helga le alzaba la voz, Arnold no la escuchaba. Toda su atención estaba concentrada en la voz que llegaba directo a su oído izquierdo. Comenzó a dar vueltas en su habitación, como buscando una solución a lo que Clara estaba diciendo – No… tienes que estar bromeando… dime que no es cierto.

¡Por Dios Santo Arnold! Estoy tan sorprendida como tú, y nunca bromearía con algo tan serio como una tesis.

– Jamás bromearía con eso, cabeza de balón – Helga se acerco al escritorio y cogió el maltratado sobre, revisando de nuevo el resultado del ultrasonido – Arnold por Dios, no puede ser tan grave, mira ya nos vamos a casar y…

– ¡¿Tienes idea de lo que me va a retrasar esto? ¡Tanto trabajo para nada! – grito con desesperación, dejando estupefacta a Helga.

Yo lo sé Arnold pero te juro que no hay nada, y por el tono de tu voz parece que tampoco encontraste nada en tu casa. Imagino que tu laptop al ser nueva, aun no le habías vaciado ninguna información ¿verdad?

Aquella declaración, le cayó a Helga como agua fría – ¿C-cómo dices?

Mirando de reojo a Helga, Arnold llevo su mano izquierda a la cabeza, acomodando el "manos libres" – Tiene que haber una solución a esto…

Al otro lado de la línea, se escucho como Clara lanzaba un suave suspiro – Yo se que odias mi trabajo de investigación Arnold, pero tú sabes cuál es el fin de mi estudio.

– ¿solución? ¿Exactamente a que te refieres con "solución", cabeza de balón? – pregunto Helga, temiendo la respuesta.

El silencio invadió la habitación, permaneciendo entre ellos largos minutos. Arnold no podía entender como toda la información que hablaba de la nueva droga, aquella que se basaba en la que sus padres crearon, para la enfermedad de los Ojos Verdes, había desaparecido. Nadie entraba a su oficina porque solo él (y el conserje) tenían la llave y aunque hubieran irrumpido; su computadora, sus archivos e inclusive su memoria tenían contraseña. Algo muy raro estaba pasando pero no tenía tiempo de resolverlo. En menos de un mes, los residentes tenían que presentar su trabajo de investigación para titularse de su especialidad – Los descubrimientos que hice junto con el doctor Perales, sobre el sistema nervioso de los fetos durante el embarazo, tal vez ayuden a penalizar de nuevo el aborto en México. Tú odias tanto el aborto como yo, y si me ayudas a terminar mi tesis, te pondré como co-autor y con eso nos titularemos ¿Qué dices?

Arnold dio un largo suspiro, analizando lo que su colega le proponía – está bien, lo pensare – Una de sus preocupaciones parecía ver la luz del sol, pero aun faltaba saber que había ocurrido con su investigación – Helga, ¿sabías que el aborto es legal aquí en México? ¿Helga? – Arnold se volvió al no recibir respuesta y cayó en cuenta que la rubia ya no estaba – ¿Helga estas en la cocina? ¿Helga?

Fin del Flashback.

Una extraña seriedad mostraba la cara de Arnold. Tenía a Helga aun contra la puerta y los brazos le servían como barrotes de cárcel, sin darle oportunidad para escapar. Su aliento chocaba sobre los labios de ella; casi estaban de la misma altura, solo le llevaba dos o tres centímetros a la rubia (siempre y cuando ella no usara tacones) – Durante todos estos años, durante casi seis años me he estado preguntando, qué fue lo que paso entre tú y yo… y todo fue por una maldita confusión que tuviste.

– ¿y cómo iba yo a saber que no estabas hablando conmigo?

– ¡Me hubieras preguntado! ¿Por qué no me dijiste que estaba embarazada?

– ¡Arnold te lo dije! te dije muchas veces que estaba embarazada, pero siempre me ignorabas, no me hacías caso o te ibas, y el colmo fue cuando me diste sal de uvas para la indigestión. Todo por estar con tu estúpida investigación.

– Me hubieras enseñado un estudio, o un análisis de sangre… ¡Maldita sea Helga! me destrozaste la vida, rompiste mi corazón… y me alejaste de mis hijos.

– ¡Ese día te mostré el ultrasonido! No sabía que significaba "doble saco gestacional" y aunque el radiólogo me lo explico, quería saber si era verdad, quería estar segura de que iba a tener gemelos, como me lo dijeron… snif, y quería que tú me lo confirmaras – los ojos de Helga se llenaron de lágrimas y por dentro sentía amargura, mezclada con furia. Y aunque no pensaba demostrarle esos sentimientos a Arnold, sus ojos la delataban – No miraste el ultrasonido ¿verdad?

Por más animosidad que sintiera en ese momento por Helga, no podía negar la acusación que ella le estaba haciendo. Él estaba tan absorto en su trabajo, que nunca se dio cuenta de que Helga intentaba decirle algo. Prácticamente, su prometida se lo puso en sus narices y él, ni siquiera se tomo la molestia en verlo, y tenía que reconocer que fue un grave error de su parte.

Nadie decía nada. Ojos azules ahogados en lágrimas, ligeramente enrojecidos, se mantenían fijos sobre los preciosos ojos verdes, que aun demostraban rabia, la cual lentamente iba cediendo – Te sugiero que comas y hables con tu "amiguito". Pasaré a casa de los Johanssen a las siete, para que tengas listas las maletas – la suelta y haciéndola a un costado, Arnold sale de la habitación, dejándola sola y confundida.

¿no me pidió que abortara? ¡No Helga!… ya es demasiado tarde para pensar en el pasado – sacudió esos pensamientos de la cabeza, limpio sus lágrimas, jalo la mesa hacia la cama y se dispuso a comer. Ese día iba a ser muy largo y necesitaba tener energía para soportarlo.

c – c – c – c

Afuera de la residencia Johanssen; Gerald, Phoebe y su hijo Andrew, junto a Helga, Phil y Harriet, esperaban la llegada de Arnold. El ambiente entre los adultos, irónicamente correspondía al del clima en Hillwood; nebuloso, incierto, y pesado.

– mami ¿porque estas triste? ¿Hicimos algo malo?

Tratando de esbozar la mejor de sus sonrisas, Helga se inclina y acaricia el rostro de su hijo – no mi amor, es solo que los voy a extrañar mucho.

– Yo también mamá – Phil se abrazo de Helga, mirando de reojo a Andrew.

– yo, yo, yo también quiero un abrazo de la "tropa Pataki" – Harriet se aproxima dando pequeños saltitos y abraza a Phil y a su mamá con fuerza.

– Helga, ¿lo has pensado bien? – Se acerca Phoebe, con brazos cruzados y la vista baja – sobre lo que dijo Brainy.

– Aun no lo sé Phoebe, pero creo que no tengo otra opción – se inclino a sus hijos y los volvió a abrazar.

– ¡Allí viene el papá de Philip y Harriet! – grito el pequeño Andrew, que era llevado en brazos por Gerald.

El moreno asintió y vio de reojo a su esposa al tiempo que bajaba a su hijo – creo que es hora, Helga.

Arnold se aproximo a la casa y dio una vuelta en U, para acercar la cajuela – Buenas tardes, Gerald, Phoebe – dijo una vez que bajo.

– Arnold – respondió Phoebe, en forma cortante.

– Hey Arnold – el moreno le saludo de mano y le paso una pequeña maleta – es la de Harriet, más bien la de sus juguetes.

– Ayúdame a acomodar todo, quieres – abrió la cajuela y puso la pequeña maleta al fondo – ¿tendrás alguna otra?

– Yo quiero subir mi propia maleta papá, si no te importa – le dice Phil, con gran sonrisa en su rostro.

– Adelante hombrecito, ponla donde tú quieras – Phil sonrió y con dificultad, elevo la pequeña mochila donde llevaba sus juguetes – aquí quiero que vaya.

Gerald rodo los ojos y vio que Harriet jalaba una gran maleta – permíteme princesa, yo te ayudo – le indico el moreno y de inmediato cargo la maleta.

– Gracias papá Gerald – Harriet corrió y lo cogió de la mano – eres muy fuerte.

Los pequeños Pataki andaban muy entusiasmados. El irse a vivir con su papá era una excelente noticia para ellos, aunque desconocían las condiciones de cómo se había dado dicha oportunidad. Helga los observaba desde la puerta de entrada y sentía que el corazón se le partía en pedazos. Recordó las palabras de Brainy, analizando una vez más los pros y los contras de lo que le dijo y sobre eso, todavía no tomaba una decisión.

La voz de Arnold la regreso al mundo real – ¿Pataki?

Helga volvió los ojos hacia Arnold, que le estaba extendiendo la mano – ¿puedo? – le cuestiono el rubio, enarcando una ceja y elevando un poco más su mano.

Sin responder, Helga bajo la mirada, se cruzo de brazos y se hizo a un lado. Tras ella, había una gran maleta color de rosa. Se inclino y tomo la maleta, viéndolo de reojo – Gracias, pero de todas formas no pesa mucho, Shortman.

Phil se acerco a Andy, una vez que su padre cerro la cajuela – Adiós amigo, nos vemos en la escuela – hizo el saludo de dedos.

– Luego haremos un millón de pijamadas en tu nueva casa – le sugirió Andy, recibiendo el apoyo de Phil. Después, el pequeño moreno se acerco a Harriet y le extendió la mano – nos vemos Harriet.

La niña vio la mano que Andy le ofrecía. Frunció el ceño y le dio un fugaz abrazo, desconcertando al niño, a su hermano y al resto de las personas – luego nos vemos, niño pelos de esponja.

– Si Harriet, cuídate mucho – le respondió con una tierna sonrisa.

– ¿Nos vamos? – Arnold les interrogo a sus hijos y en seguida de despedirse de los Johanssen, subieron como bólidos al vehículo.

– mamá ¿no vienes? – pregunto la pequeña rubia, desde el asiento trasero.

Todos pusieron su atención en Helga, esperando su respuesta – en un momento amor – la rubia se giro a Phoebe y le dio un abrazo de despedida.

– Estamos en contacto Helga, cualquier cosa que necesites háblame, y estaremos ahí en menos de lo que canta un gallo.

– No lo dudo hermana, pero recuerda que yo soy Helga G. Pataki y por mis hijos, puedo resistir cualquier cosa. Mis hijos y yo los vamos a extrañar mucho.

– También nosotros a ustedes Helga – Cuando se separaron, Helga se fue a despedir de Gerald y de Andy. Camino al automóvil y vio que sus hijos estaban sentados atrás – Tú vas adelante mamá, con mi papá – le recalco el niño.

– Oh si, como se me fue a olvidar – dijo mostrando una falsa sonrisa, con todos los dientes de fuera y así se giro hacia Arnold, que le tenía abierta la puerta del copiloto – gracias Arnoldo – le dijo con la misma sonrisa, y el ceño fuertemente fruncido.

– Estoy a la orden, "linda mami" – cerró la puerta, igual frunciendo el entrecejo – creo que esta será una experiencia muy enriquecedora, Pataki.

Con sobrante mal humor, Helga se puso el cinturón de seguridad y se cruzo de brazos. De nuevo recordó las palabras de Brainy, tratando de entender la razón por la que estaba haciendo eso.

Flashback…

– Ahhh… Curly expuso a la trabajadora social, que Arnold no se opondrá si decides irte a vivir con él, al lado de tus hijos.

– ¿Cómo? – Helga se puso de pie, pero de inmediato se sentó al sentir un leve mareo – ¿estás seguro? ¿Qué dijo la trabajadora social de la propuesta?

Afirmando con la cabeza, el joven de anteojos continuo – siempre y cuando Arnold sea el responsable legal de los niños, ella no se opone a la idea, hasta la apoyo por el bienestar de tus hijos… Ahhh… Tú decides Helga, dejarlos ir solos con él, o irte tú junto con ellos.

Mirando de reojo a Gerald y a Phoebe, Helga no podía creer lo que estaba ofreciendo Arnold – No lo sé, eso significa que viviríamos bajo el mismo techo… con Arnold.

Fin del Flashback.

– Sí que será una experiencia bastante enriquecedora, camarón con pelos – le respondió en tono sarcástico, sonando más a amenaza – ya lo veras, querido Shortman.

– Puedes apostarlo, querida Pataki – le respondió de igual forma el cabeza de balón. Arranco y partieron rumbo a su casa, bajo el cobijo de la fuerte lluvia que comenzaba a caer.

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ConTinUarA...

La verdad ha salido a la luz. Helga le hablo al rubio de su embarazo y este no le prestó por estar concentrado en la investigación que hablaban de la nueva droga, descubierta en San Lorenzo. Ahora que saben la verdad, Helga y Arnold no pueden evitar sentirse extraños uno con el otro; sin embargo, esto no limara las asperezas que hay entre los dos.

Por orden judicial, Arnold ha obtenido la custodia temporal de Phil y Harriet. Helga para no separarse de sus hijos, tendrá que vivir con Arnold ¿Qué pasara cuando esos dos empiecen a "convivir"?

Por otra parte, ¿Quién se robaría los archivos de la nueva droga? De la noche a la mañana, alguien entro a la oficina de Arnold y elimino cualquier evidencia de su investigación. ¿Tendrá esto alguna relación con el trabajo que le exigen continuar?

Datyi: Hola amiga, como podrás haber leído, la verdad ya se supo. Arnold en ningún momento le pidió a Helga que abortara, pero tampoco le presto la atención debida a la rubia. Ambos cayeron en la confusión y ahora los dos están "obligados" a vivir bajo el mismo techo ¿Qué sucederá ahora? No olvides dejarme tu Review :)

Anillus: Exacto amiga, otro año que comenzamos en este fandom (mientras no se riegue la "sopa" jeje) Gracias por tus buenos deseos, y uno de mis deseos es que continues tus fics, ¿se me cumplirá?

Como dijiste en tu review, en la mayoría de los fics nos sentimos identificados con Helga, pero muchos se han sentido identificados con Arnold. Ahora que sabes la verdad, espero no haberte desilusionado con la razón del porqué ella se fue. Se que lo que expuse es complicado, pero es parte de todo mi fic, ya verás lo siguiente que va a pasar, te voy a dejar bastante picada y Arnold se las va a "cobrar" bien caro a Helga (no te preocupes, no le piensa hacer nada "malo" jejeje) En cuanto a los sentimientos de cada uno, eso lo quiero abarcar en el siguiente episodio.

Por cierto, tenías razón con respecto a Arnold, él no piensa separar a sus hijos de su madre, y lo que esta haciendo lo hace más por ellos, no por Helga.

master.-helga: Ya se que siempre te dejo con la intención de más, y pense... si pongo en dos episodios la razón por la que Helga dejo a Arnold en el altar, master.-helga me va a matar jejeje. Espero que me sigas dejando reviews y sobre todo, me dejes tu opinión. Te mando un gran abrazo :)

isabel20: Hola siento la demora, espero que te haya gustado el capitulo, en el proximo serás testigo de la "irreal" convivencia de esos dos jejeje. Te mando un saludo.

Melody of Perdition: Hola amiga gracias por tus buenos deseos, como habrás leído, Arnold no tenía la intención de hacer abortar a Helga, pero por como se dieron las cosas, era "normal" que Helga pensara que asi fue. Espero me sigas y me dejes el review :) te mando un saludote.

letifiesta; Hola gracias por tu review, espero que te haya gustado y me dejes otro, saludos.

darkangel1326: Hola que tal. María ha recibido el desprecio de Arnold, por iniciar la demanda de custodia. Arnold evitará que Helga se aleje de sus hijos y para esto, le permitirá vivir con él, en la casa que irónicamente construyo para Helga. Espero te haya gustado la dedicación y me dejes un review :)

SandraPullman-Pataki: Hola amiga, todo lo que dices en tu review es verdad, Helga ha enfrentado sola tantas cosas, pero ahora ya sabes la verdad sobre la razón que tuvo Helga para alejarse del padre de sus hijos. Como leerás más adelante, la bondad mal encaminada de Arnold fue, lo que hizo que no le prestara la atención suficiente a Helga (sobre tu comentario en el review)

Espero te haya gustado este capitulo y no olvides dejarme un review :)

mari3304: Agradeciendo humildemente los aplausos, debo decirte que tienes razón. Los niños tienen sus propias personalidades y las mostrarán (más Phil, porque la de Harriet es la que más ha salido a la luz)

Ya no puedes decir que te quedaste con las ganas de la reaccion de Arnold con respecto a María. Como bien lo dices, es muy confiado y María ha sabido ganarse su confianza, no por nada es su asistente personal y la persona más cercana a él. Cuando esta lanzo "la amenaza", no es que el rubio no la escuchara, simplemente que su mente estaba concentrada en la maravillosa tarde que pasaría con sus hijos.

La razón del coraje de Phoebe hacia Arnold, pues fue basicamente porque este le pidió a Helga que abortara, o por lo menos eso fue lo que le dijo la rubia (toma en cuenta, que ella también estaba embarazada cuando Helga se lo confeso en el aeropuerto)

Espero que ya no estes tan disconforme (o sigas estando o ahora estes más jeje) Todo caerá por su propio peso y en cuanto el ojo morado... ¿quién sabe? Ahora que esos dos vivan juntos, muchas cosas pueden suceder... ¿no crees? :D Te mando un gran abrazo y si puedes dejame un review jejeje para saber tu opinón :)

Jess Lilith: Hola amiga. Como habrás leído, Helga abandono a Arnold porque pensaba que le estaba pidiendo que abortara a sus hijos. Aunque todo fue un gravísimo malentendido, ninguno de los dos quiere dar su "brazo a torcer" y ahora que vivan juntos, Helga intentará hacerle la vida imposible a su "amado cabeza de balon". Espero que te haya gustado y me dejes un review :)