Hola a todos, siento mucho la tardanza y en serio agradezco mucho la paciencia que han tenido con mis fics, espero poder continuar también con "MAS QUE AMIGOS" y "BRUJA Y SAPO"

Por esta ocasión, no podre contestarles los review, pero espero que eso no impida que me los sigan escribiendo, eso me ha alentado a continuar este fic.

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.

0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0

EL EFECTO DEL SOL DE MEDIANOCHE

Shortman Vs Pataki

– ¡Oh están lloviendo "perros y gatos"! – Expresa Philip, apoyando su redondeada nariz en la ventana de la puerta del automóvil – ¿ya viste Harriet?

Harriet, que también se está asomando por la ventana, asiente con la cabeza y se vuelve a acomodar en su lugar – sí ya vi, y también hay muchos truanos y raelámpagos ¿ya viste mamá?

– Si amor, pero son truenos y relámpagos, no "truanos" y "raelámpagos" – Helga posa su mano izquierda en la frente y se hunde más en el asiento del copiloto, cerrando los ojos al tiempo que exhala un discreto suspiro. Arnold vio de reojo la reacción de Helga y aprovechando una vuelta que dio, se orillo y aparco delante de una tienda de autoservicio.

– ¿Por qué te detienes Arnoldo? ¿No ves que está lloviendo? – Reclama Helga cruzando los brazos y poniendo un pie sobre el tablero – Si no nos apuramos todos los caminos se van a inundar, melenudo.

Arnold no le responde, solo enciende la luz del interior del coche y toma la muñeca izquierda de Helga – Te veo algo cansada, voy a revisar tu pulso para asegurarme de que estas bien – Arnold retira la manga izquierda de su camisa y sale a relucir un fino reloj de marca, con pulsera de cuero café oscuro, caratula dorada, y números romanos. Las suaves y al mismo tiempo masculinas manos de Arnold tocando firmemente su muñeca, la puso moderadamente nerviosa – tienes el pulso algo acelerado, Helga.

Con rudeza Helga le retira la mano a Arnold, temiendo que su nerviosismo pudiera delatarla – ¿Y eso a ti que te interesa pelos necios? – la pelirrubia vuelve a cruzar los brazos y al levantar la vista, nota por el espejo retrovisor que sus hijos menores la están observando.

– Mamá… – interviene Phil – si mi papá esta preocupuado, es porque le interesas porque te ama mucho, por eso.

Con mueca de fastidio, Helga rueda los ojos y se vuelve a dirigir a Arnold – discúlpame ARNOLDO, es solo que me duele mucho la cabeza – termina y le muestra una fugaz y falsa sonrisa, para después regresar a su gesto de disgusto.

– En casa tengo medicina para migraña, solo voy a pasar rápido a comprar unos filtros de cafetera y nos vamos – se inclina y saca un paraguas que llevaba bajo su asiento – ¿gustas algo "cariñito"?

– No Shortman, gracias – se gira un poco, con la intención de darle la espalda.

– Esta bien Helga – da un cansado suspiro y se vuelve hacia los niños – ¿ustedes quieren algo?

– ¡Yo sí, quiero una paleta! – Dice Harriet, dando de brincos en su asiento – de esas que pintan la lengua de azul.

Phil está a punto de hacer una solicitud a su papá, pero viendo de reojo a Helga – ¡Yo quiero unos de esos dulces!, mmmh… que cuando están en la lengua hacen ruiditos como si tronaran por favor… Y a mi mamá tráele mantecado.

– ¿mantecado? – pregunta Arnold extrañado.

– ¿mantecado? – Helga descruza los brazos en forma brusca y dando un enorme brinco, se gira hacia su hijo.

Ambos niños afirman con la cabeza – cuando mi mamá platica con la tía Phoebe, a veces dice: "oh en serio Phoebe, como extraño al 'mantecado' créeme" o "me gustaría tener al 'mantecado' aquí mismo" – afirma Phil.

– O la vez que, ¿te acuerdas Philip? cuando estábamos en la playa y mi mamá traía ese traje de baño rosa y hablaba con mi tía Phoebe por celular: "estoy segura de que el 'mantecado' se derretiría con este traje de baño" ¿verdad mami?

– Ya veo – con ojos entrecerrados, Arnold se giro a ver a Helga, que se hundía más y más en su asiento – con que "mantecado" ¿no?

Una sonrisa nerviosa se formo en el rostro de la mujer, casi al mismo tiempo que el fuerte rubor en sus mejillas – Es que me gusta mucho… el mantecado.

– ¿Y de que sabor te gusta "el mantecado", Pataki?

– De… bueno… ¡Ash! A todos nos gusta el maldito postre y… ¡Solo ve a la tonta tienda y compra tu estúpido filtro para cafetera y ya! – rápido le da la espalda y se vuelve a cruzar de brazos – y tráeme mantecado de vainilla, Shortman.

– Muy bien Pataki – responde algo entretenido, esbozando media sonrisa. Abre el paraguas y sale apresurado del vehículo para que no entrara agua, dejando a Helga junto con los niños.

Los pequeños Pataki no pudieron evitar ver, como sus padres se llevaban de una forma por decir 'diferente' a como se supone debían llevarse los papás (teniendo como modelo, los programas infantiles y las películas). Phil rodea de los hombros a su hermana y la acerca para hablarle en voz baja – ¿Te diste cuenta de que mi mamá esta como que enojada con mi papá? ¿Por qué será?

– No lo sé, a lo mejor porque volvió a ser un vivo y no le dijo ¿Qué hacemos Phil? Yo quiero que estemos los cuatro juntos para siempre.

– Yo también… mmmh, en una película que vi, el papá trata de reconquistar a la mamá y se la lleva a de vacaciones de esas de las bodas, creo la lleva de "luna con miel".

– Pues… cuando estaba con la señora Ellroy – menciona Harriet – ponía esas aburridas telenovelas y en una, el esposo cargaba a la esposa antes de entrar a la casa en la luna con miel.

– ¡buena idea Harriet! Antes de que entren a la casa de mi papá, vamos a pedirle a mi papá que cargue a mi mamá, y así se volverán a enamorar – enfatizo con el movimiento de sus manos.

– Ustedes dos, ¿qué tanto están tramando? – Helga se voltea, desabrochando su cinturón de seguridad.

– ¡Nada mamá! – ambos responden y se acomodan en su lugar, poniéndose el cinturón y enseñando sus sonrisas de "niños buenos".

– a veces, me preocupo más cuando no los oigo hablar.

Arnold hace acto de presencia y entra al coche con el cabello discretamente mojado – Cielos sí que está lloviendo. Veamos, paleta que pinta la lengua de azul…

– ¡Es mía! – Grita Harriet y prácticamente se la arrebata de la mano – gracias señor doctor Shortman.

– De nada princesa. Veamos, tengo aquí unos dulces que truenan cuando están en la lengua.

– ¡Ese es el mío! – Phil se acerca y le extiende la mano a Arnold, y una vez que tiene el paquete, lo abre con desesperación – muchas gracias papá.

– De nada hombrecito – rueda la vista hacia Helga y cae en cuenta de que ella le miraba de reojo – no creas que me olvide de ti Pataki – mete la mano a la bolsa de papel y saca un pequeño tarro de mantecado – aquí tienes lo que tanto extrañabas, querida Helga – le dice en tono punzante.

– sí, sí como sea – Helga toma en forma grosera el tarro de mantecado que el rubio le compro.

– Mamá – Harriet se dirige a Helga en tono serio, moviendo la cabeza en forma negativa – no le diste las gracias al señor doctor Shortman y siempre nos dices que demos las gracias.

Creo que voy a enloquecer – piensa Helga, cambiando su rostro y volviéndose hacia ellos – Tienes razón amor; discúlpame Arnoldo, muchas gracias por el mantecado.

– De nada Helga, siempre que quieras "mantecado", puedes buscarme – le responde el rubio bastante divertido, más cuando su respuesta provoco que Helga lanzara un bufido del coraje y apretara los dientes con fuerza – pongámonos en camino antes de que empeore el clima – sugirió Arnold y puso en marcha su automóvil, manejando directo a su casa.

Una vez que arribaron, Arnold se bajo primero y con cuidado cargo a cada niño hasta la puerta principal, para que no pisaran algún charco hondo, además de cubrirlos de la lluvia. Como era de esperarse, Helga no aguardo al gesto caballeroso del cabeza de balón, y comenzó a caminar bajo la torrencial lluvia.

– Helga podrías haberme esperado – corrió Arnold hacia ella y la cubrió con el paraguas – vas a coger un resfrió.

Por un breve segundo, la rubia recordó aquella ocasión en que Arnold la protegió de la lluvia por primera vez. Un disimulado brillo surgió de sus azulados ojos, no obstante a esto, Helga no flaquearía tan fácilmente – No te preocupes por mí, cabeza de balón – Helga acelero el paso y vio detenidamente la enorme casa de Arnold – se ve que no has desperdiciado tu dinero, camarón con pelos.

– Helga por favor no digas eso, ¿no recuerdas este lugar? – llegan a la entrada junto a los niños y Arnold busco las llaves. Una vez que quita el cerrojo y abre la puerta, los niños les bloquean el paso.

– Señor doctor papá Shortman ¿no va a cargar a mi mamá? Esto es como una "luna con miel" ¿no? – le cuestiona Harriet en tono serio.

– ¿¡Cómo! – Ambos padres cruzaron miradas – Harriet, eso es cuando uno se casa y viaja muy lejos, y estas con… pues…

– Nosotros viajamos muy lejos mamá – le afirma Phil, fijando sus orbes azules sobre Helga – yo creo que es lo mismo, porque viajaste muy lejos y estas con mi papá.

– Creo que no tenemos opción, Pataki – le dice Arnold con cierto grado de sarcasmo. En serio disfrutaba mucho hacer 'sufrir' a la rubia y los niños le facilitaban el trabajo.

– Pues me niego – Helga pone manos en la cintura, afirmando su postura – ¿Qué piensan hacer al respecto?

Phil y Harriet se miraron entre sí. El niño le arrebato las llaves a Arnold en un fugaz movimiento, entrando junto con su hermana a la casa y cerrando la puerta tras ellos. El sonido de las llaves asegurando la puerta, hizo que Arnold y Helga cruzaran miradas, poniendo ojos como platos – ¡Philip Gerald Pataki, abre la puerta en este instante! – Grito Helga, dando varios fuertes golpes en la puerta y forcejeando la chapa – ¡Harriet! ¡Abran se los advierto!

Desde el interior, los niños respondieron al unísono y en forma melódica – ¡abriremos cuando te carguen mamá! – aun con la fuerte lluvia cayendo, se escuchaba claramente las risitas por lo debajo, de Phil y Harriet.

– ¡Philip abre la puerta ahora mismo! – Arnold vuelve a forcejear la chapa, pero entiende que no hay manera de abrirla, no sin una llave – ¿y ahora?

– Yo que se cabeza de balón, es tu casa ¿no tienes llaves de repuesto? bajo el felpudo por ejemplo – la rubia se abraza a sí misma, pues el frío y la humedad de la lluvia comenzaba a calarle.

Llevando la mano derecha a su nuca, Arnold baja la vista y pone su otra mano en la puerta para recargarse – Tengo unas llaves de repuesto, pero creo que están adentro de la casa.

– Claro, para que tenerlas afuera ¿verdad? – Helga vuelve la vista a la puerta y ve algo que brilla entre los dedos de la mano izquierda de Arnold. Entrecierra los ojos para tratar de distinguir que es, pero la oscuridad de la noche no le ayuda a reconocer el objeto que porta en su dedo meñique – Eso que veo, parece ser un anillo de bodas. No, es demasiado diminuto… – piensa un segundo, pero sacude su cabeza, puesto que cuando estuvieron en la habitación de la clínica, no vio que portara anillo de bodas – ¿y ahora qué hacemos? Tengo frío cabeza de balón.

– Esto no te va a gustar, créeme – Arnold se inclino y tomo en brazos a Helga – ¡Niños abran la puerta, ya tengo a su madre en brazos!

– ¡Arnold, bájame en este instante! – Con un marcado rojizo en su rostro, Helga empezó a moverse en forma enérgica, para que el rubio la soltara – ¡suéltame en el acto bucko!, si no quieres que la vieja Betsy haga su trabajo.

Encogiéndose de hombros, Arnold soltó un poco a Helga – como quieras, pero vas a caer en agua estancada – Helga bajo los ojos y en el instante que sintió que la iba a dejar caer, la pelirrubia se aferro con fuerza al cuello de Arnold.

– ¡AH! ¡No te hagas el gracioso conmigo Short…! – una repentina luz interrumpió su oración. La puerta se abrió y los niños gritaban gustosos de ver a su padre cargando a su mamá.

– ¡Ya pueden pasar! – dijo Phil, bastante emocionado.

Mostrando algo de indiferencia, Arnold cruzo el umbral, llevando a la rubia en brazos – Listo, cruzamos la puerta como querían ¿contentos? – Les dice Arnold a los pequeños, con una mueca de media sonrisa, mientras baja a Helga – ¿no se les ocurrirá alguna otra cosa?

Phil dirigió toda su atención a su hermana, como sea, la idea había sido de ella – pues… – menciona la niña – el esposo le decía algo a la esposa, pero la verdad de veritas, que no mi acuerdo.

– Entonces por ahora es todo, papá – finalizo el pequeño hombrecito, recorriendo con ojos impresionados, el vestíbulo de la enorme casa de Arnold; la misma que construyo para Helga años atrás – ¡que casotota tan grandota mamá! ¿En serio vamos a vivir aquí?

– ¡Sí Phil ven! ven acá esta la cocina y el cuarto de la tele y las habitaciones están para acá ven – la niña toma la mano de su hermano, jalándolo en forma insistente – tiene una cama gigante y también tiene peliculuas infantiles, ven córrele.

Ambos pequeños corrieron escaleras arriba, y desde el segundo piso se escuchaban los fuertes zapateos, que iban de un lado al otro. Arnold se giro y volvió a abrir la puerta – Aun estas empapada Pataki, deberías de tomar un baño. En el segundo piso al final del pasillo esta la habitación principal por si te quieres poner cómoda, yo voy a ir por las maletas.

– No te preocupes por mí cabeza de balón, no necesito de tu ayuda – Helga se cruza de brazos y le da la espalda al rubio.

Despacio Arnold bajo la cabeza, cerró los ojos y dio un largo suspiro – como gustes Pataki – abre de nuevo su paraguas y sale de la casa, cerrando la puerta tras él.

La fuerte lluvia continuaba cayendo, siendo el sonido del agua el único que acompañaba a Helga en ese momento. Bajo la vista y lentamente inspecciono sus ropas, que estaban tan mojadas que se pegaban a su fría y húmeda piel.

– Atshuuu… ¡criminal! Solo esto me falta, enfermarme de gripa… Atshuuu – mirando con precaución a su alrededor, Helga se abraza a sí misma y comienza uno de sus tantos monólogos – Oh Dios mío, mi pobre y lastimado corazón ¿serás capaz de soportar este cruel destino, de poner al hombre que amo en mi camino, sin perder completamente la razón? Tener tan cerca a aquel que arranca mis suspiros, aquel que inspira mis escritos y hace que mi alma arda de pasión, es un arma de doble filo, que apuñala mis sentidos y deja malherido mi corazón… oh Arnold, Arnold…

– ¿Helga? – Arnold hace acto de presencia, interrumpiendo a Helga y cargando las maletas de sus hijos, con el cabello revuelto por la lluvia – ¿me hablabas?

Con ojos enormes, Helga trata de fingir indiferencia – ¡Por supuesto que te hablaba cabeza de balón! ¿Por qué tardaste tanto? ¡Criminal! – Toma las maletas de los niños y dando pasos agigantados, sube las escaleras – me voy a meter a bañar Arnoldo, así que espero me traigas mi maleta rosa, y no te tardes.

Enarcando una ceja, Arnold sigue con la vista a la furiosa rubia – está bien, supongo – abre el paraguas y vuelve a salir por la maleta de Helga, sin que ninguno reparase de que habían sido observados a escondidas por los pequeños.

– Phil… parece que no funciono – le dice Harriet con tristeza a su hermano – ¿y ahora?

– No te preocupes Harriet, veras que encontraremos la forma de unirlos.

– Si tan solo me pudiera acordar de lo que pasaba después en la telenovela – Harriet cierra los ojos y comienza a imaginar una escena, donde Andrew hace aparece y toma su mano – Hola Harriet, quisiera preguntarte si me acompañarías a los columpios – le dice el pequeño moreno en su imaginación.

Una sonrisa bastante boba se formo en los labios de la pequeña rubia – oh Andy, pensé que nunca me lo pedirías – le responde con las mejillas sonrojadas.

– Harriet, Harriet, Harriet… – la imagen mental del niño Johanssen desaparece, y al abrir los ojos se encuentra con la mano de su hermano, que se sacude en forma insistente frente a su rostro – ¿Harriet estas bien?

– Yo… – la niña sacude su cabeza y en forma violenta se levanta del piso – ¡¿Caray Philip que no puede uno pensar en paz?

El niño se pone en pie para quedar a nivel de su melliza – pero es que te estabas sonriendo.

– ¡Claro que no Philip Gerald Pataki! Vente vamos a buscar algo en la televisión.

Dando un discreto suspiro, Phil sigue a su hermana, viendo de reojo a su padre que va entrando – Si Harriet lo que tú digas.

Pasados unos minutos, Arnold ya había subido la maleta de Helga a la recamara principal. Bajo a la cocina, puso un poco de café en la cafetera y regreso al segundo piso con un termo lleno de café. Iba caminando rumbo a la habitación de los niños, cuando de repente, la puerta del baño (que está en el pasillo) se abre, dando paso al vapor y tras el, la silueta de una hermosa rubia, con el cabello escurriendo de agua y envuelta en una toalla.

Un intenso rubor fue cubriendo las mejillas de Helga, e inmediatamente intento cubrirse más con la toalla – ¡ARNOLDO POR DIOS! ¡¿Qué diablos estás haciendo afuera del baño? ¿Acaso me estas espiando?

Cruzando sus brazos, el rubio cabeza de balón se recarga en la pared y con ojos entrecerrados observa a Helga, dando pequeños sorbos a su café – pensé que te estabas duchando en el baño de la recamara principal, pero debo decirte que esta fue una bonita e inesperada sorpresa – vuelve a dar otro sorbo a su café y recorre con la vista a Helga – además Pataki, no necesito espiarte créeme, te conozco con ropa… y sin ella.

Poniendo ojos como plato, la piel del rostro de Helga parecía estar al rojo vivo – ¡ARGH ERES UN IDIOTA! ¡Aléjate de mi engendro! – cierra la puerta del baño con potencia, se gira para darle la espalda y alejarse de él; pero no conto con que la toalla que cubría su cuerpo había quedado atorada en el marco de la puerta, por lo que al dar unos pasos, la toalla se tiro y dejo a la pobre pelirrubia sin nada más encima que las transparentes gotas que resbalaban de su dorada cabellera. El embarazo gemelar ciertamente había causado un efecto en el delgado cuerpo de la rubia, reflejándose en sus caderas, que al volverse más anchas le acentuaban la cintura, marcando más sus curvas – ¡AAAAH MI TOALLA!

– jajaja vaya Helga en serio, esto no era necesario – comenta Arnold en tono sarcástico, con algo de rubor en sus mejillas – pero que bonita vista… veo que aun conservas ese viejo tatuaje.

El tatuaje al que Arnold se refería, era uno que Helga se había hecho hace ya algunos años. Consistía en un corazón que figuraba como un relicario pequeño, con alas de ángel y una letra "A" mayúscula en su interior, y estaba localizado por arriba del cuadrante superior externo de su glúteo derecho

Con el entrecejo fuertemente fruncido, Helga se puso lo más erguida posible (aun tratando de cubrir su cuerpo desnudo) y se acerco decidida a un sínico Arnold – ja-ja ríe todo lo que quieras cabeza de balón, esto es lo último que veras de Helga G. Pataki.

– Pues si es lo último que voy a ver de Helga G. Pataki, me alegro que el panorama se ampliara a la parte delantera "cariñito" – responde Arnold, inclinándose hacia la rubia, manteniendo el ceño fruncido y mostrando una seductora sonrisa, solo para molestarla.

– ¡eres un…! – en un arranque de ira, Helga está a punto de abofetear a Arnold, pero las infantiles voces de los niños anunciaron su pronto arribo y como rayo, Helga libero la toalla y se cubrió con ella mientras que Arnold dio otro pequeño sorbo a su café caliente a modo de recuperar la compostura.

– ¡mamá escuchamos que gritabas! ¿Qué paso? – Cuestiona Harriet mirando fijamente a su madre – te poedes desfriar madre… ¡criminal! Debes secarte para que no estés mojada.

Muy a pesar de que tuviera a los niños delante de ella, Helga se sentía tan nerviosa y furiosa a la vez, que no podía articular bien las palabras – Ha-Harriet por Dios, ¿cu-cuantas veces t-te he dicho que no digas esa p-palabra?

– mamá, esta vez coincido con mi hermana, estas taratarmudando por el frio, te vas a enfermar – puntualizo el pequeño Phil, que veía algo confundido a Helga.

Ante la actuación de Helga y las palabras de los niños, Arnold no pudo evitar reír, cubriendo su boca para que los niños no se dieran cuenta de que se "reía" del nerviosismo de su madre. Esta acción del cabeza de balón no paso por alto para Helga, quien le dio un discreto pero fuerte golpe con su codo a la mano de Arnold con la que sujetaba su café, vaciándole el ardiente contenido sobre su pecho.

– ¡AAH! ¡Caliente, caliente, caliente! – Grito el rubio, sacudiendo su mano y con la otra separando la ropa caliente de su cuerpo – quema, quema.

– jajajaja pero que bobo jajaja – Helga se vuelve a acomodar la toalla y se acerca al rubio, con las cejas juntas – Eso te pasa cuando juegas con fuego camarón con pelos, terminas quemado. Vengan niños, dejemos que Arnoldo se tome un buen baño, que buena falta que le hace jajajaja.

– si mamá – fue la respuesta unánime por parte de los pequeños, que no dejaban de mirar a Arnold a sus espaldas mientras caminaban junto con Helga.

– En un momento bajo con ustedes hijos – fue la respuesta de Arnold para sus pequeños, que con la sonrisa de nuevo en sus caritas siguieron a su mamá.

Por otro lado Helga más que rabiosa, estaba confundida. En su mente no dejaba de ver el rostro ruborizado de Arnold, cuya imagen le provocaba el mismo tinte sonrojado en el suyo. Sacude fuerte su cabeza y sin notarlo, cae en cuenta que está de pie frente a la habitación principal. Las finas lámparas de mesa estaban encendidas, lo que le ayudo distinguir el enorme bulto color de rosa a un costado de la cama king size. De nuevo, la rubia acomodo la toalla que envolvía su cuerpo y se acerco a su maleta.

– Mamá ¿Por qué no te pones algo bonito para mi papá? – le pregunta Phil, mirándola con esos ojos tan azules como los de ella – Es nuestra primera noche como una familia completa, deberíamos de arreglarnos todos.

– Phil en realidad, no creo que sea buena idea – Helga desvía sus ojos y ve que Harriet esta husmeando en su maleta.

– Este siempre te lo pones cuando escribes en las noches mamá, te ves muy, muy bonita con el – la pequeña extiende sobre la cama, un delicado y fino camisón de satín, color de rosa – ¿Por qué no te lo pones ahorita ya?

Ante la insistencia de sus hijos, Helga enarco una ceja al instante que una no tan mala idea llegaba a su rubia cabeza – si… ¿Por qué no? – sonrió mostrando cierta maldad en su mirada y se dijo para sus adentros – Después de todo, si el libidinoso cabeza de balón quiere guerra… guerra tendrá.

Una vez que Arnold salió del baño, se encamino de nuevo a la cocina para preparar la cena a su 'nueva familia'. Phil escucho cuando su padre bajo las escaleras y dejo a su mamá junto con Harriet en la habitación para encontrarse con él – ¿papá dónde estás?

– ¡Acá estoy Phil! – se escucho el grito de Arnold, que provenía al extremo del pasillo. La casa de Arnold era lo suficientemente grande, como para que un niño pequeño se extraviara.

– ¿Papá no crees que mi mamá es una hermosa mamá? – la pregunta del niño toma a Arnold por sorpresa, volviéndose hacia el pequeño quien subió con algo de dificultad una silla de la mesa; rodeándolos el silencio por un instante.

– Pues… ¿Por qué lo preguntas?

– ¿La extrañaste mucho verdad?

Arnold bajo la mirada. En serio esas preguntas no solo lo desconcertaban, sino que lo incomodaban un poco y más porque no sabía cómo responderle a su pequeño hijo de cinco años. Con la otra mano, comenzó a girar el anillo que llevaba en su mano izquierda – será mejor quitármelo antes de que Helga lo vea – pensó y con cuidado, lo guardo en una bolsa del pantalón de su pijama café – ¿tú qué crees?

El niño lo miro con curiosidad – Entonces la extrañaste mucho… ¿y ya se lo dijiste?

Arnold deja a un lado el jamón junto con el pan y la mayonesa, jala la silla que esta junto a la del niño y se sienta – creo que eso ya lo sabe ella Philip ¿Por qué me haces tantas preguntas?

Encogiéndose de hombros, Phil mira algo molesto a su padre – no lo sé… pero no me has contestado a nada de lo que te he dicho ¿Por qué?

El rubio se sorprendió de sobremanera al ver lo listo que era su hijo. Con un poco de impaciencia, pasó una mano por sus humedecidos cabellos; sabía que no había forma de engañar al pequeño Sherlock Holmes. Resignado, suspiro profundamente y se aproximo a su hijo para hablarle en voz baja – Durante todo este tiempo… – suspiro – no ha existido un solo día en que no haya despertado… pensando en tu mamá.

Una gran sonrisa ilumino el rostro de Phil – ya lo sabía – le respondió elevando su rostro con orgullo.

Arnold escucho los pasos en las escaleras y de nuevo se acerco a Phil para susurrarle – pero no se lo vayas a decir a tu mamá Phil, permíteme ser yo quien se lo diga, a su debido tiempo.

– Está bien – Phil hizo un movimiento en sus labios como si cerrase un cierre imaginario sobre ellos, recibiendo como respuesta la sonrisa de Arnold.

– ¿Qué hay de cenar camarón con pelos? muero de hambre.

Antes de responder, el rubio levanto la mirada y al ver a Helga, sintió un fuerte calor en su estomago, de igual forma en su rostro. Helga llevaba puesto el camisón color de rosa, de satín y finamente decorado en las orillas con encaje y un discreto pero revelador escote. La prenda en serio le hacía justicia a su cuerpo, prueba de ello era el sepulcral silencio de Arnold, quien no podía apartar la vista de ella – ¿ocurre algo malo, Shortman?

Frunciendo el entrecejo, Arnold se levanta de la mesa no de tan buen humor y se acerca a Helga a hablarle en voz baja – Buena táctica Pataki.

– ¿Quién yo? – Responde con aires de inocencia, parpadeando varias veces – ¡Ah! Lo dices por este atuendo, bueno solo estoy siguiendo tú consejo, me pediste que me pusiera cómoda ¿no? – replica acercando su rostro al de él, tambien con las cejas juntas y dejando caer un poco el delgado tirante de su camisón.

– Tentadora – le dice el rubio entre dientes, acercando más su rostro al de ella, hasta casi chocar sus labios, en donde mostraba una simulada sonrisa.

– No me retes Shortman, puedes salir perdiendo – finaliza la rubia, rozando un poco su nariz con la de él para después abrirse paso hacia donde estaban sus hijos.

Casi al mismo tiempo, Phil y Harriet entraron en una acalorada discusión – ¿ves Harriet? – Comenta Phil señalando a sus padres – por eso te estoy diciendo que te acuerdes de eso que no te acuerdas ¡Ash!

– ¿Y cómo quieres que me acuerde Philip?, ¡si ya se me olvido!

– Niños, niños dejen de discutir, ¿Por qué están peleando?

– ¡La culpa es de Philip mamá, me está pidiendo de que me acuerde de algo que ya se me olvido! – reclama Harriet, sacándole la lengua a su hermano.

– ¡Phil deja en paz a tu hermana! – le reprende Helga al tiempo que se ponía manos a la obra para finalizar la cena.

Visiblemente incomodo (y con cierto nerviosismo), Arnold se acerca a Helga – déjalo, ustedes son mis invitados así que yo terminare la cena.

– Me parece buena idea, melenudo – sacudiendo su rubia cabellera en forma seductora para fastidiar al cabeza de balón, Helga se vuelve hacia sus hijos y se sienta con ellos.

jajaja creo que con esto tiene por hoy el tonto cabeza de balón jajaja. Esto sabe tan bien como aquella bromita que le jugué el día de los inocentes, pero que bobo – piensa Helga viendo de reojo al rubio, que estaba utilizando la sandwichera.

Una vez que finalizo, Arnold llevo el plato con los sándwiches a la mesa.

– Será mejor que cenen rápido niños, ya es tarde y tienen que subir a acostarse – comenta Arnold dando un sorbo a su café.

– ¡Ya me acorde! – Grita Harriet en forma triunfal – ¡El señor Shortman tiene que subir con mi mamá a la habitación y hacer el amor! – puntualiza señalando a cada uno.

– ¡prrrrrrrrrrrrrrrr! – Arnold escupió todo el café que se había llevado a la boca, mojando a Helga quien a su vez, dejo caer el bote de leche que llevaba en sus manos, mojando el pantalón del rubio.

– ¡¿CÓMO? – gritaron al unísono, con todos los colores en el rostro y viendo fijamente a la pequeña.

– El señor Shortman tiene que subir contigo y hacer el amor, así lo dicen en la televisión ¿Por qué? ¿Es malo?

Los adultos cruzaron miradas, colorando más sus mejillas si es que eso era posible – A-a ver amor… ¿d-de donde sacaste esa…? – Helga hace movimientos en el aire, buscando las palabras correctas – ¿Dónde escuchaste eso?

– ¿Estoy castigada? – pregunta la menor, empezando a mostrar miedo en su carita.

– N-no linda… claro que no… lo que Helga quiere saber – Arnold ve a Helga de reojo y corrige – lo que tu madre quiere saber es ¿donde oíste esas palabras?

– En las telenovelas que ponía la señora Ellroy, el esposo que se acababa de casar y que estaba de luna con miel con su esposa le decía a la esposa "te voy a llevar a la habitación y vamos a hacer el amor" ¿eso es algo malo?

Una vez más, las miradas de Arnold y Helga se encontraron – ¿y qué hacia la señora Ellroy cuando los 'esposos' pues…? subían a la habitación – cuestiono Helga enarcando una ceja, en espera de la temible respuesta.

– Me mandaba a la cocina y cuando regresaba le cambiaba al canal ¿Por qué? ¿Estoy en problemas?

– No amor… solo no lo vuelvas a mencionar… – Helga se inclino y beso la frente de su hija para calmarla – Esa señora Ellroy, si la vuelvo a ver le voy a dirigir unas cuantas palabras – murmuro enojada mientras tomaba varias toallas de papel para limpiarse su camisón.

– ¿Entonces no van a hacer lo que Harriet les dijo? – pregunto Phil, llamando de nuevo la atención.

– Verás hijo, eso que dices pues verás… eso no pasa como creen que… porque bueno, si pasara pues… tendríamos que ser…

– ¡Recién casados! – Interrumpió Helga al melenudo – E-eso solo lo hacen como recién casados, y Arnold y yo ya no somos recién casados – ambos padres les dan una sonrisa nerviosa a sus hijos.

– Bueno eso es cierto – afirma Phil mirando a Harriet quien se encoje de hombros – entonces tenemos que pensar en otra cosa.

– Ya basta de pensar o planear por hoy jovencitos, terminen su cena y rápido que ya es muy tarde – Helga extiende los platos aun bajo las protestas de sus hijos – y quiero que se terminen todo ¿escucharon?

– si mamá – dijeron en tono aburrido.

– Creo que me tengo que bañar de nuevo – menciona Arnold, viendo sus pies empapados de leche.

– Si, tambien yo – Helga frunce el entrecejo antes de continuar – y esta vez, voy a asegurarme que NADIE me espíe ¿entendiste?

– No puedo prometer nada, querida mía – responde Arnold en forma seductora, antes de levantarse para ir por otro bote de leche.

Helga se sentó fastidiada y continuo cenando junto a sus hijos.

c – c – c – c

Un fuerte estruendo resonó por todo la residencia; de inmediato, las penumbras inundaron el interior de la casa – ¡AAAH! ¡Se fue la luz! ¡YAH! – gritaron con terror los pequeños.

Esto no me va a gustar nada – menciona Helga para sus adentros – tranquilícense hijos, solo es un apagón.

La rubia apenas se disponía a dormir a sus pequeños, cuando esto sucedió. Arnold escucho los gritos de los menores y rápido acudió con una linterna – ¿Están todos bien?

– No… tengo miedo… – Harriet corrió y abrazo ambas piernas de Arnold, haciéndolo tambalearse – ¡van a salir los mostruos señor Shortman! – grito la pequeña como si aquello fuese un hecho.

– ¡papá quédate con nosotros por favor! – Phil también se aferro de las piernas de su padre, quien a duras penas se mantenía de pie.

– Pero… – Arnold levanto la vista y vio a luz tenue como Helga movió su cabeza en forma lenta, dándole un rotundo no – aquí no cabemos todos – finalizo el rubio.

Un suspiro de alivio salió de la boca de Helga – Será mejor que se vengan conmigo al cuarto principal niños, dejemos descansar a Arnold.

– ¡Que buena idea mamá! – Phil toma la mano de Arnold y lo lleva rumbo a la habitación principal – En esa cama cabemos todos, así mi papá nos protegerá de los monstruos.

– ¿¡QUE!

– Cierto, cierto, vamos señor Shortman – Harriet toma la lámpara de su padre para iluminar el camino – vamos antes de que lleguen los mostruos.

– ¡AH NO! ¡Eso si que no! – Protesto Helga en forma enérgica – Por nada en este mundo me harán dormir con Arnoldo…

c – c – c – c

– ¡Criminal! No puedo creer que esto esté pasando – resoplaba la rubia con los brazos cruzados, acostada en un extremo de la cama al igual que Arnold, quien permanecía en el otro extremo; mientras que los niños estaban en medio de los dos.

– Ahora si los mostruos no nos van a encontrar – le dice Phil muy contento a su mamá – buenas noches mami – Se inclina y le da un beso en la mejilla.

– Buenas noches corazón – Helga repite la acción tanto con Phil como con Harriet – buenas noches linda.

– ¿y el beso del señor Shortman? – pregunta su hija en forma inocente.

¡Pero qué rayos…! Demonios será mejor terminar con esto de una buena vez… – pensó Helga – mmmh… buenas noches melenudo – Helga se inclino hacia el rubio tomándolo en forma desprevenida, aunado al hecho de que no estaba bien iluminada la habitación. Por esto, accidentalmente le dio un pequeño beso en los labios.

Cuando cayeron en cuenta de lo que sucedió, ambos quedaron en shock y se fueron apartando despacio – buenas noches… Helga… – respondió en un susurro, aun estupefacto.

– buenas noches… Arnold…

El silencio se hizo presente entre ellos. El cabeza de balón se dio cuenta de que aun no apagaba su lámpara de mano y lo hizo, pero ninguno de los adultos podía conciliar el sueño. Esa extraña y al mismo tiempo incomoda sensación de estar cerca uno del otro les mantenía despiertos y sin saber cómo tomarlo, sin mencionar el beso que sin querer minutos atrás habían compartido.

Pasada una hora, la lluvia ya había disminuido su intensidad, cayendo una ligera llovizna en su lugar. Helga se canso de esperar a que el sueño la venciera y se sentó en la cama, mirando por los enormes ventanales del cuarto de Arnold. Un relámpago le ayudo a ver el balcón junto con la puerta del cuarto que daba hacia el mismo. Tomando la primera bata de dormir que encontró, se la puso y salió al balcón.

La refrescante brisa inicio un atrevido baile en el cabello suelto de Helga, quien lo acomodo con cuidado llevando un mechón detrás de su oreja. De una en una, las minúsculas gotas de lluvia iban estrellándose en el cuerpo de ella, no sin antes hacer pequeños giros en torno a ella, gracias a los remolinos de aire que circundaban en la noche. La joven Pataki se cubrió con la bata de dormir la cual sintió algo grande de los hombros. Bajo la vista y reconoció que no era la de ella, dando un cansado suspiro.

– Dios mío… – se abraza a sí misma y contempla la parte de la ciudad que si tiene luz – ¿Qué voy a hacer…? necesito dinero para salir de esto y creo que no tengo otra opción… – resopla con tristeza y se apoya en el barandal, permaneciendo largo rato en silencio, sin percatarse de que unos tristes ojos verdes la veían en el anonimato de la oscuridad.

0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0

ConTinUarA...

La situación entre Helga y Arnold esta que echa chispas. Tanta tensión entre los dos ¿hasta donde los llevara? Helga no esta dispuesta a flaquear delante de Arnold y no solo eso, también tiene la loca idea de "tentar" al rubio en forma vengativa, sin saber que esta pisando en suelo peligroso.

Por otro lado, los niños harán lo que sea para juntar a sus padres (inclusive, la idea de Harriet no parecia tan mala jaja)

Por cierto, para el proximo capítulo que les gustaría ver: el lado del medicamento y las personas involucradas o el lado de la relación entre Arnold y Helga (más coqueteo, más tensión sexual, etc) Espero me lo hagan saber ;)

MaRyMoRaNTe:)