Tras que Limerencia mediera problemas...
Arrebol: cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminadas por los rayos de sol. De Mid.
Taikaishi
(Incesto)
Yamato no quería moverse. Quieto en su silencio. Ni siquiera podía atreverse a respirar sin pensar que podría despertarlo. Takeru se encogió a su lado. A su edad y continuaba siendo como un niño pequeño, aunque él estaba muy consciente de que ya no lo era.
Por diversas situaciones de la vida el apego a su hermano menor había crecido a medida que ambos crecían y Takeru, de llevarlo a preocuparse mucho, a ansiarlo de un modo incoherente e impropio. Era un pecado horrible que lo atormentaba y hacía feliz a la vez, porque la maldición estaba en que él le correspondía.
Clavó la mirada en el cielo. Donde las nubes se cubrían de rojo. Si ese cielo fuera otro diferente al que se encontraban, donde todas las miradas eran acusadoras para ellos, otro gallo cantaría. Nadie le juzgaría ni siquiera en ese momento hermoso en que el Arrebol sucedía.
Takeru se removió a su lado una vez más. Frotó su mejilla contra su hombro. Sus ojos casi de la misma tonalidad se encontraron. Todo el mundo creían que eran idénticos y no era así. Takeru no era una copia suya. Sus cabellos eran más tostados que los suyos y sus ojos tenían diferentes motitas azules y brillaban de diferente forma a la luz de la noche. Incluso su piel tenía otro tipo de color.
Takeru era de los que enseguida cogía color. Él se volvía un cangrejo al sol.
Desde pequeño, Takeru había sido más especial. Capaz de tener esperanza ahí donde él no veía nada. Incluso sabía juzgar a las personas de un solo vistazo y muy raramente se equivocaba.
Takeru era la parte mejorada de él, la que no estaba podrida. Igual que ese cielo, curioso, especial, inexplicable, único.
Bajó la mirada hasta su rostro tranquilo, durmiendo como si nada pudiera herirle, como si realmente los demás no fueran nunca a mirarles mal por lo que eran, por el pecado que cometían.
Deja que sueñe, con un mundo donde el cielo es hermoso y nadie le mira por encima del hombro. Donde es lo que quiere ser y puede serlo.
Nota: No podía no escribir algo de ellos. No.
