Crac, crac...
Luminiscencia: propiedad de un cuerpo de emitir una luz débil, pero visible en la oscuridad. Propuesta por Midnigttreasure
Daikari
Daisuke estalló en carcajadas mientras Hikari rodaba por encima de él, quedándose acostada a su lado, jadeante, con el cabello revuelto, la piel brillante y los ojos brillantes. Satisfecha, se dijo para sí mismo. Su ego de hombre se hinchó. No había nada que le recompensara más que hacer a su pareja feliz.
Hikari se acomodó contra él, mirándole con aprobación mientras él le devolvía una mirada de adoración. La amaba con locura. No había más.
Hikari siempre parecía ser sacada de una estrella. Brillando incluso en medio de la oscuridad. Cuando le había expresado torpemente ese sentimiento, Hikari le había hablado de la Luminiscencia y su significado. Pensó que quizás era algo especial entonces, hasta que le enseñó objetos que realmente hicieran esa acción y no le vio semejanza con ella.
Posiblemente, Hikari era especial y no solo a sus ojos. A Taichi le pasaba lo mismo. Una vez hablando, el mayor de los Yagami le había explicado esa sensación especial de su hermana. Incluso su miedo de que Hikari se apagara lentamente, pues no era inagotable.
Daisuke le había hecho entonces miles de promesas de cuidarla, protegerla, amarla.
Y desde entonces las cumplía. La felicidad de Hikari estaba cada día en sus ojos, en sus labios, en sus gestos. Hasta cuando despertaba lo hacía cantado. Cuando dormía sonreía.
Daisuke no sabía cómo hacía. Era como si cada noche se cargara las pilas de algún modo para enfocarse en el nuevo con todas sus fuerzas.
Y eso la hacía brillar a su modo.
Lo que le preocupaba es que su brillo llegara a ir cayendo en picado. No quería que sucediera. Jamás.
La apretó contra su cuerpo hasta que ella se quejó con una risita incluida. La miró a los ojos, totalmente enamorado.
—Nunca desaparezcas de mi vida —demandó con el cejo fruncido.
—¿Sabes que cuando haces ese gesto te pareces a mi hermano? Él también cree que voy a irme. Que voy a apagarme, como si de una luciérnaga se tratara. Y no voy a irme. Estoy demasiado feliz aquí.
Él frota su nariz contra su mejilla, bajaba por su cuello y descendía hasta posar la mejilla sobre la zona de su corazón. Le gustaba escucharlo latir. Adoraba que le metiera los dedos por los cabellos y se quedaba dormido de pura felicidad.
A veces, pensaba que era él quien más recibía de amor. Que era un egoísta feliz.
Hikari pensaba lo mismo aunque jamás se lo diría. Era egoísta en ese aspecto.
Era el amor lo que la hacía brillar. Y no se cansaría nunca de ello.
Notas de autora: por culpa de Sthefy que me gusta más escribir de ellos xD.
