Soledad: estado de aislamiento o reclusión a ratos perfecto. Propuesta por Midnigttreasure


Ken Ichijouji

(Contiene Kenyako)


Siempre sucedía igual. Necesitaba hacerlo antes de que los sentimientos explotaran en su pecho y deseara gritar. Pocos habían que podía comprenderlo. Miyako siempre le daba esa oportunidad porque sabía que lo necesitaba. Hikari le defendía cuando Daisuke insistía en presionarle.

Él se alejaba, con las manos en los bolsillos y solo caminaban, metido en su mutismo. Centrado en su soledad.

No necesitaba de mucho. Solo un poco de silencio y, en su falta, personas que no le conocieran, que no fueran a detenerlo en medio de la playa para hablar. O sentado en un banco que alguien fuera a ver si se encontraba mal.

Solo quería estar solo. Poner en orden sus pensamientos. Disfrutar de que nadie lo interrumpiría o que lo arrastraría consigo.

No tenía que pensar en qué estaría haciendo Miyako en la cocina a riesgo de cortarse. Tampoco tendría que estar preocupado porque Daisuke se metiera en un lio. O que Takeru le llamara para preguntarte si había descubierto algo interesante que le sirviera para continuar su novel.

Solo tenía que coger de la mano a su soledad.

Muchas otras personas pensaban erróneamente que era un método cruel hacia ellos. Ignorarles, atribuirse el derecho a inundarse en una soledad aislada. Pero no era así.

Era algo que necesitaba hacer para sentirse libre. Aunque antes le aterrorizara el hecho de quedarse solo y aislado, ahora era algo necesario. Había aprendido a amar la soledad.

Y no quería desprenderse de esos momentos delicados. Y lo mejor de todo, siempre llegaba al regresar, cuando Miyako le esperaba con una sonrisa radiante, un abrazo y un beso preparados para él.

Estar a solas era algo más allá del entendimiento. Quizás para Daisuke o Taichi que amaban estar siempre rodeados de gente no era comprensible. Ni si quiera Yamato le comprendía del todo y aun así, le había dado explicaciones a cuenta de su soledad necesaria.

Le gustaba especialmente observar a las personas que caminaban sin rumbo fijo. Algunas hablaban por teléfono, otras simplemente caminaban tomadas de las manos. Los animales danzaban sobre los árboles o las barandillas. El mar. Su sonido. El aire jugando con sus cabellos.

Toda una tranquilidad que amaba sentir. Y esto solo se lo proporcionaba su tipo de soledad.

Muchas otras personas les gustaba quedarse encerradas en sus casas, leyendo o escuchando música. Él también era partidario de ellas, pero le gustaba la soledad humana. La desconocida.

El encanto personal que conllevaba.

Era como si se cargara las pilas. Entonces, regresaba a su casa, con el corazón meno pesado y el deseo de estrechar a los suyos entre sus brazos.

Miyako, con su beso y su abrazo, y sus hijos, con sus risas y llantos.


Notas de autora:
Sé que se expresan muchos tipos de soledad, pero esta es la que nunca consigo hacer y es la que más me gusta.