Clepsidra: Reloj de agua.
Taiora
Sora miró el reloj desde la ventana. Daba un golpe cada vez que medía el tiempo. Le gustaba el sonido del agua fluir y de la caña al golpear el suelo. Tiempo atrás, su padre le había hablado de ese tipo de relojes. Eran especiales y mucha gente había estudiado en el tiempo el fluir del agua como minutos u horas.
Cada persona tenía un modo diferente de entender el paso del tiempo. Algunos vivían bajo su peso cuando llegaba la hora de irse a dormir. Otros simplemente no querían que avanzaran. Ella tampoco en ese momento.
Sintió la barbilla rozarle el hombro y miró el contrate de su piel con la suya. Ella era morena pero no tanto como él. Su piel era más firme y menos suave en ciertos puntos y el sol, pese a la tonalidad, tenía unas marcas de pecas que cubría ahí donde el sol daba más.
—¿Qué miras, Sora?
—Ese reloj de agua.
Taichi miró por encima para ver el reloj. Estaba entre sus brazos, con las piernas separadas a cada lado de ella. Solo tuvo que estirar la cabeza para poder ver.
—¿Por qué miras la hora? ¿Ya quieres irte?
—No, realmente no quiero irme —confesó con suspiro—. Pero me ha recordado a mi padre.
Taichi emitió una mueca sonriente.
—¿A tu padre? ¿Justo ahora mismo? —cuestionó moviendo las cejas sugestivamente.
Sora enrojeció.
—Claro que no. No seas cochino. Es solo que mi padre me explicó sobre ellos y lo recordé. Nada más. No seas tonto.
Taichi sonrió hasta que se borró lentamente. Apoyó la nariz en su cuello.
—Yo odio cualquier tipo de reloj, Sora. Ojalá pudiera hacer que se destruyeran todos.
—¿Qué dices? Algunos son puras obras de arte —regañó.
—Sí, cierto. Pero todos te separan de mí en el mismo minuto. Y es horrible. Sea de agua o sea de aguja. Es horrible.
Sora no podía evitar darle la razón. Frotó sus cabellos entre sus dedos y le besó la mejilla.
—Pero ahora mismo soy toda tuya. ¿De verdad quieres perder el tiempo pensando en ello?
Taichi ronroneó antes de atraparla entre sus brazos de nuevo y buscando su boca, no desperdició ni un segundo. Porque así como habían personas que medían el tiempo en minutos, ellos lo hacían en segundos.
El tiempo nunca era suficiente.
