Jaque: Entre la espada y la pared. Entre el fuego y las llamas. Cuando no se tiene escapatoria, ni otra opción. Propuesta por Dunnik


Kenyakodai


—Te digo que es Jaque —señaló nuevamente Miyako mirando fijamente hacia Daisuke.

El castaño estaba sentado en el sofá frente a ella, con la espalda encorvada hacia delante y mirando fijamente el tablero de ajedrez, como si pudiera ver otra jugada posible o ella hubiera hecho trampa. Ken sonreía desde la otra punta del salón mientras sostenía una cerveza entre sus dedos y los miraba jugar.

Desde que Daisuke perdió contra él nunca quería jugar al ajedrez y sin embargo, había visto en Miyako la rival perfecta. Pobre. Ken sabía que Miyako era realmente buena. Era capaz hasta de ganarla a él. Puede que ya no fuera el niño genio que era en antaño, pero se defendía muy bien en los juegos donde pensar y la paciencia y la estrategia era lo importante.

—Es nuestra primera partida. No puedes ser igual que Ken. Tiene que haber un error.

Miyako puso morros y cruzó los brazos bajo el pecho. Ken dio otro sorbo a su cerveza. Quería terminársela antes de que tuviera que ir a separarlos y se lamentara por derramarla.

—Claro que puedo ser igual de inteligente que Ken. ¡Incluso más! No te ofendas, cariño.

Ken se encogió de hombros. Miyako lo superaba fácilmente en muchas cosas. Cada persona tiene su tope y otra mejora sus decadencias. No podría pedir nada más perfecto.

Se movió de la pared para apoyar las manos ya libre de su lata sobre los hombros de Daisuke.

—Admítelo. Es Jaque.

Daisuke se frotó la cabellera con ambas manos y se echó hacía atrás. Tiró de la corbata que colgaba del cuello de Ken y buscó sus labios.

—Vale. He perdido. Estoy a vuestra merced.

Ken suspiró y miró hacia Miyako que ya se había puesto en pie para acercarse a ellos.

—Pues el castigo será simple —canturreó subiéndose de un salto sobre las caderas de Motomiya—. Muy sencillo…

Daisuke y Ken la observaron mientras se quitaba el jersey por encima de la cabeza. Sus senos quedaron a la vista de ambos. Los dos hombres hablaron a la par:

—Jaque mate.