MANZANA NEGRA
NOTA DEL AUTOR - ¡He vuelto! El momento que casi todos (no) estabais esperando. Sé que ya han pasado más de… ¡4 meses! Vaya, ¿tanto tiempo? Bueno, no es que haya dejado de escribir, todo lo contrario: terminé "Ni siquiera la Muerte", participé con "Caminos que se cruzan" en otro reto del foro Cuartel General de Trost, también terminé (¡por fin!) "Juegos de Guerra" y acto seguido me lancé con "Catarsis"… aunque esta última me ha dejado bastante quemado, en varios sentidos.
Por eso he decidido regresar con "Manzana Negra": quiero seguir escribiendo, pero necesito hacerlo con una historia más ligera, como ésta. Eso no significa que vaya a descuidar la calidad del fic, o que termine contando lo primero que se me pase por la cabeza. Me gusta hacer las cosas bien, ésta no va a ser una excepción; habrá acción, habrá risas, habrá algo de drama y romance, pero todo tendrá siempre un mínimo de sentido y coherencia.
¡Bueno! Después del inevitable tostón inicial (y éste ha sido de los cortos), quisiera agradecerle sus reviews a DarkRoseAckerman, BRabbit15, MadameVacaNegra-San, Legionario Eterno, Marco Poloy . Ya os he ido contestando a todos por mensaje privado; menos a Marco Polo, no por discriminación, sino porque en su caso esa opción no estaba disponible. Como bien sabéis, incluso unas breves líneas son para mí motivo de ánimo; y un análisis algo más detallado, directamente, me hace feliz.
Un agradecimiento especial para BRabbit15 ySymbermine, que han estado siguiendo la historia desde hace meses, sin haber "desertado" a pesar de mi tardanza en continuarla; y otro aún más especial para Legionario Eterno, no sólo por todo lo anterior sino también por haberse arriesgado a añadir "Manzana Negra" directamente a sus favoritos, incluso sin estar todavía seguro de hacia dónde va a ir la trama. Cuando uno sabe que su fic despierta este interés, cuesta mucho menos trabajar en él.
Y creo que, con esto, ya está todo dicho. Así que, sin más preámbulos, ¡os dejo con un nuevo capítulo! Espero que os guste. Trataré de ir actualizando con rapidez, si las circunstancias acompañan.
¡Hasta la próxima!
SilentSpaniard
CAPÍTULO 5 – TRANSICIÓN
Publicado el 18 de septiembre de 2015, con una extensión de 3.358 palabras.
Perspectiva de Dos Caras.
Marco Bott tenía la sensación de estar avanzando por un túnel.
En realidad, no veía que se tratara de un túnel. Simplemente estaba rodeado por oscuridad, salvo una tenue luz blanca que parecía brillar al fondo. Sin embargo, sentía sobre sí la presión, casi el peso mismo, de algo enorme por encima de su cabeza; como una gran masa, que luego se dividía y caía a ambos lados, causando una sensación no muy distinta a la de estar en una gruta bajo la montaña…
…o pasando por debajo de uno de los Muros.
Aquella última idea hizo que el moreno pecoso tragase saliva, nervioso.
"¿Cuántos… cuántos años han pasado desde la Caída? Casi cinco ya, ¿no? Tan rápido…"
El joven meneó la cabeza para despejarse. No era momento para reminiscencias, para perderse en la oscuridad del pasado; debía enfrentarse a la que le rodeaba ahora en el presente, en aquel lugar… fuera cual fuese.
"Es como estar dormido y despierto al mismo tiempo. Como un sueño lúcido… o una visión." Marco volvió a tragar saliva. "A veces son bastante vívidas, pero esto… A ver, ¿qué se yo de manzanas negras? Pues prácticamente lo que me contó Sasha. ¿Y qué sabe ella? Bastante, pero no lo suficiente. Se le escapan los detalles, se está dejando llevar más bien por su instinto… que por ahora no nos ha fallado, ¿verdad? Si esto es un túnel, puede que lo haya hecho ella misma, fue la primera en dormirse. A la hora de la verdad, siempre sabe hacia dónde ir."
El muchacho decidió dejarse llevar también por su instinto. Empezó a caminar hacia aquella luz que se veía a lo lejos; si Sasha había llegado antes, seguramente se habría dirigido hacia allí, buscando una salida. Más le valía seguir sus pasos y reunirse con su compañera lo antes posible; no ganaría nada quedándose allí quieto… y esto último no sólo lo intuía, lo sabía.
Por otro lado, sucedía algo curioso con esa luz: a pesar de la distancia, de algún modo caía sobre él, lo bastante para poder observar su propio aspecto. El chico se quedó más tranquilo al ver que su ropa era la misma que solía llevar cuando no iba de uniforme: zapatos negros sencillos pero cómodos, pantalones oscuros y una de sus camisas blancas favoritas; las mangas extendidas, los botones abrochados menos el primero del pecho, porque tenía un poco de calor.
–Supongo que tampoco está tan mal –dijo Marco para sí en voz alta, tratando de acallar la inquietud que crecía en su interior con cada paso–. Se trata de ayudar a Eren, un amigo en apuros, ¿no? Además, no estoy solo, Sasha debe andar cerca. Mikasa se dormirá enseguida y también aparecerá pronto por aquí… a no ser que se aproveche de la situación para hacerle algo a su "hermano", je je. Pues claro, Marco, qué cosas tienes. Sabes que ella no es así.
–En realidad no puedes conocer del todo a los demás… del mismo modo que los demás tampoco pueden conocerte del todo a ti, ¿verdad?
El muchacho frenó en seco, como paralizado, al oír aquella voz. Fue algo extraño; como si él hubiera pensado eso mismo, y luego ese pensamiento hubiese rebotado formando eco, en las paredes del túnel que aún no podía ver. Y todo ello… a pesar de que ni siquiera había pronunciado las palabras.
Cerró los ojos y se concentró un instante en el ritmo de su respiración, para calmarse. No se oía nada más allí, sólo el aire entrando y saliendo de sus pulmones. Seguía sintiendo un peculiar estado de lucidez y claridad; como si fuese él y no lo fuera al mismo tiempo, como si estuviera y no estuviera en su propio cuerpo… como si estuviese simultáneamente en dos lugares distintos.
"¿Es normal sentirse así, cuando uno viaja al mundo de los espíritus? ¿O se trata de…?"
Y de repente abrió los ojos, espantado; porque acababa de considerar otra posibilidad… y le aterraba. Al menos, al principio. Luego, conforme fue pensándoselo mejor, se sintió algo más tranquilo.
"Es lo que suele decir Armin. Lo mires como lo mires, es una verdad evidente que no se puede negar…"
Aunque él era el primero en reconocer que el término "verdad" podía ser algo esquivo; y más aún en un lugar como ése, a medio camino entre dos mundos. Por no hablar de que algunas verdades, ocultas en las sombras, debían permanecer allí; había cosas que nadie, absolutamente nadie, debía saber. Por otro lado, en aquel lugar… quizás fuera posible que algunos secretos cobrasen vida.
Marco decidió poner a prueba su teoría. Siguió avanzando unos pasos; los suficientes para darse cuenta de que, en efecto, producían un eco. Sin embargo, ése no era el único sonido; también podía escuchar el eco de otros pasos… los de alguien que le estaba siguiendo.
Y entonces el moreno pecoso… se detuvo, y dejó escapar un suspiro de alivio. Era consciente de lo que iba a ocurrir; o más bien, de lo que ya estaba ocurriendo desde que entró en aquel túnel, o incluso quizás antes aún, cuando vio a Eren actuar de aquella manera tan extraña en el comedor.
A pesar de todo, Marco sonrió.
"Si es algo que tenía que pasar de todas formas, en realidad éste es el mejor sitio para ello. Quizás, cuando nos reunamos todos, algunas cosas ya no podrán ocultarse. A saber hasta qué punto compartiremos luego recuerdos, intimidades, pensamientos… secretos. Incluso si luego todo sale bien, despertamos y no recordamos nada o casi nada de todo esto, sería demasiado arriesgado. Sin embargo, aquí y ahora, estamos solos. Estoy solo."
Y fue por eso que le dio la espalda a la luz, girándose hacia esa misma oscuridad que había ido dejando detrás. Sabía a lo que se enfrentaba, pero tenía motivos para sentirse confiado; aun así, le costó mantener a raya esa inquietud creciente, conforme se acercaba el momento inevitable…
¿Eran imaginaciones suyas, o podía oír otra respiración, un poco más allá, en la oscuridad? Tan lejos y tan cerca a la vez; muy cerca en realidad, lo más cerca posible que algo podía estar… porque se trataba de sí mismo.
O al menos, de una parte de sí mismo. O quizás ni siquiera eso, exactamente. No era algo sencillo, desde luego.
–No hace falta que te quedes ahí detrás como si estuvieras castigado –Marco consiguió hablar con calma a la oscuridad, su oscuridad–. Tampoco tiene sentido que yo vaya por delante. Ven aquí y camina a mi lado.
Hubo un instante de silencio, después de morir el eco de sus palabras; por un momento, no se oyó nada más. A pesar de todo, y de las extrañas circunstancias, el joven no era tan ingenuo como para creer que en realidad no pasaría nada; aun así, casi dio un pequeño salto al oír la contestación.
–¿Estás seguro? –resonó una voz en la oscuridad; seguía sin ver a su interlocutor, pero conocía bien aquella voz, ¿cómo no hacerlo?
–Estoy seguro –afirmó Marco, decidido.
–¿Estás seguro? –repitió la voz, esta vez con cierto tono burlón–. ¿No haré que tus amigos se avergüencen de ti?
–Bueno, yo… –Marco se rascó la nunca, incómodo–. No hay nadie más aquí. Aun así, ahora tenemos otras preocupaciones más apremiantes.
De nuevo, el silencio; esta vez, algo más prolongado. El muchacho ya estaba planteándose seguir adelante de todas formas, por su cuenta, cuando…
–Está bien –aceptó su invisible interlocutor; la voz se oía cada vez más cerca, conforme avanzaba paso a paso–. La verdad… me esperaba cualquier otra reacción. ¿Qué tal una expresión atemorizada? O gritar "¡nooo!" mientras niegas espantado con la cabeza. Oh, mi favorita sería que salieses corriendo, presa del pánico, mirando detrás de ti mientras intentas escapar. ¿Seguro que no quieres hacerlo? Todavía estás a tiempo.
–Bueno… –Marco se encogió un poco de hombros; a pesar de todo, ya se sentía más tranquilo, incluso sonrió un poco–. En realidad, los dos nos conocemos desde hace tiempo. Prácticamente nos vemos casi todos los días.
"Sólo tengo que mirarme al espejo para ver en qué puede convertirme… en qué me estoy convirtiendo ya, quizás." Esto se lo guardó para él; o al menos lo intentó.
–Y ya sabes que no me gusta hacer ruido –continuó el moreno pecoso, sin temor, con calma; aunque su sonrisa se volvió un poco amarga–. Prefiero ser discreto. Dadas las circunstancias, más me vale serlo, ¿no?
–Eso está bien, eso está bien… –la otra voz parecía estar a punto de echarse a reír–. Nunca olvides lo que eres, Marco.
Y conforme hablaba, aquel interlocutor terminó de acercarse lo suficiente para volverse visible, del mismo modo que el muchacho estaba iluminado… o no exactamente; porque si la luz había caído antes sobre él de forma natural, en cambio ahora jugó de manera extraña con la figura que iba apareciendo delante. El extraño (que en realidad no lo era) parecía absorber e irradiar esa luz al mismo tiempo, a pesar de que sus alrededores seguían sumidos en la oscuridad.
Aquel ser vestía el uniforme más formal, sustituyendo la chaqueta corta por una gabardina, de color negro al igual que todo lo demás: botas, pantalones, camisa. Marco comprobó, con un escalofrío, que incluso la insignia era completamente negra… o casi; dos finas líneas blancas formaban una cruz que dividía en cuatro partes un escudo vacío; ni las espadas cruzadas de los Cadetes, ni las rosas gemelas de las Tropas, ni las alas azul y blanca de la Legión, ni el unicornio verde de la Policía.
–¿En serio? –consiguió articular, entre escéptico y aturdido–. ¿La insignia del Alto Mando? Vaya, incluso si se trata de que todos los colores vayan a juego… ¿No crees que te estás pasando un poco?
La criatura avanzó un par de pasos más y se detuvo. A aquella distancia, ya era imposible no fijarse en su rostro; un rostro que Marco conocía bien… porque era el suyo propio.
La piel era algo más pálida, quizás en contraste con lo oscuro de sus ropas; y como contraste dentro del contraste, las pecas de sus mejillas parecían en cambio grandes puntos negros. El cabello, aunque con la raya en medio, lo llevaba algo más despeinado de lo habitual, dándole cierto aire de ferocidad. Los ojos… eran y no eran los suyos al mismo tiempo; el marrón había dado paso a un tono mucho más oscuro, casi negro; parecía haber algo equivocado en la forma en que brillaban, con una cualidad implacable e incluso cruel.
Marco quería creer que no se trataba de sadismo, ni maldad. Necesitaba creerlo. Al fin y al cabo… se trataba de sí mismo.
–Así que te parece excesivo –replicó a su vez el, el, el…
"¿Cómo se supone que debo referirme a él? ¿Marco Oscuro? No es eso exactamente. ¿El Otro Marco? Pero quizás él estaba aquí antes y fui yo quien llegó después. ¿Ello? No es un maldito objeto inanimado. ¿Darko? Me da la impresión de que, si lo pienso demasiado, me soltará un puñetazo…"
El de ojos negros pareció percatarse del dilema interno del otro y, como compadeciéndose de él, se dispuso a ayudarle con amabilidad.
–Oye, antes de que te explote la cabeza… –su sonrisa era sorprendentemente sincera–. Puedes referirte a mí como… El Mensajero.
Si hubiera sido posible, en ese momento habría retumbado un trueno mientras un relámpago rasgaba la penumbra; pero incluso en circunstancias tan ominosas, aquel camino hacia el mundo de los espíritus parecía imponer ciertas limitaciones. Sin embargo, no hizo falta nada de eso para que Marco ya sintiese un escalofrío; como no decía nada, su interlocutor continuó.
–Supongo que tendré que conformarme con ese título… –el Mensajero señaló con un dedo la oscura insignia sobre su pecho, mientras miraba fijamente al muchacho de ojos castaños–. Porque "Líder" sigue sin convencerte, ¿verdad?
Quizás habría sonado entonces otro trueno. Marco sintió que una ola de frío recorría todo su cuerpo. Habría sido difícil malinterpretar su expresión; el joven vestido de negro pareció divertirse con aquella reacción y siguió fastidiándole.
–¿Demasiado formal, tal vez? ¿"Jefe" te parecería mejor?
Marco volvió a tragar saliva, pero esta vez sí consiguió hablar, al mismo tiempo que mantenía a raya tanto sus miedos como los malos recuerdos.
–Prefiero no tener que tomar decisiones por otros –contestó con un hilillo de voz–. No suele terminar bien.
El Mensajero dejó de sonreír; desde luego no parecía muy impresionado, en su rostro había más bien… decepción.
–Negarse a decidir ya implica decidir por omisión –contestó a su vez, con seriedad–. Y eso, tú deberías saberlo mejor que nadie… –meneó la cabeza–. Ay, qué lástima, tanto potencial desaprovechado.
–Pero la última vez…
Marco no pudo continuar; sentía que las palabras se le atragantaban, como si la lengua ocupase demasiado espacio en su boca. El Mensajero, de nuevo, le miró con algo que podría pasar por compasión; aunque al otro muchacho, aquello le hizo sentir todavía peor.
–¿De verdad creías que esa "última vez" sería la última vez? –preguntó el de negro con suavidad–. ¿De verdad creíste que no habría más ocasiones…?
Marco cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza. Se restregó una mano por la cara, casi como si fuese a arrancarse la piel. Mantenerse entero, de una pieza, era difícil cuando se sentía dividido en dos… y de hecho lo estaba en aquel lugar, de manera bastante literal.
–Esto es genial –murmuró para sí–. Ni siquiera hemos empezado y ya estoy perdiendo la puta cabeza. ¡Joder!
–Venga, vamos –trató de animarle el Mensajero–. Sabes que eso no es propio de ti…
Un instante de silencio, un momento de incredulidad… Marco volvió a abrir los ojos, sintiéndose extraño; no exactamente calmado, sino como poseído por una especie de aterradora lucidez.
–Es verdad –reconoció, estupefacto–. Eso sería más propio de ti. Eso, y la desesperación, y los remordimientos…
–Pero es que yo soy tú –el Mensajero habló como explicándole una cosa a un niño pequeño, con un poco de fastidio para el otro muchacho–. Y tú eres yo… En fin, ya te haces una idea. No puedes pretender separar algo en dos mitades perfectas, con todo lo bueno en una y todo lo malo en otra. En realidad, estamos en esto juntos, y lo sabes.
–En esto –repitió Marco, confundido–. ¿Y qué es "esto"?
–Puede serlo todo –el Mensajero se encogió de hombros–. O podría no ser nada. O… podemos centrarnos en alguna cosa en concreto.
La siniestra figura avanzó un par de pasos más, hasta quedar al lado del otro moreno pecoso, pero manteniendo suficiente distancia para no invadir su espacio personal.
–Mira, qué te parece si seguimos adelante –el Mensajero señaló con la cabeza hacia la luz del fondo–. Y resolvemos esto primero, ¿de acuerdo? Salvar a Eren, a todos los demás, quizás al mundo… Luego ya podremos irnos encargando del resto, ¿hum? Un paso cada vez.
Volvió a sonreír con una amabilidad que desconcertaba a Marco, pero éste al menos pudo asentir. Siguió las indicaciones de su compañero de negro y los dos echaron a andar al mismo tiempo. Al principio caminaron en silencio, mirando al frente. El joven de camisa blanca, sumido en pensamientos un tanto confusos; aunque cada vez menos, conforme iba centrándose en un objetivo concreto.
–Es curioso –comentó el Mensajero, quizás tratando de hacer que el otro se sintiese más cómodo–. Es como si la luz se hubiese acercado, mientras nosotros estábamos allí parados hablando. ¿O es el túnel el que se ha ido moviendo? Un sitio extraño, desde luego. Aunque seguro que aún veremos cosas mucho más extrañas.
–¿Cómo le irá a nuestros compañeros? –se preguntó Marco–. ¿Les ocurrirá lo mismo que a nosotros?
Sonaba un poco raro, pero usar la primera persona del plural parecía hacer que fuese más sencillo.
–Es posible –el Mensajero le miró con una sonrisa de aprobación–. Aunque es lo que decíamos antes, ya nos conocíamos desde hace tiempo. Eso hace que sea más fácil para nosotros. Creo que Sasha dijo que cada uno reaccionaría de una manera distinta.
"Creo." Marco no dejó de notar aquel uso de la primera persona del singular, por parte de su ¿alter ego?, quien enseguida captó su extrañeza.
–Vale, me parece que tú no estabas ahí entonces cuando lo dijo… ni yo tampoco, pero bueno, ella sí está aquí ahora… –el Mensajero le miró enarcando una ceja–. ¿No la sientes? ¿Esa conexión, con tu compañera? –Marco negó con la cabeza; el de negro resopló por la nariz como riéndose–. Sí que es un lugar extraño… Se supone que tú y yo somos lo mismo, que lo que sabe uno también lo sabe el otro, pero por lo que sea "yo" aquí sé más cosas. A ver cómo te lo explico… Llegaremos dentro de poco, así que intentaré ser directo. Sasha sabe todavía menos sobre ciertas cuestiones, casi seguro que se ha quedado atascada en algún punto del camino. Va a necesitar tu ayuda… –volvió a sonreír–. Seguro que no supondrá un problema para ti, se te da bien ayudar a los demás.
Marco superó su desconcierto inicial y empezó a darse cuenta… Si esa parte "oscura" de sí mismo tenía acceso a una información que a él se le escapaba, ¿cuánto podría averiguar antes de que empezara lo que fuese que tuviera que empezar? Tenía que aprovechar para hacer todas las preguntas posibles.
–¿Cómo puedo ayudar a Sasha?
–Ayudándola a encontrarse a sí misma. Sé que ahora suena a topicazo, pero créeme, luego tendrá sentido.
–Un poco críptico, pero vale. ¿Cómo encuentro luego a Eren?
–Sasha podrá encontrarle. Aunque os vendrá bien la ayuda de Mikasa.
–¿Y cómo encuentro a Mikasa?
–Ella os encontrará a vosotros. De hecho… –el Mensajero parecía un poco nervioso; aquello era mala señal–. Es posible que Eren, o "Eren" (tú ya me entiendes), os encuentre antes… –le miró con seriedad–. Si eso ocurre, entonces yo os ayudaré. Recuérdalo, es importante. Y no te pido que confíes en mí, sino que confíes en ti mismo. Sigue tu instinto, en este lugar a menudo es la mejor manera de no perderse.
–Hum… ¿No es eso lo que ha hecho Sasha? Y por lo que me acabas de decir, no parece que le haya servido de mucho.
–¡Cierto! Es lo que iba a añadir justo ahora… A veces uno de vosotros podrá encontrar el camino, pero tendrá que ser otro quien se enfrente a los obstáculos con que os encontréis. Por eso es importante que os reunáis lo antes posible, y que luego permanezcáis todos juntos.
Marco asintió y volvió a mirar al frente. Para su sorpresa, se dio cuenta de que casi habían llegado ya al final del túnel; la luz estaba muy cerca, tanto que casi resultaba cegadora.
–Por cierto, hay una cosa… –el Mensajero parecía dudar; otra mala señal–. Quizás no sea para tanto, pero… Creo que os encontraréis con alguien más allí.
–Alguien más… ¿Te refieres a otro compañero?
–Es posible… Ya te dije que es un lugar extraño, hasta a mí me cuesta saber algunas cosas… ¡Anda, mira! Ya hemos llegado. Anda, asómate y dime lo que ves…
En ese momento, Marco no sospechó de aquello. Quizás debió de haberlo hecho.
–A ver, hum… –se atrevió a meter la cabeza dentro (¿o sería fuera?); enseguida quedó rodeado por el potente resplandor–. Vaya, no se ve nada, aunque creo que noto corriente… Me parece que estamos en un lugar elevado. ¿Y ahora qué?
–¡Ah, eso es lo bueno de tener amigos! –El Mensajero lo dijo de tal manera que casi se le oía sonreír–. Siempre puedes contar con que alguno de ellos, cuando lo necesitas, te dé un buen… ¡empujón!
Entonces Marco sintió un fuerte golpe en la espalda, que le cortó el aliento; por eso no pudo gritar, mientras caía al vacío, completamente ciego a lo que se le venía encima. Sin embargo, sí pudo concentrar todas sus energías en un único pensamiento, con la potencia de un disparo.
"¡Seré cabrón!"
FIN DEL CAPÍTULO
NOTA DEL AUTOR II - ¡LA VENGANZA!
¡Saludos de nuevo! Al final, hubo un ligero cambio de planes…
Por un lado, me costó un poco retomar esta historia, después del parón de cuatro meses; por otro, me había propuesto publicar hoy, sí o sí, como reto personal. Todo lo anterior se juntó con el hecho de que este capítulo servía más bien como transición (terminé cambiándole el título por eso) entre ambos mundos, el de los vivos y el espiritual; al llegar al "salto", me encontré con un buen momento para hacer una pausa.
¡Bueno! ¿Qué os ha parecido? Ya sabéis que siempre valoro vuestras impresiones, comentarios, sugerencias… Y una buena noticia: creo que podré publicar bastante pronto el siguiente capítulo.
Ahora sí, me despido hasta la próxima actualización. ¡Espero que os vaya todo bien!
SilentSpaniard
