MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR - ¡Y aquí estamos de nuevo! Ya dije que actualizaría bastante rápido; al final ha ido mejor de lo previsto, apenas han pasado dos días entre este capítulo y el anterior… ¡aseguraos de que también habéis leído ése!

Veo que no ha habido novedades, en tan poco tiempo, así que hoy la dedicatoria se queda vacía. El caso es que, por la estadística, parece que a la gente le interesa esta historia y la sigue leyendo; así que yo también continuaré escribiendo, tan rápido como pueda.

Además, me lo paso en grande contando una historia así; a veces, ni siquiera yo sé con qué me van a sorprender estos personajes.

Bueno, y ya sin más preámbulos…


CAPÍTULO 6 – AL OTRO LADO

Publicado el 20 de septiembre de 2015, con una extensión de 4.072 palabras.

Perspectiva del "Freckled Jesus".


Cuando Marco Bott recuperó el sentido, lo primero que notó, incluso antes de abrir los ojos, fue que estaba tumbado de espaldas contra el suelo.

El dolor vino justo después.

Y sin embargo… fue una sensación muy leve; apenas un ligero eco, de todo lo que debería de haber estado sufriendo, después de una caída así.

"A lo mejor, en este sitio, los golpes no hacen tanto daño," pensó Marco, mientras tragaba saliva. "¿O acaso… he regenerado mis heridas?"

Si había sido lo último, esperaba que nadie más lo hubiese visto; habría dado lugar a una situación bastante incómoda.

Impulsado por ese temor, y también para comprobar dónde estaba exactamente, abrió los ojos y trató de mirar a su alrededor… sin éxito; una luz enceguecedora seguía cayendo sobre su rostro.

"¡La luz me está acosando!"

Sólo tardó un instante en menear la cabeza y deshacerse de aquel pensamiento incoherente. Además, se notaba que esa luz era distinta: natural, cálida, de un tono amarillo-anaranjado que podía percibir incluso con los párpados cerrados. La sensación era agradable; casi sentía como si los rayos del sol acariciasen su piel.

"Oh, bueno… Entonces, este sitio no puede ser tan malo."

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba preparado; entrecerrados al principio, los fue relajando conforme iba acostumbrándose a la reconfortante luminosidad. Pudo ver (ahora sí) un cielo prácticamente despejado, de un azul tan vibrante y tan intenso que parecía imposible; casi dolía… pero en un buen sentido.

"¡Es hermoso!"

Marco notó de repente algo de humedad en los ojos; lo achacó al esfuerzo que tenía que hacer, frente al enorme sol que tenía encima cual gigantesca bola de fuego, más cerca de lo habitual. Siguió contemplando el mar celestial y vio que, en realidad, sí había algunas nubes rebeldes surcándolo; tan blancas y esponjosas, que parecían de limpio algodón.

Curiosamente, aquello le hizo pensar de pronto en el algodón de azúcar que vendían a veces en las ferias y festivales…

"Me pregunto si se podrá sentir hambre, en esta especie de mundo espiritual. Je, parece que se me está pegando la forma de pensar de alguien que yo me sé."

La idea le hizo sonreír… pero no por mucho tiempo. Se dio cuenta de que debía encontrar a Sasha, cuanto antes; necesitaría su ayuda para "encontrarse a sí misma", o al menos eso le había dicho el Mensajero.

"Ya te vale, maldito bastardo… ¿De verdad tenías que hacer eso?"

Por lo menos, podía mover los brazos y las piernas; no parecía haberse roto nada. De hecho, sentía un cosquilleo en la palma de la mano; y cuando miró a un lado, comprobó que había caído sobre una gran pradera repleta de hierba, de un verde muy vivo y refrescante. Las briznas se mecían, agitadas por la suave brisa que también acariciaba su piel; una sensación muy agradable.

Aunque sabía que no debería retrasarse mucho más, no pudo evitar seguir contemplando aquel magnífico paisaje. La hierba parecía subir y bajar, cubriendo las colinas onduladas que se sucedían en la distancia; también había algunos árboles, y arbustos que a veces formaban seto. De hecho, comprobó con cierta sorpresa que había un pequeño rosal cerca de él.

"¡Vaya! No, si todavía habré tenido suerte… Un paso más allá, y caigo justo encima de todas esas espinas, ¡auch!"

Con cuidado, acercó su mano a una de aquellas rosas, de un rojo tan intenso como azul era el cielo. Acarició delicadamente los pétalos de la flor… y notó una sensación húmeda en la punta de los dedos.

Apartó instintivamente la mano, se miró los dedos y comprobó con aprensión que, allí donde había tocado la rosa, había unas manchas del color de la…

"Sangre."

Por un momento, Marco se olvidó de respirar, abriendo desmesuradamente sus grandes ojos castaños. Ya le aterraba la idea de lo que vendría después: la sangre empezaría a extenderse desde la punta de sus dedos, hasta cubrirle toda la mano, y luego el brazo, y…

Y justo entonces, aquellas manchas rojas se evaporaron hasta no dejar ni rastro, en apenas unos segundos. Podía sentir en la punta de los dedos un calor muy característico; algo que sólo produciría la…

"Sangre de titán." Marco tragó saliva. "Vaya, quizás lo otro habría sido menos…"

–Ominoso, ¿verdad? –concluyó por él una voz femenina.

Marco sintió que ya había vivido antes algo parecido… pero esa sensación fue sustituida rápidamente por la alarma de saber que había alguien al otro lado, sin haberse dado cuenta hasta entonces.

Y esa voz… le resultaba vagamente familiar, en varios sentidos: alguien a quien conocía, desde luego, sospechaba de quién se podía tratar; pero en aquel tono también había algo que le recordaba al Mensajero, cierto matiz oscuro que al mismo tiempo (con tan sólo dos palabras) sugería poder.

Así que el muchacho, todavía tumbado de espaldas sobre la hierba, giró la cabeza y miró al otro lado, manteniendo al principio la vista a la altura del suelo. Lo primero que vio fue unas botas, bastante cerca de su cara, quizás demasiado; parte de él temía que, en cualquier momento, fuesen a pegarle una patada. Desde luego, a tan corta distancia, pudo apreciar los detalles: no eran las reglamentarias del ejército; tenían la suela más fina y cordones en la parte delantera, que subían ciñendo el cuero negro por aquellas piernas fuertes y torneadas.

Siguió subiendo la mirada, sin poder ver dónde terminaban las botas; quedaban cubiertas por una amplia falda negra, que parecía práctica y cómoda, para no estorbar los movimientos. Naturalmente, descartó mirar debajo; sería una invitación a ponerle en órbita de una patada. Continuó su escrutinio, tomándose su tiempo (quizás demasiado). Más allá de la cintura podía adivinar una blusa blanca, y tal vez un chaleco negro, bajo una prenda gris oscuro muy característica; esa especie de capa o chal, que solía llevar cierta cazadora de Dauper…

–¿Te gusta lo que ves? –preguntó la susodicha desde lo alto, con calma.

–Espera, espera, que enseguida estoy…

Sin embargo, cuando al fin llegó a examinar aquel rostro, Marco se quedó desconcertado; tuvo que parpadear un par de veces, para asegurarse de que no le engañaba la vista. Porque los ojos de aquella chica, que le observaba con serenidad, no tenían el marrón habitual; eran más oscuros, aunque por fortuna no tanto como los del Mensajero. Los cabellos normalmente castaños seguían recogidos en una cola de caballo; pero su tono también era más oscuro, casi negro.

La expresión de la muchacha era de calma estoica, fuerza y determinación inquebrantables… que le recordaron a Mikasa; no era ella, desde luego. La persona que tenía enfrente vestía y se peinaba de una forma muy característica; sus ojos eran más amplios y la piel tenía un tono moreno (más de lo habitual) que parecía saludable, además de buen ver.

El mismo viento que mecía suavemente la hierba, también acariciaba con cuidado sus cabellos oscuros; casi como si se moviesen por sí solos, impulsados por el aura de poder que emanaba de aquella chica. Por su actitud y aspecto, por su expresión y porte, en realidad parecía mucho mayor; vieja no, más bien como si en ella hubiese algo de… eterno, divino incluso.

Tal vez lo que le asustaba era ver a… ¿Sasha?… tan tranquila, tan seria; tan fuerte y relajada al mismo tiempo. En ese sentido, sí que le recordaba un poco a Mikasa.

"Las dos pasan a veces un rato juntas, ¿no? Quizás se le haya pegado algo de ella y eso se refleje con más intensidad en este mundo. O acaso siempre ha tenido esa fuerza en su interior, pero es aquí y ahora cuando brilla plenamente…"

Ella tenía los brazos cruzados, pero no en el ademán defensivo e inconsciente de alguien que se sintiese vulnerable en una situación incómoda, sino revelando esa misma fuerza apacible. Se la veía tranquila, en la actitud relajada de quien esperaba algo con calma, sin temor. Quizás porque no tenía nada que temer; quizás porque no había nada que pudiese hacerle daño.

Sus manos reposaban cómodamente en aquella postura, enfundadas en unos finos guantes de cuero negro, cómodos y flexibles, cuyos extremos se perdían bajo las mangas blancas de su blusa; daban la impresión de ser antiguos, gastados por el uso, como si pertenecieran a otra época. Aquellos guantes, de algún modo, realzaban aún más la dualidad de su aparente delicadeza y la fuerza que latía en esos dedos; como si fuesen capaces de hacer pedazos cualquier cosa, con un solo gesto. Marco tragó saliva; en ese sentido, sí le recordaba un poco a Mikasa.

"Como una diosa… una diosa oscura, invulnerable y al mismo tiempo capaz de destruirlo todo."

Sin embargo, en lugar de terror, lo que sentía al contemplarla era más bien una admiración inspiradora, un respeto sobrecogedor; no estaba seguro de si la veía así por su optimismo, o si era precisamente aquella visión la que le hacía sentirse de esa manera.

–Bueno, no irás a quedarte ahí todo el día…

La joven le tendió una mano enguantada, mientras sonreía levemente; pero sus ojos oscuros seguían observándole con atención. Valorando; juzgando. Marco volvió a tragar saliva.

Aquello podía salir muy bien o muy mal. Tenía una vaga idea de a qué se estaba enfrentando. Sabía que era peligrosa, aunque el Mensajero no se lo hubiera advertido antes expresamente; sin embargo, lo que él sí le había dicho era que siguiese su instinto…

Se le estaba ocurriendo una idea. Si se hubiera detenido a pensarlo un poco, la habría considerado absurda y disparatada, pero no lo hizo. Simplemente actuó.

Se incorporó con cuidado, evitando movimientos bruscos para no sobresaltar a su compañera misteriosa, pero sin llegar a levantarse del todo. En vez de eso, quedó postrado delante de ella, en actitud respetuosa, con una mano sobre la rodilla levantada y la otra en tierra; la cabeza agachada, la mirada fija en sus botas.

–Marco Bott, a vuestro servicio –anunció con sencillez.

Le pareció oír que salía aire de sus labios, como si ella hubiese ahogado alguna exclamación. En el silencio que siguió, tuvo tiempo de pestañear un par de veces y preguntarse qué puñetas estaba haciendo él…

Entonces sintió posarse suavemente sobre su cabeza la misma mano que le habían tendido antes.

–Te lo agradezco, Marco –contestó ella en voz baja, con amabilidad–. Puedes levantarte. Y por lo que más quieras, trátame de tú, que lo otro se me hace ya raro.

La mujer que (seguramente) era Sasha retiró la mano con la misma suavidad de antes. El muchacho lo tomó como una señal para levantar la cabeza y terminar de ponerse en pie, con una sonrisa sincera en los labios. A pesar de todo, al lado de aquella persona, se sentía… bien; casi en paz consigo mismo.

"Aunque no sé cuánto durará esta vez."

Aquellos ojos oscuros estaban a la misma altura que los suyos; y aun así, de algún modo, la joven parecía más alta. A pesar de su amabilidad, seguía examinándole con cierta cautela.

–Así que un Bott… –enarcó una ceja–. Estás un poco lejos de casa, ¿no crees?

Marco sintió las gotas de sudor cayéndole por la sien; la inquietud hizo presa de él. Trató de contener su nerviosismo, preguntándose mientras tanto hasta qué punto sabía… Quiso creer que, si la chica misteriosa y el Mensajero compartían algún tipo de conexión, seguramente ella ya sabría más de lo necesario para que Marco se sintiera incómodo; él siempre había sido celoso de su intimidad.

"Lo mejor será suponer que conoce mis temores más profundos, mis secretos mejor guardados. Claro que eso no significa que tengamos que hablar de ello, ¿verdad? Es decir, una de esas situaciones de sé que tú sabes que yo sé… Así que vamos a dar por hecho ciertas cosas."

–Bueno, pasaba por aquí… –Marco se rascó la nuca, con una sonrisa un poco incómoda–. Estoy buscando a una amiga, je, da la casualidad de que se parece mucho a ti. ¿No la habrás visto? Tiene los ojos y el cabello algo más claros, y también es más…

–¿Despistada? –terminó ella por él, poniendo los ojos en blanco un instante–. ¿Atolondrada, inconsciente, impulsiva…?

–¡Ah, entonces la conoces! –Marco se alegró al ver que los dos parecían estar hablando de lo mismo–. Dime pues, ¿has visto a Sasha?

En cuanto pronunció ese nombre, supo que había cometido un error, aun sin saber cuál exactamente. Lo que de apacible pudiera haber tenido ella antes, desapareció de un plumazo.

–¿Y con quién te crees que estás hablando? –preguntó en voz baja, con calma.

Sin embargo, a Marco le vino a la cabeza la imagen de un potente cepo, listo para saltar a la mínima y destrozarle si daba una contestación equivocada. Naturalmente, el muchacho se estaba devanando lo sesos para encontrar cuanto antes una respuesta "correcta" o, al menos, que no empeorase su situación.

"No es exactamente la Otra Sasha, ni una Sasha Oscura… Es y no es ella a la vez. Se acentúan distintas facetas del mismo carácter, su personalidad no es tan diferente, aunque su poder… ¿Ha estado ahí todo el tiempo, sin que ella supiese nada? A pesar de que forma parte integral de ella, tanto como…

Entonces recordó una vez más su breve encuentro con el Mensajero… y se le ocurrió otra idea; no sabría decir si era "genial", pero decidió seguir aquella nueva corazonada.

–Creo que estoy hablando con… la Cazadora.

Era obvio que no iba a aparecer de repente un relámpago en mitad de aquel cielo despejado; pero sí le dio la impresión de oír un trueno a lo lejos…

Y suspiró de alivio al ver que la Sasha que tenía enfrente sonreía, como complacida por una agradable sorpresa; esta vez, la sonrisa sí le llegó a los ojos, que brillaron con intensidad y por un momento ya no parecieron tan oscuros.

–Vaya, sabes cómo halagar a una chica –susurró ella.

Al principio, Marco sintió aquellas palabras como una caricia sobre su piel… y entonces se dio cuenta de que la Cazadora estaba acariciándole la mejilla de verdad, con esa misma mano enguantada. Tardó un instante en reaccionar, convertido en estatua de piedra sólo con su tacto; no tenía ni idea de qué estaba pasando, ni de cómo debería reaccionar. A pesar de todo… se dejó llevar.

Cerró los ojos y se concentró en aquel roce tan suave y agradable. Se preguntó cómo sería sentir la piel de ella contra la suya, sin guantes ni nada que se interpusiera. Apoyó su propia mano sobre la que le acariciaba, haciendo con aquélla ese mismo gesto, delicadamente. Sentía el calor, el poder que emanaba de la Cazadora; y sabía que era bueno, o al menos no malo o dañino por sí solo.

"Además, tampoco pasa nada… Es decir, una muestra de afecto entre amigos, ¿no? Es lo mismo que Mikasa le hizo antes a Sasha en la enfermería…"

Y entonces dejó escapar un suspiro más hondo todavía; pero esta vez no de alivio, sino de resignación. Porque ella era y no era Sasha al mismo tiempo; porque los dos habían llegado a aquel lugar con un objetivo muy concreto. Porque tenían una misión.

Misión. De repente, todo el peso de aquella palabra cayó de golpe sobre él, haciendo que casi se doblara sobre sí mismo como si fuera un anciano. Se sintió cansando, muy cansado… e inmediatamente después, irritado consigo mismo, y con el mundo entero. Ya por último, volvió a sentir resignación; sabía que haría lo correcto, como siempre se esperaba de él, por mucho que le costase.

Así que, tomando delicadamente entre sus manos la de la Cazadora, la apartó con suavidad de su rostro. Abrió los ojos de nuevo, clavando los suyos castaños sobre los oscuros de ella, que le miraba con atención; quizás un poco extrañada, pero sin enfado ni ira.

–El camino que sigo… –Marco trató de explicarse sin temblar demasiado–. Allí donde voy, tú no puedes acompañarme… –cada vez le costaba más continuar–. Lo que tengo que hacer, yo…

"No sé si yo te merecería a ti… pero sé que tú no te mereces a alguien como yo. No te mereces semejante castigo." Eso fue lo que querría haber dicho; al final, no pudo.

Aun así, la Cazadora pareció comprender; como si pudiese leer en aquellos ojos castaños las palabras que faltaban, incluso entendiendo todo el significado de las mismas. La idea de ser transparente para ella, le hizo sentir mejor; como si aquella renuncia fuese, quizás no menos difícil, pero sí más honrosa.

"Aunque… ¿Se puede renunciar a algo que nunca has tenido?"

La Cazadora terminó de retirar la mano y volvió a cruzarse de brazos con suavidad, en el mismo ademán confiado de antes. Le miró con calma y una leve sonrisa; no parecía decepcionada y, de algún modo, eso convenció a Marco de que había tomado la decisión correcta.

"Seguramente ella también podría entenderse con el Mensajero. Aunque… Bueno, lo primero será encontrar a Sasha. Y luego a Mikasa y Eren, que no se nos olvide."

–Entonces… –titubeó al principio; volvió a rascarse la nuca–. ¿Has visto a mi amiga?

La Cazadora enarcó una ceja, como diciendo "¿acaso no soy yo tu amiga?", pero no se lo tomó a mal. No respondió, sino que se hizo a un lado y se colocó junto a él, con paso tranquilo. Luego hizo un solo gesto con su poderosa mano, moviéndola suavemente en el aire, cual prestidigitadora; y entonces…

Una escena pareció cobrar vida ante los ojos de Marco, en el espacio que había frente a él, ahora vacío. Fue extraño, porque el muchacho volvió a tener delante, no a una, sino a dos Sashas; una de ellas era idéntica a la que estaba ahora a su lado, pero la otra sí le resultaba más familiar. Cabellos castaños, ojos marrones y cierto aire atolondrado… reconoció sin problemas a su compañera de Dauper, con quien había compartido ya casi tres años de instrucción.

Sin embargo, la Sasha "normal", aunque vestía de la misma forma que su reflejo oscuro, no llevaba guantes; Marco se preguntaba qué significaría aquella diferencia… Luego se dio cuenta de que, además de imagen, también había sonido; intuyó que se trataba del recuerdo de una conversación reciente.

–Anda porfa venga –hablaba con rapidez (naturalmente) la Sasha de ojos castaños–. Hazte a un lado y déjame pasar, que tengo prisa y mi amigo me va a necesitar.

–A ver cómo te lo explico… –la Cazadora de aquel recuerdo, con un ligero aire de desesperación, estaba restregándose la cara con una mano enguantada–. No es tan sencillo, no se entra tan fácilmente en…

–¡Pero si es sencillo! –interrumpió Sasha, emocionada, casi dando saltos de impaciencia–. ¡Sólo tienes que decir sí o no!

–Pues si lo pones en esos términos… –la Cazadora se cruzó de brazos, con cara de fastidio–. Entonces la respuesta es no.

–¡Sí!

–No.

–¡Que sí!

–Que no.

–¡Sí!

–¿En serio?

–¡No!

–Vale, tú misma ya has dicho que no, creo que con eso…

–¡No no no! ¡Eso fue para que tú dijeses y entonces yo podría decir "¡has dicho sí!" y entonces tendrías que dejarme pasar…!

Lo último que Marco vio de aquella "conversación", fue que la Cazadora se tapaba la cara con la mano, mientras refunfuñaba algo. Después de eso, la imagen empezó a temblar y terminó desvaneciéndose en el aire, del mismo modo que había aparecido antes.

El joven miró a su compañera, con una media sonrisa y la ceja levantada; ella, en cambio, era la viva imagen de la vergüenza ajena.

–No fue nuestro mejor momento –reconoció en voz baja, seria, todavía mirando hacia delante.

Luego hizo otro gesto con la mano y Marco prestó de nuevo atención al frente, porque volvieron a surgir imágenes y sonidos, aunque ahora de una escena distinta. Sasha y la Cazadora se miraban la una a la otra, enfrentadas como si se tratase de una de las sesiones de entrenamiento cuerpo a cuerpo de los Cadetes; es decir, un combate amistoso. Por otro lado, en el presente, a su "otra" compañera aún no la había visto por ningún lado; tuvo un mal presentimiento.

–A ver, para asegurarme de que has entendido… –decía la Cazadora de la imagen, un tanto exasperada–. Si consigues derrotarme, entonces despertarás esa fuerza oculta que hay en tu interior, y que necesitarás para enfrentarte a los obstáculos de este mundo y rescatar a Eren, pero… –un breve silencio; se puso aún más seria–. Si yo te derroto a ti, entonces eso significará que aún no estás preparada, y te tocará seguir esperando aquí, ¿de acuerdo?

–Hum… –Sasha no parecía estar muy convencida–. ¿Esperar cuánto tiempo, exactamente? ¿Y a quién o qué se supone que tengo que esperar?

–A que llegue alguno de tus amigos –la Cazadora se encogió de hombros–. O eso, o que yo considere que por fin has aprendido lo suficiente… –meneó la cabeza, resignada–. Pero no has conseguido nada por tu cuenta, después de tantos años, dudo que eso vaya a cambiar…

–¡Da igual! –interrumpió Sasha con alegría, pasando en un instante al extremo opuesto; casi daba saltos en el aire, de la emoción–. ¡Venga, estoy preparada! ¡Empecemos ya! ¡Luchar luchar luchar!

–No sé… –era la Cazadora quien dudaba ahora–. Quizás sería mejor esperar a que llegase alguno de los otros, antes de…

–¿Oh, qué pasa? –se burló Sasha temerariamente–. ¿Acaso tienes miedo?

Y justo en ese momento Marco supo que Sasha, de modo similar a como él ya había hecho antes, acababa de cometer un gran error. Aun tratándose de una visión del pasado, la expresión que apareció en el rostro de la Cazadora helaba la sangre.

Durante un segundo, su cara morena quedó vacía de toda expresión. Inmediatamente después, esa misma cara se convirtió en una máscara de furia demoníaca que enseñaba todos los dientes, apretados con fuerza, mientras en sus ojos oscuros aparecía un siniestro brillo rojizo. Los cabellos casi negros danzaban en el aire, como agitados por esa misma furia que brotaba de su interior.

–¡Insolente mortal! –gritó la Cazadora.

Su voz era potente como un trueno. Marco sintió que le temblaban hasta los huesos, a pesar de que aquello ya había ocurrido. No le extrañó que la Sasha de la imagen estuviese aterrada.

–¿¡En serio!? –siguió bramando la Cazadora–. ¿¡Quién te has creído tú que eres para hablarme de miedo!? ¡A MÍ! ¡Yo, que he estado aquí atrapada por tu ineptitud durante toda una eternidad, sin poder hacer absolutamente nada mientras el mundo seguía yéndose al infierno! ¡Todo ese tiempo desperdiciado, lo único que has conseguido ha sido convertirte en la mascota cómica… cuando deberían ser los demás quienes temblasen y se arrodillasen ante ti! ¿¡Y TÚ precisamente vienes a restregarme TUS defectos, los mismos que me han tenido aquí encerrada desde siempre!? ¿¡De verdad te crees que tu osadía quedará sin castigo!? ¡AAAAAAAAAAAAAAAAH!

Lo último ya no fue algo que pudiera registrarse como sonido humano; más bien un grito de desesperación y rabia eterna, con toda la impotencia y frustración acumuladas durante lo que parecían siglos. Un grito que llegaba al fondo del alma, atravesando las barreras del tiempo y la distancia, que ya de por sí eran endebles en aquel lugar.

Y en aquel aterrador eco del pasado, a pesar de que también debía oír la voz de su instinto gritándole "¡corre!"… Sasha no reaccionó en absoluto, completamente paralizada por el miedo.

La Cazadora hizo surgir de la nada una lanza más negra que la noche y, sosteniéndola en una de sus poderosas manos, impulsada todavía por esa misma furia demoníaca, la arrojó con todas sus fuerzas contra…

–¡NO! –gritó Marco desesperado, tapándose los ojos.

Pero no pudo taparse los oídos… y hasta ellos llegó el inconfundible sonido del metal atravesando carne y huesos.

Un sonido que en vano trató de ahogar con sus propios gritos. Tampoco pudo evitar que su imaginación completase las imágenes que faltaban. Sasha, su amiga, atravesada como un animal por…

–¡Marco! –le llamaba alguien, agarrándole por los hombros.

El muchacho reaccionó con rapidez… con mucha rapidez; fue algo prácticamente sobrehumano.

En una décima de segundo, se apartó las manos de la cara y vio a la Cazadora, que estaba frente a él, sujetándole.

En la siguiente décima de segundo, se lanzó contra ella.

Después la estampó contra el suelo y empezó a estrangularla.