MANZANA NEGRA

CAPÍTULO 7 – UNA LANZADA, UNA PROMESA Y UNA TORMENTA

Publicado el 24 de septiembre de 2015, con una extensión de 4.760 palabras.

Perspectiva de "Darko" (en realidad no le gusta que le llamen así).


Marco se había lanzando sobre la Cazadora, tumbándola de espaldas en el suelo y aprisionándola debajo de él con su cuerpo, mientras sus manos se enroscaban alrededor del cuello de la asesina, apretando con tanta fuerza que inmediatamente se oyó un chasquido.

En realidad, fueron sus dientes al rechinar entre sí, los que hicieron ese sonido.

Sin embargo, tan rápido como se había visto consumido por las llamas de su ira, volvió a sentirse de repente frío como una estatua de hielo.

Casi seguro que tuvo algo que ver la flecha, completamente negra, que la Cazadora había hecho surgir una vez más de la nada, y cuya punta ahora apoyaba contra el cuello del muchacho; sintió concentrarse en ese punto toda la gelidez de un infierno helado.

También influyó en aquella serenidad repentina el hecho de que la Cazadora, a pesar de su veloz respuesta, mantuviese una calma casi absoluta; la respiración apenas agitada, ni siquiera sudaba. La expresión de su rostro era completamente neutra y controlada, incluso en esa situación; sus intensos ojos oscuros no dejaban traslucir nada, salvo el poder que latía en su interior. Fue aquel dominio de sus emociones, lo que resonó en Marco y le ayudó a mantener a raya las propias, al menos por el momento.

–¿Nos hemos tranquilizado ya un poco? –preguntó la Cazadora debajo de él, con aquella calma sobrenatural; aún sostenía como si nada la punta de negro metal, rozando la piel de Marco.

–Está muerta –consiguió articular al fin, después de aquel vaivén de emociones.

–No está muerta –replicó ella, con el mismo tono sereno; como si no le hubiesen echado las manos al cuello justo antes.

–¡Está muerta! –gritó Marco, que sentía crecer de nuevo la ardiente furia en su interior.

–No está muerta –insistió la Cazadora, entrecerrando los ojos, con su paciencia agotándose lentamente–. Fue algo simbólico.

–¿¡Simbólico!?

Marco soltó el cuello de su adversaria y alzó los brazos, como clamando al cielo. Siguiendo el impulso de aquel movimiento, volvió a ponerse en pie mientras se apartaba de ella con rapidez. Le dio la espalda y avanzó varios pasos impacientemente, pateando furioso la hierba. Luego se dirigió de nuevo hacia la Cazadora, que también se había levantado y continuaba en el mismo sitio, sin quitarle de encima la vista al otro; la flecha negra había desaparecido, en su garganta no había ni una sola marca y mantenía una actitud serena… pero sus manos enguantadas estaban extendidas, como disponiéndose a lanzarle por los aires en cuanto se acercara demasiado.

Sin embargo, Marco se detuvo a suficiente distancia y no intentó nada más contra ella; aunque eso no significaba que él ya se hubiese calmado.

Simbólico –repitió, en apenas un susurro.

Después se llevó una mano a la cara y empezó a temblar; la Cazadora, confundida al principio, no tardó en darse cuenta de que Marco estaba riéndose. Empezó muy bajo, luego cada vez más alto… hasta que se interrumpió de pronto y dejó de taparse el rostro; miró con tal ferocidad a la chica sobrenatural, que ella terminó echándose un paso para atrás, a pesar de todo su poder y toda su calma.

–¿¡Atravesar a mi compañera con una lanza fue algo simbólico!? –Marco pareció gritar y sisear al mismo tiempo, apretando los dientes; sus rasgos casi se distorsionaron hasta el punto de convertirse en una máscara de furia demoníaca–. ¿¡Y pretendes que me crea que después de eso sólo le duele un poco el estómago!? ¿¡En serio!?

El muchacho se había ido acercando cada vez más, hasta que con el último grito se le escapó un salivazo. Sin embargo, la Cazadora extendió una mano de canto y pareció crear delante de ella una barrera invisible, contra la cual el imprevisto proyectil se partió en dos; cada mitad cayó inofensivamente a uno y otro lado, bien lejos de su objetivo.

–No está muerta –contestó la criatura, con una calma tensa; no parecía estar dispuesta a repetirse otra vez.

La brisa agitaba sus cabellos oscuros, su capa gris y su falda negra, confiriéndole un aura majestuosa. Daba la impresión de que, en cualquier momento, su mano podría restallar como un látigo; o quizás atravesar a Marco del mismo modo que a su compañera antes… incluso sin lanza.

El joven también se dio cuenta de eso; la determinación que veía en los ojos oscuros de la Cazadora, la fuerza controlada que se adivinaba en su mano enguantada… Se obligó a sí mismo a tranquilizarse, con respiraciones pausadas y profundas. En vez de cerrar los ojos, desvió la mirada hacia aquel horizonte de infinitas colinas, cubiertas de verde hierba; en el despejado cielo azul seguía brillando un sol espléndido, tan intenso que los rayos parecían atravesar su cuerpo, reconfortando su alma.

No había que ser un genio para darse cuenta de que la confrontación directa con la Cazadora sólo podía terminar de mala manera… para él. Debía mantener la calma; aunque poco le faltó para volver a perderla, al pensar en todo lo que tenía que hacer aún.

"Rescatar a Sasha, reunirse con Mikasa, salvar a Eren… No, así no. Más vale centrarse en una sola cosa, un paso cada vez, ¿no? Lo primero sería encontrar a Sasha, ayudándola a encontrarse a sí misma, o al menos eso fue lo que dijo antes el Mensajero."

Y para conseguirlo iba a necesitar la ayuda de esa criatura, fascinantemente aterradora, que tenía a su lado; en realidad, le recordaba a más de una compañera. Mirándola por el rabillo del ojo, vio que ya no estaba tan a la defensiva como antes; aquello relajó a Marco. A veces le costaba confiar en sí mismo, por miedo a esas explosiones de ira, tan esporádicas como devastadoras, que podían hacer volar todo por los aires sin previo aviso; pero si ella había dejado de considerarle una amenaza, entonces ya podía respirar más tranquilo.

"Algunas cosas se ven mejor desde fuera. Supongo que por eso necesitamos a los demás… Bueno, por eso y por muchas otras cosas. Y ahora que lo pienso… ¿Qué será lo que necesita ella?"

Intuía que la solución estaba en algo de lo que había dicho la Cazadora antes; aunque decidió empezar tanteándola, para ver si estaría dispuesta a hablar.

–Entonces, si en este lugar no puedes morir, ¿qué pasa cuando te… derrotan? –preguntó Marco.

Hubo un breve silencio, mientras él trataba de imaginarse la respuesta; se le ocurrían varias.

–Entonces caes en un estado de sueño profundo –contestó por fin la Cazadora–. Es decir, más profundo aún que éste…

Su voz seguía siendo tranquilizadora y agradable; lo que implicaba su respuesta, ya no tanto.

–Cuando estábamos en la enfermería, Sasha se durmió antes que yo –comentó Marco, un poco inquieto–. Apenas pasaron unos minutos, pero aquí ha llegado con tiempo suficiente para…

Hizo un gesto con la mano, como diciendo "ya sabes a qué me refiero". Prefería no pensar demasiado en aquellas imágenes, en lo que había visto… y sobre todo en lo que no había visto, pero sí oído.

–Sé a lo que te refieres, parece que es así –confirmó la Cazadora–. Aquí el tiempo no pasa tan rápido como en el mundo real. En posible que, en ese otro mundo al que vas si te derrotan, todo vaya aún más despacio.

"Sueños dentro de sueños… ¿Por qué me da la impresión de que ya he oído esto antes?"

–¿Qué crees que le estará pasando a Sasha? –preguntó Marco, algo ausente, mirando a lo lejos–. ¿Sabes si está… sufriendo?

No lo había dicho con ningún propósito concreto, pero le pareció que su compañera se sentía culpable al oír aquello.

–Espero que no –la Cazadora dudaba, tratando de convencerse a sí misma–. Si el mundo en que ella está ahora se parece a éste, supongo que como mucho… se aburrirá. Bastante.

–No estaría yo tan seguro… –a Marco se le escapó una sonrisa–. Conozco a Sasha, sé que se distrae con facilidad. Es más, me da la impresión de que a veces… –su expresión se hizo seria–. Es como si hubiera cosas que sólo ella puede ver, como si fuese capaz de vivir en su propio mundo… y ése mundo existiera de verdad. Un mundo al que puede acceder libremente… –se giró hacia la Cazadora, observándola con atención–. O quizás un mundo creado por ella. Bueno, quizás esto último ya es un poco excesivo, pero lo otro explicaría unas cuantas cosas. Por ejemplo, por qué estamos aquí. Quizás nunca habríamos llegado, de no ser por Sasha. Quizás ella abrió aquel túnel con sus propias manos. Es decir, en realidad, hay algunas partes que puede crear… y esto también explicaría lo que eres.

Esta vez fue la Cazadora quien le miró a él con atención, con los ojos bien abiertos… casi con hambre; Marco quiso creer que de conocimiento, y no otra cosa.

"Si yo hubiera estado atrapado aquí una eternidad, también necesitaría saber… y algunas cosas sólo pueden verse desde fuera."

–Eres y no eres Sasha –explicó Marco, manteniendo la calma con dificultad; él también se iba emocionando cada vez más, conforme descubría y describía las respuestas a sus preguntas–. Eres una parte que ha permanecido dormida todo este tiempo, deseando despertar… –sonrió con esperanza–. Y quizás nuestros pasos nos han conducido a ambos hasta aquí, justo ahora… para que yo pueda ayudarte a conseguirlo.

–Despertar… ¿de verdad? –preguntó la Cazadora, con cierta timidez; así se parecía un poco más a la Sasha de siempre–. Y tú… ¿p-podrías hacerlo?

–Puedo intentarlo –afirmó Marco con convicción; sin embargo, su respuesta desanimó a la chica.

–Con intentarlo no basta –replicó ella en voz baja, seria–. O lo haces, o no lo haces… –enarcó una ceja–. Si es que puedes. ¿Acaso sabes cómo?

–¿Acaso lo sabes tú? –contestó Marco con suavidad.

La Cazadora se quedó desconcertada por un instante, sin saber qué decir.

–Deja que te lo pregunte de otra manera –continuó el muchacho–. ¿Sabes cómo despertar a Sasha? No del todo, claro, sólo del lugar en que está ahora.

–Hum, supongo que… –aquella diosa se acarició la barbilla, pensativa–. Sí, tengo cierto control sobre eso.

–Del mismo modo que ella sobre ti –Marco casi la interrumpió, rápido e intenso–. Es algo recíproco. Lo que tú puedes hacer aquí por Sasha, ella también podría hacerlo por ti en el mundo real. Cada una depende de la otra para despertar. Así que, cuanto antes la liberes, antes podrás liberarte a ti misma… –sus ojos brillaron con determinación–. Porque hemos venido aquí a por Eren y no nos vamos a ir sin él. Sólo entonces podremos ayudarte a ti también.

La Cazadora no parecía muy impresionada; al menos tampoco se burló abiertamente.

–Así que estarías dispuesto a ayudarme, pero sólo porque necesitas que libere a "tu" Sasha… –en su tono había algo de decepción.

–Bueno, pues sí –Marco sonrió y se encogió un poco de hombros, con sorprendente honestidad–. Pero no sólo. Es que… Sería lo correcto. Lo justo.

–Me cuesta creer que vayas por ahí ayudando a todo el mundo.

–No todo el mundo… Nunca hay suficiente tiempo. Y no siempre puedes ayudar a unos sin perjudicar a otros.

Se detuvo, casi sumergido en los recuerdos de un pasado con bastante de lo que arrepentirse; lo que no había hecho, lo que había hecho… y las cosas que seguramente tendría que hacer aún.

"Maldita sea, no pienses en eso ahora. Céntrate."

Cuando volvió al presente, vio que ella le observaba de tal modo que parecía atravesarle, como si pudiese mirar dentro de él. Sin embargo, por alguna razón, aun si la Cazadora conocía sus secretos ocultos, no se los echaba en cara. Se preguntó por qué sentía aquella corazonada con el grado de certeza, qué implicaba el hecho de que su compañera no le pidiese explicaciones… Una vez más, decidió usar la honestidad como "arma"; en esa situación, era la más efectiva.

–Quizás en realidad tú y yo no somos tan distintos –Marco sonrió con calidez; un brillo intenso, en sus ojos marrones–. Quizás por eso quiero ayudarte: porque si yo hubiera estado en tu lugar, a mí también me habría gustado que alguien hiciese lo mismo.

–Pero antes dijiste que nuestros caminos iban por separado –replicó con suavidad la Cazadora, como lamentándolo–. Que allí donde tú vas, yo no puedo acompañarte. Y puede que no sean sólo caminos distintos, sino contrarios. ¿Y si estamos destinados a chocar entre nosotros? ¿Y si todo lo que haces para ayudarme, para ayudar a Sasha… termina volviéndose en tu contra? ¿Todavía estarías dispuesto a prestar esa ayuda, aun a sabiendas de que podría ser tu perdición?

Marco se la quedó mirando en silencio, muy serio; aturdido, con los ojos bien abiertos. Tardó un instante en volver a respirar.

"Es como en una de esas viejas leyendas… La criatura mitológica advierte al incauto aventurero contra las consecuencias de su decisión, porque sólo si aun así él sigue adelante, podrá ella recuperar su libertad. El poder verdadero sólo puede obtenerse con un acto verdadero, con pleno conocimiento, pero… ¿Qué clase de persona desataría voluntariamente su propia perdición? Y si yo estoy dispuesto a hacerlo, ¿en qué me convierte eso? ¿Por qué tomaría esa decisión?"

Trató de sacar conclusiones, en voz alta; no sólo por ella, sino también por él mismo, para encontrar sus respuestas.

–No tiene sentido encontrar un objeto precioso y dejarlo siempre guardado en un cajón.

–¿Me estás comparando con una piedra o algo así? –la Cazadora no parecía molesta, más bien ligeramente entretenida.

–Vaya, nada más lejos de mi intención… –Marco fue a rascarse la nuca, pero detuvo el gesto–. Hum, a ver… ¿De qué sirve tener siempre encerrado un caballo que…?

–Y ahora me comparas con un animal… –esta vez ella sí sonrió–. Bueno, por lo menos no es un objeto inanimado. Vamos progresando.

El muchacho dejó escapar un suspiro. Su compañera tenía razón; aquellas comparaciones no servían. Era mejor ir directamente a lo esencial del asunto, pero… ¿con qué palabras?

"Quizás el Mensajero sí sabría qué decir… pero ya me advirtió que él sólo me ayudaría si nos encontrábamos con Eren antes de tiempo, nada más. No, esto tengo que resolverlo por mi cuenta."

Entonces recordó otra cuestión que apenas había rozado con los dedos antes; decidió abordarla directamente ahora.

–¿Tú podrías ayudarme a salvar a Eren? –preguntó.

–¿Y dejar abandonada a su suerte a "tu" Sasha? –preguntó a su vez la Cazadora, que casi parecía horrorizada con aquella idea.

–Tú misma lo dijiste antes –Marco frunció el ceño–. Se supone que a ella no le está pasando nada malo, como mucho aburrirse un poco, ¿no? ¿Qué te impide venir conmigo para buscar a mi compañero y…?

Entonces volvió a detenerse, aturdido por la revelación que había ido abriéndose camino lentamente en su cabeza; aunque esta vez no tardó tanto en recuperarse del impacto.

–Claro… Porque no puedes. No puedes moverte de aquí, que es la última posición en la que estuvo Sasha. No puedes avanzar por tu cuenta… No eres una mitad, ni siquiera una especie de reflejo oscuro. Representas varias facetas suyas, todavía ocultas y dormidas, como una sombra que por sí sola no… –y entonces la sorpresa fue dando paso a una furia repentina, a duras penas contenida–. Eres importante, eres ese poder latente en el interior de Sasha, pero dime… –Marco apretó los dientes, sus ojos casi echaban chispas–. ¿Qué pasaría si despertásemos de golpe al mundo real y ella todavía siguiese atrapada aquí? ¿En qué especie de oscuro caparazón vacío habrías convertido a mi amiga? ¿De verdad es eso lo que quieres?

Con todo lo que reflejaba su expresión, esta vez no le hizo falta gritar para que la Cazadora retrocediera un par de pasos; más que una mujer poderosa, ahora parecía una chiquilla asustada… y no tanto por las palabras en sí, como por la revelación que para ella contenían las mismas.

"Algunas cosas sólo se ven desde fuera," se repitió Marco. "Quizás ni ella misma se había dado cuenta aún de todas las consecuencias de su decisión."

Él también se estaba dando cuenta ahora de más cosas. Se dispuso a continuar, impulsado no poco por la necesidad de tranquilizar a la Cazadora; verla tan descolocada le hacía sentir raro, como si en el fondo supiese que eso estaba mal, que aquello no debería ser así. Y entonces fue cuando le vino la inspiración, como un rayo de sol en mitad de una tormenta; por fin encontró sus palabras.

–Preguntabas antes por qué querría ayudarte… Pues porque eres Sasha, una parte de ella. ¿Importante? Desde luego. ¿Básica e imprescindible? No. Ahora mismo, no eres nada –Marco lo dijo sin maldad, pero aun así ella tembló; se sintió mal con aquello, pero eso sólo reforzó su determinación de seguir adelante y acabar lo que había empezado–. Eres una sombra, sin contenido por sí sola… y esto está mal, no debería ser así. Tú también deberías ser real, tanto como ella. Sasha debería despertar por completo en el mundo real. Eso es lo correcto, así es como deberían ser las cosas. Mi compañera, mi amiga, merece existir plenamente, del todo. Si puede llegar a ser mejor, debería serlo. Si puede hacerse poderosa, debería serlo. Si puede convertirse en una diosa, debería serlo. Ése es el tipo de mundo en el que me gustaría vivir.

El joven tuvo que pararse un momento para contener sus emociones, que amenazaban con desbordarle. Frente a él, la Cazadora también parecía vibrar de entusiasmo con todo aquello. Al final, Marco consiguió relajarse lo suficiente para continuar explicándose, aunque no con menos intensidad.

–Y también está lo que decíamos antes, sobre caminos que se separan o quizás terminan enfrentándose… No puedo saber a ciencia cierta lo que nos deparará el futuro, pero sé que Sasha es mi compañera y eso, eso es lo que importa ahora. Yo soy alguien que ayuda a sus compañeros. Y seguiré ayudando mientras sea posible, a pesar de todo, incluso si supiese que al final terminarían convirtiéndose en mis enemigos. Porque es lo correcto. Porque es lo justo. Porque ése es el mundo en el que quiero vivir. Porque ésas son las personas con las que me gustaría compartirlo. Porque quizás, sólo así, yo pueda…

Perdió entonces, poco a poco, el hilo de sus pensamientos. "¿Y ahora qué?" Le fue invadiendo una sensación de oportunidad perdida, de arrepentimiento por el tiempo que se había ido para ya no volver… Pero meneó la cabeza para despejarse. Aún no era tarde para hacer lo correcto, aunque fuera difícil y más adelante terminase costándole; el precio sería mucho mayor, ni siquiera podría vivir consigo mismo, si ahora no hacía lo que sabía que debía hacerse.

Y fue por eso que pronunció con solemnidad las siguientes palabras, sellando su destino, para bien o para mal.

–No sé si, cuando todo esto haya acabado, Sasha o yo recordaremos algo… –sonrió levemente–. Intuyo que es ella la que tiene que encontrarse a sí misma, descubrirte y sacar a la luz su propia fuerza oculta, que eres tú. Pero nadie ha dicho que yo no pueda echar una mano, ¿verdad? Acompañarla, darle indicaciones, al menos en ese trecho del camino… –su expresión se hizo más seria–. Prometo que haré todo lo que pueda para ayudarla, ayudarte… ayudaros. A pesar de todo. Por muy difícil que sea.

"Ya está, ya lo he dicho. Mi suerte está echada. Esto lo cambia… todo. No sé si desencadenaré un infierno, aunque me parece que yo ya iba a terminar allí de todas formas. Pero incluso tengo curiosidad por saber a dónde nos lleva todo esto. Bueno, y ahora… ¿qué?"

Su determinación al hacer aquella promesa, había cedido rápidamente, dando paso a la inquietud de sus dudas y temores; sin embargo, con la misma velocidad, esa inquietud fue sustituida por la fascinación y el asombro… al ver el cambio que iba produciéndose en la Cazadora.

El rostro de la muchacha reflejaba serenidad, paz… gratitud; tan pura e intensa, que parecía brillar con luz propia. Bella, delicada y poderosa al mismo tiempo, a pesar (o quizás precisamente) por aquella fuerza que latía en su interior.

"Jean debe sentir algo parecido cuando mira a Mikasa. ¿No le ocurre lo mismo con Sasha? ¿O acaso soy yo el primero que la ve así? En ese caso, es… un privilegio, del que ni siquiera soy digno."

Volvió a notar en sus ojos la humedad de las lágrimas a duras penas contenidas. Esta vez no se preguntó "por qué". ¿Quién no se conmovería al atisbar la perfección, al rozar con la punta de sus dedos la sombra de una plenitud eterna… que al final siempre se le escaparía? Respetuoso, mantuvo la distancia y simplemente se dejó bañar por la luz de aquella transformación prodigiosa, que también disipó su propia angustia.

Contuvo la respiración cuando ella le miró por última vez con aquellos ojos oscuros; sus labios formaron una muda palabra, sólo una pero más que suficiente.

"Gracias."

Entonces sus ojos se cerraron. Fue abriendo los brazos lentamente, extendiendo las palmas de sus manos enguantadas, mientras echaba hacia atrás la cabeza con suavidad. Los rayos del sol caían delicadamente sobre aquel rostro, bañándolo en una luz que parecía emanar de ella; capaz de desvanecer las tinieblas con su mera presencia, convertir la noche en día si así lo deseaba.

El viento soplaba con más fuerza, como invocado por la Cazadora que a la vez era y no era Sasha, atrayéndolo con su poder latente. Sus cabellos oscuros se agitaban en el aire, como la melena de alguna criatura mitológica. La misma brisa hacía ondear su capa gris; y por un momento, verdaderamente pareció que de su espalda surgían unas alas grandes y suaves, hermosas y fuertes.

Tantas cualidades, opuestas en apariencia, unidas en inquebrantable armonía, en aquel instante sublime.

"Como un ángel… no, como una diosa."

Todavía contempló durante unos largos segundos, fugaces y eternos al mismo tiempo, aquella visión que contra todo pronóstico… casi le daba motivos para volver a creer.

Pero no podía durar para siempre. Ninguno de ellos estaba todavía listo para ir a ese otro lado, el definitivo, de donde ya no había camino de regreso posible.

"Los dos vivimos aún en este mundo… y tenemos objetivos que cumplir." Marco, a pesar de todo, sonrió. "Tenemos una misión, pero esta vez es la misma, tanto para mí como para…"

¡Sasha!

Porque era ella, su compañera de siempre, quien estaba ahora frente a él.

Todavía en la misma postura, los rayos del sol seguía cayendo sobre sus cabellos ya no tan oscuros, convirtiéndolos en un fascinante prisma que reflejaba distintas tonalidades, según los hiciese brillar la luz: lo mismo el color del chocolate que, tan sólo un momento después, el tono rojizo de la madera incandescente; como si fuese otra manifestación de su poder, capaz de abarcar varias realidades distintas a la vez.

Entonces fue cesando el viento que agitaba sus cabellos y sus ropas, dejando de conferirle un aura tan sobrecogedora; aunque esa fuerza aún estaba allí, pulsante, temblando y expandiéndose con cada respiración, cada latido de su corazón. Seguía pareciendo más viva, más plena, como si se hubiese traído algo del lugar en que había estado antes; o como si quedase en ella algo de la majestuosa presencia de la Cazadora; o quizás ambas cosas a la vez.

Marco pudo ver que Sasha seguía llevando en las manos aquellos guantes que sugerían fuerza y delicadeza al mismo tiempo; estaba convencido de que eso era importante, que significaba algo capaz de marcar la diferencia, para bien… en la inminente lucha a vida o muerte que se avecinaba. Casi podía sentirlo en sus huesos.

El cielo, de manera paulatina pero no por ello menos ominosa, había ido cubriéndose cada vez más, no con las escasas nubes blancas que había al principio, sino con abundantes y oscuros nubarrones que hacían presagiar tormenta; algo a lo que también contribuía cierto olor característico en el aire, que volvía a soplar con fuerza.

Sin embargo, los funestos augurios quedaron olvidados por un instante… cuando Sasha abrió los ojos. En aquellos océanos castaños parecía brillar el mismísimo sol, cálido y reconfortante; y cuando sonrió, como sólo ella sabía hacerlo incluso en los momentos mas críticos, Marco sintió que le faltaba el aliento.

Notó una extraña opresión en el pecho, casi líquida y sangrante, dolorosa… aunque no sólo. Sabía que se trataba de una emoción muy concreta, pero se negó a ponerle nombre; quería creer que así evitaría convertirlo en algo real, algo que sólo podía terminar haciéndoles daño, algo que para empezar él ni siquiera se merecía.

Fue al recordar la promesa que le había hecho a ella justo antes, cuando consiguió recuperar el ánimo y mantenerse firme.

Al menos, ese trecho del camino, sí podrían recorrerlo juntos. Y verdaderamente sentía curiosidad por ver qué pasaría después; incluso si aquello terminaba siendo su perdición…

Le gustaba ayudar a los demás a alcanzar su plenitud, convertirse en todo lo que estaban llamados a ser. Era algo que había estado haciendo (y consiguiendo) poco a poco con Jean, durante los últimos años; y sabía que ayudar a Sasha a descubrir todo su potencial también sería un viaje formidable. En realidad, no se trataba sólo de curiosidad; dentro de él, en lo más profundo de su ser, había un anhelo insaciable… ver hasta dónde podían llegar los humanos, averiguar con cuánta intensidad podía brillar el sol que iluminaba aquel mundo.

Y si, en vez de conformarse con las cosas tal como eran, podía contribuir (aun sólo en parte) a que las cosas fuesen un poco más como deberían ser… entonces merecería la pena, a pesar de todo lo que pudiera pasar después. Eso sí era algo de lo que le gustaría formar parte, con entusiasmo y sin remordimientos; hacer por fin algo bueno, que le permitiese dormir tranquilo por las noches.

Y la expresión de Sasha, plácida y serena, feliz, como un adelanto de esa plenitud a la que estaba llamada… terminó de convencer a Marco de que estaba haciendo lo correcto.

"Incluso si ardo, al menos veré como nadie ese sol, al que ayudaré a brillar todavía más."

El muchacho le devolvió la sonrisa a su compañera; sus ojos castaños clavados en los de ella, y a la inversa, emitiendo la misma calidez. Cada uno miraba al otro, incluso bebía del otro; comprendiéndose mutuamente y también a ellos mismos, a las maravillas que habían en su interior. Cuerpos y espíritus, en los que latía concentrada la energía que daba vida al universo.

Marco se preguntaba dónde habría estado Sasha, qué vería en aquel lugar, qué recordaría de lo que había hecho… y de lo que su "otro yo" había hecho. ¿Se acordaría de la Cazadora y su lanza, o lo habría olvidado convenientemente?

A pesar del íntimo instante de silencio que ambos compartían, él supo que la situación era delicada; había que actuar con cuidado, para que el despertar pleno de su amiga fuera lo más suave posible. Por un momento, dándole vueltas a aquello y la mejor forma de conseguirlo, se había olvidado de la misión que les había traído hasta allí…

Pero la Misión no se había olvidado de ellos.

Antes de poder intercambiar una sola palabra, recibieron un siniestro recordatorio.

Al principio, Marco creyó que estaba tronando a lo lejos, como preludio de aquella tormenta que ya se olía en el aire, cada vez más próxima; y quizás fuese cierto que caían relámpagos en ese instante, allí donde aún no podía verlos.

Pero aquel sonido estaba cerca, muy cerca… demasiado. Y no eran truenos.

Eran aplausos. Deliberados, lentos, sarcásticos.

Antes incluso de atreverse a girar la cabeza en esa dirección, su inquietud ya había regresado con fuerzas redobladas, creciendo en su interior hasta convertirse en temor… porque sabía quién era aquel intruso.

"Aunque desde cierto punto de vista nosotros somos los intrusos," consiguió reflexionar el muchacho, con aterrada lucidez.

Y una vez más, antes de ver… sí pudo oír.

–¡Vaya, qué sorpresa! Buenos días, me alegra que hayáis llegado al fin. ¡Bienvenidos a mi mundo!

Una voz tan cortés como burlona, hiriente y cruel. Una voz que hizo vibrar hasta la última célula de su cuerpo, como si fuera a deshacerse en cualquier momento, simplemente por el poder que revestían aquellas palabras…

Un poder oscuro, primigenio, aterrador e inimaginable.

El poder, la voz… del auténtico Mal en estado puro.