MANZANA NEGRA
CAPÍTULO 8 – OSCURA DIVINIDAD
Publicado el 27 de septiembre de 2015, con una extensión de 3.619 palabras.
Y sin embargo, a pesar de que estaba a punto de desatarse el infierno, tan sólo un momento antes Sasha se había sentido mejor que nunca en toda su vida.
No recordaba cómo era el lugar del que acababa de despertar, si realmente había estado dormida; visitando entretanto un mundo de ensueño, del que apenas conservaba unos jirones en la memoria, un mundo que debía tener una consistencia parecida a aquél en que se encontraba ahora, con Marco… y otra presencia mucho más siniestra.
Pero por un momento habían estado allí los dos solos, Sasha todavía rebosante de aquella energía luminosa que se extendía por todo su cuerpo, desde la punta de los cabellos hasta los dedos de los pies. También sentía una especie de nostalgia, aunque no sabía por qué; ni siquiera se acordaba de qué había hecho en aquel otro lugar, hasta regresar a éste.
A pesar de todo, notaba una sensación de plenitud; cierto cansancio satisfecho que, al mismo tiempo, le permitía seguir adelante. Era como lo que sentía cuando iba de caza con su padre, antes de la Caída, pero mucho más intenso; la emoción de rastrear una presa, encontrarla y abatirla… el agotamiento, compensado con el sabor del fruto de sus esfuerzos, después de un festín bien merecido.
El recuerdo de aquel pasado tan grato para ella, se confundía con otro más vago y sin embargo más reciente: el que vivió en ese otro mundo, un sueño dentro de un sueño, o acaso el más auténtico de todos ellos. Una vida que quizás podría durado para siempre, cazando y alimentándose, para recuperar fuerzas y continuar cazando, en un gozoso ciclo sin fin; siempre en movimiento, siempre al acecho.
Pensar en ello hacía que se sintiera imparable e implacable; pletórica, rebosante de vitalidad, fuerte y rápida… poderosa, ocupando la posición que le correspondía en la cadena alimentaria, la más alta. Cazadora con un dominio completo sobre su presa, como si la tuviese en la palma de la mano y un solo gesto bastara para decidir si vivía o moría.
¿Acaso se trataba de eso? ¿Había sido invitada a los grandes campos de caza de la Eternidad, antes de tiempo, para ver un anticipo de lo que le esperaba, gozando de una experiencia sublime y perfecta? Tanto, que se habría convertido por un momento en una diosa; sin nada que temer, pues ya nada podría dañarla ni escapar a su control.
Hasta que regresó con sus compañeros… Quizás fue porque, incluso en aquel lugar tan increíble donde disfrutaba tanto, mantenía cierto sentido de la responsabilidad; no podía abandonarles en su hora de mayor necesidad, sabiendo que una oscuridad temible se cernía sobre ellos, más aún cuando ella había sido precisamente quien contribuyó a causar aquel desastre.
Quizás había podido saborear por unos instantes esa Eternidad, cogiendo fuerzas hasta sentirse plena y repleta en todos los sentidos, para regresar luego y ayudar a los demás a resolver aquel problema. Tal vez por eso no recordaba exactamente lo que había vivido; porque si lo hiciese, la nostalgia por aquella existencia (que incluso así ya sentía en parte) sería tan abrumadora que le impediría centrarse en los asuntos que aún debía resolver.
Nostalgia… Quizás, en aquel otro lugar, se reencontró con gente a la que no había visto en años; como su padre, que seguiría en Dauper después de que ella hubiera decidido alistarse.
O su madre.
Aquel recuerdo pertenecía a una época lejana, cuando Sasha era más pequeña y aún vivían todos juntos. Si después de tanto tiempo, hubieran podido reunirse de nuevo… ¿Qué se habrían dicho?
"Me gustaría recordar eso por lo menos."
Y sin embargo… si antes se había sentido como una diosa, saboreando el cielo con sus labios, ahora en cambio volvía a ser simplemente una chiquilla asustada.
¿Se había desencadenado de repente el infierno, o fue éste el que acudió a su encuentro? Aunque no fue así al principio, el cambio no había sido tan repentino.
Lo primero que vio al abrir los ojos fue a Marco, su buen compañero, tan compasivo que siempre la ayudaba si se lo pedía (y a veces ni siquiera hacía falta). No había confusión posible: su rostro, su expresión, incluso sus ropas eran las de siempre, sin que pareciese estar poseído por la oscuridad que había desencadenado la Manzana Negra.
Los dos jóvenes habían compartido un momento de claridad, como si entre ellos bastasen las miradas para poder entenderse, sin necesidad de palabras; y durante ese momento, Sasha se había sentido bien, más fuerte y más grande que nunca. Aun así, aquella sensación de bienestar no le impidió ver los negros nubarrones que se iban acumulando en el cielo, cada vez más encapotado; empezó a soplar un viento frío que llegaba hasta los huesos, casi antinatural, que le hizo sentirse mucho más pequeña.
Su instinto, más desarrollado que el de Marco, percibió lo que estaba a punto de pasar… pero ni siquiera eso la preparó para oír aquellos aplausos, suaves y estruendosos a la vez; un sonido tan letal como un puñal afilado, capaz de atravesarlo todo a su paso.
Al final miró en aquella dirección; no era cuestión de atreverse o no, en realidad no habría podido evitarlo ni aunque quisiera, tal era la fuerza con que se vio atraída por…
Eren.
O más bien, lo que fuese que había en su interior; esa oscuridad, ese monstruo, que iba creciendo dentro de él.
"Demonio" fue la palabra que le vino a la mente a Sasha. Aquel encuentro era inevitable, lo sabía… y había estado temiéndolo desde que se encontró por primera vez con Eso fuera de los barracones, en el mundo real; y con aterrada lucidez, comprendió que las últimas palabras de su sardónico discurso iban cargadas de razón.
–¡Bienvenidos a mí mundo!
Ya no había nada interponiéndose entre Eso y los demás, ninguna barrera que impidiese verlo con absoluta nitidez. Era su mundo y allí estaba en su apogeo; parecía mucho más auténtico que cualquier otra cosa que hubiera a su alrededor. Se trataba de una visión espléndida y magnífica… en un sentido especialmente aterrador.
Por el rabillo del ojo, Sasha pudo percibir que Marco se sentía de manera parecida. A pesar de la distancia, el Demonio parecía capaz de fulminar a los dos con la mirada al mismo tiempo; seguramente era capaz de hacerlo, en aquel plano de existencia donde podía desatar su poder sin límites.
Eso tenía peor aspecto (o mejor desde su punto de vista) que en el primer encuentro; parecía más fuerte y poderoso, como si hubiese tomado para sí el bienestar que había sentido Sasha antes, convirtiéndolo en una versión retorcida pero aún más intensa y potente; como una Sombra mucho más grande y al mismo tiempo más sólida que el objeto que la proyectaba, con vida propia.
Sus ropas eran apropiadamente oscuras, negras como una noche sin luna: botas y pantalones del ejército, camisa bajo un chaquetón cerrado similar al que usaban los instructores. Entre tanta negrura, destacaba la palidez de aquellas manos que aplaudían, y también la de su rostro; más que enfermizo, parecía rebosar de una salud muy distinta a la humana, como si aquel Demonio se alimentara de veneno e incluso lo disfrutase.
Los cabellos rebeldes se agitaban con furia en el viento que seguramente Eso mismo había provocado. El aire temblaba y los colores se desvanecían a su alrededor, como si los absorbiera para hacerse más nítido aún. Aquel mundo podría desaparecer de repente, pero la Sombra todavía seguiría allí, riéndose de todo en silencio.
Sin embargo, quizás fuesen sus ojos el espectáculo más fascinante y aterrador de todos. Los írises de color gris se habían vuelto aún más claros de lo habitual, convirtiéndose en un blanco tan puro que parecía una blasfemia en aquella criatura de la oscuridad; ese fuego pálido estaba rodeado a su vez por unas llamas tan negras como el resto de sus ojos.
De hecho, todo aquel cuerpo parecía cubierto por una fina capa de fuego sombrío, como si las tinieblas se condensaran a su alrededor, en una siniestra aura de poder que amenazaba con devorar cualquier cosa que tocara, sin dejar ni rastro. Ya la hierba a sus pies, aplastada cruelmente bajo aquellas botas negras, se había ido marchitando; unas rosas cercanas se volvieron completamente negras, antes de convertirse en polvo arrastrado por el viento.
El cerco de vegetación muerta iba extendiéndose lentamente… hasta que de pronto dejó de crecer, justo cuando una voz distinta atravesó el aire.
–No eres demasiado original, ¿verdad?
Sasha pestañeó un par de veces, incrédula, y miró en esa dirección. Todavía tardó unos instantes en asimilarlo… porque quien había hablado era Marco, con un tono tranquilo y mesurado; demasiado dadas las circunstancias, aquello no parecía natural. La chica de Dauper tragó saliva, limitándose a observar; ignoraba lo que se habría propuesto, pero su compañero le hacía sentir otro tipo de miedo.
Obviamente, aquella interrupción no le había hecho ni pizca de gracia a Eso, que miró al muchacho de Jinae con expresión de fastidio.
–¿Disculpa? –preguntó en tono despectivo; daba a entender que, por el mero hecho de reconocer su existencia, ya le estaba haciendo un favor.
La mirada con que el Demonio fulminó a Marco debería haber acabado con él, pero el joven pecoso sólo tembló un poco; aunque ni siquiera lo hizo su voz al contestar.
–Digo que me has copiado el uniforme.
Sasha ahora sí que no entendía nada. ¿De qué estaban hablando? ¿Cuando se había vestido Marco como un oficial de alto rango? ¿Acaso habían tenido una fiesta de disfraces y no la habían invitado a ella? Pero meneó la cabeza; la situación era muy seria, no podía distraerse con cosas así.
Eso, más que desconcertado, estaba furioso.
–¿De verdad osas compararte? –preguntó entre dientes apretados–. ¡Necio! ¡Tu poder y el mío no tienen nada que ver! No eres más que un pálido reflejo, una patética imitación… –entonces la Sombra extendió sus brazos y miró hacia arriba; su voz tronó potente–. ¡Éste es mi mundo! ¡Éstos son mis dominios! ¡En este lugar lo sé todo, lo puedo todo!
El engendro demoníaco bajó los brazos y miró directamente a Marco; pero hasta Sasha sintió frío con aquella mirada, cargada de orgullo y soberbia. Eso pronunció las siguientes palabras en voz muy baja, pero no por ello menos estremecedora.
–En este lugar… yo soy… Dios.
El terror de la muchacha se hizo sólido en ese momento; como si la realidad se hubiera congelado a su alrededor.
Y entonces todo aquello se vino abajo, rompiéndose en pedazos, con un sonido muy sencillo y corriente, pero extraño y casi absurdo en esas circunstancias.
Marco resoplaba por la nariz y se había llevado una mano a la boca, como tratando de contener la risa.
–Vaya, perdona… –consiguió decir, aunque estaba claro que no lo sentía; continuaba sonriendo, con aquel chiste que sólo él comprendía–. Es que, verás… He tenido la suerte de ver dioses, y diosas, caminando sobre la faz de la tierra. Y tú no te pareces a ninguno de ellos.
Sasha no sabía qué era lo que le habría dado a su compañero, para que actuase de aquella manera; pero el desconcierto que se pintó en el rostro de Eso fue todavía mucho mayor, con creces. Sin embargo, de manera no muy distinta a como habría hecho el propio Eren, ese desconcierto dio paso rápidamente a una ira concentrada; la burla en la voz del Demonio quedó sepultada bajo toda esa furia, restallando como un látigo en el aire, mientras sus ojos brillaban aún con más intensidad.
–¡Oh, no me digas! ¿De veras? ¿¡Y a qué dioses se supone que has conocido tú, pedazo de mierda!? ¿A qué diosas, eh? ¿¡A ella!?
Y entonces giró la cabeza hacia Sasha, con tanta rapidez que creyó que se habría partido el cuello. Los fuegos gemelos que eran sus ojos, luz y oscuridad, blanco y negro, ardieron con más fuerza todavía; por un momento, las llamas parecieron salir disparadas y caer sobre la chica, consumiéndola en el acto sin importar la distancia.
¿Era posible sentir al mismo tiempo un calor y un frío tan intensos? Un helor tan gélido que quemaba, un fuego tan ardiente que congelaba; como si de pronto ella se hubiera vuelto mucho más pequeña y hubiese caído, a través de aquellos ojos, en un infierno de llamas heladas.
Aquel breve instante, con su aterradora intensidad, se le hizo eterno. Sintió como si unos dedos gigantescos fuesen arrancándole la piel a tiras, y luego la carne de los huesos, hasta no dejar absolutamente nada de ella; sin poder evitar que sus intimidades quedasen expuestas, sus secretos más escondidos al descubierto.
Y sin embargo, presentía que aquello no era lo peor que iba a pasarle; que Eso sería capaz de desollarla y destruirla con sus palabras, si se lo proponía; que lo que sentía ahora sólo era el anticipo de un sufrimiento mucho más doloroso, no imaginado sino real.
–Me esperaba más, mucho más, de… la Cazadora.
No se le escapó el tono de decepción (que incluso parecía sincero) de Eso… ni pudo escapar de todos los recuerdos que, de repente, atrajeron sobre sí aquellas palabras; como si con ese nombre le viniera todo de golpe a la cabeza, con una intensidad abrumadora.
Cazadora. ¿No era una especie de reflejo, otra versión de sí misma? Cierto, se había encontrado con ella nada más atravesar la oscuridad y llegar a aquel prado; le había explicado (o al menos lo intentó) unas cuantas cosas sobre ese mundo, aunque Sasha estaba impaciente por continuar, incluso sin saber cómo, y había terminado desafiándola.
"Sí, y entonces hubo una especie de duelo, y después…"
Recordó.
La joven abrió desmesuradamente los ojos. Se tapó la boca con una mano, ahogando un pequeño grito de terror. La otra mano se la llevó al estómago; dolía, pero no por el hambre… sino porque fue allí donde la atravesaron de parte a parte con una lanza, ¡como si fuera un animal!
"Pero qué… ¿Cómo? ¿¡Por qué!? ¿M-me maté a mí misma? ¿Acaso todo ese tiempo, en ese otro lugar, yo he estado…?"
Creyó que nada podría rescatarla de aquel torbellino de confusión y duda. Se equivocó.
–Vamos, no te pongas así…
Aquella voz le heló la sangre; aunque era amable, con un ligero tono de burla… era la voz de Eso. Se atrevió a mirarle y vio que sonreía, mostrando unos dientes demasiado blancos y afilados. En sus ojos, que parecían aún más grandes, danzaban alegremente sus llamas blancas y negras, capaces de consumirla por completo; quizás ya había empezado y nada podía impedirlo. A no ser que…
–Oye, estábamos hablando tú y yo, ¿no? –repuso Marco, con aparente buen humor; aunque había algo que no encajaba en aquella voz, como una tensión bajo la superficie–. ¿Vamos a continuar? ¿O acaso tienes… miedo?
Sasha supo que algo iba mal por la forma en que pronunció la última palabra: cargada de odio. ¡Jamás había oído hablar así a Marco! A veces expresaba emociones muy intensas, pero nunca ésa. Aquel lugar les estaba afectando a todos… Sin embargo, el Demonio no parecía muy impresionado; giró otra vez la cabeza, tan rápido que se oyó un sonoro chasquido, aunque en su expresión sólo se veía indiferencia y hastío.
–Eh, Bott. Hazme un favor… Cállate. Ahora estoy ocupado. Espera tu turno, ¿vale?
No le hizo falta gritar para que sus palabras atravesasen el aire como un disparo; el desprecio con que iban cargadas impactó en Marco como si fuera algo sólido. El pecoso se quedó prácticamente paralizado, aunque todavía temblaba un poco; su pecho bajaba y subía con fuerza, como si le costase respirar. Apretó tanto los puños, que unas gotas de sangre cayeron al suelo; la expresión del muchacho, cada vez más tensa, parecía la de alguien a quien estuviese dándole un ataque.
Por un momento, Sasha temió más por él que por sí misma. ¿Qué le había hecho la Sombra? ¿Era una especie de hechizo, para consumir a Marco? ¿Acaso estaba matándolo poco a poco? ¡No podía dejar que ocurriera algo así! Pero, ¿cómo iba a impedirlo, si ella también se había quedado paralizada? A pesar de todo, sintió que debía evitarlo, tenía que…
Y entonces Eso volvió a mirarla de repente, concentrando sobre ella toda la intensidad de su furia… y supo que ya no había escapatoria; supo que sufriría como nunca antes lo había hecho. En los breves segundos que le quedaban, trató de prepararse mentalmente para la que se avecinaba.
Al final, fue mucho peor que cualquier cosa que hubiera podido imaginar. Cuando el Demonio comenzó a hablar, con esa voz que podía ser tan amable como cruel, su expresión era… de maldad, de placer; como deleitándose por anticipado en todo el sufrimiento que provocaría.
–¿Así que tú eres la Cazadora? Je je, ja ja ja, ¡buajajajajaja! ¿¡En serio!? ¡No creo que se pueda caer más bajo! Eres la cosa más patética que me he encontrado en mucho tiempo. ¡Nunca había visto tanto potencial desperdiciado! Y para una vez que se te presenta la oportunidad de despertarlo, ¿qué es lo que haces? ¡Fracasar igual que has estado fracasando durante toda tu vida! Tienes un poder inimaginable al alcance de la mano, ¡y apartas la mano por miedo a todo lo que podrías llegar a ser! ¡Olvidas a propósito de qué eres capaz, para no tener que esforzarte en vencer esos temores! En vez de convertirte en más, te aferras a lo que ya conoces y te conformas con seguir siendo esa mala copia de ti misma, un pálido fantasma que se llama "Sasha"! ¿Es eso lo que realmente quieres? ¿Humillarte todos los días, arrastrarte por el fango como una cerda? Porque no serás tan ingenua o tan estúpida como para creer que los demás te respetan, ¿verdad? ¡Se ríen de ti, Sasha! ¡Todos y cada uno de ellos se ríen de ti, hasta el último mono! Has estado haciendo el payaso desde el principio, ¿cómo no van a reírse de ti? ¡En toda tu cara, todos los días! ¿Cómo puedes estar tan ciega para no darte cuenta? No eres la perra que muerde la mano que le da de comer, ¡lames la misma mano que te da un palo detrás de otro! Se aprovechan de ti, te toman por tonta, ¡y tú les ríes las gracias! ¡Son ellos los que se ríen de ti, Sasha, no contigo! No son tus amigos, nadie te respeta, ¡eres patética! Tú no tienes amigos, no le importas a nadie, no eres nada para ellos. ¡Incluso una bosta de caballo es menos patética, porque al menos la bosta no puede ser otra cosa! Tú en cambio, podrías haber conseguido tantas cosas… ¡y mira a qué has quedado reducida! Por cobardía, por desidia, por ignorancia. ¡Vergüenza debería darte! ¿Qué dirían tus padres si te viesen así ahora, eh? ¿Te fuiste de la aldea y les abandonaste para esto? ¡No has conseguido nada absolutamente nada! Que desperdicio, ¡qué desperdicio! Oye, Sasha, ¿por qué no te mueres? Lo digo en serio, ¿por qué no te mueres? ¿Crees que notarían la diferencia, que alguien te echaría de menos? ¡Qué va! Los demás se reirían una última vez de ti, antes de olvidarse y seguir a lo suyo, como si nada hubiera pasado. Así es, Sasha, como mucho sentirían un poco de alivio, porque ya no tendrían que soportarte. Oh, pero esto no sería el final, ni mucho menos… ¡Lo que te estoy proponiendo es una cosa bien distinta! Sasha, si no eres capaz de convertirte en la Cazadora, ¡deja que ella ocupe tu lugar! Acéptala, sométete, ¡y libera todo ese poder! Deja que ella haga por ti todo el trabajo sucio, todo lo que tú deberías haber hecho y no hiciste. ¿Acaso tienes derecho a mantenerla prisionera eternamente, sólo porque tú te niegas a aceptar tu destino? ¡No, así sólo estás siendo cruel, con ella y contigo misma! ¡Déjate llevar, déjate consumir por ese poder! Goza con esa explosión de fuego ardiente, ¡te aseguro que no te habrás sentido mejor en toda tu vida! Habrás cumplido tu propósito, habrás conseguido algo para variar. ¿Y quién dice que no regresarás luego cual ave fénix, más grande, más hermosa y más fuerte? ¿Crees que entonces tendrás algún límite, crees que la gente seguirá riéndose de ti? Oh no, Sasha, no les oirás reír… les oirás suplicar, gimiendo y chillando desesperados, pidiendo tu clemencia. ¿No te sentirías mucho mejor así, convertida en una deidad oscura y magnífica? Siempre lo has anhelado en lo más profundo de tu ser, en el fondo sabes que tengo razón y así es como deberían ser las cosas. El mundo literalmente en tus manos, Sasha, para hacer con él lo que te plazca. Jugar con él, protegerlo, castigarlo, devorarlo… Manipularlo a tu antojo, incluso destruirlo y mejorarlo, si es eso lo que prefieres. Sí, Sasha, hablo de crear otros mundos, otras realidades… ¡Las posibilidades son infinitas! ¡El poder ilimitado de una diosa, capaz de dar vida y arrebatarla! Sabes que te gustaría, es lo que siempre has querido.Con mi ayuda puedes conseguirlo. A mi lado nada será imposible, Sasha, sólo tendrás que desearlo para que se haga realidad. Cumplirás tu destino, todos se postrarán ante ti para adorarte, una sonrisa les hará más fuertes y un leve soplo bastará para consumirlos. El poder es bueno si eres tú quien lo tiene, porque entonces eres tú quien decide qué es bueno. No temas la oscuridad que hay en ti, acéptala y atrévete a usarla. Acéptame a mí también, Sasha, ¡únete a mí! Juntos recorreremos el camino que lleva a la divinidad… y nos convertiremos en dioses.
FIN DEL CAPÍTULO
NOTA DEL AUTOR - ¿Qué creéis? ¿Sasha aceptará o no aceptará?
