MANZANA NEGRA
NOTA DEL AUTOR – Legionario Eterno, ¡gracias por la nueva review!
CAPÍTULO 9 – ESTALLIDO
Publicado el 14 de octubre de 2015, con una extensión de 4.134 palabras.
Sasha no se había sentido peor en toda su vida… y eso que había tenido momentos malos.
Recordaba casi con horror los "años del hambre", como llamaba ella al periodo entre la Caída del Muro María y su incorporación al Cuerpo de Cadetes. Creía que no habría nada peor que sentir a su estómago devorándose a sí mismo… y se había equivocado.
Después le tocó sufrir los castigos constantes del Instructor Jefe Shadis, por su "falta de disciplina", o eso decía él. Dar vueltas a la pista, incluso quedarse a veces sin cenar, no dolía tanto como la forma en que aquel monstruo gruñón era capaz de maltratarla verbalmente, insultándola y humillándola delante de todo el mundo; aunque no lo demostrase, aquello la afectaba hasta el punto de tener que esforzarse para no llorar, abrumada por la intensidad de sus emociones ante tamaña injusticia, cruel y sádica.
Una vez más, había creído que no habría nada peor… y una vez más, se había equivocado.
Eso era mucho peor. Aquella Sombra, aquella especie de Eren-que-no-era-Eren… Lo que el viejo Keith hubiese podido decir en el pasado, no era nada comparado con la forma en que el Demonio vestido de negro la había desollado con sus palabras.
La sensación ardiente de vergüenza e injusticia, las lágrimas a duras penas contenidas por la rabia y la humillación… Todo hacía que Sasha se sintiera como si estuviese a punto de estallar.
Pero esa explosión no sería sólo para echarse a llorar. Parte de ella ardía en deseos de arrancarle la cabeza a aquel Bastardo.
Quizás fuese por su anterior enfrentamiento con la Cazadora, o por haber estado un tiempo en aquel otro lugar del que ya no se acordaba; quizás fuesen ambas cosas. En cualquier caso, dentro de Sasha iba creciendo algo; una fuerza oculta que, hasta entonces, apenas había asomado la cabeza en un par de ocasiones… y que ahora, en cambio, iba desatándose lentamente en su interior, haciendo que se sintiera más grande.
La muchacha de Dauper apretó con furia los dientes; por sus ojos entrecerrados se escaparon algunas lágrimas, que ella sintió caer por sus mejillas como si fuesen fuego. Fulminó con la mirada a Eso, que dejó de sentirse ya tan satisfecho de sí mismo; por el cambio en su expresión, parecía dudar… Sasha incluso creyó oler en el aire su inquietud.
Irónicamente, había sido el propio Demonio quien provocó aquella reacción, aquel despertar parcial de la Cazadora. Si se hubiera limitado a insultarla, habría conseguido destrozarla sólo con palabras, hasta el punto de que ya no habría podido recuperarse por sí misma. Sin embargo, Eso no se había conformado con neutralizar a Sasha como enemiga; intentó convertirla en una aliada, en su búsqueda de poder a cualquier precio, para cumplir su misión (cualquiera que fuese). Pero el monstruo había calculado mal los riesgos al enfrentarse a otro monstruo no menos peligroso; recordándole su verdadera naturaleza, recordándole todo lo que sería capaz de hacer si despertaba.
–Jugar con el mundo –recordó Sasha en voz alta, con un ligero temblor; no tanto por el dolor como por la ira–. Protegerlo, dijiste. Para qué nos vamos a engañar, suena bien. Si pudiera hacer algo así, acabaría con todos los titanes…
Aquella mención hizo sonreír al "Eren Oscuro"; estaba claro que, siendo la Sombra de quien era, no podía evitar que ciertas ideas siguieran haciéndole vibrar con fuerza.
–…pero antes acabaría contigo –terminó la Cazadora de golpe, casi escupiendo las palabras.
La expresión que apareció entonces en el Demonio, ya no era complacencia, sino más bien… desconcierto.
–¿Disculpa? –preguntó Eso, ladeando ligeramente la cabeza; en verdad parecía confundido.
Y por un momento, la furia devastadora que ardía dentro de Sasha dio paso a una calma tensa… tanto como la cuerda de su arco, cuando salía de caza y contenía la respiración, justo antes de abatir a su presa de un certero flechazo.
Aun así, su cuerpo seguía conteniendo un torbellino que ella debía mantener bajo control, para evitar arrasar con todo. La impotencia de querer contestar aquellos insultos con demasiadas respuestas a la vez, había ido desapareciendo en las llamas de su ira; verdaderamente creyó oír truenos en sus oídos, como si la tormenta estuviera resonando en su interior.
Sasha había vivido casi siempre de lo que daba la tierra, tomando sólo lo que necesitaba; sabía que cada acción tenía su consecuencia, que para conseguir algo había que pagarlo. Para cazar una pieza y prepararla como era debido, hacía falta tiempo y esfuerzo; intuía que, con el poder que le ofrecía Eso, ocurría lo mismo. Si ella aceptaba su oferta y tomaba un atajo para alcanzar ese despertar, corría el riesgo de terminar pareciéndose demasiado a aquel Demonio, al que cada vez temía menos y odiaba más.
–Mi respuesta es NO –contestó Sasha, con un susurro que atravesó el aire como una letal flecha dirigida al Bastardo; aún sentía fuego manando de sus ojos–. No voy a seguir tu camino. No pienso convertirme en un ser tan amargado como tú… tan patético. Seguiré mi propio camino. Yo misma alcanzaré ese poder.
Sus ojos, cada vez más abiertos, empezaron a captarlo todo con cierta tonalidad rojiza, pero no se preocupó; a contrario, se sentía… bien, tanto que sonrió mostrando todos los dientes.
–Alcanzaré ese poder –repitió la Cazadora, lentamente, con ferocidad–. Y lo usaré para devorarte vivo.
En realidad, no se daba cuenta de hasta qué punto estaba cerca de convertirse ella también en un Demonio; pero Eso sí se dio cuenta. Y fue con una gran satisfacción, alegría incluso, que Sasha sí pudo oler esta vez su miedo. La sonrisa de la chica se hizo aún más amplia; notó cierto temblor impaciente en sus manos enguantadas, los dedos casi moviéndose por su cuenta, deseando lanzarse sobre aquella presa y destrozarla.
La Sombra no tardó en controlar su temor, pero lo que apareció después en su rostro no fue rabia ni ira, sino más bien… cansancio; de pronto parecía mucho más viejo. Sasha se sorprendió al acordarse de pronto del Instructor Jefe en la enfermería, a la luz de la luna, con una expresión parecida; era el aspecto de alguien abrumado por sus responsabilidades, por la gravedad de una situación de la que sólo ahora se había vuelto consciente. Fue como si Eso hubiera visto en la Cazadora un reflejo tenebroso de sí mismo, haciéndole recapacitar por un instante; y la muchacha también iba sintiéndose ya más tranquila, menos tensa, con aquel torbellino de agresividad cesando poco a poco en su interior.
Por un momento, incluso se permitió creer que podrían resolver todo aquello de manera pacífica.
Jamás había estado tan equivocada en toda su vida.
Porque entonces el Bastardo, totalmente tranquilo, con una leve sonrisa y una expresión casi apacible… de algún modo, aun sin hacer un solo movimiento, extendió todo su poder; como una oleada invisible, abarcándolo todo a su alrededor, en aquel mundo que era su mundo (detalle que Sasha no debería haber olvidado).
Y de repente, aquel mundo pareció volverse más tenebroso; como si los colores fuesen perdiendo nitidez, hasta quedar reducidos a una gama de grises, blanco y negro. La hierba que cubría aquellas colinas se veía casi pálida; y los gruesos nubarrones que cubrían el cielo, cada vez más oscuros. La tensión iba en aumento, hasta el punto de ser prácticamente insoportable, como si fuese a explotar en cualquier momento.
"Ya no aguanto más… y sé lo que tengo que hacer, no hay manera de evitarlo. Va a pasar. La cuestión es… ¿quién quedará en pie, cuando todo esto haya terminado?"
El instinto de Sasha, como una vocecita triste en su interior que ya no podía ignorar, le advertía que lo iba a tener muy difícil para salir de aquella situación con buen pie; que había intentado abarcar más de lo que podía, cometiendo un terrible error, y ya no había vuelta atrás. En un exceso de optimismo, había ido a declararle la guerra a una criatura que aún podría barrer el suelo con ella; un adversario que volvía a hacerla sentir (¡cuánto lo odiaba!) como una niña pequeña y asustada.
Era como si aquel Demonio hubiese absorbido la furia de la Cazadora, convirtiéndola en propia; otra clase de furia, mucho más tranquila e intensa, potente e irresistible… y que terminaría, a la larga, consumiéndolo todo.
Y en ese momento, contemplando al Eren-que-no-era-Eren, Sasha se dio cuenta de que el espectáculo resultaba aterradoramente inspirador. La piel pálida del muchacho demoníaco rebosaba fuerza y vitalidad, sus cabellos oscuros ondeaban al viento con salvaje alegría, el fuego blanquinegro de sus ojos parecía arder con más intensidad aún.
La joven sintió de nuevo calor y frío al mismo tiempo.
"Es guapo," pensaba una parte de ella, con fascinación.
"Va a matarme," contestó otra, más pesimista; seguramente, la que tenía razón.
Y las siguientes palabras de Eso lo confirmaron.
–Es curioso que menciones lo de "devorarme vivo" tú precisamente… –el Demonio sonrió con algo sospechosamente cercano a la amabilidad; incluso su sonrisa parecía cálida y agradable–. Porque eso es lo que voy a tener que hacer yo contigo ahora. Me has amenazado y no puedo dejarlo pasar por alto, sería suicida –"Eren" sonrió más todavía, con ferocidad, ya no tan amable; su voz sonó fría de nuevo–. Y que conste que lo de antes iba en serio. Si hubieses aceptado, habríamos podido reinar juntos. Nos divertiríamos los dos, sería todo mucho más… placentero.
Sasha sintió un escalofrío al oír esa palabra; una parte de ella gritó en su interior (¿de terror u otra cosa?) al tratar de imaginarse todo lo que significaría. Una vez más, quedó convertida en estatua de hielo, al mismo tiempo que la consumía por dentro un fuego distinto al suyo. Antes había creído que era grande y fuerte; se equivocó. Se sentía pequeña y débil; supo que no tardaría en desaparecer.
"¿Significa eso… que di la respuesta equivocada?"
–No creas –continuó el Demonio, gesticulando con las manos–. Quieres hacer las cosas por ti misma y eso tiene mérito, incluso lo respeto, pero no debiste convertirme en un enemigo. En realidad no me dejas otra opción, es una lástima… –aunque por su expresión, no parecía lamentarlo demasiado–. ¿Sabes? Quizás debería darte las gracias, tu idea tiene mucho más sentido. ¿Por qué iba a dejarte libre, con el riesgo de que llegues antes que yo a la cima, si puedo devorarte para acelerar el proceso? Y sé que voy a disfrutar haciéndolo… –entonces sonrió con maldad–. Oh, pero no pararé ahí. También devoraré a tus compañeros. Míralo por el lado bueno, así al menos estaréis contribuyendo a todo lo que vendrá después…
–¿Y qué es lo que vendrá después? –consiguió preguntar Sasha, con un hilillo de voz.
A pesar de sentirse aterrada, su instinto la impulsaba a ganar tiempo; aunque no estaba segura de lo que conseguiría, más allá de retrasar lo inevitable. Eso no se molestó con la interrupción; incluso pareció complacido, al ver que contaba con la atención de su auditorio.
–¿Qué vendrá después? Un nuevo mundo, naturalmente –"Eren" contestó con la misma suavidad que si deslizase la punta de un cuchillo sobre su piel–. Vuestro mundo, convertido en el mío, tanto como éste. Un mundo en el que no habrá límite a mi poder, donde las cosas podrán ser como deberían haber sido desde el principio. Me encargaré de conseguirlo personalmente… y para ello me haré tan fuerte como sea necesario.
Fue extraño, porque dejó de sonreír y algo en su expresión… ¿atormentada?, pareció indicar que allí había algo más que maldad. Y a pesar de todo, Sasha recordó sus anteriores palabras.
–Dijiste que, en este mundo, eras como un dios…
Aquel Demonio seguía mirándola intensamente, pero ya sin tanta crueldad.
–Aquí soy Dios, eso fue lo que dije –reconoció en voz baja–. Y también seré uno en vuestro mundo. –"Eren" miró hacia abajo, mientras abría y cerraba el puño, con una leve sonrisa y algo de melancolía–. Se han cometido errores, ahora me doy cuenta… pero cuando consiga todo el poder, por fin podré arreglar las cosas, para que sean como deben ser. Y para eso necesito poder, mucho poder, más del que tengo ahora. Poder para cambiar tu mundo, igual que puedo cambiar el mío.
Entonces, sin levantar la cabeza, el Bastardo la miró a través de sus párpados entrecerrados. Por un momento, el extraño fuego de sus ojos dejó de arder con tanta intensidad; por un momento, Sasha vio delante de ella, no a un engendro de la oscuridad, sino al Eren de siempre, casi como si le conociese de toda la vida. Sintió un estremecimiento en su interior, sin saber exactamente a qué se debía; la cuestión era, ¿quería saberlo?
–Me… me parece que antes me dejé llevar –admitió Eso, con una timidez e incluso vergüenza inusitada en… Eso; como si le costase pronunciar las palabras–. Yo… Oye, lo que dije antes iba en serio, te devoraré a ti y a todos tus amigos si hace falta, pero… Una parte de mí preferiría no hacerlo. Creo que tu visión y la mía, de cómo deben ser las cosas… nuestra visión, no es tan distinta. Tienes un potencial que, por sí solo, brillará mucho más y podrá conseguir mucho más. Si yo intentara absorberlo, al final se desperdiciaría demasiado, así que… Voy a darte otra oportunidad –"Eren" extendió el brazo con la palma abierta, ofreciéndole su mano con deliberada lentitud; aquel gesto transmitió poder, haciendo temblar el aire–. Únete a mí, Sasha. Ayúdame a crear ese nuevo mundo, a nuestra imagen y semejanza. La realidad será lo que nosotros decidamos que es real. Gobernaremos juntos, como Rey y Reina… como Dioses.
Sasha contuvo la respiración. ¿De verdad estaba ocurriendo otra vez? ¿La misma situación, la misma oferta? ¿Aún podía salvarse? Pero… ¿a qué precio? ¿Se perdería a sí misma? ¿O por el contrario, sería más ella misma que nunca?
Reina, Diosa… sonaba bien. Quizás podría experimentar, para siempre, lo que había vivido un momento antes y ya no recordaba. El mundo, convertido en un campo de caza donde ella podría tomar lo que quisiera, cuando quisiera, sin que nadie pudiese hacer nada para evitarlo; bastaría un solo pensamiento para someter o incluso destruir por completo a sus enemigos.
Pero… ¿y sus amigos? ¿Arderían también en las llamas desatadas por su poder? Porque "Eren" sólo había hablado de ellos dos. ¿Y todos los demás? Ni siquiera se atrevió a pensar en sus nombres; no quería meterles por accidente en aquella situación.
Por otro lado, ¿y todo lo que Eso le había dicho antes? Todas esas vejaciones, todos esos insultos… ¿Podía confiar en algo así? ¿Qué clase de "mundo ideal" tendría en mente aquel Demonio? ¿Cómo saber que no volvería a humillarla, que no la devoraría igualmente en cuanto le pareciese mejor? ¿O acaso el Bastardo haría una excepción con ella?
Quizás decir "sí" no era sólo la manera más rápida de convertirse plenamente en la Cazadora; quizás también era la única forma de evitar ser consumida por la oscuridad de Eso… aun al precio de ser consumida por su propia oscuridad.
"¡Arg!" Sasha cerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza; sentía como si le fuese a explotar.
Y entonces ocurrió algo extraño… como si, al no ser ya capaz de seguir dándole vueltas a todo aquello, sus pensamientos hubiesen cobrado vida propia; podía oírlos venir desde otro lugar, en voz alta.
Una voz distinta y sin embargo familiar, muy familiar.
–E-es horrible. Semejante poder, en manos de alguien con esa mentalidad de "conmigo o contra mí"… Su idea del paraíso sería un infierno para todos los demás. Cualquiera que no encaje en su "mundo perfecto" será destruido, o vivirá como un esclavo en esa nueva realidad de pesadilla. Algo así es… peor incluso que lo que tenemos ahora, peor incluso que un mundo con titanes.
Y como atraído irresistiblemente por esa última palabra (lógico tratándose de la Sombra de Eren), el Demonio levantó la cabeza de golpe y la giró con brusquedad, tanto que lo raro fue que no saliese disparada directamente contra aquella voz.
La voz de Marco.
"¡Ya sabía yo que se me olvidaba algo!" Sasha volvió a llevarse una mano a la cara, esta vez por una razón completamente distinta. "Él también ha estado aquí todo este tiempo."
Jamás había visto al pecoso con tan mal aspecto, pálido y sudoroso; los cabellos negros, húmedos, pegados a la cabeza, igual que la camisa blanca al pecho, como si le hubiesen echado un cubo de agua. Sus grandes ojos castaños miraban al Bastardo con lo que parecía terror; todo su cuerpo temblaba, al mismo tiempo que apretaba los dientes, con tanta fuerza que incluso Sasha lo oyó.
No obstante, la muchacha pudo identificar aquel temblor como lo que realmente era… porque ella había sentido antes lo mismo: un temor helado, que iba dando paso a una furia ardiente.
"Desde la primera vez que le vi temblar así… ¿Marco ha estado enfadado todo este tiempo? Pero entonces, ¿por qué no ha dicho nada hasta ahora?"
El pecoso miraba en dirección al Demonio, aunque parecía atravesarlo, como viendo más allá de Eso; y por la forma en que hablaba… Sasha tuvo la impresión de que aquella voz era la de alguien que trataba de convencerse a sí mismo, para hacer algo. Sin embargo, esas sutilezas, o se le escapaban a "Eren", o no les daba demasiada importancia.
–Creo que te dije que no interrumpieras, Bott –gruñó el Bastardo, escupiendo de nuevo el apellido como si fuera un insulto; su tono parecía el de un instructor que fuese perdiendo la paciencia con un cadete especialmente torpe.
–Oh, bueno… –Marco sonrió un poco, de manera forzada, todavía atravesando con la mirada a Eso–. En realidad, no estaba hablando contigo…
Su voz era la de alguien disculpándose.
"¡Pero eso no tiene sentido! ¿Y con quién se supone que está hablando entonces?"
Incluso el Demonio pareció desconcertarse con su respuesta; luego frunció el ceño, también sospechando que el pecoso tramaba algo.
–Hay que detenerlo –Marco volvió a hablar de esa manera tan abstraída como desasosegante–. Debemos hacerlo… ahora.
Y en realidad, "Eren" no andaba muy desencaminado en sus sospechas.
Pero estaba mirando en la dirección equivocada.
En cambio, Sasha sí estaba mirando a la Sombra.
Y por eso pudo ver a la otra Sombra que apareció detrás de la primera.
Con la forma de Marco.
Su parecido con el pecoso y con Eso daba escalofríos: el mismo uniforme negro, como un instructor salido del infierno; los cabellos oscuros alborotados, la piel pálida en la que destacaban sus pecas; los ojos no ardían, pero en vez de ser castaños eran negros.
En su rostro había una máscara de tranquila determinación, como la calma que precede a la tempestad; una expresión que no encajaba en aquel ambiente tan tenso…
…ni con el puñal que llevaba en la mano.
No se parecía a nada que hubiese podido fabricar un ser humano. Sasha pensó más bien en un carámbano de hielo negro; cristal opaco y afilado, engañosamente quebradizo, pero capaz de matar.
Y antes de que el Bastardo supiera qué estaba pasando, el otro Bastardo le agarró por detrás, tapándole la boca con una mano.
–Annie Leonhart te manda recuerdos –saludó el Asesino con calma.
Y acto seguido, con la otra mano, apuñaló a su víctima por la espalda.
Sasha se sobresaltó al oír el estremecedor crujido del cristal atravesando piel, carne y huesos; creyó ver la punta del arma, asomando entre las oscuras ropas del Demonio. Después, ni un solo ruido.
El mundo se detuvo por un instante.
"Eren" tenía los ojos muy abiertos; el fuego que ardía en ellos se apagó… por un momento.
Sólo por un momento.
Enseguida resurgieron esas llamas, con más fuerza todavía. Su rostro se contrajo en una máscara de furia demoníaca. El gruñido ahogado que se oyó, cargado de ira, volvió a poner el mundo en marcha.
Y acto seguido "Eren" le soltó a "Marco" tal mordisco en la mano, que a Sasha le extrañó que no se la arrancara de cuajo. Aquel chasquido, como de huesos triturados, no fue menos desgarrador que el sonido del puñal saliendo de su objetivo. El Bastardo con pecas retiró ambas manos y retrocedió unos pasos; su expresión neutra se transformó en otra de dolor.
El gruñido del Demonio de ojos de fuego se convirtió en una potente risotada, que hirió los tímpanos de la silenciosa espectadora; aturdida por la situación, pero no tanto como para no sentir temor.
–¡BUAJAJAJA! –bramó Eso, dándose la vuelta para encarar a su adversario–. ¡Hay que ser imbécil! ¿¡De verdad creíste que…!?
No llegó a terminar.
Quizás Sasha se había confundido una vez más; quizás lo que había visto en el rostro del pecoso no era dolor, o al menos no sólo.
Porque allí también había ira.
–¡AAAAAAAH!
Con una expresión tan demoníaca como la del otro, "Marco" se lanzó sobre "Eren", le agarró por el hombro con la mano herida…
…y con la otra le asestó una puñalada en el pecho.
Y luego otra.
Y otra.
Y otra.
Sasha perdió la cuenta de las veces que aquel brazo cayó sobre su presa, con velocidad y fuerza tremendas en cada golpe, atravesándolo todo a su paso. El Demonio pecoso, con los dientes apretados, gruñía como un animal furioso; el otro Demonio ya no hacía ruido alguno… quizás porque le habían perforado los pulmones.
Repetidas veces.
Al menos, desde aquella posición, Eso le daba la espalda y la muchacha no podía ver su rostro; pero la expresión de "Marco", por sí sola, ya era suficientemente aterradora.
Al final, "Eren" cayó de rodillas, mientras intentaba agarrarse en vano a quien había acabado con él.
Y justo en ese momento, la Sombra victoriosa empezó a parecerse cada vez más a Marco… hasta el punto de que Sasha creyó que a quien tenía delante era a su compañero.
Entonces la chica miró allí donde estaba antes el muchacho pecoso… y no vio nada. Vacío.
Tragó saliva, mientras sentía caer un sudor frío por su frente. Volvió a mirar al otro Marco… y se dio cuenta de que ésa ya no era la manera correcta de referirse a él.
Marco sostenía en su mano aquel puñal tan siniestro. Marco observaba espantado a la víctima tendida de cara al suelo, ya completamente inmóvil; sus grandes ojos castaños, muy abiertos, saltaban alternativamente del arma al cuerpo.
Y al mismo tiempo, como si tras caer el Demonio (Marco no, el otro) se hubiera dispersado su poder, el mundo dejó de parecer tan gris; vibraron los colores, a pesar de los gruesos nubarrones que se acumulaban en el cielo, cada vez más oscuro. La tormenta era inminente, estaba a punto de estallar y la tensión ya resultaba insoportable; y quizás por la intensidad del momento, Sasha pudo apreciar multitud de pequeños detalles, en apenas un instante.
El verde fresco y limpio de la hierba, sin mancha alguna, a pesar del combate (o más bien matanza) que había tenido lugar. La espalda del caído, donde no se veían marcas, aun habiendo recibido allí la primera puñalada… o eso le pareció al principio a la muchacha; si pudo distinguir luego una sangre oscura, casi camuflada por la gabardina negra, que echaba humo como si estuviese ardiendo.
El puñal que aún sostenía Marco rezumaba una sustancia negruzca, que también parecía evaporarse… ¿Provenía del arma, o se trataba de sangre? Después se fijó en la otra mano de su compañero, donde le habían mordido antes; pero ya no quedaba rastro de la herida. ¿Quizás porque el mordisco se lo llevó su Sombra, a pesar de que luego había ocupado su lugar? Y algo más.
El joven pecoso ya no vestía de civil, sino que llevaba casi el mismo uniforme que Eso: botas, pantalones y gabardina, todo negro. Sin embargo, su camisa se había vuelto completamente roja; un color intenso y oscuro, que recordaba al vino… o a la sangre.
Sasha no estaba segura del verdadero significado de ése y otros detalles; aún así, ya tenía un mal presentimiento. Seguía sin saber qué había pasado exactamente, o a qué había venido lo de Annie antes. ¿Acaso ella tenía algo que ver en todo esto?
Cuando miró a Marco buscando respuestas, vio que el muchacho ya parecía más tranquilo; resignado, incluso. Sonrió con tristeza a Sasha… y ella sintió un escalofrío; era la sonrisa de un condenado a muerte. Y enseguida sabría por qué.
–Cada acción tiene consecuencias –dijo el pecoso con calma, cansado, aunque no le tembló la voz; luego miró más allá de su compañera–. Vaya, por fin has venido. Me alegro de verte… Mikasa.
Y entonces sí estalló la tormenta.
