MANZANA NEGRA
CAPÍTULO 11 – REUNIDOS
[Publicado el 23 de octubre de 2015, con una extensión de 4.970 palabras.]
Sasha no se había dado cuenta antes, pero ahora sí lo veía: sus tres compañeros y ella, sin proponérselo, habían terminado formando una especie de diamante, con cada uno de ellos en una punta.
Delante de la muchacha estaba Marco, de quien no era capaz de sacar nada en claro; lo mismo te apuñalaba por la espalda, que te daba unas palabras de ánimo… y luego volvía a intentar apuñalarte. Si él no era la encarnación del caos, si todo lo que hacía tenía un propósito, ella no podía verlo.
En aquel momento (debía reconocerlo) el moreno pecoso tenía un aspecto imponente: la gabardina negra ondeaba al viento y de su oscuro uniforme seguía destacando aquella camisa roja como la sangre; sus ojos, completamente blancos, como de haber absorbido los dos relámpagos que habían caído sobre él antes, atrapando una luz tan intensa que borraba sus írises marrones.
De hecho, un aura blanca brillaba sutilmente en torno a su cuerpo, volviéndolo más nítido y real que todo lo que había a su alrededor. Incluso los cuchillos negros se habían transformado en espadas que parecían hechas de luz pura; por la longitud y forma, eran similares a las que se usaban con el equipo de maniobras, pero más finas y elegantes… y mucho más peligrosas, tanto como la salvaje energía de la tormenta.
Con los brazos extendidos y un arma en cada mano apuntando al cielo, con lo que casi parecían unas alas negras ondeando a sus espaldas, el muchacho resultaba en verdad una visión sobrecogedora; aunque…
Sasha recordó que ella había hecho lo mismo antes; en sus manos enguantadas sostenía una lanza que también provenía del cielo. Aun así, le impresionaba lo que veía; pero no tanto como para quedarse con la boca abierta, sin poder reaccionar.
Sin embargo, eso fue justamente lo que le pasó al mirar a Mikasa.
Cuando se giró hacia su izquierda, la Cazadora todavía tuvo que parpadear un par de veces, para asegurarse de que no la engañaba su vista… y en efecto, no lo hacía, por increíble que pudiese parecer lo que le mostraban sus ojos en aquel lugar tan extraño.
Mikasa… se había hecho más grande. No había otra manera de expresarlo; y casi ninguna de explicarlo.
Su amiga ya era una de las chicas más altas de la 104; pero después de que le cayese encima uno de esos rayos, su metro setenta se había convertido por lo menos en dos metros. Se notaba que había crecido, en todos los sentidos,no sólo a lo alto; no dio de repente un estirón quedándose como un fideo, sino que toda ella se había hecho más grande, con las mismas proporciones.
Sasha seguía sin creérselo. ¿Algo así era posible? Se acordaba de una parte de las clases teóricas, donde explicaban (o al menos lo intentaban) la anatomía de los titanes y no-sé-qué de "la regla del cubo"; a mayor tamaño, mayor volumen, "al cubo" o algo por el estilo. Por eso los titanes, a pesar de ser tan grandes, eran muy ligeros; de lo contrario, ni siquiera podrían moverse, su propio peso les aplastaría…
Y la Cazadora tuvo que dejarlo, porque ya empezaba a dolerle demasiado la cabeza; la teoría no era su fuerte, las matemáticas no se le daban bien… Se llevó una mano a la frente; casi sentía que echaba humo.
"Ojalá estuviese aquí Armin, seguro que él sabría explicar esto, aunque… Si todavía seguimos en el mundo espiritual, entonces debe tratarse de algo simbólico, ¿no?"
Tampoco le dio muchas vueltas más al asunto, porque su estupor inicial fue dando paso a la admiración, al ver la espléndida figura de su compañera… que por fortuna todavía conservaba la ropa, que también había crecido proporcionalmente; no parecía sometida a una gran tensión, ni que fuera a romperse en cualquier momento, aunque la idea casi hizo que a Sasha le entrase la risa floja.
Mikasa, aún más imponente que al principio, había recuperado su expresión serena habitual; su cabello seguía siendo un poco más largo que de costumbre. Sus ojos negros se habían convertido en unos grandes lagos… completamente blancos ahora, como los de Marco.
Sasha sintió un estremecimiento. En aquellos orbes parecía condensarse una fuerza, una energía, aún más intensa y poderosa que la de la tormenta. Normalmente, cuando pensaba en "diosa", era la imagen de Krista la que se le venía a la cabeza; ahora, sin embargo…
La Cazadora había conseguido atrapar un rayo, el pecoso dos; ambos tenían sus flamantes armas nuevas para demostrarlo. Mikasa había atraído como mínimo un rayo más; y si su propio cuerpo era su mejor arma, entonces tendría sentido que esa descarga lo hiciese aún más grande y más fuerte. De hecho, aquella idea ya se le había ocurrido antes; que la joven Ackerman, en ese mundo, parecía más… y que precisamente la única forma válida de reflejarlo sería transformándose en una gigante.
Sasha se sintió rara, al darse cuenta de que ella había tenido razón desde el principio… y por eso se sintió también algo intranquila; porque el mismo instinto que la había llevado a acertar, ahora la avisaba de que aún no había visto todo lo que su amiga era realmente capaz de hacer. Deseó con todas sus fuerzas que, en los próximos retos y desafíos que les aguardaban en aquel mundo, Mikasa siguiese estando de su parte; no se le ocurría peor enemiga a la que enfrentarse.
Al menos, se la veía relajada, como si ya no tuviese nada que temer (y con razón); incluso parecía más ella misma que nunca. Su ropa seguía siendo negra, pero con un par de diferencias: su bufanda se había vuelto roja, tan intensa como la camisa de Marco; por otro lado, la venda que cubría la muñeca derecha de Mikasa ya era mucho más clara, algo que Sasha consideró una buena señal.
Y ese mismo color gris le hizo pensar en la figura que había a su derecha, donde también había caído por lo menos un rayo; de hecho, antes se había movido…
"El cuerpo de Eren," recordó la muchacha de Dauper.
Consiguió despegar los ojos de su amiga (no sin esfuerzo) y giró la cabeza con rapidez. Comprobó que, efectivamente, allí estaba el último de los cuatro. No seguía tirado en el suelo, a pesar de todas las puñaladas que le había metido antes el "Bastardo Rojo" (también llamado Marco); como si la tormenta le hubiese reanimado, el caído se había puesto en pie…
…y ahora les estaba mirando.
En ese mismo instante, cayeron más rayos sobre la llanura; esta vez a su alrededor y no justo encima de ellos. La estruendosa y estremecedora claridad iluminó con creces a esa cuarta figura.
Eren Yeager.
Y lo sorprendente era que, en efecto, se trataba de él… o al menos, parecía el mismo muchacho entusiasta e impulsivo de siempre; con aquellos ojos gris claro, que también brillaban con la intensidad de la tormenta, aunque sin llegar a ser del todo blancos. El viento agitaba sus negros cabellos; en el rostro, una leve sonrisa reflejaba su determinación.
El uniforme del "Suicida" había cambiado, ya no era tan siniestro; ahora resultaba mucho más apropiado, para alguien con sus aspiraciones. Sobre la camiseta gris (a juego con sus ojos), llevaba una chaqueta marrón claro, además del fajín oscuro, los pantalones blancos y las botas negras de reglamento; también ceñían sus poderosas piernas las correas del equipo de maniobras, que el muchacho portaba al completo, incluyendo las voluminosas pero ligeras vainas para las espadas de repuesto.
Sasha no pudo evitar ir pasando su mirada sobre aquel cuerpo torneado y flexible, con músculos bien marcados; naturalmente, tenían algo que envidiar a los de Mikasa, pero tampoco tanto. En realidad, todos los cadetes habían terminado convirtiéndose en maquinas precisas y letales, después de casi tres años de instrucción; sin esa potencia controlada, ni siquiera podrían utilizar el equipo de maniobras, con la destreza necesaria para no morir en el intento. Yeager no era la excepción; y sí, desde luego, un buen ejemplo.
A pesar de todo, la muchacha de Dauper se preguntaba… cómo se vería sin el uniforme ese cuerpo, que se adivinaba bajo las ropas; cómo de fuertes serían esos brazos, ese pecho, esos muslos. De repente, sintió que le costaba respirar un poco; y sabiendo que su amiga andaba cerca, trató de controlar aquellos pensamientos, con una vaga sensación de culpabilidad. Incluso si no había nada malo en "sólo mirar", Sasha tenía la impresión de estar metiéndose en el terreno de otra cazadora; y aquella parte de su instinto, que normalmente permanecía adormilada, la hacía sentir rara ahora que estaba despertando.
Intentó centrarse de nuevo simplemente en el uniforme; y fue entonces cuando se dio cuenta de un par de detalles que lo volvían aún más auténtico, en aquel mundo donde las cosas se acercaban a lo que podían llegar a ser. En el escudo de la chaqueta a la altura de su corazón, no se veían las sencillas espadas del Cuerpo de Cadetes… sino las dos alas, azul y blanca, imponentes, de la Legión de Reconocimiento; las Alas de la Libertad, que también aparecían en su amplia e inconfundible capa verde.
"Por si aún no había quedado claro dónde prefiere que le destinen." Y Sasha también se dio cuenta… de que le gustaba lo que veía. No era sólo que le costase imaginar a Eren con una insignia distinta; con las rosas de las Tropas o el unicornio de la Policía, o sin su capa verde de legionario, ya no habría sido tan "él mismo". Independientemente de eso, al muchacho de Shiganshina se le veía crecido, pero no en lo físico como su amiga, sino en madurez; la irritación que le acompañaba casi siempre, capaz de estallar en cualquier momento contra quien osara llevarle la contraria, parecía haber desaparecido.
Miraba a aquel chico y creía ver al hombre en el que podría llegar a convertirse; notaba el aura serena y tranquila que se extendía a su alrededor… y pensaba que, en ese sentido, Eren también tenía algo de Mikasa.
Y aun así, a pesar de todas esas diferencias (sutiles y no tan sutiles) que percibía en él, Sasha se llevó una sorpresa al oírle decir sus primeras palabras en aquel mundo tan extraño.
–Lo siento.
E inmediatamente la Cazadora se sintió en alerta ante un nuevo peligro, una amenaza todavía oculta.
"¡El Eren al que yo conozco nunca diría algo así de buenas a primeras! ¡Es una trampa! ¡Ese Demonio, esa Sombra, Eso… se ha disfrazado para intentar engañarnos a todos!"
Sasha ya estaba dispuesta a cargar lanza en ristre, contra quien creía que era su némesis (una de ellas), a pesar de que a su instinto no terminaba de encajarle algo…
–¡Pssst!
Aquel silbido cruzó el aire y llegó claramente a sus oídos. La Cazadora se detuvo, incluso antes de haber empezado, y miró con el ceño fruncido a Marco ("el Bastardo Rojo"), que era quien había llamado su atención; pero en vez de desistir, ella se limitó a cambiar una presa por otra, con pecas en la cara… y espanto.
A juzgar por su expresión, el muchacho tenía miedo, más que por sí mismo, por lo que su compañera había estado a punto de hacer; apuntó con las espaldas al suelo, dando a entender que él no era la amenaza, e hizo un gesto con sus blancos ojos. Sasha tardó un momento en darse cuenta (la ausencia de írises resultaba desconcertante) de que Marco estaba mirando a Mikasa; y entonces comprendió, abriendo mucho los ojos y tragando saliva, el riesgo que habría corrido si se hubiese lanzado a por Eren, a quien su amiga de dos metros contemplaba ahora embelesada… y quizás con una mirada no tan distinta a la que ella misma le había dedicado antes.
La Cazadora también observó que la oriental volvía a sujetar su bufanda con la mano derecha, aunque sin esa fuerza aprensiva que le había visto antes. Además, la venda con que se cubría la muñeca derecha seguía siendo gris clara; detalle que interpretó como una buena señal.
Sasha, particularmente inspirada, se dio cuenta de que Yeager ya había estado mirando a su hermana-que-no-era-su-hermana, cuando pronunció aquella disculpa tan poco habitual en él; y sus siguientes palabras volvieron a sorprenderles a todos.
–Sabes que esto es lo que he querido siempre –Eren señaló la insignia de las Alas de la Libertad sobre su pecho–. No podría ser de otra manera. Incluso antes de lo de Shiganshina, ya estaba decidido. Nada ni nadie podría hacerme cambiar de opinión. Debo seguir adelante con esto. Espero que puedas entenderlo… Mikasa.
Pronunció aquel nombre con una calidez sincera y reconfortante. Su voz, tranquila y agradable, casi parecía acariciar con las palabras; a Sasha no le habría importado seguir oyéndole hablar así… si bien su placidez desapareció en cuanto volvió a tener la impresión de que estaba metiéndose en un terreno que no era el suyo.
Miró de reojo a su enorme amiga, un tanto inquieta, aunque por fortuna Mikasa no se había dado cuenta, centrada como estaba en su hermano-que-no-era-su-hermano; y una vez más, Sasha sintió un escalofrío al pensar en lo que habría podido pasar si hubiese terminado lanzándose al ataque.
Por otro lado, seguía sin estar segura de que el "Eren" que tenían enfrente fuese el de verdad; todavía le chocaba demasiado la forma en que se había disculpado y luego justificado, con amabilidad y mesura. Aunque si las personas, en aquel lugar, parecían mostrarse como lo que podían llegar a ser… quizás eso significaba que el "Suicida" sería capaz de convertirse en alguien tranquilo y comprensivo.
No pudo evitar que se le escapase un suspiro; parecía un sueño hecho realidad.
"Un chico así, y además fuerte y rápido, y bien guapo que es… ¡Quién lo pillara!"
Aquel sonido no fue tan discreto como Sasha creía; se dio cuenta de que todos estaban mirándola ahora: Marco y Mikasa, con sus chispeantes ojos blancos (se preguntó si ella también los tendría así); y Eren, que la observaba con sus orbes grisáceos… y una expresión preocupada en el rostro.
–¿Está bien? –preguntó el muchacho; parecía sincero.
–Supongo que sí –farfulló la Cazadora, todavía no muy convencida.
Seguía sospechando que, en el fondo, todo era un truco para pillarla desprevenida… una satisfacción que no pensaba darle a Eso. La joven apretó los dientes con fuerza, casi sin proponérselo; su gesto no pasó desapercibido. El chico de ojos claros adivinó sus pensamientos.
–Nadie se merece lo que te ocurrió a ti antes –contestó Eren, apenado, pero también con firmeza–. Fue culpa mía. No hay justificación posiblepara algo así… Asumo toda la responsabilidad.
Sasha, a su pesar, empezó a tener dudas. "¿Y si de verdad es él?" Por un momento, dejó de ver a sus otros compañeros; delante de ella, sólo estaba el joven aspirante a legionario. Empezó a concentrar toda su atención en aquellos ojos de un gris tan claro…
…como la venda que él también llevaba en la muñeca derecha.
Fue apenas un instante, un leve gesto que hizo Eren para pasarse la mano por la cara, con expresión pensativa; pero Sasha estaba segura de que no se lo había imaginado. Sin embargo, que ella supiese, el chico nunca había llevado una venda como ésa, como la de Mikasa; volvió a mirar con cautela a su amiga, que también se había dado cuenta. La oriental ya no tironeaba de su bufanda con discreto nerviosismo, sino que acariciaba suavemente con los dedos su propia muñeca derecha, cubierta por aquella misma tela que le conectaba con su… familia; un lazo que unía a ambos, salvando el tiempo y la distancia, superando todas las barreras.
Y por fin Sasha pudo respirar aliviada, ahora sí, segura de que se trataba del auténtico Eren, tanto como lo era Mikasa; una conexión tan pura no existiría si alguno de ellos no fuese quien decía ser.
El muchacho siguió las miradas de sus dos compañeras, sonriendo levemente mientras él también acariciaba su venda, con un brillo evocador en sus ojos claros; quizás añorando un pasado más sencillo, con sus buenos y malos recuerdos.
La chica de Dauper temía interrumpir aquel momento de inusitada calma, en mitad de la tormenta; pero una idea iba abriéndose camino en su cabeza y, antes de que le desbordase, quería asegurarse de que estaba en lo cierto… o en el peor de los casos, desengañarse rápidamente.
–¡Entonces eres tú! –Sasha tuvo que contenerse para no señalar con el dedo a Eren; sabía que era de mala educación–. ¡Por fin te hemos encontrado! ¿Significa eso que ya podemos regresar?
El joven de Shiganshina detuvo sus movimientos; luego apartó la mano lentamente. Su sonrisa se hizo un poco más triste; su mirada serena volvió a clavarse sobre su compañera.
–Podríamos regresar –admitió Eren–, pero no deberíamos. Yo no, al menos. Todavía es demasiado pronto.
"¿Demasiado pronto?" Sasha no sabía cómo responder. "¿Por qué? ¿Algo nos retiene aquí? Pero si ya estamos reunidos los cuatro… ¿No basta con eso?"
Vio que Mikasa, seria y silenciosa, también parecía desconcertada; por su ceño levemente fruncido, trataba de entender todo el significado de aquellas palabras.
Al final, fue otro quien rompió ese silencio.
–Aún no estás preparado –Marco miraba a su compañero, con un brillo de comprensión en sus ojos blancos–. Eso todavía sigue por aquí.
–Exacto –Eren asintió con la cabeza, sonriendo aliviado al ver que alguien más sabía–. Podría irme ya con vosotros, despertar de nuevo en el mundo real, pero… –tragó saliva–. Eso seguiría acechando, a la espera de su oportunidad para pillarnos desprevenidos. Si esa fuerza se desencadena sin control, los efectos sobre nosotros y todos los demás…
No llegó a terminar; se interrumpió con un leve estremecimiento, la mirada perdida en sus temores. Sasha tuvo un mal presentimiento, muy intenso, al ver tan abatido a quien solía ser el entusiasmo en persona. De pronto, cruzó su mente la imagen de un mundo destruido, arrasado por una imparable tormenta de llamas negras; la sola idea de que ocurriera algo así…
–No si puedo evitarlo –pensó en voz alta la Cazadora, con una expresión de ferocidad en el rostro; esta vez no se encogió al sentir las miradas de sus compañeros y concentró su atención sobre Eren, que ya parecía más animado–. De acuerdo, sé lo que tengo que hacer. Hay que matar al Bastardo ése. ¿Dónde puedo encontrarle?
Sin embargo, una parte de Sasha no se sentía tan confiada; en realidad, no había llegado a rechazar su segunda oferta… Aunque otra parte de ella pensaba que ni muerta aceptaría convertirse en una especie de Reina oscura, si el precio era tener que aguantar a Eso como Rey, ¡después de todo lo que le había dicho!
Eren adivinó una vez más sus pensamientos y extendió una mano hacia ella (la misma de la venda), intentando aplacarla.
–Sasha, por lo que más quieras, ten cuidado –aconsejó el muchacho, muy serio, con una sombra de preocupación–. Ya te has enfrentado a tu propia oscuridad y de momento vas ganando, pero no puedes confiarte. El riesgo de caer siempre está ahí, debes permanecer alerta. Además, antes contabas con la ayuda de alguien que había pasado por lo mismo… –y al decir esto, miró a su compañero pecoso.
Marco le devolvió la mirada, sin pestañear siquiera, con aquellos ojos blancos tan desconcertantes como los de Mikasa. Sasha se dio cuenta entonces de que Eren no había dicho nada sobre su amiga; esperaba que no fuese una mala señal. Volvió a observarla de reojo, con cautela, sin saber aún qué esperar de ella; al menos pudo ver que la gigante de dos metros mantenía una expresión serena en el rostro… pero cierta rigidez en su postura revelaba tensión y creciente hostilidad contra el pecoso.
"Normal, teniendo en cuenta que se metió con ella de tres maneras distintas en una sola frase, justo antes de lanzarle un cuchillo."
Y aquello le sirvió para recordar que tenía asuntos pendientes con el Bastardo Rojo… aunque de momento se centró en la conversación de los dos muchachos.
–Dime una cosa, Yeager –Marco pronunció aquel apellido de manera extraña (al menos a ella se lo pareció)–. Lo que hemos visto hasta ahora de tu "otro yo"… ¿Es sólo por la Manzana Negra, o hay algo más que todavía no nos has contado?
Sasha sintió que el aire vibraba con esas palabras; una vez más, le costaba comprender por entero su significado, y quizás no sólo a ella. Eren observaba a su compañero muy serio, con el ceño fruncido y expresión concentrada.
–Este lugar es distinto y también puede volverte a ti distinto –respondió el joven de ojos claros, con cierta calma tensa en su voz–. De repente cambias y descubres una parte de ti que desconocías. Pero. Todo lo que hay aquí, lo ha traído uno desde fuera. Nada de lo que ves ha surgido por sí solo, todo tiene su porqué… –y entonces fulminó al otro con la mirada–. Todos guardamos nuestros secretos. Creo que es una idea con la que tú ya estás familiarizado. ¿No es así, Bott?
La chica de Dauper sintió un escalofrío; por el tono con que lo dijo, creyó que Eso volvía a estar delante de ella. Sin embargo, se tranquilizó en cuanto consiguió hacer un par de respiraciones profundas, casi segura de que sólo había sido impresión suya… aunque sus dudas se redoblaron cuando vio que Marcotemblaba un poco; pero él también se recuperó enseguida, convirtiéndose de nuevo en una presencia imponente.
–Todos tenemos algo que ocultar –reconoció el pecoso–. Todos, incluso quienes no son conscientes de ello.
Los dos jóvenes, que de repente parecieron mucho mayores, siguieron observándose mutuamente, en aquel silencioso duelo de miradas; como si tuvieran entre ellos otra conversación distinta, sin necesidad de palabras. En cambio, la mirada que intercambiaron Mikasa y Sasha fue de confusión; aunque no era la primera vez que la Cazadora intuía que Marco actuaba de manera extraña, no por la Manzana Negra sino por algo que ya llevaba consigo, incluso antes de entrar en aquel mundo.
–El caso es que todos habéis conseguido llegar hasta aquí –dijo Eren de repente, volviéndose hacia ella; consiguió que diese un pequeño salto–. Voy a ser sincero… Habéis sido de gran ayuda.
–¿A qué te refieres? –preguntó Mikasa, con una nota de aprensión casi imperceptible en su voz, por lo demás tranquila y firme.
–Reconozco que, si pudiera contar con vosotros, esto sería mucho más sencillo –Eren se mordió ligeramente el labio al contestar.
Sus palabras respondían a Mikasa, pero no se dirigió a ella directamente; ni siquiera la miraba. Aquello extrañó a Sasha; y por el rabillo del ojo, pudo ver que el ánimo de su amiga se volvía algo más sombrío.
"A ver, ¿qué más está pasando aquí? Que yo no me entero…"
–Ya os he buscado bastantes complicaciones –continuó Eren, solemne, mirando (ahora sí) alternativamente a sus tres compañeros, sin detenerse demasiado en ninguno de ellos–. Os estoy obligando a enfrentaros a cosas por las que nadie debería pasar… y lo que aún os espera, seguramente será peor. No puedo pediros que hagáis algo así por mí.
–No hace falta que lo pidas –interrumpió Sasha con decisión, quizás un poco brusca; muy consciente de las miradas de los demás, pero eso no la detuvo–. Iré contigo hasta el final, sea cual sea… –y se apresuró a añadir, para evitar cualquier malentendido–. Antes hablabas de "asumir la responsabilidad", ¿no? Pues yo también asumiré la mía, porque fui yo quien encontró la Manzana Negra y empezó todo esto. Además, todavía tengo que ajustarle las cuentas al Bastardo ése.
"Y no será el único," añadió para sí, mientras sonreía con ferocidad; la misma con la que miró al Bastardo Rojo. Eren siguió su mirada y también se fijó en el pecoso, que palideció un poco y tragó saliva; aunque cuando habló, lo hizo con voz clara y firme.
–Yo también sigo hasta el final, hay que terminar lo que se empieza –Marco señaló a Sasha con la cabeza, sonriendo levemente–. Además, antes le hice una promesa… y pienso cumplirla.
Los dos muchachos parecieron hablar de nuevo entre ellos sin palabras, como si sólo con mirarse pudieran comprender cosas que seguían siendo un misterio para los demás. No obstante, la joven recordó algo que ella, o más bien la Cazadora, había oído antes… unas palabras, una promesa; la que hizo Marco, dirigida y no dirigida al mismo tiempo a la chica llamada Sasha.
"… tiene que encontrarse a sí misma, descubrirte y sacar a la luz su propia fuerza oculta, que eres tú. Pero nadie ha dicho que yo no pueda echar una mano, ¿verdad? Acompañarla, darle indicaciones, al menos en ese trecho del camino… Prometo que haré todo lo que pueda para ayudarla, ayudarte… ayudaros. A pesar de todo. Por muy difícil que sea."
La muchacha pestañeó un par de veces, sorprendida por aquel súbito recuerdo, tan intenso, que de nuevo había hecho suyo; después de algo así, no estaba segura de qué debería decir. Sin embargo, no fue ella quien rompió el silencio.
–Te creo –le contestó Eren por fin a Marco; parecía aliviado, aunque luego miró de reojo a Mikasa y la preocupación volvió a su rostro–. Dime… ¿también lo harías por ella?
Marco se sorprendió al oírlo, abriendo aún más sus ojos completamente blancos. Luego miró a la chica que medía dos metros… con la expresión neutra de quien intentaba esconder alguna emoción a toda costa; Sasha casi podía olerlo, aunque ignoraba qué era exactamente.
Entretanto, Mikasa miraba a Eren… pero sin llegar a verle, con la vista perdida en algún punto de la lejanía; en su rostro, tristeza y culpa. La Cazadora recordó de nuevo, en la enfermería, el preciso instante en que la oriental se daba cuenta de que ella lo había desencadenado todo accidentalmente, al darle a su "hermano" la Manzana Negra.
Sasha estuvo a punto de acercarse a su amiga para darle un abrazo e intentar consolarla, pero sabía que no era el momento oportuno; había muchas cosas en juego, en aquella situación cada vez más seria… y más tensa, tanto que casi se sentía paralizada. En realidad, el ambiente estaba muy cargado; a pesar de la tormenta, hacía tiempo que no caía ni un solo rayo. Intuía que era mala señal; como también el hecho de que la bufanda de Mikasa, y la venda en su muñeca derecha, iban volviéndose más oscuras a cada instante que pasaba.
"¿Será eso a lo que se referían antes?" Sasha tragó saliva, nerviosa. "Ella aún no se ha enfrentado a su propia oscuridad… ¿Eren le está pidiendo a Marco que la ayude con eso? Pero, ¿cómo?"
Precisamente el pecoso eligió ese momento para hablar.
–No puedo ir haciendo ese tipo de promesas a la ligera –contestó con seriedad–. Sólo una ya supone un peso mucho mayor de lo que te imaginas… porque si prometo algo así, es para cumplirlo, a pesar de todo –Marco apretó con fuerza los dientes por un instante, pero luego se relajó visiblemente e incluso sonrió–. Aunque si Sasha decide ayudar a su amiga, entonces yo estaré a su lado, por supuesto. Puedes contar con eso.
Eren pareció tranquilizarse al oírlo. En cambio, la Cazadora se sentía cada vez más tensa; como aquel cielo tormentoso, en el que habían cesado de repente los rayos y los truenos. El muchacho de Shiganshina también se dio cuenta; entonces se mostró más aprensivo, mirando primero hacia arriba y luego a sus tres camaradas… aunque por alguna razón, evitaba mirar directamente a su "hermana".
Sasha se dio cuenta de que Mikasa parecía cada vez más ausente, sumida en oscuros pensamientos… tanto como su bufanda y su venda, que volvían a ser casi por completo negras. Mala señal.
–Escuchad con atención –explicó Eren, con cierto nerviosismo–. Ya no me queda mucho tiempo. Es muy importante que permanezcáis juntos, ¿de acuerdo? Y también que recordéis quiénes sois, cuál es vuestro propósito… –tragó saliva–. El instinto puede servir de ayuda, pero aseguraos de que es vuestro instinto y no alguna otra cosa intentando suplantarlo. De momento no puedo acompañaros, tendréis que seguir por vuestra cuenta, pero volveremos a vernos pronto y os lo aclararé todo… –esta vez sí miró a Mikasa–. Lo prometo. Esto acaba de empezar, después de este lugar vendrán muchos más. Para seguir avanzando, tendréis que ir resolviendo distintas situaciones. Aquí aún hay un par de asuntos que…
Y entonces la tormenta estalló de nuevo con fuerzas redobladas.
Y por un momento Sasha verdaderamente creyó que se acababa el mundo.
