Capítulo 3: El amor familiar no siempre viene de sangre
Día 5: Cocinar/Hornear - Día 6: Adopción/Familia
Cuando los Dupain - Cheng llegaron a su casa se extrañaron del silencio que había. También porque Marinette se olvidó de llamarlos, por lo que primero que hicieron fue subir a verla. Abrieron la puertilla con cuidado, para no despertarla por si estaba dormida. Lo que no esperaban era que estuviera en el suelo de su habitación dormida y con compañía. Chat Noir estaba con ella. Ella apoyaba su cabeza en su hombro y lo abrazaba por la cintura. Tom miraba a la pareja con ojos de ternura. El señalo a Sabine que no hiciera ruido y le dio espacio para que viera.
Sabine sonrió. Por lo menos ya sabían por qué no había llamado. Aunque tendrían que hablar con ellos por qué no es bueno entrar a casas ajenas sin avisar y cuando los padres de la chica no están. Los dejarían dormir un rato, aún era de madrugada. Pero si Chat Noir no se levantaba rápido lo irían a despertar para que su identidad siguiera siendo un secreto.
Hicieron un desayuno y le empacaron a Chat Noir un croissant y un café.
Chat Noir se despertó primero. Se dio cuenta de donde seguía. Se levanto sin despertar a Marinette. Fue al baño y deshizo la transformación. Plagg lo miro molesto.
—¿Podría saber porque te quedaste? Eso de mantener las transformaciones tanto tiempo no es bueno.
—Lo se Plagg —Adrien saco un pedazo de queso y se lo dio a su kwami quien lo devoro enseguida. Pero no quería dejar a Marinette tan… vulnerable como estaba anoche
—Ustedes los humanos son extraños, eso solo era una simple gripa. Eres un exagerado —pronuncio Plagg como pudo con la boca llena.
—No lo entenderías Plagg. Ella es mi amiga, debo estar para ella.
Volvió a transformase para salir. Marinette se despertó, al no sentir al chico a su lado. Se frotaba los ojos y con mirada cansada, lo miraba.
—Hola Chat Noir. Pensé que te habías ido —dijo ella somnolienta.
—Bueno no pude. No quería dejarte sola —Chat Noir se cruzó de brazos desde donde estaba parado.
Un sonrojo apareció en el rostro de Marinette.
—Gracias por ser tan considerado, Chat.
Él se acercó a ella poniendo una mano en su frente. Ya no estaba tan tibia como lo estaba el día anterior. Tampoco estaba tan pálida.
—Parece que ya estas mucho mejor.
Ella asintió.
—Eso también fue gracias a ti que no me dejaste sola.
La puertilla se abrió de repente, sin darle tiempo al superhéroe de esconderse.
—Buenos días Marinette, buenos días Chat Noir —dijo Tom desde la puertilla —El desayuno está listo pueden pasar a comer.
Ambos se quedaron cayados. Tom cerro la puertilla dejándolos solos.
—Ups. Lo siento mis padres pueden ser así de inoportunos —Marinette rio nerviosa.
—Tranquila lo sé, aún recuerdo aquella vez que me invitaron porque creían que estábamos saliendo —Chat Noir se rasco la cabeza de manera nerviosa por lo que acababa de suceder.
—Bueno el gato esta fuera de la bolsa —ella negó con la cabeza, ahora no sabía que le dirían sus padres. Recordó la ultimas vez que ellos vieron a Chat Noir y todo termino con su padre akumatizado.
Bajaron hasta la cocina donde los padres de la chica ya estaban sentados. El olor del desayuno se le hizo agua a la boca a Chat Noir. Aunque era diferente a los que comía en casa, este se notaba bastante apetitoso.
Ambos se sentaron en los dos asientos que quedaban.
—Bueno, ¿Como te sientes Marinette? —pregunto Sabine.
—Mejor mamá.
—¿Y qué hacía Chat Noir en tu habitación? —volvió a preguntar Sabine, sonriéndole de manera cómplice.
—B-bueno yo —Marinette hablaba de forma nerviosa. Chat Noir lo noto y decidió intervenir.
—Fui yo el que vine a buscarla, madame. Ella no sabía que yo vendría a verla.
—Ya sabes que puedes llamarme Sabine, cariño. Y sobre que hayas venido, no digo que no puedas hacerlo —dijo ella tomando sus manos
Entonces Tom prosiguió.
—Es solo que nos preocupamos mucho por nuestra hija, tú nos entiendes verdad.
El asintió
—Así que la próxima vez queremos que nos avisen. Eso es todo.
—Oh siento si fui inoportuno —contesto Chat Noir bastante apenado.
—No pasa nada, sé que cuidaste de nuestra hija y de verdad lo apreciamos mucho. Confiamos en ti, Chat Noir. Y eres siempre bienvenido en nuestra casa —completo Tom. Parecía que no le guardaba rencor por lo que sucedió la última vez.
Chat Noir respiro tranquillo. Todos consumieron el desayuno, mientras ambos adultos adulaban a Marinette. Los padres de Marinette le hacían preguntas que con gusto Chat Noir contestaba. Incluso las que le preguntaba sobre su vida, omitiendo ciertos detalles. Se sentía igual que cuando su madre seguía en la mansión y no había desaparecido. Ella siempre le preguntaría si estaba bien.
Pronto notaron lo triste que estaba.
—¿Sucede algo, Chat Noir? —pregunto de manera cariñosa la madre de Marinette.
Quería decírselo, pero sabía que hacerlo conllevaba que se sospechara de su identidad. Decidió entonces decir una blanca mentira para que no sospecharan.
—Bueno estos días es mi cumpleaños y pues realmente no espero que me den nada.
Eso hizo que la familia sintiera lastima por él.
—Sabes Chat Noir, quisiéramos darte algo de cumpleaños ¿Qué te parece un pastel? Si tienes un sabor favorito con gusto lo haremos y del tamaño que desees.
—¿Es en serio? —los vio feliz uniendo sus manos. Eso sería genial. Incluso si verdaderamente no era su cumpleaños.
Marinette quedo pensativa, tal vez le haría un regalo a Chat Noir uno que pudiera usar. Tendría que hacer unos diseños y elegir uno que le gustara. En los próximos días trabajaría en ello.
Pronto la hora de desayuno termino y Chat Noir se levantó.
—Bueno creo que es hora de que me vaya. Fue un gusto acompáñalos en su mañana.
Se dirigió a la puerta del departamento. Marinette se levantó rápidamente antes de que saliera.
—Yo te acompaño.
Bajaron hasta el primer piso. Ahí Marinette le dio un beso en la mejilla a Chat Noir. El quedo boquiabierto sin saber que decir.
—Eso es por quedarte conmigo anoche. Fue… muy lindo de tu parte.
El con un ligero sonrojo le tomo la mano y se la beso.
—Fue un gusto.
—Pásate estos días de nuevo. Por favor —Marinette le apretó la mano con cariño.
—Lo prometo —Chat Noir dibujo una X en su corazón en señal de promesa.
El hizo una reverencia antes de salir y tomando su bastón salto sobre los techos de las casas, dirigiéndose a su hogar. Marinette cerró la puerta. En los próximos días le mostraría su trabajo y le daría un regalo para que no se sintiera triste y abandonado en un día tan importante como lo era su propio cumpleaños.
