Huraño: Que evita el trato con la gente.Propuesta por Selenee Nelia


Daimi, Miyami, Yamakari


—Está insoportable. Os lo digo desde ya —informó Miyako cerrando la puerta casi de un portazo—. Por más que intento convencerle de que se olvide del tema, insiste en que le olvide y etc. de comentarios hirientes. Solo quiere que le dejemos a solas.

El grupo suspiró con desgana.

—¿Por qué ha cambiado así? — se interesó Mimi.

La chica de cabellos lilas lo meditó.

—Creo que todo comenzó desde que el hermano de Takeru decidió monopolizar a la chica que le gustaba. Él siempre creyó que sería el primero el que se quedaría con ella y era un rival digno. Pero no cree que pueda pelear contra Yamato por muchas obvias razones —explicó—. Así que tiene el corazón roto y un humor de perros. Es como entrar a una jaula con un doberman furioso.

Alguien silbó. Takeru se rascó la nuca y miró hacia Mimi. La chica suspiró.

—Vale. Entraré yo.

Todos la miraron como si fuera un héroe con capa y traje de mujer maravilla.

Miyako se hizo a un lado para dejarla entrar en lo que era un caos de habitación. Daisuke estaba recostado en la cama y mirando hacia el exterior por la ventana.

—Largo, Miyako —gruñó huraño—. La próxima vez te meteré un calcetín en la boca.

—Atrévete si tienes cojones.

Como si acabaran de pincharle en el trasero, Daisuke saltó para mirarla. Aquello claramente no se lo había esperado. Que fuera ella la que estuviera ahí en vez de la otra chica. Mimi se cruzó de brazos con enfado y avanzó hasta él, tan cerca que casi sus narices se tocaron.

—Atrévete a hacerle eso a mí protegida y te quedarás calvo. Palabra de chica experta en teñirse el cabello.

Daisuke tragó.

—No, no, claro que no. ¿Qué puedo hacer por ti?

Mimi sonrió incorporándose.

—Eso está mejor. Ahora, vamos a ver qué hacemos con ese carácter huraño tuyo y luego, te pondremos en el mercado del amor. Levanta, soldado. A darte una ducha. En marcha. No creo que necesites que te frote la espalda, porque de hacerlo, lo haré con un estropajo. ¡Un, dos, un dos!

Daisuke salió a toda prisa de la habitación, casi llevándose por delante a Miyako que la miraba con la boca abierta.

Mimi levantó el pulgar.

—Solo necesitaba un empujón.